Evento Ceremony of Spirits I: "Viaje a la Ceremonia" [Yuichi Nakamura]

Gennai

Eclipse Dynasty Member
"Viaje a la Ceremonia"​


- NPC involucrado: Bokomon & Neemon
- Lugar donde debe ser tomada: -
- Sinopsis: En homenaje a los eventos de la "Rebelión de Lucemon", ocurridos 5.000 años atrás, una tríbu de Digimon, descendientes de especies ancestrales, llevarán a cabo una Ceremonia para honrar a los "Diez Guerreros" que sacrificaron sus vidas para sellar al Demon Lord de la Soberbia en la Dark Area. Se trata de un evento cultural y tradición milenaria que no ocurre con frecuencia en tiempos modernos, y que invita a los entusiastas de la Leyenda de los Juttoushi a ser parte de este memorial preparado por aquellos que heredaron la historia de sus antepasados. Dos de estos entusiastas, Bokomon y Neemon, han mostrado su interés en asistir a la Ceremonia, sin embargo el viaje puede llegar a ser peligroso para Digimon que, como ellos, tienen nula capacidad para combatir. Es aquí donde entra la Central: Se necesita un equipo de Tamer y Digimon que escolte a este dúo a la Ceremonia, que se llevará a cabo en la Tierra Espiritual
- Escenario: Holy Angel Citadel -> Tierra Espiritual
- Objetivos:
  • Escoltar a Bokomon y Neemon
  • Llevarlos sanos y salvos a la Ceremonia
- Notas:
  • Esta Quest es parte de la Crónica: Ceremony of Spirits
  • Mínimo de Post: 3
  • Plazo: 7 Días
  • Su labor es principalmente proteger al dúo de posibles Digimon agresivos y eventualidades. Ninguno de los dos es "influyente", por lo que no hay posibilidad de que renegados anden tras ellos
  • La Ceremonia se llevará a cabo en unas ruinas ubicadas en el bosque. Bokomon sabe el camino, por lo que él los guiará
  • Como siempre, al estar en Folder deben estar alertas por los salvajes
- Recompensa:
Completación: 150 Bits. Acceso a Ceremony of Spirits II ​

Tamer: Yuichi Nakamura
 
Última edición:
OP
OP
Gennai

Gennai

Eclipse Dynasty Member

El amanecer en la Holy Angel Citadel era un espectáculo que parecía diseñado para grabarse en la memoria. Las murallas, blancas como mármol celestial, capturaban los primeros rayos del sol y los devolvían teñidos de un dorado tibio. Las torres principales recortaban el horizonte como lanzas de luz, y desde lo alto, las campanas entonaban un tañido grave que resonaba en cada calle empedrada.
El aire de la mañana estaba impregnado del aroma del incienso que ardía en los altares, mezclado con un matiz metálico, inconfundible para quienes conocían el Mundo Digital. En la plaza norte, Yuichi Nakamura se ajustaba las correas de la mochila con movimientos calculados. No era solo costumbre: revisaba que cada herramienta, cuerda y provisión estuviera en su sitio. Un viaje puede torcerse por lo más mínimo. No pienso permitirlo.
A su lado, Diluc, el Labramon de pelaje inmaculado, mantenía la cabeza erguida y las orejas alerta, como un centinela que escucha lo que los demás no pueden. Olfateaba con calma, clasificando cada olor. Demasiado incienso… no es solo para devoción. Hay algo más, oculto entre las fragancias.
En contraste, Murakan, el V-mon, era pura energía. Cambiaba el peso de un pie al otro y lanzaba golpes al aire como si calentara para un combate. Si hay problemas, mejor que vengan pronto. No quiero pasar horas caminando para recién entrar en acción.
Unos metros más allá, Bokomon hojeaba su inseparable libro, cuidando cada página como si fuera una reliquia. Sus dedos pasaban de mapas a anotaciones con una mezcla de ansiedad y reverencia. Neemon, en cambio, estaba sentado en el borde de una fuente, encorvado sobre su canasta de provisiones. Abrazaba el mimbre como si cargara el botín más valioso, y su bostezo sonó más a protesta que a pereza.

