Rango A La Bestia [Tatsuya Kamisato]

Gennai

Eclipse Dynasty Member
"La Bestia"​


- NPC involucrado: -
- Sinopsis: Hay una fuerte conmoción dentro de la Central de Digital City por los reportes que varias aldeas pacíficas ocultas a lo largo de West Forest y con las que había contacto han sido arrasadas en lo que puede considerarse un "genocidio" sin sangre. El patrón es el mismo: El lugar presente pocas (o nulas) señales de combate pero todos sus habitantes han desaparecido, dejando apenas residuos de data como prueba que alguna vez estuvieron ahí. La incertidumbre de no saber quién estaba llevando a cabo estas masacres de por sí era grave, pero todo ha empeorado cuando un equipo de reconocimento reportó haber avistado a un Arkadimon Child en el área. Una bestia tan peligrosa no puede ser ignorada, hay que cazarla y eliminarla cuanto antes
- Escenario: West Forest
- Objetivos:
  • Rastrear la ubicación de Arkadimon
  • Eliminarlo
  • De ser posible, evitar que arrase con otras aldeas
- Notas:
  • Quién lo avistó recopiló la mayor cantidad de información posible acerca de Arkadimon antes de que pudiera ser descubierto: El Digimon se encuentra solo y sus movimientos, reflejos e instintos son los de un depredador. No parece ser alguien racional
  • Según el reporte, Arkadimon se encuentra en un estado de "cacería" constante, devorando a todo Digimon que se le cruce de manera veloz y letalmente eficaz, a veces incluso sin darle tiempo a la presa de reaccionar. Es posible que esta sea la razón por la que las aldeas arrasadas casi no tienen señales de batalla
  • Sus instintos hacen que se sienta atraído por "concentraciones de data", es decir multitudes y Digimon de alto nivel, que pueden convertirse en un banquete. Lo más probable es que las aldeas cercanas a las atacadas puedan volverse objetivos próximamente. El perímetro de las aldeas es el mejor lugar para buscar
  • Enfrentar a un Arkadimon requiere extrema cautela y destreza. Son Digimon asesinos por naturaleza y en extremo poderosos, capaces de herir, absorber y matar Digimon de mayor tamaño son solo alcanzarlos con su aguijón. Que sea un Child es irrelevante, no deben subestimarlo
  • Aunque el reporte indicaba que estaba en su etapa Child, la enorme cantidad de Data devorada es una fuente de preocupación para la Central. Es altamente probable que evolucione pronto a este paso, haciéndolo aún más peligroso

Tamer: Tatsuya Kamisato

 
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La Central de Digital City no tenía su bullicio habitual. Los pasillos, normalmente llenos de Tamers entrando y saliendo con reportes, bromas y discusiones sobre recompensas, se sentían más pesados aquella mañana. Había grupos reunidos frente a pantallas de información, mapas digitales desplegados sobre mesas y operadores hablando en voz baja, como si levantar demasiado el tono pudiera hacer más real la amenaza que todos intentaban procesar.

Tatsuya Kamisato avanzó por el corredor principal con las manos en los bolsillos de su chaqueta. El cubrebocas le ocultaba medio rostro, dejando visibles solo sus ojos tranquilos, aunque más atentos de lo habitual. A su lado caminaba Dainsleif, el Hackmon de mirada firme, con las garras ligeramente tensas. Dvalin iba del otro lado, moviendo la cabeza de un lado a otro mientras observaba la inquietud de los presentes.

—Aquí huele raro —murmuró Dvalin, bajando un poco la voz mientras sus pequeñas alas se pegaban más a su cuerpo.

—No es olor —respondió Dainsleif, sin apartar la mirada del frente— es miedo—.

Tatsuya no dijo nada. Solo ladeó ligeramente la cabeza, observando cómo varios miembros de la Central evitaban mirarlo directamente al verlo pasar. No era extraño pues su nombre arrastraba demasiadas historias.
Al fondo del pasillo, junto a una sala de reuniones sellada, Sistermon Ciel esperaba con los brazos cruzados. Emile no tenía la compostura fría de otros agentes de la Central. Incluso en medio de un ambiente tenso, parecía irradiar energía, como si la incomodidad del lugar solo le diera más motivos para moverse, hablar y llenar el silencio con su presencia. Pero esta vez no estaba sonriendo.

—Llegas tarde, Kamisato —soltó Emile, clavándole los ojos apenas lo vio acercarse.

Tatsuya se detuvo frente a ella con calma. Sus ojos bajaron un instante hacia la carpeta que llevaba la Sistermon Ciel, antes de volver a su rostro.

—No me diste una hora exacta —respondió, manteniendo las manos dentro de los bolsillos.

Emile alzó una ceja. Luego inclinó el cuerpo hacia él y lo señaló con un dedo, como si estuviera regañando a alguien que ya la había hecho perder la paciencia demasiado pronto.

—Te dije "ven rápido". Eso, para cualquier persona con sentido común, significa no pasearte como si fueras a comprar té —replicó, chasqueando la lengua.

Dvalin se encogió un poco detrás de Dainsleif, apenas asomando la cabeza por un costado.

—Emile está de mal humor —susurró, mirando apenas por encima del hombro del Hackmon.

Dainsleif cruzó los brazos sin apartar la mirada de la Sistermon Ciel.

