Rango A La Bestia [Tatsuya Kamisato] Mission Accomplished

Gennai

Eclipse Dynasty Member
"La Bestia"​


- NPC involucrado: -
- Sinopsis: Hay una fuerte conmoción dentro de la Central de Digital City por los reportes que varias aldeas pacíficas ocultas a lo largo de West Forest y con las que había contacto han sido arrasadas en lo que puede considerarse un "genocidio" sin sangre. El patrón es el mismo: El lugar presente pocas (o nulas) señales de combate pero todos sus habitantes han desaparecido, dejando apenas residuos de data como prueba que alguna vez estuvieron ahí. La incertidumbre de no saber quién estaba llevando a cabo estas masacres de por sí era grave, pero todo ha empeorado cuando un equipo de reconocimento reportó haber avistado a un Arkadimon Child en el área. Una bestia tan peligrosa no puede ser ignorada, hay que cazarla y eliminarla cuanto antes
- Escenario: West Forest
- Objetivos:
  • Rastrear la ubicación de Arkadimon
  • Eliminarlo
  • De ser posible, evitar que arrase con otras aldeas
- Notas:
  • Quién lo avistó recopiló la mayor cantidad de información posible acerca de Arkadimon antes de que pudiera ser descubierto: El Digimon se encuentra solo y sus movimientos, reflejos e instintos son los de un depredador. No parece ser alguien racional
  • Según el reporte, Arkadimon se encuentra en un estado de "cacería" constante, devorando a todo Digimon que se le cruce de manera veloz y letalmente eficaz, a veces incluso sin darle tiempo a la presa de reaccionar. Es posible que esta sea la razón por la que las aldeas arrasadas casi no tienen señales de batalla
  • Sus instintos hacen que se sienta atraído por "concentraciones de data", es decir multitudes y Digimon de alto nivel, que pueden convertirse en un banquete. Lo más probable es que las aldeas cercanas a las atacadas puedan volverse objetivos próximamente. El perímetro de las aldeas es el mejor lugar para buscar
  • Enfrentar a un Arkadimon requiere extrema cautela y destreza. Son Digimon asesinos por naturaleza y en extremo poderosos, capaces de herir, absorber y matar Digimon de mayor tamaño son solo alcanzarlos con su aguijón. Que sea un Child es irrelevante, no deben subestimarlo
  • Aunque el reporte indicaba que estaba en su etapa Child, la enorme cantidad de Data devorada es una fuente de preocupación para la Central. Es altamente probable que evolucione pronto a este paso, haciéndolo aún más peligroso

Tamer: Tatsuya Kamisato

 
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La Central de Digital City no tenía su bullicio habitual. Los pasillos, normalmente llenos de Tamers entrando y saliendo con reportes, bromas y discusiones sobre recompensas, se sentían más pesados aquella mañana. Había grupos reunidos frente a pantallas de información, mapas digitales desplegados sobre mesas y operadores hablando en voz baja, como si levantar demasiado el tono pudiera hacer más real la amenaza que todos intentaban procesar.

Tatsuya Kamisato avanzó por el corredor principal con las manos en los bolsillos de su chaqueta. El cubrebocas le ocultaba medio rostro, dejando visibles solo sus ojos tranquilos, aunque más atentos de lo habitual. A su lado caminaba Dainsleif, el Hackmon de mirada firme, con las garras ligeramente tensas. Dvalin iba del otro lado, moviendo la cabeza de un lado a otro mientras observaba la inquietud de los presentes.

—Aquí huele raro —murmuró Dvalin, bajando un poco la voz mientras sus pequeñas alas se pegaban más a su cuerpo.

—No es olor —respondió Dainsleif, sin apartar la mirada del frente— es miedo—.

Tatsuya no dijo nada. Solo ladeó ligeramente la cabeza, observando cómo varios miembros de la Central evitaban mirarlo directamente al verlo pasar. No era extraño pues su nombre arrastraba demasiadas historias.
Al fondo del pasillo, junto a una sala de reuniones sellada, Sistermon Ciel esperaba con los brazos cruzados. Emile no tenía la compostura fría de otros agentes de la Central. Incluso en medio de un ambiente tenso, parecía irradiar energía, como si la incomodidad del lugar solo le diera más motivos para moverse, hablar y llenar el silencio con su presencia. Pero esta vez no estaba sonriendo.

—Llegas tarde, Kamisato —soltó Emile, clavándole los ojos apenas lo vio acercarse.

Tatsuya se detuvo frente a ella con calma. Sus ojos bajaron un instante hacia la carpeta que llevaba la Sistermon Ciel, antes de volver a su rostro.

—No me diste una hora exacta —respondió, manteniendo las manos dentro de los bolsillos.

Emile alzó una ceja. Luego inclinó el cuerpo hacia él y lo señaló con un dedo, como si estuviera regañando a alguien que ya la había hecho perder la paciencia demasiado pronto.

—Te dije "ven rápido". Eso, para cualquier persona con sentido común, significa no pasearte como si fueras a comprar té —replicó, chasqueando la lengua.

Dvalin se encogió un poco detrás de Dainsleif, apenas asomando la cabeza por un costado.

—Emile está de mal humor —susurró, mirando apenas por encima del hombro del Hackmon.

Dainsleif cruzó los brazos sin apartar la mirada de la Sistermon Ciel.

—Emile siempre está de mal humor con Tatsu —corrigió, manteniendo la seriedad mientras sus garras descansaban contra sus propios brazos.

La Sistermon Ciel los miró a ambos. Su expresión se suavizó por un segundo al ver a Dvalin, casi como si quisiera acercarse a darle una palmada en la cabeza. Sin embargo, se contuvo de inmediato, carraspeó y volvió a enfocar su atención en Tatsuya.

—Lynette me contó lo de Star City —dijo Emile, bajando la voz— también me dijo que iban hacia File por el asunto de Sung Hae-In y su Arkadimon—.

Los ojos de Tatsuya se entrecerraron apenas. Su postura siguió relajada, pero la forma en que inclinó la cabeza dejó claro que el comentario sí había llamado su atención.

—Lynette habla demasiado —murmuró, metiendo una mano más profundamente en el bolsillo de su chaqueta.

Emile golpeó suavemente la carpeta que llevaba contra el pecho. Su mirada se afiló, aunque en su tono todavía quedaba esa familiaridad áspera con la que solía tratarlo.

—Lynette se preocupa demasiado, que es distinto —respondió Emile— y antes de que empieces con tu actitud de "yo puedo resolverlo todo solo porque soy misterioso y tremendamente insufrible", tengo algo que darte—.

Tatsuya mantuvo silencio. Sus ojos apenas se movieron hacia la sala de reuniones sellada.

Dainsleif alzó un poco la mirada hacia Emile, como si ya esperara que aquel intercambio terminara en otra discusión innecesaria. Dvalin, por su parte, alternaba la vista entre ambos, cada vez más convencido de que la Sistermon Ciel disfrutaba provocando a su Tamer.

Emile abrió la carpeta y la colocó sobre la mesa holográfica de la sala. El mapa de West Forest apareció en el aire. Varias zonas estaban marcadas en rojo. Aldeas pequeñas, casi ocultas, conectadas por senderos antiguos y rutas de comercio local. Encima de cada punto aparecía la misma etiqueta: población desaparecida.

Dvalin abrió más los ojos. Sus alas se separaron un poco de su cuerpo, tensas por la impresión.

—¿Todas esas aldeas…? —preguntó, dando un paso involuntario hacia la mesa.

Emile asintió una sola vez. Su energía burlona se apagó lo suficiente para dejar ver la gravedad detrás del informe.

—Arrasadas —respondió, más seca que antes— sin cadáveres, sin sangre, sin señales claras de combate. Solo residuos de data—.

Dainsleif se acercó un paso al mapa. Sus garras rozaron la superficie de la mesa, aunque tuvo cuidado de no tocar la proyección.

—Absorción —dijo con gravedad, fijándose en los puntos rojos.

Emile cruzó los brazos mientras el brillo del mapa se reflejaba en su rostro.

—Eso creen los analistas —contestó Emile— y hace unas horas un equipo de reconocimiento avistó a un Arkadimon Child moviéndose por el perímetro sur de West Forest—.

La temperatura de la sala pareció bajar. Tatsuya no reaccionó de inmediato. Sus ojos se quedaron fijos en el mapa, pero su postura cambió ligeramente. Dainsleif lo notó. Dvalin también.
Emile señaló una zona boscosa del mapa. La punta de su dedo quedó suspendida sobre una línea de ruta marcada con símbolos de advertencia.

—Un Arkadimon Child solo —continuó Emile, sin apartar la vista de la proyección— moviéndose como depredador, no como Digimon racional. Ataca concentraciones de data: multitudes, aldeas, Digimon fuertes. Devora rápido. No deja combate porque la mayoría ni siquiera alcanza a defenderse—.

Dainsleif apretó las garras con lentitud. Su mirada se endureció al comprender el patrón.

—Entonces no está cazando por estrategia —dijo Dainsleif— está cazando por hambre—.

Emile lo miró con un respeto breve, casi silencioso, antes de volver hacia Tatsuya.

—Exacto —respondió Emile— y la Central quiere eliminarlo antes de que evolucione. Porque si ya hizo esto siendo Child, no quiero imaginar qué pasará si alcanza una etapa superior—.

Tatsuya levantó la mirada hacia ella. Sus ojos se mantuvieron serenos sobre el cubrebocas, pero la leve tensión en sus hombros dejaba claro que la pregunta no era casual.

—¿Por qué yo? —preguntó, ladeando apenas la cabeza.

Emile soltó una risa seca. Luego apoyó una mano en la mesa y se inclinó hacia él con una sonrisa afilada.

—Porque Lynette sugirió que esto podía servirte para entender mejor lo que estás intentando enfrentar con Sung Hae-In —dijo Emile, sosteniéndole la mirada— y porque, aunque me reviente admitirlo, tú y tus Digimon tienen más probabilidades de sobrevivir a un Arkadimon que la mayoría de los equipos disponibles—.

Tatsuya sostuvo su mirada sin moverse. Sus dedos se cerraron apenas dentro del bolsillo de su chaqueta.

—No es una misión de captura —dijo, con voz baja.

Emile se enderezó frente a él. La sonrisa desapareció de su rostro, reemplazada por una seriedad absoluta.

—No —respondió, firme— es una misión de eliminación—.

Dvalin bajó la cabeza. Sus alas se encogieron de nuevo, como si la palabra "eliminación" hubiera vuelto más pesado el aire de la sala.

Dainsleif apretó las garras, pero no dijo nada.

Tatsuya observó otra vez el mapa. Las aldeas marcadas formaban un patrón irregular, pero no aleatorio. Había una dirección. Un movimiento. Un hambre que se desplazaba hacia zonas más pobladas.

—Si sigue esa ruta, la próxima aldea será Hojarasca Gris —dijo Tatsuya, señalando un punto del mapa sin tocar la proyección.

Emile arqueó una ceja. Luego inclinó ligeramente la cabeza hacia el punto señalado, comprobando el cálculo.

—Lo notaste rápido —dijo, cruzándose de brazos otra vez.

Tatsuya apartó la mano del mapa con tranquilidad.

—No es difícil —contestó sobandose la barbilla— solo hay que pensar como algo que busca comida—.

Emile torció la boca, entre fastidiada e incómodamente impresionada.

—Qué frase tan encantadora —dijo, enderezándose— de verdad, Kamisato, algún día deberías aprender a sonar menos como villano—.

Tatsuya volvió a meter ambas manos en los bolsillos.

—No prometo nada —respondió, sin cambiar el tono.

Emile cerró los ojos un segundo, como si estuviera contando mentalmente hasta diez para no responderle con algo peor.

—Eres insoportable —dijo, soltando el aire por la nariz.

Tatsuya apenas ladeó la cabeza.

—Me lo dicen seguido —respondió con un suspiro.

Emile abrió los ojos y le apuntó con la carpeta, como si aquello confirmara exactamente su punto.

—Y aun así no mejoras —replicó ella— escucha bien. No lo subestimes. Que sea Child no significa nada. El aguijón de Arkadimon puede matar a un Adult si conecta bien, puede herir a niveles superiores, puede absorber data con solo alcanzarlos. No pelees como si estuvieras enfrentando a un enemigo pequeño—.

Dainsleif bajó ligeramente la cabeza con seriedad. Sus ojos no se apartaron del mapa.

—Entendido —dijo, firme.

Dvalin tragó saliva. Luego abrió un poco las alas, intentando parecer más decidido de lo que se sentía.

—No dejaré que se acerque a ustedes —dijo, levantando la mirada.

Emile lo miró y por un instante su expresión se volvió cálida. Dio un paso hacia él y se inclinó un poco, bajando la voz.

—Tú mantente vivo, pequeñín —dijo Emile, dedicándole una sonrisa suave— ya con eso ayudas bastante—.

Dvalin parpadeó, sorprendido por el tono. Luego asintió con fuerza, aunque no pudo evitar esconderse un poco más detrás de Dainsleif.

Tatsuya tomó la copia digital del informe y la guardó en su dispositivo. Después miró una última vez los puntos rojos del mapa.

—Partimos ahora —dijo, girándose hacia la salida.

Emile cerró la carpeta con un golpe seco.

—Eso esperaba —respondió, siguiendo su movimiento con la mirada. Tatsuya ya estaba por salir cuando Emile dio un paso adelante. Su voz perdió la aspereza burlona de antes —Kamisato —lo llamó, seria.

Él se detuvo sin girarse por completo. Solo movió los ojos hacia ella por encima del cubrebocas.

—¿Qué? —preguntó, inmóvil junto a la puerta.

Emile bajó la voz. La energía provocadora se apagó, dejando solo una advertencia pesada.

—Si esta misión te ayuda a entender algo sobre Sung y su Arkadimon, más te vale que aprendas bien —dijo Emile, mirándolo de lado— porque si estás pensando ayudar a una chica con un monstruo así a su lado, no puedes darte el lujo de improvisar—.

Tatsuya no respondió de inmediato. Sus ojos, visibles sobre el cubrebocas, se afilaron apenas.

—Improvisar es lo que hago cuando el plan ya funcionó —dijo al final, retomando el paso hacia la puerta.

Emile cerró los ojos con fastidio. Luego se llevó una mano al rostro, claramente luchando contra las ganas de seguir discutiendo.

—Eres repulsivamente arrogante —soltó, bajando la mano.

Tatsuya siguió caminando sin mirar atrás.

—También me lo dicen seguido —respondió, cruzando el umbral.

Dainsleif lo siguió sin dudar. Antes de salir, inclinó apenas la cabeza hacia Emile.

—Lo mantendremos con vida —dijo Dainsleif, pasando junto a ella.

Emile se cruzó de brazos otra vez, pero su expresión se suavizó apenas.

—Más les vale —respondió— no quiero llenar tres formularios por culpa de su estupidez colectiva—.

Dvalin miró una última vez a Emile. Aunque el ambiente seguía pesado, intentó sonreírle.

—Volveremos —dijo, dando un pequeño paso hacia la puerta.

Emile le levantó el pulgar. La sonrisa que le dedicó fue mucho más amable que cualquiera de las que había mostrado frente a Tatsuya.

—Eso espero, ternurita —dijo todavía sonriente— y trae de vuelta a esos dos tercos, ¿sí?—.

Dvalin asintió con fuerza antes de correr tras Tatsuya y Dainsleif. Sus pequeñas garras resonaron contra el suelo del pasillo hasta perderse en la distancia.
Cuando la puerta se cerró, Emile se quedó unos segundos en silencio. Luego miró el mapa de West Forest. Los puntos rojos seguían brillando como heridas abiertas sobre la superficie holográfica. Su expresión perdió todo rastro de burla.

—Ojalá Lynette tenga razón contigo, Kamisato —murmuró Emile, apoyando una mano sobre la mesa— porque si no, esto va a ponerse horrible—.

 
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West Forest recibió al grupo con un silencio antinatural. No era la calma de un bosque dormido ni el murmullo normal de hojas agitadas por el viento. Era un vacío. Un hueco extendido entre troncos enormes, raíces cubiertas de musgo y senderos donde no se escuchaban pasos de Digimon pequeños ni cantos de aves digitales.

Dvalin fue el primero en notarlo.

—No hay ruido —dijo, bajando la voz mientras sus pequeñas alas se pegaban más a su cuerpo.

Dainsleif caminaba unos pasos delante de él, con las garras flexionadas y la mirada fija entre los árboles.

—Los Digimon se fueron —respondió, olfateando ligeramente el aire— O algo los hizo esconderse—.

Tatsuya avanzaba al frente, revisando el mapa holográfico cada pocos minutos. El brillo del dispositivo iluminaba sus ojos por encima del cubrebocas.

—Ambas opciones son malas —dijo, cerrando la proyección con un movimiento seco de los dedos.

Dvalin tragó saliva y miró hacia las copas de los árboles. Las ramas se mecían apenas, pero ninguna criatura se movía entre ellas.

—No me gusta este lugar —murmuró, acercándose un poco más a Dainsleif.

—No tiene que gustarte —respondió Dainsleif, sin apartar la vista del frente— solo tienes que prestar atención—.

Tatsuya levantó una mano, indicando silencio. Dainsleif se detuvo al instante Y Dvalin contuvo la respiración.

Durante unos segundos no se escuchó nada más que el crujido lejano de una rama. Luego, Tatsuya señaló el suelo. Había restos de data dispersos entre las raíces, tan finos que parecían polvo brillante.

—Primer rastro —dijo, agachándose frente a las partículas.

Dainsleif se inclinó a su lado. Sus ojos siguieron la línea de residuos hasta perderla entre los arbustos.

—Está degradada —dijo, tocando el suelo con una garra— No es reciente, pero tampoco vieja—.

Dvalin bajó un poco la cabeza, observando las partículas con incomodidad.

—¿Eso era… alguien? —preguntó, moviendo apenas las alas.


Tatsuya no respondió de inmediato. Se agachó frente a las partículas y las observó en silencio, cuidando de no tocarlas. El polvo de data brillaba débilmente entre las raíces, disperso y quebrado, como si apenas conservara la huella de lo que alguna vez había sido.

—Probablemente —dijo al fin, levantándose despacio.

Dvalin apartó la mirada. Sus dedos se cerraron con fuerza contra la tierra húmeda.

—Entonces sí pasó por aquí —murmuró, con la voz más pequeña.


Dainsleif se incorporó y miró hacia el interior del bosque.

—Y no pasó solo caminando —
dijo, frunciendo el ceño.

Tatsuya siguió su mirada. Entre dos árboles había marcas profundas. No eran huellas comunes. Eran cortes cortos, violentos, como si algo se hubiera impulsado con fuerza sobre el terreno antes de saltar.

—Esos cortes los hizo a una velocidad alta —
dijo Tatsuya, acercándose a las marcas.

Dainsleif pasó una garra sobre una de ellas, sin tocarla del todo.

—Demasiado alta para un Child normal —añadió, endureciendo la mirada.

—Arkadimon no es normal —respondió Tatsuya, sin dejar de obsevar el siniestro provocado por ese Digimon

Dvalin levantó la cabeza.

—Emile dijo que no debíamos subestimarlo —dijo, intentando sonar firme.

Tatsuya lo miró de reojo.

—Entonces no lo hagas —respondió, retomando el camino.

El grupo siguió avanzando hasta llegar a la primera aldea destruida antes del mediodía. O al menos, a lo que quedaba de ella.

Hojarasca Menor había sido una comunidad de Digimon pacíficos. Pequeñas casas hechas entre raíces, puentes de cuerda, almacenes de fruta digital y un pozo central donde los habitantes solían reunirse. Ahora solo quedaban estructuras vacías. Puertas abiertas. Cestas tiradas. Herramientas sobre mesas, como si sus dueños hubieran desaparecido a mitad de una tarea.

No había sangre, no había cuerpos. Solo polvo de data flotando en algunos rincones.

Dvalin se quedó inmóvil al ver una pequeña pelota de madera junto a una casa. La miró durante varios segundos antes de atreverse a hablar.

—Aquí vivían niños —susurró, apretando sus garras.

Dainsleif no respondió. Se agachó y tocó el suelo con una garra, siguiendo varias marcas finas alrededor de la plaza central.

Tatsuya caminó hacia una mesa derribada. Sobre ella todavía había frutas cortadas, ya empezando a descomponerse en datos.

—No hubo evacuación —dijo, observando los objetos abandonados.

Dvalin se giró hacia él con inquietud.

—¿Cómo lo sabes? —preguntó, dando un paso entre los restos.

Tatsuya señaló las casas abiertas, las herramientas sobre las mesas y las bolsas sin recoger.

—Nadie deja todo así si tiene tiempo de huir —respondió, mirando hacia una de las puertas rotas.

Dainsleif se levantó despacio. Sus garras estaban manchadas con polvo digital.

—Fue rápido —dijo, mirando el centro de la aldea— muy rápido—.

Tatsuya se acercó a él.

—¿Persecución? —
preguntó, inclinándose para observar las marcas.

Dainsleif negó con la cabeza. Su expresión se volvió más dura.

—No —respondió con seriedad — realizó ataques breves. Entró, golpeó, saltó, volvió a golpear. No dio tiempo a organizar defensa—.

Dvalin miró alrededor con angustia. Sus ojos se detuvieron en varias puertas cerradas desde dentro.

—¿Ni siquiera pudieron esconderse? —preguntó, apretando las pequeñas garras.

Tatsuya caminó hacia una de las casas. La pared trasera tenía un agujero pequeño, redondo, rodeado de data cristalizada.

—Algunos lo intentaron —dijo, agachándose frente a la marca.

