File City recibió a Sung Hae-In y a Meok Bo con el mismo movimiento de siempre.
Tamers cruzaban la plaza con nuevas Quests aceptadas, Digimon pequeños corrían entre puestos de comida, algunos comerciantes anunciaban artículos básicos para exploradores y varios grupos discutían frente al tablero principal, decidiendo si tomar una misión de entrega, escolta o recolección. Para cualquiera que los viera regresar desde el Pueblo Industrial, Sung y Meok Bo solo parecían una Tamer y su compañero volviendo de un encargo menor.
Pero Sung no caminaba como alguien que acababa de terminar una tarea simple.
Su paso era firme, su mirada estaba fija en el frente y una mano descansaba cerca de su Digivice, donde el informe de Andromon permanecía guardado dentro de una carpeta cifrada. No era una respuesta completa. Ni siquiera era una pista limpia. Pero era una dirección, y eso bastaba para que su mente trabajara sin descanso.
Meok Bo, por su parte, caminaba a su lado con una seriedad que le duró apenas hasta que el olor de la comida llegó desde uno de los puestos de la plaza.
—Sung —dijo Arkadimon, levantando la cabeza de golpe.
—No —respondió ella, sin detenerse.
Meok Bo parpadeó.
—Meok Bo no dijo nada —respondió, llevándose ambas garras al pecho.
—Ibas a hacerlo —dijo Sung, cruzando la plaza hacia una banca cercana.
Meok Bo bajó la mirada con cierta culpa.
—Meok Bo iba a decir comida —admitió, siguiéndola con pasos más pequeños.
—Lo sé —respondió Sung, sentándose y abriendo el informe en su D-Terminal.
Meok Bo se quedó frente a ella unos segundos, mirando la pantalla sin entender demasiado. Después miró el puesto de comida, luego a Sung, luego otra vez el puesto. Su cuerpo entero parecía debatirse entre la obediencia y una tragedia personal.
Sung no levantó la vista.
—Después —dijo, deslizando los dedos sobre la pantalla.
Meok Bo se enderezó de inmediato.
—Después comida —repitió, como si acabaran de darle una misión sagrada.
—Después de revisar esto —aclaró Sung, abriendo el archivo preliminar de Andromon.
El informe apareció en varias capas de datos. La primera sección era simple: Quest completada, muestras entregadas dentro del tiempo límite, análisis básico exitoso. La segunda mostraba el patrón estándar de Darkness Gear. La tercera incluía la degradación acelerada de la segunda muestra. Pero la última sección era la que realmente importaba.
La firma anómala.
Sung amplió la imagen. La estructura de data se separó en capas, revelando la interferencia oscura adherida al patrón de la técnica. No era exactamente igual a una Darkness Gear. Tampoco parecía corrupción espontánea. Era demasiado precisa. Demasiado ordenada dentro de su irregularidad.
—Engrane enfermo —murmuró Meok Bo, acercándose un poco a la pantalla.
—Eso dijiste en el laboratorio —respondió Sung mirándole de reojo.
Meok Bo asintió con seriedad.
—Porque olía enfermo —dijo, señalando la proyección con una garra, aunque sin tocarla
—. Como comida mala. Pero comida fuerte—.
Sung entrecerró los ojos.
—¿Todavía puedes recordarlo? —preguntó, observándolo con mayor atención.
Meok Bo frunció el rostro, como si intentara buscar el olor dentro de su propia cabeza.
—Un poco —respondió, tocándose el pecho
—. Aquí hace ruido cuando Meok Bo pensar en eso—.
Sung no dijo nada, sin embargo guardó esa respuesta como dato.
Volvió al informe y abrió el registro parcial que Andromon había encontrado. El archivo apareció de nuevo: líneas incompletas, secciones ilegibles y fragmentos removidos deliberadamente. Sung intentó ampliar una parte del texto, pero el dispositivo emitió una advertencia.
Acceso denegado.