—Emile siempre está de mal humor con Tatsu —corrigió, manteniendo la seriedad mientras sus garras descansaban contra sus propios brazos.

La Sistermon Ciel los miró a ambos. Su expresión se suavizó por un segundo al ver a Dvalin, casi como si quisiera acercarse a darle una palmada en la cabeza. Sin embargo, se contuvo de inmediato, carraspeó y volvió a enfocar su atención en Tatsuya.

—Lynette me contó lo de Star City —dijo Emile, bajando la voz— también me dijo que iban hacia File por el asunto de Sung Hae-In y su Arkadimon—.

Los ojos de Tatsuya se entrecerraron apenas. Su postura siguió relajada, pero la forma en que inclinó la cabeza dejó claro que el comentario sí había llamado su atención.

—Lynette habla demasiado —murmuró, metiendo una mano más profundamente en el bolsillo de su chaqueta.

Emile golpeó suavemente la carpeta que llevaba contra el pecho. Su mirada se afiló, aunque en su tono todavía quedaba esa familiaridad áspera con la que solía tratarlo.

—Lynette se preocupa demasiado, que es distinto —respondió Emile— y antes de que empieces con tu actitud de "yo puedo resolverlo todo solo porque soy misterioso y tremendamente insufrible", tengo algo que darte—.

Tatsuya mantuvo silencio. Sus ojos apenas se movieron hacia la sala de reuniones sellada.

Dainsleif alzó un poco la mirada hacia Emile, como si ya esperara que aquel intercambio terminara en otra discusión innecesaria. Dvalin, por su parte, alternaba la vista entre ambos, cada vez más convencido de que la Sistermon Ciel disfrutaba provocando a su Tamer.

Emile abrió la carpeta y la colocó sobre la mesa holográfica de la sala. El mapa de West Forest apareció en el aire. Varias zonas estaban marcadas en rojo. Aldeas pequeñas, casi ocultas, conectadas por senderos antiguos y rutas de comercio local. Encima de cada punto aparecía la misma etiqueta: población desaparecida.

Dvalin abrió más los ojos. Sus alas se separaron un poco de su cuerpo, tensas por la impresión.

—¿Todas esas aldeas…? —preguntó, dando un paso involuntario hacia la mesa.

Emile asintió una sola vez. Su energía burlona se apagó lo suficiente para dejar ver la gravedad detrás del informe.

—Arrasadas —respondió, más seca que antes— sin cadáveres, sin sangre, sin señales claras de combate. Solo residuos de data—.

Dainsleif se acercó un paso al mapa. Sus garras rozaron la superficie de la mesa, aunque tuvo cuidado de no tocar la proyección.

—Absorción —dijo con gravedad, fijándose en los puntos rojos.

Emile cruzó los brazos mientras el brillo del mapa se reflejaba en su rostro.

—Eso creen los analistas —contestó Emile— y hace unas horas un equipo de reconocimiento avistó a un Arkadimon Child moviéndose por el perímetro sur de West Forest—.

La temperatura de la sala pareció bajar. Tatsuya no reaccionó de inmediato. Sus ojos se quedaron fijos en el mapa, pero su postura cambió ligeramente. Dainsleif lo notó. Dvalin también.
Emile señaló una zona boscosa del mapa. La punta de su dedo quedó suspendida sobre una línea de ruta marcada con símbolos de advertencia.

—Un Arkadimon Child solo —continuó Emile, sin apartar la vista de la proyección— moviéndose como depredador, no como Digimon racional. Ataca concentraciones de data: multitudes, aldeas, Digimon fuertes. Devora rápido. No deja combate porque la mayoría ni siquiera alcanza a defenderse—.

Dainsleif apretó las garras con lentitud. Su mirada se endureció al comprender el patrón.

—Entonces no está cazando por estrategia —dijo Dainsleif— está cazando por hambre—.

Emile lo miró con un respeto breve, casi silencioso, antes de volver hacia Tatsuya.

—Exacto —respondió Emile— y la Central quiere eliminarlo antes de que evolucione. Porque si ya hizo esto siendo Child, no quiero imaginar qué pasará si alcanza una etapa superior—.

Tatsuya levantó la mirada hacia ella. Sus ojos se mantuvieron serenos sobre el cubrebocas, pero la leve tensión en sus hombros dejaba claro que la pregunta no era casual.

—¿Por qué yo? —preguntó, ladeando apenas la cabeza.

Emile soltó una risa seca. Luego apoyó una mano en la mesa y se inclinó hacia él con una sonrisa afilada.

—Porque Lynette sugirió que esto podía servirte para entender mejor lo que estás intentando enfrentar con Sung Hae-In —dijo Emile, sosteniéndole la mirada— y porque, aunque me reviente admitirlo, tú y tus Digimon tienen más probabilidades de sobrevivir a un Arkadimon que la mayoría de los equipos disponibles—.

Tatsuya sostuvo su mirada sin moverse. Sus dedos se cerraron apenas dentro del bolsillo de su chaqueta.

—No es una misión de captura —dijo, con voz baja.

Emile se enderezó frente a él. La sonrisa desapareció de su rostro, reemplazada por una seriedad absoluta.

—No —respondió, firme— es una misión de eliminación—.