-Señor Nakamura, justo a tiempo - dijo Bokomon, sin apartar la vista del mapa desplegado - La ruta es directa, pero no segura. Pasaremos por zonas de Folder donde los Digimon salvajes no siempre reciben bien a los viajeros-.

Yuichi asintió, ajustándose el hombro de la mochila. -Ustedes guían. Nosotros nos encargamos de que lleguemos-.

Neemon levantó la mirada con una ceja arqueada. -¿Y cuánto falta? ¿Horas? ¿Días? ¿Semanas? Porque yo vine preparado para comer, no para correr-

-Con suerte, tendrás que hacer un poco de ambas cosas. - Murakan sonrió de lado.

Diluc frunció levemente el hocico. - Propongo salir ya. Hay algo en el aire que no reconozco. Prefiero estar en movimiento-.

El portón norte se abrió con un chirrido grave, dejando atrás el bullicio y la seguridad de la ciudad. Frente a ellos, un sendero de grava se estiraba entre campos ondulados, flanqueado por árboles cuyos troncos estaban surcados por patrones de datos como venas luminosas.
El canto de aves digitales se mezclaba con el susurro del viento, que hacía vibrar hojas y ramas como si fueran cuerdas tensas de un instrumento invisible. Motes de datos flotaban en el aire, atrapando la luz como partículas doradas.


-Estos robles de datos son descendientes de los que cubrían el bosque hace cinco mil años. Imaginen lo que han presenciado…-.Bokomon caminaba en cabeza, señalando cada detalle del paisaje.

Neemon, apretando su canasta contra el pecho, replicó:
-Yo me imagino sombra y un buen almuerzo bajo uno de ellos.

Yuichi, aunque sonrió ante la ocurrencia, mantenía la mente enfocada. Cinco mil años de historia… y este sendero ha visto más de lo que cualquiera de nosotros podría soportar.

El terreno comenzó a descender suavemente, revelando entre la maleza el murmullo fresco de agua. Un arroyo cristalino serpenteaba entre piedras pulidas. Corrientes doradas de datos se entrelazaban con el agua, centelleando bajo el sol. Sobre el cauce, un viejo puente de madera, cubierto de musgo y con tablones desgastados, esperaba en silencio.

-Esta es una reliquia. Probablemente construida por una tribu que veneraba a los Diez Guerreros-.Bokomon se detuvo al pie de la estructura.



Yuichi recorrió la madera con la mirada, evaluando los puntos más firmes. Murakan avanzó primero, probando el crujir de las tablas bajo sus pies. Diluc tomó posición detrás de Neemon, preparado por si acaso. A mitad del puente, el pie de Neemon hundió una tabla floja. El grito que soltó fue breve pero agudo. Diluc reaccionó al instante, sujetándolo con firmeza.

-Te debo una, colega-jadeó Neemon, recuperando el equilibrio.

-Mira por dónde caminas -respondió el Labramon con tono seco pero sin enojo real.

Murakan soltó una leve risa. El día apenas empieza y ya tenemos drama.

El grupo terminó de cruzar sin más incidentes, adentrándose de nuevo en la espesura. Allí, la luz comenzaba a cambiar, filtrándose en haces irregulares entre las copas. El silencio del bosque era distinto: no hostil, pero expectante, como si algo se estuviera preparando para recibirlos.

Y aunque ninguno lo dijo en voz alta, todos lo sintieron.

