Rango S Guardia Real [Tatsuya Kamisato] Mission Accomplished

Gennai

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"Guardia Real"


- NPC involucrado: Bastemon
- Sinopsis: Ha habido un intento de asesinato contra la princesa de Oasis, Bastemon. Se desconoce la identidad de los perpetradores y sus motivos, sin embargo han dejado un mensaje claro de que lo volverán a intentar hasta lograrlo. Permitir que algo de tal magnitud ocurra significaría dejar a toda la ciudad en caos, en especial si los perpetradores resultan ser Tamers, destrozando por completo las relaciones humano-Digimon en esa área del Mundo Digital. Toda Digital Security está trabajando en atrapar a los culpables, sin embargo la princesa no desea causar miedo en su población, por lo que ha prohibido la presencia de policías en su Castillo. Es por esto que la Central ha recurrido a Tamers civiles que actuen como sus escoltas, protegiéndola en todo momento hasta dar con los culpables
- Escenario: Oasis City
- Objetivos:
  • Proteger y escoltar a Bastemon día y noche, tanto dentro como fuera del palacio
  • Investigar al grupo que intenta realizar el asesinato, así como sus motivos e integrantes
  • Desmantelar al grupo y capturar a la mayor cantidad de responsables posibles
- Notas
  • Aunque no lo parezca, Bastemon es una luchadora hábil y de temer. Para que alguien pueda matarla debe poseer al menos la fuerza de un Ultimate
  • Los únicos que tienen permiso de estar en el castillo son ustedes (los guardias) y los súbditos de la princesa, cuidado con infiltrados. Digital Security solo puede patrullar el exterior y las calles cercanas
  • Esta semana hay una serie de actos públicos a los que la princesa insiste en asistir para mantener la creencia de que todo está bien ante sus súbditos. Es durante esos momentos fuera del palacio que se encontrará más vulnerable
  • La división de Digital Security de la ciudad está a su completa disposición, sin embargo no estarán en el palacio. La única razón por la que pueden entrar es si ocurre una emergencia, pero les tomará al menos cinco minutos llegar
  • Tienen permiso de ser tan contundentes con los culpables como sea necesario, sin embargo se necesita capturar a al menos uno con vida para los interrogatorios
  • Ya que no se sabe de los perpetradores, este incidente podría tratarse de cualquier cosa. Desde unos renegados peligrosos hasta un Coup D'etat. Sea lo que sea, estamos seguros que se trata de una organización numerosa y hábil, no de simples novatos o rufianes

Tamer: Tatsuya Kamisato
 
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FLASHBACK – Dos días atrás


La majestuosa princesa de Oasis City, Bastemon, paseaba con elegancia por los jardines de su palacio. Cada paso irradiaba gracia y autoridad. Los sirvientes la saludaban con respeto, mientras dos Tailmon: Tesla y Nova la escoltaban, atentos a cualquier amenaza. Bastemon no solo era la soberana: era el corazón que mantenía viva la ciudad.
Se detuvo junto a la fuente central, observando cómo el agua cristalina reflejaba la luz. En el árido desierto digital, ese líquido era más que un recurso… era un tesoro.

-Agua… tan pura, tan hermosa… -susurró, sumida en sus pensamientos.

Un movimiento sutil, casi imperceptible, tensó el ambiente. A sus espaldas, una figura encapuchada, envuelta en una capa marrón, se acercaba en silencio. Antes de que pudiera girar, el atacante se lanzó con velocidad mortal.

Bastemon reaccionó de inmediato. Dio un salto elegante y giró en el aire, aterrizando detrás de él.

-Tienes agallas para atacarme… en mi propio palacio-.

El encapuchado no respondió. Avanzó de nuevo, golpeando con fuerza. Los sirvientes gritaron y huyeron. Tesla y Nova se cruzaron en su camino, desenvainando sus garras.

-¡Atrás, mi señora! -rugió Tesla.

El atacante fue un torbellino. Su velocidad y fuerza eran abrumadoras. Nova cayó inconsciente tras un golpe directo al pecho. Tesla se mantuvo firme, bloqueando y contraatacando con una ferocidad desesperada.

-¡Corre, Bastemon-sama! -gritó Tesla, pero ella no dio un paso atrás.

El encapuchado esquivó un zarpazo y, con un movimiento letal, hundió su garra atravesando el torso de Tesla. Un destello rojo tiñó el aire.

-¡TESLA! -el grito de Bastemon retumbó por todo el jardín.

El Tailmon titubeó, la sangre digital cayendo sobre la arena. Sus ojos buscaron a su princesa por última vez.

-Proteja… Oasis… -susurró, antes de desplomarse. Su cuerpo se desintegró en fragmentos de datos que el viento se llevó.

-¡Maldito! -Bastemon lanzó un ataque cargado de furia, pero el asesino lo esquivó y contraatacó, impactando su abdomen. El golpe la hizo volar hacia los vitrales del palacio, rompiendo el cristal en mil pedazos. Las heridas superficiales no le importaban; lo que dolía era la pérdida.

Las alarmas comenzaron a sonar, y la figura encapuchada retrocedió.

-Terminaremos esto después -dijo con voz fría, antes de saltar y desaparecer entre los edificios.

Bastemon, arrodillada entre los restos de vidrio, apretó los dientes.

-Maldición…-


PRESENTE


-¡Ahhh, maldita sea! -Bastemon golpeó el suelo de su despacho con tal fuerza que lo agrietó. La estantería tembló y varios libros cayeron. Caminaba de un lado a otro, el rostro encendido por la ira- ¡Cada vez que lo recuerdo, me hierve la sangre!-.

-Mi señora… usted sigue viva, y eso es lo que cuenta -dijo un nervioso Gazimon.

-¡Tesla murió delante de mí! -le cortó, su voz quebrándose - Dio la vida para protegerme, y Nova apenas respira. ¡¿Cómo puedes decir que todo está bien?!-.

-Tesla… era un guerrero leal. Su pérdida duele a todos-.Gazimon bajó la mirada.

-¿Qué ha dicho DS? -preguntó Bastemon, con la mirada fría.

-Aún investigan. No saben si el atacante actuó solo… o con un Tamer-.

-Tch… malditos Tamers. Desde que llegaron, no han hecho más que traer caos.-.

-No todos, mi señora. Muchos han ayudado a nuestro mundo… -intentó suavizar Gazimon.

-Si uno solo de ellos está detrás de esto, juro que los expulsaré a todos de Oasis-. Un golpe en la puerta interrumpió la tensión. -Abre, Gazimon-.

Entró un agente de Digital Security con su Terriermon, inclinándose ante ella.

-Alteza, aún no hay pistas firmes del asesino-.

-Para variar… -respondió con sarcasmo.

-Tenemos una propuesta: infiltrar a un Tamer como su sirviente y guardia personal-.

-¡Ni hablar! —rechazó de inmediato—. No dejaré entrar a un extraño después de lo ocurrido-.

-Es la única manera de atraparlo sin causar pánico -insistió el agente.

-Tiene razón, alteza -añadió Gazimon- Mientras antes actuemos, antes haremos justicia por Tesla-.

Bastemon cerró los ojos. No quería, pero no había alternativa.

-Está bien. Muéstrenme su perfil-. El agente proyectó un holograma: un hombre alto, de porte imponente, tatuajes visibles, traje elegante. A su lado, un Hackmon y un Pteromon.

-¿Tatsuya Kamisato? -arqueó una ceja-. No tiene su sistema de fama activo… y esos tatuajes… parece un gánster-.

-Es el único que aceptó la misión-.

-Que venga pronto -ordenó con frialdad Cuando quedaron solos, Bastemon susurró -Tatsuya Kamisato… no me inspira confianza-.

 
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El hotel, situado a una considerable distancia del palacio de Bastemon, servía como refugio para Tatsuya y sus compañeros Digimon. No solo habían estado ocupados con Quests, sino también con negocios de venta de antigüedades y arte. Oasis, con su gente conservadora y entendida en estos temas, era un lugar ideal para encontrar piezas valiosas.

Un poco alejados del bullicio, bajo la sombra fresca de una palmera junto a la piscina, descansaban los Digimon.
Dainsleif, el dragón blanco de capa roja, observaba con calma; Dvalin, el ave dragón verde, bebía de un vaso con refresco; Lumine (Culumon) lucía un sombrero para protegerse del sol mientras comía un dulce, acompañado de Pteromon, que llevaba unos lentes oscuros con un aire desenfadado. Cerca del borde, Hackmon entrenaba, lanzando rápidas zarpas al aire.


-¿No pierdes el tiempo, eh? - comentó Dvalin, dándole un sorbo a su bebida.


-Aunque estemos de vacaciones, no voy a descuidar mi entrenamiento -respondió Hackmon, secándose el sudor con una toalla. Luego miró alrededor - Por cierto, ¿dónde está Tatsu? No lo veo por aquí. -.

-Dudo que haya salido - respondió Dvalin, mirando hacia el balcón del tercer piso en el edificio de estilo árabe - Ya sabes que detesta el calor; seguro puso el aire al máximo y se quedó dormido-.

-Ese holgazán… -suspiró Dainsleif, llevándose una garra a la frente-. En fin, vayamos a despertarlo. Si no lo hace a la primera, lo arrastramos y lo tiramos al agua. ¿Quién apoya?-.

-¡Yo! -respondieron Dvalin y Lumine al unísono.

ero antes de moverse, una figura familiar cruzó la entrada del hotel. Vestía un corto vestido blanco con adornos dorados y un largo velo azul rematado con orejas de ratón. Al verlos, corrió hacia ellos con una sonrisa.

-¡Chicos! -. exclamó la voz femenina.

-¡Emile! - gritó Dvalin, lanzándose a sus brazos.

-Es bueno verte, amiga -la saludó Dainsleif.


-¡Amiga! -repitió Lumine, recibiendo una caricia en la cabeza.

-Me alegra verlos bien -sonrió Emile, mirando alrededor -¿Y el capitán codicia?-.

-Durmiendo en la habitación -respondió Dvalin.

-Pensamos en tirarlo a la piscina si no despierta -añadió Dainsleif con un toque malicioso.


-Me uno -dijo Sistermon Ciel, con la misma sonrisa traviesa.

-¡Sí! -corearon los demás.


Subieron juntos y, al abrir la puerta de la habitación, una ola de aire helado los golpeó. El termostato marcaba diez grados; un poco más y sería un congelador.

-¡Brrr! -Emile se abrazó a sí misma- ¡Qué frío hace aquí!-.

-Lo sabía -dijo Dainsleif, rodeando la cama donde Tatsuya dormía profundamente.

-Hay que despertarlo -dijo Emile, con tono serio -La misión fue aceptada y tengo que hablar con él-

-Oye, Tatsu, Emile-neesan quiere hablar contigo -lo sacudió Dainsleif, sin resultado.

-Zz… oro… -murmuró Tatsuya, dándose la vuelta.

-Seguro sueña con el tesoro de los soles dorados -rió Dvalin, mientras Lumine le daba toquecitos en la cabeza.

-Ya basta - Emile lo cargó con sorprendente facilidad y, sin que despertara, lo llevó hasta la piscina- ¡Despierta, Rico McPato! -y lo arrojó al agua.

Tatsuya emergió entre manotazos y resoplidos, saliendo furioso. -¡Emile! ¿Cuál es tu problema? -gruñó, mientras sus Digimon reían a carcajadas.

-Mi problema es que sigues siendo el mismo tonto, flojo y tacaño de siempre -respondió ella.

-No has venido solo para decirme eso -replicó, exprimiendo su camisa mientras regresaba a la habitación.

-Es sobre la misión que solicitaste. Ya la aprobaron -lo siguió.

Poco después, Tatsuya salió del baño con traje y corbata, mirando acusadoramente a Emile, que sonreía divertida. Tomó su smartphone y revisó los detalles de la misión; su expresión se endureció. DS estaba involucrado.

-DS… qué fastidio -suspiró -Espero que al menos Lynette pueda venir -.

-No será así -dijo Emile con seriedad-. Ya designaron a otro jefe de escuadrón. Tendrás que trabajar con quien eligieron, te guste o no.

-Qué fastidio… -repitió.

-En fin, mi parte está hecha. El encargado de escoltarte al palacio de Bastemon está en camino -dijo, saliendo de la habitación-Buena suerte-

Pasaron minutos que parecieron horas. Dvalin jugaba con Lumine para distraerlo, mientras Dainsleif se acercaba a Tatsuya.

-¿Y bien? ¿Qué hacemos?-.

-No vamos a esperar a DS. Iremos al palacio; no está tan lejos -decidió, tomando sus cosas.

-Tatsu, guarda a Lumine en el Xross Loader. Esta misión huele a problemas -advirtió Dvalin.

-Tienes razón -Tatsuya sonrió levemente al pequeño - Hora de descansar, Lumine-. Un destello de luz lo guardó en el Digivice. -Listo. Ahora vamos a ganar dinero -dijo el Tamer.

-Protegiendo a la princesa -añadió Dvalin.

-Y pateando traseros -remató Dainsleif.


Pero al abrir la puerta, todos se congelaron.




Allí estaba Lunia Arden: melena azabache cayendo sobre sus hombros, mirada negra y cortante, traje ejecutivo semiabierto revelando apenas lo suficiente para distraer a cualquiera… pero su expresión no estaba para juegos. A su lado, Kotemon —Jaden— lo observaba en silencio, apoyando ambas manos sobre el shinai.

-Pareces haber visto un fantasma, Kamisato -dijo Lunia con voz tranquila, pero fría como filo de katana - ¿Acaso te olvidaste de mí?-.

Dvalin parpadeó, intentando romper el momento. -Ella es…-.

-Lunia Arden -completó Dainsleif, mirando a Kotemon - Y, por supuesto, no nos olvidamos de ti, Jaden.-

-Qué pena, porque nosotros no -respondió el Digimon, apuntando con su arma de madera.

Tatsuya se cruzó de brazos, midiendo sus palabras.

-Lunia… ex sicario y ex guardaespaldas de uno de mis primos. Cada vez que te veo, me pregunto cómo diablos llegaste al Digimundo… y cómo pasaste a ser una justiciera de Digital Security. Perros de Yggdrasill. Makoto estaría decepcionada.-. El nombre fue como un golpe. Lunia clavó la funda de su katana contra el suelo con un estruendo seco, y su mirada se endureció como el acero.

-No vuelvas a mencionar ese nombre tan impunemente, Kamisato. -Su voz se quebró apenas, antes de recomponerse - No me uní a DS por convicción… sino porque juré que llevaría ante la justicia a basura como tú, bajo mi propia moral-.


Tatsuya no apartó la mirada, pero sus Digimon se tensaron.

-¿Basura como yo? -replicó con calma gélida - Tú no estabas en mi piel ese día-.


-¡No estaba porque tú decidiste largarte! -Lunia dio un paso adelante, su sombra proyectándose sobre él - Por tu culpa, Makoto murió sola. La dejaste… a su suerte-.


-Makoto eligió quedarse -dijo él, con un tono más bajo, pero firme - Sabía los riesgos. Y no la dejé… ella me pidió cubrir la retirada-.


-¿Cubrir la retirada? -Lunia soltó una risa amarga -¿Así le llamas a salvar tu pellejo? Te largaste y me la quitaste. A mí. -Su voz se quebró por primera vez, y Jaden bajó la vista.


Hubo un silencio tenso. Dvalin intercambió una mirada con Dainsleif, y hasta Pteromon tragó saliva.

-Tal vez puedas engañar a todos aquí, pero a mí no - continuó Lunia, con el rostro a escasos centímetros del suyo - Tuviste suerte en Metal Empire y en Star City… pero tarde o temprano, haré que todos vean tu verdadera cara-.

Tatsuya suspiró, exhalando el peso de años de rencor compartido. -¿Ya terminaste de hablar del muerto? -dijo, con voz seca - Tenemos una misión-.

Los tres Digimon se sobresaltaron ante la frialdad de la respuesta. Lunia apretó la mandíbula, conteniendo el impulso de golpearlo. Pero al final, giró sobre sus talones.

-Sígueme. Te contaré los detalles en el castillo de Bastemon-.




El trayecto fue tranquilo, pero al acercarse al palacio, notaron la presencia de numerosos agentes de DS vigilando los alrededores.
Lunia explicó que Bastemon no quería guardias dentro de sus terrenos; prefería la vigilancia externa.
El palacio, de estilo árabe, impresionó a Dainsleif y Dvalin: jardines mágicos, columnas, arcos, luz cálida filtrándose por ventanas decoradas. Dentro, la servidumbre en su mayoría Digimon, se movía en silencio.

Mientras subían por una escalera de caracol, Lunia detalló:
-La servidumbre también es su guardia personal; se hacen pasar por sirvientes para que los asesinos bajen la guardia. No la dejen sola en ningún momento-

Kotemon añadió, con una leve risa, que más detalles podrían obtenerlos directamente de Bastemon… si ella quería contarlos. Tatsuya lo miró serio.

Finalmente, frente a una puerta roja con detalles dorados, Lunia se detuvo.

-Aquí es. El resto depende de ustedes -miró fijamente a Tatsuya -Espero que no huyas si la cosa se pone fea… como con Makoto-.

Se fue, dejando un silencio incómodo. Pteromon, en voz baja, pensó en lo obvio: Lunia amaba a Makoto, y su pérdida fue un golpe que nunca superó.

-Tatsu -preguntó Dvalin, de pronto - ¿alguna vez te has enamorado?-.

-¿A qué viene eso? -respondió él, cruzándose de brazos.

-No es nada… -murmuró Pteromon.

 
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Tatsuya y compañía se detuvieron frente al portón de la oficina de la gobernante de Oasis City. El japonés soltó un suspiro cargado de fastidio, adoptando la postura mental de «ok, terminemos con esto». Dio tres golpecitos en la madera fina, pintada y adornada con delicados relieves dorados, y sin esperar respuesta anunció con formalidad:

-Su alteza, Bastemon-sama… -hizo una breve pausa para aclararse la garganta - Soy Tatsuya Kamisato. Estoy seguro de que ya le han informado del motivo de nuestra presencia. -.

El silencio que siguió se alargó varios segundos, tensando el aire. Dvalin, para distraerse, recorrió con la vista el pasillo, admirando los detalles arquitectónicos. Debe tener buen gusto y conocimientos de arte, pensó. Dainsleif, en cambio, se limitó a cruzarse de brazos, esperando con paciencia.

-Creo que tal vez no está… -empezó a decir Dainsleif, pero la voz firme de la princesa lo interrumpió:

-Adelante-.

El grupo entró y se encontró con un despacho digno de una monarca: un gran estante repleto de libros, suelos de mármol brillante, paredes ornamentadas con un intrincado estilo arábico. Un balcón con diván dejaba entrar luz suave, y al fondo, un escritorio amplio presidía la sala.

Bastemon los observaba sin moverse. El velo cubría la parte inferior de su rostro felino, pero sus ojos dejaban entrever un desdén evidente, dirigido sobre todo a Tatsuya. Ni por un segundo permitiré que este grupo se encargue de mi seguridad, se repetía mentalmente.

-Así que ustedes son los que van a protegerme, ¿eh? -preguntó con un tono que destilaba animosidad.

-Sí. Según el reporte, ya sufrió un atentado y es probable que vuelva a ocurrir -empezó Tatsuya.

-Y volverá a suceder -añadió Dvalin-. Este tipo de gente siempre regresa para terminar el trabajo-.

-Con todo respeto -intervino Dainsleif - el atacante podría ser igual o más fuerte que usted, una Perfect… y no necesariamente vendrá solo. -

-Jooo… -Bastemon los miró de arriba abajo con desdén - ¿Creen que soy débil? ¿Que no puedo defenderme sola? Me están subestimando-.

-No nos malinterprete, alteza -intentó suavizar Dvalin - Si alguien quiere matarla, es porque puede igualar su fuerza o planea atacarla en grupo-.

-Hmm… buenos argumentos… -admitió la felina, antes de cambiar el tono - pero no creo necesitar sus servicios. De hecho… voy a ser buena con ustedes -.

Chasqueó las garras, y un Gazimon entró empujando un carrito con comida. Encima, dos grandes sacos dejaban asomar un brillo dorado. Los ojos de Tatsuya se abrieron un poco más.

-Les daré todo este oro y el triple de la recompensa si se retiran ahora mismo. No se preocupen por DS, yo me encargo-.

"Oro… con esto me jubilaría de las Quests", pensó Tatsuya, sintiendo el cosquilleo de la tentación. Pero algo no cuadraba. Demasiado bueno… Y entonces lo entendió: Lunia… así que esta es tu trampa. Bien pensada. No sé qué le habrás dicho, pero no te lo voy a dejar fácil.

-Agradezco el gesto, mi señora… pero rechazo el oro-.

Dvalin y Dainsleif intercambiaron una mirada incrédula. Tatsuya Kamisato rechazando oro. Incluso Bastemon quedó un instante en silencio.

-¿Por qué? ¿Acaso no es suficiente para ti? -preguntó, fingiendo ofensa.

-No me malinterprete. Amo el oro más que nada… pero prefiero ganarlo de manera justa. Cumpliré la misión y luego recibiré mi paga. Además, no hay tiempo para reemplazarme. Es probable que los asesinos ya estén planeando su siguiente movimiento, así que tendrá que confiar en nosotros-.

Bastemon soltó un suspiro, reconociendo que el humano había jugado bien su carta.

-Gazimon, tráeles ropa adecuada-.

-¿Ropa adecuada? -preguntó Dvalin.

-Además de guardaespaldas, serán mis sirvientes personales -se cruzó de brazos - Como primera orden, preparen mi baño de burbujas de las dos de la tarde. Agua a temperatura ambiente. Y tú… -miró a Tatsuya con una sonrisa gatuna - más vale que seas bueno con los masajes-.

Gazimon regresó con las prendas y se las entregó.

-Llévalos al cuarto de servicio para que se vistan -ordenó la princesa-. Ahora fuera de aquí-.

Tras la salida del grupo. Gazimon cerró la puerta con cuidado y se volvió hacia Bastemon, que seguía de pie junto a su escritorio, observando por el balcón.

-¿Y bien? -preguntó la monarca sin mirarlo.

-Hicieron lo que usted dijo… aunque el humano no aceptó el oro -respondió el Digimon, encogiéndose de hombros.

-Eso no estaba en tu guion, ¿verdad?-Bastemon dejó escapar un ronroneo bajo y seco.

-No, mi señora. Tal como lo pidió… informé de inmediato a la otra que usted los recibiría. Ella me dio las instrucciones sobre el oro-.

-Lunia juega a un ajedrez peligroso. Si cree que puede manipularme para echar a alguien, tendrá que demostrarme algo más que palabras-.La cola de Bastemon se agitó lentamente.

-¿Desea que continúe siguiendo sus indicaciones? -preguntó Gazimon.

-Por ahora… -la felina sonrió por debajo del velo - deja que crea que su plan sigue en marcha. Me intriga ver hasta dónde llega este Kamisato antes de romperse-.

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El cuarto de servicio estaba en la planta baja, con cuartos de descanso y vestidores.

-Les espero afuera. La princesa no es paciente -advirtió Gazimon.

-No tardaremos - aseguró Dvalin.

Dentro, los tres comenzaron a cambiarse.

-Esto es obra de Lunia -gruñó Tatsuya, ajustándose los pantalones bombachos.

-¿Tanto te odia? Si hace esto, ¿no queda mal ella? -preguntó Dvalin, colocándose un turbante.

-No -respondió Dainsleif, quitándose la capa - Si fallamos, la responsabilidad es nuestra. Ella queda como refuerzo que no necesitó intervenir-.

-Por eso, atentos -añadió Tatsuya, revisando su equipo -Xross Loader para comunicación, D-Arc para visión compartida. A Lumine lo llamaré solo si es estrictamente necesario-.


En ese momento, la puerta se abrió de golpe. Gazimon apareció con el ceño fruncido.

-Vamos, la princesa no espera. Y… -miró a Tatsuya por un segundo - no le des motivos para lamentar haberte elegido…-

No explicó más y se dio media vuelta para guiarlos fuera, pero el tono dejaba un subtexto que el trío no alcanzó a descifrar del todo.