Dvalin bajó la cabeza. Sus alas se encogieron de nuevo, como si la palabra "eliminación" hubiera vuelto más pesado el aire de la sala.

Dainsleif apretó las garras, pero no dijo nada.

Tatsuya observó otra vez el mapa. Las aldeas marcadas formaban un patrón irregular, pero no aleatorio. Había una dirección. Un movimiento. Un hambre que se desplazaba hacia zonas más pobladas.

—Si sigue esa ruta, la próxima aldea será Hojarasca Gris —dijo Tatsuya, señalando un punto del mapa sin tocar la proyección.

Emile arqueó una ceja. Luego inclinó ligeramente la cabeza hacia el punto señalado, comprobando el cálculo.

—Lo notaste rápido —dijo, cruzándose de brazos otra vez.

Tatsuya apartó la mano del mapa con tranquilidad.

—No es difícil —contestó sobandose la barbilla— solo hay que pensar como algo que busca comida—.

Emile torció la boca, entre fastidiada e incómodamente impresionada.

—Qué frase tan encantadora —dijo, enderezándose— de verdad, Kamisato, algún día deberías aprender a sonar menos como villano—.

Tatsuya volvió a meter ambas manos en los bolsillos.

—No prometo nada —respondió, sin cambiar el tono.

Emile cerró los ojos un segundo, como si estuviera contando mentalmente hasta diez para no responderle con algo peor.

—Eres insoportable —dijo, soltando el aire por la nariz.

Tatsuya apenas ladeó la cabeza.

—Me lo dicen seguido —respondió con un suspiro.

Emile abrió los ojos y le apuntó con la carpeta, como si aquello confirmara exactamente su punto.

—Y aun así no mejoras —replicó ella— escucha bien. No lo subestimes. Que sea Child no significa nada. El aguijón de Arkadimon puede matar a un Adult si conecta bien, puede herir a niveles superiores, puede absorber data con solo alcanzarlos. No pelees como si estuvieras enfrentando a un enemigo pequeño—.

Dainsleif bajó ligeramente la cabeza con seriedad. Sus ojos no se apartaron del mapa.

—Entendido —dijo, firme.

Dvalin tragó saliva. Luego abrió un poco las alas, intentando parecer más decidido de lo que se sentía.

—No dejaré que se acerque a ustedes —dijo, levantando la mirada.

Emile lo miró y por un instante su expresión se volvió cálida. Dio un paso hacia él y se inclinó un poco, bajando la voz.

—Tú mantente vivo, pequeñín —dijo Emile, dedicándole una sonrisa suave— ya con eso ayudas bastante—.

Dvalin parpadeó, sorprendido por el tono. Luego asintió con fuerza, aunque no pudo evitar esconderse un poco más detrás de Dainsleif.

Tatsuya tomó la copia digital del informe y la guardó en su dispositivo. Después miró una última vez los puntos rojos del mapa.

—Partimos ahora —dijo, girándose hacia la salida.

Emile cerró la carpeta con un golpe seco.

—Eso esperaba —respondió, siguiendo su movimiento con la mirada. Tatsuya ya estaba por salir cuando Emile dio un paso adelante. Su voz perdió la aspereza burlona de antes —Kamisato —lo llamó, seria.

Él se detuvo sin girarse por completo. Solo movió los ojos hacia ella por encima del cubrebocas.

—¿Qué? —preguntó, inmóvil junto a la puerta.

Emile bajó la voz. La energía provocadora se apagó, dejando solo una advertencia pesada.

—Si esta misión te ayuda a entender algo sobre Sung y su Arkadimon, más te vale que aprendas bien —dijo Emile, mirándolo de lado— porque si estás pensando ayudar a una chica con un monstruo así a su lado, no puedes darte el lujo de improvisar—.

Tatsuya no respondió de inmediato. Sus ojos, visibles sobre el cubrebocas, se afilaron apenas.

—Improvisar es lo que hago cuando el plan ya funcionó —dijo al final, retomando el paso hacia la puerta.

Emile cerró los ojos con fastidio. Luego se llevó una mano al rostro, claramente luchando contra las ganas de seguir discutiendo.

—Eres repulsivamente arrogante —soltó, bajando la mano.

Tatsuya siguió caminando sin mirar atrás.

—También me lo dicen seguido —respondió, cruzando el umbral.

Dainsleif lo siguió sin dudar. Antes de salir, inclinó apenas la cabeza hacia Emile.

—Lo mantendremos con vida —dijo Dainsleif, pasando junto a ella.

Emile se cruzó de brazos otra vez, pero su expresión se suavizó apenas.

—Más les vale —respondió— no quiero llenar tres formularios por culpa de su estupidez colectiva—.

Dvalin miró una última vez a Emile. Aunque el ambiente seguía pesado, intentó sonreírle.

—Volveremos —dijo, dando un pequeño paso hacia la puerta.

Emile le levantó el pulgar. La sonrisa que le dedicó fue mucho más amable que cualquiera de las que había mostrado frente a Tatsuya.

—Eso espero, ternurita —dijo todavía sonriente— y trae de vuelta a esos dos tercos, ¿sí?—.

