Historia Arkadimon: Amenaza o mal necesario.

Gennai

Eclipse Dynasty Member

Arkadimon: Amenaza o mal necesario​




Sinopsis

Después de terminar otra aburrida Quest de rango D, Sung Hae-In y Meok Bo se preparan para descansar en File Island. Sin embargo, su tranquilidad se ve interrumpida cuando se encuentran con Lunia Arden, una agente de Digital Security relacionada con el pasado de los Kamisato.

Aunque Sung y Lunia se saludan con cierta confianza y respeto mutuo, la situación cambia cuando Lunia y Kotemon reconocen la verdadera naturaleza de Arkadimon. Para la mayoría de Tamers novatos de File Island, Meok Bo solo parece un Digimon extraño; pero para alguien con experiencia, su existencia representa una amenaza potencial.

Entre una comida aparentemente tranquila y una conversación cada vez más tensa, Sung deberá defender la humanidad de su compañero, mientras Lunia intenta decidir si Arkadimon es un peligro que debe ser vigilado… o un mal necesario que todavía puede encontrar un camino distinto.

Escenario

File Island / File City: La historia se desarrolla principalmente en File Island, especialmente en los alrededores de File City, una zona frecuentada por Tamers amateurs y de rango Medium. Debido a esto, muchos de ellos no comprenden el verdadero peligro que representa Arkadimon, algo que solo Tamers de mayor experiencia, como Lunia, pueden reconocer.


Tamers participantes

Sung Hae-In: Tamer de Arkadimon, conocido por ella como Meok Bo. Actualmente se encuentra comenzando su camino en File Island, tomando Quests sencillas de rango D mientras intenta guiar a su peligroso compañero por una ruta distinta a la destrucción.
Aunque está relacionada con el entorno de los Kamisato, Sung no tiene una buena impresión de Tatsuya Kamisato. Su actitud floja, codiciosa, despreocupada y poco seria choca directamente con la disciplina, severidad y sentido del deber de Sung. Para ella, Tatsuya representa todo lo contrario a la conducta que debería tener alguien que carga con el apellido Kamisato.

Tatsuya Kamisato: Tamer de Dainsleif/Hackmon y Dvalin/Pteromon. Tatsuya sigue siendo quien es: codicioso, flojo, despreocupado y poco serio en muchos aspectos, rasgos que hacen que tanto Sung Hae-In como Lunia Arden no tengan una buena impresión de él. Para Sung, su actitud choca con la disciplina que debería representar alguien ligado a los Kamisato, mientras que para Lunia esa conducta solo empeora el rencor que siente por su pasado con Makoto. Aun así, Tatsuya no puede ser descartado con facilidad. Aunque no es bien visto por Lunia debido a lo ocurrido con Makoto, sus recientes acciones como guardaespaldas real de Bastemon en Oasis City han comenzado a generar dudas sobre la imagen que otros tienen de él.
Además, su conocimiento sobre la visión y los eventos ocurridos durante Dystopia será de gran utilidad, ya que Tatsuya ha tenido contacto directo con amenazas relacionadas con Arkadimon y comprende mejor que muchos el peligro que puede representar.



Digimon participantes

Meok Bo / Arkadimon:Compañero de Sung Hae-In. Un Digimon artificial de naturaleza peligrosa, capaz de absorber data y despertar temor en Tamers experimentados. Aunque su especie es considerada una amenaza, Meok Bo parece actuar con inocencia, hambre constante y una fuerte lealtad hacia Sung.

Dainsleif / Hackmon: Compañero de Tatsuya Kamisato. Es un Digimon disciplinado, combativo y leal, que ha acompañado a su Tamer en conflictos de gran escala. Su experiencia durante los eventos de Dystopia y lo aprendido sobre la amenaza de Arkadimon pueden ser claves para analizar la situación actual de Meok Bo.

Dvalin / Pteromon: Segundo compañero de Tatsuya Kamisato. Forma parte del equipo de Tatsuya y ha estado presente en acontecimientos importantes en los que su Tamer ha estado involucrado dentro del Digital World. Su conocimiento de la visión y de los eventos de Dystopia también será útil para comprender el alcance del peligro y aportar una perspectiva distinta sobre Arkadimon.


NPCs participantes

Lunia Arden: Agente de Digital Security / DSI y antigua mercenaria al servicio de los Kamisato. Fue pareja de la difunta Makoto, hermana gemela de Ei, y guarda un profundo rencor hacia Tatsuya Kamisato por considerarlo responsable de haber abandonado a Makoto, permitiendo que terminara encontrando la muerte.
Además de ese odio personal, Lunia también encuentra molesta la conducta de Tatsuya. Su actitud floja, codiciosa, despreocupada y poco seria choca directamente con la disciplina y el sentido del deber que ella valora. Para Lunia, esa forma de ser solo refuerza la mala imagen que tiene de él y dificulta que pueda verlo con otros ojos.
Aun así, sus acciones recientes como guardaespaldas real de Bastemon en Oasis City han comenzado a sembrar una pequeña duda en ella. Aunque todavía desconfía de Tatsuya y conserva el rencor por lo ocurrido con Makoto, empieza a cuestionarse si su odio le impide juzgarlo con completa claridad.