-Ya vamos -respondió Hackmon.

-Este turbante me arruina el cabello… -se quejó Tatsuya.

-Deja de quejarte, Tatsu -replicó Dvalin - Y… ¿esta camisa no me hace ver gordo?-
 
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Una vez que Tatsuya, Dainsleif y Dvalin terminaron de colocarse el incómodo traje de sirvientes, el japonés terminó de ajustar su cinturón multiusos bajo la ropa, colocando discretamente algunos gadgets que había conseguido en el Tamer Market. Entre ellos, el Change Mirror, un aparato del tamaño de un espejo de mano. Lo activó brevemente para ajustar el vestuario de Dvalin y Dainsleif.

-Pensaré en qué Digimon transformaré a Lumine después -murmuró, guardando el objeto en su cinturón. Sabía que todo lo que cargaba tenía valor; si no lo usaba en la misión, siempre podía venderlo a buen precio.

Fuera del vestidor, Gazimon esperaba impaciente. Cuando salieron, el mamífero los miró de pies a cabeza y asintió.

-Bien, ahora síganme. Vamos a…

-Espera un segundo -lo interrumpió Tatsuya- Apenas son las once de la mañana. Nuestra primera orden fue preparar el baño, ¿cierto?-

-Sí, pero su majestad dijo… -Gazimon intentó continuar, pero el japonés volvió a cortarlo.

-Su alteza puede decir lo que quiera, pero no olvides que no somos sus sirvientes de verdad. Solo fingimos que lo somos. Antes de "trabajar", quiero hacer algo-.

El sirviente lo miró con escepticismo. Su experiencia le decía que desobedecer instrucciones era la receta perfecta para provocar la ira de la princesa. Aun así, se mostró expectante. Incluso Hackmon y Pteromon alzaron las orejas, curiosos.

-¿A qué te refieres? -preguntó Dainsleif, entornando los ojos-. No estarás pensando en inventarte alguna excusa para escaquearte del trabajo, ¿verdad?-

-Así es, no nos tengas en suspenso -secundó Dvalin - Tenemos que protegerla y al mismo tiempo obedecerla-.


-No se preocupen… -Tatsuya suspiró. No quería seguir las órdenes de una princesa mimada, pero por el bien de la misión tendría que hacerlo. Eso sí, aprovecharía el tiempo- Gazimon, muéstranos el lugar. Lo conoces mejor que nadie, ¿no?-.


-No creo que sea necesario. Su misión no es esa.-El sirviente arqueó una ceja.

-Insisto, quiero conocer el castillo -replicó Tatsuya, con los brazos cruzados.


-Si conocemos el palacio de pies a cabeza, podremos movernos con más libertad para cumplir ambas tareas -apoyó Dainsleif- Y aún falta para la hora del baño-


-Además, nos servirá para ganarnos la confianza de la servidumbre. Seguro están preocupados por el incidente -añadió Dvalin.

-Sí… están consternados. Especialmente por la muerte de Tesla, uno de los guardaespaldas de mayor confianza de su alteza- Gazimon dudó, mirando de reojo.

-Las bajas son gajes del oficio -dijo Tatsuya con seriedad- Pero si queremos evitar más tragedias, necesitamos conocer el terreno-.

-Bien, síganme-El sirviente, acorralado, suspiró resignado.



Comenzaron en los jardines, un oasis donde la brisa movía suavemente las hojas y pétalos, haciendo que los colores pareciesen danzar bajo el sol. El aroma fresco y la armonía de tonos daban una sensación de calma casi mágica. Dvalin se detuvo un momento para apreciarlo todo. Quedó encantado con lo perfectamente cuidados que estaban los parterres: ni una hoja marchita, cada flor en su punto exacto, los caminos despejados y la tierra humedecida de forma uniforme. Aquí hay dedicación… y orgullo, pensó. Para él, amante de los espacios bien mantenidos, aquello no era solo un jardín, sino un símbolo de disciplina y cuidado. Movido por la curiosidad, se acercó a un Sunflowmon que trabajaba con precisión, recortando hojas y ajustando tallos.


-¿Es usted el jardinero? -preguntó Dvalin con interés genuino.

-Así es. Me encargo de que estas flores reciban el mejor de los cuidados -respondió el Adult Flor con una sonrisa orgullosa- Nunca los he visto antes… creo que ustedes son los Tamers que protegerán a su majestad, ¿no?

-Así es -afirmó Dvalin con convicción, aún recorriendo con la vista la perfección del jardín.

-Por favor, cuiden de la princesa. Ha estado muy triste desde lo de Tesla -pidió casi suplicando.

-¿Tesla era muy importante? -preguntó Dainsleif, acercándose.

-Bastemon-sama lo adoraba -respondió Sunflowmon, bajando un poco la voz.


Tatsuya, que observaba a lo lejos, dejó que su mirada se posara en dos Leomon que vigilaban los límites del jardín.
-¿Esos son guardianes reales?-preguntó, girándose hacia Gazimon.

-Sí, y son de los más leales. -Gazimon dio un paso al frente, cortando la conversación—. Ya fue suficiente charla. Volvamos al recorrido-.




Pasaron a los pasillos principales, donde los muros lucían tapices de motivos felinos y lámparas de bronce que proyectaban una luz cálida. El sonido de los pasos quedaba amortiguado por gruesas alfombras, y el aire olía a una mezcla de incienso suave y piedra antigua.


Aquí y allá, Gomamon y Patamon se afanaban en la limpieza: unos lustraban estantes, otros fregaban el suelo hasta dejarlo impecable.


Tatsuya, mientras avanzaban, no pudo evitar notar algo. -Gazimon… no he visto ni un solo humano aquí -comentó, con un tono que pretendía ser casual.

El mamífero se cruzó de brazos.

-Los hay, pero solo Tamers Amateur y Medium, contratados por protocolo, tres días a la semana. A mi ama no le gustan los humanos; los considera sin corazón, explotadores y codiciosos-.

Cada palabra retumbó en la mente de Tatsuya. Sintió como si cada adjetivo fuera una flecha directa a su espalda. Es como en aquella aldea portuaria…, recordó. Y en su interior se hizo una promesa: el resultado de esta misión decidiría si Bastemon mantenía o cambiaba esos prejuicios.


El recorrido los llevó hasta la cocina, un lugar amplio, con fogones encendidos y el sonido constante de cuchillos sobre madera. Allí, un Turiemon aplanaba masa con movimientos firmes y rítmicos, mientras un Meramon utilizaba su fuego para calentar el horno, del que salía un aroma a pan recién horneado y carne especiada.

-Aquí se prepara todo lo que su alteza consume -explicó Gazimon con un tono de orgullo-. Y nada sale de aquí sin ser revisado.

-Sí que saben trabajar con esmero…-Dvalin aspiró profundamente el aroma, dejando escapar una leve sonrisa.

Tatsuya, sin dejar de mirar alrededor, pensaba: Si alguien quisiera envenenar a Bastemon, la cocina sería un punto clave… tendremos que prestar atención a este lugar.


Tras dejar atrás la cocina, el recorrido continuó por un ala menos transitada del castillo. Aquí, la luz del día entraba filtrada por ventanales altos, tiñendo el pasillo de tonos dorados. El eco de los pasos se mezclaba con el lejano tintinear de campanas, probablemente procedente de la torre principal.

En el camino, pasaron por una galería de retratos. En las paredes, lienzos de antiguos gobernantes de Oasis City observaban con expresiones solemnes. Tatsuya notó que todos eran felinos de aspecto regio, sin rastro de figuras humanas.

-Ni un solo humano en la historia oficial -murmuró para sí, con un deje de ironía.


Dvalin, más entusiasmado por el arte que por la política, se detuvo frente a uno de los retratos.-Mira esto, Tatsu… la técnica de pintura es impresionante, incluso las texturas del pelaje parecen reales-.

-No nos retrasemos-Gazimon carraspeó.


Más adelante, entraron en una sala de entrenamiento, donde un par de Leomon practicaban katas con sus espadas. Los movimientos eran fluidos pero cargados de fuerza, el sonido metálico de las armas retumbaba con cada choque.

Dainsleif se detuvo, observando con atención cada gesto.

-Tienen disciplina. Eso me gusta… aunque no sé si nos verían con buenos ojos-.

Uno de los Leomon levantó la vista y los evaluó de arriba abajo, sin una palabra, antes de volver a su práctica. El silencio fue más elocuente que cualquier saludo.


Finalmente, llegaron a la zona de baños privados. El contraste con el resto del castillo era evidente: aquí el aire estaba impregnado de un aroma a hierbas aromáticas y flores frescas. La piedra estaba pulida y las paredes decoradas con mosaicos que representaban escenas felinas en paisajes exóticos.

-Aquí es donde se preparará el baño de su majestad -anunció Gazimon, con un tono que implicaba que la tarea debía hacerse con cuidado extremo.
Dvalin se inclinó sobre la tina de mármol, observando la superficie del agua.

-Aún está fría. Sugiero calentarla un poco y añadir hierbas de lavanda para relajar la musculatura-.

-Te tomas esto muy en serio… -comentó Tatsuya con una sonrisa.

-Claro. Si vamos a hacerlo, lo hacemos bien-.


Mientras trabajaban, un par de Tailmon pasaron por la puerta, observándolos con curiosidad antes de alejarse entre murmullos. Lo que el trío no sabía era que cada gesto, cada palabra y cada detalle que mostraban, terminaría llegando a oídos de Bastemon.


Cuando por fin todo estuvo listo -agua a temperatura perfecta, hierbas flotando, toallas limpias a mano - Gazimon les indicó que esperaran.
-Su majestad vendrá en unos minutos.-

-Espero que aprecie el esfuerzo -Tatsuya se apoyó en la pared, cruzando los brazos.

-Esto es más que un simple baño, Tatsu. Esto es otra de sus pruebas-.Dainsleif sonrió con ironía.


Y efectivamente lo era. Bastemon llegó con paso elegante, envuelta en un velo que ocultaba parcialmente su rostro. No dijo palabra al entrar; su andar era tan felino como la mirada con la que inspeccionó la sala. Pasó de largo hasta desaparecer por la parte trasera, y el sonido de una puerta corrediza anunció que se estaba preparando. Cuando regresó, llevaba una toalla fina que cubría su cuerpo hasta los muslos, dejando ver solo lo justo para mantener el misterio. Tatsuya no pudo evitar pensar: Por un momento, casi parece humana…

Se recostó con calma en la tina, dejando que el vapor acariciara su piel. Cerró los ojos un instante y, sin abrirlos, ordenó:

-Masaje en los pies. -Extendió su pierna izquierda hacia Dainsleif, que obedeció sin rechistar.

-Y tú -sus ojos se clavaron en Tatsuya- mis hombros ahora.

El Tamer se colocó detrás de ella y comenzó a presionar sus omóplatos con un ritmo constante.

-Vamos, humano, puedes hacerlo mejor -murmuró con un tono crítico y juguetón a la vez.

Tatsuya sintió un tic en la ceja, pero respiró hondo y aumentó la presión hasta arrancarle un leve suspiro de satisfacción.
-Así está mejor…-.


Entonces, Bastemon giró lentamente la cabeza hacia Dvalin, con una sonrisa que se intuía bajo el velo.
-Cosita linda… -su voz bajó de tono, casi como un ronroneo - ¿No te has cansado ya de este humano y del caballero de hierro? -sus garras trazaron un gesto en el aire, como si apartara la imagen de Tatsuya y Dainsleif - Quédate conmigo en el palacio. Aquí no te faltará nada: tendrás un techo, comida de sobra y todo el respeto que un Digimon tan… adorable y fuerte como tú merece-.

Dvalin, que sabía que su apariencia y carácter eran considerados encantadores por muchos, también era consciente de que esa cualidad podía usarse para manipularlo. Bastemon estaba probando justamente eso.

-Me halaga, su majestad -respondió con una leve inclinación - pero con respeto, rechazo su oferta. Prefiero seguir la vida junto a Tatsu y Dain-

-Entiendo… -su tono se mantuvo neutral, pero sus ojos se estrecharon con un brillo calculador - Cuando cambies de opinión, las puertas de mi castillo estarán abiertas.


-¿Hoy tiene algún evento especial? -preguntó entonces Dvalin, retomando la compostura -Nuestro trabajo es protegerle-.

-Sí… -Bastemon se reclinó en la tina, y la mueca tras el velo fue evidente- Esta noche tengo una cena con el primer ministro Panjyamon-. El trío intercambió miradas.

-¿Hay algún problema con él? -preguntó Dainsleif.

-Es prepotente, misógino y no confía en mi liderazgo -respondió sin rodeos-Pero no puedo cancelar; si lo hago, intentará desprestigiarme-.

Tatsuya frunció el ceño.

-¿Y si él fue el responsable del atentado? Podría haber contratado a una Rogue Guild para hacerlo - ante lo dicho, Bastemon dejó escapar una risa breve.

-Es un cobarde… no tiene agallas-.

-Más a mi favor -replicó Tatsuya- Justo por eso no se expondría. Dvalin, Dainsleif… ya tenemos a nuestro primer sospechoso-.

-Investiguen si quieren -concedió Bastemon, recostándose de nuevo en la tina - pero no hagan un escándalo. No quiero que la población se altere-.

Entonces, abrió los ojos y su voz adquirió un matiz más firme:

-Y ya que tienen tanta energía para husmear, la canalizarán en algo útil. Quiero que ustedes tres -miró primero a Tatsuya, luego a Dainsleif y finalmente a Dvalin - preparen todo para el banquete de esta noche. La mesa debe estar impecable, el vino en su punto y cada plato servido a tiempo. Quiero que Panjyamon vea perfección, no excusas-.

El silencio que siguió fue denso. Tatsuya reprimió el impulso de bufar, mientras Dainsleif se limitaba a asentir con seriedad. Dvalin, por su parte, ya imaginaba que esa "perfección" iba a ser más agotadora que cualquier combate.

 
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Oasis City – Atardecer​

El sol caía lentamente sobre las cúpulas doradas del palacio, tiñendo las paredes de tonos cálidos. El aroma de las especias provenientes de la cocina impregnaba los pasillos, mientras los sirvientes corrían de un lado a otro preparando la cena.

Tatsuya, vestido aún con su incómodo atuendo de sirviente, observaba desde un balcón lateral. Dvalin y Dainsleif estaban con él, y en el aire se percibía la tensión previa al evento.

-No me gusta esto… -murmuró Dainsleif.

-A mí tampoco -Respondió Tatsuya, sin apartar la vista de la entrada principal-. Gazimon dijo que solo serían invitados de alto rango… pero no confío en que todos vengan con buenas intenciones-.

Un golpe suave en la puerta interrumpió su conversación. Era Gazimon, con expresión más seria que de costumbre.

-Es hora. La princesa les quiere cerca durante la cena, pero ni se les ocurra intervenir a menos que la situación sea crítica. Y sobre todo… -bajó el tono-, no provoquen a Panjyamon.

El nombre bastó para que Dvalin y Dainsleif se miraran con complicidad. Tatsuya sonrió de forma apenas perceptible.

-No prometo nada…-


Gran Salón de Banquetes​

El lugar estaba iluminado por lámparas de aceite y grandes cortinas de seda roja. Una larga mesa, adornada con vajilla de plata y jarras de vino, se extendía en el centro. Bastemon ocupaba el asiento principal. A su izquierda, un imponente Panjyamon conversaba con tono altanero con un par de consejeros.

Tatsuya y sus Digimon se colocaron discretamente detrás de Bastemon, aparentando ser simples sirvientes. Sin embargo, sus ojos escaneaban cada gesto y movimiento de los presentes.

-Tiene un aire arrogante que me da urticaria -susurró Dvalin.

-Shhh… -lo interrumpió Tatsuya-. Escucha-.

Panjyamon hablaba en voz baja con un monje Digimon, pero el tono era claramente despectivo.

-…no durará mucho en el trono si sigue con estas políticas blandas. Oasis necesita un liderazgo fuerte, no una gata jugando a la realeza. .

Dainsleif frunció el ceño, pero Tatsuya levantó una mano en señal de calma. -Tranquilo… primero escuchemos más-.

Durante la cena, un grupo de sirvientes que Tatsuya no había visto antes en el palacio entró portando bandejas de frutas y vino. Sus pasos eran demasiado coordinados, y en sus movimientos había una tensión difícil de disimular.

"Eso no es simple nerviosismo…" pensó Tatsuya, sus instintos alertándose. Hackmon se inclinó levemente hacia él.

-Tres de ellos tienen algo oculto bajo las mangas. No es cubertería… -susurró con voz grave.

La mirada de Tatsuya se endureció. "Parece que la velada está por ponerse interesante…"

El tintineo de copas y el suave murmullo de conversaciones llenaba el aire, pero Tatsuya no escuchaba nada más que el eco de sus propias sospechas. Cada cierto tiempo, su mirada se desviaba hacia los sirvientes nuevos, anotando mentalmente sus posiciones.

Bastemon, fingiendo una sonrisa diplomática, brindaba con Panjyamon.

-Espero que el viaje desde el norte haya sido cómodo, ministro -dijo con un tono tan elegante como cargado de ironía.

-Cansado, pero necesario. -Panjyamon se inclinó levemente, sin ocultar el desdén en sus palabras.- Debemos discutir asuntos de seguridad… y de sucesión-.

Dvalin, que se encontraba detrás de la princesa, giró apenas la cabeza hacia Tatsuya con expresión alarmada.

-¿Escuchaste eso? Está hablando como si ella no fuera a seguir gobernando…-.

-Lo escuché -respondió Tatsuya en un susurro bajo-. No olvides que aquí las palabras son tan peligrosas como las armas-.

En la esquina del salón, uno de los sirvientes extraños dejó caer deliberadamente un pequeño pedazo de papel al pasar junto a Panjyamon. El ministro lo recogió con un movimiento casi imperceptible y lo ocultó en su garra sin abrirlo.

"Intercambio de mensajes en plena cena… perfecto". Pensó el ex yakuza. Mientras tanto, Hackmon fingía revisar una jarra de vino, pero en realidad observaba el reflejo en el metal pulido para vigilar a los sospechosos.

-Dos de ellos se movieron al pasillo lateral, Tatsu. No están sirviendo nada…-

-Dainsleif, síguelos. Sin llamar la atención - ordenó Tatsuya, manteniendo la vista fija en el banquete para no levantar sospechas. El dragón blanco asintió y se escabulló con pasos silenciosos, deslizándose entre las sombras de las columnas.

Bastemon, ajena a los movimientos de sus supuestos sirvientes, hablaba ahora de temas comerciales. Panjyamon escuchaba con media sonrisa, pero sus ojos revisaban constantemente la disposición de las puertas.

-Está midiendo rutas de escape - susurró Tatsuya para sí mismo- o está paranoico… o sabe que algo pasará. - Gazimon, que estaba a unos metros, notó el tono bajo del nipón.

-¿Sospechas de él? -dijo Dvalin viéndolo de igual modo

-No… todavía no. Pero no me gusta cómo juega sus cartas - respondió sin apartar la vista.

Pocos minutos después, Dainsleif volvió a aparecer detrás de Tatsuya, con el ceño fruncido.

-No llevan armas convencionales… pero dejaron algo en la despensa. No pude acercarme más sin que me vieran- dijo Hackmon un poco preocupado.

-¿Algo como qué? -cuestionó el pelinegro cruzándose de brazos.

-Una caja pequeña, sellada. No estaba ahí antes. - Le indicó el pequeño dragón blanco.

Tatsuya se recostó apenas contra la pared, ocultando una sonrisa que no presagiaba nada bueno. "Así que quieren actuar desde adentro… veremos si les funciona". Meditó.

Las conversaciones seguían fluyendo, pero el ambiente tenía un peso invisible. El chief ya no veía el banquete como una reunión política, sino como un tablero de ajedrez donde cada pieza se movía con intenciones ocultas.

Dainsleif, de pie junto a él, bajó la voz hasta que apenas fue un murmullo.

-Esa caja que dejaron… creo que tiene un sello térmico. Podría contener algo volátil.-

-O algo que no quieren que se enfríe -añadió Dvalin, con el ceño fruncido.

Tatsuya desvió la vista hacia el extremo de la mesa, donde un par de sirvientes nuevos estaban muy atentos a las copas y jarras cercanas a Bastemon… y, casualmente, al asiento de Panjyamon.

"No es un ataque frontal… quieren manipular el escenario". Pensó.

En un momento, uno de esos sirvientes se inclinó para "servir" más vino a la copa de Bastemon, pero en lugar de tocarla, se detuvo y sirvió primero en la de Panjyamon. Un segundo sirviente intercambió discretamente ambas copas mientras la conversación de los líderes mantenía ocupada la atención del salón. Tatsuya notó el cambio.

"Listos para que todo apunte a él…"

Gazimon, que observaba desde el otro lado, frunció el ceño sin captar del todo la jugada. -¿Qué están haciendo? -

-Un montaje -susurró Tatsuya - Si la copa "de Panjyamon" termina siendo la que beba Bastemon… y algo le pasa, ¿a quién crees que culparán?-.

La tensión aumentó cuando un mensajero de Digital Security se acercó al ministro, murmurándole algo al oído y entregándole un pequeño sobre lacrado. Panjyamon lo guardó de inmediato, ajeno a que cada movimiento suyo estaba siendo observado con lupa. Dainsleif ladeó la cabeza hacia Tatsuya.

-¿Intervenimos ahora? -.

-No todavía… si los detienes ahora, se dispersarán y no tendremos pruebas. Necesitamos atraparlos con las manos en la masa y, de paso, descubrir quién les paga-.

Pocos minutos después, un olor sutil pero extraño comenzó a emanar de la copa de Bastemon: una fragancia dulce, casi imperceptible, que el ex yakuza reconoció.

"Soporífero hecho con veneno de Gyukimon… en dosis bajas. No es para matarla, es para incapacitarla". Pensó y Dvalin se tensó.

-Tatsu… si la bebe, la dejarán vulnerable-.

-Lo sé… y apuesto a que el segundo acto será un "rescate" falso para incriminar al ministro. La Rogue Guild sabrá que DS no tiene autoridad dentro del palacio… y así el caos está servido. -Tatsuya bajó la mirada y su tono se volvió más frío. -Hora de preparar nuestra trampa. -.

El murmullo del salón se detuvo cuando Bastemon se puso de pie, levantando su copa. Panjyamon, con una sonrisa ensayada, la imitó. Los demás invitados siguieron el gesto, ignorando que aquel vino cargado de intriga estaba a segundos de cumplir su propósito. Tatsuya, con los brazos cruzados y el rostro impasible, observaba cada detalle. No se perdió cómo uno de los sirvientes falsos se movía hacia la cortina lateral, listo para dar la señal a alguien en el pasillo.

Dainsleif, de pie detrás del pelinegro, inclinó apenas la cabeza. -Ese de la cortina lleva un comunicador en la manga… y tiene los ojos fijos en Bastemon-.

-Lo veo -susurró Tatsuya-. Aguanta la señal. -.


Dvalin, más adelante, vigilaba las manos de los sirvientes que sostenían las botellas. -Tatsu… acaban de cambiar la botella por una idéntica. No es la misma que sirvieron a los demás-.

El ex yakuza sonrió sin alegría. "Movida elegante… y estúpida". Pensó.

-Por la prosperidad de Oasis City -declaró Bastemon, llevando la copa a sus labios.

En ese instante, Tatsuya dio un paso al frente.

-Un momento, su alteza -dijo en tono firme pero respetuoso, atrayendo todas las miradas.

Bastemon lo miró con el ceño fruncido.

-¿Qué es ahora, humano?-

-Discúlpeme, pero como parte de su seguridad… debo insistir en que la copa sea probada antes-.

Un murmullo recorrió la mesa. Panjyamon alzó una ceja, ofendido.

-¿Está insinuando que yo…? -su voz resonó con un filo peligroso.

Tatsuya lo interrumpió con una leve reverencia.

-No insinúo nada, ministro. Solo cumplo mi trabajo- Le aseguró el chief nipón.

