Gennai
Eclipse Dynasty Member
La tierra se estremeció con violencia bajo las pisadas conjuntas de BlackMegaloGrowmon y SkullSatamon. Cada avance de aquellas bestias era un golpe seco contra el suelo, una percusión grave que hacía vibrar la hierba digital. Sus sombras se proyectaban alargadas y deformes sobre el camino, tragando la luz del amanecer como lenguas oscuras. Dainslei y Dvalin retrocedían con pasos veloces, la respiración entrecortada y los ojos abiertos de miedo contenido. Sabían que un choque directo significaba ser pulverizados en segundos.
-¡Manténganse juntos! -la voz de Tatsuya estalló como un látigo en el aire-¡No dejen que los separen!-.
Un rugido metálico atravesó la atmósfera cuando BlackMegaloGrowmon abrió el compartimiento de su pecho blindado y lanzó un Atomic Blaster. El rayo incandescente cortó el aire y se estrelló contra el suelo con una detonación que levantó una nube brutal de polvo y fragmentos de roca digital. El aire se volvió espeso, abrasador, cargado de partículas chisporroteando como brasas.
Entre la polvareda, BaoHackmon y Galemon resurgieron nuevamente. Tatsuya no esperó. Su mano se deslizó firme sobre el Digivice, activando una carta. El borde de Phasing recorrió el cuerpo de Galemon, volviéndolo intangible en un parpadeo. El ave azul atravesó de lleno un muro derrumbado, tomando un atajo imposible mientras la materia lo atravesaba como agua.
Otra carta fue absorbida por BaoHackmon: Fireworks. En un segundo, sus garras liberaron un estallido de chispas y luces que reventaron frente a SkullSatamon. El monstruo alzó sus brazos huesudos para protegerse del destello, soltando un gruñido iracundo mientras se veía obligado a detenerse.
Pero el respiro fue corto. Los dos Perfects reajustaron sus posiciones con brutal rapidez, cerrando el cerco. El suelo se quebró a espaldas de Tatsuya y Bastemon: un barranco, una caída interminable. Estaban acorralados. No había salida.
-Si tienes un plan, es el momento para ejecutarlo - Dijo Bastemon tratando de no mirar detrás.
Tatsuya apretó el Digivice contra su pecho, la mirada fija, fría, los dientes apretados hasta hacer crujir la mandíbula. -Esto se acaba aquí… o evoluciona aquí-.
BaoHackmon y Galemon se miraron un instante. No hubo palabras. Solo el pulso compartido de dos aliados que entendían que era ahora o nunca.
Un rugido grave brotó de BaoHackmon, su cuerpo ardiendo en fuego blanco mientras ascendía a SaviourHackmon. La espada se desplegó de su brazo, cortando la penumbra con un destello cegador. A su lado, Galemon extendió las alas y su silueta estalló en azul, transformándose en GrandGalemon, cada aletazo generando un viento tan fuerte que partía las ramas cristalinas a su alrededor.
Los dos dieron un paso al frente, sincronizados, el suelo resonando con un eco de desafío. Sus ojos ardían con la misma determinación que el Tamer que los guiaba.
La cacería había terminado. Ahora era el contraataque.
El filo de la espada de SaviourHackmon brilló intensamente mientras se adelantaba un paso. GrandGalemon batió sus alas, generando una corriente de aire que levantó más polvo, dificultando la visión de sus enemigos.
-¡Vamos a devolverles el favor! -ordenó Tatsuya.
BlackMegaloGrowmon rugió y cargó con su garra metálica, pero Tatsuya rápidamente activó la carta Thorn Bind Hostage en GrandGalemon. Lianas espinosas surgieron del suelo y se enroscaron alrededor de las piernas del Digimon metálico, explotando al recibir fuerza, haciéndolo retroceder tambaleante.
SkullSatamon, viendo a su compañero atascado, avanzó con su báculo oscuro, pero SaviourHackmon ya tenía la carta Cyber Nail activa. Sus garras brillaron con energía oscilatoria, y con un salto diagonal lanzó un Erase Claw directo al arma del enemigo, astillándola y forzándolo a retroceder con el brazo entumecido.
Luego el nipón deslizó una nueva carta: Grand Cross. GrandGalemon extendió sus alas, formando un círculo de luz que liberó una cruz luminosa que impactó en el pecho de SkullSatamon, empujándolo hacia atrás y separándolo de su compañero.
BlackMegaloGrowmon recuperó movilidad y, furioso, descargó un Atomic Blaster a quemarropa. Tatsuya reaccionó de inmediato, deslizando la carta Positron Laser en el D-Arc. El cañón de Imperialdramon emergió sobre el brazo de SaviourHackmon, resplandeciendo en un azul cegador. El disparo se encontró de frente con el rayo enemigo y ambos ataques chocaron en un estallido ensordecedor, liberando ondas de choque que fracturaron la roca y sacudieron el aire cargado de datos.