Dvalin asintió con fuerza antes de correr tras Tatsuya y Dainsleif. Sus pequeñas garras resonaron contra el suelo del pasillo hasta perderse en la distancia.
Cuando la puerta se cerró, Emile se quedó unos segundos en silencio. Luego miró el mapa de West Forest. Los puntos rojos seguían brillando como heridas abiertas sobre la superficie holográfica. Su expresión perdió todo rastro de burla.

—Ojalá Lynette tenga razón contigo, Kamisato —murmuró Emile, apoyando una mano sobre la mesa— porque si no, esto va a ponerse horrible—.

 
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West Forest recibió al grupo con un silencio antinatural. No era la calma de un bosque dormido ni el murmullo normal de hojas agitadas por el viento. Era un vacío. Un hueco extendido entre troncos enormes, raíces cubiertas de musgo y senderos donde no se escuchaban pasos de Digimon pequeños ni cantos de aves digitales.

Dvalin fue el primero en notarlo.

—No hay ruido —dijo, bajando la voz mientras sus pequeñas alas se pegaban más a su cuerpo.

Dainsleif caminaba unos pasos delante de él, con las garras flexionadas y la mirada fija entre los árboles.

—Los Digimon se fueron —respondió, olfateando ligeramente el aire— O algo los hizo esconderse—.

Tatsuya avanzaba al frente, revisando el mapa holográfico cada pocos minutos. El brillo del dispositivo iluminaba sus ojos por encima del cubrebocas.

—Ambas opciones son malas —dijo, cerrando la proyección con un movimiento seco de los dedos.

Dvalin tragó saliva y miró hacia las copas de los árboles. Las ramas se mecían apenas, pero ninguna criatura se movía entre ellas.

—No me gusta este lugar —murmuró, acercándose un poco más a Dainsleif.

—No tiene que gustarte —respondió Dainsleif, sin apartar la vista del frente— solo tienes que prestar atención—.

Tatsuya levantó una mano, indicando silencio. Dainsleif se detuvo al instante Y Dvalin contuvo la respiración.

Durante unos segundos no se escuchó nada más que el crujido lejano de una rama. Luego, Tatsuya señaló el suelo. Había restos de data dispersos entre las raíces, tan finos que parecían polvo brillante.

—Primer rastro —dijo, agachándose frente a las partículas.

Dainsleif se inclinó a su lado. Sus ojos siguieron la línea de residuos hasta perderla entre los arbustos.

—Está degradada —dijo, tocando el suelo con una garra— No es reciente, pero tampoco vieja—.

Dvalin bajó un poco la cabeza, observando las partículas con incomodidad.

—¿Eso era… alguien? —preguntó, moviendo apenas las alas.


Tatsuya no respondió de inmediato. Se agachó frente a las partículas y las observó en silencio, cuidando de no tocarlas. El polvo de data brillaba débilmente entre las raíces, disperso y quebrado, como si apenas conservara la huella de lo que alguna vez había sido.

—Probablemente —dijo al fin, levantándose despacio.

Dvalin apartó la mirada. Sus dedos se cerraron con fuerza contra la tierra húmeda.

—Entonces sí pasó por aquí —murmuró, con la voz más pequeña.


Dainsleif se incorporó y miró hacia el interior del bosque.

—Y no pasó solo caminando —
dijo, frunciendo el ceño.

Tatsuya siguió su mirada. Entre dos árboles había marcas profundas. No eran huellas comunes. Eran cortes cortos, violentos, como si algo se hubiera impulsado con fuerza sobre el terreno antes de saltar.

—Esos cortes los hizo a una velocidad alta —
dijo Tatsuya, acercándose a las marcas.

Dainsleif pasó una garra sobre una de ellas, sin tocarla del todo.

—Demasiado alta para un Child normal —añadió, endureciendo la mirada.

—Arkadimon no es normal —respondió Tatsuya, sin dejar de obsevar el siniestro provocado por ese Digimon

Dvalin levantó la cabeza.

—Emile dijo que no debíamos subestimarlo —dijo, intentando sonar firme.

Tatsuya lo miró de reojo.

—Entonces no lo hagas —respondió, retomando el camino.

El grupo siguió avanzando hasta llegar a la primera aldea destruida antes del mediodía. O al menos, a lo que quedaba de ella.

Hojarasca Menor había sido una comunidad de Digimon pacíficos. Pequeñas casas hechas entre raíces, puentes de cuerda, almacenes de fruta digital y un pozo central donde los habitantes solían reunirse. Ahora solo quedaban estructuras vacías. Puertas abiertas. Cestas tiradas. Herramientas sobre mesas, como si sus dueños hubieran desaparecido a mitad de una tarea.

No había sangre, no había cuerpos. Solo polvo de data flotando en algunos rincones.

Dvalin se quedó inmóvil al ver una pequeña pelota de madera junto a una casa. La miró durante varios segundos antes de atreverse a hablar.

—Aquí vivían niños —susurró, apretando sus garras.

Dainsleif no respondió. Se agachó y tocó el suelo con una garra, siguiendo varias marcas finas alrededor de la plaza central.

Tatsuya caminó hacia una mesa derribada. Sobre ella todavía había frutas cortadas, ya empezando a descomponerse en datos.

—No hubo evacuación —dijo, observando los objetos abandonados.

Dvalin se giró hacia él con inquietud.

—¿Cómo lo sabes? —preguntó, dando un paso entre los restos.