 
Última edición:
OP
OP
Gennai

Gennai

Eclipse Dynasty Member

La luz comenzó a apagarse conforme los árboles se volvían más densos. Las copas se unían sobre sus cabezas, filtrando el sol en tonos verdes y dorados. El canto de las aves digitales se extinguió poco a poco, reemplazado por un silencio espeso, casi tangible.
Yuichi detuvo el paso de forma instintiva. Había algo en ese silencio que no le gustaba. No es el tipo de calma que precede a la paz… es la que precede a un ataque.
Un crujido, seco y grave, se oyó a la izquierda. Del mismo bosque emergió una figura alta y de madera rugosa: Woodmon. Sus ojos brillaban con un resplandor amarillo amenazante. Un segundo apareció detrás, cerrando cualquier ruta de escape.

-Forasteros… este territorio no les pertenece -gruñó el del frente, con voz de madera astillándose.

-Solo estamos de paso hacia la Tierra Espiritual. No buscamos problemas- Bokomon levantó las manos, buscando calmar la situación.

Neemon se encogió detrás de Murakan, apretando su canasta contra el pecho como si fuera un escudo.

-No soy dulce ni crujiente, ¡no me coman!-.

-Diluc, encárgate del de adelante. Murakan, mantén al otro alejado y protege a los demás.-Yuichi no perdió el tiempo.


El Labramon dio un paso al frente. Un aura oscura, ardiente y densa comenzó a cubrirlo, levantando el pelo de su pelaje blanco hasta oscurecerlo por completo. Su cuerpo creció, y de su espalda surgieron protuberancias. Sus ojos se encendieron con un brillo intenso mientras su silueta se deformaba en algo más imponente: Dobermon.
Desde su nueva altura, el mundo se veía distinto. Podía distinguir la tensión de las fibras de madera en el brazo del Woodmon, localizar puntos débiles con una simple mirada. No quiero destruirte… pero tampoco permitiré que avances.
Con un rugido grave, Dobermon se lanzó contra el Woodmon del frente. El impacto resonó como un tronco cayendo en medio del bosque. El guardián retrocedió varios pasos, rompiendo el bloqueo del camino.

Mientras tanto, el segundo Woodmon avanzó un paso hacia Bokomon y Neemon. Murakan frunció el ceño y dio un salto hacia adelante.

-¡No vas a tocar a ninguno de ellos! -Su cuerpo empezó a brillar con un resplandor azul intenso, que envolvió sus brazos, piernas y cola. La energía creció, marcando el contorno de músculos más robustos, cuernos más largos y una mandíbula más imponente. La figura de V-mon se alargó, su cuerpo se tornó más corpulento y su presencia se volvió amenazante.


-V-mon, Shinka… V-Dramon! -rugió la voz de Murakan, ahora grave y profunda.

V-Dramon dio un paso pesado hacia adelante, haciendo vibrar el suelo bajo sus garras. Sus colmillos relucían y su mirada ardía con una determinación inquebrantable. Los ojos del Woodmon parpadearon, evaluando a la nueva amenaza. Este oponente no se moverá un solo centímetro.
En un movimiento rápido, Murakan inclinó su cuerpo en postura de ataque, las garras listas. El Woodmon dudó un instante más y luego comenzó a retroceder lentamente, manteniendo sus ojos fijos en el dragón azul.

El enfrentamiento duró apenas unos segundos más. Los Woodmon, evaluando que no podían vencer sin arriesgarse, se internaron de nuevo en la espesura, observando desde lejos hasta que el grupo se alejó.

Dobermon exhaló, relajando los músculos. A su lado, el resplandor azul de Veedramon comenzó a disminuir, contrayendo su cuerpo hasta que Murakan volvió a su forma original de V-mon. Diluc también encogió su silueta, regresando al pelaje blanco y la altura habitual de un Labramon.


-No hacía falta dañarlos… solo dejar claro que no somos presa fácil -dijo Diluc, sacudiendo el polvo de su pelaje.

-Sí, y a veces un poco de intimidación funciona mejor que una pelea larga -añadió Murakan, con una sonrisa satisfecha.

Yuichi asintió, y el grupo retomó la marcha, aunque la tensión se quedó flotando en el aire como una advertencia silenciosa.

