Historia Arkadimon: Amenaza o mal necesario.

Gennai

Eclipse Dynasty Member

Arkadimon: Amenaza o mal necesario​




Sinopsis

Después de terminar otra aburrida Quest de rango D, Sung Hae-In y Meok Bo se preparan para descansar en File Island. Sin embargo, su tranquilidad se ve interrumpida cuando se encuentran con Lunia Arden, una agente de Digital Security relacionada con el pasado de los Kamisato.

Aunque Sung y Lunia se saludan con cierta confianza y respeto mutuo, la situación cambia cuando Lunia y Kotemon reconocen la verdadera naturaleza de Arkadimon. Para la mayoría de Tamers novatos de File Island, Meok Bo solo parece un Digimon extraño; pero para alguien con experiencia, su existencia representa una amenaza potencial.

Entre una comida aparentemente tranquila y una conversación cada vez más tensa, Sung deberá defender la humanidad de su compañero, mientras Lunia intenta decidir si Arkadimon es un peligro que debe ser vigilado… o un mal necesario que todavía puede encontrar un camino distinto.

Escenario

File Island / File City: La historia se desarrolla principalmente en File Island, especialmente en los alrededores de File City, una zona frecuentada por Tamers amateurs y de rango Medium. Debido a esto, muchos de ellos no comprenden el verdadero peligro que representa Arkadimon, algo que solo Tamers de mayor experiencia, como Lunia, pueden reconocer.


Tamers participantes

Sung Hae-In: Tamer de Arkadimon, conocido por ella como Meok Bo. Actualmente se encuentra comenzando su camino en File Island, tomando Quests sencillas de rango D mientras intenta guiar a su peligroso compañero por una ruta distinta a la destrucción.
Aunque está relacionada con el entorno de los Kamisato, Sung no tiene una buena impresión de Tatsuya Kamisato. Su actitud floja, codiciosa, despreocupada y poco seria choca directamente con la disciplina, severidad y sentido del deber de Sung. Para ella, Tatsuya representa todo lo contrario a la conducta que debería tener alguien que carga con el apellido Kamisato.

Tatsuya Kamisato: Tamer de Dainsleif/Hackmon y Dvalin/Pteromon. Tatsuya sigue siendo quien es: codicioso, flojo, despreocupado y poco serio en muchos aspectos, rasgos que hacen que tanto Sung Hae-In como Lunia Arden no tengan una buena impresión de él. Para Sung, su actitud choca con la disciplina que debería representar alguien ligado a los Kamisato, mientras que para Lunia esa conducta solo empeora el rencor que siente por su pasado con Makoto. Aun así, Tatsuya no puede ser descartado con facilidad. Aunque no es bien visto por Lunia debido a lo ocurrido con Makoto, sus recientes acciones como guardaespaldas real de Bastemon en Oasis City han comenzado a generar dudas sobre la imagen que otros tienen de él.
Además, su conocimiento sobre la visión y los eventos ocurridos durante Dystopia será de gran utilidad, ya que Tatsuya ha tenido contacto directo con amenazas relacionadas con Arkadimon y comprende mejor que muchos el peligro que puede representar.



Digimon participantes

Meok Bo / Arkadimon: Compañero de Sung Hae-In. Un Digimon artificial de naturaleza peligrosa, capaz de absorber data y despertar temor en Tamers experimentados. Aunque su especie es considerada una amenaza, Meok Bo parece actuar con inocencia, hambre constante y una fuerte lealtad hacia Sung.

Dainsleif / Hackmon: Compañero de Tatsuya Kamisato. Es un Digimon disciplinado, combativo y leal, que ha acompañado a su Tamer en conflictos de gran escala. Su experiencia durante los eventos de Dystopia y lo aprendido sobre la amenaza de Arkadimon pueden ser claves para analizar la situación actual de Meok Bo.

Dvalin / Pteromon: Segundo compañero de Tatsuya Kamisato. Forma parte del equipo de Tatsuya y ha estado presente en acontecimientos importantes en los que su Tamer ha estado involucrado dentro del Digital World. Su conocimiento de la visión y de los eventos de Dystopia también será útil para comprender el alcance del peligro y aportar una perspectiva distinta sobre Arkadimon.


NPCs participantes

Lunia Arden: Agente de Digital Security / DS y antigua mercenaria al servicio de los Kamisato. Fue pareja de la difunta Makoto, hermana gemela de Ei, y guarda un profundo rencor hacia Tatsuya Kamisato por considerarlo responsable de haber abandonado a Makoto, permitiendo que terminara encontrando la muerte.
Además de ese odio personal, Lunia también encuentra molesta la conducta de Tatsuya. Su actitud floja, codiciosa, despreocupada y poco seria choca directamente con la disciplina y el sentido del deber que ella valora. Para Lunia, esa forma de ser solo refuerza la mala imagen que tiene de él y dificulta que pueda verlo con otros ojos.
Aun así, sus acciones recientes como guardaespaldas real de Bastemon en Oasis City han comenzado a sembrar una pequeña duda en ella. Aunque todavía desconfía de Tatsuya y conserva el rencor por lo ocurrido con Makoto, empieza a cuestionarse si su odio le impide juzgarlo con completa claridad.

Kotemon: Compañero Digimon de Lunia. Sarcástico, disciplinado y con un fuerte sentido del deber. Aunque entiende el odio de Lunia hacia Tatsuya, suele aconsejarle que deje atrás el dolor por su propio bien y por el cumplimiento de su trabajo como agente de Digital Security.

???

 
Última edición:
OP
OP
Gennai

Gennai

Eclipse Dynasty Member
File Island tenía algo que podía desesperar a cualquiera con un mínimo de ambición: demasiada calma.
Para muchos Tamers recién llegados, aquella isla era el punto de partida ideal. Misiones sencillas, caminos relativamente seguros, Digimon de bajo nivel y encargos que rara vez exigían algo más que paciencia, obediencia y un compañero dispuesto a seguir instrucciones. Para Sung Hae-In, en cambio, File Island comenzaba a sentirse como una enorme sala de espera.
La Quest de rango D que acababa de completar no había sido diferente. Había sido simple. Demasiado simple.

Una tarea aburrida, sin amenazas reales y sin ningún desafío digno de mención. Sung la había terminado sin errores, sin llamar demasiado la atención y, sobre todo, sin permitir que Meok Bo provocara un desastre innecesario. Aunque, siendo honesta, esa última parte había sido lo más complicado de todo el encargo.

—Meok Bo cansado, Meok Bo hambre —murmuró Arkadimon, caminando junto a ella con esa torpeza curiosa que todavía conservaba.

—Tú siempre tienes hambre — Sung ni siquiera giró la cabeza.

—Sí, mucha hambre —respondió él, sin vergüenza alguna.

La Tamer soltó un suspiro bajo, más resignado que molesto. A esas alturas ya había aprendido que discutir con Meok Bo sobre comida era tan inútil como pedirle a un Numemon que oliera bien.
Para Sung, aquel Digimon era extraño, sí. Hambriento, torpe, curioso y demasiado impulsivo cuando algo olía remotamente a comida. Pero también era su compañero, su guardián. Una criatura que parecía haber renacido sin recuerdos y que, pese a su apariencia inquietante, la seguía con una lealtad casi infantil.

Sung no sabía realmente lo que había detrás del nombre Arkadimon. No conocía el verdadero peso de su existencia.
No sabía lo que ese Digimon podía representar para Tamers más experimentados, ni las advertencias que su especie podía despertar en alguien con acceso a información de alto nivel. Para ella, Meok Bo era una criatura peligrosa solo en el sentido más evidente: podía morder lo que no debía, comer demasiado y reaccionar con fuerza si alguien la amenazaba, pero no tenía idea de lo que significaba Arkadimon.

En ese sentido, Sung no era muy distinta de otros Tamers Amateur o Medium que recorrían File Island. Estaba comenzando. Todavía no entendía la profundidad de ciertas amenazas ni los nombres que podían hacer que un Tamer de rango Expert o superior se pusiera en guardia.
A su alrededor, algunos Tamers miraban a Arkadimon con curiosidad. Otros con incomodidad. Unos cuantos incluso se atrevían a señalarlo desde lejos. Pero ninguno parecía verlo como algo más que un Digimon raro y s Sung tampoco.

—Vamos a descansar, después buscaré algo para que comas —dijo la pelinegra finalmente.

Los ojos de Meok Bo brillaron de inmediato.

—¿Carne?—.

—Si te portas bien—.

—Meok Bo portarse bien—.

—Eso dijiste antes de intentar morder una caja de provisiones— dijo Sung, mirándolo de reojo.

—Caja olía a comida—.

—Era madera—.

—Madera guardaba comida—.

La respuesta fue tan simple y absurda que Sung decidió no continuar. Siguió caminando por el sendero principal de File Island, con la intención de buscar un sitio tranquilo donde descansar antes de tomar la siguiente Quest. No esperaba encontrarse con nadie importante. Mucho menos con alguien de su pasado.

Pero entonces la vio: Una figura alta, elegante y de presencia severa avanzaba desde el otro extremo del camino. Vestía con sobriedad, con esa compostura rígida que Sung recordaba del mundo real. A su lado caminaba un Kotemon, pequeño en comparación con su Tamer, pero con una postura firme y una espada de bambú apoyada con naturalidad sobre el hombro.

Sung se detuvo y la mujer también. Durante unos segundos, ambas se observaron en silencio, como si ninguna terminara de creer que la otra estuviera ahí. No había hostilidad en sus miradas, pero sí sorpresa. Una sorpresa contenida, propia de dos mujeres acostumbradas a no mostrar demasiado.

—Lunia Arden —dijo Sung, alzando apenas una ceja.

La agente de Digital Security la miró de arriba abajo y luego dejó escapar una leve exhalación, casi parecida a una risa discreta.

—Sung Hae-In. Vaya lugar para reencontrarnos—.

No hubo abrazo ni muestra exagerada de afecto. Ninguna de las dos era de ese tipo. Sin embargo, el saludo tampoco fue frío. Había una leve confianza en la forma en que se miraban, un reconocimiento silencioso nacido de un pasado compartido dentro del entorno de los Kamisato.

En el mundo real, Sung y Lunia nunca habían sido amigas íntimas, pero entre ambas siempre existió respeto mutuo. Las dos eran mujeres disciplinadas, formadas en ambientes duros y entregadas a causas familiares que exigían fuerza, obediencia y carácter. Sung conocía la reputación de Lunia como mercenaria y sicaria al servicio de los Kamisato. Lunia, por su parte, sabía que Sung no era una simple protegida de Ryuuma, sino alguien entrenada para resistir, mandar y sobrevivir.

Eran distintas, pero comprendían algo de la otra. Ambas sabían lo que significaba vivir bajo el peso del deber.

—Pensé que Digital Security tendría a sus agentes en zonas más importantes — dijo Sung.

—Y yo pensé que tú estarías causando problemas en algún sitio menos básico que File Island —respondió Lunia con calma.

Kotemon ladeó la cabeza.

—Eso, para quienes no sepan leer el ambiente, fue un saludo amistoso—.

Meok Bo miró a Sung y luego a Lunia.

—¿Amiga?—.

Sung tardó un segundo en responder.

—Conocida respetable—.

Lunia asintió ligeramente.

—Eso suena correcto—.

El comentario no fue frío, sino casi cómplice. Había una distancia natural entre ambas, pero también una confianza tenue, nacida de saber que la otra no era una persona cualquiera.

Entonces, Lunia bajó la mirada hacia Arkadimon y su expresión cambió. No fue un gesto exagerado. Lunia no era de las que mostraban sorpresa con facilidad. Pero sus ojos se afilaron, su postura se tensó apenas y la calma de su rostro se volvió más dura. Kotemon también lo notó. El pequeño Digimon dejó de bromear por un momento, aunque mantuvo la espada de bambú apoyada sobre el hombro. Su postura no era agresiva, pero sí más atenta.

—Lunia —dijo en voz baja.

—Lo sé —respondió ella.

Sung percibió el cambio de inmediato, pero no entendió la razón. Su mirada pasó de Lunia a Kotemon, y luego a Meok Bo. Para ella, su compañero no estaba haciendo nada extraño. Solo estaba ahí, hambriento como siempre, mirando a los recién llegados con curiosidad.

—¿Hay algún problema? —preguntó Sung.

Lunia no respondió de inmediato. Su atención seguía fija en Arkadimon.

—Ese Digimon… —dijo finalmente— ¿es tu compañero? — preguntó seriamente.

Meok Bo se señaló a sí mismo.

—Meok Bo compañero de Sung— dijo el Child y Sung apoyó una mano sobre su cabeza, como si la respuesta fuera obvia.

—Sí. ¿Por qué?—.

Lunia no contestó al instante. Su silencio hizo que Sung frunciera ligeramente el ceño.