Tatsuya señaló las casas abiertas, las herramientas sobre las mesas y las bolsas sin recoger.

—Nadie deja todo así si tiene tiempo de huir —respondió, mirando hacia una de las puertas rotas.

Dainsleif se levantó despacio. Sus garras estaban manchadas con polvo digital.

—Fue rápido —dijo, mirando el centro de la aldea— muy rápido—.

Tatsuya se acercó a él.

—¿Persecución? —
preguntó, inclinándose para observar las marcas.

Dainsleif negó con la cabeza. Su expresión se volvió más dura.

—No —respondió con seriedad — realizó ataques breves. Entró, golpeó, saltó, volvió a golpear. No dio tiempo a organizar defensa—.

Dvalin miró alrededor con angustia. Sus ojos se detuvieron en varias puertas cerradas desde dentro.

—¿Ni siquiera pudieron esconderse? —preguntó, apretando las pequeñas garras.

Tatsuya caminó hacia una de las casas. La pared trasera tenía un agujero pequeño, redondo, rodeado de data cristalizada.

—Algunos lo intentaron —dijo, agachándose frente a la marca.

Dainsleif se acercó a su lado y observó el borde perforado.

—Aquí utilizó su guijón —dijo, bajando la voz.

Tatsuya asintió. Sus ojos se afilaron al imaginar la trayectoria del ataque.

—Atravesó la pared para alcanzar a alguien escondido detrás —
dijo, pasando los dedos cerca del agujero sin tocarlo.

Dvalin retrocedió medio paso. Sus alas temblaron apenas.

—Eso es horrible —murmuró, mirando la casa vacía.

Dainsleif apretó las garras.

—No está cazando enemigos —dijo, girándose hacia la plaza— está cazando comida—.


Tatsuya no respondió. Avanzó hacia el centro de la aldea y se detuvo junto al pozo vacío. Sus ojos recorrieron las puertas abiertas, las mesas abandonadas, las marcas en el suelo y los restos de data que flotaban entre las casas. Dainsleif lo siguió unos pasos atrás, atento a cualquier movimiento entre los tejados.

—No hubo una pelea —dijo Tatsuya, bajando la mirada hacia los surcos marcados en la tierra.

Dvalin se abrazó a sí mismo con las alas, incómodo ante el silencio del lugar.

—Entonces… ¿qué fue esto? —preguntó, mirando las casas vacías.

Tatsuya tardó un segundo en responder. Sus ojos se quedaron fijos en los restos de data suspendidos en el aire.

—Una comida —dijo, con voz baja.

Durante casi una hora revisaron el lugar. Siguieron las marcas dejadas en la madera, la tierra removida, las puertas atravesadas y los residuos de data pegados a las paredes. Cada rastro contaba una parte de lo ocurrido.
Dainsleif encontró cortes profundos cerca de los accesos principales, como si algo hubiera entrado y salido de las casas con movimientos bruscos. Dvalin, con más cuidado, halló pequeñas acumulaciones de data detrás de algunos muebles volcados, lugares donde varios Digimon seguramente intentaron esconderse.

Ningún rastro mostraba una batalla larga. No había señales de resistencia organizada. No había barricadas reales. No había armas usadas más de una vez. Solo marcas rápidas, trayectorias cortas y residuos dispersos donde antes debieron estar los habitantes.

Dvalin se quedó frente a una puerta partida por la mitad. Sus ojos siguieron la línea del golpe hasta el interior de la casa.

—Entró por aquí —
dijo, tocando apenas el borde astillado con una garra temblorosa.

Dainsleif se acercó y observó el corte. Su mirada bajó luego hacia el suelo, donde había tres marcas profundas separadas por poca distancia.

—No caminó —dijo, flexionando las garras— saltó. De una casa a otra. De una presa a otra—.

Tatsuya miró hacia la plaza central. En su mente, las rutas empezaban a unirse: una sombra pequeña atravesando la aldea, ataques breves, gritos interrumpidos antes de convertirse en alarma, el aguijón alcanzando incluso a quienes intentaron ocultarse.

—La mayoría ni siquiera supo de dónde venía —
dijo, con los ojos entrecerrados.

Dvalin bajó las alas.

—Eso no parece una pelea contra un Child —murmuró, apartando la mirada.

Dainsleif observó una marca redonda en una pared cercana, rodeada de data cristalizada.

—Lo es —respondió, con la voz más grave— pero Emile tenía razón. El nivel no importa—.

Tatsuya miró hacia el borde norte de la aldea.

—Se alimentó aquí, luego se movió hacia el noroeste —dijo, caminando hacia la salida del asentamiento.

Dvalin lo siguió con cautela.

—¿Cómo lo sabes? —preguntó, intentando no pisar los restos de data.

Tatsuya señaló el suelo. Había una línea casi invisible de data residual extendiéndose entre los árboles.

—No absorbió todo —respondió, agachándose para observar el rastro— dejó migas—.

Dainsleif miró la ruta marcada por las partículas. Su expresión se ensombreció.

—¿Fue ntencional? —preguntó, mirando a Tatsuya.

Tatsuya negó ligeramente con la cabeza.

—No —contestó mirando el rastro — está saturado. Devora más de lo que puede procesar de inmediato—.