Dainsleif se acercó a su lado y observó el borde perforado.

—Aquí utilizó su guijón —dijo, bajando la voz.

Tatsuya asintió. Sus ojos se afilaron al imaginar la trayectoria del ataque.

—Atravesó la pared para alcanzar a alguien escondido detrás —
dijo, pasando los dedos cerca del agujero sin tocarlo.

Dvalin retrocedió medio paso. Sus alas temblaron apenas.

—Eso es horrible —murmuró, mirando la casa vacía.

Dainsleif apretó las garras.

—No está cazando enemigos —dijo, girándose hacia la plaza— está cazando comida—.


Tatsuya no respondió. Avanzó hacia el centro de la aldea y se detuvo junto al pozo vacío. Sus ojos recorrieron las puertas abiertas, las mesas abandonadas, las marcas en el suelo y los restos de data que flotaban entre las casas. Dainsleif lo siguió unos pasos atrás, atento a cualquier movimiento entre los tejados.

—No hubo una pelea —dijo Tatsuya, bajando la mirada hacia los surcos marcados en la tierra.

Dvalin se abrazó a sí mismo con las alas, incómodo ante el silencio del lugar.

—Entonces… ¿qué fue esto? —preguntó, mirando las casas vacías.

Tatsuya tardó un segundo en responder. Sus ojos se quedaron fijos en los restos de data suspendidos en el aire.

—Una comida —dijo, con voz baja.

Durante casi una hora revisaron el lugar. Siguieron las marcas dejadas en la madera, la tierra removida, las puertas atravesadas y los residuos de data pegados a las paredes. Cada rastro contaba una parte de lo ocurrido.
Dainsleif encontró cortes profundos cerca de los accesos principales, como si algo hubiera entrado y salido de las casas con movimientos bruscos. Dvalin, con más cuidado, halló pequeñas acumulaciones de data detrás de algunos muebles volcados, lugares donde varios Digimon seguramente intentaron esconderse.

Ningún rastro mostraba una batalla larga. No había señales de resistencia organizada. No había barricadas reales. No había armas usadas más de una vez. Solo marcas rápidas, trayectorias cortas y residuos dispersos donde antes debieron estar los habitantes.

Dvalin se quedó frente a una puerta partida por la mitad. Sus ojos siguieron la línea del golpe hasta el interior de la casa.

—Entró por aquí —
dijo, tocando apenas el borde astillado con una garra temblorosa.

Dainsleif se acercó y observó el corte. Su mirada bajó luego hacia el suelo, donde había tres marcas profundas separadas por poca distancia.

—No caminó —dijo, flexionando las garras— saltó. De una casa a otra. De una presa a otra—.

Tatsuya miró hacia la plaza central. En su mente, las rutas empezaban a unirse: una sombra pequeña atravesando la aldea, ataques breves, gritos interrumpidos antes de convertirse en alarma, el aguijón alcanzando incluso a quienes intentaron ocultarse.

—La mayoría ni siquiera supo de dónde venía —
dijo, con los ojos entrecerrados.

Dvalin bajó las alas.

—Eso no parece una pelea contra un Child —murmuró, apartando la mirada.

Dainsleif observó una marca redonda en una pared cercana, rodeada de data cristalizada.

—Lo es —respondió, con la voz más grave— pero Emile tenía razón. El nivel no importa—.

Tatsuya miró hacia el borde norte de la aldea.

—Se alimentó aquí, luego se movió hacia el noroeste —dijo, caminando hacia la salida del asentamiento.

Dvalin lo siguió con cautela.

—¿Cómo lo sabes? —preguntó, intentando no pisar los restos de data.

Tatsuya señaló el suelo. Había una línea casi invisible de data residual extendiéndose entre los árboles.

—No absorbió todo —respondió, agachándose para observar el rastro— dejó migas—.

Dainsleif miró la ruta marcada por las partículas. Su expresión se ensombreció.

—¿Fue ntencional? —preguntó, mirando a Tatsuya.

Tatsuya negó ligeramente con la cabeza.

—No —contestó mirando el rastro — está saturado. Devora más de lo que puede procesar de inmediato—.

Dvalin levantó la cabeza. El miedo en sus ojos fue reemplazado por una comprensión todavía peor.

—Entonces… ¿está cerca de digievolucionar? —preguntó, con las alas tensas.

Tatsuya guardó silencio unos segundos. Luego cerró la proyección del mapa.

—Más cerca de lo que quisiéramos —respondió, poniéndose de pie.

Un crujido se escuchó entre los árboles. Dainsleif se puso frente a Tatsuya al instante, garras listas. Dvalin abrió las alas, preparando una corriente de viento. Tatsuya no se movió, pero su mano fue hacia el dispositivo en su cinturón.

—Algo viene —dijo Dainsleif, bajando el centro de gravedad.

Los arbustos se agitaron. Dvalin tragó saliva, pero no retrocedió.

—¿Es él? —susurró, concentrando viento alrededor de sus alas.

Tatsuya entrecerró los ojos, siguiendo el movimiento entre las hojas.

—No ataques hasta verlo —ordenó, sin levantar la voz.

De entre los arbustos salió un pequeño Floramon temblando.

—¡No ataquen! —gritó, cayendo al suelo con las manos sobre la cabeza.

Dvalin disipó el viento de golpe. Sus alas bajaron de inmediato.

—Está vivo… —dijo, dando un paso hacia él.

Dainsleif no bajó la guardia por completo. Sus garras seguían listas, aunque su postura se relajó apenas.

Tatsuya se acercó despacio al Floramon, manteniendo una distancia prudente para no asustarlo más.

—¿Eres de esta aldea? —preguntó, observándolo con atención.

Floramon negó con la cabeza, sacudiéndose. Su cuerpo temblaba tanto que algunas hojas de su cabeza dejaban caer pequeñas partículas.

—De la siguiente —respondió, mirando alrededor como si esperara que algo saltara desde las casas vacías—. Hojarasca Gris. Vine a traer fruta ayer, pero cuando llegué… cuando llegué ya no había nadie—.

Dvalin se agachó frente a él, intentando parecer menos intimidante.

—¿Viste qué pasó? —
preguntó, con cuidado.

Floramon apretó los ojos. Sus manos se cerraron contra la tierra.

—No todo —dijo, respirando con dificultad— me escondí. Vi algo entre los árboles. Era algo pequeño, algo que respiraba como si tuviera hambre—.

Dainsleif dio un paso hacia él, manteniendo la voz firme pero no agresiva.

—¿Lo viste irse? —preguntó, clavando una garra en el suelo.

Floramon asintió varias veces.

—Hacia nuestra aldea… pero se detuvo —respondió, levantando la mirada con angustia— como si hubiera sentido algo más grande. Luego cambió de dirección—.

Tatsuya frunció apenas el ceño. Sus dedos se movieron sobre el dispositivo, desplegando el mapa.

—Una concentración de data —dijo, revisando las rutas cercanas.

Floramon se aferró a una raíz. Sus ojos se llenaron de pánico.

—En Hojarasca Gris están reuniendo a todos para evacuar —dijo, casi tropezando con sus propias palabras— hay muchos Digimon juntos. Si esa cosa vuelve…

Dainsleif terminó la frase sin apartar la mirada del mapa.

—Será un banquete —dijo, endureciendo la voz.

Dvalin bajó la cabeza, pero enseguida apretó las garras y volvió a levantarla.

—Tenemos que avisarles —dijo, mirando a Tatsuya.

Tatsuya no respondió de inmediato. El mapa brilló frente a él. Hojarasca Gris estaba a varias horas siguiendo el sendero principal. Menos si cruzaban la zona pantanosa, pero eso los expondría a emboscadas y terreno inestable.

Dainsleif miró hacia la ruta más corta. Sus ojos se estrecharon.

—El pantano —dijo, entendiendo el cálculo.

Dvalin giró hacia él.

—¿Es peligroso? —preguntó, aunque la respuesta era evidente en su expresión.

Dainsleif flexionó las garras.

—Mucho —respondió con seriedad— por eso es más rápido—.

Tatsuya cerró el mapa y miró hacia el bosque.

—Dain, toma el rastro —ordenó, ajustando el D-Arc en su cinturón.

Dainsleif asintió y se adelantó unos pasos, olfateando el aire y observando las partículas residuales.

—Lo tengo —dijo, inclinándose hacia la línea de data.

Tatsuya levantó la vista hacia Dvalin.

—Dvalin, mantente arriba, pero no te alejes —
ordenó, señalando las copas de los árboles— si ves movimiento, no ataques solo—.

Dvalin abrió las alas. La seriedad de su rostro contrastaba con el temblor leve de su cuerpo.

—Entendido —respondió, elevándose con cuidado.

Floramon se quedó arrodillado junto a la raíz, mirando a los tres con desesperación.

—¿Van a matarlo? —preguntó, con la voz rota.

Tatsuya lo miró de reojo. Sus ojos no mostraron crueldad, pero tampoco duda.

—Vamos a impedir que llegue a tu aldea —
respondió, girándose hacia el rastro.

No fue una respuesta directa. Pero fue suficiente. Floramon bajó la cabeza y apretó los dientes, intentando contener el llanto.
Dainsleif comenzó a avanzar entre los árboles. Dvalin lo siguió desde arriba, sin alejarse demasiado. Tatsuya caminó detrás de ambos, con una mano cerca de su dispositivo y la mirada fija en el rastro brillante que se perdía en el corazón de West Forest. El bosque seguía en silencio.
Pero ahora ese silencio ya no parecía vacío, parecía estar esperando el siguiente ataque.

 
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El rastro los llevó a una segunda aldea. Esta no aparecía marcada en el informe inicial y eso significaba que la Central aún no sabía que había caído.
Tatsuya se detuvo al borde del asentamiento, oculto entre arbustos altos. No levantó la voz ni hizo señales innecesarias; solo alzó una mano con dos dedos extendidos, ordenando detenerse.
Dainsleif se agachó a su lado. Sus garras se hundieron apenas en la tierra húmeda, listas para impulsarse en cualquier dirección. Dvalin descendió sobre una rama baja. Se mantuvo con las alas abiertas a medias, mirando las casas desde arriba con una inquietud cada vez más difícil de ocultar.
La aldea era más pequeña que la anterior. Con casas circulares, lámparas de cristal, corrales abiertos y pequeños huertos de fruta digital rodeaban una plaza de tierra clara. Todo seguía en pie, pero no había nadie.

—Llegamos tarde —dijo Dvalin, con la voz quebrada.

Sus ojos recorrieron las puertas abiertas. En una de las entradas, una manta infantil colgaba a medio caer, movida apenas por el viento.

Dainsleif apretó las garras contra la tierra.

—No por mucho —respondió, olfateando el aire con cuidado.

Tatsuya observó el centro de la aldea. Una fogata seguía encendida. También había comida sobre una mesa. Una olla derramada aún soltaba vapor digital, deshaciéndose lentamente en pequeñas partículas.

—No tiene mucho, tal vez minutos —dijo, bajando la mano.

Dvalin se estremeció sobre la rama. Sus alas se plegaron de inmediato contra su cuerpo.

—Entonces puede seguir aquí —susurró, mirando hacia los tejados.

Como si el bosque hubiera escuchado su frase, algo cayó desde un techo cercano.

Un Kunemon, o lo que quedaba de él. Su cuerpo estaba intacto por fuera, pero vacío de data vital. Al tocar el suelo, se deshizo en partículas brillantes que se dispersaron sin sonido.

Dvalin retrocedió sobre la rama, perdiendo un poco el equilibrio.

—No… —murmuró, abriendo los ojos con horror.

Dainsleif se movió primero. Saltó hacia la derecha justo cuando una sombra blanca atravesó el espacio donde había estado su cuello. El golpe cortó el aire con un silbido agudo y dejó una marca profunda en el tronco detrás de él.
Tatsuya giró el cuerpo, evitando por poco una estocada dirigida a su abdomen. El aguijón de Arkadimon se clavó en el suelo a centímetros de sus botas y absorbió parte de la tierra digital en un parpadeo.

Dvalin abrió las alas de golpe.

—¡Tatsu! —gritó, descendiendo de la rama.

—¡Arriba! —ordenó Tatsuya, retrocediendo sin perder de vista la sombra.

Dvalin obedeció por instinto, aunque sus ojos seguían clavados en el punto donde el aguijón había impactado.

El Arkadimon Child apareció por primera vez ante ellos.

Era pequeño, mucho más de lo que la destrucción sugería. Su cuerpo blanco, delgado y antinatural tenía una postura baja, casi animal. Sus extremidades se flexionaban contra el suelo como resortes vivos. Sus ojos no mostraban inteligencia clara, solo una voracidad primitiva. El aguijón se movía detrás de él como una extremidad independiente, goteando restos de data.

Dainsleif se colocó frente a Tatsuya, con las garras abiertas.

—Atrás —dijo, sin apartar los ojos de la bestia.

Tatsuya dio medio paso hacia un costado. No huyó. Solo buscó una línea donde no estorbara a Dainsleif. Dvalin quedó suspendido a baja altura, temblando apenas.

Arkadimon no rugió, no amenazó, no dudó. Solo atacó. Se lanzó contra Dainsleif con velocidad brutal. El Hackmon cruzó sus garras para desviar el primer golpe, pero la fuerza del impacto lo empujó varios pasos hacia atrás. El aguijón buscó su costado de inmediato.

Dainsleif torció el cuerpo. La punta rozó apenas su coraza blanca y una chispa de data saltó del contacto. Hackmon gruñó y se apartó de un salto.

—Solo un roce y ya intenta absorber —dijo, apretando los dientes.

Tatsuya observó la marca dejada en la armadura de Dainsleif. Sus ojos se afilaron por encima del cubrebocas.

—No dejes que te toque de lleno —respondió, llevando la mano al D-Arc.

Dainsleif flexionó las garras otra vez.

—Eso intento —dijo, esquivando otro ataque por escasos centímetros.

Dvalin agitó las alas y reunió viento frente a él.

—¡Wind Slicer! —gritó, lanzando una ráfaga hacia Arkadimon.

El ataque impactó de lado, pero Arkadimon se agachó y se impulsó usando las cuatro extremidades. La ráfaga apenas lo desvió. En un instante estaba sobre Dvalin.

Tatsuya chasqueó la lengua.

—¡Dvalin, baja! —ordenó, alzando el D-Arc.

Dvalin cerró las alas y cayó justo cuando el aguijón pasó sobre su cabeza. Arkadimon giró en el aire de manera imposible, listo para rematarlo antes de que tocara el suelo.

Dainsleif embistió desde un costado.

—¡Baby Flame! —rugió, soltando una llamarada directa.

La llama golpeó a Arkadimon y lo lanzó contra una pared. La estructura se quebró por el impacto, levantando polvo y fragmentos de madera digital.

Dvalin cayó de pie con torpeza y sus alas se abrieron para recuperar equilibrio.

—Gracias —dijo, respirando rápido.

Dainsleif no miró hacia él. Sus ojos seguían fijos en el humo.

—No agradezcas todavía —respondió, bajando la postura.

Arkadimon salió del humo sin mostrar dolor real. Su cabeza se movió de forma espasmódica, como si estuviera oliendo algo invisible en el aire.
Luego miró a Tatsuya, no por hambre simple. Sino por prioridad.

Tatsuya se quedó inmóvil.

—Interesante —murmuró, bajando apenas la barbilla.

Dainsleif notó el cambio en la dirección de la mirada de Arkadimon.

—¿Qué pasa? —preguntó, moviéndose para cubrir de nuevo a su Tamer.

Tatsuya no apartó los ojos de la bestia.

—Siente la concentración de data de un Tamer y sus Digimon —respondió, acomodando el D-Arc en su mano— no está pensando, pero prioriza objetivos—.

Arkadimon saltó. No hacia Dainsleif, sino hacia Tatsuya. El Tamer se dejó caer de espaldas bajo el ataque. El aguijón pasó a centímetros de su rostro cubierto. Tatsuya rodó hacia un lado mientras el dragon blanco encapuchado clavaba las garras en el suelo y empujaba con todo su cuerpo para interceptar al enemigo.

Arkadimon giró y lo pateó en el pecho y Hackmon salió disparado contra una cerca, rompiéndola.

—¡Dainsleif! —gritó Dvalin, girando en el aire.

Dainsleif se levantó con esfuerzo. Sacudió fragmentos de madera de su hombro y volvió a abrir las garras.

—Estoy bien —gruñó, aunque su respiración sonó más pesada.


Tatsuya retrocedió hacia una casa, evaluando la distancia Arkadimon cayó sobre una pared lateral, se impulsó con las patas y volvió a cargar.

En ese instante Tatsuya sacó una carta: High Speed Plug-in H. Sus dedos la deslizaron por el lector del D-Arc con un movimiento rápido y preciso.
Un brillo breve recorrió las piernas de Dainsleif. Hackmon flexionó las garras y su cuerpo reaccionó con una aceleración repentina, justo a tiempo para desaparecer de la trayectoria del aguijón.

Arkadimon atravesó el espacio vacío frente a Tatsuya. Dainsleif reapareció a un lado de la bestia y la golpeó con ambas garras, desviándola hacia el suelo y la mantiz rodó sobre la tierra, pero se levantó de inmediato.

Dvalin abrió los ojos con sorpresa.

—Eso funcionó —dijo, batiendo las alas con más decisión.

Tatsuya guardó la carta usada sin apartar los ojos de Arkadimon.

—Por ahora —respondió con seriedad.

Arkadimon inclinó la cabeza, sus ojos se movieron entre los miembros del Trío Dinámico. Ya no atacaba completamente al azar, estaba aprendiendo. Y Dainsleif lo notó también.

—Se adapta demasiado rápido —dijo, flexionando las garras.

Tatsuya retrocedió otro paso, midiendo la aldea con la mirada.

—No podemos pelear aquí —dijo, observando los techos, paredes y callejones estrechos— hay demasiadas estructuras, puede usar cualquier ángulo—.

Dvalin miró las casas vacías. La idea de que la bestia pudiera salir desde cualquier puerta le hizo tensar las alas.

—Entonces lo sacamos —dijo, intentando mantener firme la voz.

Tatsuya negó ligeramente con la cabeza.

—No, lo hacemos seguirnos —respondio fríamente.

Dvalin giró hacia él, alarmado.

—¿Ser carnada? —preguntó, abriendo más los ojos.

Tatsuya levantó la vista hacia Arkadimon, que volvía a arquear el aguijón. Sus ojos no mostraban miedo, solo cálculo.

—Exacto —dijo asintiendo.

Dainsleif no discutió. Dio un paso al frente y se colocó entre Arkadimon y Tatsuya.

—Dvalin, altura media —ordenó Dainsleif, sin apartar la mirada de la bestia— hostígalo, pero no te expongas—.

Dvalin tragó saliva. Luego asintió y subió unos metros.

—Entendido —respondió, aunque su voz temblaba.

Tatsuya dio un paso atrás y Arkadimon lo siguió con la mirada. Luego el Kamisato volvió a sacar una carta, pero no la pasó por el lector todavía. Solo dejó que la bestia viera el movimiento, que notara la concentración de data y atención en él.

—Ven —dijo, con voz baja.

Arkadimon flexionó las patas, Dainsleif apretó las garras, Dvalin contuvo el aire y la bestia obedeció. Cruzó la plaza como una flecha blanca, arrastrando tras de sí el eco vacío de una aldea que ya había sido devorada.
 
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Cruzaron la aldea a toda velocidad. Tatsuya corría entre casas abandonadas, usando cada esquina para romper la línea de ataque de Arkadimon. No intentaba dejarlo atrás; sabía que eso era imposible. Solo buscaba guiarlo, obligarlo a seguir una ruta donde Dainsleif y Dvalin pudieran intervenir sin quedar atrapados entre paredes demasiado estrechas.

Dainsleif se movía en paralelo, aprovechando el efecto de High Speed Plug-in H para interceptar los avances más peligrosos. Sus garras chocaban contra el suelo, contra madera rota y contra las extremidades de Arkadimon cada vez que la bestia intentaba acortar la distancia.
Dvalin volaba entre ramas y techos bajos, lanzando ráfagas pequeñas de viento. No buscaba derribarlo, no podía. Solo alteraba sus saltos, desviaba su equilibrio y forzaba errores mínimos.

Pero Arkadimon no se cansaba. Eso fue lo primero que Tatsuya confirmó.
La bestia no tenía respiración agitada, no mostraba fatiga ni dolor visible. Cada vez que fallaba un ataque, sus patas se clavaban en el suelo y volvían a impulsarlo con la misma violencia. Cada salto parecía igual de rápido que el anterior.

Lo segundo fue peor. Arkadimon aprendía.
Al principio se lanzaba de frente. Después empezó a cortar rutas. Luego utilizó los techos. Finalmente dejó de perseguir directamente a Tatsuya y empezó a atacar los puntos donde iba a estar.

Dainsleif bloqueó otro golpe con sus garras, rechinando los dientes por la fuerza del impacto.

—¡Se adapta demasiado rápido! —advirtió, empujando el aguijón hacia un lado.

Tatsuya saltó sobre una raíz gruesa y giró hacia una calle lateral.

—No piensa como nosotros —respondió, mirando de reojo los movimientos de Arkadimon— pero sus instintos corrigen errores—.

Dvalin bajó en picada y soltó una ráfaga contra el suelo frente a Arkadimon. La nube de hojas secas y polvo digital cubrió a la bestia por un instante.

—¡Ahora! —gritó, batiendo las alas con fuerza.

Dainsleif aprovechó la apertura.