El pequeño dragón blanco aprovechó el momento de tensión para moverse detrás del monarca y tomar la copa con cuidado. El ave dragón ágil, voló hasta la mesa lateral donde había otras copas, cambiándola en un solo movimiento. Uno de los falsos sirvientes dio un paso adelante, demasiado rápido. Dain giró sobre sí mismo, interponiéndose como si fuera un simple movimiento casual… pero lo suficiente para cortar la línea visual con el cómplice de la cortina.

El resultado: el "saboteador" en la cortina activó su señal antes de tiempo, creyendo que el plan seguía. Desde el pasillo lateral, un pequeño estallido sordo resonó como si una botella de cristal se rompiera y varios guardias de DS comenzaron a moverse hacia la cocina. Tatsuya miró la copa que ahora tenía Dvalin y se inclinó hacia Bastemon.

-Con su permiso, su alteza… -y la dejó en la mesa, intacta.

En ese instante, Dainsleif y él cruzaron miradas: ya tenían marcado al menos a dos de los infiltrados.

La Rogue Guild había fallado en su primer golpe, pero Tatsuya sabía que no habían terminado. "Esto no ha hecho más que empezar… y Panjyamon va a quedar como el perfecto sospechoso, aunque no sea su juego".
 
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Palacio de Bastemon - Sala de Estrategia​



La cena había terminado sin víctimas, pero no sin rumores. Bastemon, Panjyamon, Gazimon, un par de agentes de DS incluida Lunia Arden, y Tatsuya con sus Digimon, se reunieron en una sala cerrada. El ambiente olía a incienso, pero también a desconfianza. Bastemon estaba sentada en un sillón alto, la luz dorada de las lámparas acentuando la dureza de su mirada. Panjyamon permanecía de pie, brazos cruzados, con una mueca de orgullo herido.

-Explícate, humano -comenzó Bastemon, su voz como un latigazo-. Detuviste la copa frente a todos mis invitados, ¿qué encontraste? -.

Tatsuya se acomodó el cinturón bajo el traje de sirviente.

-Nada… todavía. Pero lo que me importa no es lo que encontré, sino lo que no ocurrió-.

-¿Vas a hablar en acertijos? -intervino Panjyamon, irritado.

-Voy a hablar de hechos. -Tatsuya lo miró fijamente - Durante la cena, dos sirvientes que no forman parte del personal habitual cambiaron su botella por otra. Una copa en la mesa de su alteza fue intercambiada para que pareciera la suya-.


El rugido bajo de Panjyamon hizo vibrar el aire.

-¿Me acusas de un intento de asesinato?-.

Dainsleif dio un paso al frente. -Si fuéramos a acusarte, ministro, ya lo estaríamos haciendo. Pero la jugada estaba diseñada para que todos lo hicieran por nosotros. -

Lunia, que hasta ahora había permanecido en silencio, habló por primera vez.

-Una táctica de chivo expiatorio. Ensucias el nombre del blanco real… y mientras la atención se centra en él, los verdaderos culpables desaparecen. -

-Exacto -asintió Tatsuya-. Y si la copa hubiese sido probada en público, toda la sala habría visto que "la copa de Panjyamon" estaba envenenada. ¿A quién crees que habrían señalado?-.

Gazimon, con el ceño fruncido, observó a Bastemon.

-Su alteza, si esto es obra de una Rogue Guild, significa que hay un objetivo político más grande… y no es solo su vida-.

Panjyamon, a pesar de su enfado, parecía comprender. -No me agrada admitirlo, pero… tiene sentido. Si yo cayera en desgracia, el consejo de ministros quedaría dividido y su trono, Bastemon-sama, más vulnerable que nunca. -

Bastemon cerró los ojos un instante, evaluando las palabras. Luego miró directamente a Tatsuya.

-¿Puedes rastrear a los infiltrados?-

-Ya tengo marcados a dos -respondió él- Pero si los atrapamos demasiado pronto, el resto se esconderá. Propongo dejarlos creer que el plan sigue vivo… y seguir el hilo hasta el núcleo de la Guild-.

Al escuchar eso, Lunia lo miró con desconfianza.

-Eso implica arriesgar la vida de la princesa como carnada -.

-Ella ya es el cebo, te guste o no - respondió Tatsuya con frialdad - La diferencia es que yo voy a elegir cuándo y dónde muerde el anzuelo la serpiente.-

Bastemon golpeó con una garra el brazo del sillón, arrancando una astilla de madera.

-Muy bien, Kamisato… tienes carta blanca para cazar a esos rufianes. Pero si fallas… no solo tu cabeza rodará – Amenazó al Chief.

Tatsuya sonrió de forma casi imperceptible. "Perfecto… ahora solo falta abrirles la puerta y dejar que se ahorquen solos".



Los demás se dispersaron con rapidez. Bastemon fue escoltada por Gazimon y dos guardias, Panjyamon salió acompañado de un ayudante, y los agentes de DS comenzaron a revisar el salón. Tatsuya, en cambio, se quedó junto a Hackmon y Pteromon, revisando su smartphone para anotar detalles. Fue entonces cuando Lunia apareció al final del pasillo, caminando hacia él con la mirada fija y el paso firme. Jaden, su Kotemon, la seguía en silencio.



-Ni un solo día puedes evitar llamar la atención, ¿verdad, Kamisato? - dijo ella, deteniéndose a pocos pasos. Tatsuya no levantó la vista de su aparato.

-Si por "llamar la atención" te refieres a evitar que la princesa beba vino con soporífero, supongo que sí-. Lunia entrecerró los ojos ante el tono con el que le respondió Tatsuya.

-No me malinterpretes, no te estoy felicitando. Conozco ese brillo en tu mirada… te gusta jugar con fuego, aunque no te importe quién se queme en el proceso-. Tatsuya guardó el teléfono en su cinturón.

-¿Y? ¿Vas a sermonearme de moralidad? Ya me quedó claro que tú y yo tenemos… conceptos distintos de "hacer lo correcto"- Le respondió el ex Yakuza.

Jaden apretó el puño sobre el mango de su shinai, pero Lunia levantó una mano para detenerlo.

-No se trata de moral, se trata de historia. Tú piensas que tu ingenio te salva, pero las decisiones que tomas siempre dejan cadáveres atrás. -Su voz bajó un tono—. Como aquel día… en el puerto de Kaien- Le recordó ella.

Hackmon tensó los hombros y Pteromon dejó de batir las alas.

-Ya basta -gruñó Dainsleif, pero Tatsuya levantó un dedo para silenciarlo sin apartar la vista de Lunia.

-Si vas a seguir viviendo en el pasado, Arden, no esperes que te siga el juego. Yo estoy aquí para terminar esta misión, no para redimir fantasmas que no me pertenecen-.


Por un momento, ambos se quedaron en silencio, el aire entre ellos tan denso que incluso Kotemon se apartó un paso. Lunia finalmente habló, su tono ahora más frío que hostil:

-Solo recuerda esto, Kamisato… si fallas, no tendré que inventar nada para que todos sepan quién eres en realidad-.

Tatsuya sonrió de lado, casi divertido, por el cubrebocas no se le notaba, pero su voz irónica le hizo saber eso.

-Y si no fallo… tal vez tengas que replantearte todo lo que crees saber de mí-.

Lunia le sostuvo la mirada un segundo más, luego giró sobre sus talones y se marchó sin decir nada más. Jaden la siguió, aunque no sin antes lanzar una mirada de advertencia al ex yakuza. Dvalin rompió el silencio con un leve suspiro.

-Definitivamente no te quiere-.

-No es un concurso de popularidad, Dvalin -respondió Tatsuya-. Es un tablero… y ella no sabe que ya está jugando en mi bando, le guste o no.-
 
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Oasis City – Galería de Arte "Espejismos"​


El atardecer teñía las calles de tonos dorados cuando la caravana discreta salió del palacio. Ninguna escolta ostentosa, solo un carruaje de diseño sobrio tirado por dos Unimon blancos y acompañado de un par de guardias de civil. En el interior, Bastemon, Tatsuya, Hackmon y Pteromon ocupaban el espacio con aparente tranquilidad.

Bastemon había aceptado la invitación de la galería bajo una condición: que nadie sospechara que era un evento de seguridad. El lugar estaba repleto de coleccionistas, críticos y amantes del arte, todos charlando entre copas de vino y música instrumental.

-Recuerden -murmuró Bastemon mientras bajaban del carruaje-no habrá corridas ni alarmas. Si ocurre algo, debe parecer un contratiempo menor… no un ataque-.

-Y si el contratiempo menor trae metralletas y telarañas, ¿qué hacemos? -preguntó Tatsuya con ironía.

-Lo resuelves… sin que la gente entre en pánico - replicó ella, cruzando las puertas de cristal con la misma elegancia de siempre.

Dentro de la galería, el salón principal era amplio, con techos altos y lámparas colgantes que proyectaban destellos suaves sobre lienzos y esculturas. Las obras, muchas con temática desértica y motivos de Oasis, atraían la mirada de los visitantes. Tatsuya aprovechó el recorrido para planear con discreción. Mientras Bastemon conversaba con el curador, él se inclinó hacia Hackmon y Pteromon.

-El plan es simple: dejamos que el rumor de nuestra presencia se filtre. Lunia ya se encargó de soltar un par de pistas falsas en canales que la Rogue Guild monitorea-.

-¿Y el cebo? -preguntó Pteromon.

-Bastemon aquí, en medio de todos. El ataque tiene que ocurrir donde no puedan usar toda su fuerza… y donde nosotros podamos exponerlos sin matar a medio salón.-

-Ya hay miradas que no encajan con el público- Hackmon asintió, revisando el reflejo de los ventanales.





Mientra tanto en otro punto de la ciudad. En un callejón cercano, dos figuras observaban el flujo de personas entrando y saliendo de la galería. Selene Moreau, envuelta en un vestido color vino y un chal de seda, sonreía mientras sostenía un abanico que ocultaba parcialmente su rostro.

-La reina en su jaula de cristal… y sin barrotes. Qué tentador-.

A su lado, Logan Kranz, con su chaqueta militar y las manos en los bolsillos, escaneaba la zona.

-Demasiada charla. Entramos, rompemos, y salimos-.

De las sombras detrás de ellos surgieron sus compañeros: Madame Violetta, en forma de Archnemon, e Iron Fist, en forma de Assaultmon.

-Yo me encargo de aislarla. Nadie verá venir las telarañas -.murmuró Violetta.

-Y yo cubriré nuestra retirada… o abriré la pared entera si hace falta -replicó Iron Fist, cargando las municiones de sus cañones. Selene chasqueó la lengua.

-Sin exagerar, Logan. Hoy queremos un espectáculo… no una masacre-.




De vuelta en la Galería. Minutos después Tatsuya estaba junto a Bastemon cuando una mujer de vestido vino se acercó demasiado al grupo. Su porte era impecable, pero Hackmon captó el leve olor a hilos y químicos que desprendía.

-Tatsu… esa humana está demasiado limpia para ser de aquí-.

-Lo sé -susurró él - Mantente alerta-.

En ese instante, una ráfaga seca resonó desde el techo. No era un disparo letal: las luces principales se apagaron, quedando solo la iluminación de emergencia. Los murmullos de sorpresa llenaron el salón. Desde la entrada lateral, una figura metálica irrumpió rompiendo una puerta: Assaultmon.

-Objetivo a la vista -gruñó Iron Fist, apuntando sus armas hacia el techo para no golpear a la multitud.

El estruendo bastó para que algunos invitados comenzaran a retroceder, pero sin llegar al pánico total.
Entre tanto, Violetta ya se deslizaba entre la gente, liberando finos hilos hacia las columnas para formar un cerco invisible alrededor de Bastemon.

-¿Son ellos?-.Bastemon, aún con su porte real, habló sin girarse.

-Sí… y vinieron con todo -respondió Tatsuya, acomodando discretamente su cinturón multiusos bajo el traje.

Hackmon y Pteromon intercambiaron una mirada.

-Si no actuamos rápido, la cerrarán aquí mismo -advirtió Dvalin.

-Y eso es justo lo que quiero… -sonrió Tatsuya- pero a mi manera-.
 
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Entre el murmullo inquieto de los visitantes y el suave tintinear de copas de vino, dos figuras se detuvieron frente a un cuadro de paisajes surrealistas. Logan, un hombre de complexión fuerte y mirada helada, dejó que su mano recorriese el marco dorado como si evaluara la obra… pero sus pupilas se movían de forma calculada, midiendo distancias, detectando ángulos y rutas de escape como un francotirador silencioso. A su lado, Selene permanecía erguida, impecable, con un abanico cerrado en la mano. Sonreía con un aire tan sereno que parecía estar fuera de lugar… pero la sutil vibración en sus dedos y la respiración medida revelaban un pulso frío, preparado para el conflicto.

Bastemon giró lentamente la cabeza, sus orejas felinas captando un cambio en la vibración del aire: un sonido agudo, casi imperceptible, que no pertenecía al bullicio de los curiosos. Sus pupilas se contrajeron hasta un filo oscuro.

-Tatsuya… -murmuró, apenas un hilo de voz, cargado de un temblor que no buscaba ocultar- Esos dos… no son coleccionistas-

Tatsuya siguió la dirección de su mirada. Entre el pliegue del abrigo de Logan brilló un destello metálico: el D-Arc. El aire entre ellos se volvió más denso, como si la habitación entera contuviera el aliento.

-Dvalin… Dainsleif… atentos.-


El abanico de Selene se abrió con un chasquido elegante, liberando un destello de laca negra y bordes dorados. La luz se reflejó en sus ojos con un brillo calculador.

-Hora de la función -dijo, su voz acariciando el aire con una calma inquietante.
-Y que sea corta —respondió Logan, alzando el D-Arc en un gesto seco y decidido.


Logan activó la carta Chrondigizoit Metal Body.
El D-Arc emitió un pulso de luz azul intensa que recorrió el aire en ondas visibles. Assaultmon emergió desde un halo de datos, su silueta cobrando peso con cada segundo. La energía de la carta recorrió sus articulaciones y de inmediato placas adicionales de aleación oscura se soldaron a su armadura con un sonido metálico grave, como martillos golpeando yunque. La nueva densidad hizo que cada pisada resonara en el mármol como el golpe de un tambor de guerra.


Selene, sin pérdida de tiempo, activó Thorn Bind Hostage.
Su abanico giró en su mano mientras el D-Arc liberaba un destello púrpura. Archnemon respondió al instante: sus brazos se estiraron hacia las columnas y marcos cercanos, liberando hilos y lianas espinosas que se enroscaron como serpientes vivas. El roce áspero contra piedra y madera generó un sonido seco, como uñas arañando cristal, mientras las trampas se tensaban con fuerza mortal.


La multitud, ignorante del peligro, creyó estar presenciando una performance artística. Algunos se acercaron con sonrisas y teléfonos listos, grabando la tensión sin comprenderla.


Tatsuya no dudó y activó Defense Plug-in G. El D-Arc proyectó un destello verde intenso que envolvió a Hackmon, y en un instante su cuerpo se endureció como si fuera piedra viva. Una sensación pesada y firme lo recorrió de pies a cabeza mientras una coraza mineral se formaba, bloqueando cualquier movimiento. El estallido de las primeras ráfagas de Assaultmon resonó como martillazos contra roca maciza, arrancando chispas al contacto. El sonido seco de cada impacto vibraba en el aire, como si las balas golpearan la misma tierra, mientras Hackmon permanecía inmóvil, convertido en un bastión imposible de atravesar.

Tatsuya enlazó la acción con Fairy Wings.
Dvalin, tras recibir la orden, batió sus alas con una fuerza súbita. Corrientes ascendentes sacudieron cortinas y papeles, desgarrando varios de los hilos de Archnemon. Los espinos más gruesos, sin embargo, resistieron, tensándose y vibrando como cables bajo tensión.


Logan respondió activando Lock-On.
El visor de Assaultmon se encendió con un brillo carmesí. Un haz láser trazó un camino invisible entre su ojo mecánico y Pteromon, siguiendo cada microgesto con precisión quirúrgica. El siguiente disparo cortó el aire con un rugido y pasó a centímetros de las alas del Digimon, arrancando plumas metálicas que giraron lentamente antes de chocar contra el suelo con un débil tintineo.


Selene ladeó la cabeza, sus labios curvándose en una mueca apenas perceptible, y activó Darkness Field.
Archnemon alzó los brazos y un pulso de energía oscura se expandió, reptando por el suelo antes de elevarse como un manto de niebla densa y fría. Las siluetas se distorsionaron en sombras alargadas, y un olor metálico, casi a óxido y humedad, invadió la sala. El aire se volvió pesado, obligando a los presentes a dar pasos vacilantes.


Un proyectil del Mugen Cannon de Assaultmon, disparado bajo esa cobertura, impactó contra una columna a menos de un metro de Bastemon. El estruendo partió el mármol, levantando polvo y esquirlas. El sonido la arrancó de golpe de la realidad: ya no estaba en la galería, sino de nuevo bajo un cielo encendido por fuego y humo. Tesla, delante de ella, absorbía con su cuerpo una descarga letal. El impacto lo catapultó, y su núcleo se apagó lentamente. El calor abrasador, el hedor a datos quemados, la impotencia de no alcanzarlo… todo volvió de golpe.


-¡Dainsleif, cúbrela! -la voz de Tatsuya rompió el recuerdo.


Hackmon se lanzó hacia Bastemon, pero un hilo reforzado surgido de las tinieblas le atrapó el tobillo y lo tensó con una fuerza que crujió en sus articulaciones.

Logan, percibiendo la ventaja, activó otra vez Darkness Field.
La neblina se espesó hasta casi cegar por completo. El calor del metal y la humedad del humo formaban un aire sofocante, que pegaba la ropa al cuerpo.


Entre las sombras, el pulso de Bastemon y la presión del momento hicieron que Dvalin sintiera una acumulación peligrosa de energía en su núcleo. Una luz azul radiante lo envolvió.

-¡Pteromon, Shinka… Galemon!- La energía no se detuvo. La armadura se expandió, las alas se encendieron en un fulgor dorado y las líneas de datos reescribieron su forma.
-¡Galemon, Chou Shinka... GrandGalemon!-


Dainsleif emergió junto a él, transformándose tras la orden silenciosa de Tatsuya. La luz roja y blanca envolvió su cuerpo, afilando bordes y endureciendo placas hasta formar la figura de un guerrero blindado.
-¡Hackmon, Shinka… BaoHackmon!-.


Logan volvió a activar Lock-On.
El visor de Assaultmon fijó su objetivo en GrandGalemon, y el zumbido de calibración de sus cañones hizo vibrar el aire, un presagio de disparo inminente.

Tatsuya, sin perder un segundo, activó Sacred Shield ~ Niflheimr. El D-Arc liberó un destello cegador que envolvió a BaoHackmon, y de su brazo emergió un escudo reluciente, forjado en un fulgor azulado que parecía destilar hielo y luz al mismo tiempo. La superficie del Niflheimr vibraba con una energía gélida mientras se extendía en forma de barrera frontal. El estruendo del Mugen Cannon rompió el silencio con un rugido metálico, y la ráfaga incandescente chocó contra el escudo, deformando la luz a su alrededor como si el espacio mismo se curvara. La descarga estalló en una nube de chispas y fragmentos de energía que iluminaron el campo de batalla; el retroceso hizo que BaoHackmon clavara sus pies en el suelo, dejando surcos profundos, pero el escudo sagrado resistió, intacto, como una muralla imposible de quebrar.


Selene repitió Thorn Bind Hostage.
Archnemon lanzó un nuevo enjambre de lianas espinosas que atraparon la pierna de GrandGalemon y el brazo de BaoHackmon. Las púas penetraron armadura y piel, liberando descargas eléctricas que hicieron vibrar los músculos de ambos.


Con un rugido, BaoHackmon ejecutó Cyber Nail siguiendo la orden de Tatsuya. Sus garras incandescentes cortaron las ataduras en un destello, y de inmediato lanzó Erase Claw contra el cañón derecho de Assaultmon. El impacto hizo que el arma desviara su alineación, salvando a GrandGalemon de un disparo directo.

GrandGalemon, desplegó sus alas ardientes y liberó gracias a su Tamer Meteor Wing, proyectiles incandescentes que atravesaron telarañas, arrancaron cuadros de las paredes y tiñeron la neblina de tonos naranja y rojo. El calor quemó el aire, haciendo crujir la madera bajo la pintura.


Selene intentó frenar su avance activando Un Deux Pollen.
Archnemon liberó una nube dorada que ralentizó por unos instantes los reflejos de BaoHackmon, pero GrandGalemon, con un poderoso batir de alas, disipó la sustancia antes de que surtiera efecto total.

Tatsuya protegió a Bastemon con Shakkou Guard, levantando un muro espiritual de luz ámbar que interceptó un disparo perdido.

La sala ya estaba irreconocible: el cañón de Assaultmon humeaba por el daño, las telarañas de Archnemon colgaban hechas jirones, y las columnas presentaban grietas profundas. Logan apretó la mandíbula; Selene ya trazaba mentalmente la ruta de retirada.


Un último disparo del Mugen Cannon sirvió como cortina de humo, mientras Violett usaba sus propias lianas como látigos para impulsarse hacia la salida. Dainsleif y Davalin se tensaron para perseguir, pero Tatsuya levantó dos dedos en señal de contención: la galería seguía llena de civiles.

Logan y Selene se replegaron, sus pasos resonando sobre el mármol hasta fundirse con el eco distante. Frente a Bastemon, GrandGalemon y BaoHackmon permanecieron en guardia, el vapor de sus respiraciones marcando el aire mientras se preparaban para lo que viniera después.

La galería entera resonaba con el eco de disparos y golpes, pero por un instante ninguno de los Tamers levantó su D-Arc. El combate se volvió puro instinto.

Assaultmon avanzó a paso pesado, el metal de sus articulaciones rechinando mientras levantaba un puño blindado como un ariete. Dvalin se impulsó hacia adelante, bloqueando el golpe con el filo de su lanza. El impacto lanzó una onda de presión que barrió el polvo del suelo en un círculo perfecto.

Dainsleif cargó por el flanco, su zancada corta y precisa, para lanzar un tajo diagonal con sus garras energéticas. Assaultmon levantó el antebrazo blindado y detuvo la embestida, aunque el roce dejó una marca incandescente en la aleación.

Violetta se movía entre las sombras de las columnas, lanzando hilos que cortaban el aire con un silbido. GrandGalemon los esquivaba a base de saltos cortos y giros de ala, mientras BaoHackmon interponía su cuerpo para cortar los que lograban acercarse a Bastemon.

En un instante, la mujer araña se dejó caer desde lo alto como una cazadora implacable, su silueta recortándose contra la luz mientras descendía en un arco preciso. La gravedad parecía arrastrarla directo hacia Dvalin, que giró bruscamente y respondió con un barrido de ala que comprimió el aire como una ráfaga sólida, obligándola a retroceder. Aun así, las patas delanteras de Archnemon alcanzaron a rasgar la hombrera derecha del Digimon alado, desprendiendo fragmentos de metal que giraron en el aire antes de caer como cascadas de chispas.

Iron Fist no perdió el momento; su cuerpo blindado se tensó y embistió con el hombro, golpeando de lleno el torso de Dainsleif. El impacto lo arrastró varios metros, levantando un eco seco de piedra contra piedra hasta que ambos se estrellaron contra una estatua de mármol que estalló en pedazos, dejando polvo en suspensión que arañaba la garganta al respirar.

GrandGalemon giró sobre sí mismo, el borde sólido de su gunbai describiendo un arco implacable antes de impactar contra el costado de Assaultmon. El golpe no solo lo empujó hacia una columna ya agrietada, sino que liberó una onda de choque visible, deformando el aire a su alrededor y dejando un eco grave que vibró en las paredes. El metal crujió con un sonido que recordaba al gemido de una armadura vieja, y por un instante, los dos quedaron atrapados en un pulso brutal, los músculos y servomotores en tensión máxima, mirándose como si intentaran quebrar la voluntad del otro solo con la fuerza de sus miradas.