Kotemon: Compañero Digimon de Lunia. Sarcástico, disciplinado y con un fuerte sentido del deber. Aunque entiende el odio de Lunia hacia Tatsuya, suele aconsejarle que deje atrás el dolor por su propio bien y por el cumplimiento de su trabajo como agente de Digital Security.

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File Island tenía algo que podía desesperar a cualquiera con un mínimo de ambición: demasiada calma.
Para muchos Tamers recién llegados, aquella isla era el punto de partida ideal. Misiones sencillas, caminos relativamente seguros, Digimon de bajo nivel y encargos que rara vez exigían algo más que paciencia, obediencia y un compañero dispuesto a seguir instrucciones. Para Sung Hae-In, en cambio, File Island comenzaba a sentirse como una enorme sala de espera.
La Quest de rango D que acababa de completar no había sido diferente. Había sido simple. Demasiado simple.

Una tarea aburrida, sin amenazas reales y sin ningún desafío digno de mención. Sung la había terminado sin errores, sin llamar demasiado la atención y, sobre todo, sin permitir que Meok Bo provocara un desastre innecesario. Aunque, siendo honesta, esa última parte había sido lo más complicado de todo el encargo.

—Meok Bo cansado, Meok Bo hambre —murmuró Arkadimon, caminando junto a ella con esa torpeza curiosa que todavía conservaba.

—Tú siempre tienes hambre — Sung ni siquiera giró la cabeza.

—Sí, mucha hambre —respondió él, sin vergüenza alguna.

La Tamer soltó un suspiro bajo, más resignado que molesto. A esas alturas ya había aprendido que discutir con Meok Bo sobre comida era tan inútil como pedirle a un Numemon que oliera bien.
Para Sung, aquel Digimon era extraño, sí. Hambriento, torpe, curioso y demasiado impulsivo cuando algo olía remotamente a comida. Pero también era su compañero, su guardián. Una criatura que parecía haber renacido sin recuerdos y que, pese a su apariencia inquietante, la seguía con una lealtad casi infantil.

Sung no sabía realmente lo que había detrás del nombre Arkadimon. No conocía el verdadero peso de su existencia.
No sabía lo que ese Digimon podía representar para Tamers más experimentados, ni las advertencias que su especie podía despertar en alguien con acceso a información de alto nivel. Para ella, Meok Bo era una criatura peligrosa solo en el sentido más evidente: podía morder lo que no debía, comer demasiado y reaccionar con fuerza si alguien la amenazaba, pero no tenía idea de lo que significaba Arkadimon.

En ese sentido, Sung no era muy distinta de otros Tamers Amateur o Medium que recorrían File Island. Estaba comenzando. Todavía no entendía la profundidad de ciertas amenazas ni los nombres que podían hacer que un Tamer de rango Expert o superior se pusiera en guardia.
A su alrededor, algunos Tamers miraban a Arkadimon con curiosidad. Otros con incomodidad. Unos cuantos incluso se atrevían a señalarlo desde lejos. Pero ninguno parecía verlo como algo más que un Digimon raro y s Sung tampoco.

—Vamos a descansar, después buscaré algo para que comas —dijo la pelinegra finalmente.

Los ojos de Meok Bo brillaron de inmediato.

—¿Carne?—.

—Si te portas bien—.

—Meok Bo portarse bien—.

—Eso dijiste antes de intentar morder una caja de provisiones— dijo Sung, mirándolo de reojo.

—Caja olía a comida—.

—Era madera—.

—Madera guardaba comida—.

La respuesta fue tan simple y absurda que Sung decidió no continuar. Siguió caminando por el sendero principal de File Island, con la intención de buscar un sitio tranquilo donde descansar antes de tomar la siguiente Quest. No esperaba encontrarse con nadie importante. Mucho menos con alguien de su pasado.

Pero entonces la vio: Una figura alta, elegante y de presencia severa avanzaba desde el otro extremo del camino. Vestía con sobriedad, con esa compostura rígida que Sung recordaba del mundo real. A su lado caminaba un Kotemon, pequeño en comparación con su Tamer, pero con una postura firme y una espada de bambú apoyada con naturalidad sobre el hombro.

Sung se detuvo y la mujer también. Durante unos segundos, ambas se observaron en silencio, como si ninguna terminara de creer que la otra estuviera ahí. No había hostilidad en sus miradas, pero sí sorpresa. Una sorpresa contenida, propia de dos mujeres acostumbradas a no mostrar demasiado.

—Lunia Arden —dijo Sung, alzando apenas una ceja.

La agente de Digital Security la miró de arriba abajo y luego dejó escapar una leve exhalación, casi parecida a una risa discreta.

—Sung Hae-In. Vaya lugar para reencontrarnos—.

No hubo abrazo ni muestra exagerada de afecto. Ninguna de las dos era de ese tipo. Sin embargo, el saludo tampoco fue frío. Había una leve confianza en la forma en que se miraban, un reconocimiento silencioso nacido de un pasado compartido dentro del entorno de los Kamisato.