—¡Fifth Rush! —exclamó, lanzándose directo hacia el humo. Sus garras golpearon cinco veces en una secuencia veloz. Arkadimon recibió tres impactos directos y retrocedió, pero en el cuarto movimiento torció el cuerpo con una flexibilidad antinatural. El quinto golpe pasó de largo.

El aguijón respondió de inmediato. Dainsleif apenas alcanzó a echarse hacia atrás, pues la punta le abrió un corte superficial en el hombro.
Data roja y blanca chispeó en la herida. Hackmon ahogó un gruñido y clavó una rodilla en el suelo.

—Solo me rozó —dijo, apretando los dientes.

Dvalin se lanzó hacia él desde el aire, alarmado.

—¡Te tocó! —gritó, extendiendo las patas para aterrizar cerca.

—¡No te acerques! —ordenó Dainsleif, levantando una garra para detenerlo.

Dvalin frenó de golpe, agitando las alas con torpeza.

Tatsuya se movió hacia ellos, y miró la herida, evaluó la pérdida de data y apretó la mandíbula detrás del cubrebocas.

—Es superficial, pero la absorción empezó al contacto —dijo, observando cómo las partículas escapaban del corte.

Dainsleif movió el hombro con dificultad. Sus ojos se mantuvieron fijos en Arkadimon.

—Puedo seguir —
respondió, levantándose despacio.

Tatsuya no discutió. Sacó una carta del mazo con dos dedos (Stamina Seed), la sostuvo un instante y la pasó por el lector del D-Arc.
Un brillo tenue envolvió a Dainsleif. No cerró la herida, pero el temblor de sus piernas disminuyó y su respiración se estabilizó.

Dainsleif flexionó las garras.

—Gracias —dijo, sin apartar la mirada del enemigo.

Tatsuya guardó la carta usada.

—Sabes que esta carta no te cura —respondió, retrocediendo un paso— solo te compra tiempo—.

Arkadimon olfateó la data en el aire y su cuerpo tembló. Era hambre, un hambre pura. Dejó de mirar a Tatsuya y enfocó a Dainsleif.

Dvalin sintió cómo se le erizaban las plumas.

—Ahora quiere lo que probó —murmuró, bajando un poco la altura.

Tatsuya asintió apenas.

—Sí —dijo, moviendo los ojos hacia Dainsleif— la herida lo marcó como objetivo—.

Dainsleif bajó la postura. Aunque el hombro le ardía, sus garras volvieron a abrirse con firmeza.

—Entonces que venga —
dijo, clavando los pies en el suelo.

Tatsuya lo miró de reojo.

—No lo provoques de más —advirtió, tensando los dedos sobre el D-Arc.

Dainsleif no apartó la vista de Arkadimon.

—No lo provoco —respondió seriamente— lo guío— añadió.

Y entonces Arkadimon atacó. Dainsleif no intentó ganar fuerza contra fuerza. Se desplazó hacia atrás, usando movimientos cortos. Cada vez que el aguijón bajaba, él giraba. Cada vez que Arkadimon saltaba, Dvalin enviaba viento para alterar su trayectoria. Tatsuya no usó más cartas; se limitó a observar el terreno, medir distancias y señalar rutas con gestos secos.

Poco a poco llevaron a la bestia fuera de la aldea. Hacia un claro rocoso. Allí no había techos, no había paredes, no había callejones. y lo más importante. No había civiles. Solo terreno abierto, piedras grandes y árboles separados.

Tatsuya se detuvo al borde del claro. Sus ojos recorrieron el espacio en una fracción de segundo.

—Aquí —dijo, girando apenas la muñeca para indicar la posición.

Dainsleif entendió al instante y Dvalin también.

Arkadimon entró al claro como una flecha y Hackmon lo recibió con un golpe de garra que no buscaba herir, sino empujar. Arkadimon se aferró al suelo y respondió con el aguijón. Dvalin lanzó viento desde arriba, desviando la punta unos centímetros.

La estocada pasó junto al rostro de Dainsleif, pero no retrocedió.

—¡Ahora, Tatsu! —gritó, clavando las garras en el suelo.

Tatsuya sacó otra carta. (Anchor Howl) y la pasó por el lector del D-Arc en un movimiento limpio. Dainsleif emitió un resplandor intenso. La luz bañó el claro durante un instante, obligando a Arkadimon a fijar toda su atención en él.

La bestia giró la cabeza de golpe, con sus ojos quedaron clavados en Dainsleif.

Dvalin abrió los ojos al entender la estrategia.

—Lo obligaste a mirarlo solo a él —dijo, manteniéndose en el aire.

Tatsuya guardó la carta sin apartar la vista del enemigo.

—Veinte segundos como máximo, úsenlos bien —respondió seriamente.

Arkadimon cargó contra Dainsleif con una violencia aún mayor.

El Hackmon esperó hasta el último instante. Luego saltó hacia un lado, dejando que el aguijón se clavara en una roca detrás de él. La piedra empezó a perder data de inmediato.

Dvalin descendió con una ráfaga lateral.

—¡Wind Slicer! —gritó, golpeando el costado de Arkadimon. La ráfaga no le hizo demasiado daño, pero lo desestabilizó justo cuando intentaba liberar el aguijón.

Dainsleif giró sobre sus pies.

—¡Baby Flame! —
rugió, soltando fuego contra el rostro de la bestia. Arkadimon retrocedió con un chillido seco. No era dolor puro, era frustración. Su atención seguía forzada sobre Dainsleif, pero su instinto parecía pelear contra el efecto de la carta.

Tatsuya notó el temblor en su postura.

—Está resistiendo el efecto de Anchor Howl —dijo, frunciendo apenas el ceño.

Dvalin se tensó en el aire.

—¿Puede romper el efecto? —preguntó, mirando a Arkadimon con miedo.

—Tal vez antes de tiempo —respondió Tatsuya, moviéndose hacia una roca lateral.

Dainsleif apretó las garras.

—Entonces no le daré tiempo —
dijo, lanzándose otra vez. Hackmon atacó con una combinación rápida de cortes. No buscaba acabar con Arkadimon, sino empujarlo hacia el centro del claro. Cada golpe lo alejaba más de los árboles. Cada ráfaga de Dvalin cerraba una ruta de escape.

Arkadimon empezó a moverse con más violencia y su aguijón golpeó el suelo golpeando una roca que se partió al instante. Dainsleif esquivó por poco. El segundo golpe vino desde abajo, casi sin preparación.

Dvalin gritó desde arriba.

—¡Izquierda! —advirtió, batiendo las alas con fuerza.

Dainsleif saltó hacia la izquierda por instinto. El aguijón pasó rozando su pierna. Un trozo de su manto fue arrancado y absorbido antes de tocar el suelo, luego aterrizó con dificultad. La herida del hombro volvió a abrirse un poco.

—Está forzando ángulos ciegos —dijo, respirando con fuerza.

Tatsuya observó el patrón. Arkadimon ya no solo reaccionaba. Intentaba arrinconarlo usando el terreno.

—Aprendió la trampa —respondió, bajando la voz.

Dvalin descendió un poco más.

—¿Entonces qué hacemos? —preguntó, mirando a Tatsuya.

Tatsuya no contestó enseguida. Miró el claro, las rocas, la línea de árboles y el rastro que habían dejado desde la aldea. Sus ojos se detuvieron en una pendiente cubierta de raíces que conducía hacia una zona más baja.

—Lo hacemos creer que escapó —dijo al fin.

—¿Qué?— Dainsleif giró apenas la cabeza.

Tatsuya señaló la pendiente con dos dedos.

—Déjale una salida hacia el sur —explicó, sin levantar la voz— si piensa que rompió nuestro cerco, tomará la ruta más directa. Lo llevaremos lejos de la aldea—.

Dvalin lanzó un suspiro de preocupación.

—¿Y si no toma esa salida? —preguntó, tensando las alas.

Tatsuya miró a Arkadimon. La bestia seguía fija en Dainsleif, pero el brillo de Anchor Howl ya empezaba a desvanecerse.

—Entonces improvisamos —respondió torciendo un poco su boca bajo el cubrebocas.

Dainsleif soltó una exhalación seca.

—Odio cuando dices eso —murmuró, acomodando su postura.

Arkadimon chilló. El efecto de Anchor Howl terminó. Y De inmediato, sus ojos saltaron de Dainsleif a Tatsuya, luego a Dvalin, luego al rastro de data que venía de la aldea. Tenía opciones.

Tatsuya dio un paso hacia la pendiente, exponiéndose apenas.

—Ven —dijo, con voz baja.

Arkadimon flexionó las patas, Dvalin preparó otra ráfaga, Dainsleif se colocó en una posición que dejaba libre, de manera deliberada, el camino hacia el sur.
La bestia miró esa apertura y la tomó. Salió disparada entre las rocas, no para huir del todo, sino para buscar un ángulo desde donde volver a atacar. Pero al hacerlo se alejó de la aldea, siguiendo exactamente la ruta que Tatsuya quería.

Dainsleif corrió tras ella.

—¡Dvalin, arriba! —ordenó, sin mirar atrás.

—¡Voy! —respondió Dvalin, elevándose entre las ramas.

Tatsuya corrió detrás de ambos. Su respiración se mantuvo controlada, pero sus ojos no perdían de vista la sombra blanca que se movía entre los árboles. La cacería se había invertido y Arkadimon seguía siendo el depredador. Pero ahora ellos estaban eligiendo hacia dónde corría.​
 
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No pudieron rematarlo. Esa fue la primera derrota real de la misión, Arkadimon había tomado la apertura hacia el sur, pero no como una presa asustada. La había usado como un animal que encontraba una nueva ruta de caza. Se desplazó entre árboles, raíces y rocas con una velocidad imposible para un Child común, obligando a Tatsuya, Dainsleif y Dvalin a seguirlo sin perderlo de vista.
Dainsleif corría al frente. Su hombro seguía soltando pequeñas chispas de data, y aunque Stamina Seed le había devuelto algo de energía, el dolor del roce seguía entorpeciendo cada movimiento. No era una herida profunda, pero Arkadimon no necesitaba hacer mucho daño para volver peligroso cualquier contacto.

Tatsuya notó la rigidez en su postura.

—Dain —lo llamó, sin detener del todo la marcha.

El Hackmon giró apenas la cabeza hacia él, manteniendo las garras listas.

—Puedo seguir —dijo, apretando los dientes.

Tatsuya no respondió de inmediato. Metió una mano en uno de los compartimientos de su equipo y sacó un pequeño frasco con tapa de spray.

—No pregunté eso —respondió, acercándose lo justo para aplicarlo sobre la zona afectada.

El líquido cayó sobre el hombro de Dainsleif con un sonido leve. El Hackmon tensó las garras al primer contacto, pero enseguida soltó el aire por la nariz. El spray no cerró la herida ni detuvo por completo las partículas de data que escapaban del corte, pero alivió parte del dolor provocado por el impacto y la tensión muscular alrededor de la lesión.

Dainsleif movió el hombro con cuidado.

—Eso ayuda —admitió, volviendo la mirada hacia el bosque.

Tatsuya guardó el frasco sin perder tiempo.

—No te cura del todo —dijo, ajustando el D-Arc en su mano— solo evita que el dolor te vuelva lento—.

Dainsleif flexionó las garras. Sus ojos se afilaron al detectar movimiento entre los árboles.

—Entonces bastará por ahora —
respondió, impulsándose otra vez hacia el frente.

Dvalin volaba por encima de ellos, atento a cualquier cambio de dirección. Cada vez que Arkadimon intentaba desaparecer entre la maleza, lanzaba una ráfaga de viento para levantar hojas, polvo y ramas, marcando su posición sin acercarse demasiado.

Tatsuya iba detrás, respirando de forma controlada. El cubrebocas ocultaba cualquier gesto de cansancio, pero sus ojos seguían cada movimiento del enemigo.

—Está cambiando de ruta otra vez —
dijo Dvalin desde arriba, batiendo las alas para sostenerse entre dos copas.

Dainsleif clavó las garras en una raíz y giró hacia la derecha.

—Lo veo —respondió, impulsándose entre los árboles.

Tatsuya observó la dirección. No iban hacia el sur, porque notó que Arkadimon estaba corrigiendo. Volvía a moverse hacia una zona poblada.

—Va hacia el poblado de Hojarasca Gris —
dijo Tatsuya, bajando la voz.

Dvalin descendió un poco, alarmado.

—¿Ya se dio cuenta de la aldea? —
preguntó, mirando hacia el frente.

Tatsuya no apartó la mirada del rastro de movimiento entre los árboles.

—Sintió la concentración de data —respondió un poco preocupado— la evacuación los está reuniendo en grupos grandes—.

Dainsleif apretó los dientes.

—Entonces nos está usando para llegar más rápido —dijo, golpeando el suelo con más fuerza.

Arkadimon desapareció un instante entre los arbustos y Dvalin abrió las alas con brusquedad.

—¡Lo perdí! —gritó, girando en el aire.

Tatsuya levantó una mano.

—Quietos —ordenó, deteniéndose de golpe.

Dainsleif frenó a su lado. Sus garras se abrieron, listas para responder. El bosque quedó en silencio, e un silencio falso. Demasiado limpio.
Dvalin se mantuvo suspendido entre las ramas, moviendo los ojos de un lado a otro.

—No me gusta esto —susurró, tensando las alas.

Dainsleif bajó el centro de gravedad.

—A mí tampoco —respondió, con las pupilas fijas en la maleza.

El ataque vino desde abajo. Arkadimon salió de un hueco entre raíces, impulsándose como una lanza blanca hacia las piernas de Dainsleif. El Hackmon apenas alcanzó a saltar hacia atrás, pero el aguijón rozó la tierra donde había estado un instante antes.

La raíz se deshizo en partículas y Dvalin lanzó una ráfaga desde arriba.

—¡Wind Slicer! —
gritó, batiendo las alas con fuerza.

Arkadimon giró sobre sí mismo, usando la corriente como si fuera parte de su impulso. En lugar de ser lanzado hacia atrás, se desvió hacia un costado y volvió a cargar.

Dvalin abrió los ojos.

—¡Usó mi viento! —dijo, retrocediendo en el aire.

Dainsleif se interpuso de inmediato.

—No ataques directo si no tienes ángulo —advirtió, bloqueando una embestida con ambas garras.

El impacto lo empujó varios pasos. El hombro herido le ardió de nuevo, pero el efecto del spray evitó que el dolor le bloqueara el movimiento.
Tatsuya sacó una carta, pero no la pasó todavía. Sus dedos se mantuvieron firmes sobre el borde, esperando el momento exacto.

Arkadimon volvió a saltar. Esta vez no iba por Dainsleif, esta vez iba por Dvalin.

—¡Baja! —
ordenó Tatsuya.

Dvalin cerró las alas y cayó entre dos ramas. El aguijón pasó por encima de él, cortando hojas y absorbiendo fragmentos de data vegetal. Arkadimon se impulsó en el tronco contrario, listo para corregir en el aire.

Tatsuya deslizó la carta. (Pata Bomb). Y pequeñas bombas con forma de Patamon aparecieron flotando alrededor de Dvalin. No tenían poder destructivo real, pero se movieron justo en la trayectoria de Arkadimon. La primera explotó al contacto. Un estallido de aire y luz golpeó a la bestia en la cara, la segunda detonó contra su costado, la tercera explotó bajo sus patas, alterando su caída. Arkadimon perdió el ángulo y se estrelló contra el suelo en lugar de alcanzar a Dvalin.

Dvalin abrió las alas de nuevo, respirando rápido.

—Eso estuvo cerca —dijo, elevándose con torpeza.

Tatsuya guardó la carta usada sin relajar la mirada.

—No esperes a que esté más cerca para moverte —respondió muy serio viendo a su Digimon alado.

Dvalin asintió desde arriba, todavía pálido.

—Entendido —dijo, apretando las garras.

Dainsleif aprovechó el desbalance de Arkadimon para cargar.

—¡Baby Flame! —rugió, soltando fuego directo hacia el cuerpo de la bestia. La llamarada impactó de lleno y empujó a Arkadimon contra un árbol. El tronco crujió por el golpe. Por un instante, pareció suficiente.

Pero Arkadimon clavó el aguijón en la corteza y la data del árbol empezó a fluir hacia él.

Tatsuya apretó los ojos.

—Córtale la conexión —ordenó y Dainsleif no dudó. Saltó hacia el aguijón y golpeó con ambas garras la base de la cola.

Arkadimon se desprendió del árbol con un chillido agudo. El sonido no parecía dolor, parecía rabia.

Dvalin lanzó otra ráfaga, esta vez no contra Arkadimon, sino contra el suelo entre ambos, levantando polvo y hojas para cubrir la retirada.

—¡No va a quedarse aquí! —
avisó, mirando cómo la silueta blanca se movía entre la nube.

Tatsuya lo vio también. Arkadimon ya no estaba intentando matarlos ahí. Estaba buscando una salida.

Dainsleif aterrizó junto a Tatsuya, respirando con dificultad. La herida del hombro seguía soltando pequeñas partículas, pero su brazo ya no temblaba tanto como antes.

—Quiere irse —dijo, con la mirada fija en la nube de polvo.

Tatsuya miró entre los árboles. A lo lejos, apenas visible entre la vegetación, una columna fina de humo subía hacia el cielo. Hojarasca Gris.

—No quiere irse —respondió, ajustando el D-Arc en su mano— quiere comer algo más grande—.

Arkadimon se lanzó hacia la espesura.

Hackmon intentó seguirlo de inmediato, pero Tatsuya levantó una mano y lo frenó.

—No —dijo con firmeza.

Dainsleif giró hacia él con frustración.

—¡Pero se dirige a la aldea! —
gruñó, apretando las garras.

Tatsuya sostuvo su mirada. Sus ojos no tenían duda, pero sí cálculo.

—Y tú estás herido. Si lo persigues a ciegas, te va a separar de nosotros y devorarte antes de que podamos intervenir—
respondió, parándose a su lado.

Dainsleif abrió la boca para replicar, pero al final no dijo nada. Sabía que era verdad. Y Dvalin descendió hasta quedar a baja altura entre ambos.

—Entonces, ¿qué hacemos? —
preguntó ave dragón, mirando de uno a otro.

Tatsuya giró hacia la columna de humo.

—Llegaremos antes que él —
dijo, empezando a caminar.

Dainsleif respiró hondo y lo siguió. Dvalin los observó un instante, luego subió de nuevo para vigilar desde arriba. Tomaron la ruta pantanosa.
El camino era peligroso, pero más corto. Con raíces sumergidas, zonas de lodo digital, niebla baja y charcos oscuros se extendían entre árboles retorcidos. En varios puntos, el suelo parecía firme hasta que el peso lo hacía hundirse de golpe.

Normalmente, Tatsuya habría evitado ese terreno. Esta vez no había margen.
Dainsleif avanzaba con la herida todavía abierta, aunque controlada. Cada movimiento brusco le arrancaba una chispa de dolor, pero el spray relajante había reducido la rigidez del hombro lo suficiente para permitirle mantener el ritmo.

Dvalin volaba bajo, atento a cualquier sonido. Su mirada ya no era solo de miedo. Había tensión, sí, pero también concentración.

—Tatsu —dijo Dvalin después de un rato, manteniéndose sobre una raíz elevada.

Tatsuya no detuvo el paso.

—Que ocurre —
respondió, apartando una rama con el antebrazo.

Dvalin dudó un segundo antes de continuar.

—Ese Arkadimon… ¿es como el de Sung? —
preguntó, bajando un poco la voz.

Dainsleif miró de reojo a su Tamer.

Tatsuya siguió caminando unos pasos más antes de responder.

—No —dijo al fin.

Dvalin descendió un poco.

—Pero son la misma especie —
insistió, con cuidado.

Tatsuya pisó una raíz y saltó sobre un tramo de lodo.

—La especie no define todo —respondió, deteniendose un momento — el contexto importa, el vínculo importa, la dirección importa— siguió su avanze.

Dainsleif pasó junto a él, moviendo el hombro herido con cautela.

—Este no tiene Tamer —dijo, mirando hacia el frente.

Tatsuya asintió apenas.

—No tiene freno —añadió.

Dvalin bajó la mirada. Las sombras del pantano se movían bajo él como si algo pudiera salir en cualquier momento.

—¿Y si el de Sung pierde el control? —preguntó, con la voz más baja.

La pregunta quedó flotando entre los árboles. Tatsuya no se molestó en suavizarla.

—Entonces alguien tendrá que detenerlo —
respondió con dureza.

Dvalin tragó saliva.

—¿Incluso Sung? —
preguntó, mirándolo con preocupación.

Tatsuya se detuvo un instante de nuevo, Dainsleif también. El viento movió la niebla baja entre los tres. El Ex-yazkuza giró apenas la cabeza hacia Dvalin. Sus ojos, sobre el cubrebocas, se veían más fríos que de costumbre, aunque no crueles.

—Sung no es alguien que se deje detener fácilmente —
respondió.

Dainsleif soltó una pequeña exhalación.

—Eso no responde —dijo, bajando un poco las garras.

Tatsuya retomó el paso.

—No, pero es la verdad—
admitió. Y Dvalin no insistió.

El resto del trayecto lo hicieron en silencio. Llegaron a Hojarasca Gris al anochecer. A diferencia de las otras aldeas, esta seguía viva.
Había Digimon pequeños cargando bolsas, ancianos siendo ayudados por jóvenes, cajas de alimentos apiladas junto a carretas y guardias locales intentando organizar rutas de salida. Varias lámparas colgaban de postes de madera, iluminando rostros asustados y manos temblorosas.
Una multitud reunida en un solo sitio. Justo lo que Arkadimon buscaba.

Un Leomon adulto, aparentemente a cargo de la defensa, se acercó a Tatsuya al verlo llegar. Su espada descansaba sobre el hombro, pero sus ojos mostraban cansancio.

