Rango S Historia Proyecto Némesis: La voluntad de Mewtwo "[Captura Legendaria]"

Gennai

Eclipse Dynasty Member

Proyecto Némesis: La voluntad de Mewtwo​

Un trabajo demasiado bien pagado​


La tarde avanzaba lentamente sobre Pueblo Oakwood. El viento recorría el antiguo bosque de robles que rodeaba por completo el asentamiento, sacudiendo las ramas más altas y dejando caer algunas hojas sobre los caminos de tierra. La temperatura era agradable, el Centro Pokémon estaba casi vacío y, para Jacob Balfourt, aquello significaba que había encontrado el lugar perfecto para no hacer absolutamente nada.

El entrenador permanecía recostado sobre una de las bancas exteriores del edificio, utilizando una mochila como almohada improvisada. Una de sus piernas colgaba por el borde, mientras la otra permanecía doblada. Sobre su pecho descansaba una consola portátil que se había apagado varios minutos atrás.

Dragonite estaba sentada a pocos metros de él. La Pokémon dragón observaba atentamente los alrededores, aunque cada cierto tiempo dirigía la mirada hacia Jacob para comprobar que seguía dormido. Sus alas se movían ligeramente con cada corriente de aire y su cola descansaba sobre la hierba.

Un par de Pidgey descendieron cerca de la banca buscando migajas.

Dragonite los miró con curiosidad, pero no hizo ningún intento por ahuyentarlos. En cambio, llevó una de sus garras hacia la mochila de Jacob y sacó con cuidado una pequeña bolsa de comida Pokémon.

—No les des todo —murmuró Jacob sin abrir los ojos.

Dragonite se quedó inmóvil Y Jacob levantó apenas uno de sus párpados y la observó desde la banca.

—La última vez terminamos comprando otra bolsa antes de llegar al siguiente pueblo —añadió con tono monótono, dejando caer nuevamente la cabeza sobre la mochila.

Dragonite emitió un sonido suave y abrazó la bolsa contra su cuerpo, como si no tuviera ninguna intención de compartirla.

—Eso también es demasiado —señaló Jacob cerrando los ojos otra vez—. Vas a comértela completa—.

La Pokémon infló ligeramente las mejillas y apartó la mirada. El entrenador no necesitaba observarla para saber que estaba fingiendo no haberlo escuchado. Después de tantos años juntos, conocía cada uno de sus gestos, incluso aquellos que Dragonite creía que podía ocultar.

La tranquilidad fue interrumpida por el sonido repetitivo del teléfono de Jacob. El dispositivo vibró dentro del bolsillo de su abrigo, pero Jacob no reaccionó.
El teléfono vibró por segunda vez y Dragonite inclinó la cabeza. La tercera vibración fue más larga.

—No existe ningún mensaje lo suficientemente importante como para justificar esto —murmuró Jacob, cubriéndose el rostro con uno de sus brazos.

Dragonite se acercó a la banca y le dio un pequeño empujón con una garra.

—Tú tampoco deberías estar del lado del teléfono —refunfuñó Jacob sin apartarse el brazo del rostro.

Dragonite volvió a empujarlo y Jacob soltó un suspiro prolongado antes de incorporarse con evidente desgana. Buscó el dispositivo dentro de su bolsillo y observó la pantalla con los ojos entrecerrados. Había recibido un correo marcado como urgente.

El remitente era el Centro de Investigaciones Arqueológicas de Pueblo Ara. Jacob estuvo a punto de guardar nuevamente el teléfono.
La palabra urgente solía significar problemas, responsabilidades o personas esperando resultados en un periodo de tiempo ridículamente corto. Ninguna de esas cosas era particularmente atractiva.

Sin embargo, una segunda línea llamó su atención.

Recompensa inicial: 80 000 Pks. Gastos de traslado y alojamiento cubiertos. Bonificación adicional sujeta a resultados.

Jacob abrió ambos ojos y Dragonite acercó el rostro para mirar la pantalla por encima de su hombro.

—Eso es sospechoso —comentó Jacob manteniendo su expresión impasible y Dragonite asintió lentamente. —Pero también es mucho dinero —añadió Jacob bajando un poco el teléfono para revisar mejor la cifra.

La Pokémon volvió a asentir, esta vez con menor convicción y Jacob abrió el mensaje completo.

El informe mencionaba que, durante las últimas semanas, varios trabajadores y exploradores habían desaparecido en las proximidades de las ruinas de Pueblo Ara. Algunos habían regresado horas o días después, desorientados y con lagunas en la memoria. Otros seguían sin ser localizados.

Las expediciones de rescate tampoco habían conseguido avanzar demasiado.

Los dispositivos electrónicos comenzaban a fallar al aproximarse a una sección recién descubierta de las ruinas. Las brújulas dejaban de funcionar, las comunicaciones se interrumpían y algunos Pokémon se negaban a continuar y al parecer los tipos Psíquico parecían ser los más afectados.

Uno de los documentos adjuntos describía a un Alakazam que había comenzado a temblar antes de entrar en la zona. Otro reporte señalaba que un Gothitelle había perdido el conocimiento después de asegurar que alguien estaba observándola desde debajo de la tierra.

El centro de investigaciones solicitaba un entrenador experimentado, con capacidad para operar en lugares peligrosos y enfrentarse a Pokémon salvajes si fuera necesario.

La persona que firmaba la solicitud era la doctora Selene Veyr. Jacob leyó el nombre una segunda vez y no le resultaba familiar.

—Desapariciones, ruinas antiguas, Pokémon psíquicos aterrados y una científica ofreciendo demasiado dinero —resumió Jacob deslizando el dedo por la pantalla—. Definitivamente es una trampa—.

Dragonite emitió un gruñido bajo y se acercó todavía más a él, su expresión alegre había desaparecido pues la preocupación era evidente en sus ojos. Jacob la miró durante unos segundos.

—No he dicho que vayamos —aclaró mientras sostenía su mirada.

Dragonite pareció relajarse, luego el teléfono vibró nuevamente. Un nuevo mensaje había llegado desde el mismo remitente.

La recompensa puede incrementarse hasta 150 000 Pks si se recupera información relacionada con el origen de las anomalías.

Jacob permaneció en silencio y Dragonite lo observó fijamente.

—Tampoco he dicho que no vayamos —agregó Jacob sin apartar la vista de la nueva cifra.

La Pokémon dejó caer las alas y soltó un sonido de desaprobación.

—Podríamos ignorarlo —continuó Jacob mientras revisaba los detalles del traslado—. También podríamos comer comida instantánea durante los próximos dos meses—. Dragonite frunció el ceño. —O podríamos trabajar unos días, cobrar y después no hacer nada durante bastante tiempo —explicó Jacob inclinando ligeramente el teléfono hacia ella.

La idea parecía convencerlo mucho más que cualquier responsabilidad moral relacionada con los desaparecidos.

Dragonite, sin embargo, seguía inquieta. La Pokémon se inclinó hasta colocar el rostro frente al de su entrenador, sus ojos recorrieron cada una de sus facciones, intentando determinar si realmente estaba tomando el asunto en serio. Jacob sostuvo su mirada.

—Sé que algo está mal —admitió finalmente, dejando de revisar el mensaje y Dragonite parpadeó.

—Por eso no iré solo —añadió Jacob mientras levantaba una mano hacia ella.

La expresión de la Pokémon se suavizó ligeramente. Jacob colocó la mano sobre la cabeza de Dragonite y la acarició con movimientos lentos.

—Además, si alguien intenta matarme, puedes lanzarlo desde una montaña —comentó sin modificar su tono monótono. Dragonite sonrió de inmediato y movió la cola con entusiasmo.

—Eso era una broma —aclaró Jacob retirando lentamente la mano. Aún así, la Pokémon continuó sonriendo. Jacob la observó durante unos segundos.

—Espero que haya sido una broma —murmuró mientras entornaba los ojos.

Desde la puerta del Centro Pokémon, una enfermera los observaba con una mezcla de curiosidad y preocupación. Jacob fingió no notarlo y presionó el botón de respuesta y escribió un mensaje breve.

Acepto. Envíe los detalles.

No agregó un saludo ni preguntó por el estado de los desaparecidos. Tampoco explicó sus capacidades como entrenador. Consideraba que todo aquello implicaba escribir demasiado. La respuesta de Selene Veyr llegó casi de inmediato.

Señor Balfourt, su participación será de gran ayuda. Lo esperamos en Pueblo Ara mañana por la tarde. Encontrará un pase ferroviario y la documentación necesaria adjuntos. Le sugiero viajar con sus Pokémon más experimentados. La situación podría ser considerablemente más peligrosa de lo que indican los reportes oficiales.

Jacob leyó la última oración dos veces. Dragonite también lo hizo. El viento sopló con más fuerza a través del bosque, provocando que las hojas de los robles se agitaran al mismo tiempo. Durante unos segundos, el sonido pareció extenderse por todo Oakwood como un murmullo lejano. Al final Jacob guardó el teléfono.

—Cuando alguien admite que sus propios reportes están incompletos, normalmente significa que sabe exactamente qué está ocurriendo —comentó mientras dirigía la mirada hacia los árboles.

Dragonite cruzó los brazos.

—Sí, ya sé que eso debería ser razón suficiente para no ir —respondió Jacob al percibir su gesto y la Pokémon asintió.

Jacob volvió a recostarse en la banca.

—Nos iremos mañana —decidió mientras acomodaba nuevamente la mochila bajo su cabeza.

Dragonite abrió los ojos con sorpresa.

—Hoy estoy ocupado —añadió Jacob cerrando los ojos.