El aire pesaba. El sudor resbalaba por la sien de Tatsuya, mezclándose con el polvo, y la mirada fija de Logan destilaba cálculo puro. No había destellos de cartas, ni brillos de datos corriendo por el aire, solo cuerpos, peso, y la crudeza de una batalla medida en fuerza, resistencia y la precisión de cada movimiento. Assaultmon lanzó un puño con la fuerza de un martillo hidráulico, y GrandGalemon interceptó el golpe con el cuerpo del gunbai; el contacto generó un estallido seco que liberó otra onda expansiva, levantando polvo del suelo y produciendo un retumbar que resonó como campanas de hierro golpeándose con furia.

BaoHackmon se deslizó bajo la guardia del blindado, su espada trazando una línea rápida que fue bloqueada por el antebrazo del oponente; la fricción dejó un surco brillante sobre la armadura ennegrecida. Archnemon, aprovechando la distracción, descendió desde una columna intentando envolver a GrandGalemon con sus patas como una trampa mortal, pero este la rechazó con un aletazo feroz que levantó una nube de polvo y arrancó fragmentos de mármol que cayeron al suelo con un estrépito seco.

En ese momento no existían órdenes, solo instinto. El estruendo del metal contra metal se mezclaba con las pisadas fuertes sobre el suelo de piedra, y la presión física se sentía tan densa que hasta el murmullo nervioso de los civiles que grababan con sus móviles parecía quedar atrapado en el aire. Logan clavó los ojos en Tatsuya sin decir una palabra. Selene giró lentamente su abanico, un gesto silencioso que resonó más que cualquier grito, y ambos Tamers dieron un paso atrás. Assaultmon bajó los cañones y retrocedió; Archnemon desapareció en un salto ágil hacia las sombras, como si se disolviera en ellas.

Nadie los persiguió. Dainsleif y Dvalin permanecieron firmes, sus cuerpos alineados como muros vivientes frente a Bastemon, vigilando el pasillo por donde se habían marchado los enemigos. Solo quedó el eco hueco de las pisadas metálicas alejándose, hasta que el silencio volvió a apoderarse de la galería, roto apenas por el crujido distante de los escombros cayendo desde las alturas.​
 
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El silencio que siguió a la retirada de Logan y Selene se volvió un peso denso en el aire, más sofocante que el estruendo de la batalla. El suelo de la Galería de Arte "Espejismos" estaba cubierto de fragmentos de mármol astillado, cristales rotos y jirones de telarañas arrancadas por los golpes. El olor metálico del polvo recién levantado se mezclaba con un eco distante de pasos que ya no estaban allí. GrandGalemon permanecía en vuelo bajo, girando en círculos como un depredador que aún olfatea la presa, los ojos fijos en cada salida. BaoHackmon, con movimientos medidos, revisaba el perímetro, deteniéndose a escuchar cada crujido.
Bastemon permanecía junto a Tatsuya, la cola baja, las orejas tensas, el cuerpo aún en alerta.


Tatsuya dio un par de pasos hacia ella, la voz contenida para no romper la frágil calma.-¿Estás bien?-

Ella asintió, aunque sus manos temblaban como si la vibración del combate siguiera resonando en sus huesos.
-Físicamente… sí. Pero mentalmente… -su mirada se hundió en el suelo, como si buscara apartar un recuerdo- esto me recordó demasiado a lo que pasó con Tesla-.


Tatsuya guardó silencio, y el silencio se volvió más profundo, como si absorbiera la luz.
-No lo permitiremos esta vez-.


En un salón discreto del ala este del palacio, lejos de miradas curiosas y con la puerta cerrada, el grupo se replegó. Dvalin y Dainsleif habían regresado a sus formas Chidls para descansar, y Bastemon se sentaba frente a Tatsuya con una copa de agua que giraba lentamente en sus manos.

-Hoy no querían matarme -dijo ella, la voz baja, pero firme- Si ése hubiera sido el objetivo, lo habrían hecho cuando la galería estaba llena-.

-Coincido -respondió Tatsuya, observando la superficie del agua reflejar la luz de la lámpara- No buscaban eliminarte… sino medirnos-.

-La Rogue Guild no actúa así sin motivo. Hay algo más- Dainsleif lo meditó.

-Y lo encontraremos. -Abrió un pequeño cuaderno, escribiendo sin dejar de mirarla - Logan y Selene no actuaban por cuenta propia. Alguien los envió-.


-¿Una prueba para un golpe mayor?- Dvalin levantó la cabeza desde un rincón, con voz grave.

-O una distracción, para que no miremos donde realmente deberíamos-.Bastemon dejó la copa sobre la mesa con un leve golpe.


En la Sala de Estrategia, la penumbra solo era rota por la luz que caía sobre el mapa extendido en la mesa central. Bastemon señaló con una garra tres puntos estratégicos.
-No volverán a caer en algo tan visible como la galería. Esta vez, los provocaremos-.

-Les daremos una ventana que no podrán ignorar -dijo Tatsuya - Un traslado mío contigo, sin la guardia completa, por una zona menos vigilada. Pero tendremos cobertura encubierta en todo el trayecto-.


Dvalin movió las alas con un leve batir que hizo crujir el pergamino del mapa.
-Si aparecen, cerramos la ruta y capturamos a uno-.

-Solo necesitamos a uno que hable -afirmó Dainsleif, con voz como filo de cuchillo-




La trampa se preparó en el Mercado de las Aves al día siguiente. Entre puestos coloridos y jaulas vibrantes, Tatsuya y Bastemon caminaban con aparente tranquilidad, la multitud creyendo que eran simples visitantes. Pero cada esquina, cada toldo, escondía ojos aliados: Digimon camuflados, miradas que nunca se apartaban. Un cambio sutil en el murmullo avisó que el momento había llegado.


Un hombre alto, gabardina larga y gafas oscuras se detuvo, y de datos oscuros emergió un Triceramon que bloqueó un callejón entero con su masa. En el lado opuesto, una mujer de cabello corto y mirada gélida se abrió paso, seguida de un Piccolomon armado con improvisados proyectiles metálicos.
-Muy listos para salir de compras -dijo ella con una sonrisa cortante - Lástima que aquí no haya salidas libres-.


Desde los tejados, GrandGalemon y BaoHackmon descendieron como sombras rasgando el cielo. El golpe de aire al aterrizar dispersó polvo y plumas de las jaulas cercanas.

-Ahora -ordenó Tatsuya, señalando.

GrandGalemon se abalanzó contra Triceramon, desviando su embestida con un choque de metal y energía que sacudió la calle como si un trueno hubiera estallado a ras de suelo. El cuerno principal del dinosaurio blindado resbaló contra la armadura, arrancando chispas, pero en el mismo movimiento, Triceramon giró la cabeza y embistió de nuevo con una fuerza que hizo crujir las juntas metálicas de su adversario. GrandGalemon retrocedió un paso, clavando las garras en el pavimento, y contraatacó con un corte ascendente; Triceramon lo bloqueó con una de sus placas laterales, el impacto dejando una vibración metálica en el aire.

BaoHackmon mantenía ocupado a Piccolomon, obligándolo a retroceder con ráfagas cortantes como cuchillas invisibles. Entre la confusión, uno de los tamers intentó escabullirse, pero un grupo de aliados de Bastemon cerró el paso. Dainsleif, con un movimiento seco y calculado, lo derribó al suelo, asegurándose de no provocar una herida letal. La mujer que lo acompañaba arrojó una cápsula, liberando una nube espesa de humo que la ocultó por completo; cuando se disipó, ya no estaba. El hombre, en cambio, yacía boca abajo, respirando agitado, con grilletes de contención bloqueando su Digivice. Bastemon avanzó hasta él, su sombra envolviéndolo como un manto oscuro.

-No tienes idea del error que cometiste viniendo aquí -dijo con voz baja pero cortante.

El capturado no respondió; la tensión en su mandíbula lo delataba más que cualquier palabra.

-Llévalo a la sala segura -ordenó Tatsuya a Dainsleif-Vamos a ver cuánto tarda en hablar-.

Detrás, un nuevo estruendo recordó que el duelo no había terminado. Triceramon, aprovechando un instante en que GrandGalemon giraba para esquivar, embistió con precisión letal, su cuerno central impactando en la unión de dos placas de armadura. El golpe lo levantó del suelo y lo arrastró varios metros, abriendo un surco en el asfalto. Sin darle respiro, descargó una serie de embestidas que sacudieron la calle, acorralándolo contra la fachada de un edificio.

Aprovechando un resquicio en la ofensiva del saurio, GrandGalemon batió sus alas con violencia y se impulsó hacia arriba. El metal relució bajo la luz, y en pleno vuelo activó su técnica Wing Tornado, girando a gran velocidad en una espiral letal. Sus alas, endurecidas como cuchillas, impactaron con fuerza en el costado de Triceramon, arrancándole un bramido y lanzándolo a rodar por el pavimento, dejando un rastro de polvo y fragmentos de asfalto.

Triceramon intentó incorporarse, tambaleante, pero GrandGalemon cerró la distancia en un parpadeo y descargó un golpe ascendente con la hoja, seguido de un martillazo con el puño blindado directo al cráneo. El impacto resonó como un trueno, y la mole blindada quedó inmóvil, cayendo pesadamente sobre un costado. El polvo se elevó en espirales, marcando un silencio momentáneo.

GrandGalemon permaneció erguido, respirando con fuerza, su silueta recortada contra el humo, mientras a unos metros Bastemon ya se alejaba con el prisionero escoltado, las miradas de los aliados fijas en el guerrero que acababa de derribar a uno de los pesos pesados del enemigo. El aire olía a ozono y metal caliente, y la calle aún temblaba con el eco del combate.

Tatsuya observó a GrandGalemon desde la distancia, con una media sonrisa que no alcanzaba a borrar la tensión de su rostro.

-Ese rugido… lo escucharon todos en el Dominio Este -murmuró, como si ya estuviera calculando el efecto en la moral de la Rogue Guild.

Bastemon ladeó la cabeza, sus ojos fijos en el cuerpo inconsciente de Triceramon.

-Y más de uno lo pensará dos veces antes de volver a cruzarse con nosotros.
-.



En el subsuelo del palacio, la sala de seguridad era fría, de piedra áspera, iluminada por una sola lámpara que colgaba sobre la cabeza del prisionero. Las paredes parecían absorber cualquier sonido. El hombre estaba sentado en una silla de metal, las muñecas presionadas por grilletes de datos que bloqueaban cualquier conexión digital.

Tatsuya permanecía de pie, brazos cruzados, estudiando cada reacción. Dvalin y Dainsleif custodiaban la puerta. Bastemon se mantenía detrás del prisionero, como una presencia que podía sentir en la nuca.

-Voy a ir directo al grano -dijo Tatsuya, con voz controlada-. ¿Quién te envió?-.


El hombre sonrió con un gesto mínimo.

-¿Crees que voy a soltarlo así de fácil?-.


-No -Tatsuya ladeó la cabeza-. Pero creo que no aguantas diez minutos aquí-.


Bastemon dio un paso al frente, la cola moviéndose lentamente, casi serpenteando.
-La última persona que intentó usarme como objetivo murió en circunstancias que ni la Rogue Guild pudo borrar de sus registros -su voz sonó como una amenaza envuelta en terciopelo-. ¿Quieres ser el siguiente?-


-No es personal… aunque para algunos de los nuestros sí lo sea. Bastemon es un símbolo -el hombre tragó saliva, pero se aferró a su compostura-.


-¿Símbolo de qué? -preguntó Tatsuya.


-De todo lo que está mal en la política del Dominio Este. Comerciar información con humanos. Pactar con Digimons que… -hizo una pausa-que no deberían existir-.


-Así que es ideológico -Bastemon entrecerró los ojos.

La sonrisa volvió a aparecer en el rostro del prisionero, pero esta vez había un brillo distinto en su mirada, como si disfrutara con lo que iba a decir.
-Y no te confundas… no quieren humillarte ni quitarte tu puesto. Quieren verte muerta. Quieren tu cuerpo tirado en la calle, para que todos lo vean-.


Tatsuya no parpadeó. El aire en la sala se volvió tan denso que parecía que cada respiración pesaba.

-Entonces será más rápido de lo que pensaba -dijo, sin apartar los ojos de él.



Dvalin dejó escapar un gruñido bajo, las plumas del cuello erizadas. -Si creen que pueden tocarte, tendrán que atravesarnos primero… y no vivirán para contarlo-.


Dainsleif dio un paso al frente, los puños apretados y las garras brillando con un tenue filo de datos. Sus ojos se entrecerraron, midiendo la distancia entre él y el prisionero como si pudiera cerrarla en un instante.
-Que lo intenten. Les demostraré que morir en combate sería un privilegio… y yo no pienso concedérselo -.


El prisionero sostuvo la mirada de ambos, pero la tensión en sus hombros lo traicionó; sabía que esas promesas no eran amenazas vacías.



Bastemon los observó en silencio, dejando que la tensión se asentara. La firmeza en las palabras de Dvalin, la contundencia en la postura de Dainsleif y la calma férrea de Tatsuya frente al enemigo le confirmaron algo que ya empezaba a sentir desde el combate en la galería: no estaba sola. Sintió cómo sus hombros, inconscientemente tensos desde hacía horas, se relajaban al fin, y soltó el aire que no se había dado cuenta de que retenía.

Sus ojos buscaron a Tatsuya, y él, como si hubiera sentido el cambio, la miró un instante. No hubo palabras, pero en ese cruce de miradas se dibujó un entendimiento silencioso, un pacto no dicho. Él inclinó apenas la cabeza, un gesto mínimo, pero cargado de significado: un reconocimiento, y quizá una promesa. Bastemon sintió que ese simple movimiento decía más que cualquier discurso. Quizá Lunia estuviera equivocada respecto a Tatsuya; después de todo, alguien que se interpone así entre ella y la muerte no puede ser tan frío ni tan calculador como él aparenta.

Sin embargo, al bajar la vista y ver al prisionero encadenado, una chispa de inquietud le recorrió la espalda. Ese hombre no era más que un peón, y aun así había llegado tan cerca. Si fuera capaz de encontrarla, otros, más peligrosos, también podrían hacerlo. La sensación de seguridad que acababa de abrazar se mezcló con una conciencia amarga: el verdadero peligro seguía ahí fuera, esperando su momento.

 
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La sensación de seguridad que acababa de abrazar se mezcló con una conciencia amarga: el verdadero peligro seguía ahí fuera, esperando su momento. Sus hombros ya se habían relajado, su respiración se había vuelto más tranquila, pero la imagen del prisionero encadenado y sus palabras aún retumbaban en su mente. No había duda: no buscaban debilitarla ni desacreditarla… querían verla muerta.

No pasó mucho antes de que estuvieran de nuevo en la Sala de Estrategia. El mapa de la ciudad y del Dominio Este se desplegaba sobre la mesa, iluminado por lámparas bajas que proyectaban sombras alargadas sobre las paredes. El aire olía a tinta fresca y metal. Tatsuya estaba de pie frente a todos, el ceño fruncido, la mirada fija en el trazado urbano. Bastemon, a su lado, cruzaba los brazos, su cola oscilando lentamente, aún con el eco del interrogatorio palpitando bajo su piel.

- Sabemos que no atacan al azar -dijo Tatsuya - Tienen células distribuidas y, si derribamos una, las demás se ocultan. Así que iremos por las conexiones, no por las cabezas visibles.-

-Empezaremos con sus proveedores y enlaces de información. Sin recursos, no podrán mover a sus Digimon Perfect o más fuertes dentro de la ciudad- Bastemon apoyó una garra sobre el mapa, sus uñas marcando el papel.

- ¿Y si reaccionan rápido? -Dainsleif ladeó la cabeza.

-Por eso lo haremos en paralelo-respondió el Tamer nipón -Mientras un equipo actúa en el mercado negro, otro rastrea a sus informantes internos-.

Un murmullo recorrió la sala, y en ese momento, Gazimon, uno de los sirvientes veteranos del palacio, entró con una bandeja de té.

-Perdón la interrupción, Majestad. Pensé que podrían necesitar algo para la noche larga-.

Bastemon asintió sin mirarlo demasiado. Gazimon dejó la bandeja sobre la mesa y se retiró, pero Tatsuya captó un breve intercambio de miradas entre él y uno de los guardias de la puerta. No dijo nada, aunque lo anotó mentalmente como un trazo rojo en el margen de un plan mayor.

La conversación siguió en un tono tenso, pero en el fondo, el japonés no pudo evitar pensar en Gazimon. Había algo en su comportamiento que no terminaba de encajar. Las miradas furtivas, las manos temblorosas al dejar la bandeja, el extraño gesto al retirarse… todo eso fue suficiente para que Tatsuya lo anotara en su lista de sospechosos.
La tensión se acumulaba en la sala, y aunque la presencia de Gazimon se desvaneció con la puerta cerrándose tras él, la incomodidad persistió en el aire. Bastemon seguía mirando el mapa, como si las rutas de la ciudad pudieran de alguna manera desvelar la verdad que escondía ese pequeño sirviente. Dainsleif, siempre tan atento a los detalles, se cruzó de brazos, su mirada fija en la mesa.

- Tatsu, me parece que estamos pasando por alto algo muy importante -dijo Dainsleif con su tono grave, casi distante. -¿Cómo podemos estar tan seguros de que Gazimon está implicado directamente? No niego que sus movimientos sean sospechosos, pero no podemos olvidar que es un veterano. ¿Qué pasa si nos estamos enfocando demasiado en él y dejamos que el verdadero peligro pase desapercibido?-.

Tatsuya se giró hacia él, frunciendo el ceño. La duda en la voz de Dainsleif fue algo que no había considerado. Había demasiadas piezas en juego, y tal vez estaban concentrándose demasiado en un único objetivo.


-Entonces, ¿qué propones, Dainsleif? -preguntó su Tamer, observando al Digimon dragón con una mirada intensa -¿Debemos dejarnos llevar por las pruebas, aunque sean indirectas? ¿O, tal vez, deberíamos dejar de lado nuestra intuición y actuar como si nada estuviera mal?-.

Dainsleif, su postura erguida como un lince acechando su presa, contempló la pregunta por un momento antes de hablar con calma.

-No estoy diciendo que ignoremos las pistas, Tatsu, pero debemos entender que hay una red mucho más compleja en juego. Si Gazimon es solo un peón, ¿por qué está en el centro de todo? ¿Cómo ha conseguido acceso a la información que tiene? Quizás no sea una cuestión de un infiltrado aislado, sino de una célula que juega a dos bandas, manipulándonos para llevarnos al lugar donde quieren-.

Tatsuya lo miró fijamente, como si las palabras de Dainsleif revelaran un punto ciego en su estrategia. Durante tanto tiempo, habían centrado sus esfuerzos en Gazimon como si fuera la única pieza del rompecabezas, pero las implicaciones de lo que Dainsleif sugería desbordaban cualquier comprensión simple.

- ¿Estás sugiriendo que lo que estamos viendo no es lo que parece? -preguntó Bastemon, casi sin inmutarse, pero con la mirada fija en Dainsleif -Que todo esto es una especie de trampa mayor para hacernos caer en una red aún más profunda...-.

- Exactamente. Si Gazimon está tan perfectamente integrado en los hilos de la Rogue Guild, ¿quién lo controla? ¿Quién más está involucrado? De alguna manera, tenemos que trazar todas sus conexiones. Y no es solo él quien está moviendo las piezas. Alguien o algo más, mucho más grande, debe estar detrás de su mano - Dainsleif asintió lentamente, su mirada de fuego reflejaba la gravedad de lo que estaba diciendo.

Bastemon, tras escuchar las palabras del dragón blanco encapuchado, se cruzó de brazos con una expresión que reflejaba tanto su malestar como su aceptación de que algo aún más peligroso acechaba en las sombras. Sin embargo, su tono fue firme.

- Aunque coincido en que estamos ante algo mucho más grande, no podemos seguir esperando que la verdad se nos caiga del cielo. Gazimon está en el centro de la acción. Es el punto de inicio. Necesitamos más pruebas directas, no solo suposiciones. Si él tiene acceso a información interna del palacio, necesitamos confrontarlo de inmediato. Si está en contacto con la líder, tenemos que darle seguimiento hasta el final-.

Dainsleif inclinó la cabeza, reflexionando, pero no dio su brazo a torcer.

- Estoy de acuerdo en que hay que actuar, pero nuestra prioridad debe ser entender quién está detrás de todo esto. Gazimon es solo un peón más, y no podemos sacrificar nuestras mejores cartas antes de entender qué hay realmente detrás de su fachada-.

Un silencio tenso recorrió la sala antes de que Tatsuya hablara nuevamente, su tono más decidido que nunca.

- De acuerdo, todos tenemos un punto válido, pero no podemos permitirnos más dudas. Las pistas que tenemos hasta ahora apuntan directamente a Gazimon, y no tenemos tiempo que perder. -Hizo una pausa, mirando a Bastemon y luego a Dainsleif - Seguiremos la cadena, y si encontramos a alguien más en el camino, lo descubriremos. Pero no podemos quedarnos ahí esperando a que las piezas caigan solas.



Dvalin, que había permanecido en silencio durante toda la discusión, intervino desde su posición elevada, sus ojos dorados brillando con un matiz calculador. -Lo que Tatsuya dice tiene sentido. No podemos quedarnos atrás por pensar que la red es más grande que lo que vemos. Si seguimos a Gazimon, eventualmente veremos a quién realmente responde. Pero, como Dainsleif sugiere, necesitamos no solo pruebas directas, sino una forma de ver más allá de lo obvio. Necesitamos rastrear sus contactos, sus patrones, su red de comunicaciones-.

La decisión fue tomada: no sería suficiente seguir a Gazimon hasta el contacto final y simplemente encontrar más pruebas. El enemigo tenía que ser rastreado en su totalidad, desde la raíz hasta la punta de la cadena.

A pesar de la importancia de la situación, Tatsuya no podía apartar la inquietante sensación de que Gazimon estaba más involucrado de lo que parecía. Con la misión en marcha y las prioridades claras, decidió que ese día tendrían que centrarse completamente en él. Se necesitaba más que una simple observación para descubrir qué estaba haciendo realmente el sirviente del palacio.


- Necesitamos más pruebas directas- El pelinegro había tomado la decisión esa misma tarde. -Dainsleif, Dvalin, vamos a seguirlo. Tenemos que estudiarlo a fondo.

- De acuerdo, pero esto tomará tiempo. Necesitamos paciencia y una estrategia para no ser detectados. Gazimon no va a dejar que lo sigamos sin más- Dainsleif, siempre meticuloso, asintió sin dudar.

Dvalin, por su parte, se mostró más pensativo, mirando el horizonte con los ojos fijos en lo que parecía la lejanía. Su mente procesaba los datos rápidamente, buscando la manera de no dejar cabos sueltos.

- Tatsuya tiene razón, pero no olviden que Gazimon puede estar perfectamente preparado para detectar una amenaza. Si no actuamos con precisión, todo esto será en vano. Necesitamos entrar en su rutina, entender sus movimientos, sus pausas, sus patrones-.

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Durante el día siguiente, Tatsuya, Dainsleif y Dvalin se distribuyeron las tareas. Mientras el Tamer se mantenía lo suficientemente cerca para no perder de vista al objetivo, Dainsleif y Dvalin se encargaban de obtener datos más profundos a través de canales no convencionales, rastreando las rutas y movimientos de Gazimon en las calles y los sectores cercanos al palacio.

Al principio, todo parecía normal. Gazimon seguía con su rutina habitual: hacía entregas de té, se ocupaba de las tareas menores del palacio, y nada parecía indicar que estuviera haciendo algo fuera de lo común. A lo largo del día, Tatsuya había tomado nota de sus movimientos sin encontrar nada que realmente pudiera comprometerlo. De hecho, Gazimon actuaba con la misma naturalidad de siempre, caminando por los pasillos con paso firme, sin levantar sospechas.

Pero al tercer día, mientras se mantenían ocultos en una esquina del mercado nocturno, algo cambió. Tatsuya observó a Gazimon, quien acababa de terminar una tarea aparentemente sencilla: entregar un paquete sellado a un grupo de mercaderes. Al salir, El ex-yakuza lo siguió hasta un callejón cercano, donde Gazimon se detuvo repentinamente. Miró alrededor, como si verificara si alguien lo seguía. Esa acción, tan simple y discreta, fue suficiente para que Tatsuya levantara la ceja.

- Dainsleif, Dvalin, ¿vieron eso? -preguntó Tatsuya en voz baja.