—¿Son los enviados de la Central? —preguntó, evaluando las heridas de Dainsleif y la tensión de Dvalin.

Tatsuya asintió una sola vez.

—Sí, ¿cuánta gente falta por evacuar? —preguntó viendo a Leomon.

Leomon miró hacia la plaza, donde varios Digimon discutían entre sí, negándose a abandonar equipaje o familiares desaparecidos.

—Demasiada —dijo, apretando la mandíbula— algunos se niegan a abandonar sus casas. Otros están esperando a familiares de puestos exteriores—.

Dainsleif dio un paso al frente. Su hombro soltó una chispa de data, pero su voz se mantuvo firme.

—No tienen tiempo —dijo en tono serio.

Leomon observó la herida con preocupación.

—¿Lo enfrentaron? —preguntó, bajando un poco la espada.

Dainsleif sostuvo su mirada.

—Sí —respondió, asintiendo con pesar.

Leomon tardó un segundo en hablar.

—¿Y sigue vivo? —preguntó, aunque la respuesta ya estaba en sus rostros.

El silencio fue suficiente y Leomon apretó la mandíbula.

—Entonces pelearemos —dijo, ajustando ambas manos sobre la empuñadura.

Tatsuya negó con la cabeza.

—No —respondió con dureza.

Leomon frunció el ceño.

—¿No? —repitió, dando un paso hacia él.

Tatsuya miró la plaza llena de aldeanos.

—Si todos pelean, todos se concentran —dijo, señalando con la mirada a la multitud— si todos se concentran, él viene directo al centro—.

Leomon siguió su mirada. Por primera vez, pareció entender la magnitud del problema.

Dvalin bajó hasta quedar cerca de ellos.

—Necesitamos grupos pequeños —dijo, mirando a los aldeanos con preocupación— separados, en utas distintas y sin hacer ruido—.

Leomon apretó los dientes.

—Eso los vuelve vulnerables —respondió, mirando hacia los caminos oscuros.

Tatsuya no apartó la mirada de la plaza.

—Menos que ponerlos todos en una mesa —dijo, cruzandose de brazos.

Leomon guardó silencio. Dainsleif dio otro paso hacia él. Aunque era más pequeño que Leomon, su presencia no se sintió menor.

—Hazlo, ahora —dijo, firme..

Leomon miró a Dainsleif, luego miró a Tatsuya y finalmente giró hacia sus guardias.

—¡Dividan a la población en grupos de diez! —ordenó, alzando la voz—. ¡Tres rutas! ¡Sur, este y cauce seco! ¡Apaguen las lámparas exteriores y no acumulen equipaje!—.

Los guardias reaccionaron al instante. La aldea se movió con mayor rapidez., sin embargo el miedo no desapareció, pero se convirtió en movimiento.

Dvalin abrió las alas y subió sobre la plaza.

—Yo puedo guiar desde arriba —
dijo, mirando las rutas— si veo algo, les aviso—.

Tatsuya levantó la vista hacia él.

—Bien, solo no te acerques a Arkadimon si aparece —respondió viendo de reojo cómo los aldeanos continuaban la evacuación.

Dvalin asintió con fuerza.

—Lo sé —dijo, aunque sus alas temblaban un poco.

Dainsleif se quedó cerca de la entrada norte. Sus ojos estaban fijos en el bosque.

Leomon se colocó a su lado.

—Si aparece por ahí, lo detendremos —dijo, levantando la espada.

Dainsleif no lo miró.

—No intentes bloquear su aguijón —advirtió con dureza.

Leomon tensó los dedos sobre la empuñadura.

—Soy un Adult —respondió, con orgullo contenido.

Dainsleif giró apenas la cabeza hacia él.

—Él también come Adults —dijo y Leomon no respondió.

La primera ruta de evacuados comenzó a moverse, luego la segunda, después la tercera. Por unos minutos, pareció que podrían lograrlo.
Entonces el bosque emitió un crujido.

Dainsleif bajó el centro de gravedad, Leomon levantó la espada, Tatsuya giró hacia el camino norte y Dvalin, desde arriba, abrió los ojos.

—Algo viene —dijo Pteromon, con la voz tensa.

Otro crujido, más cerca. Las ramas se doblaron. Un guardia exterior, un Gargomon dio un paso hacia el ruido.

—¿Quién anda ahí? —preguntó, levantando su brazo mecánico para disparar.

Tatsuya alzó una mano.

—¡Atrás! —ordenó, pero fue demasiado tarde.

Algo blanco salió disparado desde la línea de árboles y atravesó al guardia antes de que pudiera gritar. El Digimon cayó de rodillas, su cuerpo empezó a deshacerse en partículas. Los aldeanos más cercanos quedaron paralizados.
Arkadimon apareció bajo la luz tenue de la aldea. y su cuerpo estaba más grande que antes. No había evolucionado, pero estaba cambiando.
La data devorada se acumulaba bajo su piel como un brillo enfermo.

Dvalin contuvo el aliento desde el aire.

—No… —susurró horrorizado.

Dainsleif abrió las garras, Tatsuya llevó la mano al D-Arc, Leomon dio un paso adelante, pero esta vez no levantó la espada para bloquear. La sostuvo a un lado, listo para esquivar. Arkadimon olfateó el aire y sus ojos se movieron de un grupo de aldeanos a otro. Luego su boca se abrió apenas.

—Co… mer… —dijo con una voz rota.

El pánico estalló. Algunos aldeanos gritaron. Otros intentaron correr hacia la plaza.

Tatsuya levantó la voz.

—¡No se junten! ¡Sigan las rutas! —
ordenó, señalando hacia los caminos de evacuación.

Dvalin descendió en picada, no hacia Arkadimon, sino hacia los aldeanos que estaban a punto de regresar al centro.

—¡Por aquí! ¡No vuelvan a la plaza! —gritó, batiendo las alas para empujarlos con una corriente de viento suave.

Arkadimon giró hacia el grupo más grande, pero Dainsleif se interpuso.

—Tu comida está aquí —
dijo, clavando las garras en el suelo.

Arkadimon lo miró. La herida del hombro de Dainsleif volvió a soltar data y la bestia tembló de hambre.

Tatsuya sacó una carta, pero no la usó todavía. Sus ojos midieron a Arkadimon, a Dainsleif, a Leomon y a los grupos de evacuados.
No era momento de gastar otra carta por impulso. Era momento de sobrevivir el primer choque. Arkadimon flexionó las patas, Dainsleif respiró hondo, Dvalin gritó desde arriba para dirigir a los civiles, Leomon levantó la espada, ya sin orgullo en los ojos, solo con concentración. Y entonces Arkadimon se lanzó hacia la multitud.
 
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Gennai

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El primer choque fue brutal. Arkadimon atravesó la distancia entre la entrada norte y la plaza como si el espacio no existiera. Su cuerpo blanco se volvió una línea borrosa entre los aldeanos que intentaban dispersarse, directo hacia el grupo más grande de Digimon que todavía no alcanzaba la ruta sur.

Leomon fue el primero en interceptarlo.

—¡Atrás! —rugió, lanzándose hacia la trayectoria de la bestia con la espada preparada.

El Adult no intentó bloquear con el filo. Recordó la advertencia de Dainsleif y giró el cuerpo en el último segundo, usando la espada solo para desviar el avance de Arkadimon hacia un costado.

La maniobra funcionó por un instante. Solo por un instante Arkadimon clavó las patas en el suelo, giró sobre sí mismo y lanzó el aguijón hacia el pecho de Leomon.

Dainsleif apareció desde abajo.

—¡No lo tomes de frente! —gritó, golpeando la cola con ambas garras para cambiar la trayectoria del ataque.

El aguijón se desvió apenas. La punta rozó el hombro de Leomon y una chispa de data saltó del contacto. Leomon retrocedió con los ojos abiertos. Su mano libre fue directo a la zona dañada, como si no pudiera creer que un roce hubiera bastado para arrancarle data.

—¡Solo me rozó! —exclamó, apretando los dientes mientras el hombro le chispeaba.

Dainsleif aterrizó frente a él, con el cuerpo bajo y las garras listas.

—Entonces ya viste por qué no debes dejar que toque más —respondió, sin apartar la mirada de Arkadimon.

Tatsuya se movió hacia un costado de la plaza, evitando quedar en medio de la ruta de evacuación. Sus ojos seguían cada grupo, cada guardia, cada movimiento de Arkadimon.

—¡Rutas separadas! —ordenó, alzando la voz mientras señalaba los caminos de salida— ¡el que vuelva al centro lo está llamando!— varios aldeanos se congelaron en ese instante.

Dvalin descendió en picada, batiendo las alas para empujarlos con una corriente amplia pero controlada.

—¡Sigan avanzando! ¡No miren atrás! —gritó, colocándose entre ellos y la plaza para cortarles la vista del guardia caído.

Una pareja de Digimon pequeños dudó al ver cómo el guardia que Arkadimon había atravesado empezaba a deshacerse en partículas.

Dvalin se puso frente a ellos, abriendo las alas para bloquearles la escena.

—¡Por aquí! —insistió, moviendo la cabeza hacia la ruta este con urgencia. Los aldeanos reaccionaron y corrieron. Arkadimon olfateó el aire y su cabeza giró hacia ellos. Dvalin sintió cómo se le helaba el cuerpo. Sus alas se tensaron, pero no se cerraron —Oh no… —murmuró, elevándose de golpe para no quedar al alcance del aguijón.

La bestia saltó, esta vez no fue hacia Dainsleif, ni hacia Leomon. Sino hacia el grupo que acababa de moverse.

Tatsuya sacó una carta con un movimiento rápido (Fireworks). La sostuvo entre los dedos apenas un segundo, midiendo la distancia y el ángulo de avance de Arkadimon. Varias pequeñas bombas con forma de Bombmon aparecieron en el aire, dispersándose entre Arkadimon y los aldeanos. No tenían intención de destruirlo. No contra algo así. Pero explotaron en una lluvia de luces y estruendos frente a su rostro.

Arkadimon se sacudió en el aire. La distracción rompió su línea de ataque.

Dvalin aprovechó el segundo.

—¡Wind Slicer! —gritó, batiendo las alas con fuerza hasta formar una ráfaga lateral. La corriente golpeó a Arkadimon de costado y lo desvió contra el techo de una casa vacía. La estructura crujió bajo el impacto, pero la bestia se aferró con las patas y el aguijón, absorbiendo parte de la madera digital para recuperar estabilidad.

Tatsuya apretó la mandíbula detrás del cubrebocas.

—No dejes que use las casas —ordenó, girando la mirada hacia Dainsleif.

Dainsleif ya se estaba moviendo.

—¡Lo sé! —respondió, lanzándose contra la pared con las garras extendidas.

El Hackmon saltó, clavó las garras en la estructura y subió lo suficiente para golpear el punto donde Arkadimon estaba absorbiendo data. El impacto obligó a la bestia a soltar el techo.

Arkadimon cayó hacia la plaza y Leomon entró por el flanco.

—¡Juouken! —rugió, lanzando una onda de energía con la espada mientras afirmaba ambos pies en el suelo.

El golpe impactó a Arkadimon antes de que tocara la tierra y lo empujó varios metros hacia el pozo central. Por un segundo, la multitud creyó que aquello bastaba, pero no bastó. Arkadimon rodó sobre la tierra, clavó el aguijón en el borde del pozo y comenzó a absorber la data de la estructura. La piedra digital se agrietó y perdió color bajo su contacto.

Dainsleif abrió los ojos y dio un paso hacia adelante.

—¡Está alimentándose otra vez! —advirtió, corriendo hacia él con las garras preparadas.

Tatsuya dio un paso adelante.

—No vayas directo —ordenó, levantando una mano para detenerlo.

Dainsleif frenó apenas, forzándose a no lanzarse sin pensar. Sus garras temblaron de frustración, pero obedeció.

Arkadimon levantó la cabeza y el brillo enfermo bajo su piel se volvió más intenso.

Dvalin sintió el cambio desde el aire. Sus alas bajaron un poco, como si el peso de esa presencia lo empujara hacia la plaza.

—Está creciendo… —murmuró, con la voz tensa.

Leomon retrocedió un paso. La punta de su espada bajó apenas.

—¿Eso es evolución? —preguntó, sujetando la empuñadura con ambas manos.

Tatsuya no respondió de inmediato. Observó el cuerpo de Arkadimon, la forma en que la data absorbida no se acomodaba todavía, sino que se acumulaba de manera irregular bajo su piel.

—Todavía no —respondió al fin, entrecerrando los ojos— pero está cerca—.

Arkadimon soltó el pozo y giró hacia el grupo de evacuados del cauce seco. Había demasiados juntos, demasiado miedo acumulado, demasiada data concentrada.

Dvalin bajó en picada.

—¡Sepárense! ¡Sepárense ahora! —gritó, agitando las alas para abrir espacio entre ellos. Algunos obedecieron, otros no, debido a que el pánico los volvía torpes. En eso Arkadimon cargó y Dvalin se interpuso en el aire, aun sabiendo que no podía detenerlo con fuerza —¡no pasarás! —gritó, lanzando una ráfaga descendente con todo lo que tenía.

Arkadimon atravesó la corriente y su aguijón se alzó hacia Dvalin. Al instante Tatsuya sacó otra carta (Shakkou Guard) y sus ojos se afilaron.
Una figura protectora con forma de Guardián Shakkou apareció frente a Dvalin, sólida y silenciosa. Se interpuso justo cuando el aguijón descendía.
El impacto fue seco. sin empargo el aguijón atravesó parte del guardián, pero no llegó a Dvalin. La estructura comenzó a deshacerse desde el punto de contacto, perdiendo data rápidamente.

Dvalin retrocedió en el aire, respirando con dificultad. Sus ojos se quedaron fijos en la figura que había recibido el golpe por él.

—Gracias… —murmuró, batiendo las alas con torpeza.

Tatsuya no apartó la mirada de Arkadimon.

—Muévete —ordenó, señalando hacia un punto más alto.

Dvalin obedeció. El Guardián Shakkou se desmoronó y explotó al ser destruido. La onda empujó a Arkadimon hacia atrás, lo suficiente para romper su avance contra los civiles.

Dainsleif entró inmediatamente después.

—¡Fifth Rush! —exclamó, lanzándose hacia la bestia con una secuencia de garras, una, dos, tres y Arkadimon retrocedió, cuadro y la bestia giró, cinco. El último golpe apenas rozó su cuello. Dainsleif se apartó antes de que el aguijón respondiera. Por primera vez, su movimiento fue prudente antes que agresivo.

Tatsuya lo notó.

—Bien —murmuró, siguiendo con la mirada el aterrizaje de Dainsleif. Dainsleif cayó cerca de él, respirando con dificultad. Su hombro volvió a chispear, pero el spray relajante todavía evitaba que el dolor le inmovilizara el brazo —No podemos mantenerlo lejos de todos —advirtió, mirando cómo Arkadimon se levantaba otra vez.

Tatsuya observó la plaza. el primer grupo ya había salido, el segundo estaba a medio camino, el tercero seguía demasiado cerca.

—No necesitamos mantenerlo lejos de todos —respondió, calculando la distancia hasta la salida sur—solo el tiempo suficiente para que la mayoría salga—.

Leomon se acercó con el hombro lastimado. La marca del roce todavía chispeaba, aunque no se expandía demasiado.

—¿Y cuando ya no podamos contenerlo? —preguntó, mirando a Tatsuya con una seriedad más pesada que antes.

Tatsuya giró apenas hacia Dainsleif. No necesitó decirlo aunque Dainsleif entendió. Aún no, pero pronto.

Arkadimon empezó a temblar. Su cuerpo se arqueó hacia adelante. El pozo, la madera de las casas y la data robada al guardia comenzaban a mezclarse dentro de él. La piel blanca se tensaba como si algo quisiera romperla desde dentro.

Dvalin descendió hasta quedar cerca de Tatsuya. Sus alas seguían abiertas, pero ya no parecían tan firmes.

—Tatsu… —llamó, sin poder ocultar el miedo en su voz.

Tatsuya levantó la mirada hacia Arkadimon.

—Lo sé —respondió, cerrando los dedos alrededor del D-Arc.

El aire alrededor de la bestia se volvió pesado.

Dainsleif flexionó las garras. El spray relajante seguía ayudando con el dolor, pero la herida del hombro había empezado a chispear otra vez.

—Si evoluciona aquí, la aldea no resistirá —dijo, bajando la postura.

Tatsuya miró hacia la salida sur.

—Entonces lo sacamos de aquí antes de que termine de hacerlo —
respondió, señalando el camino con una mirada rápida.

Leomon giró hacia él.

—¿Cómo? —preguntó, con la respiración agitada y la espada aún levantada.

Tatsuya sacó una carta, pero no la pasó. Solo la sostuvo entre los dedos mientras evaluaba la escena. No podía gastar todas sus opciones. No todavía.

—Usaremos lo que más quiere —respondió, mirando a Dainsleif.

Dainsleif entendió al instante y apretó los dientes.

—Mi data —dijo, bajando la mirada hacia su hombro herido.

Dvalin abrió los ojos.

—¡No! —protestó, bajando al suelo de golpe y colocándose entre ambos.

Tatsuya no apartó la mirada de Dainsleif.

—No voy a dejar que te alcance —aseguró, aunque su voz no suavizó el riesgo.

Dainsleif soltó una risa seca, aunque sus ojos estaban tensos.

—Eso dices siempre antes de hacer algo estúpido —respondió, moviendo el hombro herido con cuidado.

Tatsuya ladeó apenas la cabeza.

—Y casi siempre funciona —contestó, levantando la carta entre los dedos.

Dvalin extendió las alas, frustrado.

—¡Casi no es suficiente! —reclamó, mirando a Tatsuya y luego a Dainsleif.

Dainsleif lo miró. Su expresión se suavizó apenas.

—Dvalin —dijo, bajando la voz mientras señalaba con la mirada a los civiles— si se queda aquí, ellos van a morir—.

Pteromon miró hacia los aldeanos. Varios niños Digimon eran empujados por sus familias hacia la ruta este. El pequeño volador cerró los ojos un segundo. Luego se apartó.

—No dejes que te toque otra vez —pidió, mirando a Dainsleif con las alas tensas.

Dainsleif flexionó las garras.

—Esa es la idea —respondió, colocándose frente a Arkadimon.

Arkadimon levantó la cabeza de golpe y su boca se abrió.

—Da… ta… —murmuró, arrastrando la palabra como si fuera lo único que podía entender.

Dainsleif dio un paso al frente. La herida de su hombro soltó otra chispa.

—Aquí hay —lo provocó, clavando los ojos en la bestia.

Arkadimon lo miró yTatsuya pasó la carta por el lector. (Alias) Una copia inmóvil de Dainsleif apareció varios metros más adelante, cerca del camino que salía de la aldea hacia el viejo claro rocoso. La energía del verdadero Dainsleif disminuyó un poco al activarse la carta, y el Hackmon sintió el peso en las piernas de inmediato.

Dvalin lo notó.

—Te debilitó —dijo, acercándose medio paso con preocupación.

Dainsleif apretó las garras.

—Lo suficiente para odiarlo —respondió, obligándose a mantenerse firme.

Arkadimon no distinguió de inmediato. Su instinto se fijó en la silueta marcada con la data de Dainsleif. La bestia saltó hacia el clon, este no se movió. Y la bestia lo atravesó con el aguijón y la copia desapareció al recibir el ataque. Pero para cuando comprendió que no había comida real, ya estaba varios metros más lejos del centro.

Tatsuya señaló el camino.

—¡Ahora! —ordenó, echándose a correr hacia la salida.

Dainsleif corrió hacia el exterior de la aldea, usando su propia herida como señuelo. Dvalin se elevó sobre él, creando ráfagas laterales para impedir que Arkadimon girara hacia los aldeanos. Leomon y los guardias golpearon el suelo y las estructuras cercanas, generando ruido para empujar el caos lejos de la plaza.

Arkadimon chilló de rabia, hambre, confusión. Luego eligió y ue tras Dainsleif. La bestia salió de Hojarasca Gris como una sombra blanca, siguiendo la concentración de data que más recordaba.

Tatsuya corrió detrás de ellos.

Dvalin voló sobre la ruta, mirando de reojo a los civiles que seguían escapando.

—¡Sigan! ¡No se detengan! —
gritó, antes de lanzarse hacia el bosque.

Leomon observó cómo el grupo se alejaba, con la espada aún en alto.

—Están locos —murmuró, bajando apenas el arma.

Uno de sus guardias, temblando, miró hacia la plaza casi vacía.

—Pero funcionó —respondió, ayudando a levantar a un aldeano caído.

Leomon apretó la empuñadura.

—Por ahora —dijo, mirando hacia el bosque con el ceño endurecido.

En el bosque, Arkadimon perseguía a Dainsleif con una velocidad cada vez más irregular. Su cuerpo seguía cambiando. Su piel se abría en líneas de luz enferma. La evolución estaba cerca. Demasiado cerca. Tatsuya lo vio desde atrás. y sus ojos se endurecieron. La aldea había ganado tiempo, pero la misión acababa de entrar en su fase más peligrosa.
 
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El bosque volvió a cerrarse detrás de ellos. Hojarasca Gris quedó atrás, reducida a luces temblorosas entre los árboles y gritos cada vez más lejanos. La evacuación continuaba, pero ya no podían verla. Solo podían confiar en que Leomon y sus guardias mantuvieran el orden el tiempo suficiente.