La Pokémon observó la consola apagada que todavía descansaba junto a él.

—Dormir también cuenta como estar ocupado —aseguró Jacob sin molestarse en mirar lo que Dragonite estaba observando.

Dragonite soltó un resoplido, pero se sentó junto a la banca. Jacob cerró nuevamente los ojos. Sin embargo, esta vez no consiguió dormirse de inmediato pues su mente repasaba las pocas palabras que la doctora había utilizado.

Más peligrosa de lo que indican los reportes oficiales.

Aquello significaba que Selene Veyr estaba ocultando información. La pregunta no era si la científica mentía, sino que la pregunta era por qué había elegido precisamente a Jacob Balfourt. Él no era un Ranger, no pertenecía a ningún cuerpo de rescate y nunca había solicitado reconocimiento como entrenador. Existían muchas personas con mejores credenciales en Aleria, incluidos varios miembros de su propia familia. Aun así, la solicitud había llegado directamente a su nombre.

Dragonite percibió el cambio en su estado de ánimo. La Pokémon se aproximó y apoyó la cabeza sobre el pecho de Jacob. Él abrió los ojos y observó el cielo entre las ramas de los robles.

—No estoy preocupado —dijo con su tono habitual, aunque sus dedos comenzaron a acariciar lentamente una de las antenas de Dragonite—. Solo estoy pensando—.

Dragonite lo miró con evidente preocupación, luego Jacob suspiró.

—Sí. Eso es peor —reconoció mientras volvía a cerrar los ojos.


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A varios kilómetros de distancia, en algún lugar. Una alarma comenzó a parpadear dentro de un corredor abandonado. Las luces rojas iluminaron paredes metálicas cubiertas de grietas. En el centro de una cámara subterránea, una cápsula de cristal permanecía abierta. Los cables que alguna vez estuvieron conectados a ella colgaban del techo como raíces arrancadas. Algunos todavía liberaban pequeñas descargas de electricidad.

Frente a la cápsula, una figura humanoide permanecía suspendida en el aire y su larga cola se movió lentamente detrás de su cuerpo.

Mewtwo abrió los ojos.

Una voz femenina surgió desde los altavoces del laboratorio.

—El entrenador aceptó —informó Selene Veyr desde algún punto desconocido de la instalación.

Mewtwo no respondió. Una pantalla se encendió frente a él y mostró una fotografía de Jacob junto a Dragonite. Los ojos del Pokémon psíquico se estrecharon.

—Jacob Balfourt llegará mañana —continuó Selene Veyr desde algún punto desconocido de la instalación—. Tal vez él consiga llegar hasta donde los demás fracasaron—.

Mewtwo levantó una mano y la pantalla se deformó bajo una presión invisible hasta romperse en cientos de fragmentos.

—No necesito otro humano —
declaró Mewtwo mediante telepatía, haciendo temblar los cristales de la cámara.

Durante unos segundos, Selene guardó silencio.

—No —respondió finalmente con absoluta serenidad—. Pero yo sí necesito que él llegue hasta ti—.

Las luces del laboratorio se apagaron. En medio de la oscuridad, los ojos de Mewtwo continuaron brillando.


 
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Llegada a Pueblo Ara​



El viaje hasta Pueblo Ara habría requerido varias horas en tren, además de dos conexiones y una espera considerable en Ciudad Central. Jacob tenía un pase ferroviario completamente pagado por el Centro de Investigaciones Arqueológicas, pero decidió no utilizarlo. Esperar en estaciones, buscar los andenes correctos y compartir un vagón con desconocidos le parecía un esfuerzo innecesario. Por eso, poco después del amanecer, Dragonite sobrevolaba la región Crowny llevando a Jacob entre sus brazos.

La Pokémon avanzaba a gran velocidad por encima de bosques, caminos y pequeñas poblaciones. Las nubes se abrían a su paso, mientras las corrientes de aire golpeaban el abrigo de su entrenador. Jacob mantenía los brazos cruzados y los ojos cerrados. De pronto Dragonite dirigió la mirada hacia él.

—No estoy dormido —aseguró Jacob sin abrir los ojos.

Dragonite soltó un sonido incrédulo.

—Solo estoy descansando la vista —añadió mientras acomodaba ligeramente la cabeza contra uno de los brazos de la Pokémon.

Dragonite negó con la cabeza y continuó volando. A pesar de sus quejas, no parecía molesta por cargarlo. Todo lo contrario, le gustaba sentir que Jacob confiaba en ella lo suficiente como para dormir mientras atravesaban largas distancias. La tranquilidad duró hasta que una fuerte corriente de aire los golpeó desde un costado. Dragonite corrigió la dirección de inmediato, pero el movimiento repentino hizo que Jacob abriera los ojos.

—Eso fue innecesario —murmuró mirando hacia abajo.

La Pokémon respondió con un gruñido de protesta.

—Sí, ya sé que fue el viento —dijo Jacob mientras se acomodaba nuevamente—. No estaba culpándote—.

Dragonite entornó los ojos.

—Estaba culpando al viento —aclaró él con absoluta seriedad.

La Pokémon soltó un resoplido y batió las alas con más fuerza. Debajo de ellos, el paisaje comenzó a cambiar.
Los bosques y campos fueron sustituidos poco a poco por amplias extensiones rocosas. La vegetación se volvió escasa y el terreno adquirió un tono más claro. Algunas formaciones de piedra blanca sobresalían entre pequeñas colinas, reflejando la luz del sol.

Pueblo Ara apareció finalmente en la distancia. Era una población pequeña, considerablemente más modesta que Ciudad Central. Sus edificios estaban construidos principalmente con roca blanca y presentaban formas simples, cuadradas y minimalistas. No había grandes torres ni estructuras extravagantes. Las viviendas parecían diseñadas para mezclarse con el terreno y resistir el paso del tiempo.

Al este del pueblo se alzaba el Centro de Investigaciones Arqueológicas. El edificio era fácilmente reconocible por su gran domo central y por las antenas instaladas sobre el techo. A su alrededor se encontraban almacenes, campamentos de exploradores y caminos que conducían hacia las ruinas.

Más allá del centro se extendía el verdadero atractivo de Pueblo Ara. Las ruinas blancas.

Grandes pilares emergían del suelo como los restos de un bosque petrificado. Algunas estructuras permanecían parcialmente enterradas, mientras otras se habían derrumbado formando montículos de piedra. Desde el aire podían distinguirse caminos, plazas y muros que sugerían la existencia de una antigua ciudad.

Dragonite disminuyó la velocidad, luego Jacob abrió los ojos por completo y observó las ruinas.

—Son más grandes de lo que parecían en las fotografías —comentó mientras inclinaba ligeramente la cabeza.

Dragonite emitió un sonido de estar acuerdo.

—Eso significa que habrá que caminar más —añadió él con decepción.

La Pokémon casi perdió el ritmo de sus alas. Descendieron en una explanada ubicada frente al Centro de Investigaciones. Dragonite aterrizó con cuidado y depositó a Jacob sobre el suelo.
El entrenador estiró los brazos, aunque no porque estuviera cansado. Había permanecido inmóvil durante casi todo el trayecto. Varias personas que trabajaban en el exterior interrumpieron momentáneamente sus labores para observarlos. La llegada de un Dragonite no era precisamente algo cotidiano, incluso en un centro dedicado al estudio de ruinas antiguas.

Dragonite percibió las miradas y levantó ligeramente el mentón. Jacob tomó su mochila.

—No empieces a presumir —murmuró mientras se colocaba una de las correas sobre el hombro.

La Pokémon giró el rostro hacia él y extendió sus alas con mayor elegancia.

—Eso es exactamente lo que estás haciendo —señaló Jacob mirándola de reojo y Dragonite sonrió.

De pronto una mujer salió del edificio principal y comenzó a caminar hacia ellos. Su paso era tranquilo y preciso. Aparentaba estar cerca de los cuarenta años. Tenía el cabello negro recogido en una coleta baja, con algunos mechones plateados visibles cerca de las sienes. Sus ojos eran de un gris claro y analizaban cada detalle con una serenidad incómoda. Vestía una bata blanca sobre un traje oscuro y llevaba un dispositivo metálico sujeto a la muñeca izquierda. No mostraba prisa, pero tampoco parecía sorprendida por la presencia de Dragonite.

—Señor Jacob Balfourt —saludó la mujer deteniéndose a unos pasos de distancia—. Me alegra comprobar que aceptó nuestra invitación—.

Jacob la observó durante unos segundos.

—Doctora Selene Veyr —respondió con tono monótono mientras acomodaba la mochila.

—Veo que decidió no utilizar el pase ferroviario —comentó Selene dirigiendo brevemente la mirada hacia Dragonite.

—Había demasiadas conexiones —explicó Jacob sin mostrar vergüenza alguna.

—El pase incluía un vagón directo desde Ciudad Central —aclaró Selene con una leve sonrisa.

Jacob permaneció en silencio y Dragonite lo miró.

—No leí esa parte —admitió finalmente mientras desviaba la mirada hacia el edificio.

La sonrisa de Selene se volvió un poco más evidente.

—El expediente decía que no era especialmente cuidadoso con las instrucciones —señaló la científica mientras colocaba ambas manos detrás de la espalda.

Jacob volvió el rostro hacia ella.

—¿Qué expediente? —preguntó sin modificar su expresión.

La sonrisa de Selene desapareció casi por completo. Por un instante, ninguno de los dos habló y Dragonite se acercó ligeramente a Jacob.

—Un informe básico sobre los entrenadores disponibles para la misión —respondió Selene después de una breve pausa—. Nada que deba preocuparle—.

