Rango B Overhaul [Liz & Jorge -Caliburn-]

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"Overhaul"
NPC involucrado: -,
Sinopsis: Tenemos información de que un MetalGreymon (Virus) del Imperio se ha estado sometiendo a diversos procedimientos "quirúrgicos" dudosos. Básicamente, este Digimon ha estado modificando y "mejorando" sus partes metálicas, con el fin de convertirse en el Cyborg más poderoso existente gracias a esas modificaciones. No solo este es un acto que irrespeta la Ley de Yggdrasil, también pone en peligro al propio Digimon y al Imperio al irlo convirtiendo poco a poco en una criatura impredecible que podría volar media ciudad junto a sí misma. Necesitamos a un Tamer que derrote y entregue a MetalGreymon a Digital Security, y consiga información sobre la fábrica que lo estuvo modificando,
Escenario: Área Desértica - Metal Empire,
Objetivos:,
Encontrar a MetalGreymon, derrotarlo y entregarlo a Digital Security
Obtener información sobre la fábrica que realizó las modificaciones ilegales
Desmantelar la fábrica y atrapar a los responsables
Notas:,
Las Modificaciones de Metal Greymon no solo hicieron sus partes metálicas más resistentes, también potenciaron sus técnicas que hacen uso de estas (Giga Blaster y Trident Arm). Un solo Perfect podría tener dificultades enfrentándolo
NO peleen con MetalGreymon dentro de la ciudad, uno solo de sus Giga Blasters podría causar un daño devastador y matar a decenas de inocentes si impacta contra algún edificio o calle. Sáquenlo al Área Desértica
Se desconoce la ubicación de la fábrica, podría estar tanto dentro como fuera del Imperio. Tampoco se sabe que clase de Digimon podría estar detrás de las modificaciones.

Luigi Luigi
 
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(Sede de Caliburn, Continente Folder)

El zumbido constante de los ventiladores metálicos llenaba la sala de reuniones de la sede de Caliburn en el Continente Folder. La ciudadela del Imperio del Metal nunca dormía: siempre había algún engranaje girando, alguna línea de ensamblaje lanzando chispas, algún Digimon mecánico aceitando sus extremidades. Desde los ventanales de la torre, las luces de neón y el humo azulado de las fábricas pintaban el cielo nocturno con un resplandor opresivo.

En el centro de la sala, una mesa circular proyectaba un holograma tembloroso: la imagen de un MetalGreymon (Virus). Sus ojos brillaban rojos como faros encendidos, y en el pecho se apreciaban soldaduras recientes, toscas cicatrices metálicas que evidenciaban intervenciones forzadas. A cada giro de la proyección, se distinguían placas añadidas, tornillos nuevos, y un brazo que parecía más un cañón experimental que una extremidad funcional.

La voz metálica del miembro de la Digital Security resonó en la sala, con ese timbre neutral y desprovisto de emociones que ponía nervioso incluso al más curtido:

Objetivo: localizar y neutralizar a MetalGreymon (Virus). Eviten el enfrentamiento en la ciudad. Trasladen al objetivo al Área Desértica y entreguenlo a nuestras fuerzas. Secundario: identificar y desmantelar la fábrica de modificaciones ilegales.

El holograma se desvaneció. Un silencio pesado se posó sobre la mesa, roto apenas por el roce de un bolígrafo.

Jorge, inclinado sobre su libreta de cuero, ya estaba dibujando con trazos rápidos la silueta del Digimon modificado. Su expresión era calmada, casi serena, aunque los ojos delataban concentración. Pasaba el bolígrafo por la página con la misma naturalidad con la que otro hubiera afilado una espada.

—Un cañón de Giga Blaster dentro de la ciudad… —murmuró, como pensando en voz alta—. Podríamos llenar titulares durante meses con la catástrofe. Aunque dudo que Digital Security nos deje vender exclusivas.

Lara, que hasta ese momento había estado revoloteando alrededor del holograma con las alas ligeramente erizadas, bufó.

—¿Titulares? Esto es dinamita pura, Jorge. Cirugía ilegal, modificaciones, un cyborg fuera de control… —agitó una pluma frente a él, con ese gesto nervioso y mandón que siempre usaba cuando no lograba contener la emoción—. Si conseguimos detalles sobre esa fábrica, podríamos adelantarnos a todos los demás.

El reportero alzó apenas la mirada, sonriendo con ironía.

—Y si metemos la pata, podríamos adelantarnos también a nuestra tumba.

Liz permanecía al otro lado de la mesa, en silencio, los brazos cruzados sobre el pecho y la mirada fija en el espacio vacío donde había estado el holograma. La luz tenue hacía brillar sus mechones teñidos en las puntas, y la sombra de las cicatrices en sus manos se adivinaba a través de los guantes. Cuando habló, su voz salió firme, sin adornos:

—Sacar a MetalGreymon de la ciudad será lo más difícil. No podemos enfrentarlo aquí, eso está claro. Necesitamos atraerlo. Una provocación calculada, un cebo lo bastante convincente para que nos siga sin arrasar con medio Imperio en el proceso. — Le hubiera gustado que Rox les acompañara en la misión: ella era la gran estratega de Caliburn. Sin embargo, se encontraba en una misión especial con Kyle. Habían sido los primeros en ascender a rango Elite y una suculenta a la par que peligrosa misión de rango A los había reclamado.

Nótt, sentado a su lado con las garras recogidas sobre el suelo metálico, levantó la cabeza. Sus ojos amarillos reflejaban calma y prudencia, pero la rigidez de su pelaje indicaba tensión.

—Si se trata de provocar, no será complicado. Ese Digimon ya está al borde de la inestabilidad. Lo complicado será contenerlo una vez que muerda el anzuelo. —El Gabumon habló con voz grave, segura, cargada de experiencia—. Sus armas han sido potenciadas. Un Giga Blaster podría atravesar una manzana entera antes de que tengamos tiempo de reaccionar.

Lara se giró hacia él, chasqueando la lengua.

—¿Y qué propones, peludo? ¿Que lo invitemos a un café en el desierto?

—Propongo —replicó Nótt, sin alterarse— que pensemos en la gente de aquí. Si algo sale mal en la ciudad, no habrá plan que valga. Necesitamos coordinación, no sarcasmo.

El aire se cargó un instante de electricidad. Jorge, siempre paciente, decidió intervenir antes de que la discusión escalara.

—Ambos tienen razón. —Cerró su cuaderno con un golpecito y miró a Liz primero, luego a Lara—. Si vamos a provocarlo, que sea de forma controlada. Una trampa visual, algo que lo saque de sus casillas y lo lleve directo al desierto.

—Podría crear una distracción —añadió Lara de inmediato, como si la idea hubiera sido suya desde el inicio—. Sé cómo llamar la atención de un Digimon testarudo.

Liz arqueó una ceja, conteniendo un comentario ácido, y Nótt resopló suavemente, pero no objetaron.

Jorge se levantó, caminó hasta el ventanal y observó la ciudad: el resplandor metálico, los cables eléctricos recorriendo las calles como venas luminosas, los edificios plagados de antenas y circuitos.

—El Imperio no va a agradecernos si lo hacemos mal. —Habló despacio, el reflejo de las luces en sus lentes—. La fábrica detrás de estas modificaciones ilegales podría estar dentro o fuera de estos muros, pero alguien aquí debe saber algo. Así que empezaremos por la vía más aburrida: preguntar.

Lara hizo una mueca, como si la palabra "preguntar" le resultara una tortura.

—Eso es lento.

—Eso es seguro. —Jorge giró hacia ella, y su sonrisa irónica suavizó el tono—. Además, siempre podemos dejarte el papel de "provocadora oficial" cuando llegue el momento.

El comentario arrancó un resoplido de la Hawkmon, aunque un brillo de orgullo cruzó sus ojos.

Liz se levantó también, ajustándose los guantes. Su expresión se endureció, como una máscara de concentración.

—De acuerdo. Investigamos primero, averiguamos dónde lo tienen oculto, y entonces lo atraemos al desierto. Una vez allí, será cuestión de resistir hasta que Digital Security lo reciba.

—Y después —añadió Nótt, poniéndose de pie con un movimiento elegante—, encontraremos esa fábrica. No pienso dejar que sigan jugando con los cuerpos de otros Digimon como si fueran piezas de recambio.

El silencio volvió a llenar la sala, pero esta vez era un silencio distinto: no de duda, sino de decisión. El holograma había desaparecido, pero la sombra de MetalGreymon seguía proyectándose en sus mentes. Afuera, la ciudad mecánica rugía como un monstruo dormido, inconsciente del peligro que se gestaba en sus entrañas.

Jorge tomó su libreta, guardándola bajo el brazo.

—Entonces está decidido. —Su tono era tranquilo, casi casual, aunque sus ojos ardían de determinación—. A la caza del cyborg.

Y con esas palabras, el cuarteto de Caliburn se preparó para salir a las calles metálicas del Imperio, conscientes de que la primera chispa mal dirigida podía encender un incendio imposible de apagar.

Luigi Luigi
 

Luigi

Digimon Tamer/Pokemon Trainer
Nótt claramente no iba admitirlo, pero el tema de los Digimon modificados era delicado y eso Elizabeth fue algo que llegó aprender al pasar tiempo con su compañero. Después de todo, el día que ellos se convirtieron en compañeros, también fue el día que Gabumon perdió a su mejor amigo por culpa de un grupo de renegados que lo había modificado, implantándole un virus que detonó una Dark Evolution a un furioso y fuera de si Megidramon.

De no haber sido porque Ethan y Kyle estuvieron en File en ese momento para evitar una tragedia, el daño hubiera sido peor. Aún así, el hecho de que para el felpudo, su mejor amigo perdiera su futuro era algo que no podía olvidar. Después de todo, Megidramon al ser derrotado, el virus inestable en su cuerpo en lugar de causar que volviera a un Digitama luego de haber recibido la fuerza de Dukemon y Gaiomon, causó que su cuerpo se convirtieran en datos que de inmediato se destruyeron en el aire.

Mientras que Jorge y Lara iban al frente, caminando por las bulliciosas calles de Metal Empire, Gabu se mantenía en silencio, cosa inusual en el Child. Elizabeth no pudo evitar soltar un suspiro y colocó suavemente su mano sobre la cabeza de Gabumon, dándole una breve pero cálida caricia.

-Sabes, no es necesario que te lo tengas guardado -dejó salir la de cabellos negros con una leve sonrisa, agachándose brevemente a la altura del Child. -Se que para ti este tipo de situaciones son duras, por eso siempre trato de evitar elegir un trabajo en la Central que tenga relación con modificados… pero supongo que esta vez no tenemos alternativa.

-Es que… no entiendo. Perdí a mi mejor amigo por culpa de modificaciones ilegales a las que los sometieron sin que el deseara -
dejó salir Gabu con pesar, bajando levemente el rostro. -Y ahora, veo que un Digimon se sometió voluntariamente a dichas modificaciones.

-Tanto como las personas como los Digimon son todo un mundo único -
trató de explicar Hale con dificultad, buscando la mejor manera de dar a entender su punto. -Jamás podremos entender completamente el proceso de pensamiento de cada persona o Digimon por que al final, cada uno piensa y toma decisiones diferentes en un mismo escenario -Elizabeth procedió a tomar una de las garras de Gabumon entre sus manos. -Un ejemplo… podría ser cuando le piden a dos pintores pintar un cuadro con el mismo tema. Ambas obras serán diferentes porque cada artista piensa diferente.

-Ya veo -
dejó salir triste Gabu, sonriendo levemente la caricia de Hale en su rostro. -Gracias Liz.

-No hay de que. Para eso están los amigos. Ahora, apurémonos o esa gallina parlante de Lara se va a poner insufrible -
le guiñó Liz el ojo a son de broma al Child, que solo pudo dejar salir una risillas.

[...]​

-Muy bien, ¿por donde empezamos? -cuestionó Lara, cruzándose de alas. El cuarteto había llegado a una de las plazas principales de Metal Empire como punto de partida para su investigación. El problema era que tenían ahora que establecer el rumbo. -No es como si pudiéramos ir de puerta en puerta preguntando "Hola, ¿de casualidad tiene un dinosaurio mecánico en su sótano pidiendo mejoras ilegales?" -cuestionó con sarcasmo Hawkmon.

-Lara -le llamó la atención Jorge, no sin antes cruzarse de brazos y evaluar la situación. -Pero tienes un punto, no es como que podamos empezar preguntas a ciegas sin saber por donde empezar y como Metal Empire es bastante grande, tenemos que esta preparados para examinar una amplia cantidad de zonas en búsqueda de la fabrica.

-¿Cual es el plan Liz? -
preguntó Gabu, viendo a su compañero mantenerse en silencio y morderse el labio inferior levemente con frustración visible en su mirada.

-… supongo que no tengo opción. Pensar que uno de los viejos contactos de Dorumon podría ser de ayuda -dejó salir con marcado veneno, descolocando a Jorge y Lara mientras que Gabu tenía una cara de alarma. -No Gabu, no es ninguno de ellos. Te dije que todos fueron arrestados hace ya tiempo -tranquilizó al Child antes de dirigir su atención a Jorge y Lara. -Por favor… guárdense las preguntas para después pero por ahora necesito que me sigan.

-Muy bien bati-chica, pero no olvides que nos debes responder a nuestras preguntas luego -
sonrió la ave, riendo por dentro y ya pensando que preguntas le podía hacer a la enigmática chica gótica de la Guild.

Hale solo rodó los ojos ante el apodo mientras que Velázquez sonrió de forma nerviosa. Definitivamente, eran un equipo que a primera vista no debería funcionar de forma exitosa y aún así, ya habían demostrado poder trabajar en equipo en ocasiones anteriores.

[...]​

-Entonces, ¿a quien conoces de esta zona de mala muerte? -preguntó Hawkmon, viendo como Hale los guiaba en medio de un callejón de Metal Empire, donde se veían varias tiendas cerradas por fuera pero por dentro claramente realizaban negocios no muy legales.

-Luego -contestó de forma seca Liz, deteniéndose en lo que parecía ser una tienda de antigüedades cerradas. Llevo la mano a la puerta y la tocó tres veces, solo para que se abriera una mirilla en la puerta que dejó ver un par de ojos.