Dvalin levantó la cabeza. El miedo en sus ojos fue reemplazado por una comprensión todavía peor.

—Entonces… ¿está cerca de digievolucionar? —preguntó, con las alas tensas.

Tatsuya guardó silencio unos segundos. Luego cerró la proyección del mapa.

—Más cerca de lo que quisiéramos —respondió, poniéndose de pie.

Un crujido se escuchó entre los árboles. Dainsleif se puso frente a Tatsuya al instante, garras listas. Dvalin abrió las alas, preparando una corriente de viento. Tatsuya no se movió, pero su mano fue hacia el dispositivo en su cinturón.

—Algo viene —dijo Dainsleif, bajando el centro de gravedad.

Los arbustos se agitaron. Dvalin tragó saliva, pero no retrocedió.

—¿Es él? —susurró, concentrando viento alrededor de sus alas.

Tatsuya entrecerró los ojos, siguiendo el movimiento entre las hojas.

—No ataques hasta verlo —ordenó, sin levantar la voz.

De entre los arbustos salió un pequeño Floramon temblando.

—¡No ataquen! —gritó, cayendo al suelo con las manos sobre la cabeza.

Dvalin disipó el viento de golpe. Sus alas bajaron de inmediato.

—Está vivo… —dijo, dando un paso hacia él.

Dainsleif no bajó la guardia por completo. Sus garras seguían listas, aunque su postura se relajó apenas.

Tatsuya se acercó despacio al Floramon, manteniendo una distancia prudente para no asustarlo más.

—¿Eres de esta aldea? —preguntó, observándolo con atención.

Floramon negó con la cabeza, sacudiéndose. Su cuerpo temblaba tanto que algunas hojas de su cabeza dejaban caer pequeñas partículas.

—De la siguiente —respondió, mirando alrededor como si esperara que algo saltara desde las casas vacías—. Hojarasca Gris. Vine a traer fruta ayer, pero cuando llegué… cuando llegué ya no había nadie—.

Dvalin se agachó frente a él, intentando parecer menos intimidante.

—¿Viste qué pasó? —
preguntó, con cuidado.

Floramon apretó los ojos. Sus manos se cerraron contra la tierra.

—No todo —dijo, respirando con dificultad— me escondí. Vi algo entre los árboles. Era algo pequeño, algo que respiraba como si tuviera hambre—.

Dainsleif dio un paso hacia él, manteniendo la voz firme pero no agresiva.

—¿Lo viste irse? —preguntó, clavando una garra en el suelo.

Floramon asintió varias veces.

—Hacia nuestra aldea… pero se detuvo —respondió, levantando la mirada con angustia— como si hubiera sentido algo más grande. Luego cambió de dirección—.

Tatsuya frunció apenas el ceño. Sus dedos se movieron sobre el dispositivo, desplegando el mapa.

—Una concentración de data —dijo, revisando las rutas cercanas.

Floramon se aferró a una raíz. Sus ojos se llenaron de pánico.

—En Hojarasca Gris están reuniendo a todos para evacuar —dijo, casi tropezando con sus propias palabras— hay muchos Digimon juntos. Si esa cosa vuelve…

Dainsleif terminó la frase sin apartar la mirada del mapa.

—Será un banquete —dijo, endureciendo la voz.

Dvalin bajó la cabeza, pero enseguida apretó las garras y volvió a levantarla.

—Tenemos que avisarles —dijo, mirando a Tatsuya.

Tatsuya no respondió de inmediato. El mapa brilló frente a él. Hojarasca Gris estaba a varias horas siguiendo el sendero principal. Menos si cruzaban la zona pantanosa, pero eso los expondría a emboscadas y terreno inestable.

Dainsleif miró hacia la ruta más corta. Sus ojos se estrecharon.

—El pantano —dijo, entendiendo el cálculo.

Dvalin giró hacia él.

—¿Es peligroso? —preguntó, aunque la respuesta era evidente en su expresión.

Dainsleif flexionó las garras.

—Mucho —respondió con seriedad— por eso es más rápido—.

Tatsuya cerró el mapa y miró hacia el bosque.

—Dain, toma el rastro —ordenó, ajustando el D-Arc en su cinturón.

Dainsleif asintió y se adelantó unos pasos, olfateando el aire y observando las partículas residuales.

—Lo tengo —dijo, inclinándose hacia la línea de data.

Tatsuya levantó la vista hacia Dvalin.

—Dvalin, mantente arriba, pero no te alejes —
ordenó, señalando las copas de los árboles— si ves movimiento, no ataques solo—.

Dvalin abrió las alas. La seriedad de su rostro contrastaba con el temblor leve de su cuerpo.

—Entendido —respondió, elevándose con cuidado.

Floramon se quedó arrodillado junto a la raíz, mirando a los tres con desesperación.

—¿Van a matarlo? —preguntó, con la voz rota.

Tatsuya lo miró de reojo. Sus ojos no mostraron crueldad, pero tampoco duda.

—Vamos a impedir que llegue a tu aldea —
respondió, girándose hacia el rastro.