—Yo no estaba disponible —replicó Jacob mientras sostenía su mirada—. Usted me contactó directamente—.

Selene guardó silencio. El viento recorrió la explanada y levantó una pequeña capa de polvo blanco entre ellos.

—Tiene razón —reconoció la científica finalmente—. Debí expresarme con mayor precisión. Investigamos a varios entrenadores que podían cumplir con las necesidades de la expedición y usted resultó ser uno de los candidatos más adecuados—.

—¿Por qué? —preguntó Jacob.

Selene lo observó como si hubiera esperado aquella pregunta.

—Ha trabajado como tutor de movimientos, posee experiencia en terrenos peligrosos y ha ayudado a Rangers novatos en situaciones reales —enumeró mientras mantenía la voz serena—. Además, ha entrenado a un equipo considerablemente fuerte sin depender de instituciones oficiales—.

Jacob entrecerró los ojos.

—Eso suena como una forma elegante de decir que soy barato y prescindible —comentó mientras hundía una mano en el bolsillo de su abrigo.

Dragonite emitió un gruñido, ante ello Selene miró a la Pokémon.

—No considero prescindible a ningún entrenador que acepte ayudarnos —respondió la doctora sin perder la compostura.

—Entonces eligió mal las palabras otra vez —señaló Jacob.

Dragonite permaneció junto a él, observando atentamente a Selene. La científica no parecía intimidada por la presencia de la Pokémon dragón. Al contrario, la analizaba con una curiosidad casi clínica y la dragóna lo notó. Sus alas se tensaron y Jacob colocó una mano sobre uno de sus brazos.

—Tranquila —murmuró sin apartar la vista de Selene.

Dragonite relajó ligeramente la postura, aunque no dejó de vigilarla.

—Comprendo que desconfíe —dijo Selene—. Le aseguro que, cuando conozca la situación completa, entenderá la razón de nuestra urgencia—.

—Podría contarme la situación completa ahora —propuso Jacob.

—Prefiero hacerlo dentro del centro —respondió Selene señalando la entrada principal—. Hay información que no debería discutirse frente a todo el personal—.

Jacob dirigió la mirada hacia los trabajadores que continuaban observándolos desde la distancia.

—Eso no suena sospechoso en absoluto —murmuró mientras comenzaba a caminar, Dragonite lo siguió de inmediato.

Selene permaneció quieta durante un segundo antes de avanzar detrás de ellos.

El interior del Centro de Investigaciones Arqueológicas contrastaba con la apariencia sencilla de Pueblo Ara. Los pasillos estaban llenos de pantallas, mesas de análisis y vitrinas que contenían fragmentos de piedra blanca. Algunos investigadores clasificaban piezas, mientras otros discutían frente a mapas digitales de las ruinas.

Jacob observó una columna incompleta colocada dentro de una cámara de cristal. En su superficie había líneas y símbolos que parecían formar circuitos.

—No parecen decoraciones —comentó mientras disminuía el paso.

Selene se detuvo junto a él.

—No lo son —respondió mientras observaba la pieza—. Las ruinas de Pueblo Ara pertenecieron a una civilización tecnológicamente avanzada. Algunas de sus construcciones parecen simples templos, pero contienen mecanismos que todavía no comprendemos por completo—.

Jacob acercó el rostro al cristal.

—¿Funcionan? —preguntó.

—Algunos —contestó Selene.

—¿Y decidieron presionarlos hasta descubrir qué hacen? —cuestionó Jacob mientras examinaba las líneas luminosas.

—No somos tan irresponsables —respondió la científica con cierta firmeza—.

Jacob levantó una ceja.

—Ofrecieron ciento cincuenta mil Pks para que un desconocido entre en una zona donde desaparecen personas —recordó sin apartarse de la vitrina.

Selene no respondió. Dragonite observó la pieza con desconfianza y se acercó a Jacob hasta rozar su hombro.

Continuaron por el corredor hasta llegar a una sala privada. La habitación contenía una mesa ovalada, varias sillas y una gran pantalla instalada en la pared. Sobre la mesa había mapas, fotografías y dispositivos de comunicación dañados. Selene cerró la puerta después de que Dragonite entrara.

—Puede dejarla fuera si lo prefiere —comentó la científica mirando a la Pokémon.

Dragonite frunció el ceño.

—No lo prefiero —respondió Jacob mientras tomaba asiento y la dragona se colocó detrás de su silla.

Selene ocupó el extremo opuesto de la mesa y activó la pantalla. Apareció un mapa tridimensional de las ruinas.

Varias zonas estaban marcadas en azul. Una pequeña sección del extremo norte estaba resaltada en rojo.

—La primera desaparición ocurrió hace diecinueve días —comenzó Selene mientras ampliaba la zona marcada—. Dos arqueólogos descendieron a una cámara descubierta después de un derrumbe. Perdimos contacto con ellos durante seis horas—.

En la pantalla aparecieron las fotografías de un hombre y una mujer.

—¿Regresaron? —preguntó Jacob mientras apoyaba un codo sobre la mesa.

—Sí —respondió Selene—. Fueron encontrados caminando cerca de la entrada principal de las ruinas. Ninguno recordaba cómo había salido de la cámara—.

Selene cambió la imagen. Apareció la fotografía de un Alakazam sentado en una cama médica, con la mirada perdida.

—Su Pokémon se negó a volver a acercarse al sitio —continuó la científica—. Cada vez que intentábamos preguntarle qué había sucedido, entraba en un estado de pánico—.

—¿Qué dijo? —preguntó Jacob y Selene lo miró.

—Que había alguien debajo de ellos —respondió después de una breve pausa.

Dragonite inclinó la cabeza.

—Las ruinas tienen cámaras subterráneas —señaló Jacob—. Que haya alguien debajo no parece especialmente extraño—.

—El Alakazam insistía en que aquello no estaba físicamente debajo —explicó Selene mientras entrelazaba las manos sobre la mesa—. Decía que estaba debajo de sus pensamientos—.

La expresión de Jacob no cambió, pero sus dedos dejaron de moverse.

Selene proyectó nuevas imágenes: Equipos rotos, cámaras con interferencias, símbolos desconocidos y huellas sobre el polvo.

—Después de eso enviamos una segunda expedición —continuó—. Tres investigadores, dos Rangers y cinco Pokémon. Solo regresaron cuatro personas—.

—¿Y los Pokémon? —preguntó Jacob levantando la mirada.

Selene tardó un poco más de lo necesario en responder.

—Dos regresaron con ellos —contestó finalmente.

Dragonite emitió un gruñido bajo. Jacob la escuchó, pero no apartó los ojos de Selene.

—Los reportes que me envió hablaban de trabajadores y exploradores desaparecidos —dijo con lentitud—. No mencionaban Pokémon perdidos—.

—La información oficial fue simplificada para evitar alarma pública —respondió Selene manteniendo la serenidad—.

—También dijo que los Pokémon psíquicos eran los más afectados —continuó Jacob—. Pero ahora resulta que faltan Pokémon de otros tipos—.

Selene lo observó fijamente.

—¿Cómo sabe que eran de otros tipos? —preguntó.

Jacob señaló las fotografías proyectadas. En una de ellas se distinguían marcas de garras sobre una puerta de metal. En otra, parte del suelo estaba quemado.

—Un Pokémon psíquico no suele intentar atravesar una puerta usando garras —explicó mientras apoyaba nuevamente la espalda contra la silla—. Y esas quemaduras no parecen causadas por un ataque psíquico—.

Selene dirigió la mirada hacia las imágenes.

—Es observador —comentó.

—Era eso o leer todo el reporte —respondió Jacob.

La científica desactivó las fotografías. El mapa de las ruinas volvió a ocupar la pantalla.

—Los Pokémon desaparecidos eran un Houndoom, un Sandslash y un Noctowl —reveló Selene finalmente—. Hasta el momento, ninguno ha sido localizado—.

Dragonite apretó ambas garras.

—¿Por qué ocultarlo? —preguntó Jacob.

—Porque Pueblo Ara depende de la investigación arqueológica —respondió Selene—. Si se difundiera que algo está capturando Pokémon dentro de las ruinas, las autoridades podrían cerrar toda la zona—.

—Tal vez deberían hacerlo —señaló Jacob.

—Eso destruiría la economía del pueblo y paralizaría décadas de investigación —replicó Selene con mayor firmeza.

—Pero evitaría más desapariciones —contestó él.

Selene permaneció en silencio, luego Jacob dejó escapar un suspiro y miró nuevamente el mapa.

—Usted no me trajo para encontrar a los desaparecidos —afirmó. La científica no respondió. —Los Rangers ya están haciendo eso —continuó Jacob mientras señalaba las rutas de búsqueda marcadas en azul—. Usted necesita que llegue a la zona roja. Quiere que encuentre algo específico—.

Selene sostuvo su mirada durante varios segundos. Dragonite se inclinó hacia delante, preparada para reaccionar. Finalmente, Selene llevó una mano hacia el dispositivo metálico de su muñeca y amplió la sección roja. La imagen mostró una cámara circular oculta bajo las ruinas.

En el centro aparecía una forma borrosa, imposible de identificar debido a la interferencia.

—Hace cuatro días recuperamos esta grabación —dijo Selene mientras observaba la pantalla.

La figura se movió dentro de la imagen. Durante un instante, pudieron distinguirse dos ojos brillantes y una larga cola.

Dragonite dio un paso hacia Jacob. Él permaneció sentado.

—¿Qué Pokémon es? —preguntó con tono monótono—.

—No lo sabemos con certeza —respondió Selene—.

Jacob giró lentamente el rostro hacia ella.

—Otra mala elección de palabras —señaló.