Arkadimon, por supuesto, no parecía entender el peso de aquel momento.

—Meok Bo hambre —dijo girando su cabeza hacia Sung.

—Al menos alguien aquí tiene prioridades claras— Kotemon golpeó suavemente el suelo con su espada de bambú.


Lunia mantuvo la mirada sobre Arkadimon unos segundos más. Luego volvió los ojos hacia Sung.

—Supongo que vienen de una Quest—.

—Rango D demasiado aburrida—respondió Sung, todavía observándola con desconfianza.

—Lo imagino—.

—¿Vas a decirme qué sucede o seguirás mirando a mi compañero como si hubiera cometido un crimen?—.

—Prefiero hablar sentada. Hay un puesto de comida cerca. Invito yo —Lunia respiró despacio.

—¿Desde cuándo eres tan generosa?— Sung la miró con cierta sospecha.

—Desde que no me gusta hablar de ciertos temas en mitad de un camino lleno de Tamers novatos—

Kotemon soltó una risa breve.

—Traducción: va a interrogarte, pero con comida—.

—Kotemon—.

—Silencio profesional. Entendido—.

Meok Bo, en cambio, pareció iluminarse con una sola palabra.

—¿Comida?— preguntó Arkadimo y Lunia lo miró.

—Sí. Comida—.

—Meok Bo acepta—.

—No te preguntaron —dijo Sung.

—Meok Bo acepta por Sung—.

Sung suspiró, pero no se negó. Después de una Quest aburrida, un descanso no sonaba mal. Además, si Lunia quería hablar, era mejor hacerlo en un lugar tranquilo que en mitad del camino. La reacción de la agente no le gustaba, pero tampoco parecía una amenaza directa.
 
OP
OP
Gennai

Gennai

Eclipse Dynasty Member

Así, el reencuentro no comenzó con advertencias abiertas ni con una confrontación inmediata, sino con una invitación inesperada. Una comida sencilla en File City. Y una conversación que Sung aún no sabía que cambiaría por completo la forma en que veía a su compañero.
El pequeño puesto estaba ubicado cerca de una zona de descanso frecuentada por Tamers novatos. Había mesas de madera, bancos algo desgastados y una variedad de platos simples pensados para quienes terminaban misiones de bajo rango. Nada elegante, nada refinado, pero suficiente para recuperar fuerzas.

Meok Bo se sentó con una emoción evidente, observando cada plato que pasaba cerca como si estuviera presenciando un desfile sagrado.

—Meok Bo quiere eso—.

—Ni siquiera sabes qué es —dijo Sung viendole.

—Comida—.

—Eso no responde nada—.

—Responde todo—.

Kotemon se sentó frente a él y apoyó la espada de bambú a un lado.

—Tengo que admitirlo, su lógica es difícil de refutar—.

Lunia pidió comida para todos, incluyendo una porción considerable para Arkadimon. Sung la observó en silencio mientras lo hacía. No era común ver a Lunia actuando con esa naturalidad, mucho menos invitando a comer a alguien sin una razón aparente. Pero algo en su comportamiento le decía que el gesto no era simple cortesía.

Cuando los platos llegaron, Meok Bo comenzó a comer con entusiasmo inmediato. Sung tuvo que tomar uno de los recipientes antes de que su compañero intentara devorar también el plato.

—Despacio —ordenó.

—Meok Bo come despacio—.

—Eso no es despacio—

—Más despacio que antes—.

Kotemon lo miró con cierta fascinación.

—Eso implica que antes era peor. Qué pensamiento tan aterrador—.

Por un momento, la tensión se alivió. Incluso Lunia pareció permitir que el ambiente se mantuviera tranquilo. Sung comió con calma, aunque no dejaba de observarla de reojo. La agente no había reaccionado así por simple curiosidad. Algo había reconocido en Meok Bo, algo que Sung no entendía.
Y esa ignorancia comenzaba a molestarle. Lunia dejó los cubiertos sobre la mesa.

—Sung— La voz de la agente cambió lo suficiente para que la conversación ligera terminara en ese instante.

Sung levantó la mirada apenas su nombre salió de los labios de Lunia.

—Ya era hora— dijo viendole fijamente.

—¿Sabías que iba a decir algo?—.

—Desde que lo viste. Ahora habla claro—.

Meok Bo siguió comiendo, aunque sus ojos se movieron de una a otra.

—¿Meok Bo hizo algo malo?—

—No—
Sung apoyó una mano sobre su cabeza.

Lunia observó aquel gesto y por un instante, su expresión mostró algo más que severidad. Mostró duda.

—No hizo nada malo. Ese no es el problema. —dijo Lunia y Sung entrecerró los ojos.

—Entonces, ¿cuál es?—.

Lunia guardó silencio unos segundos antes de responder.

—El problema es lo que es—.

La frase cayó con más peso del que Sung esperaba.

—Es Meok Bo —respondió ella, seca.

Kotemon bajó ligeramente la cabeza.

—Ese es el nombre que tú le diste. No lo que significa—.

Sung giró la mirada hacia él.

—¿Y qué significa?—.

Lunia respiró hondo.

—Arkadimon— dijo después de suspirar.

—Ya sé su especie— Sung frunció el ceño.

—No. Sabes su nombre, pero no sabes lo que implica—.

El silencio se volvió pesado. Alrededor de ellos, otros Tamers seguían hablando, comiendo y riendo, ajenos a la seriedad de aquella conversación. Para la mayoría de ellos, Arkadimon solo era un Digimon extraño sentado en una mesa, comiendo como si el mundo entero pudiera resumirse en comida.
Lunia miró brevemente a aquellos Tamers antes de volver a Sung.

—En File Island la mayoría son Tamers de rango Amateurs o Mediums. Están comenzando, igual que tú. No tienen el conocimiento suficiente para reconocer ciertas amenazas. Ven un Digimon raro y solo piensan que es una especie poco común. Nada más— explicó. Sung no respondió y Lunia continuó — pero alguien de rango Expert o superior, alguien que haya recorrido los rincones más perturbadores de Digital World, alguien que haya visto registros, informes o incidentes antiguos, sabría que Arkadimon no es un Digimon común. Es una existencia artificial, una criatura diseñada para desintegrar y absorber data. Un Digimon capaz de convertirse en una amenaza incluso para oponentes que, en teoría, deberían estar por encima de él—.

Sung bajó lentamente la mirada hacia Meok Bo. Él seguía comiendo, aunque más despacio.

—Meok Bo… ¿eso?— La pregunta salió torpe, confundida.

Sung no respondió de inmediato. Por primera vez desde que lo había encontrado, miró a Arkadimon con una duda distinta. No con rechazo, no con miedo. Pero sí con la incomodidad de comprender que había estado caminando junto a algo que no entendía del todo y Lunia lo notó.

—Sus técnicas de absorción de data no funcionan como las de otros Digimon. Arkadimon puede romper límites. Puede absorber data incluso cuando la diferencia de nivel debería impedirlo. Por eso su existencia se considera peligrosa - explicó nuevamente.

Kotemon cruzó los brazos.

—En palabras simples: no es peligroso solo por lo que es ahora. Es peligroso por lo que puede llegar a ser—.

Meok Bo bajó la comida lentamente.

—Meok Bo… malo?—.

Sung reaccionó de inmediato.

—No— su voz fue firme, demasiado firme. No iba dirigida solo a él, sino también a Lunia y Kotemon —no es malo, es mi compañero —repitió Sung.

Lunia sostuvo su mirada.

—No he dicho que sea malo. He dicho que es peligroso—.

—Para ti parece lo mismo—.

—No lo es—.

—Entonces deja de mirarlo como si ya hubiera sido condenado—.

La tensión regresó de golpe. Sung no sabía todo sobre Arkadimon, pero había algo que sí sabía: Meok Bo no había elegido ser lo que era. No recordaba su pasado. No había demostrado malicia. La había protegido, la seguía con devoción y, aunque su hambre era un problema constante, no era un monstruo. No para ella.

Kotemon golpeó suavemente el suelo con su espada de bambú para hacerse notar.

—Antes de que esto se convierta en una competencia de orgullo, tal vez convendría aceptar que ambas tienen parte de razón. Lunia sabe lo que Arkadimon representa. Sung sabe cómo se comporta ahora—.

Sung lo miró de reojo.

—Hablas demasiado—.

—Me esfuerzo por ser útil—.

Lunia no apartó los ojos de Arkadimon.

—Sung, escucha bien. No puedes permitirte ser ignorante sobre tu propio compañero. No con él—.

Aquellas palabras molestaron a Sung más de lo que quiso admitir. No porque fueran insultantes, sino porque eran ciertas.
Ella había estado avanzando por File Island creyendo que Meok Bo era solo un Digimon extraño, difícil de controlar y hambriento. Nunca se había preguntado realmente por qué su existencia podía resultar inquietante para alguien con más experiencia.

—¿Y qué esperas que haga? —preguntó Sung —¿que lo entregue? ¿que lo encierre? ¿que lo mire como un error?— siguió cuestionando.

—Espero que entiendas lo que tienes delante —respondió Lunia— porque si tú no lo entiendes, otros lo harán por ti. Y no todos van a limitarse a invitarte a comer antes de hablar— añadió.

Sung guardó silencio y Meok Bo levantó lentamente la cabeza.

—Meok Bo cuida Sung, Meok Bo no malo, Meok Bo hambre, pero no malo—dijo con voz baja

Kotemon bajó un poco la mirada.

—Eso fue inquietantemente tierno—.

Sung apoyó nuevamente la mano sobre la cabeza de Arkadimon.

—Lo sé— dijo observando a su compañero Digimon.

Lunia observó aquel gesto. Había algo extraño en verlo hablar de esa manera, con frases cortas, casi primitivas. Si alguien no supiera lo que el nombre Arkadimon significaba, quizá habría parecido solo un Digimon torpe, hambriento y excesivamente apegado a su Tamer.
Pero Lunia sí sabía y ahora Sung comenzaba a saberlo también.

—Si ese Digimon pierde el control, Digital Security intervendrá—dijo Lunia con seriedad.

La mirada de Sung se volvió más fría.

—Si alguien intenta hacerle daño sin razón, yo intervendré primero— respondió Sung con el mismo tono de seriedad.

—Eso suena a amenaza—.

—Es una advertencia—.

Kotemon suspiró.

—Y pensar que hace cinco minutos solo estábamos comiendo— el compañero de Lunia volvió a suspirar.

Meok Bo levantó un trozo de comida, todavía algo confundido.

—¿Meok Bo sigue comiendo?—.

—Sí, sigue comiendo—dijo Sung, sin apartar la mirada de Lunia.

—Sabia decisión— Kotemon asintió lentamente.

Lunia se recargó ligeramente en su asiento.

—No vine a pelear contigo—.

—Entonces no lo trates como si ya hubiera hecho algo—.

—Soy agente de Digital Security. Si detecto una posible amenaza, la observo—.

—Y yo soy su Tamer. Si alguien lo amenaza, respondo—.

La tensión entre ambas se hizo más pesada, no era odio, todavía no.Era algo más complicado: respeto mezclado con desconfianza.
Lunia sabía quién era Sung. Sabía que no era una irresponsable ni una Tamer débil. Pero también acababa de confirmar algo preocupante: Sung no entendía por completo lo que Arkadimon representaba. Su lealtad hacia Meok Bo era real, pero también estaba construida sobre ignorancia.

Sung, por su parte, comenzaba a comprender que había estado caminando a ciegas. No sabía todo lo que debía saber sobre su compañero. No conocía los registros, los incidentes ni las razones por las que alguien como Lunia reaccionaba con tanta cautela. Pero eso no cambiaba lo esencial para ella: Meok Bo era suyo. Y no iba a permitir que otros lo condenaran antes de darle la oportunidad de ser algo distinto.

—Entonces será mejor que aprendas rápido porque si Arkadimon es lo que los registros dicen que es, File Island no es un lugar seguro para que permanezca sin supervisión —dijo Lunia

Sung alzó ligeramente el mentón.

—Y tú tendrás que demostrarme que Digital Security sabe distinguir entre un monstruo y alguien que solo intenta vivir—.

El silencio volvió a caer sobre la mesa. Kotemon miró de una a otra, luego tomó su espada de bambú y la apoyó contra su hombro.

—Bueno. Esto fue una comida familiar bastante normal, considerando que ambas vienen del entorno Kamisato—.

Sung lo miró de reojo.

—Hablas demasiado—.

—Me lo dicen seguido—.

—Meok Bo quiere más comida— Meok Bo levantó la mano.

Lunia cerró los ojos un instante, como si pidiera paciencia a alguna fuerza superior.

—Pide otra porción—.

Arkadimon la miró con asombro.

—Lunia da comida—.