-Lo lamento pero el negocio esta cerrado por hoy -se escuchó una voz salir detrás de la puerta.

-Gazimon si no abres la maldita puerta yo misma la tumbo y me asegurare de que Digital Security visite tu negocio -fue la fría amenaza de Hale, que se cruzó de brazos mientras que Gabumon, para sorpresa de Jorge y Lara, gruñía cual perro listo para saltar a morder.

-… entren rápido -la puerta se abrió de mala gana, dejando ver a un Gazimon con expresión fastidiada.

-Bonito lugar -dejó salir Hawkmon al ver que estaban dentro de lo se veía una tienda de antigüedades común y corriente. Su mirada se posó en Jorge, que le hizo un leve gesto con el rostro para que no hablara más por el momento.

-Entonces, ¿que quieres? -dejó salir el fastidiado virus. -No pensé que me vendrías a buscar, especialmente ahora que el tapete de Dorumon ya no camina en este mundo -comentó el virus, sonriendo con burla al ver la cara de furia de la gótica al mencionar a Dorumon. -Bueno, supongo que es normal que sigas furiosa con ese tapete e incluso yo admito que eso fue pasarse de la raya. Después de todo fue el que…

-No vine hablar del pasado, Gazimon -
interrumpió cual navaja Elizabeth al virus. -Ahora escúchame bien, contrabandista de pacotilla. Necesito información y tu necesitas que tu negocio se siga viendo como el nido de contrabando de artículos robados que es y no como el negocio de un informante de la Central o de DS.

-Tsk… muy bien, ¿que necesitas saber? -
se quejó Gazimon con frustración al sentir las miradas de todos los presentes. -Por que estoy seguro que no viniste a buscar a un grupo de renegados que quieran usarte como muñequita.

-Estamos buscando a un Metal Greymon (Virus) que se esta sometiendo a modificaciones ilegales -
habló Jorge, sintiendo que era su momento de intervenir al ver la cara de furia de Elizabeth y que Gabumon estaba a nada de saltarle a Gazimon. -Necesitamos saber en donde esta.

-...¿y porque diablos crees que un pobre infeliz como yo que se dedica a contrabandear basura robada tendría idea de algo como eso? -
preguntó incrédulo Gazimon ante el cuestionamiento.

-Por que sabemos que si bien eres una basura que no se mueve en esos círculos, si conoces a quienes lo hacen -habló Gabumon, dejando atrás cualquier atisbo de cordialidad y educación al dirigirse a Gazimon. -Dinos quien puede darnos la información que buscamos… a no ser que quieras ver como un Garmmon hace estragos aquí adentro.

-… no es necesaria la violencia -
se quejó con molestia con Gazimon. -Te recuerdo que si bien soy un contrabandista, todavía tengo lapsos de ser buen tipo -se quejó de forma dramática. -Si buscan saber quien puede tener información sobre ese Metal Greymon que buscan, vayan a la zona sur del mercado de Metal Empire y busquen un negocio llamado "Tornillos y más" y pregunten por Gorimon. Una vez los atiendan digan "Buscamos la flor de hierro que se fortalece en la arenas doradas del desierto" -explicó Gazimon de forma desganada. -Con eso los llevara a su despacho personal y allí le podrán hacer sus preguntas… solo sepan que no les garantizó que les responda de buena gana -advirtió el virus antes de suspirar. -Y ni una palabra de que fui yo quien los envió… tengo una reputación que mantener en el bajo mundo.

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(Mercado Sur, Metal Empire)

Las calles del mercado sur de Metal Empire hervían como un enjambre de hierro. El olor a aceite quemado y a chatarra recalentada se mezclaba con el de comida frita en aceite reciclado. Cada puesto era un cúmulo de tornillos, cables, piezas de segunda mano y humo que irritaba los ojos. Por encima de la multitud, resonaban los golpes sordos de martillos contra metal y el zumbido interminable de sierras automáticas.

Lara iba al frente, con su paso acelerado y la mirada saltando de un escaparate a otro, como si cada rincón fueseconde algún secreto digno de publicar en portada. Jorge, con su cuaderno a medio cerrar bajo el brazo, caminaba a su ritmo, midiendo cada gesto de los transeúntes. Liz mantenía la capucha baja, el rostro impasible, pero en los ojos brillaba la desconfianza con cada esquina oscura. Nótt, silencioso, se mantenía pegado a ella, los sentidos afilados como cuchillas.

El local de "Tornillos y más" no destacaba en exceso entre las demás tiendas, salvo por un cartel de chapa corroída donde las letras parecían a punto de caerse. Una bombilla roja parpadeaba justo sobre la entrada, como un ojo cansado vigilando a la multitud.

—Vaya, qué sutil —ironizó Jorge, ajustándose las gafas—. Con ese nombre cualquiera pensaría que aquí venden flores.

—Precisamente —murmuró Liz, acercándose a la puerta.

El interior estaba oscuro y cargado de humo. Estanterías hasta el techo repletas de piezas oxidadas formaban un laberinto improvisado. Al fondo, tras un mostrador cubierto de virutas de metal, un Gorimon los observaba en silencio, apoyado en un mazo de hierro que parecía demasiado familiarizado con los cráneos ajenos.

Liz no dudó. Se inclinó ligeramente hacia el mostrador y soltó la frase que Gazimon les había dado con tono firme, como si llevara usándola toda la vida:

—Buscamos la flor de hierro que se fortalece en las arenas doradas del desierto.

El silencio que siguió fue denso, pesado como una nube de humo metálico. Gorimon dejó escapar una carcajada grave, semejante al rechinar de un motor viejo. Sus enormes nudillos, forrados de placas oxidadas, golpearon con un clanc el mostrador, midiendo a cada uno con la mirada.

—No esperaba ver caras nuevas con esa contraseña —masculló, enseñando los colmillos en una mueca más de amenaza que de sonrisa. Sus ojos pasaron primero por Jorge, que mantuvo la calma con los brazos cruzados, luego por Lara, que ya parecía lista para soltar un comentario ácido, después se detuvieron en Gabumon, y al final se clavaron en Liz, como si intuyera que era ella quien tiraba de los hilos—. Pero las flores… se pagan caras. Y yo no regalo información.

—Vaya, qué sorpresa —bufó Lara, cruzándose de alas con teatralidad—. El típico "primero paga, luego hablo". ¿Qué será lo próximo? ¿Una sonrisa de villano y risita malévola?

Jorge, sin apartar la vista del simio de metal, empujó con el codo a la ave parlante, pidiendo silencio sin palabras. El periodista sabía leer atmósferas, y la de Gorimon era clara: un paso en falso y la puerta trasera se cerraría para siempre.

—Mira, venimos con interés genuino —intervino Jorge, bajando un poco la voz y apoyando con naturalidad las manos sobre el mostrador—. Queríamos conocer más sobre los… procesos de modificación.

—¿Modificación? —Gorimon ladeó la cabeza, sus ojos encendiendo un brillo amarillento que parecía escanearlos—. ¿Y para qué demonios quiere un grupo como vosotros jugar a ser cobayas?

Lara no tardó en tomar el relevo, alzando la barbilla con descaro.

—No se trata de jugar. Si hay técnicas para potenciar el cuerpo de un Digimon más allá de lo natural, queremos información. Supón que me interesa que este pajarraco tenga blindaje, o que la lobita de nuestra amiga gane colmillos de acero. Si eso existe, alguien debe saberlo.

Hawkmon abrió el pico, ofendido, pero Jorge le lanzó una mirada que bastó para mantenerlo callado.

Gorimon soltó una risa ronca, casi un rugido, apoyando el enorme mazo de hierro sobre el mostrador con un thud que retumbó por la sala.

—Sois muy listillos. Preguntáis demasiado para ser primerizos. Pero no negaré que el mercado de las mejoras existe. Sí, hay talleres que "revisan" cuerpos, que cambian carne por tornillos. Pero ese no es un camino para cualquiera. Hace falta dinero, lealtad… y agallas.

Liz entrecerró los ojos, la voz cargada de un veneno medido.

—Entonces quizá puedas hablarnos de uno en concreto. Un MetalGreymon.

La mención del nombre hizo que el ambiente se tensara de golpe. El simio no respondió al instante: los miró, primero con un gesto burlón, luego con frialdad absoluta.

—Ah, ya veo. No venís aquí a buscar un taller, ni a pagar un proceso. Venís a husmear sobre ese monstruo. —La carcajada grave se repitió, más áspera, como un engranaje al borde de romperse—. Os equivocáis si creéis que un desconocido como yo va a soltar ese tipo de información solo porque repetisteis una contraseña barata.

Nótt dio un paso instintivo hacia adelante, interponiéndose entre Liz y el Virus. Su rugido bajo resonó en el local como advertencia. Jorge, en cambio, mantuvo el aplomo.

—Dinos qué quieres a cambio —dijo, sereno, clavando la mirada en el simio—. Ya sabemos que no sueltas nada gratis.

Gorimon inclinó el torso hacia ellos, apoyando las manos rugosas sobre el metal, tan cerca que su aliento oxidado se mezclaba con el de los presentes.

—Un cargamento mío fue robado esta misma mañana. Piezas de alto voltaje, componentes que no se venden en ningún mercado oficial. No me importa si me los traéis intactos o si arrastráis a los ladrones de vuelta para darles una lección. Hacedlo, y tal vez me convenza de que sois más que aprendices con aires de detectives.

Liz apretó los dientes, como si tuviera que contener una réplica mordaz. Lara abrió un ala para señalar al gorila, indignada.

—O sea que hasta que no te hagamos un recado, aquí no sueltas nada. ¿Me equivoco?

—Te equivocas en algo, pajarita —replicó Gorimon con un gruñido grave, alzando apenas el mazo para dejar que la amenaza quedara clara—. Esto no es un recado. Es una prueba. Si no podéis con cuatro ratas que se llevaron mis cajas, no sobreviviréis ni medio segundo acercándoos a ese dinosaurio modificado.

El eco de sus palabras se quedó suspendido, aplastante, hasta que Jorge asintió despacio, como si hubiera obtenido justo lo que quería.

—¿Dónde? —preguntó Liz con voz seca, cortando el silencio.

Gorimon sonrió, satisfecho.

—Un callejón dos manzanas al este. Un par de matones de bajo nivel, pero saben cómo correr. Recuperad mi mercancía y tendréis las coordenadas que buscáis.

Liz apretó los dientes, los nudillos tensos dentro de sus guantes. El recuerdo de Dorumon seguía presente, pero no podía darse el lujo de dejar que la rabia la dominara.

—De acuerdo —respondió en un hilo de voz gélido—. Pero si resulta que nos haces perder el tiempo, serás tú quien tenga una visita de Digital Security.

—Hmph. Valiente amenaza, señorita gótica. —Gorimon agitó una mano en gesto despectivo, como si apartara polvo—. Id, y volved antes de que cierre el negocio. —Se giró hacia sus compañeros y, con un gesto, dio por cerrada la reunión.

Mientras salían de la tienda, el sonido de la carcajada de Gorimon los siguió como un martilleo metálico. Liz caminaba en silencio, acariciando el lomo de Gabumon, que aún no bajaba la guardia. Lara, en cambio, soltó un silbido burlón.



—Me encanta cuando todo se resuelve con el clásico "trabaja gratis primero y luego hablamos". ¿Seguro que este tipo no es un cliché con patas?

—Tal vez lo sea —contestó Jorge, abriendo de nuevo su cuaderno—. Pero es el cliché que sabe dónde encontrar a MetalGreymon. Y eso lo convierte en alguien que no podemos ignorar.


El grupo salió de la tienda y el bullicio del mercado volvió a envolverlos. Lara resopló, mirando en dirección al este.

—Genial, otra carrerita detrás de ratas callejeras. Y yo que pensaba que íbamos a tener acción de verdad.

—Toda acción empieza con un pie en falso —replicó Jorge, caminando a su lado—. Y prefiero que ese pie en falso no nos haga volar por los aires con un Giga Blaster.

Gabumon, hasta entonces callado, gruñó suavemente.

—Sea lo que sea, si nos acerca a ese MetalGreymon, lo haremos.

Liz posó una mano sobre su cabeza, en un gesto breve y firme.

—Exacto. Terminemos con esto rápido.

El callejón señalado era un laberinto de paredes metálicas, lleno de basura electrónica y bidones vacíos que apestaban a óxido. Apenas pusieron un pie dentro, dos figuras surgieron de entre las sombras: un Guardromon con el pecho marcado de grafitis y un Commandramon armado con un rifle de pulsos desgastado.

—Ya decía yo que Gorimon mandaría a alguien —rió el reptil, apuntando el arma hacia el grupo—. Pero no esperábamos compañía tan… pintoresca.

—Oye, Jorge —susurró Lara, con una chispa de entusiasmo en la voz—. ¿Me dejas a mí abrir el baile?

El reportero suspiró, acomodando el cuaderno bajo el brazo y cruzándose de brazos.

—Adelante. Pero intenta no convertir el mercado entero en tu audiencia.

Los ojos de Lara brillaron, lista para lanzarse al frente, mientras Nótt avanzaba lentamente, su pelaje erizado como un aviso silencioso.

El aire en el callejón estaba cargado de electricidad y amenaza. El chirrido de un transformador roto zumbaba de fondo, intercalado con el eco metálico de pasos sobre las chapas oxidadas. Frente a ellos, el Guardromon grafiteado alzó los brazos pesados como bloques de hierro, mientras Commandramon ajustaba su rifle con precisión fría.

—Última advertencia —gruñó el reptil—. ¡Dad media vuelta y olvidad el cargamento!

Lara esbozó una sonrisa torcida, ese brillo peligroso que Jorge ya conocía demasiado bien. El reportero, sin apartar su cuaderno del pecho, soltó un suspiro resignado.

—Sabía que ibas a querer protagonizar la función. Hazlo rápido.

—Encantado —replicó ella, extendiendo el digivice en un gesto impulsivo.

La pantalla brilló como un relámpago en mitad del callejón, bañando a Hawkmon en un resplandor ámbar.