Selene mantuvo la mirada fija en la grabación.

—No podemos confirmarlo —corrigió.

—Pero tiene una teoría —insistió Jacob.

La científica apagó la pantalla.

—Sí —admitió finalmente—. Y si estoy en lo correcto, las desapariciones son el menor de nuestros problemas—.

La habitación quedó en silencio. Dragonite permanecía detrás de Jacob, con las alas extendidas y la mirada clavada en Selene. Finalmente Jacob se puso de pie con lentitud.

—Quiero ver a los Pokémon que regresaron —dijo mientras recogía su mochila.

—No se encuentran en este edificio —respondió Selene—.

—Entonces lléveme donde estén —ordenó Jacob con una calma que no admitía discusión.

Selene lo observó durante un momento.

—Puede descansar primero —propuso—. Ha realizado un viaje largo—.

Jacob se colocó la mochila sobre un hombro.

—Dormí durante casi todo el trayecto —respondió y Dragonite lo miró con evidente satisfacción. —No pongas esa cara —murmuró Jacob dirigiéndose a ella—. Nunca dije que no estuviera dormido—.

La Pokémon sonrió y se acercó a él. Selene se levantó.

—Los Pokémon recuperados están en una clínica temporal, cerca del campamento norte —explicó mientras abría la puerta—. Le advierto que su estado puede resultar perturbador—.

Jacob pasó junto a ella.

—Ya me perturbó la cantidad de información que decidió ocultar —respondió sin detenerse—. Dudo que pueda empeorar demasiado—.

Selene lo siguió con una expresión inescrutable. En el instante en que abandonaron la sala, el dispositivo de su muñeca emitió una vibración apenas perceptible.

La científica bajó la mirada. En la pequeña pantalla apareció una sola frase:

Actividad psíquica detectada. Sujeto Némesis consciente.

Selene cerró la mano sobre el dispositivo antes de que Jacob pudiera verlo.



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En algún lugar, Mewtwo permanecía inmóvil en medio de la cámara destruida. Había escuchado la conversación. No a través de las paredes ni de los sistemas de vigilancia. La había escuchado directamente dentro de la mente de Selene, después sus ojos se cerraron lentamente.

Jacob Balfourt ya estaba en Pueblo Ara. Y aunque el humano todavía lo ignoraba, Mewtwo también había comenzado a observarlo.
 
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Las ruinas blancas​




La clínica temporal había sido instalada al norte de Pueblo Ara, en una zona donde el terreno comenzaba a descender hacia las ruinas. No era un edificio permanente, sino un conjunto de módulos médicos conectados entre sí mediante pasillos cubiertos. A su alrededor se levantaban carpas, almacenes y pequeños puestos de vigilancia.

Jacob avanzaba detrás de Selene con las manos dentro de los bolsillos. Dragonite caminaba a su lado, procurando mantener una de sus alas cerca de la espalda de su entrenador. Desde que habían abandonado el centro de investigaciones, la Pokémon no había dejado de observar a la científica,
pero Selene parecía ignorarla.

—Los dos Pokémon que lograron regresar pertenecían a uno de los Rangers de la segunda expedición —explicó mientras se aproximaban al módulo principal—. Un Luxray y un Golbat—.

—¿Y el Ranger? —preguntó Jacob sin apresurar el paso.

—Sigue desaparecido —respondió Selene mientras colocaba la mano sobre el lector de acceso.

Al instante la puerta se abrió con un sonido metálico y un olor fuerte a desinfectante salió del interior.

—¿Los Pokémon regresaron solos? —preguntó Jacob deteniéndose antes de entrar.

—Sí —confirmó la científica volviendo el rostro hacia él—. Aparecieron cerca de uno de los accesos secundarios, varias horas después de que perdiéramos contacto con el grupo—.

—¿Estaban heridos? —cuestionó Jacob mientras observaba el interior.

Selene tardó un instante en responder.

—No de una forma convencional —contestó finalmente.

Jacob entró. El primer módulo funcionaba como recepción y zona de observación. Había dos enfermeros revisando monitores y una Chansey organizando medicamentos sobre una mesa. Ninguno habló cuando Selene cruzó la sala.

Dragonite tuvo que inclinar un poco la cabeza para no golpear el marco de la puerta con una de sus antenas.

—Podrías esperar afuera —propuso Jacob mirándola de reojo. Dragonite negó con firmeza y se aferró a uno de sus brazos. —Era una sugerencia —aclaró él mientras intentaba liberar el brazo sin demasiado esfuerzo.

La Pokémon se pegó todavía más. Selene los observó desde el otro extremo del pasillo.

—Su Dragonite parece especialmente dependiente de usted —comentó mientras reanudaba la marcha.

Dragonite levantó la mirada de inmediato, Jacob también.

—Parece especialmente atenta —corrigió el entrenador mientras avanzaba junto a ella.

—No pretendía ofenderla —respondió Selene dirigiendo una breve mirada hacia la Pokémon.

Dragonite emitió un gruñido bajo.

—Lo consiguió de todos modos —señaló Jacob sin alterar el tono.

La científica no respondió. Llegaron a una habitación protegida por un cristal reforzado. Dentro había dos camillas amplias, una ocupada por Luxray y otra por Golbat.

Luxray estaba despierto, aunque permanecía completamente inmóvil. Sus ojos estaban abiertos y dirigidos hacia el techo. No reaccionó cuando Selene y Jacob entraron en la sala de observación.

Golbat se encontraba envuelto parcialmente por sus propias alas. Su cuerpo temblaba con intervalos irregulares.

Dragonite soltó el brazo de Jacob, su expresión cambió de inmediato. La Pokémon dio un paso hacia el cristal y colocó una de sus garras sobre él.

—No tienen heridas externas importantes —explicó Selene mientras consultaba uno de los monitores—. Tampoco detectamos toxinas, parásitos ni daños neurológicos evidentes—.

Jacob se acercó a Luxray. El Pokémon ni siquiera movió las orejas.

—¿Desde cuándo está así? —preguntó mientras observaba sus pupilas.

—Desde que regresó —respondió Selene.

—¿Y come? —continuó Jacob inclinándose ligeramente.

—Solo cuando se le alimenta directamente —contestó la científica—. No muestra iniciativa para beber, moverse o comunicarse—.

Jacob dirigió la mirada hacia Golbat.

—¿Y él? —preguntó.

—Entra en pánico cuando se apagan las luces —explicó Selene mientras cruzaba los brazos—. También reacciona de forma agresiva ante Pokémon psíquicos—.

—¿Lo han interrogado? —preguntó Jacob.

—Lo intentamos con un traductor de vocalizaciones y con un Espeon entrenado en comunicación telepática —respondió Selene—. El Espeon perdió el conocimiento apenas entró en contacto con su mente—.

Dragonite se volvió hacia ella.

—Eso tampoco estaba en el informe —comentó Jacob levantando lentamente la vista.

—No —admitió Selene sin apartarse del monitor. Jacob se quedó en silencio.

Golbat comenzó a temblar con mayor intensidad. Sus alas se cerraron alrededor de su cuerpo y un chillido bajo escapó de su garganta.

Dragonite reaccionó antes que los enfermeros. Se acercó a la camilla con movimientos lentos y bajó la cabeza para no parecer amenazante. Emitió un sonido suave, casi maternal. Golbat dejó de agitarse durante unos segundos y sus ojos se abrieron entre las alas. Cuando vio a Dragonite, retrocedió hasta chocar contra la pared. A continuación el monitor comenzó a emitir alarmas.

—Dragonite, atrás —ordenó Jacob levantando una mano.

La Pokémon obedeció de inmediato, aunque miró a Golbat con preocupación.

Un enfermero entró en la habitación y administró un sedante ligero.

Jacob observó la escena sin moverse.

—No le teme a Dragonite —dijo después de unos segundos y Selene lo miró.

—Su reacción sugiere lo contrario —respondió—.

—Miró detrás de ella —explicó Jacob señalando el cristal—. No estaba intentando alejarse de Dragonite. Estaba intentando alejarse de algo que creyó que venía con nosotros—.

La científica mantuvo la vista en Golbat.

—Aquí no hay nada —afirmó mientras revisaba los sensores.

—Eso no significa que él no pueda sentirlo —contestó Jacob.

Dragonite se acercó de nuevo a su entrenador, esta vez sin apartar la mirada de la habitación. Jacob sacó una Pokébola del cinturón. Selene observó el objeto.

—¿Qué pretende hacer? —preguntó.

—Comprobar algo —respondió mientras presionaba el botón central.

La Pokébola se abrió. Una sombra oscura surgió de su interior y se extendió por el suelo antes de adoptar una forma definida. Gengar apareció con una sonrisa exagerada. El Pokémon fantasma miró a Jacob, luego a Selene y finalmente a Dragonite. Sus ojos se iluminaron con malicia.

Gengar se deslizó detrás de Selene y levantó ambas garras como si pretendiera asustarla.

—No —dijo Jacob sin siquiera mirarlo y Gengar se quedó congelado. Su sonrisa desapareció lentamente. —Después —añadió Jacob mientras señalaba la habitación con Luxray y Golbat.

Gengar recuperó la sonrisa y asintió con entusiasmo.

Selene dirigió una mirada fría hacia el Pokémon.

—Necesito que compruebes si hay algo extraño alrededor de ellos —indicó Jacob volviéndose hacia Gengar—. Sombras, energía, presencias o cualquier cosa que no debería estar ahí—.

Gengar dejó de sonreír, luego se acercó al cristal y observó a los dos Pokémon. Durante unos segundos no ocurrió nada, después atravesó la pared.

Selene dio un paso hacia delante.