—Solo esta vez—.

—Lunia buena—.

Kotemon soltó una pequeña risa.

—Cuidado. Si sigues alimentándolo, tal vez te adopte—.

Sung negó ligeramente con la cabeza, aunque no dijo nada. La escena tenía algo extraño. En otra situación, podría haber parecido una reunión tranquila entre conocidas del pasado. Una comida después de una Quest aburrida, un descanso en una isla de principiantes, una conversación incómoda pero controlada. Pero bajo la superficie, el verdadero problema seguía ahí.
Lunia ya había revelado la clase de Digimon que caminaba junto a Sung. Y Sung acababa de comprender que no sabía tanto de Meok Bo como creía. En una isla llena de Tamers inexpertos, dos mujeres del pasado de los Kamisato acababan de encontrarse frente a una pregunta incómoda:
¿Arkadimon era una amenaza que debía ser vigilada…o un mal necesario que podía convertirse en algo distinto?
 
Última edición:
OP
OP
Gennai

Gennai

Eclipse Dynasty Member

La tensión permaneció sobre la mesa durante unos segundos más. No desapareció de inmediato. El peso de lo que Lunia acababa de revelar seguía ahí, entre ellas, como una presencia invisible. Sung no apartaba la mano de la cabeza de Meok Bo, y Arkadimon, aunque no comprendía del todo la conversación, parecía notar que algo había cambiado.

Lunia tampoco insistió más. Por ahora, ya había dicho lo necesario.

—No voy a llevármelo —dijo finalmente.

Sung la miró con frialdad.

—Eso habría sido un error—.

—Lo sé, por eso no lo estoy haciendo—respondió Lunia.

Kotemon apoyó su espada de bambú sobre el hombro y soltó un suspiro.

—Excelente. Nadie va a pelear en el puesto de comida y eso ya es progreso—.

Meok Bo levantó lentamente una mano.

—¿Meok Bo puede seguir comiendo?—.

Sung bajó la mirada hacia él. Su expresión seguía seria, pero su voz fue más tranquila.

—Sí, come—.


—Meok Bo come—.

Y como si aquella autorización hubiera resuelto todos los problemas del mundo, Arkadimon volvió a concentrarse en su plato.
El gesto, por absurdo que fuera, ayudó a romper parte de la tensión. Lunia lo observó unos segundos más, ya no con la misma dureza inicial, sino con una cautela distinta. No confiaba en Arkadimon, no podía hacerlo. Pero tampoco podía negar lo que veía frente a ella: un Digimon extraño, hambriento, torpe y profundamente apegado a su Tamer.

Sung, por su parte, seguía procesando la información. Arkadimon, una existencia artificial, un Digimon capaz de absorber data y romper límites que no deberían romperse. No sabía cuánto de aquello era verdad, cuánto era exageración de registros antiguos o cuánto podía aplicarse realmente a Meok Bo. Pero una cosa estaba clara: había caminado con él creyendo que solo era un compañero raro y problemático, cuando en realidad cargaba con un nombre capaz de inquietar a alguien como Lunia Arden.

Eso le molestaba, No por Meok Bo, sino porque había sido ignorante.

—Sung— Lunia tomó su vaso y bebió con calma antes de hablar de nuevo.

—¿Qué?—.

—¿Cuál es tu objetivo en este mundo?—.

Sung entrecerró los ojos.

—¿A qué viene esa pregunta?—.

—No pareces alguien que pretenda tomar Quests solo para matar el tiempo. Estás aquí por algo, evidentemente ascenderás en la jerarquia de los Tamer pues conozco tu potencial—.

Sung guardó silencio. No era una pregunta difícil, pero sí una que tocaba una parte demasiado importante de su llegada al Digital World. Había aceptado encargos menores, sí. Había hecho misiones simples, aburridas y casi indignas de su entrenamiento. Pero nada de eso era su verdadero propósito y como dice Lunia, ella irá ascendiendo y sus misiones se volverán más dificiles y complicadas.

—Busco a Ryuuma —respondió al fin.

Lunia no mostró una sorpresa exagerada, pero sus ojos se volvieron más serios.

—Ryuuma Kamisato—.

—Sí— dijo ella, asintiendo.

—¿Crees que está aquí?—.

—No lo sé —
admitió Sung— desapareció de la nada, no hay pistas claras en el mundo real. Si existe la posibilidad de que haya terminado en el Digital World, voy a encontrarlo— añadió pensativa.

Kotemon dejó de mover su espada de bambú y prestó atención. Lunia se quedó pensativa.

—No es una idea imposible—.

Sung la miró con atención.

—¿Tú también lo crees?—.

—Tatsuya está aquí —respondió Lunia— si él terminó en el Digital World, no veo por qué Ryuuma no podría haberlo hecho también—.

El nombre de Tatsuya provocó un silencio incómodo. Ni Sung ni Lunia parecían disfrutar mencionarlo. Para Sung, Tatsuya era alguien difícil de tomar en serio: flojo, codicioso, despreocupado y poco digno del peso que debía cargar un Kamisato. Su actitud chocaba con todo lo que ella valoraba: disciplina, propósito y responsabilidad.
Para Lunia, en cambio, el problema era mucho más profundo. Tatsuya no era solo alguien irritante. Era el hombre que, a sus ojos, había abandonado a Makoto cuando debía protegerla. El hombre que huyó mientras la persona que ella amaba encontró la muerte.

Aun así, su presencia en el Digital World probaba algo. Si Tatsuya estaba aquí, Ryuuma también podía estarlo.

—Si Ryuuma está aquí, lo encontraré —dijo Sung. No sonó como una esperanza, sonó como una sentencia y Lunia asintió lentamente.

—Eso sí suena a ti—.

Sung se levantó de la mesa. Meok Bo, al notar el movimiento, tomó un último bocado con rapidez y también se puso de pie.

—¿Ir? —preguntó.

—Sí. Ya descansamos suficiente—.


Lunia no intentó detenerla.

—Sung— La Tamer Amateur se detuvo, aunque no giró del todo — investiga sobre Arkadimon, no lo hagas por DS, ni por mi —Lunia hizo una pausa— Hazlo por ti y por él —.

Sung guardó silencio durante un instante.

—Lo haré a mi manera—.

—Eso esperaba—.

Meok Bo levantó una mano hacia Lunia.

—Lunia dio comida. Meok Bo recuerda—.


Kotemon soltó una pequeña risa.

—Qué honor. Has sido archivada en su memoria alimenticia—.

Lunia cerró los ojos un momento, resignada.

—Cuida de tu Tamer—.

Meok Bo asintió con una seriedad inesperada.

—Meok Bo cuida Sung—.

Sung no añadió nada más. Simplemente comenzó a alejarse del puesto, con Arkadimon siguiéndola de cerca. Entre los Tamers novatos de File Island, ambos volvieron a parecer solo una Tamer amateur y su extraño compañero hambriento. Pero Lunia ya no podía verlos de esa forma.
No después de reconocer lo que era Arkadimon, no después de saber que Sung ignoraba casi todo sobre él.

Kotemon observó cómo se alejaban hasta perderlos entre la gente.

—Bueno, eso fue más tranquilo de lo que esperaba—dijo al fin.

—No era necesario provocar una confrontación —Lunia volvió a sentarse.

—Qué maduro de tu parte. Casi pareces una agente responsable—.

—Kotemon—.

—Lo digo con admiración profesional—.

Lunia suspiró, la conversación con Sung le había dejado más preguntas que respuestas. Arkadimon en manos de una Tamer amateur ya era un problema. Arkadimon en manos de Sung Hae-In, una Kamisato disciplinada, fuerte y emocionalmente atada a su compañero, era algo mucho más delicado.
No podía tratarlo como una simple amenaza. Pero tampoco podía ignorarlo.
 
OP
OP
Gennai

Gennai

Eclipse Dynasty Member
Por ahora, decidió descansar. Había tenido suficiente tensión para una comida. O al menos eso creyó, porque no mucho después, mientras Kotemon terminaba de acomodar su espada de bambú junto a la mesa, Lunia distinguió una figura familiar caminando entre los puestos de File City.
Una Sistermon Noir paseaba con aparente tranquilidad, observando los alrededores con esa mezcla de elegancia, discreción y confianza propia de alguien que sabía moverse sin llamar demasiado la atención. Su presencia habría pasado desapercibida para muchos, pero no para Lunia pues sabía de quien se trataba.

—Lynette —murmuró.

Kotemon siguió su mirada.

—¿La Sistermon Noir de Digital Security?—.

—Una colega—.

—Y si no recuerdo mal, alguien bastante cercana a Tatsuya—.

Lunia no respondió de inmediato. Eso era precisamente lo importante. Lynette parecía estar de paso, quizá cumpliendo algún encargo menor o simplemente aprovechando un momento libre. No parecía tener prisa y eso convertía la situación en una oportunidad difícil de ignorar.

—Vamos— Lunia se levantó.

Kotemon alzó la vista.

—¿Vamos a descansar o vamos a complicarnos más el día?—.

—Vamos a hablar con ella—.

—Eso responde mi pregunta—.

Lunia se acercó con paso firme, pero sin agresividad. Lynette la notó antes de que estuviera demasiado cerca y giró ligeramente hacia ella.

—Agente Arden —saludó la Sistermon Noir, con cortesía— no esperaba encontrarla en File City — añadió con amabilidad.

—Podría decir lo mismo, Lynette—.

—Saludos cordiales entre colegas. Siempre tan cálidos en Digital Security—Kotemon levantó una mano.

—Kotemon— Lynette lo miró con una pequeña sonrisa.

—Sistermon Noir— dijo Kotemon a modo de saludo.

Lunia no perdió tiempo.

—¿Tienes un momento?— preguntó tratando de no sonar tan seria.

—Depende del asunto—Lynette ladeó apenas la cabeza.

—Invito la comida—.

La Sistermon Noir la observó durante unos segundos, como si evaluara la intención detrás de la oferta.

—Eso suena menos casual de lo que debería—.

—Lo es—.

Kotemon apoyó su espada de bambú sobre el hombro.

—Traducción: necesitamos pedirte un favor y ella está usando comida para hacerlo parecer menos incómodo—.

—Kotemon—.

—Silencio diplomático. Entendido—.

Lynette soltó una risa baja.

—Muy bien. Escucharé—.

Se sentaron en una mesa apartada del mismo puesto. Lunia pidió algo sencillo para Lynette y otra porción ligera para Kotemon, aunque este insistió en que después de ver comer a Arkadimon, cualquier apetito razonable se sentía insignificante.

—Entonces, ¿qué necesita de mí? — Lynette esperó a que la comida llegara antes de hablar.

—Necesito localizar a Tatsuya Kamisato—Lunia fue directa.

La reacción de Lynette fue sutil, pero perceptible. Sus ojos se afinaron apenas, y su postura se volvió un poco más cuidadosa.

—Tatsuya suele estar ocupado—.

—Eso sonó como una excusa preparada—Kotemon cruzó los brazos.

—Es una realidad —respondió Lynette con calma— además, no es alguien fácil de localizar cuando no quiere ser encontrado—.

—Tú eres cercana a él— Lunia la miró fijamente.

—Eso no significa que tenga un mapa actualizado de cada lugar donde decide aparecer—.

—Pero puedes contactarlo—.

Lynette guardó silencio un momento.

—Tatsuya no suele quedarse en un solo sitio —dijo finalmente— si no tiene una Quest de por medio, podría estar en cualquier lugar del Digital World. Ya sea Oasis City, Metal Empire, Dynamo City, Star City, Holy Angel Citadel, Digital City, Vivianne Village, Hel Island, North Forest, el Valle de los Dragones, así como algún bosque perdido, una ciudad que ni siquiera aparezca en los registros habituales. Siendo como es, se mueve demasiado— añadió.

Kotemon golpeó suavemente el suelo con la espada de bambú.

—Eso coincide con su reputación de sujeto problemáticamente escurridizo—.

Lynette continuó:

—También sabe evitar llamar la atención cuando le conviene. A pesar de lo que muchos creen, no siempre busca estar en el centro de todo. De hecho, cuando no quiere ser encontrado, puede volverse bastante discreto—.

Lunia no parecía convencida.

—Necesito hablar con él—.

—¿Por qué?—.

—Es importante—.

—Con Tatsuya todo termina siendo importante para alguien. Pero eso no significa que él vaya a aparecer solo porque se le llame— respondió Lynette

La voz de Lunia se volvió más seria.

—Tiene que ver con una pariente suya—.

Lynette dejó de mover los cubiertos.

—¿Una pariente?— preguntó Sistermon Noir un poco incrédula.

—Sung Hae-In—.