-Sí, lo vi -respondió Hackmon analizando cada movimiento con su aguda percepción- No parece mucho, pero ese tipo de gesto no es casual. Está comprobando si alguien lo sigue, como si estuviera ocultando algo-.

El ave dragón, desde un punto más alto, también observó el comportamiento de Gazimon. Su mirada aguda le permitió ver detalles que Tatsuya no había captado inicialmente.

-Hay algo más. Gazimon se mueve como si estuviera esperando a que alguien lo abordara, como si estuviera en comunicación constante con alguien -Dvalin apuntó hacia el horizonte -El mercado está vacío, pero Gazimon no parece preocupado por eso. Más bien, está esperando una señal-.

- ¿Qué tipo de señal? -Tatsuya preguntó, sin apartar la mirada de Gazimon, quien continuaba su camino con pasos más rápidos.

-No estoy seguro, pero podría ser algo más que una simple coincidencia. -Dainsleif añadió- Hemos visto patrones similares antes. Movimientos apresurados, confirmaciones ocultas con otras personas. Tal vez no sea tan inocente como pensamos.

Tatsuya asintió, observando al sirviente mientras cruzaba las calles y entraba en un pequeño edificio apartado. Era hora de actuar, pero lo harían con cautela.

- Sigámoslo, pero sin dejar rastro. Esta vez, no será tan fácil dejarlo escapar.-


A lo largo de esa jornada, mientras se infiltraban sigilosamente detrás de Gazimon, comenzaron a notar más patrones extraños. Los movimientos de Gazimon eran calculados y seguían una pauta: no parecía solo hacer entregas o cumplir con su trabajo habitual. Cada vez que entregaba algo, realizaba un movimiento extraño, un leve toque en el bolsillo, un giro hacia un punto específico, como si estuviera esperando a recibir algo. Esos gestos estaban demasiado enfocados para ser aleatorios.

Ya era tarde en la noche cuando Gazimon, después de salir del edificio, se dirigió a un mercado clandestino. Los tres lo observaron desde las sombras, sin hacer ruido. Él se detuvo frente a una de las tiendas, donde un hombre de rostro cubierto lo esperaba. El intercambio que siguió no fue claro, pero el gesto de Gazimon al entregar un sobre a manos del extraño, seguido de una mirada rápida hacia el horizonte, fue más que suficiente para Tatsuya.

-Esto ya no es un error de coordinación -dijo Tatsuya, tras un suspiro de frustración contenida.-Está trabajando con alguien más. Esto no es solo un sirviente.-

- El que haya seguido este patrón durante tanto tiempo sin ser detectado nos da una clara pista -comentó Dainsleif-Ya sabemos que Gazimon es un eslabón, pero no el único. Necesitamos más pruebas, más evidencia para descubrir quién está en el otro extremo de todo esto.-

- Ahora estamos un paso más cerca -respondió Tatsuya, con los ojos brillando de determinación- El próximo movimiento es el que nos llevará directamente al corazón de todo esto.-
 
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A medida que la noche avanzaba y Gazimon desaparecía en las sombras, los tres sabían que la investigación había dado un giro inesperado. Habían encontrado un patrón, pero el verdadero desafío estaba por llegar. ¿Qué tan lejos llegarían para destapar la verdad detrás de Gazimon? La respuesta parecía cada vez más cercana.

El aire frío de la madrugada envolvía las calles vacías mientras Tatsuya, Dainsleif y Dvalin continuaban su seguimiento. Gazimon, ajeno a la vigilancia, avanzaba rápidamente, sin prisa, pero sin pausa, como si todo estuviera bajo control. El mercado clandestino había quedado atrás, y el pequeño sirviente del palacio se dirigía hacia una zona aún más oscura de la ciudad, donde las sombras parecían tragarse las paredes y las luces parpadeaban sin querer iluminar el misterio que se desplegaba ante ellos.

-Ya estamos muy cerca. No podemos perderlo ahora -susurró Tatsuya, apretando los dientes mientras avanzaba entre los callejones.

Dainsleif estaba al tanto de cada paso, su visión aguda captaba incluso el más mínimo cambio en la conducta de Gazimon. El Digimon había dejado atrás el mercado, pero su actitud seguía siendo inusualmente cautelosa. Las miradas rápidas hacia atrás, el ritmo irregular en su caminar... Todo indicaba que alguien estaba esperando en el otro lado de su destino.

-Hay algo más, Tatsu. Mira su postura. -Dainsleif observó - Está demasiado relajado para alguien que, como él, siempre debería estar alerta. Es como si supiera exactamente a dónde se dirige... como si lo estuviera esperando alguien-.

-No solo eso. Cada vez que se detiene, su mirada parece buscar algo, como si estuviera en espera de una señal... Como si estuviera midiendo el tiempo entre sus acciones. ¿Y si está sincronizado con algo? Es como si toda su rutina estuviera diseñada para coincidir con algo más grande, algo que aún no entendemos-añadió Dvalin desde su posición elevada, volando ligeramente por encima de ellos,


Tatsuya se detuvo un momento, procesando las palabras de Dainsleif y Dvalin. La tensión aumentaba, y con cada paso que daban, parecía que Gazimon los guiaba hacia un callejón sin salida. De repente, el sirviente giró en una esquina y desapareció dentro de un viejo almacén. Tatsuya y sus compañeros se detuvieron a unos metros de la entrada, agazapados en las sombras.

-Este es el lugar -dijo Tatsuya en voz baja- Seguiremos hasta el final-.


Decidieron dividirse nuevamente. Tatsuya y Bastemon se quedarían cerca de la entrada principal, mientras Dainsleif y Dvalin seguirían desde los techos, buscando alguna salida o punto de acceso alternativo. La ciudad respiraba en silencio, como si también estuviera esperando a que el desenlace de esta persecución se desvelara.

Pasaron unos minutos, pero el tiempo se estiraba de manera insoportable. Tatsuya sentía el peso de la duda sobre él, como si Gazimon estuviera jugando con ellos, guiándolos hacia un objetivo incierto. Sin embargo, algo cambió cuando, finalmente, el sirviente volvió a aparecer en la entrada del almacén, ahora acompañado de un Digimon desconocido. Su figura era imponente, con una armadura negra que reflejaba la luz de las farolas cercanas. La interacción entre ellos fue breve, casi ceremoniosa, y lo que Tatsuya vio hizo que su corazón latiera más rápido: Gazimon le entregaba algo al Digimon, un pequeño paquete envuelto en tela oscura, el mismo sobre sellado que había visto antes.

Tatsuya no podía dejar de pensar en las implicaciones. El paquete que Gazimon entregaba podría ser la clave para entender toda la red de traiciones que estaba tejiendo la Rogue Guild.

-Dainsleif, Dvalin, ¿lo vieron? - dijo el nipón a través del comunicador, sin apartar los ojos de la escena- Esto es más grande de lo que pensábamos. No solo hay un contacto. Hay una red que ni siquiera hemos empezado a desenredar-.

-Lo vi -respondió Dainsleif -La pregunta es, ¿quién más está involucrado? Esa figura, el Digimon con armadura, no es alguien común. Parece que todo esto está coordinado-

-Hay algo más. Observa el lugar. Está lleno de dispositivos antiguos y señales electrónicas. No es solo un almacén. Esto parece un punto de control. añadió Dvalin, desde el techo.

Tatsuya se mordió el labio inferior. La escena estaba clara: Gazimon no solo estaba siendo manipulado, sino que él mismo era una pieza clave en una estructura mucho más compleja. Y ahora, con la confirmación de que estaba entregando información crucial a alguien con poder, Tatsuya sabía que tenían que actuar con rapidez.

-Vamos a necesitar más que solo pruebas. Necesitamos infiltrarnos -dijo Tatsuya, con una determinación renovada - Esto no es solo una traición aislada. Es una invasión de nuestras propias defensas-.

Con la información recopilada, el equipo se preparó para el siguiente paso. No podían esperar más. La pista los había llevado hasta un lugar clave, y ahora solo quedaba seguir la corriente hasta llegar a la raíz de la conspiración.



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De regreso al palacio, con la oscuridad de la noche cubriéndolos, Tatsuya y el equipo se reunieron para formular su siguiente movimiento. Sabían que el enemigo estaba al tanto de que estaban cerca, pero no podían retroceder. Si Gazimon era la pieza inicial, había algo mucho más grande detrás. La tensión se sentía en el aire.

-Daremos el siguiente paso. Necesitamos acceso a esos planos, a esas rutas. Vamos a llevar la batalla hasta la puerta de ellos. No les dejaremos escapar esta vez-.Tatsuya levantó la cabeza, los ojos llenos de resolución.

-Y esta vez, no habrá escape para ellos-. Bastemon, con su feroz determinación, asintió.

Al caer la noche, vestidos con ropa común gracias al Change Mirror, Tatsuya y Bastemon se movían sigilosamente por las calles desiertas de la ciudad, donde solo las débiles farolas iluminaban con poca fuerza la niebla nocturna. La quietud de la noche parecía envolverse en un silencio ominoso, interrumpido solo por el suave crujir de los pasos de los dos. En lo alto, Dvalin y Dainsleif permanecían ocultos entre las sombras de los tejados, vigilando cada movimiento con la precisión de depredadores que acechan en la oscuridad.

A lo lejos, Gazimon avanzaba rápidamente por el mercado nocturno, deslizándose de sombra en sombra, evitando las áreas iluminadas con una agilidad que dejaba claro que conocía cada rincón del lugar. Tatsuya observó su movimiento con atención, sabiendo que cada detalle podría ser la clave para llegar hasta el final de la cadena.

De repente, el mensaje codificado llegó al móvil de Tatsuya: "Cámara 14 – destino probable: bodega sector 9".

Tatsuya hizo una señal a Bastemon, indicándole que avanzaran sin perder de vista a su objetivo. Ambos se movieron con cautela, desapareciendo en la oscuridad mientras seguían a Gazimon a una distancia prudente. La bodega estaba cerca. Al llegar, vieron cómo Gazimon se detenía frente a una puerta lateral de un edificio en ruinas, golpeando tres veces con precisión. Un Keramon, desde dentro, lo dejó entrar sin ningún reparo.

Tatsuya y Bastemon, agazapados, miraron a través de una rendija rota en la madera. En el interior, Gazimon conversaba con un hombre de chaqueta oscura y guantes sin dedos, rodeado de mapas y rutas dispersas sobre una mesa. Bastemon tensó sus garras, mientras su respiración se sincronizaba con el latir de su corazón.

-No vamos a intervenir aquí -murmuró Tatsuya, su voz grave y apenas audible- Esto es para confirmar… y seguir la cadena-.

La reunión terminó poco después. Gazimon salió con un paquete pequeño, cuidadosamente sellado, una carga que parecía indicar la confianza depositada en él. Tatsuya entrecerró los ojos: ese era el momento.

El Digimon caminaba con paso acelerado por los callejones húmedos, sin percatarse de las miradas que lo cazaban desde las sombras. Fue entonces cuando Tatsuya levantó una carta y la señaló con firmeza hacia su compañero.

El D-Arc de Tatsuya vibró con un destello de la carta Illusion Mist y Dainsleif ejecutó la técnica a continuación: La niebla brotó como un río de humo vivo, expandiéndose entre los muros y envolviendo a Gazimon en un mar de sombras. Ilusiones borrosas se alzaban entre la bruma: pasos que no existían, voces distorsionadas, siluetas que parecían seguirlo.

-¿Quién anda ahí? -gruñó el mamífero grisaseo, girando en círculos con el paquete apretado al pecho.

La confusión era perfecta. Fue entonces cuando Dvalin descendió desde lo alto como un rayo oscuro. Sus movimientos eran precisos, invisibles entre la niebla. Con un gesto limpio arrebató el paquete de las manos de Gazimon, que ni siquiera sintió el vacío: la ilusión seguía proyectando el peso falso en sus garras.

Gazimon, engañado, siguió caminando a trompicones, convencido de que aún lo llevaba consigo. Murmuraba insultos contra las sombras ilusorias que lo rodeaban, sin notar que ya había sido despojado.

Esa misma noche, en una bodega sellada del barrio alto, Tatsuya, Bastemon, Dainsleif y Dvalin abrieron el paquete sobre una mesa astillada. Dentro, hallaron planos detallados del palacio, rutas de mantenimiento y códigos de apertura temporales. Bastemon apretó los dientes, su postura rígida delatando la rabia contenida.

-Esto no es solo traición… -dijo con voz gélida - Es una invitación abierta para que entren a mi palacio cuando les dé la gana.-

-Y con esto tenemos para derribarlo cuando queramos. Pero antes, seguimos hasta su contacto final-
Tatsuya mantenía la calma, calculando en silencio.

La pista los llevó más tarde al barrio de las Torres Viejas, una maraña de pasillos abandonados y luces mortecinas que parecían nunca apagarse. Gazimon se adentró sin dudar, hasta llegar a una sala de carga donde lo esperaba un humano de coleta oscura y un Gigadramon que vigilaba con mirada inclemente.

Aunque el paquete había desaparecido en algún punto del trayecto, Gazimon no se preocupó. Lo esencial no eran los papeles sellados, sino lo que había memorizado al detalle en la reunión anterior. Por eso caminaba erguido, con la seguridad de quien porta un secreto invaluable.

-¿Toda la información? -preguntó el contacto humano, con voz baja y controlada.

-Sí, con los horarios de cambio de guardia -respondió Gazimon, firme-Si se mueven en la ventana correcta, no tendrán resistencia-.

-La líder estará complacida-Gigadramon inclinó la cabeza, su voz metálica retumbando como un motor apagado.

El humano asintió satisfecho, sin preguntar por el paquete. Al fin y al cabo, lo realmente valioso ya estaba en circulación transmitido de boca del propio mensajero.

La palabra líder hizo que Tatsuya se tensara. La confirmación de que había una figura central detrás de todo este entramado los empujaba más allá de la incertidumbre. El misterio de la "líder" se volvía más pesado, tan impenetrable como la niebla nocturna que cubría la ciudad.

Después de la reunión, siguieron discretamente al contacto y a Gigadramon hasta llegar a una zona restringida: hangares viejos sellados por barreras de datos. Desde las sombras, Tatsuya activó un visor portátil, observando todo lo que ocurría en su interior. Gigadramon entregó el paquete a alguien que permanecía en las sombras, una figura alta y esbelta, sus manos cubiertas por guantes blancos, la figura perfectamente controlada y tranquila. La interacción entre ellos parecía casi ceremonial.

Tatsuya observó la escena con creciente interés, pero Bastemon, al reconocer la postura de la figura, susurró, apenas audible, el nombre que pesaba como una condena.

-Lilithmon… -dijo Bastemon, la mezcla de reconocimiento y odio palpable en su tono.​
 
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Tatsuya guardó silencio, observando. No era un encuentro casual, ni mucho menos. La figura de la mujer alta que surgió de la oscuridad, con su presencia helada, se movía con una calma peligrosa. Sabían que había algo más en juego. No era solo un intercambio de información.

-Etapa Ultimate -confirmó Tatsuya en voz baja, sin apartar la vista de la mujer- Y peligrosa incluso sin su tamer-.

Dentro del canal interno, la voz grave de Dvalin resonó con un matiz contenido:
-Su control del aura es impecable… no es el tipo de enemigo que se derrota en un solo embate. Ni siquiera en mi forma Ultimate podría garantizar una victoria inmediata.-

-La fuerza se puede contener. Lo peligroso es lo que no vemos: la estrategia detrás de sus palabras. Lilithmon no amenaza en vano.-Hackmon resopló, como un filo que se templaba.

Lilithmon posó una mano en el hombro de Gigadramon, la escena parecía tranquila, pero las palabras que siguieron fueron todo lo contrario.

-Si las cosas se complican, evolucionarás -dijo, su voz tan fría como el acero.

-Lo haré, no hace falta que me lo recuerdes -respondió Gigadramon, sin dudarlo.

-Entonces la caída de Bastemon será cuestión de días -añadió el contacto humano, con una sonrisa fría que heló el aire.

El comentario hizo que la ira de Bastemon se encendiera, pero Tatsuya apagó el visor, sabiendo que no era el momento de actuar precipitadamente. Se giró hacia la monarca, consciente de lo que esto significaba.

-Esto cambia todo -dijo Tatsuya, la gravedad de sus palabras llenando la estancia- No solo tienen fuerza militar para romper la defensa de la ciudad, sino que están dispuestos a usarla.-

-Eso significa que no habrá marcha atrás -intervino Dvalin, con la mirada fija en la nada, como si ya imaginara el choque inevitable- Quieren un enfrentamiento total. Y lo tendrán-.

Hackmon se adelantó apenas un paso, su voz como un filo que rasgaba la penumbra. -Entonces no basta con resistir. Hay que quebrar el plan en su raíz… cortar la cabeza antes de que el cuerpo pueda moverse.-

Bastemon se cruzó de brazos, su mirada fija en el lugar donde había estado Lilithmon. Un brillo de determinación, casi una promesa, llenaba su rostro.

-Entonces necesitaremos algo más que redadas -dijo, su voz baja, como si cada palabra fuera una amenaza—. Vamos a cazar a la líder… pero en nuestros términos.


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El amanecer siguiente, el equipo ya estaba preparado para dar el siguiente paso. El aire del sector restringido estaba impregnado de un olor metálico, mezcla de óxido y ozono, como si las paredes mismas sudaran electricidad acumulada. El silencio apenas era interrumpido por el zumbido intermitente de los generadores y el chisporroteo de los cables viejos que serpenteaban por los muros.
Tatsuya levantó su Digivice, y un resplandor se proyectó sobre Dvalin y Dainsleif. Con un gesto calculado activó el Mirror Charge, obligando a ambos a adoptar las identidades necesarias para la misión.
El cuerpo de Dvalin se distorsionó primero, moldeándose hasta convertirse en la viva imagen del miembro de alto rango de la Rogue Guild que habían capturado recientemente. La postura autoritaria, vestuario con insignias, incluso la rigidez en la mirada: todo replicado con una fidelidad aterradora. A continuación, la luz del Mirror Charge recorrió a Dainsleif, transformándolo en Bakumon, la forma Child de Triceramon.

Dvalin lo miró de reojo la transformación de su compañero, acomodándose la vestimenta del disfraz con cierta sorna.

-Ironías del destino… en mi estado de GrandGalemon fui yo quien derribó a Triceramon. Y ahora resulta que tienes que hacer pasar por él-.

-Pues mírame, reducido a muñeco de bolsillo. Si alguien se entera, diré que fue tu culpa-.Dainsilefi, con la voz infantil de Bakumon, soltó una risita burlona.

-Con esa carita nadie sospecharía. Lo difícil será que te tomes en serio el papel. -El ave dragón arqueó una ceja humana.

-Bah, mientras no me pongas a servir té o limpiar botas, creo que puedo fingir de subordinado -replicó el dragón encapuchado ahora vuelto mamífero, con tono ligero - Aunque si la cosa se complica, recuerda que soy más letal de lo que aparento-.

-Lo sé -respondió Dvalin, esbozando una sonrisa apenas perceptible -Por eso precisamente es tan gracioso verte así-.

Ambos caminaron en silencio unos segundos, hasta que Hackmon añadió en un susurro juguetón .

-Cuando salgamos de esta, exigiré que el próximo disfraz te toque a ti… algo pequeñito, como un Tokomon-.

-Ni en mil ciclos de datos - Dvalin resopló con un gesto casi imperceptible.

Tatsuya, que estaba a unos pasos de ellos junto a Bastemon, cerró la mano sobre el Digivice y habló con voz baja, pero lo bastante cortante como para helar el ambiente.

-Concéntrense. Esto no es un juego-.

Bastemon desvió la mirada, la cola ondulando en el aire como si quisiera ocultar su rostro. Sus labios temblaban: contenía como podía la risa al ver cómo esos dos, en plena misión y con todo en juego, se las arreglaban para llevarse bien a base de bromas. Esa ligereza, pensó, era casi irritante… pero a la vez, lo que los hacía funcionar como un equipo de verdad.

Con la fachada lista, ambos cruzaron la entrada principal con paso firme. Los centinelas que vigilaban se cuadraron con nerviosismo y saludaron sin cuestionar, desviando la mirada en señal de respeto. Nadie osaría desafiar la presencia de un superior. El corazón de Dvalin latía con fuerza bajo la impostura, pero el porte altivo que le imponía Tatsuya bastaba para mantener la ilusión intacta.

Desde la penumbra, Tatsuya y Bastemon observaron cómo los infiltrados desaparecían más allá del portón metálico. La cola de Bastemon se agitaba con impaciencia, sus garras listas para reaccionar si algo fallaba.

Dentro, los corredores eran un laberinto de acero y luces parpadeantes. El eco de los pasos huecos se amplificaba en cada intersección. Un guardia real apareció de repente, chocando casi hombro con hombro con Dainsleif. Por un instante, el aire se congeló. El hombre frunció el ceño con suspicacia, pero antes de que pudiera hablar, Dvalin (con la voz autoritaria de un superior) gruñó:

-Cambio de turno. La líder exige informes más seguido.-

El guardia tragó saliva y se apartó de inmediato, bajando la mirada con torpeza. La ilusión había funcionado.

-Demasiado fácil -susurró Hackmon bajo la voz aguda del disfraz, pero con un filo acerado en su interior- O son idiotas… o es una trampa esperando más adelante-

-Concéntrate -replicó Dvalin, su tono bajo pero firme - Cada palabra cuenta más que una espada aquí-.

Más adelante, entre cajas oxidadas y lámparas que zumbaban como insectos moribundos, los dos escucharon lo que necesitaban.

-La próxima entrega será en tres días. La líder quiere supervisar personalmente -dijo un miembro de la Rogue Guild, revisando un panel holográfico cubierto de chispas.

El hombre se giró de pronto hacia ellos, entornando los ojos.

-Oye… tú. Hace unos días corrió el rumor de que te habían atrapado en las afueras. ¿Cómo demonios escapaste?-Su voz sonó con un filo de sospecha.

Por un instante, el aire se tensó. Dvalin sintió un latido seco en su pecho; el recuerdo real de haber derribado al mismo hombre cuya identidad llevaba ahora lo golpeó como un eco incómodo. La duda brilló apenas en sus ojos, una grieta en la máscara que pudo haberlo delatado.

Hackmon, disfrazado de Bakumon, le lanzó una mirada rápida, como incitándolo a reaccionar ya, antes de que todo se viniera abajo.

Entonces, con un gruñido grave que imitaba a la perfección la arrogancia del oficial, Dvalin dio un paso adelante, dejando que la sombra de su figura lo envolviera.

-¿Escapar? -repitió con desprecio -Nadie me atrapó. Solo un rumor estúpido de débiles que no entienden lo que pasa en las sombras-.

-S-sí… claro… un rumor, eso debe ser - El miembro de la Guild dudó, bajó la mirada murmurando con incomodidad.

-Buen parpadeo, casi nos descubren. Te debo una-. Dainsleif escondió la sonrisa bajo el disfraz, susurrando apenas lo suficiente para que Dvalin lo oyera. Dvalin, aún con el corazón acelerado, sostuvo el porte altivo y siguió caminando, la tensión en sus músculos disfrazada de autoridad.

No obstante, habían logrado la confirmación que buscaban. Bajo la máscara del disfraz, un destello agudo cruzó los ojos de Dainsleif.

-Ya tenemos su sombra -murmuró Hackmon, con una satisfacción oscura- Ahora toca encender la hoguera-.

Afuera, Tatsuya escuchaba cada palabra a través del canal interno. Sonrió bajo la mascarilla, sus dedos cerrándose con fuerza.

-Eso nos da el momento perfecto -murmuró, su voz resonando como una sentencia.

La retirada fue limpia, sin dejar rastro. Ningún sensor los detectó, y el silencio del distrito industrial volvió a cubrir sus pasos, como si nada hubiera sucedido. Bastemon miró de reojo a Tatsuya mientras se alejaban. En su mirada brillaba la certeza de lo que se avecinaba mientras Dainsleif y Dvalin volvían a sus formas habituales.

-Cuando entremos -dijo Bastemon, con voz baja, casi un juramento- será a matar o morir-.