—La sala está aislada —advirtió mientras levantaba la mano.

El Pokémon fantasma ya estaba dentro. El Pokémon flotó alrededor de Luxray y pasó una de sus garras frente a sus ojos. Luxray no reaccionó. Gengar sacó la lengua y adoptó una expresión grotesca: Nada. Luego se acercó a Golbat. El Pokémon murciélago volvió a temblar, pero no mostró la misma reacción que había tenido con Dragonite. Gengar inclinó la cabeza y su sombra se extendió bajo la camilla. Durante un instante, el cuerpo del Pokémon fantasma se volvió completamente rígido y su sonrisa desapareció.

Gengar se hundió en el suelo y regresó a la sala de observación casi de inmediato. Apareció junto a Jacob y se aferró a la parte trasera de su abrigo.

Dragonite abrió los ojos con sorpresa y Jacob bajó la mirada.

—¿Qué viste? —preguntó mientras observaba el rostro del Pokémon.

Gengar señaló la camilla de Luxray. Después llevó una garra hacia su propia cabeza y cerró los dedos como si sujetara algo invisible. Finalmente, señaló hacia abajo.

—¿Algo está dentro de su mente? —interpretó Jacob mientras seguía sus gestos.

Gengar negó con rapidez y volvió a señalar la cabeza y después extendió una garra hacia el suelo.

—Algo entró en su mente desde abajo —corrigió Jacob y Gengar asintió.

Selene se aproximó.

—Eso coincide con lo que dijo el Alakazam —murmuró mientras observaba a Luxray.

Jacob se volvió hacia ella.

—Usted ya sabía que iba a coincidir —afirmó. Y Selene sostuvo su mirada.

—Lo sospechaba —respondió con calma.

—Empiezo a cansarme de esa respuesta —comentó Jacob mientras Gengar continuaba aferrado a su abrigo.

—Aún no tenemos pruebas suficientes para confirmar la naturaleza del fenómeno —replicó Selene.

—Pero sí las suficientes para contratarme y mandarme hacia él —señaló Jacob.

La científica no contestó. Gengar soltó lentamente el abrigo de su entrenador. Ya no parecía interesado en hacer bromas y Jacob notó el cambio.

—¿Puedes entrar en las ruinas? —preguntó mientras se agachaba un poco para quedar a su altura.

Gengar miró hacia la dirección donde se encontraban las estructuras antiguas. Su sonrisa reapareció, aunque esta vez era más pequeña y asintió.

—Eso no significa que debas hacerte el valiente —advirtió Jacob colocando una mano sobre su cabeza—. Si encuentras algo que no entiendes, regresas—.

Gengar entrecerró los ojos, fingiendo indignación.

—Y sin asustar a los arqueólogos —añadió Jacob. El Pokémon miró hacia otro lado. —Gengar —insistió Jacob. En respuesta Gengar cruzó los brazos y asintió de mala gana, luego el pelinegro de incorporó —Quiero entrar a las ruinas hoy —informó mientras se dirigía hacia la salida.

Selene frunció ligeramente el ceño.

—Le sugerí descansar antes de iniciar la exploración —recordó mientras lo seguía.

—Ya descansé —respondió Jacob.

—Un vuelo sobre Dragonite no sustituye el descanso apropiado —replicó Selene.

—Para mí sí —dijo él sin disminuir el paso.

Dragonite y Gengar avanzaron detrás de ambos. Cuando llegaron a la recepción, Jacob sacó otra Pokébola. La esfera se abrió y liberó una luz blanca y Raichu de Alola apareció en el suelo.
La pequeña Pokémon estiró los brazos y movió la cola como si acabara de despertar de una larga siesta. Después levantó la cabeza y vio a Dragonite. La ratoncita sonrió y corrió hacia ella. La dragona la recibió inclinándose ligeramente, luego la Pokemón dobletipo trepó por uno de sus brazos y se acomodó sobre su hombro.

Gengar apareció detrás de ambas y estiró las garras hacia Raichu. La ratoncita se volvió de golpe y el Pokémon fantasma hizo una mueca aterradora. Raichu soltó un chillido y descargó una pequeña chispa sobre su rostro. Gengar cayó de espaldas, riéndose.

—Dije que no asustaras a los arqueólogos —comentó Jacob mientras abría la puerta de salida—. Técnicamente Raichu no es arqueóloga, así que supongo que encontraste un vacío en la instrucción—.

Gengar levantó un pulgar desde el suelo, Raichu infló las mejillas y se escondió parcialmente detrás de la cabeza de Dragonite.

—Necesito que vengas con nosotros —dijo Jacob dirigiéndose a ella—. Hay algo de tipo psíquico o parecido dentro de las ruinas—.

La expresión alegre de Raichu desapareció un poco, bajó del hombro de Dragonite y flotó usando su cola.

—No tendrás que enfrentarlo —aclaró Jacob mientras se agachaba frente a ella—. Solo quiero que me avises si sientes algo extraño—. Raichu lo observó durante unos segundos. Después levantó una pata y la colocó sobre la mano de Jacob. —Sí, intentaré que no te pase nada —dijo él cerrando suavemente los dedos alrededor de su pata—. Es bastante trabajo, pero lo intentaré—.

Raichu sonrió y saltó para abrazarlo alrededor del cuello, Jacob se quedó inmóvil y Dragonite observó la escena con los ojos entrecerrados.

—No empieces —murmuró Jacob dirigiendo la mirada hacia ella.

Dragonite cruzó los brazos. Raichu soltó a Jacob y volvió a flotar junto a él.

Selene contempló a los tres Pokémon.

—Dragonite, Gengar y Raichu de Alola —enumeró mientras analizaba al equipo—. Una selección interesante—.

—No es una selección —respondió Jacob mientras retomaba el camino—. Ellos decidieron venir—.

—Los entrenadores suelen decidir qué Pokémon participan en una expedición —señaló Selene caminando a su lado.

—Ese parece un problema de los otros entrenadores —contestó él.

Abandonaron la clínica y siguieron un sendero que conducía hacia las ruinas.

El terreno descendía suavemente. A cada lado del camino se levantaban pilares blancos, algunos intactos y otros partidos por la mitad. Había cuerdas y señalizaciones que marcaban las zonas seguras para investigadores.

Raichu volaba cerca de Jacob, Gengar se desplazaba entre las sombras de los pilares, apareciendo y desapareciendo a voluntad. Dragonite permanecía detrás de su entrenador, observando cada estructura.

A medida que avanzaban, el sonido del pueblo comenzó a desvanecerse. El viento continuaba soplando, pero parecía incapaz de penetrar por completo entre las ruinas. El aire se volvió más pesado y silencioso.

Jacob observó uno de los muros. Su superficie estaba cubierta de símbolos similares a los de la pieza que había visto en el centro de investigaciones. Algunas líneas parecían conectarse entre sí formando patrones geométricos.

—¿Han logrado traducirlos? —preguntó mientras pasaba los dedos cerca de la piedra sin tocarla.

—Solo fragmentos —respondió Selene—. La mayor parte parece relacionada con energía, conciencia y transferencia de información.

—Conceptos bastante específicos para no entenderlos —comentó Jacob volviendo la mirada hacia ella.

—Comprender palabras aisladas no significa comprender el sistema completo —explicó la científica.

Raichu se detuvo, su cola dejó de moverse.

Jacob avanzó dos pasos más antes de notarlo.

—¿Qué ocurre? —preguntó volviéndose hacia ella.

Raichu miraba hacia un arco parcialmente derrumbado. No había nadie allí, sin embargo la pequeña Pokémon llevó ambas patas hacia sus orejas.

—¿Escuchas algo? —preguntó Jacob acercándose lentamente.

Raichu negó con la cabeza. Después señaló su frente, Dragonite se colocó junto a ella, Gengar salió de una pared y observó el arco.

—¿Lo sientes dentro de la cabeza? —preguntó Jacob y la Raichu asintió.

Selene levantó el dispositivo de su muñeca. La pantalla comenzó a registrar actividad.

—La intensidad psíquica está aumentando —informó mientras examinaba los datos.

Jacob dirigió la mirada hacia el arco.

—¿Desde dónde? —preguntó.

—Debajo de nosotros —respondió Selene.

Raichu soltó un sonido ahogado y sus ojos se abrieron por completo. Una voz atravesó su mente, no fue un susurro. Fue una orden clara, fría y poderosa. Vete. Raichu retrocedió bruscamente y chocó contra Jacob. Él la sostuvo antes de que cayera.

—¿Qué ocurrió? —preguntó Jacob mientras la pequeña Pokémon se aferraba a su abrigo.

Raichu temblaba. Sus ojos permanecían abiertos, pero durante unos segundos parecieron observar algo que no se encontraba frente a ella.

Dragonite se arrodilló a su lado y extendió una garra con cuidado, Gengar dejó de sonreír. La pequeña ratona levantó lentamente ambas patas y se las llevó a los costados de la cabeza. Después señaló el arco derrumbado y movió los brazos hacia delante, como si tratara de alejar algo.

Jacob siguió cada uno de sus movimientos.

—¿Alguien se comunicó contigo? —preguntó inclinándose ligeramente hacia ella.

Raichu asintió con rapidez y volvió a señalar hacia las profundidades de las ruinas. Luego cruzó los brazos frente a su cuerpo y empujó el aire varias veces, indicando que debían retroceder.

—Quiere que nos marchemos —interpretó Jacob mientras la sostenía con mayor firmeza.

Raichu asintió nuevamente. Dragonite desplegó un poco las alas y dirigió una mirada amenazante hacia el arco, Gengar se colocó delante de Raichu, interponiendo su cuerpo entre ella y las ruinas.