—¡Armadigievolución!

El aire se impregnó de energía, y el cuerpo de Hawkmon se expandió, deformándose en líneas de fuerza y luz. Donde antes había un ave ágil, emergió un Moosemon, imponente, con cornamenta refulgente y cascos resonando sobre el suelo metálico.

El callejón entero tembló cuando golpeó el suelo con las patas delanteras.

—¡A ver si podéis detenerme ahora! —bramó Lara desde la garganta del ciervo blindado.

Nótt, que hasta ese instante había contenido su instinto, dio un salto al frente. El digivice de Liz ardió con un fulgor azul intenso.

—¡Digievoluciona a… Garurumon!

El Gabumon fue envuelto en llamas azules, su silueta estirándose, los colmillos brillando con un fulgor gélido. En segundos, un Garurumon de pelaje plateado se plantó entre la banda rival y Liz, emitiendo un rugido que heló el aire.

Guardromon fue el primero en actuar.

—¡Destruction Grenade!

El proyectil salió disparado hacia Moosemon. Lara embistió de frente, su cornamenta iluminada por energía sagrada.

—¡ Horn Blade!

Los cuernos resplandecieron y partieron en dos la granada metálica, la onda de choque rebotando contra las paredes sin alcanzarlos de lleno.

Commandramon aprovechó la distracción para disparar ráfagas de su rifle. Garurumon se lanzó de costado, esquivando por un pelo los proyectiles, para luego abalanzarse con un rugido ensordecedor.

—¡Fox Fire!

La llamarada azul salió disparada de sus fauces, golpeando al reptil y forzándolo a rodar por el suelo, las escamas chamuscadas.

—¡Maldito perro! —escupió Commandramon, tratando de reincorporarse.

—Perro no. —Liz alzó la voz, tan fría como el aliento de su compañero—. Lobo.

Moosemon redobló el ataque, embistiendo con todo el peso de su cuerpo contra Guardromon. El impacto lo estampó contra un contenedor oxidado que se dobló como papel. El cyborg soltó chispas y gemidos metálicos, intentando ponerse en pie con movimientos lentos y descoordinados.

Jorge dio un paso adelante, guardando el cuaderno bajo el brazo mientras alzaba la voz:

—Ya tenéis vuestra respuesta. No estamos aquí a perder el tiempo. El cargamento, ¿dónde está?

Commandramon, jadeando, intentó encarar otra vez el rifle, pero Garurumon le puso una zarpa en el pecho, con las garras apenas presionando la coraza. El reptil tragó saliva, reconociendo que estaba superado.

—¡Está… está en el almacén del final del callejón! —escupió entre dientes—. Solo queríamos una parte… ¡no pensábamos que Gorimon enviaría a un grupo entero!

Moosemon golpeó el suelo con un casco, el eco vibrando como un trueno metálico.

—Pues ya pensasteis mal.

Liz se acercó a Garurumon y, con un leve gesto de la mano, ordenó que soltara al enemigo. El lobo retiró las garras con un gruñido bajo.

En menos de cinco minutos, el grupo había recuperado la mercancía: tres cajas metálicas marcadas con sellos eléctricos y advertencias de alto voltaje. Lara, todavía transformada en Moosemon, cargó con ellas como si fueran ligeras mochilas.

Jorge observaba la escena con una mezcla de pragmatismo y preocupación.

—Demasiado fácil —murmuró—. Si Gorimon quería probarnos, lo ha conseguido. Pero me huele a que aquí hay más que un simple robo de piezas.

Liz asintió en silencio, acariciando el lomo aún caliente de Garurumon antes de que este se sacudiera y deshiciera la evolución en un resplandor azul.

De vuelta al mercado, los ruidos de la multitud volvieron a envolverlos. Moosemon avanzaba con paso pesado, abriéndose camino entre los curiosos que se apartaban al ver su imponente cornamenta. Jorge, fiel a su costumbre, anotaba en su cuaderno mientras caminaba.

—"Prueba superada", supongo. Ahora veamos si el simio de hierro cumple su parte del trato.

Lara soltó un bufido orgulloso, sacudiendo las orejas de Moosemon.

—Ya verás, seguro que ahora canta todo lo que sabe.

Con el cargamento asegurado y la amenaza neutralizada, el cuarteto enfiló de regreso a Tornillos y más. La verdadera información —y quizás el verdadero peligro— los esperaba detrás de aquel mostrador cubierto de virutas metálicas.

Luigi Luigi
 

Luigi

Digimon Tamer/Pokemon Trainer
Gorimon se encontraba en su negocio, revisando su inventario de productos legales y los "no tan legales" que tenía en su poder. Su oreja se movió al escuchar un sonido afuera de su tienda, viendo como los 2 humanos junto a los dos Digimon los que había enviado a recuperar su mercancía hacían acto de presencia. Una arqueó levemente la ceja cuando vio a los humanos sin lo que parecía ser su mercancía.

-¿Acaso tuvieron problemas en recuperar lo mío y volvieron con el rabo entre las patas? -se mofó el gorila digital, obteniendo de parte de Lara una cara de pocos amigos mientras que Gabu se mantenía serio al tiempo que Jorge y Elizabeth se encontraban en silencio.

-Pensamos que no sería prudente cargar la mercancía en publico -fueron las palabras del periodista, sacando su Digimon Keychain y materializando de este las cajas que habían recuperado. -Esto es todo lo que tenían los tipos a los que nos enviaste a golpear -agregó Jorge, tratando de no verse intimidado al ver que el simio se quedó en silencio, viendo las cajas.

-Muy bien, hablemos -el Adult se dirigió a las puertas de su negocio y las cerro, no antes de poner un letrero de "Cerrado por el momento". El chango abrió con sumo cuidado cada caja, revisando sus contenidos antes de dirigirles la mirada. -Parece que todo esta completo, ¿esos ineptos les dijeron si habían revisado o no las cajas?

-Todo indicaba que no las habían abierto y esperaban entregarlas al que les ordeno robarlas en primer lugar -
fue la respuesta de Gabumon (Black), dando un paso al frente y frunciendo el ceño.

-Ya veo -Gorimon ante la mirada de los presentes tumbo las 6 cajas, dejando salir sus contenidos. Colocó su mano sobre estos, buscando algo entre todas las piezas. Una sonrisa se dibujo en su rostro al encontrar entre sus manos un peculiar orbe mecanico. -Esto es lo que buscaban esos idiotas pero mal por ellos -el chango giró su rostro a los presentes, como si estuviera retándolos a preguntar que era esa pieza.

-Ya tienes tu mercancía -habló Elizabeth, cruzada de brazos y grabándose en la mente la forma de ese peculiar objeto en manos de Gorimon. Algo le decía que mas que un simple componente mecánico.

-¿Por qué quieren saber sobre ese Metal Greymon? -preguntó el mono con seriedad: claramente no podía andar soltando información a cualquiera que llegaba a su negocio.

-No nos interesa el Metal Greymon ni tampoco donde esta-zanjó de tajo Elizabeth ante la sorpresa de Gorimon, Lara y Jorge. -Me interesa saber más sobre la persona a cargo de sus modificaciones y que es lo que pide para una cita -explicó la de cabellos negros y mechones azules. -Tengo mi propia historia que debe finalizar con Gabu clavándole los colmillos al cuello de un infeliz.

-Jajajajaja ya veo. Una historia de venganza -
Gorimon se cruzó de brazos, divertido al ver el rumbo de la conversación. -Muy bien. El hecho de que tuvieran la contraseña de mi tienda significa que quien los refirió acá sabe que por lo menos van en serio con lo que buscan -el mono se encogió de hombros. -Por lo normal hubiera cobrado un buen dineral, pero como me ahorraron el esfuerzo de ir personalmente a romper cráneos y trajeron mi mercadería intacta, seré un buen emprendedor -Gorimon se aseguró de guardar dicha esfera mecanizada en un cofre bajo su mostrador.

-¿Entonces? -se atrevió a preguntar Jorge, viendo que el mono se quedó en silencio mientras aseguraba su mercancía.

-El Profesor Thomas Cronqvist -explicó el mono. -Es el encargado de trabajar en Metal Greymon y lamento decirles que en estos momentos no esta tomando citas. Esta ocupado asegurándose de que Metal Greymon se convierta en el preludio de su más grande obra -sonrió con burla ante la cara incrédula de Lara, que estaba a nada de estallar al ver que habían perdido tiempo valioso. -Si quieren intentar contactarlo hoy pues, tienen mala suerte.

-¿Cuando estará disponible para una cita? -
preguntó Jorge, que por dentro estaba frustrado a medias: si bien no tenían idea de la fabrica, al menos ya tenían un nombre y con eso podían empezar a trabajar.

-No lo se. El trabajo de Metal Greymon es uno grande y de hecho lleva ya varias días trabajando en este -respondió el chango de forma burlista. -Igual, si se mantienen interesados, pueden volver a venir luego y puede ser que les tenga una actualización sobre el profesor.

-Si serás…
-se quejó Hawkmon, que quería saltar y picotear al mono sin piedad alguna.

-Muy bien. Volveremos en una semana -dejó salir Elizabeth, sin mostrar algún atisbo de molestia. -Debe ser tiempo suficiente como para que el profesor avance con su proyecto como para tener un espacio en su agenda -Hale se dio la vuelta y procedió a retirarse, seguida de Nótt, Lara y Jorge. -Espero que cuando nos volvamos a ver, tengas algo más útil.

[…]​

-A ver, ¡¿que fue eso?! -Hawkmon finalmente explotó luego que tras varios minutos caminando y dejando atrás la zona del mercado, finalmente llegaron a una zona pública bastante llena de Digimon y humanos. -¡Ese sucio mono nos hizo hacer su trabajo y solo nos dio un nombre! -se quejó una vez que llegaron a una zona con sombra y bastante alejada del bullicio.

-Y claramente no nos dijo todo lo que sabia -se quejó Jorge, observando a la gótica que se mantenía en silencio. -Por cierto, interesante jugada. En lugar decir que estábamos interesados en Metal Greymon, dijiste que querías hablar con el encargado de sus modificaciones -concedió el periodista, entiendo la razón de aquello: Hale sabía que si se mostraban muy interesados en Metal Greymon el mono iba a sospechar algo, pero si movían su interés a que querían ver al profesor porque querían un trabajo de modificación, pues la sospecha no sería tan mayor.

-Thomas Cronqvist -Elizabeth leía la información en su D-Terminal: la chica no había perdido el tiempo y se comunico con la Central, solicitando cualquier información sabia del hombre. -Rango desconocido, se sabe que tiene un Shoutmon de compañero pero no se le ha visto en combate. Sospechoso de ser responsable de una gran cantidad de modificaciones a Digimon e incluso se rumorea que es parte de una de las Rogue Guilds más grandes -la joven soltó un bufido, soplando de su rostro algunos mechones de cabello rebeldes que caían sobre su rostro. -Al menos tenemos un punto importante y algo me dice que debemos seguir al mono esta noche.

-Lo dices por la mercadería que nos mando a recuperar, ¿cierto? -
habló Gabumon, recordando la peculiar esfera mecánica que el mono había guardado y priorizado ante el resto de su mercancía robada.

-Así es. Gorimon claramente se encarga de mover materiales para modificaciones y por la forma en que hablo de Cronqvist, trabaja con el -dejó salir Elizabeth antes de cruzarse de brazos y con una leve sonrisa en el rostro. -Si estaba preocupado por esa esfera, significa que alguien la ordeno y si se trata de un pedido delicado.

-...Thomas Cronqvist debe ser quien la ordeno para seguir con sus trabajos en Metal Greymon -
Lara finalmente ató cabos y sonrió son picardía al darse cuenta de que la visita no fue tan mal. -Si seguimos al mono puede que nos lleve con Thomas o a alguien que nos puede llevar a el.

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La noche había caído sobre Tornillo, y con ella, la ciudad mecánica parecía transformarse en un tablero de engranajes y sombras. Las luces amarillentas de los faroles de vapor dibujaban figuras quebradas en los adoquines, y el aire olía a aceite quemado y metal oxidado. Era un entorno perfecto para que las ratas de mercado desaparecieran sin dejar rastro, y Gorimon lo sabía.

Desde un callejón lateral, Liz observaba al simio metálico cerrar con cerrojo su local y marcharse con paso firme. No llevaba cargamento visible, pero su brazo derecho colgaba rígido, más pesado de lo normal. La esfera mecánica, dedujo la joven, debía estar oculta en algún compartimento improvisado. Su mirada era afilada como un bisturí, calculando la ruta más discreta para seguirlo.

—Ahí va nuestro proveedor de secretos —murmuró, con un deje de ironía.

Jorge, a su lado, alzó el cuello del abrigo y se inclinó hacia adelante para observar mejor. Su tono fue más bajo, casi académico:
—No parece un tipo que dé paseos nocturnos por gusto. Si esa esfera vale tanto, la entregará pronto. Y si la entregamos seguir el rastro, tendremos el mapa directo hacia Cronqvist.

Lara, que ya estaba impaciente, apretó los puños. Su cola de cabello se balanceaba nerviosa de un lado a otro.
—¿Y vamos a estar solo espiando? ¡Podríamos ir y tomarle esa cosa ahora mismo!

—Si lo hacemos, nos quedaremos sin saber a quién iba a entregársela —replicó Nótt con voz grave, interponiéndose entre Lara y el inicio del callejón. Su postura protectora se mantenía firme: pies separados, brazos ligeramente tensos, ojos brillando bajo la penumbra. —Deja de pensar en la pelea y piensa en el resultado.

La digimon gótica frunció los labios, pero no discutió más. Aunque lo odiara, sabía que Nótt tenía razón.

Liz avanzó en silencio, y el grupo la siguió. Gorimon se internaba por las calles menos concurridas, aquellas donde los humanos rara vez se atrevían a caminar. Los ruidos se reducían a chirridos de correas y al zumbido lejano de turbinas. La ciudad dormía, pero sus entrañas mecánicas no.

—Demasiado directo —susurró Jorge al doblar una esquina, fijándose en que Gorimon no intentaba ocultar su andar—. Eso significa que está acostumbrado a que nadie lo moleste aquí. Mal asunto.