-Y si caemos, que sea después de arrastrar a su reina al abismo con nosotros.-Dvalin bajó la mirada, su tono cargado de acero.

-Caer no es opción. No mientras ella siga respirando.-Hackmon sonrió con un filo apenas audible en su respiración.

Tatsuya, sin apartar la vista del camino, asintió con firmeza.
-Y esta vez -respondió, con una claridad que caló hondo en el aire nocturno- no habrá escape para ella ni su gente-.
 
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Distrito Industrial – Noche del Asalto​

El día había corrido con la engañosa calma de un reloj viejo que parece eterno antes de romperse. Para Gazimon, esa calma era un disfraz tan perfecto como una máscara pintada con precisión. Caminó por los pasillos del palacio con pasos medidos, cargando bandejas de té como si aquel fuera su único propósito en la existencia. Saludó con inclinaciones de cabeza, respondió con frases cortas y sonrió con esa amabilidad mecánica que hace que nadie sospeche nada. En la rutina se escondía el secreto: la clave para pasar desapercibido.

Nadie podía imaginar que esas orejas nerviosas y ese andar servil pertenecían al engranaje más discreto de una red oscura que respiraba entre muros dorados. Mientras derramaba gotas de té en un cuenco, Gazimon sentía que cada latido en su pecho era un tambor que anticipaba la tormenta. Porque él sabía que al caer la noche, lo cotidiano se rompería para dar paso al caos.

Y cayó.

Cuando la luna se elevó, la ciudad entera se apagó en el horizonte. El Distrito Industrial, abandonado y oxidado, parecía una bestia dormida que respiraba humo y silencio. Las farolas moribundas parpadeaban con destellos amarillentos, dibujando sombras retorcidas sobre el pavimento húmedo. El aire olía a metal corroído, aceite viejo y electricidad atrapada en cables que nunca descansaban.

Desde lo alto de un almacén desmoronado, Tatsuya observaba el complejo con los ojos fríos, ocultos tras el reflejo azul de su visor. Cada punto en la pantalla correspondía a un rastreador colocado con precisión quirúrgica; cada latido de luz representaba una entrada, un guardia, un latido. La red estaba completa.

Digital Security no solo había sellado las comunicaciones externas, cortando cualquier intento de aviso al mundo exterior. También aguardaba en la periferia, desplegados como una sombra invisible alrededor del complejo. Sus unidades mantenían un cerco hermético, listas para intervenir si las cosas se salían de control. Nadie entraría. Nadie escaparía. Era una trampa perfecta. Una cacería sin salida.

A su lado, Bastemon permanecía en silencio. Sus garras reflejaban la luz mortecina como hojas bañadas en sangre seca. Su respiración era tranquila, pero su cuerpo tensado era un resorte a punto de romperse.

-Objetivo principal: capturar a Lilithmon y extraer información -dijo Tatsuya, con la voz tan baja como el rugido de un motor apagado -Si se complica… neutralización total.


Bastemon giró el rostro, y en la penumbra sus ojos parecían dos gemas afiladas.
-Que no quede nada -susurró, y cada sílaba se deslizó con la frialdad de un verdugo que ya se sabe victorioso.


El silencio se quebró de golpe. Hackmon cargó contra la entrada principal, y la puerta de acero cedió como papel ante una avalancha. El chirrido desgarró el aire antes de que el marco completo saltara por los aires. Al mismo tiempo, Pteromon atravesó el techo en una lluvia de esquirlas. La sincronía era tan perfecta que el estrépito se confundió con un único rugido metálico.

Las sirenas despertaron demasiado tarde, chillando con desesperación. Para entonces, la fortaleza ya había sido herida.

Por la puerta lateral, Tatsuya y Bastemon se deslizaron como sombras entre sombras. Bastemon giró sobre sí misma, su silueta desdibujándose en un movimiento hipnótico: Helter Skelter. Los dos guardias que custodiaban el pasillo quedaron petrificados un segundo, confundidos por la ilusión. Ese segundo bastó. Bastemon hundió sus garras en ellos con un tajo certero, derribándolos antes de que pudieran gritar.

En el corazón del hangar, aguardaba la figura que era la razón de toda aquella operación.

Lilithmon emergía como una escultura viva esculpida en la penumbra. Su piel parecía beber la poca luz del entorno, y su sonrisa cruel brillaba como filo de navaja. A su lado, un rugido metálico quebró el aire.

De un torrente de datos rojos se alzó un monstruo blindado: Chaosdramon, acorazado viviente, cuerpo cubierto por placas de Chrome Digizoid escarlata, tan densas que parecían imposibles de dañar. Sus cañones gemelos resplandecieron como soles en miniatura, listos para descargar destrucción.

-Así que finalmente decidieron venir a mí -entonó Lilithmon con voz aterciopelada, venenosa, casi seductora -Qué imprudentes-.

Dainsleif estalló en un torbellino de datos rojos y blancos. La energía lo devoró, expandiéndolo, forjando su armadura en un fulgor sagrado. La luz explotó, revelando a JESmon, cuya presencia imponía respeto: flotaba en el aire con naturalidad, sostenido por su propia energía, como un caballero que desafiaba la gravedad.

Dvalin ardió en un ciclón dorado hasta desplegarse en Zephagamon, un caballero mágico alado. Sus alas se abrieron de par en par, cada pluma brillando con luz cortante, mientras sus espadas vibraban al compás del viento.

Ambos ascendieron, JESmon flotando solemne, Zephagamon batiendo sus alas con furia.

Chaosdramon apuntó sus cañones hacia ellos. -Hyper Mugen Cannon-.

Dos descargas carmesí iluminaron el hangar. Dainsleif flotó en diagonal, cruzando sus espadas para dividir el rayo en pleno aire, mientras Atho, René y Por surgían para interceptar la onda expansiva. Dvalin respondió lanzando sus armas envueltas en torbellinos.

-¡Gale Braver!-. Los bumeranes cortaron el aire en espirales y se clavaron en el hombro del coloso, arrancando placas metálicas.

Chaosdramon rugió. Alzó un brazo y descargó su Chaos Crusher. El golpe impactó de lleno contra Zephagamon en pleno vuelo, lanzándolo en espiral contra una viga. El caballero mágico alado batió sus alas a tiempo, deteniendo la caída, pero un reguero de datos chisporroteaba por su armadura.

JESmon se lanzó en picada, flotando con precisión matemática, y descargó un tajo directo contra el blindaje del titán, abriendo una grieta leve.

Lilithmon alzó su mano con un gesto delicado.-Phantom Pain-.

El aire se ennegreció en segundos. La bruma venenosa invadió el hangar, quemando el entorno como ácido digital. Bastemon retrocedió con un salto ágil, sus músculos tensos al sentir el veneno rozarle la piel.

Zephagamon respondió plegando sus alas y canalizando toda su energía. -¡Anemoi Embrace!-. Se lanzó como una flecha, transformando sus alas en cuchillas de viento puro. Atravesó la nube y desgarró la barrera oscura de Lilithmon, que retrocedió chillando, su sonrisa torcida quebrada en un gesto de furia.

-Destroyed Haken-.Chaosdramon abrió su brazo derecho.

Un misil orgánico emergió, latiendo como un corazón corrupto, directo hacia Jesmon. Por se interpuso, desviando el proyectil, pero la explosión liberó un virus que corroyó el aire. Jesmon flotó hacia atrás, esquivando por centímetros, mientras la corrupción digital quemaba el suelo bajo él.

-Hyper Mugen Cannon-.Chaosdramon rugió de nuevo, y sus cañones ardieron.

El hangar entero se iluminó en rojo. Jesmon se cruzó de brazos y resistió en pleno aire, flotando contra la corriente de energía. La onda lo empujó con violencia, pero se mantuvo erguido, como un faro carmesí en medio del fuego.

-¡Divine Tempest!-.Zephagamon gritó y abrió su pecho. El huracán estalló, vientos divinos arremolinaron todo el hangar. Los misiles explotaron dentro de la tormenta. Chaosdramon se vio envuelto en el torbellino, su blindaje resquebrajándose en grietas brillantes.

Pero respondió disparando de nuevo, y una de las ráfagas alcanzó a Jesmon en el torso, haciéndolo tambalear en el aire. Su armadura chisporroteó, y un hilo de datos rojos cayó de su boca como sangre.

JESmon jadeaba, flotando con esfuerzo. Zephagamon sangraba datos por su ala izquierda, infectada por el virus del Destroyed Haken.

Chaosdramon alzó ambos cañones. Energía carmesí se acumulaba como soles gemelos. El disparo final estaba cargándose.

-Acabó para ustedes-.Lilithmon reía suavemente, como una serpiente satisfecha.

-No cederemos. ¡Ahora!-Tatsuya deslizó una carta en el D-Arc, su mirada helada mientras revela el nombre de la misma: Seven Heavens.

La pantalla estalló en un fulgor dorado.

Dvalin levantó sus espadas, sus alas extendidas formando un círculo en el aire. Runas de energía giraron a su alrededor y, en lo alto, siete esferas de luz supercalentada se conjuraron, vibrando como estrellas en miniatura. Cada una ardía con un fulgor abrasador, emitiendo un zumbido que estremecía el hangar entero.

-Juicio- Dainsleif flotó a su lado, solemne, el resplandor carmesí reflejándose en sus ojos. Las siete esferas se lanzaron al unísono: una Huelga de las Siete Estrellas. Atravesaron el aire como meteoros divinos, envueltas en corrientes de viento cortante que las impulsaban con más violencia.

Chaosdramon disparó con toda su furia, los cañones rugiendo en un estallido carmesí. Pero las estrellas lo perforaron, una tras otra, deshaciendo los rayos y hundiéndose en su armadura de Chrome Digizoid. El metal chirrió, fracturándose bajo el calor insoportable. Cada impacto desgarraba las uniones del titán, abriendo grietas ardientes. Lilithmon gritó al ser alcanzada, su aura de oscuridad quebrándose. El Phantom Pain se deshizo como humo bajo el fulgor divino, consumido por la luz de los cielos.

JESmon avanzó flotando, sus espadas cruzadas propiciando un tajo letal, mientras Zephagamon descendía con un corte acompañado de viento divino. El coloso rugió por última vez antes de colapsar en un estrépito ensordecedor. Su cuerpo ardió en fuego y datos corruptos, derrumbándose sobre el suelo.

-¡Yo soy la emperatriz de la oscuridad!- Gritó, pero entre jadeos levantó una mano con rabia. El suelo se abrió bajo ella en un círculo mágico carmesí. Una mano colosal de sombras ardientes emergió y se lanzó contra los caballeros. -¡Empress Emblaze! -.

La criatura espectral atrapó a Zephagamon y lo azotó contra el suelo. Jesmon flotó esquivando sus embates, cortando los dedos oscuros con precisión, pero la invocación se regeneraba.

-¡No… me detendrás! -rugió Dvalin, alzándose de nuevo pero se quejó del dolor.

-Persistencia. Corte. -JESmon flotó firme, con sus espadas listas.

La mano arremetió una vez más, pero Tatsuya se adelantó, frío e implacable. -Fin de la farsa. Sefirot Crystal.- Utilizó otra carta con poder sagrado.

Diez cristales flotantes aparecieron tras Dainsleif, irradiando luz rosa incandescente. Estallaron en rayos que atravesaron la invocación, desintegrándola en gritos espectrales. Luego se multiplicaron, disparándose contra Lilithmon, cuyo cuerpo tembló bajo el fulgor abrasador.

-¡No… no puede ser! ¡Yo… soy la emperatriz…! -chilló antes de desplomarse de rodillas, débil e incapaz de resistir.

-El juicio ha sido dictado.-JESmon descendió frente a ella.

-Tu reinado acaba aquí, bruja-.Zephagamon se acercó, jadeante pero orgulloso.

-Ahora sí… estás acabada-Bastemon aprovechó el momento, sujetándola con brutalidad.

-Tu información es nuestra-.Tatsuya guardó el D-Arc en su cinturón.

JESmon flotaba con calma aunque exhausto, mientras Zephagamon plegaba sus alas en la misma condición. Atho, Rene y Por se desvanecieron en haces de luz, habiendo cumplido su cometido.

No había gloria en los ojos de Tatsuya, solo certeza. Sabía que aquello no era el final. Era apenas un paso más en una guerra que recién comenzaba. Y Lilithmon, ahora débil y prisionera, era la llave hacia la próxima sombra.
 
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El eco del estrépito aún vibraba en las paredes del hangar cuando Tatsuya ordenó el repliegue. Bastemon arrastraba a Lilithmon inmovilizada, sus garras apretando con firmeza los brazos de la demonio, que a pesar de estar debilitada aún sonreía con un dejo de desafío, como si supiera que algo más aguardaba en las sombras.

Dvalin avanzaba a baja altura, sus alas desgarradas goteando fragmentos de datos luminosos. Cada aleteo era un esfuerzo, pero mantenía la mirada fija, decidido a cubrir desde el aire lo poco que podía.

El silencio del Distrito Industrial de Oasis no era natural. Las máquinas apagadas parecían contener la respiración. Tatsuya lo sabía; había estado en demasiadas operaciones como para no reconocer el presagio de una emboscada.

Y llegó.

Desde los corredores metálicos y pasillos oxidados, figuras emergieron. Un grupo de Sangloupmon y Devidramon, ojos encendidos, rodearon al equipo en formación cerrada. El rugido de los dragones oscuros estremeció el aire, mientras las sombras caninas se deslizaban con hambre asesina.

-Un intento de rescate -susurró Tatsuya, helado- Sabía que no estaríamos solos-.

-¿Creíste que podrías sacarme tan fácilmente de aquí? La oscuridad siempre responde a mi llamado...-Lilithmon rió suavemente, aunque su voz estaba quebrada por el golpe recibido.

Dainsleif avanzó un paso, su silueta carmesí brillando bajo la luz artificial. Atho, René y Por aparecieron a su alrededor nuevamente, listos, orbitando como cuchillas vivientes.

-Tatsu, yo me encargo -dijo con voz grave.

-Más vale que lo hagas rápido. No pienso cargar con esta basura por más tiempo del necesario- dijo Bastemon arqueando una ceja, sin soltar a la prisionera.

El ataque fue inmediato. Dos Sangloupmon saltaron al frente, sus cuerpos veloces como sombras desgarrando el aire. JESmon giró con precisión quirúrgica: Atho y Por se lanzaron contra ellos, interceptando con choques directos, desviando las mandíbulas que buscaban desgarrar a Bastemon. René apareció detrás, encajando un golpe de energía contra un tercer lobo oscuro, derribándolo de espaldas contra el metal.

Los Devidramon lanzaron ráfagas negras desde el aire. Zephagamon alzó la cabeza con dificultad, pero sus alas no respondían con la misma fuerza. Jesmon lo notó, y con un rugido metálico saltó hacia arriba, cortando en espiral. Su espada trazó un arco de luz que destrozó la ráfaga enemiga y partió en dos el ataque de los dragones.

Los espíritus se movían con él, ejecutando ataques cuerpo a cuerpo sincronizados: Atho golpeaba de frente, Rene deslizaba cortes laterales, Por bloqueaba embestidas con su cuerpo luminoso. Cada impacto era directo, brutal, hasta que uno de los Devidramon cayó con el pecho abierto por un tajo preciso.

-Deja de perder el tiempo, Dain, no necesitamos espectáculo, solo resultados-Tatsuya observaba con calma, sus ojos fríos siguiendo cada movimiento.

JESmon no respondió; su espada carmesí brilló y en un tajo final cortó el aire. El último Devidramon descendió en picada, pero fue recibido por un embiste frontal que lo atravesó por completo. El dragón oscuro se deshizo en fragmentos antes de tocar el suelo. Los Sangloupmon restantes retrocedieron, aullando, y se desvanecieron en la penumbra, comprendiendo que no tenían oportunidad.
El silencio volvió a caer. Jesmon guardó su espada, y Atho, RenÉ y Por desaparecieron poco a poco en haces de luz; misión cumplida.

-Se acabó tu pequeño espectáculo. Tus sabuesos han muerto como ratas-Bastemon tiró del cuerpo derrotado de Lilithmon, obligándola a caminar.

Lilithmon no respondió, pero su sonrisa se mantuvo. Una sonrisa que heló el aire más que cualquier amenaza.

Tatsuya ajustó su visor, confirmando el perímetro despejado.-Avancemos. El tiempo no está de nuestro lado. Y esta vez, no habrá segunda oportunidad para ella-.


El grupo retomó la marcha entre el humo y el eco metálico de las fábricas apagadas. Habían sobrevivido a la emboscada, pero cada paso hacia la salida era un recordatorio de que el enemigo no descansaría. El asalto al Distrito Industrial había terminado, pero la verdadera guerra apenas estaba empezando.



El eco de Lilithmon.


Las cadenas de datos ardían contra su piel, pero Lilithmon mantenía la sonrisa. En la penumbra de la celda, cerró los ojos por un instante y recordó lo que había ocurrido horas antes.

La emboscada no había sido improvisada. Había dejado pistas, fragmentos de energía oscura en los corredores, señales que sus sabuesos sabrían leer. Incluso debilitada, había sabido que el Distrito Industrial era un terreno fértil para el caos: pasajes oxidados, túneles sin salida, lugares perfectos para tender un cerco.

Cuando vio a los Sangloupmon y Devidramon aparecer, no fue sorpresa: era confirmación. La oscuridad siempre respondía a su voz. Aunque fueron derrotados, no le importó. Aquello solo era la primera capa de la trampa.

Sonrió al recordarlo. Porque lo verdaderamente importante no estaba en esos dragones ni lobos que cayeron como chispas. Lo vital era lo que había quedado sembrado en las mentes de sus captores: la sospecha, la duda. El veneno invisible que los acompañaría incluso en su propia base.
Su sonrisa se ensanchó. Aunque estaba encadenada, ella aún jugaba. Y en su juego, una semilla de caos podía valer más que un ejército entero.

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Interrogatorio de Lilithmon.​

El cuarto estaba apenas iluminado por una lámpara colgante que lanzaba un círculo de luz amarillenta sobre la mesa metálica. El resto de la habitación permanecía en penumbra, como si la oscuridad se negara a apartarse del cuerpo de la prisionera.
La demon lord estaba sentada con las manos selladas por un campo de datos, cadenas digitales que se retorcían con cada intento de mover los dedos. Su postura era erguida, altiva, y sus ojos, brillantes y fríos, no se apartaban de Bastemon. Parecía disfrutar del juego, incluso derrotada.

Tatsuya se mantenía de pie a un costado, en silencio, los brazos cruzados, observando sin pestañear. Tras él, como sombras vivientes, se alzaban Jesmon y Zephagamon. Los espíritus Atho, Rene y Por formaban un perímetro invisible, orbitando cerca con movimientos lentos, listos para interponerse si la demonio intentaba algo.

-Habla. ¿Dónde están las demás células de la Rogue Guild?-La voz de Tatsuya quebró el silencio con filo quirúrgico.


Lilithmon dejó escapar una risa suave, casi seductora.
-¿De verdad crees que me asusta tu pequeña escolta? -susurró, inclinándose hacia la luz-La Guild no es algo que puedan destruir con un par de golpes bien dados-.

Bastemon avanzó de inmediato, las garras brillando bajo la lámpara, los ojos encendidos de furia. -Entonces dame un motivo para no borrarte aquí mismo -dijo, su voz cargada de veneno.

-¿Motivo?- Lilithmon ladeó la cabeza, sonriendo con deleite - Quizá quieran saber por qué su precioso palacio pronto tendrá una grieta… desde dentro-.

El aire se tensó. Tatsuya no movió un músculo, pero sus ojos se estrecharon. Bastemon lo miró de reojo, como esperando la señal para desgarrar a la demonio allí mismo.

-Explícate -ordenó el ex-yakuza, su voz tan baja que se confundía con un murmullo metálico.

-Digamos que tienen… - Lilithmon inclinó la cabeza hacia atrás, saboreando el momento - un pequeño roedor trabajando para nosotros. Uno que se mueve rápido y que nadie sospecharía-.

Por un instante, el silencio fue absoluto. Bastemon tensó los hombros, pero no se movió. Daisnleif permaneció inmóvil, aunque el brillo en su visor parecía intensificarse, como si hubiera detectado una amenaza oculta en esas palabras.


Lilithmon se inclinó hacia adelante, la voz ahora en un susurro venenoso -Y cuando crean que me han atrapado del todo… él no será el único problema-.

-¿Qué más escondes?-Dvalin agitó ligeramente las alas, su voz grave resonando en la penumbra.

-La líder tiene un guardián. No un caballero de luz como el suyo… sino uno de caos. Un espejo retorcido que no conocerán hasta que sea demasiado tarde- Lilithmon sonrió, encantada con la tensión que provocaba.

-¿Quién es?-Tatsuya dio un paso hacia ella, inclinándose apenas, sus ojos fríos clavados en los suyos.

Lilithmon rio despacio, cerrando los ojos como si la conversación hubiera concluido.

-Pregunten cuando lo vean -dijo con voz baja y firme- Si viven para contarlo-.


La demonio se recostó en la silla, como si nada más tuviera importancia. El campo de datos que la sujetaba brillaba al contacto con su piel, reaccionando a la energía oscura que todavía se retorcía en su interior.

-Dime una palabra más en acertijos y te arrancaré la sonrisa-.Bastemon apretó los puños, sus músculos estaban tensos.


El aire se quebró en un segundo. Bastemon alzó el brazo, lista para desgarrar la garganta de la prisionera. Tatsuya abrió la boca para intervenir, pero no fue él quien se movió. Una sombra más densa se materializó junto a la mesa, interponiéndose con una rapidez imposible. La garra de Bastemon chocó contra una barrera oscura que se desplegó como un muro líquido. Chispas de datos salieron disparadas.

Dvalin estaba ahí. Su presencia llenó el cuarto como un peso invisible, su mirada helada fijándose en Bastemon. Sus ojos reptilianos brillaban con un fulgor gélido, y su voz retumbó grave, casi como un rugido contenido.

-Controla tu furia. No es ella quien nos destruirá… sino lo que intenta sembrar en nosotros-.

Bastemon lo miró, respirando agitada, la rabia aún chisporroteando en sus garras. Lilithmon soltó una carcajada breve, satisfecha con el espectáculo.

Tatsuya entrecerró los ojos, midiendo la tensión. No detuvo a Dvalin; lo dejó actuar, reconociendo que su autoridad en ese instante había salvado algo más que una vida: había salvado la disciplina del equipo.

Dainsleif permanecía inmóvil, pero la intensidad de su visor ardía. Dvalin plegó las alas, tensas. Los tres espíritus orbitaban con violencia contenida.

Lilithmon apoyó la espalda en la silla, relajada, disfrutando la escena como si todo fuera un teatro armado para su deleite.

-¿Ven? -dijo con voz suave, casi maternal-No necesitan a un traidor infiltrado. Ustedes mismos se despedazarán con sus propias garras-.

El silencio que siguió fue más peligroso que cualquier grito.

Tatsuya habló finalmente, su voz de hielo cortando la penumbra

-Dvalin tiene razón. No es ella quien dicta nuestras acciones. -Se giró lentamente hacia Lilithmon- Pero sí nos ha dado suficiente para saber dónde buscar-.

Lilithmon sonrió. Esa sonrisa que no necesitaba victoria inmediata, porque ya había logrado lo que quería: dejar en el aire la duda, el germen de la desconfianza.

Dvalin no apartó la mirada de Bastemon, que lentamente bajó la garra. La tensión seguía ahí, flotando como una tormenta que no se había disipado, solo pospuesto.
 
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El cuarto de detención quedó atrás, sellado por capas de seguridad digital. Lilithmon permanecía encadenada, custodiada además por varios miembros de la unidad de Digital Security, pero su sonrisa aún resonaba en la memoria de todos como un eco venenoso.

En una sala de mando improvisada dentro del complejo, Tatsuya se encontraba frente a una mesa de datos proyectada en hologramas. Los mapas del palacio y del Distrito Industrial estaban sobre la superficie, marcados con indicadores rojos que parpadeaban.