Selene bajó el dispositivo que llevaba en la muñeca. Por primera vez desde que Jacob la había conocido, su serenidad se quebró. Solo fue un instante, pero él lo vio.

—Usted sabe quién le habló —afirmó Jacob mientras sostenía a Raichu contra su pecho. Selene no respondió. —No fue una pregunta —añadió él, clavando sus ojos dorados en la científica.

La doctora observó el arco derrumbado. Más allá de este, el sendero descendía hacia una sección de las ruinas marcada con señales de acceso restringido.

—Debemos regresar al centro —dijo Selene mientras ocultaba el dispositivo bajo la manga de su bata.

—Hace cinco minutos quería que entrara ahí —recordó Jacob sin moverse.

—La situación ha cambiado —respondió ella con firmeza.

—No —replicó Jacob mientras Raichu apretaba las patas alrededor de su abrigo—. Lo único que cambió es que ahora sabe que está despierto—.

Dragonite se colocó junto a Jacob y extendió las alas hasta cubrir parcialmente a su entrenador y a Raichu. Gengar permaneció delante de ellos, observando las ruinas con una seriedad poco habitual.

Selene sostuvo la mirada de Jacob. El silencio entre ambos fue interrumpido por un crujido profundo pues la tierra tembló bajo sus pies.

Dragonite reaccionó de inmediato y extendió una de sus alas delante de Jacob y Raichu, protegiéndolos de las pequeñas piedras que comenzaron a desprenderse de las estructuras cercanas. Gengar se hundió parcialmente en el suelo, atento a cualquier presencia que pudiera surgir desde las ruinas.

Una sección del terreno situada detrás del arco derrumbado descendió varios centímetros. El polvo blanco se elevó en una nube espesa, cubriendo durante unos segundos el sendero marcado como acceso restringido.

Selene retrocedió un paso y Jacob lo notó. No había sido un movimiento provocado por el temblor. La científica había reconocido algo.

Cuando el polvo comenzó a disiparse, quedó al descubierto una superficie metálica oculta debajo de las piedras antiguas. No pertenecía a las ruinas blancas. La estructura era demasiado uniforme, demasiado reciente y demasiado diferente de los pilares y muros construidos por la civilización de Pueblo Ara.

Una puerta metálica se encontraba enterrada bajo el terreno. Su superficie estaba cubierta por arañazos, golpes y manchas oscuras. En el centro podía distinguirse un símbolo negro: un círculo atravesado por tres líneas verticales.

Debajo del símbolo había una pequeña placa. Gran parte de la inscripción había sido dañada por el tiempo y los derrumbes. Varias letras estaban cubiertas por polvo o habían desaparecido bajo profundos rasguños. Solo dos elementos podían leerse con claridad:

NÉMESIS

NIVEL 01


Jacob mantuvo la vista sobre la placa.

—Némesis —leyó en voz baja mientras inclinaba ligeramente la cabeza—. Supongo que tampoco sabe qué significa—.

Selene no respondió ya que mirada permanecía clavada en la puerta. Jacob observó cómo los dedos de la científica se cerraban lentamente alrededor del dispositivo que llevaba en la muñeca.

—No parece sorprendida —comentó mientras sostenía a Raichu contra su pecho.

—He visto símbolos parecidos en otras secciones de las ruinas —respondió Selene sin apartar la vista de la entrada.

Jacob dirigió nuevamente la mirada hacia la placa.

—No me refería al símbolo —aclaró.

La científica guardó silencio. Muy por debajo de ellos, algo golpeó una pared metálica. El impacto recorrió los túneles subterráneos y llegó hasta la superficie como un trueno amortiguado. La puerta tembló dentro del terreno, Raichu cerró los ojos y se llevó ambas patas hacia los costados de la cabeza.

Jacob la sostuvo con más firmeza. Dragonite se inclinó sobre ambos, mientras Gengar se colocaba frente a ellos, sin mostrar ya ningún rastro de su sonrisa habitual.

La presencia volvió a introducirse en la mente de Raichu. Esta vez no le ordenó marcharse, solo dejó una imagen. El rostro de Selene Veyr.

Raichu abrió los ojos de golpe. Miró primero hacia la puerta y después giró lentamente la cabeza hacia la científica. La ratoncita levantó una pata temblorosa y señaló directamente a Selene. Jacob siguió la dirección de su gesto.

—¿Te mostró a la doctora? —preguntó mientras observaba la expresión de Raichu.

Raichu asintió varias veces.

Selene mantuvo el rostro sereno, pero su cuerpo se había vuelto completamente rígido.

—La presencia que está ahí abajo la conoce —concluyó Jacob, acariciando suavemente la cabeza de Raichu para tranquilizarla.

Selene no lo negó. Tampoco preguntó cómo podía estar seguro, luego un segundo impacto sacudió la estructura metálica. Esta vez, varias piedras rodaron desde los bordes del terreno y golpearon la puerta.

Jacob dirigió la mirada hacia la inscripción.

—¿Qué es Némesis? —preguntó sin apartar los ojos de la científica.

—Un nombre —respondió Selene después de una prolongada pausa.

—Eso ya lo había deducido —replicó Jacob.

Selene bajó lentamente la mirada hacia el dispositivo de su muñeca.

—No debemos abrir esa puerta —advirtió mientras la pantalla proyectaba numerosas señales de alerta—.

Jacob observó primero la entrada y después a la científica.

—Usted me trajo hasta aquí para encontrarla —afirmó.

—Lo traje para investigar las anomalías de las ruinas —respondió Selene con firmeza.

—Y las anomalías acaban de mostrarme una puerta moderna enterrada debajo de una ciudad antigua —señaló Jacob—. Una puerta que lleva un nombre que usted reconoce y detrás de la cual hay algo capaz de entrar en la mente de Raichu—.

Dragonite gruñó mientras mantenía las alas extendidas.

Selene apretó la mandíbula.

—No entiende lo que podría liberar si entra ahí —dijo la científica.

Jacob levantó ligeramente una ceja.

—Entonces sí sabe qué hay al otro lado —concluyó.

Selene volvió a guardar silencio.

Desde las profundidades llegó un tercer impacto. La placa metálica se desprendió parcialmente de uno de sus soportes y quedó inclinada hacia delante.

Detrás de ella apareció una inscripción más pequeña, casi completamente oculta. Jacob apartó un poco el polvo con la punta de su bota.

Solo alcanzó a distinguir una serie de números y letras:

N-01

No había ninguna explicación adicional. Nada que permitiera saber qué era realmente Némesis. Finalmente Jacob levantó la mirada.

—Quiero la verdad antes de entrar —dijo mientras sostenía la mirada de Selene.

La científica observó la puerta, luego a Raichu y finalmente a Jacob.

—La verdad completa no se encuentra aquí arriba —respondió.

Jacob dejó escapar un suspiro cansado.

—Imaginé que diría algo así —murmuró.

La puerta volvió a temblar. Esta vez, desde el otro lado surgió un sonido distinto, no fue un golpe. Pareció una respiración lenta y profunda.
Raichu se aferró al abrigo de Jacob, Dragonite acercó una de sus garras al entrenador y Gengar se deslizó hacia la puerta, pero se detuvo antes de tocarla. Incluso él parecía comprender que había algo al otro lado que no debía tomarse a la ligera.

Jacob observó la entrada durante varios segundos. Después dirigió la mirada hacia Selene.

—Regresaremos al centro —decidió mientras acomodaba a Raichu entre sus brazos—. Pero no porque usted lo haya pedido—.

Selene entrecerró ligeramente los ojos.

—Entonces, ¿por qué? —preguntó.

—Porque Raichu está asustada, Gengar dejó de hacer bromas y Dragonite lleva varios minutos pensando en lanzarla contra una pared —respondió mientras comenzaba a alejarse—. Entrar ahora sería demasiado trabajo—.

Dragonite miró a Jacob. Luego dirigió una breve mirada hacia Selene. La científica no preguntó qué parte de aquella explicación había sido una broma. Jacob tampoco se molestó en aclararlo. A sus espaldas, la puerta permaneció inmóvil entre las ruinas y sobre su superficie solo podía leerse una palabra:

NÉMESIS

Todavía no era una respuesta. Era apenas la primera pregunta.
 
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Gennai

Gennai

Eclipse Dynasty Member

La voz bajo la tierra​



El regreso al Centro de Investigaciones se realizó en completo silencio. Jacob caminaba por el sendero con Raichu de Alola entre sus brazos. La pequeña Pokémon mantenía las patas aferradas a su abrigo y la cola enrollada alrededor de su propio cuerpo. Aunque ya no temblaba con la misma intensidad, evitaba mirar hacia las ruinas.

Dragonite avanzaba a la derecha de Jacob. Una de sus alas permanecía extendida detrás de él y Raichu, como si intentara protegerlos de una amenaza que todavía pudiera seguirlos desde las profundidades. Gengar cerraba el grupo. El Pokémon fantasma aparecía y desaparecía entre los pilares blancos, pero no se alejaba demasiado. Cada vez que su sombra se deslizaba sobre alguna grieta del terreno, se detenía unos segundos para observarla.

Selene caminaba delante de ellos. Desde que habían abandonado la puerta marcada con el nombre de Némesis, la científica no había pronunciado una sola palabra. Jacob tampoco parecía tener intención de romper el silencio. Su mirada permanecía clavada en el dispositivo metálico que Selene llevaba sujeto a la muñeca.

Antes de que la puerta quedara expuesta, la pantalla había registrado actividad psíquica. Después de que Raichu recibiera la imagen de la científica, Selene había cubierto el dispositivo casi de inmediato. Aquello no era la reacción de una persona que acababa de descubrir una anomalía desconocida. Era la reacción de alguien que había visto regresar un problema que creía bajo control.