Arkadimon perseguía a Dainsleif, no corría como un Digimon normal, se impulsaba. Saltaba de raíz en raíz, de tronco en tronco, cambiando de ángulo sin perder velocidad. Su cuerpo seguía deformándose bajo la presión de la data que había devorado. La piel blanca se le tensaba en líneas brillantes, como grietas a punto de abrirse.
Dainsleif iba al frente, forzando cada paso. La herida del hombro seguía atrayendo a Arkadimon como una antorcha en medio de la oscuridad. El spray relajante había reducido la rigidez, pero no podía borrar el daño de data ni el agotamiento acumulado.

Dvalin volaba por encima de ambos, con las alas abiertas y la mirada clavada en la bestia.

—¡Sigue detrás de ti! —avisó, batiendo las alas con fuerza para esquivar una rama baja.

Dainsleif saltó sobre una raíz gruesa y cayó al otro lado con una mueca de dolor. Su pierna resbaló apenas sobre la tierra húmeda, pero logró sostenerse con una garra.

—Lo sé —respondió, apretando los dientes mientras seguía corriendo.

Tatsuya avanzaba detrás, manteniendo el D-Arc en una mano visualizó un mapa digital brevemente. Sus ojos se movían entre Dainsleif, Arkadimon y el terreno. No podía permitir que la persecución los llevara de vuelta hacia los evacuados.

—Giren al oeste —ordenó, señalando una pendiente entre los árboles— hay un cauce seco más adelante—.

Dvalin descendió un poco para escuchar mejor.

—¿Eso nos aleja de la aldea? —
preguntó, mirando hacia la dirección señalada.

Tatsuya asintió sin dejar de correr.

—Y limita sus saltos laterales —respondió, esquivando una rama con el hombro.

Dainsleif giró hacia la pendiente sin discutir yArkadimon lo siguió al instante.
El cauce seco apareció entre la maleza como una cicatriz gris en medio del bosque. Era una depresión ancha, llena de piedras lisas, raíces expuestas y troncos caídos. En temporada de lluvia seguramente llevaba agua, pero ahora solo quedaba tierra húmeda y rocas cubiertas de musgo digital.
Dainsleif saltó al interior del cauce y resbaló al caer. Su hombro herido le falló un instante, pero logró clavar las garras en el suelo antes de caer de frente.

Dvalin bajó en picada.

—¡Dainsleif! —gritó, extendiendo las patas para ayudarlo.

—¡Arriba! —ordenó Hackmon, levantando la mirada de golpe.

Dvalin obedeció justo a tiempo. Arkadimon cayó desde la pendiente con el aguijón por delante. La punta atravesó el lugar donde Dvalin habría estado un segundo antes, deshaciendo una roca en partículas.

Tatsuya llegó al borde del cauce. Bajó por la pendiente con cuidado, evitando las piedras sueltas sin apartar la vista de Arkadimon.

—Dainsleif, no te quedes quieto —
advirtió, ajustando el agarre sobre el D-Arc.

Dainsleif se apartó de un salto, aunque la pierna le tembló al aterrizar.

—No planeaba hacerlo —respondió, girando las garras hacia Arkadimon.

La bestia levantó la cabeza, sus ojos estaban más enfocados que antes. No eran completamente racionales, aunque menos vacíos.

—Da… ins… —murmuró, arrastrando sonidos que apenas imitaban un nombre.

Dvalin se quedó helado en el aire.

—¿Dijo tu nombre? —preguntó, con las alas tensas.

Dainsleif apretó las garras.

—Lo está aprendiendo —
respondió, sin apartar la mirada de la bestia.

Tatsuya bajó la barbilla.

—No el nombre —corrigió, observando cómo Arkadimon olfateaba la herida— sino la presa—.

Arkadimon chilló. El sonido rebotó en las paredes del cauce, luego cargó.

Hackmon intentó esquivar hacia la izquierda, pero Arkadimon ya había anticipado la ruta. La bestia giró antes de tiempo y cortó el paso con el aguijón. Dainsleif frenó en seco pero demasiado tarde porque el aguijón le rozó la pierna y la data saltó como chispas blancas y luego cayó de rodillas.

—¡Dainsleif! —gritó Dvalin, descendiendo sin pensar.

Arkadimon giró hacia él y Tatsuya sacó una carta con velocidad (High Speed Plug-in H) y la deslizó sobre el lector. No era momento de reservarlo todo. El brillo de aceleración envolvió a Dvalin esta vez. Sus alas reaccionaron antes que su mente. El pequeño Digimon se desplazó hacia arriba en una ráfaga brusca, justo cuando el aguijón cruzó el aire bajo sus patas.

Dvalin jadeó al quedar fuera de alcance.

—Eso estuvo demasiado cerca —
murmuró, temblando en el aire.

Tatsuya no lo miró. Sus ojos estaban fijos en Dainsleif.

—Alto —ordenó, con voz seca— ninguno de ustedes se acerca sin ángulo—.

Dainsleif intentó levantarse, pero la pierna herida le falló un segundo. Y Arkadimon no esperó pues se lanzó hacia él.

Tatsuya dio un paso adelante.

—¡Dainsleif! —llamó, cerrando los dedos sobre el D-Arc que emitió un brillo blanco.

Hackmon levantó la cabeza, no necesitó otra orden y la luz de la evolución estalló desde su cuerpo. Producto del vínculo, del peligro y de la necesidad desesperada de no dejar que aquella bestia regresara a Hojarasca Gris.

—¡Hackmon, Waapu Shinka! —rugió Dainsleif, mientras su silueta se expandía entre haces de data blanca. El cauce seco se iluminó por completo.
Sus garras se alargaron, su cuerpo creció y su presencia cambió. La figura pequeña del Hackmon desapareció bajo una armadura blanca y roja, con cuchillas sagradas y una presión que hizo retroceder incluso a Arkadimon un paso. —JESmon —declaró, aterrizando entre Arkadimon y Tatsuya.

El suelo se agrietó bajo sus pies y Dvalin abrió los ojos desde el aire.

—Dain… —susurró, con una mezcla de alivio y asombro.

Tatsuya sostuvo la mirada en JESmon. Sus ojos no mostraron sorpresa, solo una seriedad todavía más afilada.

—No le des el aguijón —
dijo, bajando el D-Arc.

JESmon giró apenas la cabeza hacia él.

—No pensaba regalárselo
—respondió, flexionando las cuchillas de sus brazos.

Arkadimon tembló, por primera vez, la bestia dudó. No por miedo consciente sino por instinto. Frente a ella ya no había una presa herida.
Había algo que podía partirla antes de que llegara a comer.

JESmon levantó una mano.

—Atho. René. Por —llamó, con voz firme y Tres espíritus surgieron detrás de él, conectados a su cuerpo por hilos de energía extensibles. Se movían como extensiones de su voluntad, ágiles y silenciosos, cada uno tomando una posición distinta alrededor del cauce.

Dvalin miró a las tres figuras con sorpresa.

—¿Ellos son…? —preguntó, manteniéndose en el aire.

—Three Musketeers —respondió JESmon, sin apartar los ojos de Arkadimon— no se separen de sus líneas de defensa—.

Atho se colocó cerca de Tatsuya, René ascendió hacia Dvalin y Por flotó al lado opuesto del cauce, cerrando el ángulo por donde Arkadimon podía escapar hacia la aldea.

Tatsuya entendió el acomodo al instante.

—Buena formación —dijo, moviéndose detrás de Atho.

JESmon bajó la postura.

—Esta vez lo vamos a guiar nosotros —respondió con voz firme.

Arkadimon chilló y cargó de todos modos. y Dainsleif desapareció de su posición. El aguijón atravesó el aire vacío. JESmon reapareció a un costado, moviéndose a gran velocidad. Las cuchillas de sus brazos cortaron en una secuencia brutal contra el cuerpo de Arkadimon.

—¡Tekken Seibai! —
exclamó, cruzando el cauce como un destello blanco y rojo. Los cortes impactaron uno tras otro. Arkadimon fue lanzado contra una pared del cauce. La bestia chocó con fuerza, pero rebotó de inmediato, usando las patas para impulsarse de vuelta.

—Sigue siendo rápido —
advirtió Dvalin, moviéndose sobre ellos.

René se colocó cerca de él, listo para interceptar cualquier salto hacia el aire.

Dainsleif cruzó los brazos y recibió el siguiente ataque con un desvío lateral, no con bloqueo directo. El aguijón pasó junto a su hombro sin tocarlo.

—Y sigue siendo peligroso —
respondió, girando el cuerpo para lanzar una patada que empujó a Arkadimon varios metros.

Tatsuya observó el intercambio. JESmon podía seguirlo y eso cambiaba todo. Pero no significaba que la pelea estuviera ganada.
Arkadimon cayó de pie. Su cuerpo se retorció. Las líneas brillantes bajo su piel empezaron a expandirse hacia la espalda, las extremidades y el aguijón.

Dvalin se tensó.

—Está otra vez… —dijo, sin terminar la frase.

Tatsuya levantó la mirada.

—La evolución no se detuvo —murmuró, cerrando la mano alrededor del D-Arc.

JESmon dio un paso al frente.

—Entonces lo terminamos antes de que acabe —dijo, bajando la postura.

Arkadimon clavó el aguijón en el suelo y el cauce seco empezó a perder color: Raíces, piedras, tierra, restos de data acumulada bajo la superficie. Todo comenzó a fluir hacia la bestia.

Dainsleif se lanzó hacia él.

—¡No absorberás más! —rugió, extendiendo las cuchillas de sus brazos.

Arkadimon levantó la cabeza y us ojos brillaron. El aguijón se desprendió del suelo de golpe y salió disparado hacia el pecho de JESmon.

Tatsuya reaccionó al instante.

—¡No directo! —ordenó, dando un paso hacia el borde del cauce.

Dainsleif torció el cuerpo en el último segundo. El aguijón rozó una de sus placas, arrancando una línea de data superficial, pero no logró clavarse.
Atho y Por se movieron a la vez. Los hilos de energía se tensaron alrededor de la cola de Arkadimon, no para sujetarla por completo, sino para cambiar su trayectoria medio segundo. René descendió desde arriba y golpeó el extremo del aguijón con una espada, desviándolo lo suficiente para que JESmon entrara.

Dainsleif respondió con un corte ascendente que abrió una herida en el costado de Arkadimon. La bestia chilló. Por primera vez, había dolor real en el sonido.

Dvalin descendió con una ráfaga.

—¡Windl Slicer! —gritó, apuntando a las patas de Arkadimon.

La corriente golpeó el suelo bajo la bestia y levantó piedras pequeñas, obligándola a perder estabilidad.

Dainsleif aprovechó el instante y apareció frente a Arkadimon y lo golpeó con una secuencia de cortes rápidos, empujándolo lejos de la zona de data más densa del cauce. Atho, René y Por cubrieron los ángulos muertos, obligando a la bestia a defenderse de ataques que venían de varias direcciones.

Arkadimon se retorció con violencia. El aguijón se movió en un arco imposible, atacando a JESmon desde atrás mientras sus garras delanteras buscaban a Dvalin.

—¡Dainsleif, atrás! —gritó Dvalin, subiendo de golpe.

Dainsleif no retrocedió. Atho, René y Por regresaron hacia él en un parpadeo.

—Schwertgeist —dijo JESmon, cruzando los brazos frente a su pecho.

El contraataque fue omnidireccional. Las espadas de Atho, René y Por respondieron a cada trayectoria de Arkadimon. El aguijón fue desviado. Las garras fueron repelidas. Cada intento de la bestia por abrirse paso chocó con una respuesta inmediata, como si el espacio alrededor de JESmon se hubiera convertido en una esfera de cuchillas.

Tatsuya observó sin parpadear.

—Eso sí lo detuvo —murmuró, ajustando el D-Arc en su mano.

Arkadimon retrocedió por primera vez de forma clara. No por cansancio, sino por presión.

El Ultimate bajó los brazos. Los tres espíritus giraron a su alrededor, manteniendo sus posiciones defensivas.

—No lo suficiente —respondió, notando cómo la herida de Arkadimon empezaba a cerrarse con data robada del terreno.

Tatsuya siguió la mirada de Dainsleif. Cada golpe funcionaba, pero Arkadimon no dejaba de regenerar pequeñas partes con lo poco que absorbía del suelo.

—Está usando el cauce como reserva —dijo Tatsuya, mirando las raíces pálidas.

JESmon retrocedió antes de que el aguijón pudiera alcanzarlo otra vez.

—Entonces cambiaremos de terreno —respondió, sin apartar los ojos de la bestia.

Tatsuya señaló el extremo del cauce.

—Al claro rocoso —ordenó serio— menos materia viva y menos data fácil que pueda absorver—.

Dvalin alzó el vuelo para mirar la ruta.

—Hay un paso entre las piedras —avisó, girando en el aire— pero es estrecho—.

Dainsleif asintió.

—Perfecto —dijo, flexionando las piernas.

Arkadimon volvió a temblar. Esta vez no atacó de inmediato, su cuerpo se encorvó, la piel blanca empezó a abrirse y el brillo enfermo se volvió insoportable.

Tatsuya dio un paso atrás.

—Dain —dijo, con voz grave.

JESmon no respondió. Ya lo sabía. Arkadimon estaba digievolucionando. El cauce entero pareció contener el aliento.
La data acumulada explotó hacia afuera en una columna de luz corrupta. Dvalin tuvo que cubrirse con las alas. Tatsuya levantó un brazo frente a su rostro. JESmon clavó las cuchillas en el suelo para resistir la presión, mientras Atho, René y Por se colocaban alrededor de él como anclas.

El cuerpo de Arkadimon se expandió, sus extremidades se alargaron. El aguijón creció, más grueso, más letal, con una curvatura que parecía diseñada para atravesar defensas y arrancar data desde dentro.

Cuando la luz se apagó, la criatura que quedó frente a ellos ya no era un Child. Era Arkadimon Adult y su presencia llenó el cauce como una amenaza física.

Dvalin retrocedió en el aire sin darse cuenta.

—Eso… eso no se siente como un Adult normal —dijo, con la voz temblorosa.

Dainsleif no se movió.

—No lo es —respondió, levantando las cuchillas.

Arkadimon Adult abrió los ojos. Esta vez había más que hambre, había dirección.

—Más… data… —dijo, arrastrando las palabras con una voz rota y profunda.

Tatsuya observó la nueva forma. Sus dedos tocaron el borde de una carta dentro del mazo, pero no la sacó todavía.

No era momento de gastar cualquier cosa. Era momento de elegir bien.

JESmon dio un paso al frente.

—Dvalin, aléjate del aguijón —ordenó, sin apartar la mirada de Arkadimon.

Dvalin apretó las garras, flotando detrás de él.

—No pienso dejarte solo —respondió, aunque sus alas temblaban.

JESmon giró apenas la cabeza. Sus ojos se suavizaron por un instante.

—No te pedí que huyeras —
dijo, bajando la voz— te pedí que siguieras vivo—.

Dvalin trató de tranquilizarse.

Tatsuya levantó el D-Arc.

—Los dos deben estar vivos —corrigió, colocándose detrás de Atho—ese es el mínimo—.

Arkadimon Adult flexionó las patas. El cauce crujió bajo su peso y Dainsleif bajó la postura. Dvalin abrió las alas. Tatsuya sacó una carta, pero esperó.

La bestia atacó, no hubo rugido, no hubo aviso. Solo un borrón blanco y un aguijón que descendió hacia JESmon con fuerza suficiente para partir el suelo. El Ultimate esquivó hacia un lado, pero el impacto levantó una explosión de piedras y tierra. Dvalin fue empujado hacia atrás por la onda.
Tatsuya se cubrió el rostro con el brazo. Dainsleif apareció entre el polvo y disparó varias bolas de energía desde sus manos, no para derrotar a Arkadimon, sino para obligarlo a cerrar su avance. Las explosiones golpearon el suelo frente a la bestia y levantaron una cortina de fragmentos.

Arkadimon Adult atravesó la nube casi sin detenerse.

JESmon sintió la diferencia al instante.

—Es más pesado —
dijo, apartándose de un salto antes del contraataque.

Tatsuya entrecerró los ojos.

—Y más estable —añadió, viendo cómo Arkadimon ya no desperdiciaba tanto movimiento.

Arkadimon Adult giró. El aguijón no fue directo a JESmon. Fue hacia el borde del cauce, donde todavía quedaban raíces cargadas de data.

Dainsleif abrió los ojos.

—¡Quiere alimentarse otra vez! —advirtió, impulsándose hacia él.

Tatsuya sacó la carta que había estado reteniendo. Esta vez no dudó y la deslizó por el lector. (Lag) El efecto cayó sobre Arkadimon Adult tres segundos después. La bestia dio un paso, luego su movimiento se quebró.
Su reacción se volvió pesada, lenta, desfasada. El aguijón siguió avanzando hacia las raíces, pero como si el tiempo alrededor de su cuerpo se hubiera vuelto espeso.

Tatsuya apretó el D-Arc.

—Siete segundos —
dijo, alzando la voz— no más—.

JESmon no necesitó otra orden. Atho, René y Por se movieron primero. Los tres espíritus formaron un triángulo frente a Arkadimon Adult, extendiendo sus hilos de energía como líneas de contención.

—Un Pour Tous —
declaró Dainsleif, levantando una mano.

Un escudo triangular se formó con Atho, René y Por. Desde el centro, un rayo de energía salió disparado contra Arkadimon Adult. El impacto no lo destruyó, pero lo empujó, lo arrancó de las raíces antes de que pudiera absorberlas.
JESmon cruzó el cauce en un parpadeo y golpeó el aguijón con las cuchillas de sus brazos, desviándolo lejos de cualquier fuente de data. Después giró y clavó una patada en el costado de Arkadimon Adult, empujándolo hacia el paso rocoso.

Dvalin descendió, reuniendo viento bajo sus alas.

—¡Lo empujo desde arriba! —gritó, colocándose sobre la bestia.

—¡Sin acercarte al aguijón! —
ordenó Tatsuya, siguiendo la cuenta mental del tiempo.

Dvalin asintió y soltó una corriente descendente.

La presión del viento, combinada con los golpes de JESmon y el empuje residual de Un Pour Tous, obligó a Arkadimon Adult a retroceder hacia el claro rocoso. Cuatro segundos, cinco, seis y el efecto de Lag empezó a romperse. Arkadimon Adult giró la cabeza con violencia. Siete.
El tiempo volvió a su cuerpo y con él, la rabia. El aguijón salió disparado hacia Dvalin. JESmon reaccionó primero. Atho y René se lanzaron hacia la cola de Arkadimon, desviándola con sus espadas, mientras Por tiró de uno de los hilos de energía para cambiar el ángulo del impacto. Dainsleif saltó desde abajo y golpeó el aguijón con ambas cuchillas. La punta pasó rozando una de las alas de Pteromon sin tocarla.

Dvalin perdió altura por el susto.

—¡Estoy bien! —gritó, aunque su voz temblaba.

Dainsleif cayó entre él y Arkadimon. Atho, René y Por volvieron a girar a su alrededor, listos para responder al siguiente movimiento.

—No lo parece —respondió, extendiendo una mano para mantenerlo detrás.

Arkadimon Adult chilló. El sonido ya no era de un animal pequeño. Era más grave, más hambriento, más cercano a una amenaza consciente.
Tatsuya miró el paso rocoso. Habían logrado sacarlo del cauce, pero ahora estaban frente a algo peor. Un Arkadimon Adult, herido, frustrado y con suficiente inteligencia instintiva para priorizar comida, terreno y objetivos. Dainsleif respiró hondo, Dvalin se colocó a su lado en el aire, todavía en su forma actual, pero con una luz tenue empezando a vibrar bajo sus plumas.

Tatsuya lo notó. Dvalin también.

—Tatsu… —murmuró, mirando sus propias alas.

Tatsuya no apartó la vista de Arkadimon.

—Todavía no lo fuerces —
dijo, con voz firme— cuando digievoluciones, que sea porque sabes qué vas a hacer con ese poder—.

Dvalin apretó las garras.. La luz bajo sus plumas se estabilizó, pero no estalló. Aún no. Arkadimon Adult bajó la postura, Dainsleif levantó las cuchillas. Atho, René y Por ocuparon sus lugares alrededor de él. Tatsuya guardó el D-Arc cerca del pecho. El verdadero combate acababa de comenzar.
 
OP
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Gennai

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El claro rocoso se abrió delante de ellos como una arena natural. No había casas, no había aldeanos. No había árboles grandes cargados de data.
Solo piedra, polvo, raíces secas y una pendiente irregular que terminaba en un muro de roca gris. Era un terreno duro, incómodo y hostil, pero precisamente por eso Tatsuya lo había elegido.

Allí Arkadimon Adult tendría menos de qué alimentarse. La bestia avanzó desde el cauce con el cuerpo encorvado. Su aguijón se movía detrás de él como una extremidad viva, más gruesa y rápida que antes. Las heridas que Dainsleif le había abierto seguían visibles, pero los bordes intentaban cerrarse poco a poco, alimentándose de partículas dispersas del suelo.

Dainsleif aterrizó frente a él. Atho, René y Por flotaron a su alrededor, conectados por hilos de energía que se tensaban y relajaban según su voluntad. Las cuchillas de sus brazos brillaban bajo la luz tenue del bosque.

Dvalin descendió a su lado, todavía en su forma actual, con las alas abiertas y el cuerpo temblando por la presión del enemigo.

—Está más lento que antes —
dijo Pteromon, observando la forma en que Arkadimon Adult pisaba las rocas.

Tatsuya llegó unos pasos detrás. Su respiración estaba controlada, pero sus ojos no dejaban de moverse.

—No —corrigió, levantando el D-Arc— está eligiendo mejor cuándo moverse—.