El nombre cambió el ambiente de inmediato. Lynette no respondió al instante. Su expresión, aunque controlada, mostró que el asunto había dejado de parecerle una simple molestia administrativa. Si Sung Hae-In estaba involucrada, entonces no se trataba de una petición cualquiera.
Y si Lunia Arden estaba pidiendo localizar a Tatsuya por algo relacionado con Sung, probablemente había una razón seria detrás.

—¿Qué ocurrió? —preguntó Lynette.

Lunia sostuvo su mirada.

—Sung está aquí, en File City—.

—Eso no explica por qué necesita a Tatsuya—.

—Está acompañada por un Arkadimon—.

El silencio cayó sobre la mesa. Incluso Kotemon dejó de hacer comentarios. Lynette permaneció inmóvil durante unos segundos, procesando la información. Luego su mirada se endureció con una seriedad que Lunia conocía bien en los agentes de Digital Security.

—¿Está segura?— preguntó Sistermon Noir con ese tono de voz bastante serio.

—Lo vi con mis propios ojos—.

—¿Y Sung sabe lo que significa?—.

—Ahora sabe un poco más que antes. Pero no lo suficiente —respondió Lunia.

Lynette bajó la mirada por un instante.

Tatsuya podía ser flojo, codicioso, despreocupado y poco serio. Podía irritar a Sung, despertar el desprecio de Lunia y agotar la paciencia de quienes esperaban de él una conducta más digna. Pero, con todos sus defectos, seguía siendo Tatsuya Kamisato, un Tamer de rango Chief. Y precisamente por eso no podía ser ignorado.
Si Sung Hae-In estaba involucrada, si Arkadimon caminaba a su lado y si Digital Security ya había puesto los ojos sobre aquella situación, entonces contactar a Tatsuya podía ser necesario. No porque Lunia confiara en él, sino porque su vínculo con los Kamisato y su relación con Sung podían volverlo una pieza útil para entender lo que estaba ocurriendo.


—Entiendo—Lynette exhaló despacio.

Lunia se inclinó apenas hacia delante.

—Entonces ayúdame a encontrarlo—.

La Sistermon Noir cerró los ojos un momento, como si aceptara que aquella comida acababa de convertirse en trabajo.

—Haré lo que pueda. Pero no prometo que responda rápido—.

Kotemon soltó un suspiro teatral.

—Maravilloso. Vamos a buscar al hombre que no quiere ser encontrado para hablar de un Digimon que nadie debería ignorar—.

Lunia no apartó la mirada de Lynette.

—Hazlo, por favor—.

—Lo contactaré— Lynette asintió lentamente.

Y así, mientras Sung Hae-In se alejaba sin comprender todavía todo el peso que cargaba su compañero, Lunia Arden comenzó a mover las piezas necesarias para traer a escena a alguien que no deseaba involucrarse más de lo necesario.

Tatsuya Kamisato. El hombre que tanto Sung como Lunia veían con malos ojos por razones distintas. Y quizá una pieza necesaria para enfrentar una pregunta que ya no podía ser ignorada: ¿Qué significaba realmente tener a Arkadimon en File Island?.
 
Última edición:
OP
OP
Gennai

Gennai

Eclipse Dynasty Member
Unos días después — Star City.
Star City brillaba de una forma distinta a File City.



.

Mientras File Island conservaba ese aire de punto de partida, lleno de Tamers novatos, encargos sencillos y caminos todavía amables para quienes apenas comenzaban, Star City se sentía más viva, más ruidosa y, sobre todo, más cara. Sus luces digitales se reflejaban en los cristales de los edificios altos, los comercios permanecían abiertos hasta tarde y los hoteles de lujo parecían diseñados para Tamers que ya habían aprendido a convertir el peligro en ganancias.

Tatsuya Kamisato, por supuesto, encajaba demasiado bien en ese último grupo.

En una de las habitaciones más cómodas de un hotel bastante costoso, el Tamer se encontraba recostado sobre un sofá amplio, con una expresión de satisfacción poco común en él aunque no se le notaba por traer el cubrebocas. Sobre una mesa cercana había comida, bebidas, algunos recibos digitales, un smart terminal con bastantes ceros (bits) y una bolsa con monedas recién obtenidas tras un trato exitoso.

Cerca de la mesa, flotando tranquilamente en el aire, Lumine su Culumon quien giraba lentamente sobre sí mismo, observando todo con curiosidad brillante. A diferencia del resto, parecía disfrutar del lujo de una forma más inocente, como si cada detalle fuera una pequeña maravilla.

—Esto sí es vida —dijo Tatsuya, estirándose con una sonrisa perezosa— ¿ven? No todo en el Digital World tiene que ser arriesgar el cuello en Quests peligrosas por recompensas mediocres—.

—¡Es muy bonito! —añadió Lumine, dando una pequeña vuelta en el aire—. ¡Todo brilla!—.

Dainsleif, su Hackmon, estaba sentado cerca de la ventana, observando la ciudad desde las alturas. Aunque intentaba mantener su habitual compostura seria, era evidente que también estaba disfrutando del descanso. Después de días de movimiento, un cuarto elegante y una cama decente no eran algo que pudiera despreciarse.

Dvalin, por su parte, se había acomodado en una zona amplia de la habitación, disfrutando del espacio como si el lujo fuera algo que merecían por derecho.

—Admito que el hotel no está mal —dijo Dainsleif, cruzando los brazos— pero sigues pareciendo demasiado satisfecho para alguien que casi pierde el artículo en el camino—.

Tatsuya levantó una mano con desinterés.

—Detalles, detalles— dijo con pereza.

—Un Tamer y su Digimon intentaron quitárnoslo —recordó Dvalin, mirando hacia él— eso no es un detalle—.

—Pero no lo lograron —respondió Tatsuya, sonriendo más— lo solucionamos. Eso es lo importante—.

—¡Ganamos! —dijo Lumine con entusiasmo, flotando un poco más alto.

Dainsleif cerró los ojos con resignación.

—Lo dices como si no hubiéramos tenido que pelear en mitad del trayecto desde Dynamo—.

—Precisamente. Peleamos, ganamos, conservamos el artículo y luego se lo vendimos a esos Mamemons por una cantidad indecentemente buena. Resultado final: éxito total —Tatsuya tomó una de las monedas digitales de la mesa y la hizo girar entre los dedos, observándola con un brillo codicioso en los ojos —los Mamemons de por aquí pagan bien cuando creen que están consiguiendo algo exclusivo—.

Dvalin inclinó la cabeza.

—¿Y lo era?— preguntó viendo de reojo a su Tamer.

Tatsuya sonrió.

—Era suficientemente exclusivo para ellos— le respondió el ex-yakuza.

Dainsleif lo miró de reojo también.

—Eso no responde la pregunta—.

—Claro que sí. Solo que de una manera más rentable—.

Dvalin soltó un suspiro, aunque no parecía realmente molesto. Después de todo, el plan había funcionado. Habían viajado hasta Dynamo para recoger el artículo, habían evitado que se los robaran en el camino y finalmente lo habían vendido en Star City por mucho más de lo esperado.

Era, en términos de Tatsuya, una victoria perfecta.

—Las Quests están sobrevaloradas —dijo el Tamer, recostándose de nuevo— mucho riesgo, demasiadas condiciones, personas y digimon que se quejan por todo y recompensas que a veces apenas alcanzan para cubrir gastos—.

—Pero ayudan a otros —comentó Lumine suavemente, inclinando la cabeza.

Tatsuya le miró de reojo.

—Y eso está muy bien… mientras alguien más lo haga—.

Dainsleif negó con la cabeza.

—Las Quests también dan reputación, contactos y experiencia— añadió, a lo dicho por Lumine

—Sí, sí. Todo eso suena muy noble hasta que te das cuenta de que la reputación no paga hoteles de lujo—.

Dvalin observó la habitación.

—Técnicamente, esta vez sí pagaste con dinero obtenido de un negocio—.

—Exacto —dijo Tatsuya, señalándolo como si acabara de escuchar una verdad fundamental— Dvalin entiende—.

—No dije que lo aprobara—.

—Pero lo entiendes. Eso ya es progreso—.

Dainsleif bajó de la ventana y caminó hasta la mesa.

—El problema es que no todos los negocios van a salir así. Si sigues revendiendo artículos raros, tarde o temprano alguien más peligroso que ese Tamer va a intentar quitártelos—.

Tatsuya tomó una bebida y sonrió con calma.

—Por eso los tengo a ustedes —bajó un poco su cubrebocas y bebió un sorbo.

Lumine flotó cerca de él.

—¡Y yo también ayudo! —dijo con orgullo.

Dainsleif lo miró fijamente.

—Ese no es el punto— le aclaró.

—Para mí sí—.

Dvalin soltó una pequeña risa.

—No puedes negar que es eficiente—.

—Gracias, Dvalin—.

—No era un elogio completo—.

—Acepto la parte útil—.

Dainsleif apoyó una garra sobre la mesa, serio.

—Tatsu, las formas eficientes de ganar dinero en el Digital World también pueden ser peligrosas. No todo se reduce a comprar barato, vender caro y correr antes de que alguien se arrepienta— le dijo, en un intento de hacerle entender de que no debe confiarse demasiado aunque mucho dinero esté envuelto.

Tatsuya llevó una mano al pecho, fingiendo ofensa.

—Me duele que resumas mi talento comercial de una forma tan vulgar—.

—Es una descripción bastante precisa —dijo Dvalin.

—Traición. De ambos—.

Lumine soltó una pequeña risa.

—Pero es divertido —añadió.

Dainsleif suspiró.

—Solo digo que podrías equilibrarlo. Algunas Quests valen la pena. No todas son una pérdida de tiempo—.

Tatsuya miró hacia el techo, pensativo.

—Las Quests valen la pena cuando pagan bien, cuando dan acceso a algo raro o cuando permiten quedar bien con alguien importante—.

—Eso último sonó casi responsable —dijo Dainsleif.

—No exageres. Dije "quedar bien", no "hacer el bien"—.

Dvalin dejó escapar otra risa breve.

Por una vez, Tatsuya parecía realmente contento. No de esa manera arrogante que usaba para evitar tomarse las cosas en serio, sino con una satisfacción genuina, casi infantil, alimentada por el dinero recién ganado y la comodidad que este le permitía comprar. Su codicia estaba más viva que nunca, pero en ese momento no parecía dañina. Solo molesta.

Dainsleif lo sabía, Dvalin también y Lumine simplemente lo observaba con una sonrisa tranquila.

Tatsuya era quien era: Flojo cuando podía serlo, codicioso cuando veía oportunidad, despreocupado hasta el punto de irritar a quienes lo rodeaban y poco serio en momentos donde otros esperarían solemnidad. Pero también era capaz de moverse con astucia, sobrevivir a problemas inesperados y convertir una situación peligrosa en una ganancia bastante considerable. Eso no lo hacía admirable, pero sí difícil de ignorar.

El descanso, sin embargo, no duró tanto como Tatsuya habría querido porque un golpe firme en la puerta interrumpió la conversación.

Tatsuya no se movió, Dainsleif giró la cabeza hacia la entrada, Dvalin levantó la mirada y Lumine dejó de girar en el aire.

Hubo un segundo golpe, esta vez más insistente.

—Servicio a la habitación no golpea así —dijo Dvalin.

—Y los problemas sí —añadió Dainsleif.

—¿Problemas? —preguntó Lumine, inclinándose ligeramente.

Tatsuya cerró los ojos.

—Si no respondemos, quizá se vaya—.

La puerta volvió a sonar, esta vez más fuerte.

—No se va —dijo Dainsleif.

Tatsuya chasqueó la lengua y se incorporó con evidente fastidio.

—Qué mundo tan cruel. Uno gana dinero honestamente…—.

—Discutiblemente— Dainsleif lo interrumpió.

—…y ni siquiera puede descansar en paz— caminó hasta la puerta con pasos lentos, como si cada segundo adicional de demora fuera una pequeña victoria personal. Al abrir, se encontró con una figura conocida.

Lynette, la Sistermon Noir, estaba de pie al otro lado, con una expresión serena, aunque sus ojos delataban una paciencia bastante desgastada.

—Tatsuya Kamisato —dijo ella.

Tatsuya parpadeó y luego sonrió bajo su cubrebocas.

—Lynette. Qué sorpresa tan inesperada y seguramente problemática—.

Ella lo miró fijamente.

—Me tomó demasiado trabajo encontrarte—

—Eso suele pasar cuando alguien es difícil de encontrar—.

—Tenías el móvil apagado—.

Tatsuya se apoyó en el marco de la puerta

—Me gusta ahorrar batería— se encogió de hombros.

Lynette entrecerró los ojos.

—¿Durante días?— preguntó la Sistermon arqueando una ceja.

—Soy muy comprometido con el ahorro—.

Dainsleif bajó la cabeza con resignación desde el interior de la habitación.

—No lo defiendas. Fue intencional—.