En el mundo real, Sung y Lunia nunca habían sido amigas íntimas, pero entre ambas siempre existió respeto mutuo. Las dos eran mujeres disciplinadas, formadas en ambientes duros y entregadas a causas familiares que exigían fuerza, obediencia y carácter. Sung conocía la reputación de Lunia como mercenaria y sicaria al servicio de los Kamisato. Lunia, por su parte, sabía que Sung no era una simple protegida de Ryuuma, sino alguien entrenada para resistir, mandar y sobrevivir.

Eran distintas, pero comprendían algo de la otra. Ambas sabían lo que significaba vivir bajo el peso del deber.

—Pensé que Digital Security tendría a sus agentes en zonas más importantes — dijo Sung.

—Y yo pensé que tú estarías causando problemas en algún sitio menos básico que File Island —respondió Lunia con calma.

Kotemon ladeó la cabeza.

—Eso, para quienes no sepan leer el ambiente, fue un saludo amistoso—.

Meok Bo miró a Sung y luego a Lunia.

—¿Amiga?—.

Sung tardó un segundo en responder.

—Conocida respetable—.

Lunia asintió ligeramente.

—Eso suena correcto—.

El comentario no fue frío, sino casi cómplice. Había una distancia natural entre ambas, pero también una confianza tenue, nacida de saber que la otra no era una persona cualquiera.

Entonces, Lunia bajó la mirada hacia Arkadimon y su expresión cambió. No fue un gesto exagerado. Lunia no era de las que mostraban sorpresa con facilidad. Pero sus ojos se afilaron, su postura se tensó apenas y la calma de su rostro se volvió más dura. Kotemon también lo notó. El pequeño Digimon dejó de bromear por un momento, aunque mantuvo la espada de bambú apoyada sobre el hombro. Su postura no era agresiva, pero sí más atenta.

—Lunia —dijo en voz baja.

—Lo sé —respondió ella.

Sung percibió el cambio de inmediato, pero no entendió la razón. Su mirada pasó de Lunia a Kotemon, y luego a Meok Bo. Para ella, su compañero no estaba haciendo nada extraño. Solo estaba ahí, hambriento como siempre, mirando a los recién llegados con curiosidad.

—¿Hay algún problema? —preguntó Sung.

Lunia no respondió de inmediato. Su atención seguía fija en Arkadimon.

—Ese Digimon… —dijo finalmente— ¿es tu compañero? — preguntó seriamente.

Meok Bo se señaló a sí mismo.

—Meok Bo compañero de Sung— dijo el Child y Sung apoyó una mano sobre su cabeza, como si la respuesta fuera obvia.

—Sí. ¿Por qué?—.

Lunia no contestó al instante. Su silencio hizo que Sung frunciera ligeramente el ceño.

Arkadimon, por supuesto, no parecía entender el peso de aquel momento.

—Meok Bo hambre —dijo girando su cabeza hacia Sung.

—Al menos alguien aquí tiene prioridades claras— Kotemon golpeó suavemente el suelo con su espada de bambú.


Lunia mantuvo la mirada sobre Arkadimon unos segundos más. Luego volvió los ojos hacia Sung.

—Supongo que vienen de una Quest—.

—Rango D demasiado aburrida—respondió Sung, todavía observándola con desconfianza.

—Lo imagino—.

—¿Vas a decirme qué sucede o seguirás mirando a mi compañero como si hubiera cometido un crimen?—.

—Prefiero hablar sentada. Hay un puesto de comida cerca. Invito yo —Lunia respiró despacio.

—¿Desde cuándo eres tan generosa?— Sung la miró con cierta sospecha.

—Desde que no me gusta hablar de ciertos temas en mitad de un camino lleno de Tamers novatos—

Kotemon soltó una risa breve.

—Traducción: va a interrogarte, pero con comida—.

—Kotemon—.

—Silencio profesional. Entendido—.

Meok Bo, en cambio, pareció iluminarse con una sola palabra.

—¿Comida?— preguntó Arkadimo y Lunia lo miró.

—Sí. Comida—.

—Meok Bo acepta—.

—No te preguntaron —dijo Sung.

—Meok Bo acepta por Sung—.

Sung suspiró, pero no se negó. Después de una Quest aburrida, un descanso no sonaba mal. Además, si Lunia quería hablar, era mejor hacerlo en un lugar tranquilo que en mitad del camino. La reacción de la agente no le gustaba, pero tampoco parecía una amenaza directa.
 
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Así, el reencuentro no comenzó con advertencias abiertas ni con una confrontación inmediata, sino con una invitación inesperada. Una comida sencilla en File City. Y una conversación que Sung aún no sabía que cambiaría por completo la forma en que veía a su compañero.
El pequeño puesto estaba ubicado cerca de una zona de descanso frecuentada por Tamers novatos. Había mesas de madera, bancos algo desgastados y una variedad de platos simples pensados para quienes terminaban misiones de bajo rango. Nada elegante, nada refinado, pero suficiente para recuperar fuerzas.

Meok Bo se sentó con una emoción evidente, observando cada plato que pasaba cerca como si estuviera presenciando un desfile sagrado.

—Meok Bo quiere eso—.

—Ni siquiera sabes qué es —dijo Sung viendole.

—Comida—.

—Eso no responde nada—.

—Responde todo—.

Kotemon se sentó frente a él y apoyó la espada de bambú a un lado.