Arkadimon Adult giró la cabeza hacia él. Por un instante, sus ojos se clavaron en Tatsuya. No había inteligencia completa, pero sí memoria.
Reconocía la fuente de órdenes.

Dainsleif se interpuso de inmediato.

—Tu presa soy yo —dijo, bajando la postura mientras Atho se desplazaba hacia el flanco derecho.

Arkadimon Adult abrió la boca.

—Da… ta… fuerte… —arrastró, flexionando las patas.

Dvalin sintió el peso de esa voz en el pecho.

—Ya habla más —murmuró, apretando las garras.

Tatsuya no apartó la mirada de Arkadimon.

—Porque está dejando de ser solo hambre —respondió con seriedad — y eso lo vuelve peor—.

La bestia atacó, el aguijón salió primero. No apuntó directo a Dainsleif. Fingió ir hacia él y cambió de trayectoria a medio camino, girando hacia Dvalin con una curva imposible.

Pteromon abrió los ojos. Y René se movió antes que él. El espíritu chocó contra el aguijón con su espada, desviándolo apenas. Dvalin recibió la corriente del impacto y fue empujado hacia atrás, pero logró batir las alas para no caer.

—¡Muévete más alto! —ordenó Dainsleif, lanzándose hacia Arkadimon Adult.

Dvalin subió con dificultad.

—¡Estoy intentando! —respondió, batiendo las alas con fuerza.

Dainsleif cruzó el claro a gran velocidad.

—¡Tekken Seibai! —exclamó, pasando junto al cuerpo de Arkadimon Adult como una línea blanca y roja. Las cuchillas de sus brazos dejaron cortes profundos sobre el costado de la bestia. Atho y Por siguieron el movimiento, atacando desde ángulos opuestos para impedir que Arkadimon girara hacia Tatsuya.
Arkadimon Adult resistió pero no cayó. Clavó una pata en el suelo, giró el torso y lanzó el aguijón hacia atrás.
Dainsleif apenas alcanzó a inclinarse. La punta pasó junto a su cuello y Atho se interpuso para cubrir la retirada, pero Arkadimon Adult golpeó al espíritu con una de sus extremidades delanteras y lo lanzó contra una roca. El hilo de energía se tensó violentamente. JESmon sintió el tirón en su propio cuerpo. —Atho —gruñó, girando las cuchillas.

El espíritu se recompuso, pero más lento.

Tatsuya lo notó.

—También puede dañarlos —dijo, endureciendo la mirada.

Dainsleif retrocedió junto a Atho, sin perder de vista el aguijón.

—Entonces no dejaremos que los alcance dos veces —
respondió, levantando una mano para reposicionar a sus tres espíritus.

Arkadimon Adult no esperó. Se lanzó contra Dainsleif con todo el cuerpo.

JESmon cruzó los brazos, mientras Atho, René y Por regresaron hacia él.

—Schwertgeist —dijo, afirmando los pies sobre la roca.

El contraataque omnidireccional se desplegó en el mismo instante. Las espadas de los tres espíritus respondieron a cada ataque. Una bloqueó las garras delanteras, otra desvió el aguijón y la tercera cortó el ángulo de avance de Arkadimon Adult antes de que pudiera cerrar la distancia.

Pero la bestia ya era más fuerte. Cada impacto hacía retroceder a Dainsleif medio paso. Las rocas bajo sus pies empezaron a romperse.

Dvalin descendió con una ráfaga de viento para ayudar.

—¡Wind Slicer! —gritó, enviando una corriente hacia las patas de Arkadimon Adult.

La ráfaga lo golpeó, pero apenas lo movió, pero la bestia giró la cabeza hacia él. Dvalin se quedó inmóvil por una fracción de segundo.
Demasiado tiempo y el aguijón salió disparado.

Dainsleif abrió los ojos.

—¡Dvalin! —gritó, rompiendo su postura defensiva.

Tatsuya ya tenía una carta en la mano, pero la distancia no le daba margen para un Card Slash defensivo. Dvalin intentó subir, pero bastaba.
El aguijón lo alcanzaría, entonces Dvalin dejó de mirar el aguijón, miró a los civiles que ya no estaban ahí, miró a Tatsuya, miró a Dainsleif, que estaba rompiendo su defensa para salvarlo. Y entendió. Si seguía siendo solo el que huía del aguijón, Arkadimon siempre tendría una forma de usarlo como punto débil.

Sus alas brillaron.

—No, ya es mi turno de pasar a la ofensiva —dijo Dvalin, cerrando las garras. La luz de la evolución estalló en el aire y el aguijón atravesó el resplandor. No tocó carne, ni tocó plumas. Solo viento.
La silueta de Dvalin se expandió, envuelta en corrientes violentas. Sus alas crecieron, su cuerpo se estilizó y la presión del aire alrededor del claro cambió por completo. Las rocas pequeñas comenzaron a levantarse del suelo. El polvo giró en espirales y el viento dejó de ser defensa. Se volvió filo —¡Pteromon, Waapu Shinka! —resonó su voz dentro de la luz. La corriente explotó hacia afuera y Arkadimon Adult fue empujado varios metros atrás. Cuando la luz se disipó, Dvalin descendió lentamente frente a Dainsleif. Ya no era pequeño ni temblaba de la misma manera.
Sus alas desplegadas cargaban energía eólica, y en su pecho vibraba una presión que hacía zumbar el aire — Zephagamon—.

Tatsuya levantó la mirada hacia él.

—Ahora sí —dijo, bajando apenas el D-Arc— ya sabes qué hacer con ese poder, así que adelante—.

Dvalin miró sus propias manos. Luego miró a Arkadimon Adult. El miedo no había desaparecido, pero ya no lo gobernaba.

—Sí —respondió, extendiendo las alas mientras el viento giraba a su alrededor— mantenerlo lejos de ustedes—.

Dainsleif soltó una breve exhalación. Atho, René y Por volvieron a acomodarse alrededor de él.

—Buen objetivo —dijo, flexionando las cuchillas.

Arkadimon Adult rugió. A continuación saltó hacia Zephagamon.

Dvalin no retrocedió. Transformó las espadas en sus manos en bumeranes de viento, envolviéndolos en corrientes giratorias. Luego los lanzó en direcciones opuestas.

—¡Gale Braver! —exclamó, cruzando los brazos.

Los bumeranes cortantes rodearon a Arkadimon Adult dentro de un tornado, golpeándolo desde ambos lados. No buscaban partirlo de inmediato, sino forzarlo a perder trayectoria, impedir que fijara el aguijón en un objetivo.

Arkadimon Adult clavó las patas en el suelo. El tornado lo empujó.

Dainsleif entró al mismo tiempo.

—Atho, René, Por. Mantengan el cierre —ordenó, señalando los tres ángulos abiertos del claro.

Los espíritus obedecieron. Sus hilos de energía formaron líneas móviles que limitaron la salida de Arkadimon Adult hacia el bosque.

Tatsuya observó el patrón. Por primera vez, tenían presión aérea y terrestre al mismo tiempo. Pero Arkadimon también lo entendió. El aguijón se clavó en una roca agrietada. La piedra perdió color y comenzó a deshacerse en partículas, alimentando a la bestia lo justo para resistir el tornado.

Tatsuya apretó los ojos.

—Incluso aquí encuentra data —murmuró.

Dvalin lo escuchó desde el aire.

—Entonces se la quitamos del suelo —respondió, elevándose más alto. Sus alas se transformaron en formas de energía eólica.

Dainsleif entendió la intención y se apartó.

—¡Todos fuera de su línea! —ordenó, tirando de Atho y René con los hilos de energía.

Dvalin cayó en picada como tormenta.

—¡Anemoi Embrace! —gritó, pasando junto a Arkadimon Adult a una velocidad brutal. Sus alas convertidas en energía eólica cortaron el aire y abrieron una herida profunda en el costado de la bestia.

Arkadimon Adult chilló. Dvalin salió del otro lado, girando en el aire para no quedar expuesto. Pero la bestia ya lo esperaba. El aguijón cambió de trayectoria a mitad del chillido.

Zephagamon abrió los ojos.

—¡Maldición! —exclamó, intentando girar.

Dainsleif apareció debajo.

Atho, René y Por formaron un triángulo frente a él.

—Un Pour Tous —declaró, levantando una mano.

El rayo de energía salió desde el escudo triangular y golpeó el aguijón en pleno movimiento. No lo destruyó, pero lo desvió lo suficiente para que Zephagamon escapara con una rotación brusca.

Dvalin aterrizó sobre una roca alta, respirando con fuerza.

—Gracias —dijo, llevándose una mano al costado aunque no estaba herido.

Dainsleif no apartó la mirada de Arkadimon Adult.

—No agradezcas hasta que termine —respondió, bajando el brazo.

Arkadimon Adult se retorció. La herida de la técnica que le propinó Zephagamon era real, mas profunda que las anteriores. Pero la bestia comenzó a absorber partículas del suelo y del aire, intentando cerrar el daño.

Tatsuya sacó una carta, esta vez no dudó. Había esperado el momento correcto.

—Dvalin —llamó a su Digimon.

Zephagamon giró hacia él desde la roca.

—¿Sí? —respondió, todavía respirando con fuerza.

Tatsuya deslizó la carta por el D-Arc (Zephyrus). El viento alrededor de Dvalin cambió. No aumentó simplemente. Se ordenó. La energía de Zephyrus envolvió su cuerpo, elevando su velocidad, su fuerza y la presión de sus técnicas eólicas. Las corrientes que giraban alrededor de sus alas se volvieron más densas, más afiladas, como si el aire mismo hubiera decidido obedecerle.

Dvalin abrió los ojos.

—Esto… —murmuró, extendiendo una mano mientras el viento respondía a su movimiento.

El Kamisato bajó la carta usada.

—No dejes que la carta pelee por ti —dijo, señalando a Arkadimon Adult— úsala para hacer mejor lo que ya sabes hacer—.

Dvalin cerró la mano. El viento se comprimió en torno a sus dedos.

—Entendido —respondió, elevándose de nuevo.

Dainsleif miró a Tatsuya de reojo.

—Buena elección —dijo, reposicionando a Atho, René y Por.

Tatsuya no se movió.

—Tenía que serlo —respondió, observando a Arkadimon Adult— ya no tenemos margen para cartas inútiles—.

Arkadimon Adult rugió y cargó hacia Dainsleif, ignorando por un segundo a Dvalin. Eso fue un Error.

Dvalin extendió ambas alas.

—¡Gale Braver! —exclamó otra vez.

Esta vez los bumeranes de viento salieron con mucha más presión. El tornado que los envolvía no solo cortó el aire; arrancó fragmentos de piedra del suelo y los lanzó alrededor de Arkadimon Adult, obligándolo a cubrirse con el aguijón en lugar de atacar.

Dainsleif aprovechó.

—Tekken Seibai —dijo, impulsándose entre las corrientes.

Pasó a través del tornado sin ser golpeado, guiado por los espacios que Dvalin abrió para él. Sus cuchillas cortaron el costado opuesto de Arkadimon Adult, ampliando el daño antes de que la bestia pudiera regenerarlo.

Atho golpeó desde arriba, René cerró el flanco derecho. Por interceptó la cola antes de que el aguijón pudiera alcanzar a Dvalin. Por primera vez, Arkadimon Adult retrocedió varios pasos sin haber elegido hacerlo.

Tatsuya lo vio.

—Ahora —dijo, alzando la voz—sáquenlo al centro del claro—.

Dvalin respondió sin apartar la vista de la bestia.

—Lo voy a empujar —dijo, extendiendo las alas del pecho. La energía de su Digicore empezó a subir y el aire se volvió pesado.

Dainsleif giró hacia él.

—Dvalin, mide la salida —advirtió, levantando una mano para apartar a Atho y René.

Zephagamon asintió.

—No voy a soltarlo todo —respondió, afirmando el vuelo.

Arkadimon Adult intentó clavar el aguijón en el suelo.

Dvalin abrió las alas del pecho.

—¡Divine Tempest! —gritó y una enorme descarga de energía eólica explotó desde su Digicore, empujando a Arkadimon Adult hacia el centro del claro. La corriente no era un simple viento. Era presión pura, una tempestad concentrada que levantó polvo, rocas y partículas de data residual.

Arkadimon Adult hundió las patas en el suelo para resistir, pero no pudo y fue arrastrado varios metros, lejos de las raíces secas.

Dainsleif se plantó al otro lado, listo para recibirlo.

—Schwertgeist —dijo, cruzando los brazos. Atho, René y Por formaron la esfera de contraataque justo cuando Arkadimon Adult intentó romper la presión con un ataque desesperado. Cada golpe de la bestia encontró una espada y cada movimiento del aguijón fue respondido con una desviación.

Dvalin mantuvo su técnica Divine Tempest hasta que el aire empezó a vibrar de forma peligrosa.

Tatsuya alzó una mano.

—¡Cortalo! —ordenó con precisión.

Zephagamon cerró las alas de golpe. La corriente desapareció. Arkadimon Adult quedó en el centro del claro, con heridas abiertas en ambos costados, el aguijón dañado y sin una fuente clara de data cerca. Durante un instante, pareció vulnerable, solo un instante. La bestia bajó la cabeza, su cuerpo tembló. Luego sus heridas comenzaron a absorber la data residual de sus propios cortes.

Dainsleif abrió los ojos.

—Se está alimentando de lo que pierde —dijo, con la voz más grave.

Tatsuya sintió el peso de esa frase. Dvalin descendió junto a Dainsleif, todavía envuelto por el efecto de Zephyrus.

—¿Cómo se pelea contra algo que usa sus propias heridas? —preguntó, apretando los dientes.

Tatsuya no respondió de inmediato y observó a Arkadimon Adult, observó el aguijón, observó cómo incluso las partículas desprendidas intentaban regresar a su cuerpo.

—No dejándole tiempo para recogerlas —dijo al fin.

Dainsleif flexionó las cuchillas.

—Eso significa presión constante —respondió, entendiendo la idea.

Dvalin levantó las alas.

—Y viento para dispersar la data antes de que vuelva a él —añadió, mirando las partículas que flotaban alrededor de la bestia.

Tatsuya asintió apenas.

—Exacto —dijo, guardando el D-Arc cerca del pecho— Dvalin, mantén las partículas lejos. Dainsleif, abre heridas que no pueda cerrar rápido. No busquen rematar todavía. Primero rómpanle el ciclo—.

Arkadimon Adult levantó la cabeza y sus ojos se clavaron en Tatsuya. Esta vez no parecía mirar solo comida, más bien parecía reconocer una amenaza.

—Ta… tsu… ya… —arrastró con una voz áspera.

Dvalin observó a la bestia con seriedad.

—Ahora también aprendió tu nombre —
dijo, sin apartar la mirada de la bestia.

Tatsuya no retrocedió. Sus ojos se mantuvieron firmes sobre el cubrebocas.

—Entonces que aprenda esto también —respondió, bajando la voz— no va a salir de este claro—.

Arkadimon Adult rugió. Dainsleif levantó las cuchillas, Dvalin abrió las alas, con Zephyrus todavía rugiendo a su alrededor, los espíritus Atho, René y Por ocuparon sus posiciones. La siguiente embestida decidiría si podían romper el ciclo de absorción. O si Arkadimon encontraría la manera de devorarlos incluso en un campo sin comida.​
 
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Gennai

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Arkadimon Adult se lanzó hacia ellos. Esta vez no fue una carga salvaje, sino una elección. Sus patas golpearon la roca con fuerza, pero su trayectoria no iba directa a Dainsleif ni a Dvalin. La bestia se desplazó en diagonal, manteniendo el aguijón bajo, como si intentara obligarlos a separarse antes del impacto.

Tatsuya lo notó al instante.

—No lo sigan —ordenó, levantando una mano— está abriendo ángulos—.

Dainsleif clavó una cuchilla en el suelo y frenó su impulso. Atho, René y Por se detuvieron con él, girando alrededor de su cuerpo como satélites armados.

Dvalin, aún envuelto por Zephyrus, extendió las alas y dejó que el viento lo sostuviera en lugar de lanzarse de inmediato.

—Quiere que uno de nosotros entre solo —dijo, siguiendo con la mirada el movimiento de Arkadimon.

—Entonces no le des eso —respondió Dainsleif, bajando el centro de gravedad.

Arkadimon Adult giró de golpe y su aguijón salió disparado hacia Zephagamon.

Dvalin en respuesta, alzó una mano y comprimió el viento frente a él. La corriente desvió la punta lo justo para evitar el contacto directo, pero el impacto lo empujó varios metros hacia atrás.

—¡Pesado! —gruñó, batiendo las alas para estabilizarse.

Dainsleif entró por el flanco contrario.

—¡Tekken Seibai! —exclamó, cruzando el claro a gran velocidad. Sus cuchillas golpearon el costado de Arkadimon Adult con una serie de cortes rápidos. La bestia se estremeció, pero no cayó. En cuanto las heridas se abrieron, pequeñas partículas empezaron a desprenderse de ellas.
Y luego intentaron volver, Dvalin lo vio.

—¡Ya está recuperándolas! —advirtió, extendiendo ambas alas.

Tatsuya dio un paso sobre una roca plana, sin apartar los ojos de la data flotante.

—Ahora, Dvalin, sepárala de él —ordenó.

Dvalin respiró hondo y el viento de Zephyrus respondió. No lanzó una ráfaga brutal. Esta vez la corriente fue precisa, circular, controlada. Rodeó las partículas que brotaban de las heridas de Arkadimon Adult y las arrastró hacia arriba, lejos del cuerpo de la bestia.

Arkadimon giró la cabeza hacia la data que se le escapaba.

—Mi… data… —gruñó, extendiendo el aguijón hacia la nube dispersa.

Dainsleif apareció frente a él.

—Ya no —dijo, cruzando las cuchillas frente a su pecho. Atho y René golpearon desde los costados. Por se movió hacia la cola, usando sus hilos de energía para limitar el ángulo del aguijón.

Arkadimon Adult respondió con una violencia súbita. Esta vez golpeó el suelo y la roca bajo sus patas se quebró y una explosión de fragmentos salió disparada en todas direcciones.

Dvalin giró las alas para cubrirse, Tatsuya retrocedió detrás de una roca, levantando el brazo frente al rostro. Varias astillas digitales pasaron junto a él, cortando la tela de su manga.
Dainsleif contrarrestó el impacto con una de sus técnicas.

—Schwertgeist —dijo, endureciendo la mirada.

Las espadas de Atho, René y Por respondieron a cada fragmento y cada movimiento de Arkadimon. Algunas piedras fueron desviadas. Otras se partieron en el aire. Pero la técnica no podía proteger todos los ángulos al mismo tiempo mientras Arkadimon seguía moviéndose.

Uno de los fragmentos pasó entre René y Por.

Dvalin descendió de golpe.

—¡Gale Braver! —exclamó, transformando sus espadas en bumeranes de viento.

Los bumeranes giraron en torno a Tatsuya, formando un tornado estrecho que desvió los fragmentos antes de que pudieran alcanzarlo.

Tatsuya no se movió de su sitio. Solo giró la mirada hacia Dvalin.

—Bien —dijo, con voz firme— mantén esa precisión—.

Dvalin apretó los dientes, sosteniendo el viento.

—Lo intento —respondió, batiendo las alas con más fuerza.

Arkadimon Adult aprovechó ese instante y u cuerpo se hundió bajo la línea de polvo levantada por el choque.

Dainsleif lo perdió de vista por una fracción de segundo.

—¡Abajo! —gritó Tatsuya.

El suelo frente a JESmon se abrió. Arkadimon emergió desde una grieta, usando el aguijón como lanza vertical. Dainsleif reaccionó por instinto y saltó hacia atrás. No lo suficiente pues la punta del aguijón rozó una de sus placas y arrancó una línea de data. El tirón fue inmediato, como si una mano invisible intentara arrancarle parte del cuerpo.

Dainsleif apretó los dientes.

—No lo harás —gruñó, clavando una cuchilla en la cola para cortar el contacto.

Atho y Por descendieron al mismo tiempo, golpeando el aguijón con sus espadas. La conexión se rompió y Dainsleif aterrizó mal, pero de pie.

Tatsuya vio la nueva herida y sus ojos se endurecieron.

—Te está provocando para que uses Os Generics —dijo, bajo pero claro.

Dainsleif no apartó la mirada de Arkadimon.

—Lo sé —respondió, respirando con fuerza.

Dvalin miró a ambos desde el aire.

—¿Os Generics?, pero si hace eso... —dijo, sin dejar de sostener el viento alrededor de las partículas.

Dainsleif flexionó las cuchillas. Atho, René y Por regresaron a su alrededor, atentos al siguiente movimiento.

—Una salida cara —respondió seriamente.

Tatsuya negó apenas con la cabeza.

—Una salida que no vamos a usar por desesperación —corrigió, ajustando el D-Arc en su mano— todavía no—.

Arkadimon Adult abrió la boca y la data robada vibró bajo su piel.

—Más… fuerte… —arrastró, mirando a Dainsleif—. Quiero… más… fuerte—.

JESmon avanzó un paso.

—Entonces ven a buscarlo —respondió, levantando las cuchillas. Tatsuya lo miró de reojo y Dainsleif lo notó, respondiéndole antes de que hable
—No voy a darle el aguijón —respondió sin girarse— voy a darle una razón para seguir mirándome— Tatsuya no lo detuvo, porque entendía el plan.

Dainsleif avanzó al centro del claro. Atho, René y Por se separaron a tres puntos distintos, formando una zona de presión alrededor de Arkadimon Adult.
Dvalin mantuvo la corriente circular arriba, dispersando las partículas de data cada vez más lejos del cuerpo de la bestia quien lo notó y sus ojos subieron hacia Dvalin.