Dvalin agregó:

—También ignoró varios intentos de contacto indirecto—.

Lumine asintió suavemente.

—Sí… lo hizo—.

Tatsuya volteó hacia ellos.

—La lealtad está en crisis en este cuarto—.

Lynette cruzó los brazos.

—Además, sigues sin usar D-Terminal como el resto de los Tamers— le reclamó.

Tatsuya hizo una mueca.

—Porque el resto de los Tamers parecen desesperados por dejar rastro de cada paso que dan. Yo no—.

—El D-Terminal existe para facilitar comunicación, coordinación y localización— argumentó ella.

—Exacto. Tres cosas que suenan peligrosamente parecidas a llamar la atención— Tatsuya defendió su postura.

—Sabes que no puedes simplemente desaparecer cada vez que te conviene— Lynette suspiró.

—Claro que puedo. Y lo hago bastante bien—.

—Tatsuya— El tono de Lynette se volvió más firme.

Él la observó un momento. La sonrisa no desapareció del todo, pero su expresión se volvió apenas más atenta. Sabía reconocer cuándo alguien no venía solo a regañarlo por sus malos hábitos de comunicación.

—Bien —dijo finalmente, apartándose de la puerta para dejarla pasar— ya me encontraste, ya me reclamaste y ya arruinaste mi descanso millonario. Supongo que hay una razón—.

Lynette entró en la habitación con calma, observando de reojo el lujo del lugar, la comida sobre la mesa y las monedas digitales aún visibles.

—Veo que estabas ocupado—.

—Asi es, haciendo negocios—.

Dainsleif corrigió desde el fondo:

—Reventa—.

—Negocios con margen de ganancia —precisó Tatsuya.

Dvalin asintió ligeramente.

—Y un pequeño intento de robo en el camino—.

Lynette miró a Tatsuya.

—¿Intento de robo?—.

—Contratiempo menor —dijo él, restándole importancia— ya está resuelto—.

—Por supuesto—.

Lynette no parecía sorprendida. Con Tatsuya, ese tipo de explicaciones eran casi normales.

Tatsuya cerró la puerta detrás de ella y volvió hacia la sala principal de la habitación.

—Entonces, Lynette —dijo, tomando asiento nuevamente, aunque ahora con menos pereza que antes—. ¿cuál es el motivo de tu visita?— preguntó con deje de seriedad.

La Sistermon Noir lo miró en silencio unos segundos. Dainsleif y Dvalin también guardaron silencio. Lumine flotó un poco más cerca, curioso.
El ambiente cómodo del hotel pareció cambiar lentamente, como si la verdadera razón por la que Lynette había llegado estuviera a punto de romper el descanso que Tatsuya tanto estaba disfrutando.
 
Última edición:
OP
OP
Gennai

Gennai

Eclipse Dynasty Member
Lynette permaneció de pie unos segundos más, observando a Tatsuya con una seriedad que no encajaba con el ambiente cómodo de la habitación.
Tatsuya la miró desde el sofá, con una ceja apenas levantada, mientras Lumine descansaba tranquilamente sobre el respaldo, balanceando su cola con curiosidad.

—Ese silencio dramático rara vez trae buenas noticias —dijo Tatsuya, acomodándose con pereza— así que dilo de una vez—.

Lynette no sonrió. Sus ojos permanecieron fijos en él.

—Lunia Arden me pidió que te localizara —dijo, manteniendo las manos unidas frente a sí.

El nombre bastó para que el ambiente cambiara. Dainsleif abrió ligeramente los ojos, Dvalin giró la cabeza hacia Tatsuya y Lumine dejó de mover la cola, como si también hubiera percibido la tensión repentina.
Tatsuya, en cambio, no respondió de inmediato. Se quedó quieto unos segundos, con el vaso todavía en la mano, como si hubiera escuchado algo incómodo, pero no inesperado. Después soltó una risa breve, seca y sin humor.

—No —respondió, llevando el vaso de nuevo hacia la mesa.

Lynette parpadeó, sorprendida por la rapidez de la negativa.

—Ni siquiera he terminado —dijo, frunciendo apenas el ceño.

—No hace falta —respondió Tatsuya, tomando una bebida de la mesa— si Lunia te mandó a buscarme, entonces seguramente es para acusarme de algo, vigilarme, amenazarme o recordarme cuánto me odia. Así que paso—.

Lumine inclinó la cabeza, confundido por el tono cortante de su Tamer.

—No es por eso —dijo Lynette, entrecerrando los ojos.

—Con Lunia siempre es por eso —contestó Tatsuya, dejando escapar una risa baja.

Dainsleif bajó del borde de la ventana y caminó unos pasos hacia él, con sus garras resonando suavemente sobre el piso pulido.

—Tatsu —lo llamó, cruzando los brazos.

—No empieces —dijo Tatsuya, señalándolo con el vaso— estoy de buen humor. Gané dinero, tengo comida, este hotel tiene sábanas que probablemente cuestan más que algunas recompensas de Quest, y no pienso arruinar mi descanso porque una agente de Digital Security con problemas personales decidió que quiere verme—.

Dvalin lo observó con calma desde su lugar, aunque sus ojos mostraban una ligera desaprobación.

—Ni siquiera sabes qué quiere —comentó, inclinando apenas la cabeza.

—Sé quién lo quiere. Eso basta —respondió Tatsuya, encogiéndose de hombros.

Lynette respiró hondo. Sus hombros bajaron apenas, como si estuviera obligándose a no responder con molestia.

—Tiene que ver con Sung Hae-In —dijo, dejando caer el nombre con cuidado.

Tatsuya dejó de beber. El cambio fue pequeño, pero todos lo notaron. Su mano quedó suspendida a medio camino, el vaso apenas rozando sus labios. Lumine levantó la cabeza, atenta al cambio en su Tamer.
La mención del nombre provocó una pausa distinta. No fue miedo, ni preocupación evidente, pero sí atención. Por primera vez desde que Lynette entró en la habitación, Tatsuya dejó de actuar como si todo aquello fuera una molestia menor.

—¿Sung? —preguntó, bajando lentamente el vaso.

—Está en File Island —respondió Lynette, observando su reacción— Lunia la encontró hace unos días—.

Tatsuya se recargó lentamente contra el sofá y miró hacia un lado, como si el nombre le hubiera traído una mezcla desagradable de recuerdos y fastidio.

—Vaya. Entonces la señorita disciplina ya llegó al Digital World —dijo, desviando la mirada hacia las monedas sobre la mesa.

Dainsleif lo miró con severidad.

—¿Eso es todo lo que vas a decir? —preguntó, dando un paso hacia él.

—¿Qué quieres que diga? Sung nunca me ha tenido en gran estima —respondió Tatsuya, jugando con una moneda entre los dedos— dudo mucho que ahora quiera una reunión familiar—.

Lynette dio un paso al frente. La tela de su hábito oscuro se movió ligeramente con el gesto.

—No se trata solo de ella —dijo, endureciendo el tono.

Tatsuya volvió a mirarla, ahora con un poco menos de burla.

—Entonces habla claro —pidió, dejando la moneda sobre la mesa.

La Sistermon Noir sostuvo su mirada unos segundos antes de responder. Su voz bajó apenas, volviéndose más seria.

—Sung está acompañada por un Arkadimon —dijo, sin apartar los ojos de él.

El silencio cayó en la habitación. Dainsleif se quedó completamente quieto. Dvalin abrió ligeramente las alas, como si hubiera sentido un cambio en el aire. Lumine se tensó un poco, percibiendo la gravedad aunque no comprendiera del todo.
Tatsuya no dijo nada al principio. Su expresión perdió parte de la ligereza habitual, aunque intentó recuperarla casi de inmediato con una sonrisa ladeada bajo su cubrebocas.

—¿Un Arkadimon? —repitió, dejando el vaso sobre la mesa con cuidado— qué gusto tan… problemático—.

—Lunia confirmó que es su compañero —dijo Lynette, cruzando los brazos— Sung lo llama Meok Bo. Por lo que entendí, ella no sabía lo que Arkadimon representa. Lunia tuvo que explicárselo—.

Tatsuya bajó la mirada hacia el vaso que acababa de soltar. Sus dedos rozaron el borde de la mesa, inmóviles por unos segundos. La satisfacción que había tenido antes desapareció casi por completo.

Dainsleif notó el cambio y dio otro paso.

—Tatsu —dijo, observándolo con seriedad.

—No —respondió él de nuevo, sin levantar la mirada.

Esta vez la palabra sonó más seria y ante ello. Lynette frunció ligeramente el ceño.

—¿No? —preguntó, inclinando apenas la cabeza.

—No voy a meterme —dijo Tatsuya, recargándose de nuevo en el sofá.

—Es una pariente tuya —insistió Lynette, dando un paso más hacia él.

Tatsuya soltó una exhalación breve por la nariz y volvió a recostarse, como si intentara recuperar su indiferencia.

—Tengo muchas personas relacionadas por apellido que estarían encantadas de verme lejos de sus problemas —respondió, moviendo una mano con desinterés— Sung probablemente encabeza la lista—.

—Eso no cambia la situación —dijo Lynette, manteniendo la mirada firme.

—Claro que la cambia —respondió Tatsuya, extendiendo una mano hacia las monedas— si voy, ella me va a mirar como si fuera una plaga con piernas. Lunia va a hacer lo mismo, pero con ganas de arrestarme. Y yo, francamente, estaba teniendo una semana bastante rentable—.

Lumine soltó un pequeño sonido suave, como si no le gustara el rumbo de la conversación. Flotó hacia el hombro de Tatsuya, pero no llegó a posarse.

Dvalin inclinó la cabeza.

—Estás evitando el asunto —dijo, sin alzar la voz.

—Estoy preservando mi paz —respondió Tatsuya, alzando un dedo.

Dainsleif dio un paso más hacia él. Su tono se mantuvo firme, pero no agresivo.

—Hay una diferencia —dijo, mirándolo con reproche.

Tatsuya chasqueó la lengua y apartó la mirada hacia la ventana.

—No necesito una lección moral ahora —respondió, frotándose el puente de la nariz.

Lynette se cruzó de brazos. Su paciencia ya comenzaba a mostrar grietas.

—Lunia no te está llamando por gusto —dijo, observándolo con firmeza— de hecho, dudo que haya querido hacerlo—.

—Eso sí lo creo —respondió Tatsuya, soltando una risa seca.

—Pero lo hizo porque considera que puede ser importante —continuó Lynette, sin dejarse provocar.

Tatsuya tomó una moneda digital de la mesa y la hizo girar entre sus dedos.

—Lunia considera importantes muchas cosas cuando implican tener una excusa para acercarse a mí con una mirada de sentencia —dijo, observando cómo la moneda reflejaba las luces del cuarto.

La expresión de Lynette se endureció.

—Tatsuya, deja de esquivar —dijo, dando otro paso hacia el sofá.

El Tamer la miró. La sonrisa se fue apagando poco a poco. La moneda quedó atrapada entre sus dedos.

—No estoy esquivando —respondió, bajando la voz— estoy decidiendo no caminar directo hacia un problema que no me pidió ayuda—.

—Sung quizá no sabe que necesita ayuda —dijo Lynette, suavizando apenas el tono.

—Sung no es una niña —respondió Tatsuya, endureciendo la mirada.

—Pero está con un Arkadimon —replicó Lynette, dejando la frase suspendida en el aire.

Dainsleif bajó la mirada, serio. Dvalin permaneció en silencio, observando a Tatsuya con atención. Lumine se acercó un poco más a él, inquieto, como si quisiera decir algo pero no encontrara el momento.

Tatsuya apretó ligeramente los dedos contra la moneda.

—Eso no significa que sea mi asunto —dijo, aunque su voz ya no sonaba tan despreocupada.

—¿Y si se vuelve el asunto de todos? —preguntó Lynette, inclinándose apenas hacia él.

Tatsuya no respondió. Su mirada se quedó fija en la moneda, aunque era evidente que ya no la estaba viendo realmente.

La Sistermon Noir suavizó un poco su tono, aunque no dejó de presionarlo.

—Lunia dijo que Sung apenas entiende lo básico —explicó, bajando un poco la voz— sabe que Arkadimon es peligroso porque se lo explicaron, pero no comprende todo lo que podría implicar. Y aunque Lunia puede vigilar la situación desde Digital Security, no tiene la relación familiar ni la experiencia para acercarse a Sung sin que esto se convierta en un conflicto—.

Tatsuya ladeó la cabeza y soltó una pequeña risa sin entusiasmo.

—¿Y según tú yo sí? —preguntó, señalándose con la moneda.

—No dije que sería fácil —respondió Lynette, sin cambiar de expresión.

—Qué amable —murmuró Tatsuya, dejando caer la mano sobre el brazo del sofá.