—Tengo que admitirlo, su lógica es difícil de refutar—.

Lunia pidió comida para todos, incluyendo una porción considerable para Arkadimon. Sung la observó en silencio mientras lo hacía. No era común ver a Lunia actuando con esa naturalidad, mucho menos invitando a comer a alguien sin una razón aparente. Pero algo en su comportamiento le decía que el gesto no era simple cortesía.

Cuando los platos llegaron, Meok Bo comenzó a comer con entusiasmo inmediato. Sung tuvo que tomar uno de los recipientes antes de que su compañero intentara devorar también el plato.

—Despacio —ordenó.

—Meok Bo come despacio—.

—Eso no es despacio—

—Más despacio que antes—.

Kotemon lo miró con cierta fascinación.

—Eso implica que antes era peor. Qué pensamiento tan aterrador—.

Por un momento, la tensión se alivió. Incluso Lunia pareció permitir que el ambiente se mantuviera tranquilo. Sung comió con calma, aunque no dejaba de observarla de reojo. La agente no había reaccionado así por simple curiosidad. Algo había reconocido en Meok Bo, algo que Sung no entendía.
Y esa ignorancia comenzaba a molestarle. Lunia dejó los cubiertos sobre la mesa.

—Sung— La voz de la agente cambió lo suficiente para que la conversación ligera terminara en ese instante.

Sung levantó la mirada apenas su nombre salió de los labios de Lunia.

—Ya era hora— dijo viendole fijamente.

—¿Sabías que iba a decir algo?—.

—Desde que lo viste. Ahora habla claro—.

Meok Bo siguió comiendo, aunque sus ojos se movieron de una a otra.

—¿Meok Bo hizo algo malo?—

—No—
Sung apoyó una mano sobre su cabeza.

Lunia observó aquel gesto y por un instante, su expresión mostró algo más que severidad. Mostró duda.

—No hizo nada malo. Ese no es el problema. —dijo Lunia y Sung entrecerró los ojos.

—Entonces, ¿cuál es?—.

Lunia guardó silencio unos segundos antes de responder.

—El problema es lo que es—.

La frase cayó con más peso del que Sung esperaba.

—Es Meok Bo —respondió ella, seca.

Kotemon bajó ligeramente la cabeza.

—Ese es el nombre que tú le diste. No lo que significa—.

Sung giró la mirada hacia él.

—¿Y qué significa?—.

Lunia respiró hondo.

—Arkadimon— dijo después de suspirar.

—Ya sé su especie— Sung frunció el ceño.

—No. Sabes su nombre, pero no sabes lo que implica—.

El silencio se volvió pesado. Alrededor de ellos, otros Tamers seguían hablando, comiendo y riendo, ajenos a la seriedad de aquella conversación. Para la mayoría de ellos, Arkadimon solo era un Digimon extraño sentado en una mesa, comiendo como si el mundo entero pudiera resumirse en comida.
Lunia miró brevemente a aquellos Tamers antes de volver a Sung.

—En File Island la mayoría son Tamers de rango Amateurs o Mediums. Están comenzando, igual que tú. No tienen el conocimiento suficiente para reconocer ciertas amenazas. Ven un Digimon raro y solo piensan que es una especie poco común. Nada más— explicó. Sung no respondió y Lunia continuó — pero alguien de rango Expert o superior, alguien que haya recorrido los rincones más perturbadores de Digital World, alguien que haya visto registros, informes o incidentes antiguos, sabría que Arkadimon no es un Digimon común. Es una existencia artificial, una criatura diseñada para desintegrar y absorber data. Un Digimon capaz de convertirse en una amenaza incluso para oponentes que, en teoría, deberían estar por encima de él—.

Sung bajó lentamente la mirada hacia Meok Bo. Él seguía comiendo, aunque más despacio.

—Meok Bo… ¿eso?— La pregunta salió torpe, confundida.

Sung no respondió de inmediato. Por primera vez desde que lo había encontrado, miró a Arkadimon con una duda distinta. No con rechazo, no con miedo. Pero sí con la incomodidad de comprender que había estado caminando junto a algo que no entendía del todo y Lunia lo notó.

—Sus técnicas de absorción de data no funcionan como las de otros Digimon. Arkadimon puede romper límites. Puede absorber data incluso cuando la diferencia de nivel debería impedirlo. Por eso su existencia se considera peligrosa - explcó nuevamente.

Kotemon cruzó los brazos.

—En palabras simples: no es peligroso solo por lo que es ahora. Es peligroso por lo que puede llegar a ser—.

Meok Bo bajó la comida lentamente.

—Meok Bo… malo?—.

Sung reaccionó de inmediato.

—No— su voz fue firme, demasiado firme. No iba dirigida solo a él, sino también a Lunia y Kotemon —no es malo, es mi compañero —repitió Sung.

Lunia sostuvo su mirada.

—No he dicho que sea malo. He dicho que es peligroso—.

—Para ti parece lo mismo—.

—No lo es—.

—Entonces deja de mirarlo como si ya hubiera sido condenado—.

La tensión regresó de golpe. Sung no sabía todo sobre Arkadimon, pero había algo que sí sabía: Meok Bo no había elegido ser lo que era. No recordaba su pasado. No había demostrado malicia. La había protegido, la seguía con devoción y, aunque su hambre era un problema constante, no era un monstruo. No para ella.