Dainsleif y Dvalin todavía en sus formas Ultimate permanecían en silencio, apostados a cada lado de la sala como guardianes inquebrantables. Bastemon, en cambio, se mantenía de pie con los brazos cruzados, su cola moviéndose con irritación contenida.

-La está usando contra nosotros -dijo Bastemon al fin, con voz áspera- No deberíamos perder tiempo con acertijos. Si miente, la desgarramos y punto.

-No miente - intervino JESmon con tono grave. -Sus palabras no eran al azar. Esa seguridad en su voz… es propia de alguien que sabe que una semilla ya está plantada-.

-Un "roedor", así lo llamó. Eso significa infiltración. Si alguien en el palacio colabora con ellos, no solo tenemos una amenaza externa… tenemos un enemigo respirando junto a nosotros. - añadió Zephagamon, con sus alas plegadas con rigidez.

Tatsuya no apartaba los ojos de la proyección. Su silencio era más pesado que cualquier palabra. Bastemon lo observaba, esperando la orden que definiera si seguían jugando al ajedrez o si optaban por el cuchillo directo.

-No descartamos nada. El palacio se revisará desde dentro hacia afuera. Cualquier movimiento extraño, cualquier dato irregular, será rastreado- Finalmente el japonés habló. Su dedo recorrió el mapa, señalando tres puntos estratégicos. -Quiero doble vigilancia en las rutas de entrada y salida. Nadie entra ni sale sin mi autorización o la de Bastemon-.

Dainsleif asintió. -Si ese infiltrado existe, tarde o temprano revelará su rastro. Y cuando lo haga, no escapará-.

Dvalin lo miró de reojo, su voz más baja, cargada de una inquietud que rara vez mostraba - Pero lo más inquietante no es el roedor. Es el caballero del caos-.

La sala cayó en silencio. Incluso Bastemon detuvo el golpeteo de su cola.

-Un reflejo oscuro de lo que somos -continuó Zephagamon-Si existe… no se trata de un enemigo común-.

-Sea quien sea, lo encontraremos. Y cuando lo hagamos, caerá igual que ella-Tatsuya cerró la proyección de un gesto, la luz azul desvaneciéndose.

La determinación en sus ojos era fría, sin lugar a duda. Bastemon sonrió de lado, garras brillando a la luz tenue. Jesmon y Zephagamon se miraron en silencio, conscientes de que la amenaza era mayor de lo que cualquiera de ellos había enfrentado.

La sala quedó en penumbra, el eco de la promesa de Tatsuya marcando el inicio de la siguiente fase. La cacería apenas había comenzado.

Dainsleif, ya desactivada la formación con Atho, Rene y Por, se dejó caer de rodillas. La armadura se resquebrajaba en grietas de datos que se deshicieron lentamente hasta disiparse por completo. El resplandor carmesí se apagó y, en su lugar, quedó su forma Child; Hackmon, respirando con dificultad, la piel blindada marcada por la energía residual del combate.

A unos pasos, Dvalin mantenía la postura erguida, aunque con evidente esfuerzo. Sus alas desgarradas chisporroteaban hasta que, poco a poco, se cerraron sobre sí mismas y su cuerpo se redujo a un remolino de luz dorada. Cuando el brillo desapareció, ahí estaba de nuevo su forma Chidl; Pteromon, tambaleándose, cansado, pero todavía firme.

-Necesitan descansar -Tatsuya los observó en silencio y afirmó, sin dar lugar a réplica, mirando a Bastemon- No habrá ninguna cacería esta noche-.

-Aun así… ese roedor no debe seguir libre mucho tiempo-.Bastemon suspiró, bajando la mirada hacia los dos Digimon agotados.


El Xros Loader era el único dispositivo capaz de almacenar a más de un Digimon. En cambio, el D-Pet, con sus modificaciones V-Pet y Healing Chamber, solo podía almacenar a un Digimon. El V-Pet se activó, habilitando su función de provisión y cuidado. Hackmon y Pteromon recibieron alimento, vendajes digitales y vitaminas que les ayudaron a estabilizarse. Al mismo tiempo, fueron almacenados dentro de un Healing Chamber, donde sus heridas comenzaron a regenerarse paulatinamente. Esta asistencia provisional complementaba los servicios médicos del palacio que recibieron, mientras descansaban y recuperaban fuerzas en el interior del D-Pet.

Horas más tarde, Dainsleif y Dvalin descansaban en la zona de descanso virtual, mientras Tatsuya y Bastemon se encontraban frente a la mesa holográfica, que proyectaba un mapa de Oasis City a través del Xros Loader. Solo ellos estaban autorizados para discutir el asunto; involucrar a más miembros del grupo podría poner en peligro su plan, pues corrían el riesgo de que el traidor se enterara.

-Gazimon se mueve con libertad en el ala de suministros. Si realmente está pasando información, debe tener un método de salida discreto-Bastemon señaló con la garra un sector del mapa.

-No podemos atraparlo de frente. Haría ruido y podría activar una señal hacia la Guild. Tendremos que tenderle una trampa.- Tatsuya, inclinado sobre la mesa, respondió con calma helada.

-¿Usarás a alguno de tus Digimon? -preguntó Bastemon, arqueando una ceja.

-No -contestó Tatsuya, firme -Están exhaustos. Necesito que estén al cien por ciento para cuando aparezca el "caballero del caos". Esto lo haremos con vigilancia indirecta-.

-¿Y si lo atrapamos y se niega a hablar?-Bastemon fijó sus ojos brillantes en Tatsuya.

-Entonces lo haremos hablar. Y si nos lleva hasta el caballero del caos… mejor- El pelinegro no apartó la vista del mapa.

La tensión en la sala era distinta a la del combate. Ya no se trataba de rugidos ni explosiones, sino del filo helado de una cacería silenciosa. Esta vez, el enemigo respiraba demasiado cerca.

Mientras tanto, Hackmon permanecía almacenado temporalmente en un Healing Chamber dentro del D-Pet, mientras que Pteromon estaba bajo el cuidado del Xros Loader. Los lugares de ambos Digimon se invirtieron, y ahora uno se regeneraba en el D-Pet y el otro dentro del sistema del Xros Loader, con sus datos siendo estabilizados y reparados poco a poco tras el brutal enfrentamiento contra Lilithmon y Chaosdramon.

Bastemon miró el dispositivo por un instante, los ojos entrecerrados.

-No podemos sacarlos aún -dijo en voz baja - Si vuelven a pelear ahora, podrían colapsar.

-Lo sé… -respondió Tatsuya, sin apartar la vista del visor-Por eso esta parte nos toca a ti y a mí-.


El silencio de la sala se extendió unos segundos. Solo el zumbido del radar llenaba el aire. Tatsuya inclinó la cabeza, como si una idea hubiese estado rondando en su mente desde antes.

-Bastemon… antes de todo esto, ¿qué significaba Tesla para ti?- Preguntó en un tono, menos frio, suave.

La felina se quedó en silencio unos segundos, sorprendida por la pregunta. Al final bajó la mirada, sus garras jugando con un mechón de su cabello.

-Tesla ya no está, lo sabes. Pero mientras vivió… era un súbdito noble y devoto hacia mí. Aunque también era arrogante, brillante. Se obsesionaba con controlar la energía, con romper los límites entre este mundo y el de ustedes. Para él todo era un experimento, incluso la gente que lo seguía-.

Tatsuya la escuchaba en silencio, atento a cada palabra.

-¿Confiabas en él?-.

Bastemon dejó escapar una risa amarga.

-Confiar en Tesla era como dormir abrazada a una bomba encendida. Pero sabía convencer. Hacía que las ideas más imposibles sonaran como promesas reales. Muchos lo siguieron porque pensaron que podían cambiar las reglas del mundo digital con él- Su voz bajó un tono, más seria.
-Y aunque está muerto, su eco sigue aquí. Algunos todavía creen en lo que predicaba. Y ese es el verdadero peligro: no él, sino lo que dejó plantado en las mentes de otros.-

El pitido del radar interrumpió la conversación: Gazimon se había detenido en un corredor de suministros, justo donde las cámaras no alcanzaban. El punto ciego que habían previsto.

-Entonces cazaremos al roedor antes de que las semillas de Tesla germinen otra vez-.Tatsuya ajustó el visor.

-Que así sea.-Bastemon sonrió de lado, mostrando apenas sus colmillos.
 
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Mientras Tatsuya y Bastemon partían hacia el corredor de suministros siguiendo la señal de Gazimon, el D-Pet seguía procesando silenciosamente los datos de los Digimon almacenados. En la pantalla del dispositivo, el indicador del Healing Chamber mostraba que dos barras de energía llegaban al cien por ciento. Un destello de luz azulada iluminó la habitación, y las cápsulas de datos se abrieron como un cristal quebrándose desde dentro.

De aquella grieta digital emergió primero Dvalin, liberando un rugido grave que vibró en el aire mientras sus escamas recobraban el brillo metálico. Sus alas se desplegaron con un chasquido imponente, como si necesitara comprobar que todavía podía cortar el viento. Un instante después, Dainsleif dio un paso al frente, los fragmentos de datos cristalinos deshaciéndose a su alrededor en partículas de luz. Su mano se posó en la empuñadura de su espada, más por costumbre que por necesidad, como asegurándose de que seguía siendo parte de él.

La pantalla del D-Pet se apagó, dejando el ambiente en un silencio expectante. Tatsuya lo sostuvo con firmeza, y al verlos materializados frente a él, no pudo evitar una exhalación profunda.

-Por fin… -murmuró con un dejo de alivio.

-Vaya si tardó esa máquina -gruñó Dvalin con naturalidad, como quien se queja tras una larga siesta.

-Al menos salimos enteros -añadió Dainsleif, girando el cuello hasta que un crujido metálico recorrió sus articulaciones.

Tatsuya no dijo nada, y aunque el cubrebocas ocultaba cualquier gesto, sus ojos bastaban para delatar el alivio contenido. El leve temblor de sus párpados y la forma en que exhaló, como soltando un peso de hierro de su pecho, hablaban más claro que una sonrisa. Dvalin y Dainsleif tampoco hicieron reverencias ni saludos solemnes: simplemente se plantaron frente a él con la naturalidad de quienes ya habían compartido heridas y victorias. Bastemon los observó de reojo y comprendió que en esa ausencia de gestos estaba lo verdadero. No eran protocolos ni títulos lo que unía a ese trío, sino cicatrices compartidas, la confianza nacida del filo de las batallas y de la certeza de que, juntos, habían sobrevivido a lo que debía haberlos destruido.

-Bienvenidos de vuelta -dijo Tatsuya, directo.

Los dos Digimon asintieron sin dramatismos, listos para lo que viniera. El reencuentro fue breve, apenas un respiro antes de que la tormenta regresara.


----------------------------------​


Minutos después, la tensión había cambiado de lugar.

El silencio de la sala de interrogatorio era apenas sostenido por el zumbido del M.I.G. grabando cada palabra. El prisionero (Tamer de Triceramon), sudoroso, había confesado ser un simple enlace, pero cada vez que se refería a "él", bajaba la voz como si hasta el eco pudiera condenarlo.

Un estruendo sacudió las paredes, haciendo vibrar la lámpara que pendía del techo. El comunicador de Tatsuya estalló con la voz urgente de un guardia:
-¡Movimiento en el sector oeste! ¡Dos Digimon hostiles atravesaron la línea de defensa! ¡Son de etapa Perfect!-.


Hackmon reaccionó al instante, erguido, la capa agitándose con brusquedad mientras sus colmillos asomaban entre la tensión.
-Entonces la calma se acabó… -murmuró, sus ojos ardiendo con un brillo de desafío.


El suelo tembló con un rugido metálico. BlackMegaloGrowmon irrumpió derribando puertas, y a su lado, SkullSatamon balanceaba su guadaña envuelta en energía oscura. Los muros se llenaron de grietas y las alarmas del palacio aullaron como un coro desesperado.

-Van por él -sentenció Bastemon, clavando la mirada en el prisionero.

Tatsuya reaccionó de inmediato.-¡Dvalin evacúa a Bastemon y abre ruta de escape! - ordenó. Confiando que con el sonido de las alarmas, el personal del palacio se pondrá a salvo y seguirán los protocolos.

-¡Entendido! - el ave extendió sus alas, lanzando un Wind Slicer que reventó un muro lateral.

-Dain, ven conmigo. No podemos dejar que lleguen aquí -ordenó Tatsuya, sacando su D-Arc.

-Por fin algo que se siente como un desafío real -replicó Hackmon, mostrando los colmillos antes de interceptar el zarpazo de BlackMegaloGrowmon. El choque iluminó el pasillo con chispas rojas y doradas.


SkullSatamon trató de escabullirse hacia el corredor del prisionero, pero Bastemon se interpuso en su camino. Con un giro ágil, su cola se extendió como un látigo y golpeó la guadaña, desviándola en el último segundo. Retrocedía de forma calculada, sus garras listas para interceptar cualquier movimiento, cada paso medido para mantener la presión y al mismo tiempo cubrir la retirada. La tensión era sofocante: el palacio entero se estremecía con cada impacto.
De pronto, un pitido seco resonó en el M.I.G. El radar marcaba movimiento: el prisionero estaba siendo trasladado. Pero no por los enemigos.


-No…-Tatsuya palideció al percatarse mejor. La imagen fue clara: Gazimon, con esa bandeja. El dispositivo rojo. Todo encajó. -¡Gazimon lo está sacando!-.

Dvalin giró el cuello con brusquedad, con sus plumas erizadas.

-¡Ese traidor…! ¡Al fin mostró alevosía! -Exclamó Pteromon, su voz cargada de rabia y decepción.

Hackmon, con los ojos ardiendo como brasas, bloqueó otra embestida de BlackMegaloGrowmon y siseó: -Siempre lo supe. Su mirada nunca fue limpia. Tatsu, dame un minuto y traeré de vuelta a ese cobarde aunque deba arrastrarlo por los colmillos-.

-Si Gazimon está con ellos… significa que ese "caballero del caos" no es solo una sombra allá afuera. Es su sombra dentro de nosotros- Bastemon, aún retrocediendo, apretó los dientes.

El eco de esa frase quedó suspendido en el aire mientras las paredes se resquebrajaban con el asalto. La batalla por el palacio se había convertido en algo mucho más oscuro: ya no se trataba de proteger a un testigo, sino de descubrir hasta qué punto la corrupción de la Rogue Guild había infiltrado sus propias filas.

El sonido metálico de las garras de BlackMegaloGrowmon arrastrándose por el piso y el eco de la guadaña de SkullSatamon llenaban el pasillo. Tatsuya giró apenas para confirmar la posición de Bastemon, pero ella ya no estaba: Pteromon la había sacado por la puerta lateral, rumbo a la zona segura.
El dinosaurió mecánico dio un salto brutal, cayendo frente a Tatsuya y Hackmon. Su cola láser se movió como un látigo y, en un parpadeo, el arma de energía cortó el aire… directo hacia el humano.

-¡No te será facil!-Tatsuya apenas tuvo tiempo de llevar la mano al Xros Loader en su cinturón junto a una Digimemory.

Un destello azul surgió del dispositivo y, en el pasillo, se materializó RizeGreymon. Sin perder tiempo, el Digimon levantó su brazo-cañón y disparó un Trident Revolver que chocó contra la cola de BlackMegaloGrowmon, desviándola y rompiendo parte del muro lateral.

-Gracias por la cobertura -murmuró Tatsuya. RizeGreymon le guiñó un ojo antes de desmaterializarse, dejando tras de sí un leve rastro de datos dispersos.


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En los corredores traseros, Dvalin mantenía a Bastemon detrás suyo mientras corrían. El M.I.G. de Tatsuya mostraba en tiempo real que la señal del prisionero se desplazaba rápidamente hacia una salida secundaria… justo por donde ellos no habían pasado. Al girar en la intersección, Pteromon lo vio: Gazimon tiraba del prisionero casi a rastras, sujetándolo por los brazos con una fuerza desmedida que le arrancaba gritos ahogados.

-¡Gazimon! ¿Qué estás haciendo? -exclamó Bastemon, incrédula.

-No es nada personal, majestad… solo negocios -replicó Gazimon con una sonrisa torcida.

Con un rápido movimiento, hizo una señal a su compañero, un Gorillamon de nivel, que estaba oculto en las sombras. En ese instante, el Digimon golpeó con fuerza una de las paredes cercanas, haciendo que una gran cantidad de escombros se desmoronara, bloqueando el paso con un rugido metálico. La tormenta de escombros se levantó en una nube de polvo, dificultando la visión y cerrando el camino hacia Gazimon. Aprovechando el caos, Gazimon tiró del prisionero y comenzó a correr, sus risas resonando entre el ruido del derrumbe junto con el Digimon simio.

-¡Tatsuya! -la voz de Bastemon estalló en el comunicador.

-Lo veo en el radar… aguanta, Dvalin -respondió él, mientras Hackmon esquivaba por centímetros un tajo descendente de la guadaña de SkullSatamon, que se clavó en el suelo levantando chispas. BlackMegaloGrowmon giró su cola láser de nuevo y lanzó un Double Edge que cortó parte del techo, bloqueando temporalmente el camino hacia el ala trasera.

-No llegarás -gruñó el tamer encapuchado de BlackMegaloGrowmon.

Dvalin no dudó. Usó Wind Slicer para abrirse paso entre los escombros y Bastemon se lanzó detrás del traidor. La persecución continuó por las calles secundarias de Oasis City, donde el bullicio de la multitud se mezclaba con los gritos del prisionero. Gazimon lo empujaba sin miramientos y, cuando Bastemon o Pteromon intentaban acercarse, lo usaba como escudo humano, colocándolo entre ellos y cualquier ataque.

-¡Cobarde! -rugió Dvalin desde el aire, conteniendo un ataque para no dañar al rehén.

-Cobarde, no -replicó Gazimon, jadeando mientras corría - ¡Práctico!- .

El traidor zigzagueaba entre los callejones, aprovechando cada esquina y la confusión de los ciudadanos para ganar terreno, mientras Bastemon apretaba los dientes con impotencia.

Mientras tanto, en el palacio, Hackmon retrocedía un paso tras otro, sus movimientos cada vez más ajustados para esquivar la guadaña que descendía sin piedad. Cada impacto errante de SkullSatamon hacía vibrar las paredes, y BlackMegaloGrowmon, con su rugido ensordecedor, dejó claro que la verdadera batalla apenas comenzaba.
 
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Las calles secundarias de Oasis City estaban envueltas en una luz tenue, con faroles digitales marcando el camino. Pteromon y Bastemon avanzaban con rapidez, esquivando puestos y transeúntes, hasta que, al girar en una esquina, encontraron a Gazimon empujando el módulo con el prisionero.

-¡Gazimon! -Bastemon lo llamó, pero el traidor no detuvo su paso.

-Majestad… -dijo con una sonrisa torcida- No se ofenda, pero hay causas más… lucrativas-.


De la penumbra surgieron dos figuras imponentes: MetalPhantomon y Gigadramon, ambos Perfects, bloqueando el callejón como una muralla viviente. Tras ellos, sus tamers también emergieron, observando con desdén a Bastemon y Pteromon. El tamer de MetalPhantomon, con una mirada fría y calculadora, habló con voz grave:

-Den media vuelta y no se lastimarán-.

El tamer de Gigadramon, por su parte, apretó las manos sobre su guantelete y observó con desconfianza a Bastemon, como si medirla fuera lo único que quedaba por hacer.

Pteromon evaluó la situación en un segundo: dos Perfects, terreno estrecho, y Bastemon desarmada a su lado. No había forma de ganar sin ponerla en grave riesgo.

-Bastemon… -susurró él, retrocediendo un paso -Mi prioridad eres usted-.

Sin esperar respuesta, desplegó sus alas y creó una ráfaga de viento con Wind Slicer, no para atacar, sino para levantar polvo y reducir la visibilidad. Tomó a Bastemon con sus garras y la elevó, ganando altura mientras los Perfects reaccionaban.

-¡Cobardes! -gritó el tamer de Gigadramon, mientras sus Digimon lanzaban ataques que destrozaban los muros laterales, sin lograr alcanzarlos.

En ese momento, dos nuevas figuras emergieron de la penumbra: Karatenmon y Asuramon, ambos Perfects, y los tamers que los acompañaban. Karatenmon lanzó una patada hacia el aire, demostrando su agilidad en un rápido giro de pierna, mientras Asuramon desenfundaba su espadón con una sonrisa cruel, preparándose para interceptar cualquier intento de fuga.

Pteromon voló alto, evitando los ataques, pero sabía que no podían seguir volando indefinidamente. La rapidez de Gigadramon y la agresividad de MetalPhantomon les estaban cerrando las rutas.


-¡Cobardes! -rugió el tamer de Gigadramon.
-¡No los dejéis escapar! -ordenó el tamer de MetalPhantomon, con los ojos brillando de odio.


En pocos segundos, Pteromon y Bastemon desaparecieron entre los techos de la ciudad, dejando atrás a Gazimon y sus aliados… y marcando el primer revés serio de la noche.

En uno de los patios interiores del palacio, Tatsuya terminaba de revisar el M.I.G., donde las señales de BlackMegaloGrowmon y SkullSatamon se habían desvanecido fuera del rango. Hackmon, aún con leves marcas del combate, permanecía atento a cualquier movimiento.


Un golpe de aire fuerte hizo que ambos levantaran la vista: Dvalin descendía, sosteniendo a Bastemon con cuidado. El ave aterrizó suavemente, dejando que la reina felina se pusiera de pie.

-¿Qué pasó? -preguntó Tatsuya de inmediato, acercándose.

-Gazimon no estaba solo. Dos Perfects: MetalPhantomon y Gigadramon. No podía enfrentarlos sin poner en riesgo a Bastemon-. Respondió Dvalin, aún jadeante,

-Vi su mirada, Tatsuya… no se trataba de un simple soborno. Está trabajando con esa Rogue Guild desde hace tiempo-.Bastemon apretó los puños.

-Si lo dejamos moverse libre, se va a atrincherar y cubrir sus huellas- Dainsleif dio un paso al frente.

Tatsuya asintió, pero mantuvo el tono bajo.

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El corazón de la Rogue Guild​



El punto rojo del radar se detuvo en el límite del anillo industrial, en un sector olvidado de Oasis City donde las viejas fábricas digitales parecían dormidas. Tatsuya y Dainsleif, junto a Dvalin, se ocultaron en lo alto de un almacén derruido, con vista directa al lugar.

Frente a ellos, Gazimon pasó por una compuerta metálica parcialmente abierta, vigilada por Karatenmon y Asuramon. Karatenmon, con su postura erguida y ojos afilados, sostenía sus dos espadas listas, observando cada movimiento del traidor como si dudara de su lealtad. Asuramon, con su mirada implacable, permanecía calmado, evaluando cada ángulo, preparado para intervenir sin necesidad de armas.

Tras ellos, emergieron sus tamers: cada uno con uniforme oscuro y dispositivos avanzados que les permitían enmascarar parcialmente sus señales y monitorear cualquier intruso. Sus movimientos coordinados mostraban años de entrenamiento y confianza mutua.

Gazimon cruzó la puerta y, al instante, dos Perfects más se posicionaron en el interior: MetalPhantomon y Gigadramon, ambos acompañados de sus tamers. Cada Digimon mantenía una postura defensiva, como guardianes de una fortaleza, mientras sus tamers ajustaban pantallas holográficas y analizaban rutas de escape, asegurando que ningún observador externo pudiera descubrir su operación.


-Puedo ver al menos cuatro Digimon y sus tamers claramente dentro… y otras señales que aparecen y desaparecen rápido. -Su mirada recorría cada sombra, cada movimiento sutil- Están usando dispositivos para ocultar o confundir su presencia. -Dvalin bajó el tono de voz al mínimo, desplegando sus alas para ganar altura y un ángulo de observación perfecto.

-Esto no es un escondite cualquiera. Han tomado un complejo entero y lo han preparado para cualquier intrusión-Dainsleif, observando desde otra cobertura, frunció el ceño, percibiendo la coordinación impecable entre los Digimon y sus tamers.


Desde una ventana rota se alcanzaba a ver el interior: un espacio amplio con mesas improvisadas, cajas de provisiones, y un panel holográfico donde los tamers de MetalPhantomon y Gigadramon discutían estrategias con gestos rápidos. Gazimon se movía con confianza, protegido por el aura intimidante de los Perfects.