Sung no se movió y Meok Bo ladeó la cabeza.
—¿Aparato no quiere ayudar? —preguntó, acercándose a la pantalla.
Sung intentó otra ruta. Abrió los permisos, revisó el origen del archivo y solicitó una lectura parcial usando la autorización de la Quest recién cumplida. El resultado fue el mismo.
Rango insuficiente. Acceso restringido a Tamers de nivel superior.
Meok Bo miró la advertencia y luego a Sung.
—Es malo —dijo, frunciendo el rostro.
—No es malo —respondió Sung, cerrando la ventana con calma
—. Solo dice que no tengo suficiente rango—.
Meok Bo abrió los ojos.
—Entonces golpeamos rango —propuso, levantando una garra. Sung lo miró y Meok Bo bajó la garra lentamente.
—No golpear rango —corrigió él mismo, mirando al suelo.
Sung cerró el informe y lo guardó dentro de una carpeta cifrada. Luego permaneció sentada unos segundos, observando la plaza sin verla realmente.
—Si el archivo está bloqueado por rango, entonces necesito subir de rango —dijo, más para sí misma que para Meok Bo.
Arkadimon se acercó un paso.
—Más Quests —dijo, recordando lo que ella le había explicado antes.
Sung asintió.
—Así es, más Quests —confirmó, levantándose de la banca.
Meok Bo sonrió, aunque no parecía saber si eso era bueno o malo.
—¿Quests con comida? —preguntó, siguiéndola de inmediato.
—Quests con información —respondió Sung, caminando hacia el tablero.
—Información y comida —insistió Meok Bo, levantando una garra con cautela.
Sung no respondió de inmediato. Sus ojos se dirigieron al tablero de Quests, donde nuevas solicitudes aparecían y desaparecían según otros Tamers las aceptaban. Había trabajos sencillos, encargos de rescate, búsquedas, escoltas y solicitudes de ayuda en zonas cercanas. Cada una era una posibilidad. Cada una, un escalón.
—Si obedeces —dijo Sung al fin, sin mirarlo
—, también habrá comida—.
Meok Bo se golpeó el pecho con entusiasmo.
—Meok Bo obedecerá mucho —respondió, caminando junto a ella con renovada energía.
Sung no sonrió, pero su expresión se suavizó apenas.
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Mientras ella revisaba el tablero, muy lejos de allí, en una sala más fría y silenciosa, Lunia Arden redactaba su propio informe.
No estaba en una oficina grande ni en una sala de mando formal. Había elegido una habitación secundaria de Digital Security en File City, lo suficientemente discreta para trabajar sin interrupciones y lo suficientemente conectada para enviar un reporte cifrado. Kotemon estaba sentado cerca de la puerta, con la espada de bambú apoyada sobre las piernas, observándola mientras escribía.
Lunia no tecleaba con prisa.
Cada palabra parecía elegida con cuidado.
Sujeto observado: Sung Hae-In.
Compañero Digimon: Arkadimon, identificado por la Tamer como Meok Bo.
Quest observada: Engranes.
Ubicación: Pueblo Industrial.
Intervención de Digital Security: ninguna.
Kotemon leyó parte del informe desde donde estaba y ladeó la cabeza.
—"Ninguna" se ve bonito escrito —dijo, golpeando suavemente la espada con los dedos—. Casi parece que fue fácil no intervenir—.
Lunia no apartó los ojos de la pantalla.
—No lo fue —respondió, continuando el reporte.
Kotemon dejó escapar una risa baja.
—Eso se notó en tu cara cada vez que Meok Bo miraba una Darkness Gear como si fuera postre —dijo, apoyándose contra la pared.
Lunia se detuvo un instante. Luego siguió escribiendo.
Arkadimon mostró respuesta intensa ante muestras de Darkness Gear, especialmente ante una muestra anómala con interferencia externa. Se observó impulso de aproximación y posible intención de absorción.