La explosión iluminó todo el barranco, dejando un olor metálico y vibraciones que erizaban la piel. El suelo tembló con la colisión de energías, y por un instante la polvareda fue tan densa que parecía tragarse la luz del amanecer.
-¡No podemos quedarnos aquí! -advirtió Dainsleif
Dvalin levantó vuelo y, con ayuda del su amigo, lanzaron una ofensiva coordinada:
SaviourHackmon usó su Trident Saber lanzando veloces ráfagas cortantes que mantuvieron a raya a BlackMegaloGrowmon.
GrandGalemon, impulsándose con las alas, lanzó un Draconic Storm directo a las piernas de SkullSatamon, obligándolo a caer de rodillas.
Con ambos enemigos momentáneamente contenidos, SaviourHackmon por medio de Tatsuya cargó una última carta: Top Gun. Un disparo de energía comprimida, amplificado por la velocidad del viento de GrandGalemon, estalló frente a los Perfects, creando una nube de polvo y chispas.
-¡Retirada ahora! -ordenó Tatsuya.
Aprovechando la confusión, los dos Digimon tomaron altura y se alejaron a toda velocidad. Abajo, BlackMegaloGrowmon y SkullSatamon rugían de frustración, sus siluetas apenas visibles entre el humo azul y la tierra resquebrajada.
La cacería había cambiado de dueño.
El polvo aún no se disipaba tras la huida forzada del barranco, cuando el aire se tornó espeso y vibrante, como si una presencia distinta se abriera paso a través de las grietas del mundo digital. Los rugidos de frustración de BlackMegaloGrowmon y SkullSatamon quedaban atrás, lejanos, cuando un nuevo sonido metálico, rítmico y pesado, comenzó a descender desde lo alto de una formación rocosa cercana. Cada pisada resonaba como martillazos en hierro.
Entre la neblina de tierra suspendida apareció una silueta erguida, envuelta en una capa ondeante que brillaba con destellos azules bajo la luz fragmentada del amanecer. Una lanza larga y un escudo de bordes filosos acompañaban la figura, irradiando una autoridad fría que helaba la piel.
Tatsuya entrecerró los ojos, sus dedos crispados sobre el Digivice. -Ese… ese no es un oponente cualquiera-.
La memoria lo golpeó con la voz envenenada de Lilithmon, palabras que habían quedado grabadas como advertencia: "El Caballero del Caos, ejecutor de juicios. Aquel que nunca deja cabos sueltos."
La figura se detuvo, apuntando su lanza directamente hacia ellos. Su voz grave rasgó la bruma como un veredicto, revelándose finalmente como ChaosDukemon.
-Bastemon… tu reinado ha sido una plaga. Tus políticas contra los Tamers sofocaron rutas, y tus prejuicios contra los humanos destruyeron acuerdos valiosos-.
-Mi reino no se arrodilla ante mercenarios vendidos a los humanos-.Bastemon apretó los dientes con furia contenida.
-Eres una soberana débil, escondida tras odio y miedo. No mereces el trono. Yo pondré fin a tu mandato-.El Caballero avanzó un paso, su armadura crujió como si arrastrara el peso de una sentencia
GrandGalemon desplegó sus alas con un batir firme, interponiéndose como un muro vivo.
-¿Todo esto por negocios?-.
-No solo negocios -respondió el Caballero, su mirada ardiendo desde la penumbra del yelmo-—. Es justicia. Eliminarte es el primer paso para limpiar el nombre de la guild-.
-Si quieres llegar a ella… tendrás que pasar sobre nosotros primero-SaviourHackmon avanzó sin dudar, la espada apoyada sobre su hombro como un juramento.
La punta de la lanza comenzó a acumular un fulgor oscuro, energía comprimida que chirrió en el aire como un trueno contenido. El Caballero del Caos no se movía con la prisa de un cazador, sino con la paciencia de un verdugo: sabía que ellos no podían ganar.
Lo que siguió no fue un combate de gloria, sino de resistencia. SaviourHackmon y GrandGalemon se lanzaron al frente en una ofensiva desesperada, no para derribar, sino para frenar, cortar segundos en medio de choques brutales que hacían vibrar el suelo. El acero divino chocó contra la lanza caótica, y cada impacto liberaba ondas de energía que destrozaban la hierba de datos y hacían sangrar chispas del cielo. GrandGalemon agitaba su gunbai con violencia, creando barreras de viento para frenar momentáneamente al enemigo, mientras SaviourHackmon bloqueaba embates que podrían haber atravesado cualquier otra defensa.