Cuando llegaron al campamento norte, varios trabajadores se acercaron al observar el polvo sobre la ropa de Selene y el estado de Raichu.

—¿Ocurrió otro derrumbe? —preguntó uno de los arqueólogos mientras dirigía la mirada hacia las ruinas—.

—Un hundimiento menor —respondió Selene sin detenerse—. Nadie resultó herido—.

Jacob la observó de reojo, seguido de Dragonite quien emitió un gruñido bajo.

—¿Debemos cerrar el sendero norte? —preguntó otra investigadora mientras sujetaba una tableta contra su pecho.

—Ciérrenlo hasta nuevo aviso —ordenó Selene mientras se detenía frente a ella—. Nadie debe acercarse al arco derrumbado sin mi autorización—.

—¿Encontraron algo? —insistió la mujer con evidente curiosidad.

Selene sostuvo su mirada.

—Terreno inestable —respondió con firmeza—. Eso es todo—.

Jacob continuó caminando.

—Otra simplificación para evitar alarma pública —comentó con tono monótono mientras pasaba junto a ambas.

Selene giró la cabeza hacia él. El arqueólogo y la investigadora intercambiaron una mirada confundida.

—El señor Balfourt ha tenido un viaje agotador —dijo Selene recuperando la serenidad—. Llévenlo al módulo de alojamiento—.

—No estoy agotado —respondió Jacob sin detenerse—. Estoy fastidiado—.

Dragonite asintió con energía y Raichu levantó apenas el rostro desde los brazos de su entrenador.

Selene cerró los ojos durante un instante.

—La diferencia no resulta especialmente visible en usted —señaló mientras volvía a caminar—.

—Normalmente no me esfuerzo para que sea visible —
replicó Jacob.

El módulo de alojamiento se encontraba detrás del edificio principal. Había sido construido para recibir investigadores, Rangers y entrenadores que permanecían varios días en las excavaciones. La habitación asignada a Jacob era sencilla. Contenía una cama individual, una mesa, un pequeño armario, un baño y una ventana desde la cual podían observarse algunas de las estructuras blancas de las ruinas.

Selene permaneció junto a la puerta.

—Descanse y permita que Raichu se recupere —indicó mientras observaba a la pequeña Pokémon—. Mañana decidiremos cómo continuar—.

Jacob dejó la mochila sobre la mesa.

—No recuerdo haber dicho que usted decidiría cómo continuar —
respondió mientras se sentaba en el borde de la cama.

—Yo dirijo la investigación —replicó Selene cruzando los brazos.

—Y también oculta instalaciones debajo de las ruinas —añadió Jacob.

Selene dirigió una rápida mirada hacia el pasillo y notó que la puerta continuaba abierta.

—No deberíamos hablar de eso aquí —advirtió bajando ligeramente la voz.

—Entonces entre y cierre la puerta —
propuso Jacob mientras acomodaba a Raichu sobre la cama.

Selene permaneció inmóvil. Dragonite se colocó detrás de Jacob, Gengar apareció lentamente desde la sombra del armario y mostró una sonrisa demasiado amplia hacia la científica.

—Su Gengar no mejora la sensación de hospitalidad —comentó Selene mirando al Pokémon fantasma.

—No está intentando ser hospitalario —respondió Jacob mientras acariciaba la cabeza de Raichu y Gengar asintió con entusiasmo.

Selene entró finalmente y cerró la puerta.

—¿Qué desea saber? —preguntó colocándose frente a la mesa.

Jacob levantó la mirada.

—Todo —respondió sin cambiar la expresión.

—Eso no es una pregunta —señaló Selene.

—Escribir preguntas individuales es aburrido —replicó él—. Puede empezar por Némesis—.

La científica permaneció en silencio. Raichu observaba a Selene con evidente inquietud y Dragonite también.

—Némesis era la designación de una sección restringida de la excavación —explicó Selene después de una breve pausa—. Fue descubierta hace varios años y cerrada cuando su estructura comenzó a volverse inestable—.

Jacob apoyó ambos antebrazos sobre las piernas.

—Las puertas arqueológicas suelen estar hechas del mismo material que las ruinas —
comentó mirándola directamente—. Esa era de metal moderno—.

—Se instalaron refuerzos y accesos de seguridad para proteger a los investigadores —respondió Selene.

—También tenía un símbolo industrial y una numeración de nivel —
añadió él.

—Era una instalación científica —admitió Selene manteniendo la voz serena—. Se construyó alrededor de una sección particularmente importante de las ruinas—.

Jacob inclinó ligeramente la cabeza.

—Eso ya se parece más a la verdad —comentó. Dragonite cruzó los brazos.

—No le oculté que existían investigaciones en la zona —replicó Selene.

—Me ocultó que existía una instalación subterránea —señaló Jacob—. También me ocultó que la cosa que está dentro la conoce—.

Selene apretó ligeramente los labios, Raichu se encogió sobre la cama. Jacob lo notó y colocó una mano sobre su espalda.

—No es una cosa —dijo Selene finalmente y La habitación quedó en silencio.

Gengar dejó de sonreír y Jacob mantuvo la mirada sobre la científica.

—Entonces sabe qué es —
concluyó.

Selene apartó los ojos.

—Sé que se trata de un Pokémon —respondió ella y Dragonite dio un paso hacia delante.

—¿Qué especie? —preguntó Jacob.

—No está registrada oficialmente —contestó la científica.

—¿Tiene nombre? —insistió él.

Selene volvió a mirarlo. Durante un momento pareció debatirse entre continuar o abandonar la habitación.

—Mewtwo —reveló finalmente.

Raichu bajó las orejas. El nombre no parecía significar nada para ella, pero la forma en que Selene lo había pronunciado hizo que se aferrara a la sábana. Dragonite mantuvo una expresión severa. Gengar inclinó la cabeza y Jacob no mostró sorpresa.

—¿Es legendario? —preguntó con el mismo tono que habría utilizado para preguntar la hora.

Selene frunció ligeramente el ceño.

—¿Eso es lo primero que le interesa? —cuestionó.

—Es lo que explicaría los ciento cincuenta mil Pks —respondió Jacob.

—El dinero no tiene relación con su clasificación —replicó Selene—.

—Entonces tiene relación con lo peligroso que es —
concluyó él. Selene permaneció callada y Jacob dejó escapar un suspiro. —Sigue siendo una conversación demasiado larga para obtener respuestas simples —murmuró mientras dirigía la mirada hacia Raichu.

La pequeña Pokémon continuaba observando a Selene.

—¿Qué le mostró? —preguntó la científica acercándose un paso.

Dragonite extendió un brazo delante de ella y Selene se detuvo.

—No le gustó que la llamara dependiente —
recordó Jacob mientras acariciaba una de las antenas de Dragonite.

—No pretendía acercarme de forma agresiva —respondió Selene levantando ambas manos.

Dragonite no bajó el brazo.

—Raichu recibió una imagen suya —
explicó Jacob—. Nada más—.

La científica observó a la ratoncita.

—¿Está seguro? —preguntó sin quitar la mirada de ella. En respuesta Raichu se tensó y Jacob entrecerró los ojos.

—¿Qué esperaba que recibiera? —
cuestionó.

Selene tardó demasiado en responder.

—Mewtwo posee capacidades telepáticas muy avanzadas —explicó finalmente—. Puede enviar pensamientos, recuerdos o imágenes incompletas—.

—Eso no respondió mi pregunta —
señaló Jacob.

—No sabemos qué intenta comunicar —replicó Selene.

—Usted sí parece saberlo —dijo él.

Selene observó durante unos segundos a Jacob. Después se dirigió hacia la puerta.

—Debe mantener a Raichu alejada de las ruinas —advirtió mientras colocaba una mano sobre el panel de apertura—. Si Mewtwo establece un vínculo más fuerte con ella, podría utilizarla para alcanzar al resto del equipo—.

Dragonite gruñó y Gengar se colocó frente a la puerta antes de que Selene pudiera abrirla. La científica lo miró y Gengar sonrió de nuevo, mostrando todos los dientes.

—Gengar —dijo Jacob sin levantar la voz.

El Pokémon fantasma no se movió.

—Déjala salir —ordenó Jacob mientras dirigía la mirada hacia él.

Gengar sostuvo la sonrisa durante un momento más y después se deslizó hacia un costado, luego Selene abrió la puerta.

—Mañana hablaremos de las condiciones para acceder a Némesis —informó sin girarse.

—Hoy —respondió Jacob y Selene se detuvo.

—Raichu necesita descansar —repitió la científica—.

—Raichu sí —dijo Jacob mientras se recostaba parcialmente sobre la cama—. Yo puedo escuchar mientras no hago nada—.

La doctora volvió el rostro hacia él.

—No entraré en esa instalación sin preparar un equipo de seguridad —declaró con firmeza.

—No le pedí que entrara —
replicó Jacob.

Selene sostuvo su mirada.

—La puerta requiere códigos de acceso —señaló.

—Entonces tendré que encontrar otra entrada —
respondió él.

—No existe otra entrada —aseguró la científica.

Jacob levantó apenas una ceja y Selene comprendió su error.

—Eso significa que conoce bastante bien el lugar —
comentó él.

La científica no respondió. Abandonó la habitación y cerró la puerta detrás de ella. Gengar se acercó de inmediato y pegó una oreja contra la madera. Los pasos de Selene se alejaron por el pasillo. Cuando ya no pudo escucharla, el Pokémon se volvió hacia Jacob y comenzó a imitar su forma de caminar. Enderezó la espalda, levantó el mentón y fingió ocultar algo bajo una bata imaginaria. Raichu soltó un pequeño sonido parecido a una risa y Dragonite también relajó un poco la expresión.