Sus dedos se quedaron quietos sobre el teclado. La siguiente línea era la más importante y la más incómoda.
La Tamer Sung Hae-In logró detener al sujeto mediante órdenes verbales, contacto físico mínimo y vínculo de reconocimiento como compañero. No se observó negligencia ni uso hostil del Digimon.
Kotemon la miró en silencio. Lunia leyó la frase una vez y luego otra, pero no la borró.
—Eso te dolió escribirlo —dijo Kotemon, bajando la voz.
—La verdad no duele —respondió Lunia, aunque su tono fue más frío de lo necesario.
—Claro —respondió él, acomodando la espada sobre su hombro—. Y yo soy un Numemon con casco—.
Lunia le lanzó una mirada seca y Kotemon levantó una mano.
—Continúa. La burocracia está en su momento dramático —dijo el Child, haciéndose a un lado.
Lunia exhaló lentamente por la nariz y volvió al informe.
Conclusión preliminar: riesgo latente. No se recomienda intervención directa ni separación forzada en este momento. Se recomienda vigilancia prioritaria, seguimiento discreto y recolección adicional de información. Cualquier intento de contención agresiva podría provocar reacción adversa de la Tamer y del Digimon.
Kotemon dejó de bromear.
—Eso último es importante —dijo, mirando la pantalla con seriedad.
—Lo sé —respondió Lunia, enviando el primer borrador a revisión cifrada.
El sistema solicitó confirmación, aunque Lunia no la dio de inmediato.
Su mirada permaneció fija en la última línea. No podía permitirse actuar por rencor, pero tampoco podía confundirse con indulgencia. Sung no era una criminal. Meok Bo no había atacado. Pero Arkadimon seguía siendo Arkadimon, y la data alterada había despertado algo en él con demasiada facilidad.
Kotemon se acercó unos pasos.
—¿Vas a agregar lo de Tatsuya? —preguntó, apoyando la espada contra el suelo.
Lunia endureció la mirada.
—No —respondió.
—No me refería a Makoto —aclaró Kotemon, con más cuidado—. Me refería a su advertencia sobre Sung—.
Lunia guardó silencio. Las palabras de Tatsuya, transmitidas por Lynette, regresaron con una molestia difícil de ocultar. No presionar a Sung de frente, ni usarla como excusa para asuntos personales. Si es por Arkadimon, decirlo, si es por Ryuuma, decirlo. Y si es por Makoto, no disfrazarlo de emergencia oficial. Luego cerró los dedos lentamente.
—No citaré a Tatsuya Kamisato en un informe oficial —dijo, con voz baja.
Kotemon ladeó la cabeza.
—Eso habría sido demasiado milagroso —respondió el Child.
Lunia añadió una línea nueva.
Nota operativa: se recomienda aproximación indirecta. La Tamer responde mejor a información útil que a presión jerárquica. Evitar confrontación frontal salvo amenaza inmediata.
Kotemon sonrió apenas.
—Vaya. Casi suena como si hubieras escuchado un buen consejo —dijo, dando un golpecito con la espada en el suelo.
Lunia confirmó el envío del informe.
—No abuses de tu suerte —respondió, poniéndose de pie.
El reporte desapareció en una línea cifrada de Digital Security. Luego Kotemon la siguió con la mirada.
—¿Y ahora? —preguntó, apoyando la espada sobre el hombro.
Lunia tomó sus guantes de la mesa y se los ajustó con precisión.
—Ahora esperamos su siguiente movimiento —respondió cruzandose de brazos.
—¿El de Sung? —preguntó Kotemon.
Lunia caminó hacia la puerta.
—El de todos —dijo ella de forma seca.
Mientras tanto, en la plaza de File City, Sung seguía frente al tablero de Quests.
Meok Bo estaba a su lado, intentando leer sin morder nada. Esta vez mantenía la boca cerrada con esfuerzo evidente, como si hubiera convertido aquel simple acto en una nueva forma de disciplina.