Dainsleif golpeó el suelo con una cuchilla.

—Aquí —lo llamó, con voz fría. Arkadimon giró hacia él y JESmon cruzó los brazos —Atho. René. Por —ordenó, con los hilos de energía tensándose—cierren—.Los tres espíritus atacaron al mismo tiempo: Atho desde la derecha, René desde arriba y Por desde la izquierda y el propio Dainsleif entró de frente —¡Tekken Seibai! —rugió. El ataque fue más limpio que el anterior. No buscó abrir cortes enormes. Buscó cortes repetidos, finos, difíciles de cerrar rápido. Las cuchillas de Dainsleif golpearon hombros, patas, costados y base del aguijón mientras Atho, René y Por obligaban a Arkadimon a defenderse de cuatro direcciones.

Arkadimon Adult chilló y giró el aguijón en un arco amplio, en respuesta Dainsleif se agachó esquivando. René desvió la punta, Por golpeó la base y Atho cortó una de las extremidades delanteras.

Dvalin abrió las alas con fuerza.

—¡Ahora separo la data! —gritó y Zephyrus rugió alrededor de él. La corriente se volvió más violenta, arrancando las partículas de las heridas recién abiertas antes de que pudieran reabsorberse. La data dispersa subió en espiral, alejándose del cuerpo de Arkadimon Adult como ceniza atrapada por un huracán.

La bestia rugió. Por primera vez, su regeneración falló, no del todo. Pero lo suficiente.

Tatsuya lo vio.

—Ahí está —dijo, entrecerrando los ojos— ese es el punto débil—.

Arkadimon Adult clavó las patas en el suelo y abrió la boca. La data dentro de su cuerpo se comprimió.

Dainsleif percibió el cambio.

—¡Atrás! —ordenó, tirando de Atho, René y Por.

Dvalin cortó la corriente circular y se elevó.

Arkadimon expulsó una descarga corrupta desde su cuerpo. No fue un rayo limpio, fue una explosión de data contaminada que se expandió como una onda negra y blanca por el claro. Todo lo que tocó perdió color durante un segundo.

Tatsuya se cubrió detrás de una roca, Dvalin plegó las alas frente a sí, creando una barrera de viento, Dainsleif cruzó las cuchillas y colocó a Atho, René y Por delante de él. El impacto los empujó a todos. Cuando la onda pasó, el claro quedó en silencio. Fue un silencio corto y pesado.

Dainsleif bajó los brazos. Atho tenía fisuras de luz en una de sus espadas, René parpadeaba de forma inestable, Por seguía entero, pero su hilo de energía temblaba.

Dvalin descendió con dificultad. El efecto de Zephyrus seguía activo, pero mantener tanta presión empezaba a notarse en su respiración.

—Eso no fue absorción —dijo, mirando la tierra descolorida.

Tatsuya salió de detrás de la roca, sacudiendo polvo de su manga.

—Fue descarga de exceso, está perdiendo estabilidad —respondió con la mirada fija en la bestia.

Dainsleif miró a Arkadimon Adult. La bestia respiraba con dificultad y sus heridas seguían abiertas. Pero su cuerpo empezaba a forzar la data interna para cerrar el daño desde dentro.

—Si lo presionamos más, puede romperse —dijo Dainsleif, dando un paso al frente.

Tatsuya no respondió de inmediato. Observó la forma en que Arkadimon apoyaba las patas. Su aguijón seguía activo, sus ojos seguían enfocados y había algo peor. Arkadimon Adult ya no miraba solo a Dainsleif o a Dvalin. Miraba las corrientes de viento, miraba los hilos de energía, miraba el D-Arc. Estaba aprendiendo el sistema.

—O puede adaptarse otra vez —dijo Tatsuya.

Como si hubiera entendido, Arkadimon Adult bajó la cabeza y dejó de intentar absorber sus propias partículas.

Dvalin abrió los ojos.

—Dejó de recuperarlas —dijo, confundido.

Dainsleif tensó las cuchillas.

—¿Por qué haría eso?— preguntó y respuesta llegó de inmediato.

Arkadimon Adult golpeó el suelo con el aguijón, no para absorber data, sino para levantar una nube densa de polvo y partículas contaminadas. La nube se mezcló con los restos que Dvalin había estado dispersando, ensuciando el aire alrededor del claro.

Dvalin retrocedió.

—¡Está contaminando mi viento! —advirtió, batiendo las alas para apartarse.

Las corrientes de Zephyrus empezaron a arrastrar partículas corruptas en lugar de solo data desprendida. Si Dvalin seguía usando la misma técnica, podía terminar esparciendo esa contaminación por todo el campo.

Tatsuya apretó el D-Arc.

—Corta el flujo circular —ordenó.

Dvalin cerró las alas parcialmente, frenando la corriente.

—Si lo corto, recupera su data —respondió, mirando las partículas que flotaban alrededor.

—Si no lo cortas, usará tu viento contra nosotros —dijo Tatsuya, con la voz firme.

Dvalin apretó los dientes.

—Entendido —respondió, cerrando el flujo.

La nube cayó lentamente sobre el claro Arkadimon Adult desapareció dentro de ella.

Dainsleif levantó una mano, Atho, René y Por se acercaron.

—No entren —ordenó, moviendo los ojos de un lado a otro.

Dvalin descendió hasta quedar cerca de Tatsuya.

—No puedo sentirlo bien con el viento así —dijo, frustrado.

Tatsuya observó la nube. El cubrebocas ocultaba su boca, pero sus ojos se volvieron más duros.

—Entonces lo haremos salir —respondió con esa misma dureza que transmitían.

—¿Con qué?— Dainsleif giró apenas hacia él.

Tatsuya sacó una carta, Dvalin la vio y abrió un poco los ojos.

—¿Otra? —preguntó, bajando las alas.

—Una que no necesita verlo perfecto —respondió Tatsuya yd eslizó la carta por el D-Arc. (Anchor Howl) y el resplandor de luz envolvió a Dainsleif.

La intención era simple; provocarlo, atraerlo. Durante unos segundos, todo enemigo bañado por ese brillo sentiría la obligación de atacarlo.

Dainsleif entendió el peso de la jugada.

—Veinte segundos —dijo, bajando las cuchillas.

Tatsuya asintió.

—Haz que los desperdicie —respondió viendo el cambio.

La nube se agitó. Arkadimon Adult salió de ella como una pesadilla blanca, directo hacia Dainsleif, el plan funcionó y por eso mismo era peligroso.

Dainsleif cruzó las cuchillas.

—Schwertgeist —dijo, afirmando los pies. Atho, René y Por formaron la defensa alrededor de él.

Arkadimon Adult chocó contra la esfera de contraataque con una furia que hizo temblar el claro. Uno, dos, tres impactos. Cada ataque fue respondido y cada corte fue desviado. Pero Anchor Howl lo mantenía enfocado, y la bestia no dejaba de atacar.

Dvalin abrió las alas.

—Puedo limpiarle el campo por detrás —dijo, preparándose para subir.

Tatsuya levantó una mano.

—No uses viento amplio. Solo cortes pequeños. Nada de corrientes largas— ordenó seriamente.

Dvalin asintió.

—Gale Braver, versión corta —murmuró, transformando una sola espada en bumerán.

Lanzó el bumerán de viento en un arco estrecho, cortando parte de la nube contaminada detrás de Arkadimon sin dispersarla demasiado. Luego lanzó el segundo en dirección contraria, abriendo un canal limpio alrededor de Dainsleif.

Dainsleif sintió el cambio.

—Buen corte —dijo, desviando otro ataque con ayuda de René.

Dvalin respiró hondo.

—No te distraigas felicitándome —respondió, recuperando los bumeranes con un giro de muñeca.

Tatsuya contó mentalmente: Quince segundos y Arkadimon Adult seguía golpeando, dieciséis y Atho recibió un impacto directo y salió disparado contra el suelo.

Dainsleif sintió el tirón en el hilo de energía y apretó los dientes.

—Atho, arriba —ordenó, sin mover los pies. Diecisiente, el espíritu se levantó, más inestable que antes.

El aguijón atravesó la defensa por un hueco mínimo y Dainsleif inclinó el cuerpo, la punta le rozó el costado y su data salió disparada.

—¡Dain!—Tatsuya dio un paso adelante.

—Estoy bien —respondió Dainsleif, aunque su voz sonó más pesada.

Dieciocho: Dvalin abrió una corriente corta para empujar la nube contaminada lejos de la herida nueva.

Diecinueve.

Arkadimon Adult rugió y preparó otro golpe.

Veinte: El efecto de Anchor Howl terminó. Y Arkadimon Adult cambió de objetivo al instante pues su mirada saltó hacia Tatsuya.

Dainsleif abrió los ojos.

—¡No lo harás! —rugió, lanzándose hacia la bestia.

Arkadimon salió disparado hacia el Tamer, pero Tatsuya no retrocedió y sacó otra carta.

Dvalin bajó en picada.

—¡Tatsu, muévete! —gritó, reuniendo viento bajo sus alas.

Tatsuya pasó la carta por el lector: Pata Bomb y las bombas con forma de Patamon aparecieron entre él y Arkadimon. Una, dos, tres. Explotaron al contacto, no con daño, sino con estallidos de aire y aturdimiento. La bestia atravesó la primera, la segunda le desvió la cabeza, la tercera explotó bajo sus patas delanteras. La embestida perdió medio segundo pero fue suficiente.

Dainsleif apareció desde un costado.

—¡Un Pour Tous! —exclamó. Acto seguido Atho, René y Por formaron el escudo triangular de manera imperfecta, todavía dañados por el combate. El rayo de energía impactó a Arkadimon Adult de lado y lo lanzó lejos de Tatsuya.

La bestia rodó por el suelo, levantando polvo contaminado.

Dvalin aterrizó frente a Tatsuya, con las alas extendidas y Zephyrus rugiendo alrededor de él.

—Eso estuvo demasiado cerca —dijo, sin mirarlo.

Tatsuya guardó la carta usada.

—Lo sé —
respondió, con los ojos fijos en Arkadimon.

Dvalin giró apenas la cabeza hacia él.

—No sonaba como si lo supieras —reclamó, apretando el puño.

Tatsuya no respondió. Dainsleif aterrizó junto a ellos. Una línea de data bajaba por su costado, y Atho, René y Por flotaban más cerca de él, visiblemente afectados.

—Sigue aprendiendo —dijo JESmon, con la respiración pesada.

Arkadimon Adult se levantó lentamente. La nube contaminada empezaba a girar alrededor de su cuerpo. No era regeneración completa, no era evolución. Era adaptación. Estaba usando la data corrupta como pantalla, como defensa y como amenaza contra el viento de Dvalin.

Tatsuya miró a sus dos Digimon; Dainsleif estaba herido y Dvalin mantenía Zephyrus, pero cada uso amplio del viento podía volverse contra ellos.
Lag ya no estaba disponible, acaba de gastar otro uso de Anchor Howl junto a Pata Bomb también. Y Arkadimon seguía de pie.

—Cambiamos el objetivo —dijo Tatsuya suspirando leve.

—¿Cuál?—
Dainsleif lo miró de reojo.

—No vamos por el cuerpo. Vamos por su herramienta de absorción—
Tatsuya señaló el aguijón.

Dvalin siguió la dirección de su dedo.

—El aguijón —dijo, entendiendo.

Dainsleif flexionó las cuchillas, aunque el movimiento le arrancó una chispa de dolor.

—Eso sí puede matarnos si fallamos —advirtió.

Tatsuya sostuvo la mirada en Arkadimon Adult.

—Por eso no vamos a fallar —respondió con seriedad.

Arkadimon Adult bajó la postura. La nube contaminada giró más rápido, Dvalin elevó las alas, reuniendo viento solo en los bordes para no dispersar la corrupción y Dainsleif llamó a Atho, René y Por a su alrededor. Tatsuya preparó otra carta, pero no la usó. El siguiente movimiento tendría que romper el aguijón o el aguijón los rompería a ellos.​
 
OP
OP
Gennai

Gennai

Eclipse Dynasty Member
El claro rocoso quedó suspendido en una tensión insoportable. Arkadimon Adult estaba en el centro, rodeado por una nube de data corrupta que giraba alrededor de su cuerpo como una tormenta enferma. Sus heridas no cerraban del todo, pero tampoco se abrían lo suficiente para hacerlo caer. Cada partícula contaminada que flotaba cerca de él servía como pantalla, alimento mínimo o amenaza.

Dainsleif respiraba con dificultad. Atho, René y Por flotaban cerca de él, más apagados que al principio. Los tres espíritus seguían listos, pero cada hilo de energía temblaba con el desgaste acumulado. El costado de Dainsleif soltaba pequeñas líneas de data por el roce reciente del aguijón.

Dvalin mantenía altura baja, con Zephyrus todavía vibrando alrededor de sus alas. El viento ya no rugía en todas direcciones. Ahora se concentraba en bordes finos, cortes breves, corrientes pequeñas que evitaban mover la nube corrupta más de lo necesario.

Tatsuya observó el aguijón con detenimiento.

—Ese es el centro de su cacería —dijo, bajando la voz mientras ajustaba el D-Arc en su mano— si lo pierde, no deja de ser peligroso. Pero deja de poder decidir la pelea con un solo toque—.

Dainsleif flexionó las cuchillas de sus brazos. El movimiento le arrancó una chispa de dolor, pero no retrocedió.

—Entonces lo cortamos —
respondió, haciendo que Atho y René avanzaran un poco.

Dvalin bajó hasta quedar a su flanco.

—No va a dejarnos acercarnos gratis —
advirtió, con las alas extendidas.

—Por eso tú no vas a acercarte —
dijo Tatsuya, girando apenas la mirada hacia él— vas a controlar el aire alrededor del aguijón. No la nube. Solo el espacio donde se mueve—.

Dvalin miró la cola de Arkadimon Adult, que se balanceaba detrás de la bestia con una calma falsa.

—Cortar el viento alrededor de algo que se mueve así… —
murmuró, apretando los dedos.

—Puedes hacerlo —dijo Tatsuya sosteniendo su mirada.

Dvalin abrió un poco los ojos. No era una frase suave, ni era consuelo. Era una evaluación y por eso pesó más.

—Entendido —respondió, elevándose unos metros.

Arkadimon Adult bajó la cabeza y sus ojos saltaron de Dainsleif a Dvalin, luego a Tatsuya.

—Ta… tsu… ya… —arrastró otra vez, como si saborear el nombre le ayudara a entenderlo.

Dainsleif dio un paso al frente.

—No lo mires a él —dijo, levantando las cuchillas— mírame a mí, soy tu oponente—.

Arkadimon Adult abrió la boca.

—Da… ins… fuerte… —gruñó, hundiendo las garras en la roca.

Tatsuya sacó una carta y Dainsleif notó el movimiento por el rabillo del ojo.

—¿Cuál usarás? —preguntó, sin girarse.

Tatsuya miró la carta entre sus dedos, no era una defensa, no era una distracción. Era una apuesta.

—Fudokusou —respondió y Dainsleif entendió el riesgo al instante.

—Si entro con eso, tengo que tocarlo —dijo, bajando la voz.

—Sí —respondió Tatsuya, levantando la carta— pero no vas a ir por el cuerpo. Vas por la base del aguijón. Si pudres la unión, Dvalin podrá abrir la separación con viento—.

Dvalin miró hacia abajo.

—¿Y si el virus no funciona? —preguntó, tensando las alas.

Tatsuya no apartó la vista de Arkadimon.

—Entonces habremos aprendido algo demasiado tarde —respondió con seriedad.

Dvalin hizo una mueca.

—Odio cuando dices cosas así —
murmuró, reuniendo viento en torno a sus manos.

Dainsleif soltó una exhalación seca.

—Concéntrate en el viento —dijo, aunque sus ojos se suavizaron apenas.

Dvalin asintió y Tatsuya deslizó la carta Fudokusou en el lector y una energía oscura cubrió las cuchillas y garras de Dainsleif. No brillaba como fuego ni como luz sagrada. Era más espesa, más venenosa, extendiéndose sobre sus armas naturales como una capa de virus necrotóxico. Atho, René y Por se separaron de inmediato.
Dainsleif no quería que el efecto se desperdiciara en un intercambio defensivo.

Arkadimon Adult olfateó el aire. Por primera vez, retrocedió medio paso antes de atacar y Dvalin lo notó.

—Lo percibió —dijo, moviendo las alas con cuidado.

—Bien —respondió Tatsuya, guardando la carta usada— eso significa que le importa—.

Arkadimon Adult chilló y se lanzó hacia Dainsleif. El aguijón atacó primero.

Dvalin movió una mano y una corriente corta golpeó el aire alrededor de la cola, no para desviarla por completo, sino para retrasar su curva. El aguijón perdió precisión durante una fracción de segundo.

Dainsleif entró por ese espacio.

—Atho, René, Por. Cortina cerrada —
ordenó, cruzando las cuchillas.

Los tres espíritus se movieron alrededor de Arkadimon Adult, no atacando directamente al cuerpo, sino obligándolo a gastar movimientos. Atho golpeó desde arriba. René amagó contra el costado. Por tiró de un hilo de energía cerca de la cola para alterar el ángulo del aguijón.

Arkadimon respondió con violencia y su aguijón casi alcanzó a Por.

Dainsleif apareció debajo.

—Tekken Seibai —
dijo, moviéndose a máxima velocidad. Los cortes no fueron al torso, no fueron a las patas sino que fueron a la base de la cola.
Una vez, dos, tres. El virus de Fudokusou penetró la zona dañada. La data alrededor de la unión empezó a ennegrecerse, pudriéndose con un sonido seco, como código rompiéndose desde dentro y Arkadimon Adult chilló, esta vez no fue de furia sino de dolor, de dolor real.

Dvalin abrió los ojos.

—¡Funcionó! —exclamó, bajando las alas para preparar otra corriente.

Arkadimon Adult giró con una violencia desesperada, su cola golpeó el suelo y levantó una nube de polvo corrupto y Dainsleif quedó dentro.

—¡Dainsleif! —gritó Dvalin, descendiendo un poco.

Tatsuya levantó una mano.

—No entres —
ordenó, clavando los ojos en la nube.

Dvalin se detuvo a media caída.

—¡Pero no lo veo! —respondió, con frustración en la voz.

—Él sí ve el viento —
dijo Tatsuya— no le des más movimiento—.

Dentro de la nube, Dainsleif sintió el aguijón venir desde su derecha, luego desde atrás, luego desde arriba. Arkadimon Adult no estaba apuntando con precisión.Estaba atacando todo.

Dainsleif cruzó las cuchillas. Atho, René y Por volvieron hacia él.

—Schwertgeist —dijo, afirmando los pies en la roca. La defensa omnidireccional se abrió justo cuando los ataques llegaron.

Las espadas respondieron a cada trayectoria. El aguijón fue desviado una vez. Luego otra. Las garras de Arkadimon chocaron contra las cuchillas de los espíritus. Cada impacto empujó a Dainsleif hacia atrás, pero no lo alcanzó de lleno.

El problema era otro; la nube corrupta rozaba sus heridas y cada roce quemaba.

Dainsleif apretó los dientes.

—Dvalin —llamó, con la voz tensa.

Dvalin se inclinó hacia la nube.

—Aquí estoy —respondió, reuniendo viento en una mano.

—Canal estrecho, directo a mi voz —ordenó Dainsleif, desviando otro ataque.

Dvalin miró a Tatsuya y asintió una sola vez.

—Hazlo pequeño. como una cuchilla, no como una ráfaga— explicó sin quitar la vista de la nube

Dvalin cerró los dedos y el viento de Zephyrus se comprimió hasta volverse una línea delgada, casi invisible, no empujó la nube entera. La partió desde un punto específico, abriendo un corredor limpio hacia Dainsleif.

—¡Ahora! —gritó Dvalin.

Dainsleif salió por el canal, cubierto de polvo corrupto y con las cuchillas todavía ennegrecidas por Fudokusou y Arkadimon Adult lo siguió. Se pudo aprecia que la base del aguijón estaba dañada. Pudriéndose, pero no destruida.


—No basta —dijo Tatsuya, observando la herida.

Dvalin apretó los dientes.

—Entonces lo abrimos más —respondió, elevándose. La energía de Zephyrus seguía activa, pero su respiración se volvía pesada. Mantener corrientes tan precisas bajo contaminación le estaba costando demasiado.

Arkadimon Adult giró hacia él. El aguijón dañado se movió con menos fluidez, pero todavía era mortal.

Tatsuya sacó otra carta, la miró apenas un instante luego la guardó. decidiendo no usarla de momento. Si seguía resolviendo cada peligro con cartas, se quedarían vacíos antes del final.

—Dvalin —dijo, alzando la voz— usa tu Gale Braver a la unión dañada— .

Zephagamon asintió y transformó las espadas de sus manos en bumeranes de viento. Pero esta vez no los lanzó en arco amplio. Los comprimió en una trayectoria cerrada, rápida, giratoria.

—¡Gale Braver! —exclamó, moviendo ambas manos hacia adelante. Los bumeranes envueltos en tornado salieron disparados hacia la base del aguijón.

Arkadimon Adult intentó cubrirse con la cola pero Dainsleif no se lo permitió. Atho, René y Por formaron un triángulo delante de él.

—Un Pour Tous —declaró JESmon con dureza.

El rayo de energía golpeó el pecho de Arkadimon Adult, no para dañarlo de forma decisiva, sino para obligarlo a abrir la postura,, os bumeranes de Dvalin entraron por el hueco y cortaron la zona podrida. Una línea profunda se abrió en la base del aguijón y Arkadimon Adult soltó un rugido que sacudió el claro. El aguijón cayó hacia un costado, casi separado. Pero antes de desprenderse, Arkadimon lo clavó en el suelo y la roca empezó a perder color.