—Dije que podrías ser útil —aclaró Lynette, sosteniéndole la mirada.

Tatsuya apoyó el vaso en la mesa con más fuerza de la necesaria. El sonido seco hizo que Lumine se sobresaltara apenas.

—Ser útil suele ser el primer paso para terminar metido en problemas gratis —dijo, recuperando parte de su tono cínico.

Dvalin soltó un suspiro.

—Ahí está —dijo, cerrando los ojos un instante.

Dainsleif cruzó los brazos.

—La parte codiciosa —añadió, mirando a Tatsuya con desaprobación.

—La parte práctica —corrigió Tatsuya, levantando un dedo— si quieren que alguien camine hacia un posible desastre, normalmente hay una recompensa de por medio—.

Lynette lo miró con incredulidad. Sus labios se apretaron en una línea fina.

—¿Estás intentando cobrar por ayudar a Sung? —preguntó, casi sin poder creerlo.

—Estoy considerando el costo de oportunidad —respondió Tatsuya, encogiéndose de hombros.

Dainsleif cerró los ojos, como si necesitara contener su frustración.

—Tatsu —dijo, con la voz cargada de advertencia.

—¿Qué? ¿Quieren honestidad o teatro? —preguntó Tatsuya, extendiendo ambas manos— porque puedo fingir preocupación noble si eso hace que todos se sientan mejor—.

Lynette dio un paso más hacia él. Esta vez su voz fue más baja, pero también más firme.

—No te estoy pidiendo que finjas —dijo, mirándolo directamente— te estoy pidiendo que escuches—.

Tatsuya guardó silencio.

Lumine se deslizó un poco más cerca de él, quedándose junto al sofá como si intentara reconfortarlo sin interrumpir. Tatsuya no le miró, pero tampoco le apartó.

Lynette continuó:

—Sung está buscando a Ryuuma —dijo, midiendo cada palabra.

Aquello golpeó de forma distinta y Tatsuya levantó la mirada.

—¿Qué? —preguntó, perdiendo por completo la burla.

La palabra salió más seca de lo normal. Ya no había ligereza en su voz.

—Ese es su objetivo en el Digital World —explicó Lynette, observando el cambio en su rostro— cree que, si tú terminaste aquí, Ryuuma también podría haberlo hecho—.

Dainsleif y Dvalin intercambiaron una mirada breve. Ninguno dijo nada, pero ambos entendieron que el nombre de Ryuuma había cambiado el peso de la conversación.

Tatsuya se quedó quieto, con una expresión menos fácil de leer.

—Ryuuma… —murmuró, bajando la mirada hacia el suelo.

Lumine inclinó la cabeza, curioso por el nombre, pero permaneció en silencio.

Lynette asintió.

—Lunia piensa que no es una posibilidad imposible —dijo, relajando apenas los hombros.

Tatsuya se recargó hacia atrás, pero esta vez no había pereza en el gesto. Había cálculo. Incomodidad. Tal vez algo más que no quiso mostrar. Sus ojos se movieron hacia las luces de Star City al otro lado del vidrio.

—Sung buscando a Ryuuma, con un Arkadimon a su lado, mientras Lunia Arden decide que yo soy necesario —dijo lentamente, frotándose la nuca— qué combinación tan desagradable—.

Dvalin pareció ocupar el espacio del comentario seco.

—Al menos reconoces que es serio —dijo, observándolo con calma.

—Reconozco que suena caro —respondió Tatsuya, desviando la mirada hacia la ventana.

Dainsleif lo miró con reproche.

—No todo se trata de dinero —dijo, endureciendo el tono.

—Casi todo se vuelve más tolerable con dinero —contestó Tatsuya, sin mirarlo.

Lynette suspiró, agotada, y llevó una mano a la frente por un instante.

—Sabía que no colaborarías fácilmente —dijo, bajando la mano con lentitud.

Tatsuya sonrió apenas bajo el cubrebocas.

—Entonces viniste preparada —respondió, recuperando una pizca de ironía.

—Vine porque era necesario —dijo Lynette, firme.

—No. Viniste porque Lunia no quiso buscarme ella misma —respondió Tatsuya, entornando los ojos.

Lynette no respondió. Su silencio fue suficiente.

Tatsuya lo tomó como confirmación y soltó una pequeña risa amarga.

—Lo sabía —murmuró, dejando caer la moneda sobre la mesa.

—¿Vas a ayudar o no? —preguntó Lynette, sin rodeos.

El Tamer guardó silencio durante varios segundos. Miró la mesa, las monedas, el lujo de la habitación y luego a sus Digimon. Finalmente, sus ojos pasaron a Lumine, que lo observaba con una expresión suave y expectante.

Tatsuya soltó un suspiro largo.

—No prometo nada —dijo, desviando la mirada.

Lynette mantuvo la mirada fija en él.

—Eso no es una respuesta —dijo, cruzándose de brazos otra vez.

—Es la mejor que vas a obtener por ahora —respondió Tatsuya, levantándose del sofá.

—Tatsuya —insistió Lynette, siguiéndolo con la mirada.

Él caminó hacia la ventana, observando las luces de Star City. Lumine saltó suavemente y lo siguió, quedándose cerca de su hombro.

—No voy a salir corriendo a File Island solo porque Lunia chasqueó los dedos y porque Sung decidió adoptar al Digimon más problemático que encontró —dijo Tatsuya, mirando su reflejo en el vidrio— necesito saber más—.

—Entonces habla con Lunia —dijo Lynette, dando un paso hacia él.

—Eso suena exactamente como algo que no quiero hacer —respondió Tatsuya, torciendo la boca.

—Habla conmigo, entonces —propuso Lynette, bajando la voz.

Tatsuya miró su reflejo en el vidrio. Sus ojos se entrecerraron apenas.

—¿Qué quiere exactamente? —preguntó, sin girarse del todo.

—Que te localice —respondió Lynette, contando con los dedos— que sepas lo que ocurre. Y que, si puedes aportar algo, lo hagas—.

Tatsuya soltó una risa suave, casi cansada.

—Qué cuidadosa forma de decir que quiere arrastrarme al problema sin pedírmelo directamente —dijo, apoyando una mano contra el cristal.

Lynette no negó nada.

—Puede ser —admitió, inclinando ligeramente la cabeza.

Dainsleif habló al fin, serio.

—Deberíamos escuchar más —dijo, avanzando hasta quedar cerca de la mesa.

Tatsuya giró la cabeza hacia él.

—¿También tú? —preguntó, arqueando una ceja.

—Sí —respondió Dainsleif, sin apartar la mirada.

Dvalin asintió desde su lugar.

—Si Sung está con Arkadimon y no entiende lo que implica, ignorarlo sería imprudente —dijo, plegando lentamente las alas.

Tatsuya los miró a ambos. Luego miró a Lumine, como si esperara que al menos ella estuviera de su lado.

Lumine bajó un poco las orejas.

—Tal vez… deberíamos saber más —dijo suavemente con una sonrisa, acercándose a su hombro.

Tatsuya se llevó una mano al rostro.

—Qué maravilla. Mi propio equipo votando en contra de mi descanso —murmuró, arrastrando la mano por su cara.

Dainsleif no se inmutó.

—Tu descanso puede esperar —respondió, firme.

—Mi dinero no —dijo Tatsuya, señalando la mesa.

—Tu dinero ya está ganado —replicó Dainsleif, mirando las monedas.

Tatsuya abrió la boca, pero no encontró una respuesta inmediata. Eso pareció irritarlo más que cualquier reproche. Chasqueó la lengua y volvió hacia el sofá.

Lynette aprovechó el silencio.

—No tienes que decidir ahora mismo —dijo, suavizando el tono— pero necesito llevar una respuesta—.

Tatsuya cerró los ojos un instante.

—Dile a Lunia que escuché el mensaje —respondió, dejándose caer de nuevo en el sofá.

—¿Eso es todo? —preguntó Lynette, frunciendo el ceño.

—Dile que escuché el mensaje —repitió él, tomando otra moneda de la mesa— y que si quiere que me acerque a File Island, más le vale tener información concreta y no solo sospechas, advertencias y su eterno deseo de verme esposado—.

Lynette lo observó con seriedad.

—Lo transmitiré —dijo, asintiendo una sola vez.

Tatsuya hizo girar la moneda entre los dedos, recuperando parte de su máscara despreocupada.

—Y dile también que no me busque por caridad familiar —añadió, mirando el brillo de la moneda— Sung no me quiere cerca, Lunia tampoco, y yo no soy precisamente fan de las reuniones incómodas—.

—Pero irás si es necesario —dijo Lynette, estudiando su expresión.

Tatsuya no respondió de inmediato.

La moneda siguió girando entre sus dedos. Lumine se acomodó a su lado, observándolo en silencio. Dainsleif y Dvalin esperaron sin presionarlo más.

—Si es necesario —dijo al fin, cerrando la mano sobre la moneda— lo pensaré—.

Dainsleif cerró los ojos con resignación, aunque en su expresión había algo parecido al alivio.

Dvalin miró a Lynette.

—Eso, viniendo de él, es casi un sí —dijo, con tono seco.

Tatsuya lo señaló sin mirarlo.

—No traduzcas mis negativas ambiguas —dijo, apuntándolo con la moneda.

Lynette asintió lentamente. Parecía satisfecha de haber conseguido al menos una grieta en su resistencia.

—Entonces lo tomaré como una posibilidad —dijo, acomodando su postura.

—Tómalo como quieras, mientras no arruines más mi noche —respondió Tatsuya, recostándose otra vez en el sofá.

La Sistermon Noir no respondió con molestia. Al contrario, pareció haber aceptado que esa era la mayor cooperación que podía obtener de Tatsuya por ahora.

La visita no había logrado una colaboración completa. Pero había logrado algo. Tatsuya Kamisato ya sabía que Sung Hae-In estaba en File Island.
Ya sabía que caminaba junto a Arkadimon. Y aunque se negara a admitirlo, el problema acababa de entrar en su habitación de lujo, sentarse frente a él y quitarle parte del brillo a su noche perfecta.
 
Última edición:
OP
OP
Gennai

Gennai

Eclipse Dynasty Member
Lynette se quedó en silencio unos segundos más, como si evaluara si debía insistir o retirarse con la respuesta ambigua que había conseguido.
Tatsuya, por su parte, volvió a girar la moneda entre los dedos, aunque la satisfacción de antes ya no estaba en su rostro. El nombre de Sung, el de Arkadimon y sobre todo el de Ryuuma habían arruinado por completo el descanso que tanto presumía estar disfrutando.

—Hay algo que deberías saber —dijo Tatsuya, sin mirar directamente a Lynette.

La Sistermon Noir se detuvo antes de dirigirse a la puerta.

—¿Sobre Sung? —preguntó, girando apenas el rostro hacia él.

Tatsuya cerró la mano sobre la moneda.

—Sung no es mi pariente real —aclaró, apoyando el codo sobre el brazo del sofá— no de sangre, al menos—.

Lynette lo observó con atención.

—Pero lleva el nombre Kamisato —dijo, cruzando lentamente los brazos.

—Porque Ryuuma la adoptó cuando era más joven —respondió Tatsuya, alzando la mirada— la sacó de donde estaba, la entrenó y la metió en ese mundo de disciplina, violencia y lealtades familiares que tanto le gusta a la gente como él—.

Dainsleif guardó silencio, pero sus ojos se movieron hacia Tatsuya. Dvalin también prestó más atención, notando que el tono de su Tamer había cambiado ligeramente.

Lumine se acomodó junto al hombro de Tatsuya, mirándolo con curiosidad.

—¿Ryuuma la cuidó? —preguntó suavemente, inclinando la cabeza.

Tatsuya tardó un segundo en responder.

—A su manera —dijo, dejando escapar una exhalación baja—Ryuuma no es precisamente alguien cálido, pero para Sung… sí. Para ella es lo más parecido a un padre—.

Lynette no interrumpió. La información era más personal de lo que esperaba, y viniendo de Tatsuya, eso la hacía todavía más relevante.

—Entonces por eso lo busca —murmuró, bajando un poco la mirada.

—Exacto —respondió Tatsuya, recostándose de nuevo— si Sung está tomando Quests de rango D, no es porque quiera perder el tiempo ni porque le divierta empezar desde abajo. Ella entiende cómo funciona este mundo. Para moverse más allá de File Island y buscar a Ryuuma en serio, primero necesita subir de rango—.

Lynette lo observó con atención, notando que Tatsuya hablaba con más claridad de la que solía mostrar cuando quería evitar involucrarse.

—Así que está usando las Quests como escalones —dijo, acomodando una mano bajo el codo contrario.