Siguieron así durante varios minutos, entre callejones, rampas metálicas y pasajes estrechos que parecían intestinos de acero. Finalmente, Gorimon se detuvo frente a una compuerta circular empotrada en el suelo, oculta bajo un viejo cartel de "Zona en reparación". Con un gruñido, la levantó y descendió sin mirar atrás.

—Entrada subterránea —constató Nótt.
—Una guarida —añadió Jorge, anotando mentalmente cada detalle—. Lo que significa que no actúa solo.

Liz se arrodilló junto a la compuerta y miró hacia abajo. Una escalera en espiral descendía a un túnel iluminado por focos azulados. El eco metálico de los pasos de Gorimon se alejaba con rapidez.

—Aquí empieza lo bueno —dijo la joven, y con una sonrisa apenas perceptible, se dejó caer la primera.



El grupo avanzó con cautela por los corredores subterráneos. El aire estaba cargado de polvo y olor a ozono, como si alguien hubiese estado probando motores demasiado potentes en un espacio cerrado. A medida que descendían, los muros se transformaban en placas metálicas recubiertas de tuberías, y el suelo vibraba ligeramente con el pulso de maquinaria lejana.

—Esto no es solo un escondite —murmuró Jorge, acariciando la pared con los dedos como si leyera una pista en sus vibraciones—. Es parte de un complejo mayor.

Nótt gruñó por lo bajo.
—No me gusta. Huele a trampa.

Liz, sin embargo, no perdía la compostura.
—Perfecto. Si huele a trampa, significa que estamos en el lugar correcto.

Llegaron a una bifurcación donde la luz se abría hacia una sala amplia. Se ocultaron tras un saliente, y desde allí vieron lo que se les presentaba: Gorimon estaba de pie frente a tres Mechanorimon. Sus cuerpos rígidos y uniformes, con visores rojos brillando en la oscuridad, daban la impresión de ser centinelas diseñados solo para obedecer. Cada uno llevaba acopladas herramientas diferentes: un taladro, una garra prensil y una cuchilla cortante.

Los tres se movían en perfecta sincronía, como si fueran engranajes de una misma máquina. Uno extendió un brazo y Gorimon depositó la esfera mecánica en su interior.

—Justo como lo pedisteis. Entera y sin rasguños —se jactó el simio, cruzándose de brazos.

El Mechanorimon del centro, cuya voz resonaba distorsionada, respondió con un zumbido metálico:
—Confirmación: pieza clave recibida. Transmisión al supervisor será inmediata.

Jorge tragó saliva.
—Supervisor… —repitió en voz baja, consciente de que la pista era más clara de lo que habían esperado.

Lara, en cambio, apenas podía contenerse.
—¡Ese es el momento! ¡Si interceptamos ahora, sabremos quién es el contacto directo!

Nótt puso una mano firme sobre su hombro, deteniéndola.
—Todavía no. Si esos tres se coordinan, nos destrozan en segundos.

Liz observaba sin pestañear, calculando. Cada palabra del intercambio confirmaba su sospecha: la esfera no era un cargamento cualquiera, sino una pieza diseñada específicamente para un trabajo de modificación mayor. Seguramente, algo que encajaba en el rompecabezas que Cronqvist estaba armando con MetalGreymon.

El silencio se quebró cuando Gorimon volvió a hablar:
—Y ahora que os traje lo vuestro, quiero mi parte. El negocio es el negocio.

El Mechanorimon central giró la cabeza en un movimiento inhumano, lento y preciso.
—Compensación autorizada. Instrucciones: no volver a la superficie hasta nuevo aviso.

Los otros dos giraron al unísono hacia una compuerta lateral que se abrió con un chirrido. El aire que emergió era más frío, cargado de estática. Un ascensor industrial aguardaba dentro.

—Maldición… —susurró Jorge, comprendiendo la gravedad—. Se lo van a llevar directamente. Si entra en ese ascensor, perderemos la pista.

Los ojos de Liz brillaron con determinación.
—Entonces no podemos dejar que eso ocurra.


El subterráneo olía a óxido y electricidad quemada. Las paredes vibraban con el eco de maquinarias lejanas, como si todo Metal Empire respirara con un corazón de engranajes. El ascensor industrial aguardaba al fondo, su plataforma metálica iluminada por luces ámbar que parpadeaban con intermitencia. A su lado, Gorimon se erguía orgulloso, apoyado en su enorme mazo mientras tres Mechanorimon formaban un muro de acero frente a él, listos para escoltar la esfera mecánica hasta un destino que todavía se les escapaba.


Jorge fue el primero en evaluar la situación. Su cuaderno permanecía guardado —en medio de esa tensión, los bolígrafos servían de poco—, pero su mirada analítica trabajaba más rápido que cualquier apunte.
—Si llegan al ascensor, los perdemos —dijo en voz baja, apenas audible para Liz y Lara.
Nótt gruñó en acuerdo, sus ojos azules brillando en la penumbra. Gabumon podía sentir el pulso de la esfera como si fuera un corazón latente; no sabía qué era, pero su instinto gritaba que no debían dejar que cayera en manos equivocadas.

Lara, impaciente, no tardó en explotar.
—¿Y qué vamos a hacer, quedarnos mirando cómo se largan? —susurró entre dientes, batiendo las alas de Hawkmon con un nerviosismo mal disimulado—. Déjame saltar y les pico los ojos.

—Lara —advirtió Jorge, apretando la mandíbula.
Pero la joven ya había dado un paso hacia adelante. Gorimon, con su oído fino, captó el movimiento.
—Ya era hora de que mostraran los colmillos —rugió, girando el mazo en un círculo amenazante—. Mechanorimon, ¡acaben con ellos!

Los tres cyborgs avanzaron al unísono, sus brazos extendidos transformados en cañones que disparaban descargas de energía azulada. El suelo chisporroteó bajo los impactos. Hawkmon se lanzó hacia un lado, evitando por poco una ráfaga que dejó un agujero en la pared. Gabumon respondió con un Petit Fire, pero la llama rebotó contra la coraza metálica de uno de los Mechanorimon como si fuera un petardo en una fragua.

—Son demasiado duros… —masculló Nótt, retrocediendo para colocarse delante de Liz. El recuerdo de su amigo perdido a causa de modificaciones ilegales lo atravesaba como una daga. No podía permitir que Liz corriera el mismo destino.

Jorge levantó la voz, esta vez con autoridad.
—¡No dejen que toquen la esfera! ¡Si sube al ascensor estamos acabados!

Gorimon rió, avanzando con pasos que hacían temblar las planchas metálicas.
—¿De verdad creen que un par de principiantes y sus mascotas pueden contra mi guardia personal?

El mazo descendió como un trueno, obligando a Hawkmon a rodar hacia atrás. Lara lo sintió: la adrenalina, la frustración, la rabia de no poder hacer más. Sus dedos se cerraron sobre el D-Arc, y en ese instante algo dentro de ella respondió. Una luz cálida, dorada, emanó del dispositivo, bañando la penumbra del pasillo con un fulgor esperanzador.

—¡Digimental Up! —gritó Lara, y el aire vibró.

El Digimental de la Esperanza emergió en un destello, su símbolo grabándose en el suelo como una runa sagrada. Hawkmon se alzó en la luz, su cuerpo transformándose, expandiéndose, hasta que un imponente Moosemon tomó forma, cornamenta radiante y músculos tensos como acero vivo. Sus pezuñas golpearon el suelo con un estruendo que silenció incluso la risa de Gorimon.

—¡Moosemon! —rugió la bestia sagrada, y sin esperar embistió contra la línea de Mechanorimon. La primera colisión fue brutal: un muro de fuerza y fe que partió la defensa enemiga.

Liz, sorprendida, apenas tuvo tiempo de reaccionar cuando un rayo enemigo se desvió hacia su dirección. Nótt no lo dudó. Un grito desgarrador escapó de su garganta mientras el aura azul lo envolvía. Su cuerpo se estiró, se cubrió de pelaje blanco y acero en las patas. Cuando la luz se disipó, un Garurumon se interponía entre Liz y el ataque, desviándolo con un salto ágil.

—¡Garurumon! —exclamó Liz, incapaz de ocultar una sonrisa de alivio.

Ahora el combate era otro. Moosemon cargaba con embestidas demoledoras, obligando a los Mechanorimon a retroceder, mientras Garurumon se movía como un rayo, atacando desde los flancos con colmillos y zarpas. Uno de los cyborgs cayó al suelo, chispas saltando de su torso dañado.

—¡Inaceptable! —gruñó Gorimon, balanceando el mazo hacia Moosemon, pero Garurumon interceptó el golpe, sus colmillos brillando en la penumbra. El choque de fuerza animal contra metal hizo vibrar las paredes, levantando una nube de polvo.

En medio del caos, uno de los Mechanorimon, gravemente dañado, emitió un pitido agudo. Su ojo central proyectó un mensaje holográfico:
"Prioridad máxima: trasladar pieza a la fábrica. Requiere confirmación inmediata del Profesor."

Jorge lo vio. No necesitaba anotar nada; esas palabras quedaban grabadas en su mente como una línea roja hacia el corazón de la misión.
—¡Ahí está! —gritó por encima del estruendo—. ¡La fábrica existe, y el Profesor la controla!

Moosemon arremetió con una nueva embestida, derribando al Mechanorimon antes de que pudiera repetir el mensaje. El segundo fue abatido por el ataque conjunto de Garurumon y Gabumon, mientras el tercero, maltrecho, logró tambalearse hasta el ascensor y escapar en una nube de chispas.

Gorimon, viendo la batalla perdida, intentó lanzarse hacia la esfera mecánica. Pero Garurumon fue más rápido: un salto, un mordisco en el brazo metálico, y el gorila rugió de dolor, cayendo al suelo con el mazo resonando como una campana rota. Inconsciente, quedó tendido sobre las planchas oxidadas.

El silencio se impuso al fin, interrumpido solo por el zumbido lejano de la maquinaria. Moosemon respiraba con fuerza, todavía irradiando el fulgor dorado de la esperanza. Garurumon se sacudió el pelaje, posicionándose al lado de Liz, vigilante.

Jorge avanzó hacia la esfera, que descansaba en el suelo, aún pulsando con ese extraño latido mecánico.
—Esto… —murmuró, ajustando las gafas—. Esto es la prueba que necesitábamos. Y ahora tenemos dos cosas: un nombre, Cronqvist… y la confirmación de que hay una fábrica.

Liz asintió, pero sus ojos seguían clavados en Gorimon.
—Y alguien al que vigilar. Dudo que se quede quieto cuando despierte.

Lara, aún montada en Moosemon, no pudo evitar sonreír con orgullo.
—¿Lo viste, Jorge? —rió, el eco de la batalla todavía en su voz—. Nada como la esperanza para mandar a volar a un par de chatarras.

—Y nada como la imprudencia para meternos en un lío mayor —replicó Jorge, pero esta vez sin dureza. Había algo reconfortante en ver al equipo responder en conjunto, incluso en medio del caos.

Garurumon bufó, como recordándoles que la lucha no había terminado.
—Debemos irnos. Si ese Mechanorimon sobrevivió, seguro dará la alarma.

Con la esfera asegurada en el Digivice de Jorge y el camino despejado, el cuarteto emprendió la retirada, sabiendo que Tornillo y más sería su próximo destino. Necesitaban reagruparse, analizar la pieza y decidir el siguiente paso.

El juego de sombras apenas empezaba. Y ellos ya eran piezas visibles en el tablero de Cronqvist.

Luigi Luigi
 

Luigi

Digimon Tamer/Pokemon Trainer

Gorimon abrió los ojos lentamente, topándose con un el techo familiar de su local. El Adult trató de recordar como fue que había terminando en ese lugar. No obstante, se percato de que estaba tirado en el suelo y con una dificultad para respirar: después de todo la garra de una figura cuadrúpeda cubierta de una armadura blanca estaba aplicando presión para que no se atreviera a ponerse de piel.

-Tienes dos opciones. Cooperas con nosotros y nos dices lo que necesitamos, Garmmon no te fulmina y tu podrás seguir con tu negocio -las duras palabras de Elizabeth alertaron al mono de la presencia de la chica, que estaba a un lado, cruzada de brazos y observándolo con el ceño fruncido.

-¿Y si me niego? -se atrevió a preguntar Gorimon, intento mostrar bravado y que no estaba amedrantado a pesar de las posibilidades en su contra.

-Pues, el lobito aquí se encargara de convertirte en Digitama… y que nos aseguraremos de que cada bit que tengas sea donado a la caridad y que el resto de tu mercancía sea derretida en un volcán -se burló Hawkmon al ver la cara de horror del simio.

No por que lo habían amenazado de convertirse en Digitama… sino porque al parecer el escenario de que toda su fortuna sea entregada a Digimon o Humanos debiluchos le causaba pavor al igual que imaginar que toda su mercancía iba a ser destruida con extremo prejuicio. Y por la expresión facial de Elizabeth, el mono sabía que si le iban a cumplir esa amenaza.

-Entonces, ¿que eliges? -fueron las palabras de Garmmon, que estaba más que listo para reaccionar en caso de que el chango intentara un movimiento en falso.

-… estando vivo haces más negocios que estando muerto. Por supuesto la opción es obvia -se quejó Gorimon antes de suspirar, viendo que realmente estaba en una situación sin salida. -¿Que quieren saber?

-¿Que es esta esfera? -
interrogó Jorge al mostrar el pequeño dispositivo al Adult. -Claramente es una pieza de modificación importante y dado que era un pedido para Cronqvist, claramente tiene relación con Metal Greymon (Virus) en el que esta trabajando-declaró el periodista, frunciendo el ceño al sostener dicho aparato.

-Es un sistema neuronal que le permitirá al usuario que lo tenga instalado dirigir sus ataques luego de haberlos realizado. Por supuesto eso es en caso de que sobrevivan a la instalación -explicó el chango, sonriendo al ver la cara de horror de Hawkmon al atar cabos. -Si, imaginen un Metal Greymon modificado capaz de maniobrar sus misiles… todo un festival de fuegos artificiales -se burló el monto, empezando a toser al sentir la falta de aire dado que la garra de Garmmon aumentó la presión.