Tatsuya abrió los ojos.

—¡No está intentando curarlo! ¡Está alimentándolo!—exclamó velozmente.

La data absorbida subió por el aguijón dañado como una corriente oscura. La zona podrida empezó a estabilizarse a la fuerza, no sanando, sino endureciéndose alrededor del daño.

Dvalin maldijo entre dientes.

—¡Lo está usando como ancla! —dijo, preparando otra corriente.

Dainsleif se lanzó hacia la cola. Arkadimon Adult lo esperaba. La bestia soltó el suelo y giró con todo el cuerpo. El aguijón, medio dañado pero cargado de data, golpeó a JESmon de lado. Atho y René intentaron interceptar, pero bastó y el Ultimate salió disparado contra una formación rocosa.

El impacto quebró la piedra.

—¡Dainsleif! —gritó Dvalin.

JESmon cayó de rodillas, con una línea de data cruzándole el torso. Intentó levantarse, pero su brazo izquierdo tembló antes de responderle. Atho, René y Por regresaron a su alrededor, inestables, con los hilos de energía vibrando como si también hubieran sentido el golpe.

Arkadimon Adult avanzó sobre la roca rota. Sin el aguijón completo, su silueta se veía mutilada, pero no menos peligrosa. La base de la cola seguía abierta, pudriéndose por el efecto de Fudokusou, mientras la data que había absorbido a la fuerza se endurecía alrededor de la herida como una costra corrupta.

Tatsuya dio un paso adelante. Sus dedos se cerraron con fuerza alrededor del D-Arc, pero no sacó ninguna carta. No había carta que corrigiera ese error.

Dainsleif apoyó una cuchilla en el suelo para incorporarse. Sus propios datos vibraron de forma extraña durante un instante, como si el cuerpo de JESmon intentara forzar una respuesta más allá de sus límites.

Tatsuya lo notó.

—No uses Os Generics —
dijo, con voz baja pero firme.

Dainsleif levantó la cabeza, respirando con dificultad.

—Todavía no pensaba hacerlo —respondió, aunque sus ojos mostraban que la opción sí había cruzado por su mente.

—Si reescribes tus datos en ese estado, no sé qué te va a cobrar después—
Tatsuya sostuvo su mirada.

Dainsleif se puso de pie con esfuerzo. Atho se colocó a su derecha, René flotó sobre su hombro y Por descendió cerca de su flanco izquierdo.

—Entonces lo terminamos antes de necesitarlo —
dijo, flexionando las cuchillas.

Tatsuya no apartó la mirada de él.

—Esa era la idea —respondió, bajando apenas el D-Arc.

Dvalin aterrizó sobre una roca cercana, respirando con fuerza. El brillo de Zephyrus seguía rodeándolo, pero ya no rugía como al principio. Ahora era un viento más contenido, más delgado, como una hoja afilada a punto de romperse si se le exigía demasiado.

—El aguijón está casi fuera —dijo Dvalin, mirando la cola mutilada de Arkadimon— pero sigue usando esa cosa como ancla—.

Arkadimon Adult escuchó la palabra "aguijón" y giró la cabeza hacia el pedazo caído sobre la roca. El fragmento desprendido todavía palpitaba.

Dainsleif lo vio también.

—No dejen que lo recupere —advirtió, levantando una cuchilla.

Arkadimon Adult abrió la boca. La nube corrupta que giraba alrededor de su cuerpo empezó a ser absorbida por sus mandíbulas. No la refinaba. No la limpiaba. La devoraba tal como estaba, tragando su propia contaminación con una desesperación grotesca.

Dvalin retrocedió medio paso.

—Eso no puede ser bueno —murmuró, tensando las alas.

Tatsuya observó cómo el cuerpo de Arkadimon se hinchaba con pulsos irregulares.

—No lo es. Está usando la contaminación como sustituto del aguijón. Si no puede absorber bien, va a forzar su cuerpo desde dentro.—
respondió tenso.

—¿Se va a curar?— Dainsleif apretó las cuchillas.

—Se va a romper— Tatsuya negó con la cabeza.

La piel blanca de Arkadimon Adult empezó a abrirse en grietas. No eran heridas limpias. Eran rupturas internas, líneas de data corrupta filtrándose entre las placas de su cuerpo. Cada respiración de la bestia liberaba pequeñas partículas negras y blancas que se mezclaban con el aire.

Dvalin elevó las alas.

—Si eso se dispersa hacia el bosque… —dijo, mirando las corrientes alrededor del claro.

—Contaminará todo lo que toque —terminó Tatsuya, con los ojos fijos en Arkadimon— por eso no puede salir del centro—.

Dainsleif dio un paso adelante. La línea de data en su torso chispeó, pero no se detuvo.

—Atho. René. Por —ordenó, extendiendo los hilos de energía—Triángulo de contención—.

Los tres espíritus se movieron a posiciones distintas alrededor de Arkadimon Adult. Atho tomó la derecha, René subió sobre la espalda de la bestia, y Por cerró el lado izquierdo. Los hilos de energía se tensaron entre ellos, formando una estructura móvil que no apresaba completamente a Arkadimon, pero sí limitaba sus rutas de escape.

Dvalin se elevó sobre el claro.

—Yo mantengo la data en el centro —dijo, extendiendo ambas manos.

Tatsuya levantó la mirada hacia él.

—Nada amplio. Si usas una ráfaga grande, lo esparces.—advirtió

Dvalin asintió, apretando los dientes.

—Cuchillas pequeñas. Corrientes cortas. Lo sé —respondió, concentrando el viento alrededor de sus dedos.

Arkadimon Adult rugió. La data corrupta salió disparada de sus heridas en pulsos violentos.

Dvalin movió las manos.

El viento cortó el primer pulso antes de que alcanzara el borde del claro, empujándolo de vuelta hacia el centro con una corriente fina. Luego interceptó el segundo, partiéndolo en fragmentos pequeños que giraron alrededor de Arkadimon sin escapar.

—Bien —dijo Tatsuya, siguiendo cada movimiento— no lo contengas como una tormenta. Córtalo como si estuvieras cerrando heridas—.

Dvalin respiró con fuerza.

—Eso suena más fácil de lo que es —respondió, moviendo las alas para estabilizarse.

Dainsleif avanzó y Arkadimon Adult giró hacia él con los ojos desorbitados.

—Da…ta… —balbuceó, lanzándose hacia adelante con las garras abiertas.

Dainsleif no retrocedió.

—Schwertgeist —dijo, cruzando las cuchillas. Atho, René y Por respondieron al instante.

Las espadas de los tres espíritus interceptaron los ataques de Arkadimon desde todos los ángulos. Una garra fue desviada hacia el suelo. La cola mutilada fue bloqueada antes de golpear a Dainsleif. Un mordisco desesperado chocó contra la cuchilla del propio JESmon.

Pero cada impacto empujaba más presión corrupta fuera del cuerpo de Arkadimon. Dvalin tuvo que moverse más rápido, una corriente hacia la derecha, otra hacia abajo, un corte vertical para detener una fuga de data. Un remolino pequeño para impedir que las partículas alcanzaran el fragmento del aguijón caído. Mientras hacia todo eso su respiración empezó a quebrarse.

Tatsuya lo notó.

—Dvalin, no sostengas todo tú solo —
ordenó, sacando una carta y la delizó por el lector (Shakkou Guard) Una nueva figura protectora apareció en el borde del claro, no frente a un ataque directo, sino como barrera contra la salida de la data contaminada. La corrupción chocó contra el guardián y se quedó contenida durante unos segundos, dándole a Dvalin margen para respirar.

Dvalin bajó apenas las alas.

—Gracias —dijo, recuperando aire.

Tatsuya no apartó la vista del centro.

—No te acostumbres —respondió, guardando la carta usada.

Arkadimon Adult golpeó a Dainsleif con una garra y Schwertgeist respondió, pero el impacto rompió la postura de JESmon. Atho y René desviaron el segundo ataque, mientras Por intentó cerrar la cola mutilada.

La bestia vio el hueco y fue hacia el aguijón caído.

—¡El fragmento!—Tatsuya abrió los ojos.

Dvalin reaccionó primero. Transformó una de sus espadas en un bumerán de viento y la lanzó hacia la roca donde palpitaba el aguijón.

—¡Gale Braver! —exclamó, cortando el aire con un movimiento seco. El bumerán envuelto en tornado golpeó el fragmento y lo empujó lejos de Arkadimon Adult. El pedazo de aguijón rodó hacia una grieta entre rocas, soltando data corrupta al arrastrarse.

Arkadimon chilló con furia. Dainsleif aprovechó la distracción.

—¡Tekken Seibai! —rugió, lanzándose hacia la base mutilada de la cola. Sus cuchillas cayeron una tras otra. El primer corte abrió la costra corrupta, El segundo rompió la data endurecida, el tercero no buscó cortar más. Buscó dejar la herida expuesta—¡Dvalin! —llamó Dainsleif, saltando hacia atrás.

Dvalin entendió. La energía de su Digicore volvió a concentrarse en una mano. No usó una descarga amplia pues no podía permitírselo en este momento.

—Divine Tempest Ligero —dijo, apuntando al punto exacto que Dainsleif había abierto. La columna comprimida de viento golpeó la base mutilada. Arkadimon Adult se arqueó hacia atrás y la data corrupta que intentaba estabilizar la herida fue expulsada desde dentro, girando en espiral hacia el centro del claro. Dvalin apretó los dientes y torció la mano para evitar que se dispersara —¡No puedo sostenerlo mucho! —gritó, con el brazo temblando.

Dainsleif alzó una mano. Atho, René y Por regresaron a él.

—Un Pour Tous —declaró. Los tres espíritus formaron el escudo triangular. Esta vez el rayo no fue contra el cuerpo de Arkadimon, sino que contra la masa de data corrupta expulsada. El impacto comprimió la contaminación en una esfera inestable frente a la bestia, impidiendo que regresara a sus heridas.

Tatsuya entendió el riesgo.

—Dain eso va a explotar —advirtió, avanzando un paso.

—Lo sé —respondió Dainsleif, manteniendo el brazo extendido.

Dvalin descendió a su lado, sosteniendo el viento alrededor de la esfera.

—Entonces hay que lanzarla hacia arriba —dijo, con la voz tensa.



—No. Si explota arriba, cae sobre el bosque—Tatsuya levantó el D-Arc.

—¿Entonces dónde?— Dvalin apretó los dientes.

Tatsuya miró el muro rocoso del fondo del claro. Una pared gris, gruesa, sin raíces visibles.

—Contra la pared. La roca absorberá el impacto físico, y ustedes contendrán la dispersión—respondió
.

—Eso nos deja cerca— Dainsleif giró apenas la cabeza.

—Sí—Tatsuya sostuvo su mirada. No necesitó decir más.

Dainsleif bajó las cuchillas.

—Atho, René, Por. Empuje frontal—ordenó.

—Yo la guío — Dvalin abrió las alas y colocó ambas manos frente a la esfera corrupta.

Tatsuya sacó una carta, pero no la usó todavía. Sus dedos quedaron sobre el borde, preparados para intervenir solo si el plan se rompía.

Arkadimon Adult entendió demasiado tarde. La masa de data corrupta ya no estaba volviendo a él. Se la estaban quitando.

—No… —balbuceó, avanzando con las patas temblorosas—. Mi… data…

Dainsleif endureció la mirada.

—Nunca fue tuya —dijo friamente.

Atho, René y Por golpearon al mismo tiempo.

Dvalin desató una corriente concentrada La esfera salió disparada hacia el muro rocoso. Arkadimon Adult se lanzó detrás de ella, desesperado.

Tatsuya pasó la carta Anchor Howl por el D-Arc. El resplandor envolvió a Dainsleif por última vez. Arkadimon Adult se detuvo a mitad de carrera.
Su cuerpo tembló, dividido entre recuperar la data corrupta o atacar al objetivo que el efecto lo obligaba a priorizar.

Dainsleif dio un paso al frente, aun sabiendo lo que hacía.

—Aquí —lo llamó, levantando las cuchillas.

Arkadimon Adult chilló y cargó hacia él. La esfera impactó contra el muro rocoso y la explosión sacudió el claro.

Dvalin cerró las alas y comprimió el viento alrededor del estallido para que la contaminación no escapara. Shakkou Guard recibió parte de la onda y empezó a resquebrajarse desde el centro. Atho, René y Por se colocaron delante de Dainsleif, formando una defensa rota pero suficiente para el primer golpe.

Arkadimon Adult atravesó el polvo, directo hacia Dainsleif, sin el aguijón completo, sin regeneración estable, sin su reserva corrupta. Pero todavía con hambre.

Dainsleif esperó y Tatsuya gritó desde atrás:

—¡Ahora sí, termínalo!—.


Dvalin abrió las alas desde un costado. El viento de Zephyrus, casi agotado, se concentró en una última línea.

—Dainsleif —dijo Dvalin, con la voz firme— te abro el camino— las alas de su pecho se expandieron —¡Divine Tempest!— la descarga eólica golpeó a Arkadimon Adult de lado, no para lanzarlo lejos, sino para inmovilizarlo un instante contra la presión del viento.

Dainsleif cruzó las cuchillas. Atho, René y Por giraron alrededor de él. No usó Os Generics, por ende no reescribió sus datos. Usó lo que todavía tenía: Voluntad, técnica y a sus compañeros.

—Tekken Seibai —dijo, con una calma absoluta. Dainsleif desapareció y pareció frente a Arkadimon Adult como un destello y ejecutó un corte, luego otro y otro más. Las cuchillas de sus brazos atravesaron las zonas debilitadas por Fudokusou, por Gale Braver, por Tempestad Divina Ligero, por cada presión acumulada durante la batalla. Atho, René y Por siguieron su trayectoria, cortando las rutas de escape y cerrando los ángulos donde la bestia aún intentaba moverse.

Arkadimon Adult intentó morderlo, pero Dvalin lanzó una ráfaga corta y le desvió la cabeza, Dainsleif entró por el hueco y el último corte atravesó el núcleo inestable de la data corrupta.

La bestia se quedó inmóvil y sus ojos se abrieron.

—Da… ta… —susurró.

Dainsleif aterrizó detrás de él, con las cuchillas bajas.

—No más —
respondió, sin girarse.

El cuerpo de Arkadimon Adult se agrietó, primero el pecho, luego las extremidades, luego la base mutilada de la cola. La data empezó a desprenderse en fragmentos, pero Dvalin no dejó que se dispersara. Con las últimas fuerzas de Zephyrus, envolvió los restos en una corriente cerrada y los mantuvo suspendidos sobre el centro del claro.

Tatsuya solo observó hasta asegurarse de que la bestia ya no tuviera forma. Atho, René y Por permanecieron alrededor de Dainsleif unos segundos más antes de desvanecerse lentamente. El silencio cayó sobre el claro, esta vez no era falso.

Dvalin descendió con torpeza y cayó sentado sobre una roca. El brillo de Zephyrus se apagó alrededor de su cuerpo.

—No quiero volver a hacer eso nunca —murmuró, respirando con dificultad.

Dainsleif soltó una exhalación pesada y bajó una rodilla al suelo.

—Estoy de acuerdo —
dijo, apoyando una cuchilla sobre la roca para no caer.

Tatsuya caminó hacia ellos. El cubrebocas ocultaba su boca, pero sus ojos mostraban el cansancio que no había dejado salir durante la pelea.

—Buen trabajo —dijo un poco más tranquilo.

Zephagamon levantó la mirada hacia él.

—¿Eso fue un halago? —
preguntó, intentando recuperar el aire.

Tatsuya ladeó apenas la cabeza.

—No lo arruines hablando— replicó con leve dureza.

Dvalin soltó una risa débil y se dejó caer de espaldas sobre la roca y Dainsleif miró los restos suspendidos en el viento.

—¿Y ahora?— preguntó viendo los restos.

Tatsuya observó la data que Dvalin mantenía contenida.

—Ahora esperamos a que se disipe sin tocar nada y luego volvemos a Hojarasca Gris—
le respondió.

Dvalin cerró los ojos.

—Cinco minutos —pidió, levantando una mano cansada.

Tatsuya lo miró.

—Dos—.

—Tres —negoció Dvalin, sin abrir los ojos.

Dainsleif soltó una exhalación que casi pareció una risa.

Tatsuya miró hacia el bosque, donde las luces lejanas de Hojarasca Gris aún parpadeaban entre los árboles.

—Tres —aceptó el Kamisato.

Horas después, cuando regresaron a la aldea, la evacuación había terminado.Leomon los recibió en la entrada norte, con el hombro vendado y la espada todavía en la mano. Al verlos salir del bosque, bajó el arma lentamente.

—¿La bestia? —preguntó, aunque su mirada ya buscaba la respuesta en sus heridas.

Tatsuya se detuvo frente a él.

—Ya fue eliminada —respondió.

Leomon cerró los ojos durante un segundo. Luego inclinó la cabeza, no como soldado, sino como alguien que sabía cuántas vidas se habían salvado por poco.

—Entonces Hojarasca Gris tiene una deuda con ustedes —dijo, apretando el puño contra el pecho.

Dvalin, ya de vuelta en una postura menos imponente aunque todavía agotado, miró hacia los aldeanos reunidos a lo lejos.

—Solo asegúrense de no volver a agruparse todos en una plaza cuando algo quiera comérselos —dijo, intentando sonar firme.

Leomon lo miró, luego soltó una risa breve, cansada.

—Lo tendremos presente —respondió.

Dainsleif no dijo nada. Su mirada se mantuvo en el bosque, donde la presencia de Arkadimon ya no se sentía.

Tatsuya sacó su movil, luego activó una comunicación sencilla con la Central y la voz de Emile respondió después de unos segundos.

—Tatsuya —dijo, y por primera vez no sonó burlona—. ¿Estado?—.

Tatsuya miró a Dainsleif, luego a Dvalin. Ambos seguían de pie, heridos, agotados. Pero vivos, en ese instante brillaron y regresaron a su formas Child

—Objetivo eliminado —respondió firmemente— Hojarasca Gris sobrevivió. Hay heridos, pero la evacuación funcionó—añadió.

Al otro lado hubo un silencio breve.

—¿Y ustedes? —preguntó Emile, bajando la voz.

Dvalin levantó una mano débil hacia el D-Arc.

—Ternurita casi muere tres veces, pero sigue siendo ternurita —
dijo, con cansancio evidente.

Emile soltó el aire con alivio.

—Me alegra oír eso, pequeñín —respondió, recuperando apenas su tono habitual—. A ti sí te quería de vuelta—.

—Gracias por la parte que me toca— Tatsuya entrecerró los ojos.

—Tú eres más difícil de matar, desgraciadamente —replicó Emile, pero su voz ya no tenía el mismo filo de antes.

Dainsleif miró hacia Tatsuya.

—Dile que Arkadimon Adult pudo aprender nombres, patrones y uso de terreno —
dijo, serio.

Tatsuya asintió.

—El Arkadimon evolucionó a Adult durante el combate —informó—aprendió rutas, priorizó objetivos, usó contaminación como defensa y trató de adaptarse a nuestras técnicas. No era solo hambre al final— añadió dando por finalizado el reporte.

Emile guardó silencio. Cuando volvió a hablar, su voz era más fría.

—Entonces Lynette tenía razón. Esto sí te servía para entender mejor el problema de Sung—.

Tatsuya miró hacia el bosque oscuro. La imagen de Arkadimon Adult devorando su propia contaminación todavía seguía fresca en su mente.

—Sí, ero también confirma algo—respondió.

—¿Qué es? —preguntó Emile.

—Un Arkadimon sin dirección es una catástrofe, uno con vínculo… todavía puede ser otra cosa —
Tatsuya bajó el D-Arc apenas.

Dainsleif lo miró en silencio, Dvalin también y Emile tardó en responder.

—Eso suena casi optimista viniendo de ti —dijo ella al fin.

Tatsuya guardó el D-Arc.

—No te acostumbres—.

Emile soltó una pequeña risa.

—Descansen. Y hagan que revisen esas heridas antes de moverse otra vez. No quiero explicarle a Lynette que los mandé a morir antes de llegar a File— indicó con voz tranquila.

Dvalin levantó la cabeza.

—¿Podemos dormir primero? —preguntó, con voz agotada.

—Puedes mientras te revisan, ternurita — respondió Emile con suavidad.

La comunicación terminó y durante un momento, ninguno habló. Hojarasca Gris seguía en pie, el bosque seguía oscuro y la misión había terminado.
Pero Tatsuya no sintió victoria, solo información, información sobre hambre, sobre evolución, sobre lo rápido que Arkadimon podía aprender y sobre lo delgada que era la línea entre una bestia y un compañero.

Dainsleif se acercó a él, todavía con el cuerpo pesado por las heridas.

—Estás pensando en Sung —dijo, observándolo de reojo.

Tatsuya no respondió enseguida, Dvalin se puso a su lado, más callado que de costumbre.

—Estoy pensando en lo que pasaría si alguien intenta tratar a su Arkadimon como a esa cosa —dijo pensativo.
—Sung no lo permitiría— Dainsleif bajó la mirada.

Tatsuya ajustó el cubrebocas con un gesto mínimo.

—No, Y también puede ser un problema—respondió, sintiendo en su rostro como viento nocturno cruzó Hojarasca Gris.

Dvalin cerró las alas alrededor de sí mismo, Dainsleif permaneció en silencio, Tatsuya siguió mirando hacia la nada.
La Bestia había muerto, pero la pregunta que dejó atrás apenas empezaba a tomar forma.
 
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