Bastemon, observando desde el palacio mediante el M.I.G., respiró hondo. Por seguridad, había quedado bajo resguardo en el palacio; la misión ahora era 100 % encubierta y confiando que DS hará su parte del trabajo.

-Hagan lo que sea necesario. Pero recupérenlo vivo. Quiero respuestas… y quiero que esta vez no se les escape - Esta orden pareció más una súplica.

-Entraremos por los túneles de mantenimiento, desde el distrito mecánico. Cortaremos comunicaciones y bloquearemos salidas estratégicas. Nadie dentro sabrá que los estamos observando-. Tatsuya ajustó la proyección del radar, marcando rutas de vigilancia y puntos de cobertura.

-Yo cubriré desde arriba. Ninguna señal de Digimon o tamer se me escapa.-Dvalin, inclinando el vuelo, evaluaba las corrientes de aire y posibles refuerzos.

-Cada movimiento que hagan será registrado. No subestimen a nadie dentro, ni siquiera a los que parecen secundarios-añadió con calma Dainsleif, posado en un vigía metálico.

-Entonces será un ataque silencioso y calculado. La Rogue Guild no sabrá lo que los golpea hasta que sea demasiado tarde- Tatsuya cerró el visor del M.I.G., apretando los dientes.

El punto rojo en el radar avanzó, invisible para Gazimon y sus aliados, mientras la noche de Oasis City se teñía de sombras profundas y luces parpadeantes. La cacería apenas comenzaba, y esta vez no habría margen de error.


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Sombras en Oasis City​

La noche cubría Oasis City con su habitual mezcla de luces digitales y sombras profundas. El nipón ajustó el M.I.G. para proyectar en su visor un mapa tridimensional de la zona. Un punto rojo parpadeaba en movimiento constante: la señal de Gazimon.

-Está saliendo del distrito comercial… rumbo al anillo industrial -susurró Tatsuya, manteniendo la voz baja para que solo Dvalin y Dainsleif lo escucharan.

-Ese sector está casi desierto a estas horas. Perfecto para un intercambio o reunión sin testigos- Dainsleif frunció el ceño, posado en una viga metálica.

-Puedo cubrir toda la zona desde arriba. Ningún Digimon o tamer se me escapa- Dvalin, planeando sobre el callejón con sus alas extendidas, evaluaba rutas y corrientes de aire.

Tatsuya tomó un atajo por las callejuelas, manteniendo siempre una manzana de distancia para no ser detectado. Cada vez que el radar señalaba un cambio de dirección, ajustaban la ruta silenciosamente, moviéndose como sombras entre las luces de neón y los postes digitales.

De pronto, el punto rojo se detuvo. Tatsuya se agachó detrás de un contenedor metálico y ajustó el zoom del M.I.G.

-Está hablando con alguien… -susurró, observando la penumbra.

A través de las sombras, distinguieron a un humano con gabardina y visor táctico. A su lado, un Karatenmon erguido con sus dos espadas, y Asuramon, tranquilo pero implacable. Tras ellos, dos tamers avanzaban con dispositivos en mano, monitoreando cada ángulo.

-Otro escolta organizado. No es casualidad; cada movimiento está calculado-Dainsleif apretó los dientes.

Dvalin observó desde arriba, analizando los patrones de vigilancia y la interacción de los Perfects con sus tamers.

-Están usando rutas que evitan cámaras y zonas concurridas… demasiado planeado para ser improvisado-.

-No vamos a intervenir todavía. Quiero ver a dónde lo llevan y cómo interactúan todos los miembros de la Rogue Guild-

Tatsuya asintió, bajando la cabeza hacia el M.I.G.


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Plan de Caza​



En el salón de guerra del palacio, las luces estaban bajas y solo un holograma proyectado en la mesa central iluminaba el lugar. Un mapa tridimensional de Oasis City mostraba varios puntos rojos en el anillo industrial: las posiciones que Tatsuya y su equipo habían detectado.
Bastemon estaba sentada al frente, con expresión severa. A su lado, Tatsuya, Dainsleif y Dvalin, todavía con el cansancio de la noche anterior.


-Así que confirmamos -dijo Tatsuya, señalando el mapa- que la Rogue Guild controla al menos un complejo entero en la zona industrial. Gazimon los condujo hasta allí. Hay mínimo seis tamers activos y ocho Digimon de nivel Perfect, sin contar al líder y quien sabe si hay más Ultimates-.

-No podemos ir directo. Si entramos de frente, se dispersan y desaparecen en segundos-intervino Dainsleif

-No quiero pánico en la ciudad. ¿Cómo piensas atacar sin que nadie lo note?-Bastemon miró al Tamer nipón.

Tatsuya giró el holograma, mostrando la red de túneles subterráneos que conectaban las fábricas antiguas.

-Las fábricas están conectadas por túneles de mantenimiento. Podemos entrar por un acceso oculto en el distrito mecánico. Si bloqueamos las salidas y cortamos su comunicación, estarán atrapados-.

-Yo puedo patrullar desde arriba para evitar que reciban refuerzos- Dvalin asintió, evaluando la cobertura aérea.

-Quiero que Gazimon sea capturado vivo. Y si puedes traer al líder… mejor- Bastemon se inclinó hacia delante, con el ceño fruncido.

-Entonces tendremos que dividirnos: un equipo de contención y otro de captura. Digital Security solo puede ayudarnos en el perímetro, pero no dentro del complejo - Tatsuya la miró con seriedad.

-Eso es suficiente -respondió Bastemon- Dentro, será su batalla-.

El holograma mostró el plan final: tres entradas marcadas, rutas de bloqueo y un punto de extracción rápida. La fecha estaba fijada: mañana, al caer la noche.
El equipo sabía que esta sería una operación de precisión: cualquier error, cualquier paso en falso, y Gazimon o los Perfects podrían escapar. Esta vez no habría margen para improvisaciones.
 
OP
OP
Gennai

Gennai

Eclipse Dynasty Member
El M.I.G. de Tatsuya chisporroteaba, mostrando al menos seis Tamers activos y ocho Digimon de nivel Perfect, sin contar al líder ni los posibles Ultimates acechando entre los escombros. El desierto digital que rodeaba Oasis City se extendía hasta donde alcanzaba la vista: torres de chatarra y restos de servidores oxidados se alzaban como monumentos a un mundo caído, atrapando la luz rojiza del amanecer y generando sombras que parecían moverse con vida propia. Entre ellas, Guardromon vigilaba junto a una consola medio enterrada en la arena digital, mientras Sealsdramon apoyaba su robusta armadura contra la pared de una puerta blindada cubierta de polvo y cables rotos. Otros Perfectes se movían con cautela entre los restos, sus formas reflejadas en el metal descompuesto y los cristales rotos de antiguas pantallas.


Dvalin revoloteó con nerviosismo, esquivando fragmentos de chatarra. - Si nos ven… estamos acabados… -susurró, con las alas batiendo rápidamente, levantando polvo digital que flotaba en el aire.

Tatsuya revisó su mazo y deslizó la primera carta: Atomic Ray.

-¡Dvalin, ahora!-.

El ave lanzó un rayo incandescente hacia la esquina más lejana del pasillo, donde se acumulaban viejos módulos de servidores y cables retorcidos. El impacto provocó una explosión metálica que resonó por todo el sector, haciendo que Sealsdramon y Guardromon se giraran a investigar.

Tatsuya sacó otra carta: Bubble Barrier, y Hackmon liberó una cascada de burbujas de energía que flotaron sobre los escombros, reventando con ecos huecos que simulaban movimiento enemigo, desviando la atención de los Perfectes hacia el lado opuesto.

-¡Es ahora o nunca! -susurró Tatsuya-¡Digievolucionen!-.

Dvalin y Dainsileif brillaron con energía digital intensa. Sus cuerpos se transformaron ante los ojos de los enemigos y aliados: Pteromon emergió como Galemon, con alas más grandes y un aura eléctrica concentrada, mientras Hackmon evolucionaba a BaoHackmon, garras y armadura reforzadas irradiando un poder que hacía vibrar la chatarra a su alrededor.

El cambio repentino y la nueva presencia de los Digimon amplificó la tensión en el aire. Tatsuya aprovechó la distracción para activar Cosmo Flash, iluminando la arena digital con destellos de azul y dorado.

-¡Rápido, acérquense! -susurró- Dainsleif, ¡ahora!-.

El dragón entonó la Heartner Beam, su melodiosa serenata atravesando la arena y el polvo, debilitando la voluntad de los Perfectes que vigilaban, despejando el camino entre torres de chatarra y restos de servidores desmoronados.

Bastemon inmediatamente se enlazó mediante un comunicador, no se veía bien, al verla rodeada por un aura de veneno el Tamer nipón empezó a temer lo peor.

-Tatsu… me han envenenado… -susurró, con voz entrecortada- Usaron la carta Fudokusou… No podré resistir mucho… Había recibido un mensaje de alerta interna de la base enemiga. Intenté intervenir, pero… caí en una trampa y ahora estoy debilitada. No puedo salir… -


-¡La Rogue Guild… alguien la debilitó para matarla! Pero aún podemos usar su señal para guiarnos-Dainsleif frunció el ceño, viendo la gravedad de la situación. -Eso explica por qué no nos ayudó desde afuera…-.

-No podemos perder tiempo - dijo Tatsuya, mientras Pteromon y Hackmon cubrían su avance entre escombros -Debemos encontrar a Bastemon antes de que el veneno la consuma-.

Dvalin se adelantó, sus poderosas patas levantando polvo digital que flotaba en la luz rojiza. Sus ojos brillaban con determinación, y su rugido resonó entre torres de chatarra y restos de servidores:

-¡Déjenme a mí!-

El ave dragón se impulsó, atravesando corredores de escombros y puertas blindadas con una velocidad sorprendente. Cada paso hacía vibrar la arena digital bajo su peso, mientras escaneaba el área con energía mágica concentrada. Su figura desapareció por un instante detrás de una pila de módulos de servidores caídos, solo para reaparecer unos segundos después:

-¡La he localizado! -rugió, señalando un débil resplandor verde que se movía cerca de una consola derrumbada - Está gravemente debilitada… el veneno se propaga rápido-.


Tatsuya asintió, respirando con rapidez. -¡Rápido, Dvalin! ¡Tráela hasta aquí!-

El dragón se abalanzó sobre Bastemon, esquivando restos de metal y cables rotos, y la sujetó cuidadosamente entre sus garras delanteras. La silueta verde parpadeaba débil, rodeada por un aura enfermiza de veneno digital, apenas consciente. Con precisión y fuerza, Dvalin retrocedió por el mismo camino, evitando a los Perfecs enemigos y aprovechando cualquier cobertura entre la chatarra.

Finalmente, emergió de nuevo entre los escombros, frente a Tatsuya, Pteromon y Hackmon. -Aquí está -dijo, depositando suavemente a Bastemon sobre el suelo -Necesita ayuda inmediata-.


Tatsuya deslizó una carta : Hana no Kubikazari. Un anillo de flores digitales surgió de Dvalin al extender sus alas, girando lentamente y expandiéndose hasta rodear a Bastemon. La luz suave y azulada comenzó a penetrar en su cuerpo, eliminando los rastros del veneno digital mientras su silueta verde recuperaba fuerza lentamente.


-Esto debería ayudarte a resistir -susurró Tatsuya, con voz firme-Mantente fuerte, Bastemon si mueres todo habrá terminado-.

Los pétalos envolvieron a Bastemon en un remolino protector, y poco a poco su aura de debilidad se disipó, reemplazada por un brillo verde más intenso. Sus ojos parpadearon, volviendo a enfocar el entorno con determinación, aunque aún respiraba con dificultad.

-¡Gracias… Tatsuya…! -dijo Bastemon, intentando ponerse de pie, con un hilo de voz firme - Puedo seguir… pero debemos… ¡movernos rápido!-

Dvalin bajó la cabeza, vigilante, mientras Galemon se mantuvo flotando cerca, batiendo sus enormes alas y vigilando los alrededores. La amenaza del Caballero del Juicio Invertido y el resto de la Guild aún pendía sobre ellos, pero por un instante, la coordinación entre Tatsuya y sus Digimon les daba un respiro vital.

Hackmon asintió, comprendiendo que ahora contaban con un margen de tiempo que antes no tenían.

-¡Perfecto! Con eso podemos avanzar sin ser detectados por los miembros de la Rogue Guild-.


La puerta interior se cerró tras ellos con un clic metálico, dejando atrás los ecos de pasos y el zumbido de las alertas digitales. La luz rojiza del núcleo flotante iluminaba la sala, proyectando largas sombras que danzaban entre torres de chatarra y restos de cables, como si la propia sala respirara tensión.

-No detecto señales de Guardromon ni Sealsdramon… pero hay algo más grande… -dijo Dvalin con voz grave, on voz grave, señalando una irregularidad en la luz que se filtraba entre los escombros, como un vacío silencioso que parecía absorber incluso las partículas de polvo digital.

Una figura emergió de la penumbra: el Caballero del Juicio Invertido. Su manto desgarrado ocultaba gran parte de su armadura gris y azul, mientras un aura oscura distorsionaba el aire y el polvo a su alrededor. Su lanza brillaba con un fulgor mortal.

-No perderé tiempo con presentaciones. Mi orden es clara: eliminarlos-.

-Tatsu… su energía es… demasiado opresiva… -advirtió BaoHackmon frunciendo las garras, preparado para actuar.

El Caballero levantó su lanza, abriendo un corte de energía que atravesó los escombros y bloqueó la salida.

-No tienen escapatoria -sentenció - solo han retrasado lo inevitable —dijo con voz grave, resonando en el metal y la arena—. Fui muy amable al ayudar a Bastemon a llegar con Tesla… lástima que tardará en hacerlo-.

Bastemon dio un paso atrás, sus ojos brillando con incredulidad y furia contenida.

-¿…Tú? -susurró, incapaz de comprender la amenaza- ¿Por qué…?-

El Caballero bajó la lanza con un movimiento lento, medido, como si disfrutara del miedo que despertaba.

-Claro que me conoces. ¿Recuerdas la primera vez en tu palacio? Cuando atacaste… fui yo quien intentó matarte-.

Bastemon tragó saliva, temblando, sin poder apartar la mirada.

-No… no puede ser… -dijo, la voz quebrada, pero firme- ¿Tú… tú intentaste matarme?-


El Caballero avanzó un paso, su presencia pesada como un muro de metal y oscuridad.

-Sí -dijo, con calma letal- Y no lo hice sin motivo. Recuerdas la primera vez, en tu palacio… cuando atacaste… fui yo quien intentó detenerte, incluso si eso significaba acabar contigo-.

El aire se cargó de tensión, y Bastemon sintió que el corazón le latía con fuerza, el recuerdo de Tesla golpeando su mente como un puño invisible.

-¡Tesla…! -susurró, un hilo de miedo y dolor mezclándose con la incredulidad- ¿…Tú lo mataste?-

El Caballero bajó la lanza levemente, con un gesto de desprecio contenido, casi académico.

-No subestimes el peso de tu primera acción -dijo- Tesla murió protegiéndote. Yo no lo busqué, pero él se interpuso en mi camino… y su sacrificio fue en vano-.

Bastemon dio un paso atrás, las garras digitales temblando, palideciendo mientras la rabia y la incredulidad se mezclaban con la impotencia.
-¡¿Cómo pudiste…!? -gritó, con un eco metálico que rebotaba entre la chatarra y los restos de servidores- ¡¿Cómo puedes decir que fue por mí!?-.

-Porque siempre hay un precio por la vida que decides proteger -respondió el Caballero, su voz resonando como un martillo sobre el metal- No hay bondad sin consecuencia, Bastemon. Ni siquiera entre amigos-.

El silencio cayó, pesado y opresivo. El polvo y los restos metálicos flotaban en el aire, atrapando la luz rojiza y reflejando sombras que parecían bailar alrededor de la tensión que ahora los envolvía. Bastemon apretó los dientes, luchando contra la marea de emociones: miedo, rabia, dolor y una sensación punzante de traición.

-No… no puedo confiar en ti… -susurró, casi para sí misma, mientras su aura recuperaba un brillo más firme gracias al Hana no Kubikazari—. Ni siquiera después de lo que dijiste…-

El Caballero se mantuvo inmóvil, como una estatua de juicio, observándola con paciencia gélida.

-Entonces permanece incrédula -dijo, y su voz se deslizó entre las partículas de polvo como un filo- Solo han retrasado lo inevitable. Bastemon… tu destino, y el de todos los que intenten protegerte, se decidirá aquí- Hizo una pausa. -No confíes en mí -replicó el Caballero - No lo hice por malicia; solo estaba cumpliendo mi primer juicio. Pero no esperes gratitud ni arrepentimiento de mi parte-.

Antes de que Bastemon pudiera lanzarse hacia él, Tatsuya reaccionó. Con un movimiento firme, sostuvo el Xross Loader y absorbió a Bastemon dentro de la cápsula digital, apartándola de la línea de fuego antes de que pudiera recibir el golpe letal del Caballero.

-¡No, Bastemon! -exclamó Tatsuya, mientras el Xross Loader se iluminaba, encerrando al Digimon dentro de un espacio seguro.

El Caballero del Juicio Invertido avanzó, lanza en mano, haciendo que la chatarra y los escombros estallaran con cada paso. Sus ojos tras el yelmo brillaban con arrogancia y desprecio:

-Intentar huir no cambiará nada. Todo termina aquí-.

Tatsuya deslizó otra carta: Break-Claw. Las garras de BaoHackmon se agrandaron y liberaron ondas de choque que sacudieron los restos de servidores, cables colgantes y chatarra, mientras SkullSatamon emergía como refuerzo, forzado a retroceder ante la intensidad del ataque.

El japonés activó otra carta: Blockade Seed, y Galemon lanzó semillas digitales que estallaron en gruesas lianas, envolviendo los brazos de SkullSatamon entre escombros y fragmentos de metal oxidado.

El demonio esquelético gruñó, desintegrando las cadenas con un estallido de energía

-¿Crees que estas ramitas pueden detenerme? ¡Skull Hammer!-


El golpe levantó una nube de polvo y fragmentos metálicos, lanzando a Tatsuya y sus Digimon contra torres de chatarra. BaoHackmon rodó mientras Galemon batía las alas, levantando arena y polvo digital.


SkullSatamon disparó una lanza ósea hacia un falso Pteromon creado como señuelo. La ilusión se desintegró gracias a Child Tactics, y Tatsuya activó Blue Prominence, envolviendo a BaoHackmon en una llamarada azul que cegó temporalmente al demonio.


-¡No puedo ver nada! -rugió SkullSatamon, girando a ciegas entre escombros.


El Caballero permaneció firme, observando detrás de su yelmo:
-La luz no cambiará su destino-


Tatsuya deslizó Cyber Nail. BaoHackmon transformó su garra en una hoja de energía digital, cortando a través de escombros, chatarra y cables, despejando un camino estrecho.

-¡Corran! -gritó Tatsuya.


Galemon se impulsó primero con Tatsuya sobre su lomo, BaoHackmon lo siguió cerrando la marcha mientras el eco de golpes metálicos y risas siniestras reverberaban por el desierto digital.

Emergieron a un pasillo lateral abierto al desierto. La arena y los restos de servidores se extendían hasta el horizonte, reflejando la luz del amanecer y cegando por instantes. Cayeron de rodillas sobre un claro cubierto de polvo y chatarra.

-Si no fuera por esas cartas… estaríamos acabados-.Murmuró Dvalin, agitado por la adrenalina.


Bastemon habló desde el Xros Loader con voz firme ahora gracias al Hana no Kubikazari.

-Ese Caballero volverá… y no siempre podrán huir-.

-Nunca había sentido algo tan opresivo…-Daisleif bajó la cabeza, frustrado.

-Entonces la próxima vez… no correremos-Tatsuya levantó la vista hacia el sol, respiración agitada pero mirada determinada.


El viento del desierto arrastraba polvo, chatarra y arena, mezclando calor y ecos metálicos, recordándoles que la amenaza del Caballero del Juicio Invertido, la furia de SkullSatamon y la Rogue Guild acechando a Bastemon debilitada por Fudokusou nunca los dejaría tranquilos.
 
OP
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Gennai

Gennai

Eclipse Dynasty Member

El desierto vibraba con un silencio extraño, apenas roto por un zumbido bajo que parecía emanar de la misma arena, como si los restos metálicos y fragmentos de servidores abandonados resonaran con la información que aún quedaba en el aire. Remolinos de polvo metálico danzaban con la luz del amanecer, reflejando destellos que cegaban por momentos. Bastemon se apoyó con fuerza en el suelo, sus músculos tensos, cola moviéndose lentamente para mantener el equilibrio, mientras Tatsuya escudriñaba el horizonte con los ojos entrecerrados. BaoHackmon y Galemon permanecían erguidos, formas Adult dominando el terreno, respirando con fuerza, cada inhalación un pulso de energía concentrada.

Durante unos minutos, no hubo estrategia, ni huida, ni batalla: solo polvo, respiración pesada y concentración absoluta. La luz del amanecer se intensificaba lentamente, pasando de tonos rojizos a un azul cristalino que parecía derretirse sobre la arena y los restos de servidores esparcidos como fragmentos de un mundo olvidado. Las armaduras y escamas de los Digimon reflejaban esa luz, creando destellos cegadores que hacían que incluso Bastemon entrecerrara los ojos.

Finalmente, Bastemon abrió lentamente los ojos, músculos tensos y respiración medida, observando cómo la luz transformaba el desierto en un lienzo azul cristalino salpicado de escombros brillantes. Tatsuya ya estaba de pie, firme, como centinela. Dainsleif y Dvalin movían sus cuerpos con precisión, respirando con ritmo constante, cada músculo preparado para reaccionar al mínimo movimiento.

-Esto no es un juego… Cada momento aquí nos exige al límite. Si queremos sobrevivir, debemos exprimir cada gota de fuerza, hasta que solo quede lo esencial capaz de resistir cualquier amenaza-Tatsuya rompió el silencio con voz firme y penetrante, cargada de convicción.

Bastemon asintió, mueca de fatiga y resolución. Sabía que aquello rozaba lo suicida. Sin embargo, en los ojos de Tatsuya brillaba esa chispa calculadora, fría y determinada, que no admitía duda alguna.


-Si eso es lo que necesitamos, no pienso retroceder. Ya estoy cansado de ser la presa-Dainsleif bajó la cabeza, ojos rojos brillando con intensidad bajo la luz del amanecer.

-Entonces no hay más que hablar. Que vean lo que somos capaces de hacer- Dvalin flexionó sus garras sobre la arena, dejando que sus alas Adult se desplegaran apenas para mantener el equilibrio.

Bastemon entrecerró los ojos, dibujando una sonrisa apenas perceptible.

-Típico… siempre buscando pelea-.

-No -corrigió Tatsuya, ajustando la correa del Xros Loader - No es una pelea… es evolución. Si quieren seguir respirando, más vale que estén listos-.

El amanecer teñía el desierto con un resplandor casi líquido, azul cristalino que parecía derramarse sobre la arena y los escombros metálicos. La quietud era intensa, casi traicionera, como si el mundo quisiera hacerles creer por un instante que había paz.
El aire fresco olía a polvo y energía pura, pero un zumbido grave recorría el horizonte, persistente, como un tambor lejano anunciando la llegada de algo imposible de detener. Bastemon lo sintió hasta los huesos, Tatsuya lo sabía sin necesidad de palabras: el descanso había terminado.

Un chasquido profundo quebró la serenidad, como si la tierra misma hubiera contenido la respiración demasiado tiempo. El suelo vibró bajo sus pies y un rugido resonó desde la distancia, creciendo hasta convertirse en una ola sonora que levantó remolinos de polvo y chatarra.
Bastemon giró la cabeza de golpe, músculos tensándose como resortes. Tatsuya ya tenía la mano lista, mirada fija, concentración absoluta. BaoHackmon bufó suavemente, inhalando aire caliente del desierto, mientras Galemon inclinó la cabeza hacia adelante, alas listas para el impulso.

La tormenta había comenzado.
 
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