Kotemon golpeó suavemente el suelo con su espada de bambú para hacerse notar.

—Antes de que esto se convierta en una competencia de orgullo, tal vez convendría aceptar que ambas tienen parte de razón. Lunia sabe lo que Arkadimon representa. Sung sabe cómo se comporta ahora—.

Sung lo miró de reojo.

—Hablas demasiado—.

—Me esfuerzo por ser útil—.

Lunia no apartó los ojos de Arkadimon.

—Sung, escucha bien. No puedes permitirte ser ignorante sobre tu propio compañero. No con él—.

Aquellas palabras molestaron a Sung más de lo que quiso admitir. No porque fueran insultantes, sino porque eran ciertas.
Ella había estado avanzando por File Island creyendo que Meok Bo era solo un Digimon extraño, difícil de controlar y hambriento. Nunca se había preguntado realmente por qué su existencia podía resultar inquietante para alguien con más experiencia.

—¿Y qué esperas que haga? —preguntó Sung —¿que lo entregue? ¿que lo encierre? ¿que lo mire como un error?— siguió cuestionando.

—Espero que entiendas lo que tienes delante —respondió Lunia— porque si tú no lo entiendes, otros lo harán por ti. Y no todos van a limitarse a invitarte a comer antes de hablar— añadió.

Sung guardó silencio y Meok Bo levantó lentamente la cabeza.

—Meok Bo cuida Sung, Meok Bo no malo, Meok Bo hambre, pero no malo—dijo con voz baja

Kotemon bajó un poco la mirada.

—Eso fue inquietantemente tierno—.

Sung apoyó nuevamente la mano sobre la cabeza de Arkadimon.

—Lo sé— dijo observando a su compañero Digimon.

Lunia observó aquel gesto. Había algo extraño en verlo hablar de esa manera, con frases cortas, casi primitivas. Si alguien no supiera lo que el nombre Arkadimon significaba, quizá habría parecido solo un Digimon torpe, hambriento y excesivamente apegado a su Tamer.
Pero Lunia sí sabía y ahora Sung comenzaba a saberlo también.

—Si ese Digimon pierde el control, Digital Security intervendrá—dijo Lunia con seriedad.

La mirada de Sung se volvió más fría.

—Si alguien intenta hacerle daño sin razón, yo intervendré primero— respondió Sung con el mismo tono de seriedad.

—Eso suena a amenaza—.

—Es una advertencia—.

Kotemon suspiró.

—Y pensar que hace cinco minutos solo estábamos comiendo— el compañero de Lunia volvio a suspirar.

Meok Bo levantó un trozo de comida, todavía algo confundido.

—¿Meok Bo sigue comiendo?—.

—Sí, sigue comiendo—dijo Sung, sin apartar la mirada de Lunia.

—Sabia decisión— Kotemon asintió lentamente.

Lunia se recargó ligeramente en su asiento.

—No vine a pelear contigo—.

—Entonces no lo trates como si ya hubiera hecho algo—.

—Soy agente de Digital Security. Si detecto una posible amenaza, la observo—.

—Y yo soy su Tamer. Si alguien lo amenaza, respondo—.

La tensión entre ambas se hizo más pesada, no era odio, todavía no.Era algo más complicado: respeto mezclado con desconfianza.
Lunia sabía quién era Sung. Sabía que no era una irresponsable ni una Tamer débil. Pero también acababa de confirmar algo preocupante: Sung no entendía por completo lo que Arkadimon representaba. Su lealtad hacia Meok Bo era real, pero también estaba construida sobre ignorancia.

Sung, por su parte, comenzaba a comprender que había estado caminando a ciegas. No sabía todo lo que debía saber sobre su compañero. No conocía los registros, los incidentes ni las razones por las que alguien como Lunia reaccionaba con tanta cautela. Pero eso no cambiaba lo esencial para ella: Meok Bo era suyo. Y no iba a permitir que otros lo condenaran antes de darle la oportunidad de ser algo distinto.

—Entonces será mejor que aprendas rápido porque si Arkadimon es lo que los registros dicen que es, File Island no es un lugar seguro para que permanezca sin supervisión —dijo Lunia

Sung alzó ligeramente el mentón.

—Y tú tendrás que demostrarme que Digital Security sabe distinguir entre un monstruo y alguien que solo intenta vivir—.

El silencio volvió a caer sobre la mesa. Kotemon miró de una a otra, luego tomó su espada de bambú y la apoyó contra su hombro.

—Bueno. Esto fue una comida familiar bastante normal, considerando que ambas vienen del entorno Kamisato—.

Sung lo miró de reojo.

—Hablas demasiado—.

—Me lo dicen seguido—.

—Meok Bo quiere más comida— Meok Bo levantó la mano.

Lunia cerró los ojos un instante, como si pidiera paciencia a alguna fuerza superior.

—Pide otra porción—.

Arkadimon la miró con asombro.

—Lunia da comida—.

—Solo esta vez—.

—Lunia buena—.

Kotemon soltó una pequeña risa.

—Cuidado. Si sigues alimentándolo, tal vez te adopte—.