El bosque se abrió en un claro bañado por haces de luz dorada que se filtraban entre las copas. En el centro, un tronco caído estaba cubierto de tallados antiguos: símbolos de guerreros, bestias elementales y fragmentos de la historia de la Rebelión de Lucemon.

Bokomon corrió hacia las inscripciones con los ojos muy abiertos, acariciando las marcas con reverencia.

-Esto… esto indica el camino hacia las ruinas. Es trabajo de exploradores de la tribu ancestral-.

Neemon, en cambio, se dejó caer sobre la hierba como si llevara horas caminando. Sacó una fruta de la canasta y le dio un mordisco satisfecho.

-Yo digo que nos tomemos cinco minutos. Mis patas lo agradecerán-

Diluc bebió del arroyo cercano, manteniendo sus orejas alerta. Murakan daba vueltas alrededor del claro, observando las sombras más profundas. Demasiado tranquilo… y la tranquilidad en un lugar así nunca es gratis. El descanso terminó pronto. El cielo comenzó a cubrirse con nubes grises y un viento frío empezó a soplar. Un rugido lejano, grave y áspero, se dejó oír entre los árboles, tan profundo que parecía resonar en el estómago.
No tardaron en aparecer nuevas presencias. Entre la maleza, dos Dokugumon cruzaron el sendero. Sus múltiples ojos brillaban con un fulgor enfermizo. No se acercaron, pero los siguieron con la mirada, como depredadores decidiendo si valía la pena gastar energía en una cacería.

-No me gustan esas miradas… -murmuró Neemon, acelerando el paso.

Fue entonces cuando una neblina plateada comenzó a cubrir el suelo. Los rayos de sol se fragmentaban en destellos de datos flotantes, dándole al paisaje un aspecto irreal, como si estuvieran dentro de un sueño.

Un zumbido creciente surgió de la bruma, y un FanBeemon apareció justo frente a ellos.

-El camino principal está bloqueado por un derrumbe. Solo queda un paso estrecho junto al arroyo. Tengan cuidado, es resbaladizo-

El insecto alzó el vuelo y desapareció entre la niebla sin esperar respuesta.

Yuichi exhaló por la nariz, sabiendo que el mensaje era tanto una advertencia como una invitación a probar su suerte.

 
Última edición:
OP
OP
Gennai

Gennai

Eclipse Dynasty Member
La neblina plateada se espesaba a cada paso, cubriendo el suelo como una marea lenta que tragaba piedras y raíces. El aire estaba impregnado de humedad y de ese olor eléctrico tan característico del flujo de datos en el Mundo Digital. Cada respiración sabía a metal y tierra mojada.

Yuichi frunció el ceño, ajustando la mochila contra su espalda. Esto no es una simple niebla… es como si todo el bosque estuviera conteniendo el aliento.

-No soy muy firme en terrenos así…-Bokomon se abrazaba a su libro, bajando la voz para no romper el silencio.

-Yo tampoco quiero acabar en el agua. Y menos si está tan fría como parece- Neemon, encogido detrás de él, añadió con un suspiro resignado:.

-Iré al frente para marcar el paso. Murakan, tú cierra la marcha. Que nadie se quede atrás.-Diluc se adelantó, sus patas hundiéndose apenas en la gravilla húmeda. Su voz, grave y firme, rompió la tensión.

El sendero se redujo hasta convertirse en una franja irregular junto al arroyo. A la izquierda, el agua corría con fuerza, su superficie fragmentada por pequeñas olas que brillaban con reflejos dorados y plateados, como si cada burbuja contuviera datos. A la derecha, una pared de roca cubierta de musgo bloqueaba cualquier salida.

Murakan, en silencio, observaba cada sombra entre los árboles. Cualquier cosa que se oculte aquí tendría ventaja. No me gusta lo estrecho de este sitio. Si nos atacan, apenas hay espacio para maniobrar.