Pero el Caballero era incansable, cada embate suyo era más pesado, cada golpe de su escudo hundía a los dos compañeros un paso más hacia el límite. Tatsuya deslizó cartas sin descanso: refuerzos, descargas de fuego, proyectiles que apenas servían para forzar a ChaosDukemon a cubrirse por un instante. Un instante era todo lo que necesitaban.
Cuando la lanza carmesí golpeó a SaviourHackmon y lo hizo retroceder arrodillado, Tatsuya gritó con fuerza:
-¡Ahora!-
GrandGalemon desplegó un resplandor cegador con Gilgamesh Slicer, no como un ataque directo, sino como cortina. La luz roja se abrió como un muro en mitad del campo, ocultando por unos segundos los movimientos de ambos Digimon. Entre destellos, SaviourHackmon sujetó a GrandGalemon por el hombro y los dos se elevaron de golpe, usando la ráfaga como propulsión.
El Caballero del Caos apartó el brazo, rompiendo la cortina de luz con un gesto de su lanza, pero para entonces la silueta de los Tamers ya ascendía hacia las alturas, difuminándose entre el brillo del amanecer. Un rugido grave, más frustración que ira, se expandió en el aire, estremeciendo hasta las rocas.
-No es una victoria… pero seguimos vivos. Y eso, por ahora, es suficiente.-Tatsuya, jadeante, sostuvo con fuerza el Digivice contra su pecho mientras el viento de la altura azotaba su rostro.
Bajo ellos, ChaosDukemon se mantuvo inmóvil, observando la retirada como un cazador que sabe que la presa no ha escapado… solo ha aplazado el juicio.
GrandGalemon se elevó entre la niebla, batiendo sus alas con violencia hasta que el aire mismo se tornó en cuchillas. Desató su Draconic Storm, un torbellino cortante que giraba a su alrededor, arrancando fragmentos de datos y lanzando ráfagas que despedazaban el entorno digital sobre BlackMegaloGrowmon y SkullSatamon, como una lluvia de acero imposible de esquivar.
El rugido del dragón cibernético quedó sofocado por el estruendo del impacto; sus placas metálicas chisporrotearon al recibir el corte, mientras SkullSatamon levantaba su guadaña para desviar el torrente de energía eólica, apenas logrando mantenerse en pie.
SaviourHackmon no dio respiro. Con un giro rápido, encadenó un Zwei Schneide contra el pecho de BlackMegaloGrowmon, que retrocedió un paso, enfurecido, liberando chispas desde su cañón. La embestida fue frenética, como si ambos lados supieran que esa era la batalla decisiva.
Tatsuya deslizó la última carta de su mano: Boost Chip. El cuerpo de SaviourHackmon brilló con un aura roja, su velocidad multiplicándose. Se convirtió en un vendaval plateado, golpeando una y otra vez, obligando a los enemigos a retroceder hacia el borde del claro.
-¡Ahora, juntos! - Exclamó Tatsuya.
GrandGalemon descendió en picada, atravesando la cortina de humo, mientras SaviourHackmon cargaba por tierra. El choque fue brutal: El suelo estalló en fragmentos de datos, lanzando a BlackMegaloGrowmon contra los árboles y haciendo tambalear a SkullSatamon.
La niebla, removida por el impacto, cubrió el claro entero con un torbellino de polvo digital. Cuando se disipó lo suficiente para ver, los dos Perfects aún se mantenían en pie… pero tambaleantes, jadeantes, con el código corrupto goteando de sus heridas.
-No podemos seguir… no es un combate que podamos ganar-Tatsuya apretó el Digivice contra su pecho, respirando entrecortado.
-Pero sí uno que podemos terminar aquí… escapando -SaviourHackmon asintió, su espada aún encendida.
-Esta vez no huimos por miedo, sino para mantener la esperanza-GrandGalemon se acercó a Bastemon, rodeándola con un ala como un escudo improvisado.
Los enemigos, debilitados, apenas pudieron lanzar un último ataque conjunto, una ráfaga oscura que destrozó parte del bosque. Pero Tatsuya ya había dado la orden: ambos Digimon alzaron vuelo y carrera, atravesando la niebla con Bastemon resguardada.
El claro quedó atrás, reducido a un campo de ruinas digitales. BlackMegaloGrowmon y SkullSatamon se irguieron lentamente entre los escombros, sus ojos ardiendo de odio… conscientes de que la cacería no había terminado.
En el horizonte, la silueta del grupo desaparecía entre los escombros y el pasaje desértico dejando atrás no una victoria, sino una promesa: volverían a luchar, pero esta vez con un reino entero que proteger.
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