Sung negó ligeramente con la cabeza, aunque no dijo nada. La escena tenía algo extraño. En otra situación, podría haber parecido una reunión tranquila entre conocidas del pasado. Una comida después de una Quest aburrida, un descanso en una isla de principiantes, una conversación incómoda pero controlada. Pero bajo la superficie, el verdadero problema seguía ahí.
Lunia ya había revelado la clase de Digimon que caminaba junto a Sung. Y Sung acababa de comprender que no sabía tanto de Meok Bo como creía. En una isla llena de Tamers inexpertos, dos mujeres del pasado de los Kamisato acababan de encontrarse frente a una pregunta incómoda:
¿Arkadimon era una amenaza que debía ser vigilada…o un mal necesario que podía convertirse en algo distinto?
 
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La tensión permaneció sobre la mesa durante unos segundos más. No desapareció de inmediato. El peso de lo que Lunia acababa de revelar seguía ahí, entre ellas, como una presencia invisible. Sung no apartaba la mano de la cabeza de Meok Bo, y Arkadimon, aunque no comprendía del todo la conversación, parecía notar que algo había cambiado.

Lunia tampoco insistió más. Por ahora, ya había dicho lo necesario.

—No voy a llevármelo —dijo finalmente.

Sung la miró con frialdad.

—Eso habría sido un error—.

—Lo sé, por eso no lo estoy haciendo—respondió Lunia.

Kotemon apoyó su espada de bambú sobre el hombro y soltó un suspiro.

—Excelente. Nadie va a pelear en el puesto de comida y eso ya es progreso—.

Meok Bo levantó lentamente una mano.

—¿Meok Bo puede seguir comiendo?—.

Sung bajó la mirada hacia él. Su expresión seguía seria, pero su voz fue más tranquila.

—Sí, come—.


—Meok Bo come—.

Y como si aquella autorización hubiera resuelto todos los problemas del mundo, Arkadimon volvió a concentrarse en su plato.
El gesto, por absurdo que fuera, ayudó a romper parte de la tensión. Lunia lo observó unos segundos más, ya no con la misma dureza inicial, sino con una cautela distinta. No confiaba en Arkadimon, no podía hacerlo. Pero tampoco podía negar lo que veía frente a ella: un Digimon extraño, hambriento, torpe y profundamente apegado a su Tamer.

Sung, por su parte, seguía procesando la información. Arkadimon, una existencia artificial, un Digimon capaz de absorber data y romper límites que no deberían romperse. No sabía cuánto de aquello era verdad, cuánto era exageración de registros antiguos o cuánto podía aplicarse realmente a Meok Bo. Pero una cosa estaba clara: había caminado con él creyendo que solo era un compañero raro y problemático, cuando en realidad cargaba con un nombre capaz de inquietar a alguien como Lunia Arden.

Eso le molestaba, No por Meok Bo, sino porque había sido ignorante.

—Sung— Lunia tomó su vaso y bebió con calma antes de hablar de nuevo.

—¿Qué?—.

—¿Cuál es tu objetivo en este mundo?—.

Sung entrecerró los ojos.

—¿A qué viene esa pregunta?—.

—No pareces alguien que pretenda tomar Quests solo para matar el tiempo. Estás aquí por algo, evidentemente ascenderás en la jerarquia de los Tamer pues conozco tu potencial—.

Sung guardó silencio. No era una pregunta difícil, pero sí una que tocaba una parte demasiado importante de su llegada al Digital World. Había aceptado encargos menores, sí. Había hecho misiones simples, aburridas y casi indignas de su entrenamiento. Pero nada de eso era su verdadero propósito y como dice Lunia, ella irá ascendiendo y sus misiones se volverán más dificiles y complicadas.

—Busco a Ryuuma —respondió al fin.

Lunia no mostró una sorpresa exagerada, pero sus ojos se volvieron más serios.

—Ryuuma Kamisato—.

—Sí— dijo ella, asintiendo.

—¿Crees que está aquí?—.

—No lo sé —
admitió Sung— desapareció de la nada, no hay pistas claras en el mundo real. Si existe la posibilidad de que haya terminado en el Digital World, voy a encontrarlo— añadió pensativa.

Kotemon dejó de mover su espada de bambú y prestó atención. Lunia se quedó pensativa.

—No es una idea imposible—.

Sung la miró con atención.

—¿Tú también lo crees?—.

—Tatsuya está aquí —respondió Lunia— si él terminó en el Digital World, no veo por qué Ryuuma no podría haberlo hecho también—.

El nombre de Tatsuya provocó un silencio incómodo. Ni Sung ni Lunia parecían disfrutar mencionarlo. Para Sung, Tatsuya era alguien difícil de tomar en serio: flojo, codicioso, despreocupado y poco digno del peso que debía cargar un Kamisato. Su actitud chocaba con todo lo que ella valoraba: disciplina, propósito y responsabilidad.
Para Lunia, en cambio, el problema era mucho más profundo. Tatsuya no era solo alguien irritante. Era el hombre que, a sus ojos, había abandonado a Makoto cuando debía protegerla. El hombre que huyó mientras la persona que ella amaba encontró la muerte.

Aun así, su presencia en el Digital World probaba algo. Si Tatsuya estaba aquí, Ryuuma también podía estarlo.