-No es la primera vez que trabajas con Cronqvist y entrado a su fabrica -habló Elizabeth de forma seria, posando sus ojos azules en el mono. -¿Que otras entradas tiene para llegar a dicho lugar? Porque claramente ese hombre no es de los que solo tiene una via de entrada y salida -agregó la de cabellos negros.

-¿Por qué tan interesados en el profesor y su Metal Greymon? -se atrevió a preguntar el chango, no queriendo darles el gusto de soltar toda la información de forma fácil.

-Por si no lo sabes, enviaron un video de Metal Greymon con la amenaza de que lo usaría para bombardear Metal Empire -habló Lara como si fuera lo más obvio del mundo, dejando al chango pálido. -Y creo que te imaginas que si ese Metal Greymon ha sido potenciado, uno de sus misiles estrellándose en Metal Empire no es buena idea para nadie… ni para los buenos o para los criminales de tu calaña -explicó la ave, cruzándose de alas.

-Y por tu cara el profesor no le habia dicho a nadie de dicha amenaza -comentó Hale, llevandose una mano al rostro antes de suspirar fastidiada. -Si no vas a decirnos nada… -sus palabras quedaron el aire, dirigiendole una mirada a Garmmon. -Ya sabes que hacer, Nótt.

-¡Espereeeeeeen! -
gritó Gorimon al ver que Garmmon había abierto sus fauces y motas de luz parecian acumularse en su hocico. -¡Les diré donde tiene varias de sus entradas! -exclamó, suspirando con alivio al ver que el lupino pareció suspender el rayo de luz fulminador. -Solo sepan… que muy seguramente estarán vigiladas porque al profesor no le gusta que interrumpan sus trabajos.

-Pues, tenemos a alguien que tiene algo que el quiere -
le recordó Jorge, a pensando en un plan de infiltración. -Tu nos guiaras, le dirás que lograste recuperar la esfera y que vas a entregarla mientras que nosotros usamos el Change Mirror para disfrazar nuestra apariencia como tus… guardaespaldas -explicó el periodista su plan.

-Suena valido -concedió Hale con una leve sonrisa antes de dirigir su atención a Gorimon. -Y en cuanto a tí… más te vale no traicionarnos a no ser que quieras explotar junto a la mitad de la ciudad.

-Créeme que cuando digo "mono vivo hace más negocios que mono muerto" hablo en serio -
concedió de mala gana Gorimon. -Solo soy traficante de piezas pero a mi no me sirve que el Doctor Cronqvist convierta Metal Empire en un cráter humeante mientras YO vivo en Metal Empire -sinceró el Adult de forma seria. -Tenemos una tregua temporal… pero una vez que termine este caos ustedes y yo tendremos cuentas pendientes.

-Bueno, sera escoria y un criminal… pero al menos es sincero con sus intenciones -s
oltó con sarcasmo Lara al ver como a regañadientes Gorimon iba a asistirles a evitar que Metal Empire se convirtiera en un hueco humeante.

-Entonces… es hora de empezar con nuestra infiltración -Elizabeth arqueó la ceja, viendo como Garmmon dejó de contener a Gorimon. -Ya sabes que hacer, Gorimon. Pero ten cuenta que te estaremos vigilando y si nos traicionas… tiempo en prisión sera lo último de lo que te tengas que preocupar.

-Ya lo se, ya lo se -
se quejó Gorimon refunfuñando entredientes sobre humanas pesadas. -Déjenme ponerme en contacto para preparar todo en unas horas. Que la historia debe ser creible.

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La madrugada aún no había disipado del todo la penumbra. En Tornillo y Más, el pequeño local de Gorimon estaba en silencio salvo por el ruido metálico de cajas siendo apiladas y la respiración áspera del simio, que no dejaba de refunfuñar. Jorge, con su libreta digital abierta en el D-Terminal, observaba con gesto calculador. No estaba escribiendo nada; se limitaba a registrar con la mirada cada detalle de aquella improvisada puesta en escena.

Elizabeth, de brazos cruzados, parecía la única capaz de domar la situación. Sus ojos azules seguían cada movimiento de Gorimon como quien observa a una presa. Lara, en cambio, iba y venía, caminando con el ceño fruncido y las alas plegadas con nerviosismo. Hawkmon —fiel reflejo de su impaciencia— murmuraba entre picos cortos, como si le costara contener las ganas de golpear algo.

Nótt, en silencio, mantenía la calma con su habitual firmeza. La figura de Gabumon Black parecía proyectar una sombra más larga de lo normal en aquella estancia cerrada, como si su sola presencia hiciera notar que había muy pocas oportunidades para huir.

—Ya está bien de malas caras —gruñó Gorimon, mientras se ajustaba un arnés improvisado y colocaba la esfera mecánica en una caja reforzada—. Si voy a jugármela con ustedes, la historia debe ser creíble. Necesito que parezcan lo que dicen ser: mis guardaespaldas. Eso significa que no abren la boca más de lo necesario, no hacen preguntas tontas y, sobre todo, que si alguien se pone pesado, reaccionan rápido.

Lara bufó, dejando escapar un sonido áspero.
—Eso último puedo hacerlo sin problema.

—Por eso me preocupa más lo primero —replicó Jorge con ironía, dándole un leve empujón con el codo.

Elizabeth no sonrió; se limitó a dar un paso adelante.
—La fachada se mantiene. Nosotros somos tu escolta, tú eres el contrabandista. Pero ten en cuenta algo, Gorimon: al mínimo gesto raro, Nótt y Hawkmon no necesitarán órdenes mías para volverte a estampar contra el suelo.

El simio refunfuñó, fingiendo indiferencia, pero el brillo nervioso en sus ojos lo delató. Aquel trato era una tregua, y ambos lados lo sabían.



El trayecto hasta el distrito industrial fue silencioso. Las calles de Folder, a esas horas, parecían dormidas, pero la calma era engañosa: cada farola vibraba con un zumbido eléctrico, y las sombras de edificios inacabados se extendían como cuchillas. La ciudad de Metal Empire nunca dormía del todo.

El destino era un almacén en las afueras, una mole metálica con puertas correderas que chirriaban al abrirse. Dos Digimon de apariencia estándar, mecánicos y sin emociones, esperaban en la entrada: Mechanorimon, con sus cuerpos grises y sus luces rojas brillando en el casco, parecían parte del propio sistema de seguridad.

—Entrega especial —anunció Gorimon, golpeando con el puño el lateral de la caja—. Recuperé el cargamento y quiero hablar con el supervisor.

Los Mechanorimon no respondieron con palabras. Emitieron un sonido breve, una especie de pitido sincronizado, antes de abrir paso. La tensión se disparó en el pecho de Jorge: aquello no era normal. No había saludo, ni inspección visual, ni siquiera una señal de reconocimiento. Eran máquinas, pero… demasiado programadas.

El grupo avanzó, fingiendo seguridad. Jorge y Liz iban un paso detrás de Gorimon; Lara y Nótt cerraban la marcha. El interior del almacén era una mezcla de sombras y luces fluorescentes, pasillos estrechos y plataformas de carga. Montones de piezas metálicas se apilaban en estanterías hasta el techo, y el zumbido de generadores eléctricos se colaba en los huesos.

Un Digimon diferente apareció, recibiéndolos: un Andromon de aspecto pulcro, con un visor verde que emitía datos constantes. Era evidente que no era el profesor Cronqvist, pero sí alguien con rango.

—Entrega registrada. Código ORB-Δ7 confirmado. —Su voz era fría, carente de emoción, como si hablara una máquina más.

Jorge apretó la mandíbula. Así que ese era el nombre de la esfera. Una pista.

Liz se adelantó apenas medio paso.
—El cargamento está intacto. Pero Gorimon exige una verificación presencial.

El simio asintió con gesto teatral, como si todo formara parte del plan.
—Mis clientes no confían en papeles ni en registros automáticos. Quiero la palabra del supervisor.

El Andromon los observó en silencio durante un instante que se hizo eterno. Finalmente, asintió con un leve gesto de cabeza y dio media vuelta.
—Síganme.



El recorrido los llevó por un pasillo estrecho que descendía. Los sensores en las paredes brillaban como ojos expectantes. Jorge notó que cada uno registraba su silueta y la de sus compañeros, y el Change Mirror apenas lograba mantener la fachada. Tenía la sensación de que en cualquier momento alguien podría detectar el engaño.

El pasillo desembocó en una sala secundaria: una oficina improvisada con terminales y cajas de datos apiladas. Andromon se acercó a un terminal y comenzó a registrar la entrada, tecleando con precisión.

Era el momento. Jorge rozó con el codo a Elizabeth y se inclinó apenas hacia uno de los terminales apagados en la esquina. Liz asintió con una mueca casi imperceptible. Lara notó el gesto y dio un paso al frente, interponiéndose entre los posibles ojos indiscretos y ellos.

El periodista se deslizó hacia el terminal apagado, conectando su Digivice con un movimiento rápido. Liz le cubrió, cruzando los brazos con gesto altivo, como si estuviera aburrida de esperar. Nótt se mantuvo en guardia, observando cada respiración de Andromon.

La descarga de datos fue breve, apenas unos segundos, pero suficiente para extraer información: registros de envíos, coordenadas parciales, un esquema básico de la planta Cronqvist. Jorge casi no respiraba mientras la pantalla mostraba símbolos codificados. Entre ellos, un término resaltó: "Sector Delta — Plataforma 3".

Un ruido metálico los interrumpió. Una patrulla de Mechanorimon apareció en la entrada, con ojos rojos brillando más intensos que antes. Algo en el sistema había detectado la intrusión.

—Anomalía registrada —emitió Andromon, girándose con movimientos bruscos.

—¡Cubríos! —gritó Lara, incapaz de contener más su impulso. Hawkmon saltó de inmediato, desplegando sus alas.

El primero de los Mechanorimon cayó sobre ellos como una avalancha metálica. Nótt rugió, interponiéndose con sus garras encendidas de energía oscura, bloqueando el impacto. Elizabeth, sin titubear, ordenó:
—¡Retirada! Tenemos lo que vinimos a buscar.

Jorge cerró la descarga justo a tiempo, arrancando el Digivice del terminal.
—¡Conseguí las coordenadas! ¡Sector Delta, Plataforma 3! —anunció, alzando la voz para que todos lo oyeran en medio del estruendo.

Los Mechanorimon avanzaron en bloque. Lara gritó un "Tempest Wing!" y el viento conjurado por Hawkmon empujó a dos de ellos hacia atrás, apenas dándoles un respiro. Gorimon, temblando, cargó con la caja que contenía la esfera y los siguió, refunfuñando.

La salida fue un caos. Corrieron por el pasillo metálico, con alarmas encendiéndose en rojo y zumbidos que no presagiaban nada bueno. Al fondo, un eco retumbó como un rugido mecánico.

No podía ser.

Jorge palideció.
—¿Es MetalGreymon?

Nótt se volvió por un instante, sus ojos brillando de tensión.
—No… aún no. Pero viene algo.

El grupo irrumpió en la superficie. La noche los recibió con un aire frío y cargado de electricidad. Tras ellos, los Mechanorimon emergieron en tropel, como una ola de hierro que amenazaba con arrasar todo a su paso.

Elizabeth levantó la voz por encima del ruido.
—¡Rumbo al desierto! ¡Si MetalGreymon aparece, tenemos que sacarlo de la ciudad!

Un resplandor iluminó el horizonte, proveniente del interior del complejo. No era un farol ni una alarma; era el resplandor de un arma cargándose.

Una voz mecánica tronó desde altavoces ocultos:
—Prioridad máxima: recuperar carga ORB-Δ7. Activar Protocolo Cronqvist.

El suelo vibró. El aire se llenó de una sensación densa, como si algo colosal despertara bajo sus pies.

Y entonces, el rugido. Profundo, metálico, acompañado del chasquido de engranajes y el silbido de pistones.

Elizabeth apretó los dientes.
—Ya está despierto.

Luigi Luigi
 

Luigi

Digimon Tamer/Pokemon Trainer


Si antes ya tenían planeado una huida, con aquel rugido y alarma el dueto de Tamers de Caliburn sabían que no podían perder el tiempo: entre que el orbe que tenían era la pieza final para convertir a Metal Greymon (Black) en un arma de destrucción masiva y que dicho Perfect ya tenía un poder de fuego amplificado, quedarse en la ciudad no era una opción.

-¡Gabumon Cho Shinka!

-¡Hawkmon Cho Shinka


Gorimon pegó un grito cuando dos potentes ráfagas de Digisoul emergieron de Jorge y de Elizabeth causando que Gabumon (Black) evolucionara en Garmmon y que Lara evolucionara en Garudamon (X-Antibody). El chango se quejó cuando Garudamon lo tomó en sus colosales garras, tomando vuelo mientras que Jorge iba en los hombros de la ave.

Hale por su cuenta, no perdió el tiempo y de forma inmediata montó en el lomo de Garmmon, con el lupino acelerando a toda velocidad para dejar atrás a sus perseguidores y con la intención de alejarse lo más posible de Metal Empire.

-¡Ten más cuidado pajarraca de poca monta! -chilló el mono, sosteniendo a como podía la carga que contenía. -¡Que si me dejas caer y ese loco recupera esto vamos terminar peor que soplón descubierto de la DS! -se quejó con fuerza el Adult, que juraba que Garudamon no lo dejaba caer solo porque tenía la esfera en su poder.

-¡Si no fuera porque tienes esa cosa en tu poder no estaría salvándote el trasero, estúpido chango! -se quejó Garudamon-X con visible molestia, volando lo más rápido posible e ignorando las explosiones que ocurrían tras de ellos.

-¡Lara, este no es el momento! -exclamó Jorge, llevándose uno de sus dedos al comunicador en su oído. -Escuchamos explosiones, ¿asumo que eres tu asegurándonos de que no nos siga nadie más que Metal Greymon? -preguntó de forma seria el periodista a la persona detrás de la línea: sabía que Hale y Garmmon podían hacer tácticas de distracción mientras que el y Lara actuaban como señuelos.