—Como escalones y como fuentes de información —respondió Tatsuya, haciendo girar otra vez la moneda entre los dedos— cada encargo, por simple que parezca, la obliga a tratar con todo tipo de gente como Tamers, comerciantes, viajeros o Digimon locales etc. Cualquiera podría haber visto algo, escuchado un rumor o tener una pista, aunque sea mínima—.

Dainsleif lo miró de reojo, ligeramente sorprendido por el análisis.

—Eso suena bastante estratégico —comentó, bajando un poco los brazos.

—Porque lo es —respondió Tatsuya, sin mirarlo — Sung puede ser muchas cosas, pero no es tonta. Si Ryuuma está en algún lugar de este vasto Mundo Digital, ella sabe que no lo va a encontrar quedándose quieta ni corriendo a ciegas. Primero necesita rango, acceso y contactos—.

Dvalin inclinó la cabeza.

—Y cada Quest aumenta esas tres cosas —añadió, comprendiendo el razonamiento.

—Exacto —dijo Tatsuya, cerrando la mano sobre la moneda— por eso File Island es solo el inicio para ella. No una elección cómoda, sino el primer obstáculo que tiene que superar—.

Lynette guardó silencio unos segundos, asimilando aquello. La imagen de Sung tomando encargos menores en File Island cambiaba bastante cuando se veía desde esa perspectiva. No era una Tamer novata moviéndose sin dirección. Era alguien limitada por el sistema del Digital World, obligada a construir paso a paso el camino hacia la persona que buscaba.

—Entonces está actuando con paciencia —dijo Lynette, más para sí misma que para los demás.

Tatsuya soltó una risa baja.

—Paciencia forzada —respondió, dejando la moneda sobre la mesa— créeme, si Sung pudiera atravesar medio Digital World a la fuerza para encontrar a Ryuuma, probablemente ya lo habría intentado—.

Dainsleif cerró los ojos un momento.

—Eso no suena del todo incorrecto —admitió, cruzando los brazos.

—No lo es —dijo Tatsuya, señalándolo con dos dedos— pero incluso ella sabe que lanzarse sin rango, sin permisos y sin información solo la llevaría a estrellarse contra una pared. Y si ahora tiene a un Arkadimon al lado, esa pared podría romperse… o caerle encima—.

Lumine bajó un poco las orejas.

—Eso suena peligroso —dijo, flotando más cerca de Tatsuya.

—Lo es —respondió él, con una seriedad poco habitual— por eso es molesto—.

Lynette entrecerró los ojos.

—¿Molesto? —preguntó, inclinando ligeramente la cabeza.

—Sí, molesto —repitió Tatsuya, recargándose hacia atrás— porque ahora no es solo Sung buscando a Ryuuma. Es Sung buscando a Ryuuma mientras carga con un Digimon que puede atraer la atención equivocada antes de que ella entienda completamente lo que tiene entre manos—.

Dvalin bajó ligeramente la mirada.

—Y si alguien intenta quitárselo, ella responderá —dijo, con tono pensativo.

Tatsuya chasqueó la lengua.

—Exacto —contestó, apuntando hacia Dvalin con la moneda— y Sung no responde con suavidad cuando cree que alguien intenta arrebatarle algo importante—.

Lynette observó a Tatsuya con más cuidado.

—Hablas como si la conocieras mejor de lo que admites —dijo, estudiando su expresión.

—Conocer cómo alguien puede reaccionar no significa querer convivir con esa persona —respondió Tatsuya, desviando la mirada— Sung y yo no somos precisamente familia feliz—.

—Pero entiendes su situación —insistió Lynette, dando un paso hacia él.

Tatsuya no respondió de inmediato. La moneda volvió a girar entre sus dedos, aunque esta vez el movimiento parecía más nervioso que codicioso.

—Entiendo que está buscando a Ryuuma —dijo al fin, con voz más baja— y que cuando Sung decide algo así, no se detiene solo porque alguien le diga que es peligroso—.

Lumine lo miró desde su hombro.

—¿Entonces vas a ayudarla? —preguntó con suavidad.

Tatsuya cerró los ojos un instante.

—No dije eso —respondió, aunque su tono sonó menos firme que antes.

Dainsleif dio un paso hacia él.

—Pero ya no estás diciendo que no —comentó, observándolo con atención.

—Tampoco arruines el momento señalándolo —replicó Tatsuya, abriendo un ojo para mirarlo.

Lynette pareció considerar aquello una pequeña victoria.

—Entonces puedo decirle a Lunia que estás considerando involucrarte —dijo, acomodando su postura.

—Puedes decirle que estoy considerando escuchar más —corrigió Tatsuya, levantando un dedo— involucrarme cuesta más—.

Dvalin soltó un suspiro.

—Siempre tiene que haber una condición —murmuró.

—La vida sin condiciones es mala para los negocios —respondió Tatsuya, recuperando una pizca de su tono habitual.

Lynette no sonrió, pero su expresión perdió parte de la tensión.

—Le transmitiré eso —dijo, inclinando ligeramente la cabeza.

Tatsuya dejó la moneda sobre la mesa y se levantó otra vez, caminando lentamente hacia la ventana. Star City seguía brillando bajo él, llena de ruido, comercio y oportunidades de ganancia. Hasta hacía unos minutos, todo eso le parecía suficiente.
Ahora, en cambio, File Island volvía a cruzarse en su cabeza: Sung Hae-In, Ryuuma Kamisato, Arkadimon, Lunia Arden moviendo piezas desde Digital Security. Nada de eso sonaba rentable. Nada de eso sonaba cómodo. Y aun así, ya no podía fingir que no lo había escuchado.

—Dile a Lunia otra cosa —dijo Tatsuya, apoyando una mano contra el cristal.

Lynette enderezó la postura.

—Te escucho —dijo, esperando la indicación.

—Dile que no use a Sung como excusa barata para arrastrarme a sus asuntos personales —respondió Tatsuya, mirando su reflejo en la ventana— si esto es por Arkadimon, que lo diga. Si esto es por Ryuuma, que también lo diga. Pero si es por Makoto, entonces que no me haga perder el tiempo disfrazándolo de emergencia oficial—.

La habitación se tensó de nuevo.

Lynette guardó silencio, pero su expresión cambió. Dainsleif cerró los ojos con resignación. Dvalin bajó ligeramente la mirada. Lumine se quedó inmóvil junto a Tatsuya, percibiendo que aquel nombre tenía un peso distinto.

—Tatsuya… —dijo Lynette, con cautela.

—Solo transmite el mensaje —respondió él, sin girarse— si quiere hablar, que hable claro—.

Lynette lo observó unos segundos más.

—Lo haré —dijo finalmente, inclinando apenas la cabeza.

Tatsuya no respondió de inmediato. Sus ojos siguieron fijos en las luces de la ciudad.

—Y dile que si Sung está buscando a Ryuuma, entonces no debería presionarla de frente —añadió, bajando apenas la voz — Sung responde mal cuando siente que alguien intenta quitarle el control—.

Dainsleif abrió los ojos y miró a su Tamer.

—Eso fue un consejo útil —dijo, con cierta sorpresa.

—No lo arruines señalándolo —respondió Tatsuya, sin apartarse de la ventana.

Lynette asintió lentamente.

—Lo recordaré —dijo, dando un paso hacia la salida.

Lumine flotó un poco hacia ella.

—¿Te vas ya? —preguntó, con suavidad.

—Sí —respondió Lynette, mirando al pequeño Culumon— tengo un mensaje que entregar—.

Tatsuya soltó una exhalación baja.

—Qué eficiente —murmuró, volviendo hacia el sofá.

Lynette se detuvo junto a la puerta y miró por última vez hacia él.

—Tatsuya —dijo, con una seriedad más tranquila— puedes fingir que no quieres involucrarte, pero ya estás pensando en ello—.

Tatsuya tomó otra moneda de la mesa y la levantó entre dos dedos.

—Estoy pensando en cuánto me va a costar —respondió, recuperando su tono despreocupado— hay una diferencia—.

—A veces no tanta —respondió Lynette, abriendo la puerta.

La Sistermon Noir salió sin añadir más. La puerta se cerró con suavidad detrás de ella, dejando la habitación en un silencio mucho más pesado que antes. Durante unos segundos, nadie habló.
Dainsleif miró a Tatsuya, Dvalin también y Lumine volvió a posarse cerca del sofá, observando a su Tamer con una mezcla de curiosidad y preocupación. Luego Tatsuya dejó caer la moneda sobre la mesa.

—No me miren así —dijo, sentándose otra vez.

—No hemos dicho nada —respondió Dainsleif, cruzando los brazos.

—Sus caras hablan demasiado —replicó Tatsuya, tomando su bebida.

Dvalin inclinó la cabeza.

—Entonces no vas a ignorarlo —dijo, con calma.

Tatsuya bebió un sorbo antes de responder.

—Dije que lo pensaría —contestó, dejando el vaso sobre la mesa— no empiecen a celebrarlo—.

Lumine flotó frente a él.

—¿Sung es importante? —preguntó, con inocencia.

Tatsuya se quedó en silencio unos segundos.

—Para Ryuuma, sí —respondió al fin, desviando la mirada— y eso suele ser suficiente para que todo se complique—.

Dainsleif no añadió nada, Dvalin tampoco. El lujo de la habitación seguía ahí. La comida, las monedas y la comodidad permanecían intactas. Pero el ambiente ya no era el mismo.
Tatsuya había querido una noche tranquila, una recompensa cómoda después de un negocio exitoso. En cambio, Lynette le había dejado tres nombres sobre la mesa: Sung, Ryuuma, Arkadimon. Y por mucho que intentara esconderlo detrás de codicia, sarcasmo y cansancio, esos nombres ya habían empezado a pesarle.
 
Última edición:
OP
OP
Gennai

Gennai

Eclipse Dynasty Member
File Island — Unos días después.


File City seguía teniendo el mismo ritmo inquietantemente tranquilo de siempre. Tamers amateurs iban y venían con sus Digimon, algunos celebrando pequeñas victorias, otros buscando nuevas Quests o simplemente descansando después de encargos menores. Para la mayoría, aquel lugar era un punto de inicio, una zona segura donde todavía podían permitirse cometer errores.

Para Lunia Arden, en cambio, File City se había convertido en un sitio incómodo. No por el lugar en sí. Sino por lo que había descubierto allí: Arkadimon, Sung Hae-In, y la posibilidad de que una amenaza mucho mayor estuviera creciendo frente a todos sin que la mayoría siquiera pudiera reconocerla.

La agente de Digital Security se encontraba sentada en una mesa apartada, cerca del mismo puesto donde días atrás había hablado con Sung. Kotemon estaba a su lado, con la espada de bambú apoyada sobre el hombro y una expresión de aburrimiento fingido.

—Sigues mirando el camino como si fueras a intimidarlo hasta que te dé respuestas —dijo Kotemon, balanceando suavemente su espada.

—Estoy esperando —respondió Lunia, sin apartar la mirada de la calle.

—Sí. Lo haces con una expresión muy amistosa —comentó él, ladeando la cabeza.

Lunia no respondió. Sus dedos golpearon una vez la superficie de la mesa, un gesto pequeño, pero suficiente para delatar su impaciencia.

Kotemon lo notó.

—Si sigues así, la mesa va a confesar primero que Tatsuya —añadió, con sequedad.

—Kotemon —dijo Lunia, lanzándole una mirada de advertencia.

—Silencio estratégico. Entendido —respondió él, acomodándose en su asiento.

No pasó mucho antes de que una figura familiar apareciera entre los Tamers que cruzaban la plaza.

Lynette, la Sistermon Noir, caminaba con paso tranquilo, aunque su expresión dejaba claro que traía noticias. No parecía alarmada, pero tampoco relajada. Se movía con esa discreción propia de alguien acostumbrada a cargar mensajes delicados sin atraer demasiada atención.

Lunia se enderezó apenas. Kotemon también dejó de balancear la espada.

—Volvió —dijo él, observando a Lynette acercarse.

—Lo veo —respondió Lunia, manteniendo el rostro sereno.

Lynette llegó hasta la mesa y saludó con una ligera inclinación de cabeza.

—Agente Arden —dijo, deteniéndose frente a ella.

—Lynette —respondió Lunia, sin levantarse— ¿lo encontraste?—.

La pregunta fue directa.

Demasiado directa.

Lynette guardó silencio un segundo antes de responder.

—Sí. Encontré a Tatsuya Kamisato —dijo, acomodando las manos frente a sí.

Lunia no cambió de expresión, pero sus ojos se afilaron.

—¿Y?—.

Kotemon apoyó la espada de bambú contra el suelo, atento.

—Esto promete ser desagradable —murmuró, casi para sí.

Lynette respiró despacio.

—Escuchó el mensaje —dijo, observando a Lunia con cautela—. Sabe que Sung Hae-In está en File Island. También sabe que está acompañada por Arkadimon—.