—Si Ryuuma está aquí, lo encontraré —dijo Sung. No sonó como una esperanza, sonó como una sentencia y Lunia asintió lentamente.

—Eso sí suena a ti—.

Sung se levantó de la mesa. Meok Bo, al notar el movimiento, tomó un último bocado con rapidez y también se puso de pie.

—¿Ir? —preguntó.

—Sí. Ya descansamos suficiente—.


Lunia no intentó detenerla.

—Sung— La Tamer Amateur se detuvo, aunque no giró del todo — investiga sobre Arkadimon, no lo hagas por DS, ni por mi —Lunia hizo una pausa— Hazlo por ti y por él —.

Sung guardó silencio durante un instante.

—Lo haré a mi manera—.

—Eso esperaba—.

Meok Bo levantó una mano hacia Lunia.

—Lunia dio comida. Meok Bo recuerda—.


Kotemon soltó una pequeña risa.

—Qué honor. Has sido archivada en su memoria alimenticia—.

Lunia cerró los ojos un momento, resignada.

—Cuida de tu Tamer—.

Meok Bo asintió con una seriedad inesperada.

—Meok Bo cuida Sung—.

Sung no añadió nada más. Simplemente comenzó a alejarse del puesto, con Arkadimon siguiéndola de cerca. Entre los Tamers novatos de File Island, ambos volvieron a parecer solo una Tamer amateur y su extraño compañero hambriento. Pero Lunia ya no podía verlos de esa forma.
No después de reconocer lo que era Arkadimon, no después de saber que Sung ignoraba casi todo sobre él.

Kotemon observó cómo se alejaban hasta perderlos entre la gente.

—Bueno, eso fue más tranquilo de lo que esperaba—dijo al fin.

—No era necesario provocar una confrontación —Lunia volvió a sentarse.

—Qué maduro de tu parte. Casi pareces una agente responsable—.

—Kotemon—.

—Lo digo con admiración profesional—.

Lunia suspiró, la conversación con Sung le había dejado más preguntas que respuestas. Arkadimon en manos de una Tamer amateur ya era un problema. Arkadimon en manos de Sung Hae-In, una Kamisato disciplinada, fuerte y emocionalmente atada a su compañero, era algo mucho más delicado.
No podía tratarlo como una simple amenaza. Pero tampoco podía ignorarlo.
 
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Por ahora, decidió descansar. Había tenido suficiente tensión para una comida. O al menos eso creyó, porque no mucho después, mientras Kotemon terminaba de acomodar su espada de bambú junto a la mesa, Lunia distinguió una figura familiar caminando entre los puestos de File City.
Una Sistermon Noir paseaba con aparente tranquilidad, observando los alrededores con esa mezcla de elegancia, discreción y confianza propia de alguien que sabía moverse sin llamar demasiado la atención. Su presencia habría pasado desapercibida para muchos, pero no para Lunia pues sabía de quien se trataba.

—Lynette —murmuró.

Kotemon siguió su mirada.

—¿La Sistermon Noir de Digital Security?—.

—Una colega—.

—Y si no recuerdo mal, alguien bastante cercana a Tatsuya—.

Lunia no respondió de inmediato. Eso era precisamente lo importante. Lynette parecía estar de paso, quizá cumpliendo algún encargo menor o simplemente aprovechando un momento libre. No parecía tener prisa y eso convertía la situación en una oportunidad difícil de ignorar.

—Vamos— Lunia se levantó.

Kotemon alzó la vista.

—¿Vamos a descansar o vamos a complicarnos más el día?—.

—Vamos a hablar con ella—.

—Eso responde mi pregunta—.

Lunia se acercó con paso firme, pero sin agresividad. Lynette la notó antes de que estuviera demasiado cerca y giró ligeramente hacia ella.

—Agente Arden —saludó la Sistermon Noir, con cortesía— no esperaba encontrarla en File City — añadió con amabilidad.

—Podría decir lo mismo, Lynette—.

—Saludos cordiales entre colegas. Siempre tan cálidos en Digital Security—Kotemon levantó una mano.

—Kotemon— Lynette lo miró con una pequeña sonrisa.

—Sistermon Noir— dijo Kotemon a modo de saludo.

Lunia no perdió tiempo.

—¿Tienes un momento?— preguntó tratando de no sonar tan seria.

—Depende del asunto—Lynette ladeó apenas la cabeza.

—Invito la comida—.

La Sistermon Noir la observó durante unos segundos, como si evaluara la intención detrás de la oferta.

—Eso suena menos casual de lo que debería—.

—Lo es—.

Kotemon apoyó su espada de bambú sobre el hombro.

—Traducción: necesitamos pedirte un favor y ella está usando comida para hacerlo parecer menos incómodo—.

—Kotemon—.

—Silencio diplomático. Entendido—.

Lynette soltó una risa baja.

—Muy bien. Escucharé—.

Se sentaron en una mesa apartada del mismo puesto. Lunia pidió algo sencillo para Lynette y otra porción ligera para Kotemon, aunque este insistió en que después de ver comer a Arkadimon, cualquier apetito razonable se sentía insignificante.

—Entonces, ¿qué necesita de mí? — Lynette esperó a que la comida llegara antes de hablar.