-¡Sigue volando y no te detengas! -la voz de la gótica hizo eco en los oídos de Jorge. -¡Hemos logrado tumbar a algunos de los perseguidores pero finalmente tenemos contacto visual con Metal Greymon!

Aquello hizo que la sangre de Jorge se helara de forma repentina mientras que Lara siguió con su vuelo rumbo a lo desconocido. Solo esperaban que el plan resultara y que tuvieran éxito en alejar a Metal Greymon de la ciudad lo suficiente.

[...]

El rayo de luz que había sido disparado de las fauces de Garmmon había perforado sin piedad alguna a uno de los Mechanorimon que los habían estado persiguiendo. Despues de todo, su trabajo era asegurarse de que Jorge y Lara tuvieran la vía libre sin más perseguidores a excepción del Metal Greymon que todavía no aparecía.

Fue en ese momento cuando la tierra tembló y en el almacén donde habían estado, una colosal explosión surgió del suelo y en medio de un mar de llamas, una figura mecanizada se alzó con un potente rugido al aire: los brillantes ojos rojos mecanizados de Metal Greymon (Black) emitían un resplandor artificial, claramente examinando los alrededores y tomando vuelo siguiendo la misma ruta de que Lara.

No sin antes haber soltado un rugido mecanizado que hizo eco en medio de la noche.

-¡¿Ese es Metal Greymon?! -exclamó con sorpresa Garmmon al ver la figura tomar vuelo. -¡Es por lo menos 10 veces más grande que un Metal Greymon ordinario! -bramó el lobo antes de acelerar y perseguir al Digimon Perfect, una mueca de preocupación visible en su rostro mientras que su compañera le avisaba a Velázquez mediante los comunicadores.

-Y esa solo debe ser una de las tantas modificaciones que tiene -Hale frunció el ceño, sintiendo un escalofrió recorrer su espalda al imaginar lo que podía hacer ese Digimon con aquella pieza que cargaban Jorge y Lara junto a Gorimon. -Si es de ese tamaño, sus misiles también deben ser más grandes y con más alcance que el promedio. Si no los ha disparado aún es que quiere la pieza intacta -explicó al lobo que en respuesta solo acelero lo más rápido que pudo.

-"¿Pero que clase de lunático es Thomas Cronqvist?" -pensó Nótt con preocupación, tratando de comprender el tren de pensamiento de aquellos que realizaban modificaciones ilegales en Digimon… y el tren de pensamiento de los Digimon que por voluntad propia se sometían a dichos procesos.

No pudo evitar pensar en la fallecida figura de su amigo Guilmon, a quien perdió precisamente por culpa de una modificación que le hicieron en contra de su voluntad y que lo convirtió en un Megidramon.

[…]

-¡Cúbranse! -gritó Garudamon X al ver al colosal Metal Gremon (Black) que finalmente les estaba alcanzando y lanzando su Trident Arm modificado con cuchillas de energía y con intención de empalarlos. Gorimon chilló y Jorge se sujeto como si ni hubiera un mañana de Lara cuando la Perfect tuvo que hacer un giró repentino que termino con ellos en las arenas del desierto. -¡¿Estas bien Jorge?!

-¡¿Y acaso yo estoy pintando, cerebro de plumas?! -
reclamó Gorimon, que tenía en brazos todavia el contenedor con las esfera. El mono tragó saliva al ver en el aire la colosal figura de Metal Greymon (Virus). -¡¿Como mierdas vamos a tumbar a esa cosa?! -Lara sintió como sus ojos casi se salían de sus cuencas al ver el tamaño de aquel Digimon.

Antes de que el Virus mecanizado hiciera algo más, fue impactado en el costado por lo que parecía ser una Digimemory de Atlur Kabuterimon (Red), anunciando la llegada de Elizabeth y de Garmmon al área.

-¡¿Se encuentran bien?! -Hale se había bajado del lobo, permitiéndole volver al campo de batalla al igual que Garudamon. -El tamaño de este Digimon esta fuera lo ordinario.

-Y su Trident Arm tambien muestras modificaciones, como tener garras metálicas con cuchillas de energía -s
e quejó Jorge sacudiéndose el polvo y la arena del cuerpo. -Tenemos que detenerlo aquí -habló el periodista de forma seria, tapándose los oídos al escuchar un rugido de Metal Greymon (Virus)

-… ese lunático de Cronqvist ahora si se paso de desquiciado -concedió Gorimon, al ver al monstruoso Virus disparar una llamarada que convirtió en vidrio la arena. En llevó su mirada al orbe y tragó saliva al recordar una frase de Thomas.

"Oh, pero Metal Greymon (Virus) es solo un trabajo de prueba para mi verdadera obra magna que tengo pendiente de realizar".

Definitivamente ese humano estaba mal de la cabeza.

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El aire ardía. La arena, antes inmóvil, se convertía en un océano vibrante bajo los rugidos metálicos de un monstruo que no debía existir.
Garudamon-X y Garmmon se desplazaban entre la tempestad de fuego con precisión casi militar, guiados por la coordinación entre Hale y Jorge, mientras Gorimon, a duras penas, sostenía el contenedor que custodiaba la pieza neuronal.


El cielo estaba iluminado por las llamas. A cada rugido de MetalGreymon (Virus), la atmósfera se estremecía, distorsionada por las ondas térmicas de su reactor dorsal. En el pecho del Perfect, las cámaras ópticas y los tubos fríos palpitaban como corazas de una bestia industrial; pero en la mano del mono, la pieza hablaba con un silencio inquietante: una esfera metálica surcada por filamentos, chips enroscados como sinapsis artificiales. Era pequeña, pero Jorge había sentido su presencia antes incluso de verla: aquella cosa no era una batería; era un núcleo neuronal, un módulo capaz de añadir control remoto a cualquier carcasa compatible. Si se acoplaba al sistema de vuelo o a los misiles, permitiría que los proyectiles siguieran órdenes precisas aún después de separarse del lanzador. En otras palabras: la diferencia entre un misil perdido y un arma inteligente.


—¡Sigue moviéndote, Lara! ¡No lo enfrentes de frente! —gritó Jorge, sujetándose con fuerza a las plumas aún calientes de Garudamon.


Garudamon-X miró a su tamer con una chispa feroz en los ojos.
—¡No necesito lecciones! ¡Estoy intentando que esa chatarra no nos reduzca a chispas! —rugió, batiendo las alas con violencia. Su plumaje encendido proyectaba zanjas de luz sobre la arena.


Una ráfaga incandescente silbó a su paso: el Trident Arm del Perfect giró como una sierra de plasma y cortó la distancia en un instante, arrancando una lengua de fuego que levantó nubes de polvo.
—¡Por poco! —chilló Gorimon, pegado al costado de Lara como si la felpa de sus manos pudiera salvarlo de la radiación.


—¡Cierra el pico y no sueltes esa cosa! —gruñó Garudamon, pivotando y virando hacia el flanco este.


En tierra, Garmmon corría con la furia de un rayo. Su zancada dejaba estelas de luz entre la arena. Hale, erguida sobre su lomo, observaba con la mirada afilada de quien ha visto demasiadas batallas.


—Ese no es un Digimon normal. Es un arma con intención —musitó Nótt, la voz baja pero cargada de hielo.


—Y un arma que sabe buscar lo que la hace más peligrosa —añadió Hale, analizando patrones en su D-Terminal. La señal que emitía el núcleo neuronal persistía; como un faro, guiaba la atención del Perfect hacia el contenedor.


—¡Contactos visuales: quinientos metros y cerrando! —reportó Jorge.
—Recibido —contestó la gótica—. Dividamos su atención: Garmmon lo mantiene al ras de tierra; yo lo acoso desde arriba. Si lo obligamos a maniobrar, perderá precisión.


Garmmon gruñó, impulsándose con un salto que levantó una ola de arena. La batalla explotó.





El rugido del Perfect sacudió el firmamento. Sus alas, matrices de titanio, se abrieron con un chasquido que rompió el silencio. Del pecho emergió un calor cegador: su reactor latía con fuerza de sol artificial.


—¡Fire Hurricane! —vociferó Lara.


Garudamon-X abrió sus alas y creó un torbellino de llamas. La columna incandescente se tragó parte del cuerpo del Perfect; por un instante pareció que la armadura se volvería ceniza. Pero el MetalGreymon no era frágil: el Trident Arm perforó el vórtice con inercia monstruosa y golpeó a Garudamon, que fue lanzada hacia atrás como un cometa herido. Jorge sintió la presión del aire partir sus costillas; se aferró con uñas y dientes.


—¡Lara, aguanta! —gritó Nótt.


Ella gruñó entre dientes y, con garras envueltas en fuego, contestó:
—¡Crimson Claw!


Las talonadas carmesíes se clavaron en la coraza del Perfect y dejaron surcos humeantes, pero a cambio la criatura escupió un torrente que convirtió la arena en cristal. La luz rebotó en los fragmentos como ojos rotos.


Abajo, Garmmon concentró brillo en su boca.
—¡Solar Laser! —rugió, y de su boca salió un rayo que partió el aire y golpeó el reactor. El impacto hizo que MetalGreymon titubease: un fallo, una chispa, humo.


Garudamon aprovechó para cargar su siguiente técnica: un espiral de viento incendiario, Eagle Twister, que envolvió al Perfect. En ese momento Hale gritó:
—¡Ahora, Nótt!


El lobo se lanzó sin dudarlo, canalizando energía en su cuerpo.
—¡Licht Torpedo! —exclamó, embistiendo el vórtice con la fuerza de un hachazo luminoso.


La explosión que siguió volcó las dunas y por segundos el mundo quedó reducido a luz y estruendo. Cuando el polvo empezó a asentarse, la silueta del Perfect se recortaba, aún en pie, pero con la marcha menos segura. Sus sensores bullían, y algo en su programación cambiaba: estaba estudiando, adaptando.


—Cúbranse —ordenó Hale al ver que del pecho del MetalGreymon emergían misiles que, aun en apariencia pasivos, brillaban con un núcleo de orientación.


Las detonaciones que siguieron lanzaron a Garudamon al aire; Jorge rodó y notó el calor sobre su piel. Gorimon maldijo y apretó la contención del orbe con manos temblorosas.


—¡Nos va a pulverizar! —vociferó, con la voz más humana que de costumbre.


Garmmon erigió una barrera de luz que desvió la última detonación; chispas de datos cayeron como lluvia. Jorge, incorporándose, vio el ojo rojo del Perfect girarse directamente hacia el orbe. Era como si lo reconociera.


—Está aprendiendo —dijo Hale, la piel de gallina.


—¿Aprendiendo? —preguntó Jorge.


—Sí. Está analizando cómo respondemos a estímulos —contestó ella—. Cronqvist no sólo creó un arma; creó un espécimen capaz de integrar tácticas en tiempo real.


Antes de que pudiera añadir nada, la voz mecánica del Perfect surgió, distorsionada y, sin embargo, humana:


"Parámetros de combate óptimos. Emoción detectada: miedo. Confirmando hipótesis del Proyecto Cronqvist."

Los cuatro, por un segundo, estuvieron muy quietos.
—¡Está… hablando! —balbuceó Gorimon.


La voz volvió, como si leyera de una tabla:


"El miedo incrementa el rendimiento evolutivo. Sujetos valiosos. Conservar."

—¡No somos tus sujetos! —rugió Garudamon, y lanzó un pico negro que brilló como un ave de sombras: Shadow Wing. La ráfaga cortó el aire y chocó contra el Perfect, obligándolo a retroceder.


Mientras tanto, Garmmon aprovechó el hueco e inició Militant Angriff, deslizándose entre las piernas del coloso para arrancar cables y sensores. Chispas y trozos de metal volaron. El Perfect tambaleó, pero su reactor, automáticamente, pulsó azul y se reactivó.


Hale maldijo: el núcleo neuronal no sólo guió a los misiles; escuchó, aprendió y estaba aplicando contramedidas.


—¡No lo dejéis recomponerse! —ordenó. —Si restablece el vuelo, lo perdemos.


Garudamon asintió. Elevó altísima su figura hasta el zénit y lanzó, en picado, Garuda Pressure: descendió como un meteorito viviente y estrelló su peso sobre la base del ala izquierda del Perfect.


El impacto fue colosal. Una onda sacudió las dunas; todos cayeron por la fuerza, lanzados como muñecos. Cuando el polvo se disipó, la ala izquierda del MetalGreymon yacía destrozada. La criatura cayó de rodillas, el reactor titilando con un zumbido inestable.


—¡Lo logramos! —gritó Gorimon, la voz quebrada por el alivio.


Pero Hale no sonrió. Miró al horizonte, donde la silueta herida del Perfect empezaba a temblar.
—No. Lo hemos enfurecido.


El Rugido que surgió no fue un simple estruendo: la arena comenzó a agitarse como si una tormenta magnética se levantara. La temperatura subió en segundos; la arena se arremolinaba en columnas brillantes.


—¿Plan que no implique morir calcinados? —jadeó Garudamon, mirándole con sorna a Garmmon.


—Correr —respondió Jorge con voz pétrea—. A la mierda la gloria.


Hale no dudó: apretó el comunicador.
—¡Sector Perdido, coordenadas alfa-siete! ¡Retirada inmediata!


Garmmon recogió a Jorge con un salto poderoso y arrancó. Garudamon cubrió la retaguardia con rasgos de fuego. Tras ellos, el Perfect recobró una brusca lucidez; de su casco salió una voz que no era del Todo: la risa metálica de un humano a través del ruido digital:


"Sujeto Cronqvist: datos de prueba satisfactorios. Proceder a la siguiente fase."

El desierto ardía. La luna artificial contemplaba a los cuatro mientras desaparecían por la cresta de la duna. Pero la herida del Perfect palpitaba en la distancia, y su guión no terminaba en aquella noche de fuego.

Luigi Luigi
 

Luigi

Digimon Tamer/Pokemon Trainer

Finalmente habían logrado alejar lo suficiente a Metal Greymon de Metal Empire. Y si bien eso era bueno, Garmmon se movía a toda velocidad con sus dos pasajeros en el lomo. En cualquier otro momento, el español se hubiera quejado de tener la melena negra de su compañera de Guild golpeándole la cara, pero la situación no era la idónea para ellos.