—Meok Bo lee con ojos —dijo, señalando una solicitud con una garra.
—Eso es una mejora —respondió Sung, revisando varias opciones.
—Esa dice buscar —añadió Arkadimon, inclinándose hacia una Quest.
Sung detuvo la mirada. La solicitud no era de combate directo ni de recolección de data. Era una búsqueda. Una petición de ayuda. Alguien necesitaba encontrar a su compañero perdido, siguiendo una voz extraña que decía haberlo visto en una zona cercana. El texto era breve, pero había algo en él que hizo que Sung no lo descartara. Buscar a alguien, es seguir una pista dudosa, moverse aunque no hubiera certeza.
Meok Bo la miró.
—¿Esa servir para Ryuuma? —preguntó, más bajo que antes.
Sung no respondió de inmediato. Leyó la solicitud completa, revisó la ubicación, el rango y los datos del solicitante. No era una conexión evidente con Andromon ni con el registro eliminado. Pero podía servir para otra cosa: información de rutas, contactos, testigos y, quizá, rumores.
Además, entendía demasiado bien lo que significaba buscar a alguien sin saber si la pista era real.
—Puede servir —dijo al fin, tomando la Quest del tablero.
Meok Bo levantó una garra.
—¿Y comida? —preguntó, con esperanza moderada.
Sung aceptó la misión en su Digivice.
—Después —respondió ella mientras empezaba con la solicitud.
Meok Bo bajó la garra.
—Después siempre lejos —murmuró, pero la siguió sin quejarse más.
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En otro punto de File City, una notificación llegó al sistema secundario de Lunia.
Kotemon la vio mirar el mensaje.
—¿Ya eligió otra Quest? —preguntó, acercándose a ella.
Lunia leyó el aviso. Su expresión no cambió, pero sus ojos se afilaron apenas.
—Sí —respondió, guardando el dispositivo.
Kotemon esperó.
—¿Y? —preguntó con curiosidad.
Lunia miró hacia la plaza, donde Sung y Meok Bo comenzaban a alejarse del tablero.
—Es una búsqueda —dijo rascandose la barbilla.
Kotemon apoyó la espada sobre su hombro.
—Eso suena inocente —comentó sin perder la curiosidad.
Lunia comenzó a caminar.
—Nada lo es cuando alguien desesperado sigue una voz desconocida —respondió sin detenerse.
Kotemon la siguió, esta vez sin bromear de inmediato. La distancia entre ellos y Sung se mantuvo. La vigilancia continuaba.
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Y lejos de File City, en una sala oscura que no pertenecía a ninguna oficina oficial, una pantalla vieja parpadeó.
Durante varios segundos solo mostró líneas corruptas, fragmentos de data incompleta y restos de señales procedentes del Pueblo Industrial. Luego, entre los errores, una palabra apareció marcada en rojo.
Compatibilidad detectada.
Una mano cubierta por un guante oscuro tocó el borde del monitor.
La pantalla cambió. Apareció una imagen borrosa de la tercera Darkness Gear antes de desintegrarse. Después, otra imagen: Meok Bo, captado de forma parcial por algún registro periférico del Pueblo Industrial. La silueta de Arkadimon se distorsionó en la pantalla, pero la firma era suficiente.
Una voz baja rompió el silencio.
—Así que está en File Island —murmuró alguien desde la oscuridad.
Otra línea apareció bajo la imagen.
Sujeto vinculado a Tamer identificada: Sung Hae-In.
La mano se cerró lentamente.
—Y todavía es pequeño —añadió la voz, con una calma desagradable.
La pantalla parpadeó una última vez antes de apagarse.
En File City, Sung caminaba hacia su siguiente Quest y Meok Bo la seguía de cerca, repitiendo en voz baja que debía leer con los ojos, no con los dientes.
Lunia y Kotemon los observaban desde lejos.
Y en algún lugar fuera de su vista, alguien más acababa de empezar a observar también.