—Necesito localizar a Tatsuya Kamisato—Lunia fue directa.

La reacción de Lynette fue sutil, pero perceptible. Sus ojos se afinaron apenas, y su postura se volvió un poco más cuidadosa.

—Tatsuya suele estar ocupado—.

—Eso sonó como una excusa preparada—Kotemon cruzó los brazos.

—Es una realidad —respondió Lynette con calma— además, no es alguien fácil de localizar cuando no quiere ser encontrado—.

—Tú eres cercana a él— Lunia la miró fijamente.

—Eso no significa que tenga un mapa actualizado de cada lugar donde decide aparecer—.

—Pero puedes contactarlo—.

Lynette guardó silencio un momento.

—Tatsuya no suele quedarse en un solo sitio —dijo finalmente— si no tiene una Quest de por medio, podría estar en cualquier lugar del Digital World. Ya sea Oasis City, Metal Empire, Dynamo City, Star City, Holy Angel Citadel, Digital City, Vivianne Village, Hel Island, North Forest, el Valle de los Dragones, así como algún bosque perdido, una ciudad que ni siquiera aparezca en los registros habituales. Siendo como es, se mueve demasiado— añadió.

Kotemon golpeó suavemente el suelo con la espada de bambú.

—Eso coincide con su reputación de sujeto problemáticamente escurridizo—.

Lynette continuó:

—También sabe evitar llamar la atención cuando le conviene. A pesar de lo que muchos creen, no siempre busca estar en el centro de todo. De hecho, cuando no quiere ser encontrado, puede volverse bastante discreto—.

Lunia no parecía convencida.

—Necesito hablar con él—.

—¿Por qué?—.

—Es importante—.

—Con Tatsuya todo termina siendo importante para alguien. Pero eso no significa que él vaya a aparecer solo porque se le llame— respondió Lynette

La voz de Lunia se volvió más seria.

—Tiene que ver con una pariente suya—.

Lynette dejó de mover los cubiertos.

—¿Una pariente?— preguntó Sistermon Noir un poco incrédula.

—Sung Hae-In—.

El nombre cambió el ambiente de inmediato. Lynette no respondió al instante. Su expresión, aunque controlada, mostró que el asunto había dejado de parecerle una simple molestia administrativa. Si Sung Hae-In estaba involucrada, entonces no se trataba de una petición cualquiera.
Y si Lunia Arden estaba pidiendo localizar a Tatsuya por algo relacionado con Sung, probablemente había una razón seria detrás.

—¿Qué ocurrió? —preguntó Lynette.

Lunia sostuvo su mirada.

—Sung está aquí, en File City—.

—Eso no explica por qué necesita a Tatsuya—.

—Está acompañada por un Arkadimon—.

El silencio cayó sobre la mesa. Incluso Kotemon dejó de hacer comentarios. Lynette permaneció inmóvil durante unos segundos, procesando la información. Luego su mirada se endureció con una seriedad que Lunia conocía bien en los agentes de Digital Security.

—¿Está segura?— preguntó Sistermon Noir con ese tono de voz bastante serio.

—Lo vi con mis propios ojos—.

—¿Y Sung sabe lo que significa?—.

—Ahora sabe un poco más que antes. Pero no lo suficiente —respondió Lunia.

Lynette bajó la mirada por un instante.

Tatsuya podía ser flojo, codicioso, despreocupado y poco serio. Podía irritar a Sung, despertar el desprecio de Lunia y agotar la paciencia de quienes esperaban de él una conducta más digna. Pero, con todos sus defectos, seguía siendo Tatsuya Kamisato, un Tamer de rango Chief. Y precisamente por eso no podía ser ignorado.
Si Sung Hae-In estaba involucrada, si Arkadimon caminaba a su lado y si Digital Security ya había puesto los ojos sobre aquella situación, entonces contactar a Tatsuya podía ser necesario. No porque Lunia confiara en él, sino porque su vínculo con los Kamisato y su relación con Sung podían volverlo una pieza útil para entender lo que estaba ocurriendo.


—Entiendo—Lynette exhaló despacio.

Lunia se inclinó apenas hacia delante.

—Entonces ayúdame a encontrarlo—.

La Sistermon Noir cerró los ojos un momento, como si aceptara que aquella comida acababa de convertirse en trabajo.

—Haré lo que pueda. Pero no prometo que responda rápido—.

Kotemon soltó un suspiro teatral.

—Maravilloso. Vamos a buscar al hombre que no quiere ser encontrado para hablar de un Digimon que nadie debería ignorar—.

Lunia no apartó la mirada de Lynette.

—Hazlo, por favor—.

—Lo contactaré— Lynette asintió lentamente.

Y así, mientras Sung Hae-In se alejaba sin comprender todavía todo el peso que cargaba su compañero, Lunia Arden comenzó a mover las piezas necesarias para traer a escena a alguien que no deseaba involucrarse más de lo necesario.

Tatsuya Kamisato. El hombre que tanto Sung como Lunia veían con malos ojos por razones distintas. Y quizá una pieza necesaria para enfrentar una pregunta que ya no podía ser ignorada: ¿Qué significaba realmente tener a Arkadimon en File Island?.
 
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