No fue una respuesta directa. Pero fue suficiente. Floramon bajó la cabeza y apretó los dientes, intentando contener el llanto.
Dainsleif comenzó a avanzar entre los árboles. Dvalin lo siguió desde arriba, sin alejarse demasiado. Tatsuya caminó detrás de ambos, con una mano cerca de su dispositivo y la mirada fija en el rastro brillante que se perdía en el corazón de West Forest. El bosque seguía en silencio.
Pero ahora ese silencio ya no parecía vacío, parecía estar esperando el siguiente ataque.

 
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El rastro los llevó a una segunda aldea. Esta no aparecía marcada en el informe inicial y eso significaba que la Central aún no sabía que había caído.
Tatsuya se detuvo al borde del asentamiento, oculto entre arbustos altos. No levantó la voz ni hizo señales innecesarias; solo alzó una mano con dos dedos extendidos, ordenando detenerse.
Dainsleif se agachó a su lado. Sus garras se hundieron apenas en la tierra húmeda, listas para impulsarse en cualquier dirección. Dvalin descendió sobre una rama baja. Se mantuvo con las alas abiertas a medias, mirando las casas desde arriba con una inquietud cada vez más difícil de ocultar.
La aldea era más pequeña que la anterior. Con casas circulares, lámparas de cristal, corrales abiertos y pequeños huertos de fruta digital rodeaban una plaza de tierra clara. Todo seguía en pie, pero no había nadie.

—Llegamos tarde —dijo Dvalin, con la voz quebrada.

Sus ojos recorrieron las puertas abiertas. En una de las entradas, una manta infantil colgaba a medio caer, movida apenas por el viento.

Dainsleif apretó las garras contra la tierra.

—No por mucho —respondió, olfateando el aire con cuidado.

Tatsuya observó el centro de la aldea. Una fogata seguía encendida. También había comida sobre una mesa. Una olla derramada aún soltaba vapor digital, deshaciéndose lentamente en pequeñas partículas.

—No tiene mucho, tal vez minutos —dijo, bajando la mano.

Dvalin se estremeció sobre la rama. Sus alas se plegaron de inmediato contra su cuerpo.

—Entonces puede seguir aquí —susurró, mirando hacia los tejados.

Como si el bosque hubiera escuchado su frase, algo cayó desde un techo cercano.

Un Kunemon, o lo que quedaba de él. Su cuerpo estaba intacto por fuera, pero vacío de data vital. Al tocar el suelo, se deshizo en partículas brillantes que se dispersaron sin sonido.

Dvalin retrocedió sobre la rama, perdiendo un poco el equilibrio.

—No… —murmuró, abriendo los ojos con horror.

Dainsleif se movió primero. Saltó hacia la derecha justo cuando una sombra blanca atravesó el espacio donde había estado su cuello. El golpe cortó el aire con un silbido agudo y dejó una marca profunda en el tronco detrás de él.
Tatsuya giró el cuerpo, evitando por poco una estocada dirigida a su abdomen. El aguijón de Arkadimon se clavó en el suelo a centímetros de sus botas y absorbió parte de la tierra digital en un parpadeo.

Dvalin abrió las alas de golpe.

—¡Tatsu! —gritó, descendiendo de la rama.

—¡Arriba! —ordenó Tatsuya, retrocediendo sin perder de vista la sombra.

Dvalin obedeció por instinto, aunque sus ojos seguían clavados en el punto donde el aguijón había impactado.

El Arkadimon Child apareció por primera vez ante ellos.

Era pequeño, mucho más de lo que la destrucción sugería. Su cuerpo blanco, delgado y antinatural tenía una postura baja, casi animal. Sus extremidades se flexionaban contra el suelo como resortes vivos. Sus ojos no mostraban inteligencia clara, solo una voracidad primitiva. El aguijón se movía detrás de él como una extremidad independiente, goteando restos de data.

Dainsleif se colocó frente a Tatsuya, con las garras abiertas.

—Atrás —dijo, sin apartar los ojos de la bestia.

Tatsuya dio medio paso hacia un costado. No huyó. Solo buscó una línea donde no estorbara a Dainsleif. Dvalin quedó suspendido a baja altura, temblando apenas.

Arkadimon no rugió, no amenazó, no dudó. Solo atacó. Se lanzó contra Dainsleif con velocidad brutal. El Hackmon cruzó sus garras para desviar el primer golpe, pero la fuerza del impacto lo empujó varios pasos hacia atrás. El aguijón buscó su costado de inmediato.

Dainsleif torció el cuerpo. La punta rozó apenas su coraza blanca y una chispa de data saltó del contacto. Hackmon gruñó y se apartó de un salto.

—Solo un roce y ya intenta absorber —dijo, apretando los dientes.

Tatsuya observó la marca dejada en la armadura de Dainsleif. Sus ojos se afilaron por encima del cubrebocas.

—No dejes que te toque de lleno —respondió, llevando la mano al D-Arc.

Dainsleif flexionó las garras otra vez.

—Eso intento —dijo, esquivando otro ataque por escasos centímetros.

Dvalin agitó las alas y reunió viento frente a él.

—¡Wind Slicer! —gritó, lanzando una ráfaga hacia Arkadimon.

El ataque impactó de lado, pero Arkadimon se agachó y se impulsó usando las cuatro extremidades. La ráfaga apenas lo desvió. En un instante estaba sobre Dvalin.

Tatsuya chasqueó la lengua.

—¡Dvalin, baja! —ordenó, alzando el D-Arc.