Lunia cerró lentamente los dedos sobre la mesa.

—¿Y va a venir? —preguntó, con una calma demasiado controlada.

Lynette tardó un poco en responder.

—No prometió nada—.

El silencio que siguió fue más pesado de lo que la Sistermon Noir habría querido.

Lunia bajó la mirada hacia sus propios dedos. No había rabia visible en su rostro, pero la tensión en su mano era suficiente para delatarla.

—Por supuesto —dijo Lunia, con voz baja—muy propio de él—.

Kotemon miró la mano de su Tamer y luego la mesa.

—Lunia, la mesa no tiene la culpa —dijo, señalando suavemente con la espada.

Ella relajó los dedos apenas.

—¿Qué dijo exactamente? —preguntó, volviendo a mirar a Lynette.

Lynette eligió sus palabras con cuidado.

—Dijo que escuchó el mensaje —respondió, manteniendo la voz estable— Y que, si quieres que se acerque a File Island, necesitas tener información concreta. No solo sospechas, advertencias o… asuntos personales—.

La última parte cayó como una chispa en aceite.

Lunia no se movió. Pero su mirada se volvió más fría.

—Asuntos personales —repitió, despacio.

Lynette no retrocedió.

—Eso dijo—.

Kotemon cerró los ojos un instante.

—Ah, Tatsuya. Siempre encontrando la forma más inflamable de decir algo —murmuró, apoyando ambas manos sobre el mango de su espada.

Lunia respiró por la nariz, contenida.

—¿Y tuvo tiempo de decir eso, pero no de venir? —preguntó, levantando apenas el mentón.

Lynette sostuvo su mirada.

—Está ocupado— la palabra pareció tensar aún más el aire.

Lunia se quedó inmóvil.

—¿Ocupado? —preguntó, con una calma que ya no sonaba natural.

—Sí —respondió Lynette, sin añadir más.

No mencionó la Quest, ni mencionó "La Bestia".
No mencionó la razón exacta por la que Tatsuya no podía moverse con facilidad en ese momento.

Solo dejó la palabra en el aire: Ocupado.

Lunia apretó la mandíbula.

—Qué conveniente —dijo, con una frialdad cortante.

—Lunia —intervino Kotemon, golpeando suavemente el suelo con su espada de bambú— respira antes de convertir esta conversación en una orden de arresto imaginaria—.

—No estoy haciendo nada —respondió ella, sin mirarlo.

—Todavía —añadió Kotemon.

Lynette observó a Lunia con seriedad.

—Sé que no es la respuesta que querías—.

Lunia soltó una risa baja, sin humor.

—No esperaba demasiado de él —dijo, entrelazando las manos sobre la mesa—. Aun así, logra decepcionarme de formas nuevas—.

—No se negó por completo —dijo Lynette, dando un paso más cerca.

Lunia alzó la mirada.

—¿Eso debe tranquilizarme?—.


—Debería decirte que está pensando en ello —respondió Lynette, con calma— en Tatsuya, eso ya es más de lo que parece—.

Kotemon asintió lentamente.

—Traducción: no salió corriendo en dirección contraria. Para él, eso es casi cooperación —dijo, levantando un dedo.

Lunia lo miró de reojo.

—Eso no ayuda—.

—Pero es cierto —respondió Kotemon, encogiéndose de hombros.

Lynette continuó antes de que la tensión creciera de nuevo.

—También explicó algo sobre Sung —dijo, suavizando un poco el tono.

La expresión de Lunia cambió apenas.

—¿Qué cosa?—.

—Que no es pariente suya de sangre —respondió Lynette, observando su reacción— Ryuuma la adoptó cuando era más joven. La entrenó y, según Tatsuya, para Sung él es lo más parecido a un padre—.

Lunia guardó silencio. Aquello no era nuevo del todo, pero escucharlo desde Tatsuya le daba otro peso. Confirmaba algo que ella ya había intuido en el pasado: Sung no buscaba a Ryuuma por simple lealtad familiar. Lo buscaba porque su vida entera había sido moldeada por él.

—Eso explica su determinación —dijo Kotemon, apoyando la espada sobre su hombro.

—Y su peligro —añadió Lunia, bajando la mirada.

Lynette asintió.

—Tatsuya también dijo que Sung no está tomando Quests de rangos bajos por perder el tiempo. Lo hace porque necesita subir de rango para moverse más allá de File Island. Cada Quest le da acceso, contactos y posibles fuentes de información sobre Ryuuma—.

Lunia se quedó pensativa. El enojo no desapareció, pero se mezcló con otra cosa.

Comprensión.

Sung no estaba actuando al azar. Estaba avanzando como sabía hacerlo: paso a paso, aceptando incluso encargos menores si eso la acercaba a su objetivo. Era una estrategia paciente, disciplinada y peligrosa.

Muy propia de ella.

—Eso sí suena a Sung —dijo Lunia, con voz más baja.

—Tatsuya dijo algo parecido —respondió Lynette.

Lunia no pareció disfrutar la coincidencia.

—No necesito que Tatsuya me explique cómo funciona Sung —dijo, apartando la mirada.

—Quizá no —respondió Lynette, con cuidado— pero su perspectiva puede servir—.

Kotemon golpeó una vez el suelo con la espada de bambú.

—Aunque nos duela admitirlo, el holgazán codicioso dijo algo útil —comentó, inclinando la cabeza.

Lunia cerró los ojos un momento.

—No lo llames útil tan rápido— replicó

—Dije que dijo algo útil. No que él lo sea de forma constante —aclaró Kotemon.

Lynette continuó:

—También advirtió que no deberías presionar a Sung de frente —dijo, viendo cómo Lunia abría los ojos— según él, Sung responde mal cuando siente que alguien intenta quitarle el control—.

Lunia se quedó quieta. Aquella advertencia sí era importante. No porque viniera de Tatsuya, sino porque era cierta.

Sung era disciplinada, pero no dócil. Si Digital Security se acercaba a ella como si fuera una amenaza o una Tamer irresponsable, la situación podía romperse rápido. Y si Meok Bo reaccionaba para protegerla, el problema podía escalar de una simple vigilancia a un incidente real.

—Eso también es cierto —admitió Lunia, aunque le costó decirlo.

Kotemon la miró con cierta satisfacción.

—Mira eso. Tatsuya no estuvo completamente inútil —agregó

Lunia no le respondió.

Lynette aprovechó el silencio para terminar de transmitir el mensaje.

—Tatsuya también dijo que no quiere que uses a Sung como excusa para arrastrarlo a asuntos personales —dijo, con voz más cuidadosa— que si esto es por Arkadimon, lo digas. Si es por Ryuuma, también. Pero si es por Makoto, que no lo disfraces de emergencia oficial—.

El aire se congeló.

Kotemon dejó de moverse.

Lunia mantuvo la mirada fija en Lynette, pero sus ojos ya no tenían solo frialdad. Había rabia. Una rabia contenida, profunda, apenas retenida por la disciplina que todavía la sostenía.

—¿Eso dijo? —preguntó, con voz baja.

Lynette asintió una sola vez.

—Sí— dijo, suspirando un poco.

Lunia cerró los dedos lentamente.

Esta vez, Kotemon no hizo ningún comentario sarcástico.

Sabía cuándo detenerse.

Durante unos segundos, Lunia no habló. Su respiración era controlada, medida, casi demasiado perfecta. Era la respiración de alguien que había aprendido a no estallar en público, aunque por dentro estuviera quemándose.

—Siempre tan cobarde —dijo al fin, apenas por encima de un susurro— siempre escondiéndose detrás de bromas, dinero y excusas—.

Lynette no intentó defenderlo. Tampoco lo atacó.

—Solo vine a entregar el mensaje —dijo, con calma.

Lunia levantó la mirada hacia ella.

—Y yo lo recibí —respondió, con una sonrisa inexistente en el rostro— alto y claro—.

Kotemon apoyó una mano sobre el borde de la mesa.

—Lunia —dijo, con un tono menos sarcástico de lo habitual.

Ella no lo miró.

—Estoy bien— dijo sin mirarlo.

—No dije lo contrario —respondió Kotemon— pero lo estás diciendo demasiado rápido—.

Lynette bajó ligeramente la mirada.

—No sé si esto ayudará de inmediato —dijo, retomando el tono profesional— pero espero que sirva para manejar mejor la situación de Sung y Meok Bo—.

Lunia respiró hondo.

El nombre de Makoto seguía clavado en la conversación, aunque nadie volvió a repetirlo. Tatsuya sabía exactamente dónde golpear. O quizá simplemente era incapaz de hablar sin abrir viejas heridas. Con él, Lunia nunca estaba segura.

Pero había algo más importante ahora Sung, Arkadimon y File Island llena de Tamers, en su mayoría novatos incapaces de comprender el peligro.

—Ayuda —dijo Lunia finalmente, aunque la palabra salió dura— no porque venga de él. Sino porque confirma que no podemos tratar a Sung como una Tamer común—.

Lynette asintió.

—Eso pensé— dijo tranquilamente.

—Tampoco podemos presionarla directamente —añadió Lunia, cruzando los brazos— si se siente acorralada, protegerá a Arkadimon antes de escucharnos—.

—Y Arkadimon la protegerá a ella —dijo Kotemon, bajando la mirada.

Lunia asintió lentamente.

—Exacto— dijo, suspirando.

Lynette observó a ambos en silencio. Esa era la parte que más le preocupaba. No solo la existencia de Arkadimon, sino el vínculo que parecía estar formando con Sung. Un Digimon peligroso podía ser contenido. Un Digimon peligroso con una Tamer dispuesta a enfrentarse a cualquiera por él era un asunto mucho más delicado.

—Entonces, ¿qué harás? —preguntó Lynette.

Lunia miró hacia el camino por donde días atrás Sung y Meok Bo se habían marchado.

—Observar —respondió, recuperando su tono de agente— acercarme con cuidado. Y reunir información antes de que alguien menos paciente que nosotros decida actuar—.

Kotemon levantó la espada de bambú y la apoyó sobre su hombro.

—Eso suena razonable —dijo, ladeando la cabeza— casi decepcionante, considerando lo furiosa que estás—.

—Mi rabia no toma decisiones por mí —respondió Lunia, sin apartar la vista del camino.

Kotemon la observó un segundo.

—Bien. Sigue repitiéndolo hasta que sea completamente cierto —dijo, con suavidad poco habitual.

Lunia no contestó.

Lynette entendió que la conversación había terminado, al menos por ahora. Había entregado el mensaje, había soportado la reacción de Lunia y había confirmado algo importante: la situación de Sung y Meok Bo no podía resolverse con fuerza ni con autoridad directa.

Necesitaban paciencia, información. Y, por desagradable que resultara admitirlo, quizá también necesitaban a Tatsuya.

—Te avisaré si logro obtener algo más de él —dijo Lynette, inclinando ligeramente la cabeza.

Lunia cerró los ojos un instante antes de responder.

—Hazlo —dijo, con voz controlada— y si vuelve a decir que está ocupado, dile que todos lo estamos—.

Lynette no mencionó la verdadera razón de aquella ocupación. No habló de la Quest que retenía a Tatsuya.
No explicó que el asunto de "La Bestia" era más complicado de lo que Lunia imaginaba. Solamente asintió.

—Se lo diré —respondió, dando un paso atrás.

Kotemon la despidió con un leve movimiento de su espada.

—Gracias por sobrevivir al encargo diplomático —dijo, con tono seco.

—Apenas —respondió Lynette, permitiéndose una pequeña sonrisa.

La Sistermon Noir se alejó entre los Tamers de File City, dejando a Lunia y Kotemon nuevamente junto a la mesa.

Lunia permaneció sentada, inmóvil, con la mirada fija en un punto perdido.

Kotemon no habló de inmediato.

Por una vez, dejó que el silencio hiciera su trabajo.

Finalmente, Lunia apoyó ambas manos sobre la mesa y se levantó.

—Vamos —dijo, recuperando su compostura.

—¿A dónde? —preguntó Kotemon, tomando su espada.

—A trabajar —respondió ella, mirando hacia las calles de File City— si Tatsuya no va a moverse todavía, entonces nosotros sí—.

Kotemon sonrió apenas bajo su casco.

—Eso suena más a ti —dijo, caminando a su lado.

Lunia avanzó sin mirar atrás. Su rabia seguía ahí. El nombre de Makoto seguía doliendo.
Y Tatsuya Kamisato seguía siendo una herida abierta que se negaba a cerrar.
Pero por ahora, el centro de la misión no era él. Eran Sung Hae-In, Meok Bo. Y era la pregunta que cada vez se volvía más difícil de ignorar:

Si Arkadimon podía convertirse en una amenaza inevitable… o si, en manos de Sung, todavía existía una forma de cambiar su destino.​
 
Arriba