Por los aires, Garudamon X volaba lo más rápido posible, llevando a Gorimon en sus manos para que el chango no perdiera la carga que tenía o peor, huyera y entregara la esfera solo para salvar su cuello. Lara maldijo a Cronqvist, su orgullo de pájaro herido al ver como un lagartijo gigante le seguía el paso solo porque al parecer, tenia un motor en la espalda para impulsarlo.

-¡Maldita sea, ya nos va a alcanzar! -se quejó Garudamon X, agradeciendo que al menos ya habían logrado alejar a aquel monstruo lo suficiente como para poder entrar en combate. -¡Prepárate para un aterrizaje de emergencia chango y no intentes escapar! -Lara tuvo que girar cual trompo para evitar por milésimas de segundo un fino rayo de luz que disparó el Perfect Virus.

-¡Si algo vivo de esta juro que a ese maldito de Cronqvist yo mismo le arranco las pelotas! -maldijo Gorimon a viva voz antes del descenso de emergencia de Garudamon.

[…]​

-¿Algún plan? -alcanzó a decir Jorge, sujetándose a como podia de Garmmon para no caer y con nervios sobre si decía eso. -Ya estamos a una distancia prudencia para intentar frenar en seco a ese Metal Greymon -comentó el periodista, sintiendo alivio al ver como llegaron a la zona de combate y Garmmon frenó.

-Liz, Jorge. Ustedes vean la situación desde aquí -habló de manera seria el lobo antes de permitirles bajar de su lomo. -Yo iré a apoyar directamente a Lara para sacar de su miseria a ese Digimon -gruñó antes de arrancar a toda velocidad, dejando a su paso una estela de polvo.

-Parece que se lo esta tomando muy en serio -habló Jorge, soltando un silbido y admitiendo que era la primera vez que veía a Nótt actuar de esa forma.

-Como no tienes idea -la gótica frunció el ceño, entendiendo como para Gabu, tratar con un Digimon modificado era un tema muy delicado. -Por ahora debemos asegurarnos de que ese Metal Greymon no pueda atreverse a intentar disparar sus misiles a la ciudad -ambos Tamers se colocaron en sus rostros un Visualizador y luego un Sound Linker para seguir de cerca la acción.

Después de todo, debían asegurarse de apoyar a sus compañeros en dicho combate frenético.

[…]​

Por su cuenta Garudamon X estaba conectando un tremendo puñetazo en la quijada de Metal Greymon, logrando que el dinosaurio mecanizado elevara sus fauces al aire y disparara al cielo una llamarada que originalmente fue lanzada con el intento de quemar todo a su lado. Gorimon se encontraba oculto, sudando frío mientras sostenía el orbe en manos, sabiendo que si llegaba a ser instalada en Metal Greymon las cosas iban a ponerse muy pero muy mal.

-¡Estúpida lagartija! -se quejó Garudamon X, sintiendo su nudillo adolorido luego de haber golpeado la mandíbula de Metal Greymon. El ave se preparó para continuar el asalto pero de manera repentina, varios misiles salieron de un costado, golpeando a Metal Greymon y creando explosiones congelantes en su cuerpo.

-¡Lara, es ahora o nunca que debemos tumbarlo AQUÍ! -exclamó Garmmon, cuyo lomo tenía cargado el lanzador de misiles de Deckerdramon y siendo responsable de dicho ataque gracias a una carta y siendo rodeado por el aura de Omegamon gracias a la carta Powerful Will. -¡Se esta poniendo de pie de nuevo! -exclamó el lupino, gruñendo al ver como Metal Greymon dejó salir un rugido atronador que hizo eco en medio del desierto.

El Dinosaurio sacudió su cuerpo, destrozando las capas de hielo que se habían creado gracias al ataque previo.

-¡Tsk! ¡Shadow Wing! -Lara había tomado vuelo a toda velocidad y disparó su ataque, la onda de energía tomando la forma de un ave que iba directamente a impactar de lleno a Metal Greymon.

O eso creyendo hasta que vieron a la criatura desplegar una barrera que desvió el ataque a otra zona, causando un estallido de arena por los aires.

Garmmon por su cuenta, se había movilizado a espaldas del colosal dinosaurio y abrió su hocico al ver como la barrera había desaparecido. Un Solar Laser salió disparado, golpeando la nuca del dinosaurio. Y para sorpresa de todos, en lugar de escuchar un rugido y ver a Metal Greymon contraatacar, el dinosaurio mecanizado dejó salir un marcado alarido de dolor y se tambaleo. Sus ojos rojos mostraron un repentino brillo y de forma inmediata, un furioso rugido salió del Virus, que se giró y de inmediato lanzó una llamarada con la intención de quemar al lobo.

A pesar de lo que aparentaba, todas esas modificaciones en Metal Greymon irónicamente habían llegado a crearle un punto débil en la nuca. Y claramente ese detalle no paso desapercibido por los miembros de Caliburn al ver que tenían una forma de derribar a su enemigo.

[…]​

En otro lugar, un hombre vestido en una bata de laboratorio y cuyo rostro era cubierto por un casco mecanizado parecía tomar notas en una pantalla virtual desplegada al frente suyo. Si bien en un momento un leve atisbo de molestia cruzó su mente cuando su proyecto fue interrumpido, al final decidió no darle importancia y solamente estaba tomando notas del rendimiento de Metal Greymon.

Después de todo, el Perfect solo era un prototipo de las ideas que tenía en mente para su verdadera obra maestra. Si bien Thomas Cronqvist lamentó no poder haber visto el rendimiento del Dinosaurio con el enlace neuronal instalado, al menos podía recopilar la información actual para continuar su proyecto en una fecha posterior.

Porque al final de todo, tiempo tenía de sobra.

-Si bien no tengo expectativas de que Metal Greymon (Virus) tenga éxito al no ser un producto terminado a estas alturas donde se han percatado de su punto débil, no esta de mal ver que se puede mejorar a futuro -una sonrisa que disfrazaba la carencia de emociones funcionales en el hombre se dibujo detrás de su casco. -Después de todo el proyecto "CHAOS" todavía tiene mucho margen de perfección.

El hombre simplemente siguió examinando la batalla a través de los ojos de Metal Greymon (Virus)

[…]​

-¿Visto eso? -Jorge claramente había visto la reacción de Metal Greymon al ser atacado por la nuca. -Claramente debemos enfocar nuestros esfuerzos allí -dejó salir el periodista con una sonrisa, viendo que finalmente habían encontrado un punto débil.

-Eso puedo ver. Y tenemos que aprovecharlo -sonrió Hale de forma determinada al ver que tenían un plan mejor que solo "golpearlo hasta que no se levante". -Y vamos a necesitar planear como lograr un verdadero golpe fulminante -dejó salir antes de compartir una idea con Jorge.

[…]​

-¡¿Me dices que su punto débil es la nuca?! -exclamó Lara al escuchar las palabras de Jorge mediante el Sound Linker, levantándose del suelo luego de que Metal Greymon hubiera logrado impactarla con su colosal cola. -Bueno, al menos ya sabemos donde le duele mas ser golpeado -exclamó Garudamon X, saliendo disparada cual misil y golpeando el costado de Metal Greymon, obligando al lagarto soltar a Garmmon que estaba aprisionado en su única garra orgánica. -¡¿Estas bien lobito?!

-Cof, cof -
tosió Garmmon antes de recuperar el aliente y asentir las palabras de Lara. -Ahora estoy mejor -el lobo gruñó, pensando en la mejor forma de aprovechar el punto débil revelado de Metal Greymon.

La batalla finalmente estaba entrando en su fase final.

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El rugido de MetalGreymon (Virus) reverberó por todo el desierto, haciendo vibrar incluso las rocas semienterradas en la arena. El aire ardía, distorsionado por el calor y por las descargas de energía que el monstruo emitía a cada respiración.

A cierta distancia, Garudamon X se elevaba en espiral con las alas extendidas. Sus plumas incandescentes proyectaban un resplandor rojizo sobre el suelo. En sus manos, Gorimon se aferraba con desesperación a un cilindro metálico: la esfera que había prometido entregar al grupo.

—¡Maldita sea, ya va a alcanzarnos! —gruñó Lara, notando cómo el rugido del dinosaurio se mezclaba con el zumbido de su propulsor dorsal. —Si ese trasto nos acierta una sola vez, ni con repuestos me salvas las plumas, chango.

—¡Tú solo mantente volando recto, maldito pajarraco! —replicó Gorimon, apretando el contenedor contra su pecho—. ¡Si algo vivo de esto, juro que a Cronqvist le arranco las entrañas con mis propias manos!

Garudamon X giró en el aire, descendiendo bruscamente. La maniobra levantó una tormenta de arena que cubrió momentáneamente al enemigo. En tierra, Garmmon ya esperaba, con Jorge y Liz descendiendo de su lomo.

El periodista se ajustó el visor y tomó aire. —Ya estamos lo bastante lejos de Metal Empire. Si lo contenemos aquí, no alcanzará la ciudad.

—Lo haremos —respondió Liz, su voz firme pese al polvo. —Pero asegúrate de mantener tu enlace. Si el núcleo de ese bicho se recalienta, la explosión podría borrar medio servidor.

El lobo metálico bufó, bajando el cuerpo hasta quedar en posición de ataque. —Ustedes dos, observad y analizad. Yo iré por la distracción.

Y sin esperar más, se lanzó al combate, dejando tras de sí un rastro de arena luminosa.


MetalGreymon arremetió con un rugido gutural, su Trident Arm girando como una hélice brillante. Garmmon esquivó el primer golpe por centímetros, desplazándose con un destello dorado.

—¡Speed Star! —gritó, dejando tras de sí una onda de choque.

La barrera de calor que envolvía al dinosaurio se resquebrajó momentáneamente, lo justo para que Garudamon X cayera en picado desde el aire.

—¡Fire Hurricane! —bramó el ave, batiendo las alas con furia. Dos torbellinos ígneos envolvieron a MetalGreymon, cegándolo momentáneamente.

En un montículo cercano, Gorimon se arrastraba detrás de una roca. El sudor le empapaba la frente bajo la luz anaranjada del fuego. —Esto es una maldita locura… —murmuró—. Si esa esfera se conecta a su núcleo, estamos todos fritos…

La esfera vibraba en sus manos, emitiendo un zumbido bajo, casi como si algo dentro quisiera liberarse. Por reflejo, el simio la golpeó con el puño. —Ni se te ocurra encenderte, maldita.


—¡Está reaccionando! —advirtió Liz desde el visor—. El flujo térmico está descompensado, pero no cede. Jorge, necesito una descarga eléctrica concentrada, algo que altere el pulso de su sistema nervioso artificial.

El español asintió. —Entonces usemos un as bajo la manga.

Liz abrió su Digivice, que respondió con un resplandor rojizo. —DigiMemory: Okuwagamon, carga completa.

El aire se electrificó. La silueta gigantesca de Okuwagamon emergió tras ellos, proyectando una sombra sobre el campo de batalla. Un rugido estruendoso acompañó el despliegue de una lluvia de cuchillas eléctricas —Electro Shocker Blades— que impactaron directamente sobre las junturas metálicas del cuello de MetalGreymon.

El Perfect Virus soltó un rugido ensordecedor, sus sistemas internos reaccionando con violentos espasmos. Chispas azules se propagaron por su armazón, inmovilizándolo brevemente.

—¡Liz, eso lo paralizó! —gritó Jorge—. ¡Nótt, ahora!

Garmmon aprovechó el momento. Su cuerpo se rodeó de energía blanca mientras el Digisoul de Jorge lo atravesaba, formando una resonancia luminosa.

Solar Laser! —El rayo de luz pura salió disparado, impactando justo en la nuca.

El metal se deformó. El núcleo energético quedó parcialmente expuesto, un punto brillante que palpitaba como un corazón herido.

Desde arriba, Garudamon X vio el destello. —¡Lindo tiro, lobito! ¡Ahora le toca al ave! —Su energía se tornó carmesí. —Crimson Claw!

Descendió a toda velocidad, las garras envueltas en fuego. El impacto fue brutal, desgarrando la cobertura metálica hasta que el brillo interior del núcleo quedó completamente al descubierto.

MetalGreymon rugió, lanzando una llamarada descontrolada que apenas esquivó el lobo. La temperatura del aire subió al instante.

Gorimon, aún escondido, gritó con desesperación: —¡Por todos los engranajes del Mundo Digital, acaben ya con esa cosa! ¡O el núcleo va a sobrecargarse!


Garudamon X y Garmmon intercambiaron una mirada rápida: no hacía falta más palabras.
El aire vibró entre ambos, una conexión pura de instinto y sincronía.

—¡Nótt, a mi señal! —gritó Lara.

—Listo cuando digas, pajarita.

Garudamon X ascendió unos metros y batió las alas, generando un torbellino ardiente que rodeó a MetalGreymon. Garmmon, desde el suelo, concentró su energía luminosa hasta que el aura blanca se fundió con el fuego carmesí del huracán.

Ambos rugieron al unísono.

—¡Crimson Fang!

Una mezcla perfecta de luz y fuego descendió en espiral, devorando el núcleo descubierto del dinosaurio. El impacto generó una explosión tan intensa que la arena se fundió en cristal.

El rugido de MetalGreymon se apagó en un gorgoteo metálico antes de que su cuerpo se desplomara, pesadamente, levantando una ola de polvo.


El silencio que siguió fue espeso. Solo se oía el crepitar del metal fundido.

Garudamon X descendió, exhausta. Garmmon se mantuvo en pie a duras penas.

—¿Terminó? —jadeó Lara.

—Casi… —respondió Liz, observando su Digivice. Se acercó a la esfera que Gorimon aún sostenía. El objeto ahora vibraba débilmente, emitiendo pulsos de datos visibles a simple vista. —Está enviando algo.

Gorimon la miró con horror. —¡¿Qué dices?! ¡Eso no puede ser! ¡Se suponía que era un núcleo sellado!

Liz frunció el ceño, sus dedos volando sobre la pantalla. —No… no está enviando a Metal Empire. Está transmitiendo a una dirección encriptada fuera del servidor.