Los pasos eran lentos, medidos. Una piedra suelta bastaba para resbalar y caer directo al agua. Bokomon caminaba mirando sus pies con tanta atención que apenas levantaba la vista. Neemon, pegado a él, apretaba su canasta como si fuera un salvavidas.

En un momento, un fragmento de roca cedió bajo la bota de Yuichi. Sintió que el equilibrio le fallaba y el agua rugiente se abrió ante él como una amenaza fría. Diluc giró la cabeza y, con un rápido empujón de su hocico, lo estabilizó antes de que diera un paso en falso.

-Gracias… -murmuró Yuichi, ajustando el paso y asegurando la mirada en el suelo.


La niebla parecía moverse con ellos, no solo cubriendo el camino, sino siguiéndolos, adaptando su densidad como si tuviera voluntad. Los haces de luz que lograban atravesarla dibujaban figuras fantasmales entre los árboles al otro lado del arroyo, siluetas que se deshacían al mirarlas demasiado tiempo.

El murmullo del agua se mezclaba con un sonido apenas perceptible… un eco grave, intermitente, que no coincidía con el ritmo natural del arroyo. Yuichi lo captó y tensó la mandíbula, pero no lo comentó. Murakan también lo escuchó y giró la cabeza hacia la orilla opuesta. Nada se movía. Sin embargo, la sensación de que no estaban solos se volvió más pesada, como una mano invisible en el hombro.


Un olor nuevo se filtró entre la humedad: un aroma terroso y seco, ajeno al ambiente saturado del arroyo. Diluc lo detectó primero.
No es vegetación… es algo que estuvo aquí antes que nosotros y que no se ha movido en un buen rato.

Finalmente, tras varios minutos que parecieron una hora, el terreno comenzó a abrirse. La bruma se disipó de forma gradual, como si retrocediera a propósito para revelar lo que estaba ocultando.

Frente a ellos se alzaban ruinas antiguas cubiertas de musgo y enredaderas. Columnas erosionadas se alineaban como centinelas olvidados, rodeando un altar central tallado con símbolos de los Diez Guerreros. Algunos aún conservaban restos de pigmento, destellos apagados de colores que habían sobrevivido siglos.

Yuichi dio unos pasos hacia adelante, deteniéndose en seco al sentir cómo el aire cambiaba. No es solo un lugar histórico… aquí todavía hay algo vivo.


Bokomon, incapaz de contener su emoción, se adelantó hasta una de las columnas y pasó sus dedos por las inscripciones con delicadeza.

-Esto es increíble… miren, el emblema de AncientGreymon… y aquí el de AncientGarurumon. ¡Esta es una de las rutas de los exploradores originales!-


-Sí, muy bonito… pero sigo sin ver dónde está la comida-Neemon, en cambio, dejó la canasta en el suelo y se estiró como si acabara de terminar una jornada de trabajo.


Diluc se quedó unos pasos atrás, vigilando. Sus orejas captaban cualquier crujido, cualquier cambio en el flujo del aire.
-No bajes la guardia -advirtió-. Hay algo más aquí-.


Murakan no apartaba la vista del altar. Su instinto le decía que era un punto central, un nodo donde la energía del mundo digital se concentraba. No es casualidad que este sitio haya sobrevivido tanto tiempo. Ni tampoco que sigamos con la sensación de estar vigilados.
La luz del sol se filtraba entre las copas en haces irregulares. El polvo y las partículas de datos flotaban en el aire, moviéndose con lentitud hipnótica.


Un leve temblor recorrió el suelo. Tan breve que Neemon creyó que era su imaginación. Pero Yuichi lo sintió también y miró a su alrededor, con el ceño fruncido. Diluc y Murakan intercambiaron una mirada rápida: los tres lo habían notado.

Nadie dijo nada. Pero todos sabían que estaban siendo observados.
No por la neblina.
No por el bosque.
Por algo más.



 
Última edición:
Arriba