Dvalin cerró las alas y cayó justo cuando el aguijón pasó sobre su cabeza. Arkadimon giró en el aire de manera imposible, listo para rematarlo antes de que tocara el suelo.

Dainsleif embistió desde un costado.

—¡Baby Flame! —rugió, soltando una llamarada directa.

La llama golpeó a Arkadimon y lo lanzó contra una pared. La estructura se quebró por el impacto, levantando polvo y fragmentos de madera digital.

Dvalin cayó de pie con torpeza y sus alas se abrieron para recuperar equilibrio.

—Gracias —dijo, respirando rápido.

Dainsleif no miró hacia él. Sus ojos seguían fijos en el humo.

—No agradezcas todavía —respondió, bajando la postura.

Arkadimon salió del humo sin mostrar dolor real. Su cabeza se movió de forma espasmódica, como si estuviera oliendo algo invisible en el aire.
Luego miró a Tatsuya, no por hambre simple. Sino por prioridad.

Tatsuya se quedó inmóvil.

—Interesante —murmuró, bajando apenas la barbilla.

Dainsleif notó el cambio en la dirección de la mirada de Arkadimon.

—¿Qué pasa? —preguntó, moviéndose para cubrir de nuevo a su Tamer.

Tatsuya no apartó los ojos de la bestia.

—Siente la concentración de data de un Tamer y sus Digimon —respondió, acomodando el D-Arc en su mano— no está pensando, pero prioriza objetivos—.

Arkadimon saltó. No hacia Dainsleif, sino hacia Tatsuya. El Tamer se dejó caer de espaldas bajo el ataque. El aguijón pasó a centímetros de su rostro cubierto. Tatsuya rodó hacia un lado mientras el dragon blanco encapuchado clavaba las garras en el suelo y empujaba con todo su cuerpo para interceptar al enemigo.

Arkadimon giró y lo pateó en el pecho y Hackmon salió disparado contra una cerca, rompiéndola.

—¡Dainsleif! —gritó Dvalin, girando en el aire.

Dainsleif se levantó con esfuerzo. Sacudió fragmentos de madera de su hombro y volvió a abrir las garras.

—Estoy bien —gruñó, aunque su respiración sonó más pesada.


Tatsuya retrocedió hacia una casa, evaluando la distancia Arkadimon cayó sobre una pared lateral, se impulsó con las patas y volvió a cargar.

En ese instante Tatsuya sacó una carta: High Speed Plug-in H. Sus dedos la deslizaron por el lector del D-Arc con un movimiento rápido y preciso.
Un brillo breve recorrió las piernas de Dainsleif. Hackmon flexionó las garras y su cuerpo reaccionó con una aceleración repentina, justo a tiempo para desaparecer de la trayectoria del aguijón.

Arkadimon atravesó el espacio vacío frente a Tatsuya. Dainsleif reapareció a un lado de la bestia y la golpeó con ambas garras, desviándola hacia el suelo y la mantiz rodó sobre la tierra, pero se levantó de inmediato.

Dvalin abrió los ojos con sorpresa.

—Eso funcionó —dijo, batiendo las alas con más decisión.

Tatsuya guardó la carta usada sin apartar los ojos de Arkadimon.

—Por ahora —respondió con seriedad.

Arkadimon inclinó la cabeza, sus ojos se movieron entre los miembros del Trío Dinámico. Ya no atacaba completamente al azar, estaba aprendiendo. Y Dainsleif lo notó también.

—Se adapta demasiado rápido —dijo, flexionando las garras.

Tatsuya retrocedió otro paso, midiendo la aldea con la mirada.

—No podemos pelear aquí —dijo, observando los techos, paredes y callejones estrechos— hay demasiadas estructuras, puede usar cualquier ángulo—.

Dvalin miró las casas vacías. La idea de que la bestia pudiera salir desde cualquier puerta le hizo tensar las alas.

—Entonces lo sacamos —dijo, intentando mantener firme la voz.

Tatsuya negó ligeramente con la cabeza.

—No, lo hacemos seguirnos —respondio fríamente.

Dvalin giró hacia él, alarmado.

—¿Ser carnada? —preguntó, abriendo más los ojos.

Tatsuya levantó la vista hacia Arkadimon, que volvía a arquear el aguijón. Sus ojos no mostraban miedo, solo cálculo.

—Exacto —dijo asintiendo.

Dainsleif no discutió. Dio un paso al frente y se colocó entre Arkadimon y Tatsuya.

—Dvalin, altura media —ordenó Dainsleif, sin apartar la mirada de la bestia— hostígalo, pero no te expongas—.

Dvalin tragó saliva. Luego asintió y subió unos metros.

—Entendido —respondió, aunque su voz temblaba.

Tatsuya dio un paso atrás y Arkadimon lo siguió con la mirada. Luego el Kamisato volvió a sacar una carta, pero no la pasó por el lector todavía. Solo dejó que la bestia viera el movimiento, que notara la concentración de data y atención en él.

—Ven —dijo, con voz baja.

Arkadimon flexionó las patas, Dainsleif apretó las garras, Dvalin contuvo el aire y la bestia obedeció. Cruzó la plaza como una flecha blanca, arrastrando tras de sí el eco vacío de una aldea que ya había sido devorada.
 
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