—Sí, se parece bastante —admitió Jacob mientras observaba la imitación. Gengar levantó un dedo y después señaló la puerta. —No, todavía no puedes asustarla —aclaró Jacob y Gengar dejó caer los brazos con decepción. Luego el de ojos dorados dirigió nuevamente la atención hacia Raichu. —Necesito saber qué viste —dijo con voz más suave mientras se acercaba a ella.

La ratoncita bajó la mirada. Dragonite se sentó al otro lado de la cama y extendió una garra, Raichu la tomó. Jacob abrió su mochila y sacó una pequeña libreta junto con un lápiz. Observó ambos objetos durante unos segundos como si acabaran de imponerle una tarea insoportable.

—Escribir con lápiz sigue siendo aburrido —
murmuró mientras arrancaba una hoja—. Pero hoy fingiremos que no—.

Raichu lo observó con curiosidad. Jacob dibujó una figura humana muy sencilla. Después añadió cabello largo y una bata.

—¿Esto es Selene? —preguntó señalando el dibujo. Raichu miró la figura y asintió. Gengar se asomó por encima del hombro de Jacob. El Pokémon fantasma comenzó a reír al observar la pobre calidad del dibujo. —Puedes hacerlo tú, si crees que es fácil —comentó Jacob ofreciéndole el lápiz a lo que Gengar dejó de reír y se alejó lentamente. Luego el pelinegro trazó un cuadrado alrededor de la figura.

—¿Estaba dentro de una habitación? —preguntó. Raichu dudó. Después negó con la cabeza y Jacob dibujó varios círculos alrededor de Selene. —¿Había más personas? —continuó y Raichu volvió a negar. Cerró los ojos y se llevó las patas a la cabeza, intentando recordar. Dragonite acarició suavemente uno de sus hombros, luego Raichu levantó una pata y señaló el papel. Después dibujó con dificultad una forma larga y ovalada.

Jacob observó el resultado.

—¿Una cápsula? —preguntó inclinando la hoja. Raichu asintió y su respiración comenzó a acelerarse. Jacob dibujó una figura dentro del óvalo. Raichu tomó el lápiz de sus manos y añadió una cola larga, Gengar se acercó otra vez y Dragonite observó el dibujo en silencio. —Mewtwo estaba dentro de una cápsula —interpretó Jacob y Raichu asintió. Después añadió varias líneas alrededor de la cabeza de la figura. Jacob frunció ligeramente el ceño. —¿Cables? —preguntó y Raichu negó. Llevó ambas patas sobre su propia cabeza y formó un círculo con ellas.
—¿Algo parecido a una corona? —dedujo Jacob y Raichu asintió con fuerza. El lápiz cayó de sus patas y la pequeña Pokémon se estremeció.
Dragonite la acercó contra su cuerpo, Gengar observó el dibujo y dejó de hacer gestos mientras Jacob permaneció quieto

Una cápsula.

Una corona.

Selene.

Mewtwo no le había mostrado a Raichu una amenaza futura. Le había mostrado un recuerdo.

—¿Selene le colocó eso? —preguntó Jacob señalando la figura de la científica y después la corona dibujada. Raichu miró ambas imágenes y permaneció varios segundos sin moverse. Finalmente asintió. Dragonite apretó los dientes y Gengar miró hacia la puerta, como si estuviera considerando ignorar la orden anterior de Jacob.

—No —dijo Jacob antes de que el Pokémon pudiera moverse. Gengar lo observó. —Todavía no —añadió mientras doblaba la hoja y él Pokémon fantasma sonrió de nuevo mientras Dragonite emitió un sonido de desaprobación. —Eso tampoco significa que después sí —aclaró Jacob mientras guardaba el dibujo dentro de su abrigo. Gengar levantó ambos hombros y luego el pelinegro se recostó sobre la cama.

Raichu permaneció junto a Dragonite, todavía afectada por las imágenes.

—Mewtwo quería que supiéramos que Selene le hizo daño —dijo Jacob mirando el techo. Dragonite asintió y Gengar cruzó los brazos. —También pudo mostrarle exactamente lo que quería que viéramos —continuó él. Dragonite frunció el ceño. —No estoy diciendo que mienta —aclaró su entrenador mientras giraba el rostro hacia ella—. Estoy diciendo que aún no lo conocemos—. La Pokémon bajó un poco las alas. —Selene oculta algo, Mewtwo quiere que desconfiemos de ella y nosotros estamos en medio —resumió Jacob cerrando los ojos—. Es una situación bastante molesta—. Raichu se acercó y apoyó la cabeza sobre su brazo, ante esto Jacob abrió un ojo.

—Tú no hiciste nada malo —dijo mientras le acariciaba una oreja a lo que Raichu levantó la mirada. —Pero la próxima vez que una presencia desconocida intente entrar en tu cabeza, intenta ignorarla —añadió, pero la Pokémon eléctrica inclinó la cabeza. —Sí, sé que no funciona así —reconoció.

Dragonite se acomodó en el suelo junto a la cama, Gengar se hundió dentro de la sombra del armario, aunque sus ojos permanecieron visibles en la oscuridad. Durante casi una hora, nadie abandonó la habitación. Raichu terminó quedándose dormida junto a su entrenador. Dragonite mantuvo una garra sobre el borde de la cama, cerca de ambos.
Jacob sostuvo su teléfono frente al rostro y comenzó a revisar nuevamente los archivos enviados por Selene. Los reportes mencionaban interferencias, desapariciones y actividad psíquica. No existía ninguna referencia a Mewtwo, tampoco al nombre Némesis. Jacob abrió el mapa de las ruinas y amplió la zona norte. Las coordenadas donde habían encontrado la puerta aparecían cubiertas por una marca gris.

SECTOR SIN CARTOGRAFIAR.

—Eso también es mentira —murmuró mientras observaba el plano, Dragonite abrió un ojo al escucharlo. —Selene dijo que conoce la única entrada —explicó Jacob mostrándole la pantalla—. No puede saberlo si el sector nunca fue cartografiado—.En respuest, la Pokémon dragón levantó la cabeza. Sin embargo Jacob continuó revisando los archivos. Entre los documentos había una lista de personal autorizado para la expedición. La mayoría eran arqueólogos, médicos y Rangers. También notó que Selene aparecía como directora temporal y junto a su nombre había un código.

N-01-VEYR

Jacob observó la secuencia. La misma combinación estaba grabada detrás de la placa metálica.

N-01.

Guardó una captura de pantalla.

—Supongo que mañana tendremos otra conversación larga —comentó mientras apagaba el teléfono. La luz del exterior comenzó a desaparecer.

Pueblo Ara quedó cubierto poco a poco por las sombras de la noche. Desde la ventana podían verse algunas lámparas encendiéndose entre las estructuras blancas. Raichu seguía dormida, Dragonite cerró nuevamente los ojos., después Jacob dejó el teléfono sobre la mesa y trató de acomodarse. No había espacio suficiente para dormir correctamente con Raichu sobre uno de sus brazos, pero despertarla habría provocado más problemas. Finalmente cerró los ojos y Durante algunos minutos, solo escuchó el sonido del viento contra la ventana. Después percibió algo diferente. Una presión ligera en la frente y Jacob abrió los ojos debido a ello. La habitación no había cambiado. Dragonite seguía junto a la cama, Raichu dormía, los ojos de Gengar continuaban visibles dentro de la sombra del armario. Entonces la presión aumentó. Jacob intentó incorporarse, pero su cuerpo no respondió de inmediato. A continuación, una voz surgió dentro de su mente. Profunda, fría pero perfectamente clara.

—No confíes en ella—.

Jacob permaneció inmóvil, Dragonite abrió los ojos de golpe al percibir el cambio en su respiración y Gengar salió de la sombra. Raichu continuó dormida. Luego la presencia desapareció tan rápido como había llegado. El pelinegro consiguió mover una mano y se tocó la frente. Dragonite se levantó de inmediato y se inclinó sobre él.

—Estoy bien —dijo mientras observaba la oscuridad al otro lado de la ventana, sin embargo la Pokémon no pareció creerle. —Esta vez me habló a mí —explicó Jacob mientras mantenía la vista fija en las ruinas. Gengar giró la cabeza hacia la ventana y Dragonite extendió las alas. Jacob volvió a escuchar el viento. Pero no hubo un segundo mensaje, ni recibió imágenes. Solo aquella advertencia.

No confíes en ella.

Jacob dejó escapar un suspiro.

—Demasiado tarde —murmuró mientras sus ojos dorados permanecían clavados en las ruinas blancas—. Nunca confié en ella—.


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En su confinamiento, Mewtwo abrió lentamente los ojos. Entre él y Jacob existían muchas interferencias físicas. Aun así, había conseguido alcanzar su mente. Dentro de una sala de control oculta, Selene observó cómo una línea roja aparecía sobre uno de sus monitores.

CONEXIÓN TELEPÁTICA EXTERNA DETECTADA.

La científica apretó los dedos contra la consola.

—Así que ya lo elegiste —murmuró contemplando la señal. Detrás de ella, algo metálico se movió en la oscuridad, mostrando dos ojos rojos se encendieron: Metagross permanecía inmóvil junto a la entrada. Selene desvió la mirada hacia una segunda pantalla. En ella aparecía el expediente de Jacob Balfourt. —Ahora veremos si él también te elige a ti —añadió mientras ampliaba la fotografía del entrenador.
 
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