Jorge se acercó, mirando la pantalla. —¿Cronqvist?

—Es lo más probable. Pero no puedo rastrearlo sin acceso a una red estable. Solo sé que… —sus palabras se apagaron— …la señal viene de un nodo oculto, probablemente subterráneo.

Gorimon se dejó caer de rodillas, dejando la esfera sobre la arena. —Yo solo quería recuperar lo que me habían robado… no tenía idea de que estaba vinculado a ese loco.

Garmmon gruñó bajo. —Ahora lo sabes. Y no te conviene seguir mintiendo, simio.

El gorila mecánico levantó las manos, temblando. —Eh, calma, lobo. Yo cumplo mi parte, ¿sí? Vosotros os encargasteis del monstruo. Yo os doy la información prometida… aunque sea desde el fondo del infierno.


Muy lejos de allí, Thomas Cronqvist observaba los datos desde su laboratorio subterráneo. En el monitor holográfico, el cuerpo derrotado de MetalGreymon aún chispeaba, su núcleo enviando los últimos paquetes de información hacia el servidor principal.

—Sincronización al 98.3% —dijo en voz baja, sus dedos moviéndose con precisión quirúrgica. —El Digisoul resonante entre Garmmon y Garudamon X… notable.

Su voz no reflejaba emoción alguna. Solo análisis.
La pantalla mostró un log: Project CHAOS – Iteración 0.9.

—El prototipo funcionó. Pero aún carece de la estabilidad emocional necesaria —añadió—. Fascinante.


En el desierto, el viento volvía a soplar. MetalGreymon se desvanecía en fragmentos de datos.

Liz guardó la esfera sellada, ahora inerte. —Tenemos que llevarla a Tornillo. Si aún hay datos en tránsito, puedo intentar interceptarlos desde la base.

Jorge asintió, agotado. —Con suerte, no se autodestruirá antes de eso.

Lara dio un suspiro, mirando a Gorimon. —Y tú, chango, te quedas cerca. Hasta que sepamos qué demonios contenía esa cosa.

Gorimon bajó las orejas. —Trato hecho. Pero no me pidáis volver a mirar otro dinosaurio mecánico en mi vida.

Garmmon soltó una risa breve. —Lo dudo. Con nuestra suerte, el próximo tendrá alas.

El grupo Caliburn inició el camino de regreso bajo la luna. A lo lejos, una brizna de datos ascendía al cielo, viajando por la red hacia un destino desconocido.

Luigi Luigi
 

Luigi

Digimon Tamer/Pokemon Trainer

-Bueno… esta esfera en efecto era un núcleo neuronal cuya función era permitir manipular los ataques de Metal Greymon (Virus) una vez que este los lanzara -confirmó Hale, quién se mantenía viendo el monitor de una de las computadoras de Gorimon, la cual tenían conectada a la esfera. -También tenía una función de apagado automático para emergencias en caso de que Metal Greymon se saliera de control y una función de transmisión -agregó la de cabellos negros con un suspiro de frustración. -Y antes de que pregunten… no, no se pudo rastrear a donde transmitió y la misma esfera acaba de freír sus circuitos de red y elimina cualquier opción de conectividad remota para evitar ser usada para rastreo -confirmó ante la expresión de frustración de Lara, la cara seria de Jorge y el rostro fastidiado de Gorimon.

-¡¿Tanto trabajo para encontrar a esa lagartija y a quien lo modifico solo para que se escabullera?! -gritó Hawkmon de manera dramática antes de dejarse caer en una silla. -Ósea si, derrotamos a ese monstruo pero también esperaba poder encargarnos de ese hombre llamado Cronqvist.

-Habla por ti, pato desquiciante –
se mofó Gorimon antes de patear uno de los muebles de su tienda. -¡Yo debo cerrar mi tienda y largarme para empezar mi negocio en otro lugar porque ya aquí en el bajo mundo de Metal Empire mi reputación se ira al traste cuando se enteren que los ayude! -reclamó al mono con rabia antes de suspirar. -Bueno, al menos estoy vivo y mono vivo puede seguir haciendo negocios -sentenció el chango antes de verlos veo. -Ya hice demasiado por ustedes, ahora lárguense de aquí mientras empaco y preparó todo lo que tengo salvable para empezar un negocio en… WWW supongo -exigió el mono antes de suspirar derrotado.

-No olvides entonces decirme el nombre de tu nuevo local -dejó salir Elizabeth con una leve sonrisa que le sacó un escalofrío al mono Adult. -Después de todo, solo estamos dejando ir porque nos diste información así que ese es el trato… hacemos la vista gorda de tus negocios menos legales y a cambio serás nuestro informante -a su lado, el gruñido de Nótt claramente decía que no iban a aceptar un no del mono.

-Esta bien esta bien… les haré saber cuando abra mi nuevo local -dijo a regañadientes el Adulto, murmurando sobre humanas con pésimo carácter. -¡Ahora, lárguense! -chilló el mono, deseando empezar ya con los difícil de mudar su negocio.

Jorge solo se encogió de hombros, deteniendo a Lara de empezar a discutir con Gorimon y posteriormente se retiró del local Tornillos y Más junto a Elizabeth y Gabumon (Black). El cuarteto de Caliburn debía dirigirse a la sede de la Central en Metal Empire y entregar aquella esfera para que los equipos especializados en tecnología intentaran encontrar alguna pista adicional.

Si, habían logrado el objetivo principal de detener a Metal Greymon y evitar daños en la ciudad. Pero saber que un hombre como Thomas Cronqvist estaba allí afuera, trabajando en algo mayor que Metal Greymon les había hecho tener un escalofrío a cada uno de los presentes. Y lo peor es que algo les decía que muy posiblemente de nuevo se encontraran enfrentando a uno de los trabajos de Cronqvist en el futuro.

[…]​

-Siempre he dicho de que la burocracia en la Central a la hora de reportar estos trabajos es estúpidamente excesiva -Lara finalmente dejo caerse en el sofá de la sede Caliburn luego de pasar varias horas en la Central de Tamers de Metal Empire y reportando todos sus hallazgos.

-Lo peor es que si bien detuvimos a Metal Greymon… Cronqvist esta libre planeando algo -dejó salir un frustrado Jorge, sintiendo un mal sabor de boca a pesar de que habían logrado el objetivo principal de su misión.

-Por ahora no podemos hacer nada más. Cronqvist en algún momento hará un movimiento motivado por su ego y cuando eso ocurra, va a caer -agregó Elizabeth, acariciando con una leve sonrisa la frente de Nótt, que parecía disfrutar visiblemente del gesto. -Así son los de su tipo… una vez se sienta imparable va a cometer un error.

-Supongo que por ahora podemos descansar -
suspiró Gabumon, deseoso de ir a la cama y dormir. -Realmente ha sido una misión sumamente agotadora y de verdad me gustaría tomar una buena siesta...

-Oh ho ho ho no tan rápido -
Hawkmon inmediatamente saltó de su lugar de descanso, caminando taimadamente en dirección a Elizabeth y Gabumon. Por el brillo en los ojos del ave, Velazquez dedujo que su compañera iba a hacer valida aquella frase de Hale de "Luego puedes hacer tus preguntas y te las responderé". -Hace tiempo nos deben respuestas a preguntas respecto a esas cicatrices que te tienes y hoy es el día -Lara ignoró olímpicamente como el amistoso Gabumon súbitamente erizó el pelaje de su piel y sus ojos amarillos pasaron del cansancio a la mirada de un depredador listo para saltar sobre su presa.

-Muy bien, pregunta -fue la respuesta de Elizabeth, quien se había cruzado de brazos luego de calmar a Gabu con una mirada. Jorge se sorprendió al ver como el siempre amable virus había cambiado su actitud de dicha forma y que la mirada de Hale si bien se manteniente seria, pudo ver un leve destello temor y vergüenza.

-Muy bien chica darks, ¿como fue que terminaste con dichos cortes y quemaduras en los brazos? Porque también me sorprendió que un chico como Matt siendo tan tranquilo terminara enamorado de una chica con un carácter tan… peculiar y también el como tratabas antes con suma desconfianza al peludo -la ave estaba disfrutando finalmente poder sacarle la información que quería. -¿A poco eras una delincuente juvenil?

-...Tenía 14 años y Gabumon (Black) no era mi compañero Digimon y no siempre tuve este comportamiento. Cuando llegue a este mundo era muy timida y tartamudeaba por todo -
luego de un momento de silencio Elizabeth empezó a hablar, descolocando al ave. -Dorumon… ese tapete decidió que el no merecía una Tamer así… especialmente cuando empecé a tomar valor luego de conocer a Matt, Kathleen y Kyle y darle a entender que no debía pisotearme.

-"No me esta gustando el rumbo de esta historia" -
pensó nervioso Jorge al ver como Hale le dio la espalda a el y Hawkmon, acercándose a una mesa y tomar una de las manzanas de allí… para posteriormente aplastarla entre sus manos.

-Ese tapete decidió ponerse en contacto con un Strabimon con la intención de buscar una forma de romperme y remodelarme a su gusto -la gótica dejó salir una especie de suspiro sarcástico de su boca. -¿Y su mejor idea sabes cual fue? El desgraciado de Dorumon dijo que ibamos a tomar un trabajo normal a las afuera de File City -Hale camino lentamente hacía Lara, que tragó saliva de manera nerviosa cuando Elizabeth se agacho a su altura. -El maldito preparo una falsa emboscada donde me noquearon y un grupo de renegados me secuestraron por 7 días… 7 días donde unos enfermos se hicieron cada fantasía sexual enferma conmigo y violando cada parte de mi cuerpo, donde se dignaron a hacerme cortes en los brazos, en las piernas, mi estomago, mis senos, mi espalda… donde se la pasaron golpeando mis dedos de las manos solo porque sabían que me gustaba pintar en lienzo. Donde usaron mi cabello para cosas enfermas porque sabían que era una niña que trataba de cuidar su apariencia. Todavía recuerdo el olor a carne quemada cuando decidieron que simplemente usar cuchillos no fue suficiente y también empezaron a quemarme con cigarrillos y objetos de metal.

-...Oye chica, ¿no me estas tomando el pelo? -
preguntó alarmada Hawkmon, sintiendo un vació en el estomago al ver una sonrisa diminuta en los labios de Elizabeth.

-No… y de hecho aquí te enseñare a ti y a Jorge lo último que me hicieron esos animales -la gótica se levantó levemente su blusa solamente para demostrar su abdomen y estomago lleno de cortes cicatrizados y quemaduras… pero lo que hizo empalidecer a Jorge y a Lara fue la enorme letra A marcada en su piel como si se tratara de marca de ganado. -Usaron un fierro ardiente en forma de A y disfrutaron marcarme. Bonito regalo para el día que cumplí mis 15 años con esos enfermos.

-Yo… Elizabeth nosotros no ...-
Jorge no sabía que decir y Lara tampoco. Después de todo, ¿que clase de animal pudo a hacer eso a una chica? Y todavía lo que le había caído como baldazo de agua fría fue hicieron eso cuando ella tenía 14 años.

Era una niña.

-Y lo peor es que por un tiempo ese maldito Dorumon tuvo éxito. Dado que la emboscada había sido fingida nadie sabía que fue el quien lo planeo todo -interrumpió Gabumon, no deseando que su compañera siguiera recordando aquellos días. -Porque Elizabeth quedó rota y ese infeliz aprovecho aquello para alejarle de sus conocidos y convertirla en la Tamer perfecta para el… solo que no espero que Liz a pesar de todo, no se convirtió en una chica moldeable sino que decidió vivir para ella misma solamente.

-… Pero Matt nunca se rindió -
suspiró Elizabeth, dibujando una sonrisa leve y a diferencia de las anteriores que carecían de emoción, esta demostraba el cariño que le tenía al chico. -Siguió insistiendo para que no me cerrara del todo al mundo.

-Y fue cuando nos conocimos. Un loco había experimentado con un virus que causo que Guilmon, mi mejor amigo, evolucionara en Megidramon en medio de File -
explicó Gabu, tomando la mano de Elizabeth y dándole un leve apretón para recordarle que el estaba allí. -Mientras que Ethan Walker y Kyle junto a Dukemon y Gaiomon lo contenían… el renegado encargado de monitorear a Megidramon resultó ser el Tamer de Strabimon y al verse rodeado sin salida por Matt y Liz junto a Excalibur y … ese tapete… decidió hacer una jugada apostada revelando que fue Dorumon quien le encargo a esa Rogue guild secuestrar y torturar a Elizabeth.

-…………… -
Lara sentía que se hacía más pequeña con cada información nueva y ¿lo peor? Es que sabía que todavía no escuchaban el final.

-En un arrebato de ira desate accidentalmente una Dark Evolution y Dorumon evolucionó en un Skull Greymon y Duramon lo derribo y posteriormente decidió que Dorumon no tenía derecho alguno a seguir siendo mi compañero…

-Y entonces rebano su Digitama, cortando la conexión entre Liz y Dorumon… y al mismo tiempo Yggdrasill decidió que yo fuera su nuevo compañero porque inmediatamente se realizó un nuevo vinculo en el Digivice
-terminó de explicar Gabumon de forma seria. -Por eso al inicio mi relación con Elizabeth era mala… ¿como podía confiar en mi después de lo que había vivido con "ese"?

-Pero no te rendiste… y aquí estamos -
Elizabeth le sonrió a Gabumon antes de limpiar sus manos del resto de manzana que tenía en sus palmas. -Creo que eso responde todas tus preguntas, Lara. Ahora si me disculpan yo… necesito descansar.

Jorge y Hawkmon se quedaron mudos al ver que la figura de Hale desapareció de la sala de Caliburn, mientras que un silencioso Gabu se les quedó observando y les monstruo los dientes.

-Ustedes dos… ya no me agradan y preferiría que no se le vuelvan a acercar a Liz si no es estrictamente necesario -fueron las únicas palabras del lupino antes de retirarse.

-… Jorge, esta es la primera vez que me siento como basura solo por haber insistido en saber la información que quería -fueron las únicas palabras de Hawkmon que todavía seguía digiriendo todo lo anterior.

-… Yo igual Lara.


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