Rango C Esta semana en el Weekly Tengu Newspaper... [Sung Hae-In & Meok-Bo] Mission Accomplished

Gennai

Eclipse Dynasty Member

"Esta semana en el Weekly Tengu Newspaper..."​

a) NPC que lo solicita: Alessa Bellini
- Sinopsis: Alessa está preocupada por sus artículos en el Weekly Tengu Newspaper puesto que no ha tenido una buena racha de noticias el último mes, en contra de sus costumbres y/o personalidad decide pedir la ayuda de Tamers aventureros que deseen explorar los rincones de File Island en busca de noticias más interesantes.
- Escenario: Aleatorio.
- Objetivos:

  • Conseguir al menos 3 noticias/sucesos en 3 lugares distintos.
  • Seguir las órdenes de Bellini.
  • Volver con la información en el plazo de tiempo requerido.

- Notas:
  • Cuidado por donde pisas, podrían haber enemigos cerca.
  • Alessa es bastante asocial, no es recomendable que la llenen de preguntas o atención.

Tamer: Sung Hae-In
 
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El encargo no comenzó en un lugar especialmente llamativo, ni con una emergencia a gran escala, ni con un rugido que anunciara peligro.
Comenzó con una puerta entreabierta, una pila de periódicos mal acomodados y una voz seca que dijo:

—No toques nada—.

Sung Hae-In se detuvo en el umbral de una pequeña oficina improvisada dentro de un edificio de madera, donde varios ejemplares del Weekly Tengu Newspaper estaban repartidos sobre mesas, estantes y hasta el suelo. El lugar olía a tinta fresca, papel viejo y café recalentado. Había plumas, negativos fotográficos, notas tachadas, mapas de File Island y un cartel escrito a mano que decía:

"No interrumpir salvo que el mundo se esté acabando. Y aun así, tocar primero."

Meok Bo, a su lado, levantó la cabeza al olfatear.

—Papel… no comida— dijo, terminando de olerlo.

—Ni se te ocurra morder eso —advirtió Sung sin mirarlo.

Desde detrás de una montaña de documentos apareció una mujer de expresión cansada, cabello ligeramente despeinado y mirada afilada. Era Alessa Bellini, redactora del Weekly Tengu Newspaper. Tenía ojeras marcadas, tinta en los dedos y una actitud que dejaba claro que preferiría estar sola antes que hablar con cualquier persona durante más de treinta segundos.

—Sung Hae-In, supongo —dijo, revisando una libreta sin molestarse en saludar formalmente— llegas a tiempo. Eso ya te pone por encima de la mitad de los Tamers que he conocido—.

—Me dijeron que necesitabas ayuda — Sung cruzó los brazos.

—Necesitar es una palabra fuerte —respondió Alessa, haciendo una mueca—. Digamos que estoy en una situación periodísticamente incómoda—.

La reportera lanzó varios ejemplares del periódico sobre la mesa. En las portadas se repetían titulares poco emocionantes:

"Tanemon gana concurso local de riego."
"Tentomon afirma haber visto una nube con forma de Kuwagamon."
"Vecino de Pueblo Inicial pierde una escoba. Luego la encuentra."


Sung alzó una ceja.

—Entiendo el problema— dijo después de leer los encabezados.

—No, no lo entiendes, esto es una tragedia editorial. Llevo un mes sin una noticia decente. Un mes. El Weekly Tengu Newspaper no puede vivir de escobas perdidas y nubes con forma de insecto —replicó Alessa con molestia contenida.

Meok Bo ladeó la cabeza.

—¿Escoba rica?—.

—No —respondieron Sung y Alessa al mismo tiempo.

Alessa suspiró y extendió un mapa de File Island sobre la mesa. Había tres zonas marcadas con círculos rojos.

—Necesito sucesos reales. Algo interesante. Algo que valga la pena imprimir. No rumores vagos, no exageraciones de borrachos, no historias de Numemon diciendo que encontró una piedra "con aura misteriosa". Quiero hechos— pidió lanzando un suspiro de molestia.

—Tres lugares distintos— Sung observó el mapa.

—Exacto. Mínimo tres noticias, en tres puntos diferentes de File Island. Anotas lo que veas, consigues nombres si puedes, verificas que no sea una mentira obvia y vuelves antes del cierre de edición—.

—¿Cuánto tiempo?— preguntó Sung y Alessa señaló un reloj de pared.

—Hasta el atardecer. Después de eso, la edición se cierra y mi paciencia también—.

Sung miró el mapa. Las zonas marcadas estaban alejadas entre sí: una cerca del Bosque Inquebrantable, otra en los límites del Pueblo Industrial, y una tercera junto a una zona rocosa cercana al Monte Miharashi. No era una ruta cómoda. Tampoco parecía segura.

—¿Alguna advertencia?— preguntó la joven, sabiendo que puede haber complicaciones.

—Varias —dijo Alessa —. Primera: no me traigas chismes inútiles. Segunda: no hagas preguntas innecesarias. Tercera: no te acerques demasiado a mí cuando regreses con el informe. Cuarta: si algo intenta matarte, intenta sobrevivir lo suficiente para contarlo con detalles — terminó de señalarlas.

Sung soltó una leve sonrisa.

—Una periodista encantadora—.

—Y tú una Tamer con cara de querer discutir. No lo hagas—.

Meok Bo levantó una garra.

—Meok Bo traer noticia. Noticia grande. Noticia comida—.

—La comida no es una noticia —dijo Alessa.

—Para Meok Bo sí—.

Sung tomó el mapa y lo dobló con cuidado.

—Conseguiremos tus tres historias—.

Alessa le entregó una pequeña libreta, un lápiz y una placa improvisada del Weekly Tengu Newspaper.

—Esto te identifica como colaboradora temporal. No abuses de ello, no prometas entrevistas, no digas que trabajas conmigo. Y, sobre todo, no menciones que fui yo quien pidió ayuda—.

—¿Te avergüenza?—.

—Me molesta depender de otros—.

—Entonces procuraré terminar rápido— Sung guardó la libreta.

Alessa volvió a esconderse detrás de sus papeles.

—Eso espero. El cierre de edición no va a esperarte, Hae-In—.

Con el mapa en mano y Meok Bo caminando a su lado, Sung abandonó la pequeña oficina. Afuera, File Island parecía tranquila, pero la ruta marcada prometía todo lo contrario. Tres lugares. Tres noticias. Un plazo limitado.
Y, como siempre, la posibilidad de que cualquier cosa saliera mal.
 
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La primera zona marcada por Alessa se encontraba en los bordes del Bosque Inquebrantable, un lugar donde los árboles crecían tan juntos que la luz del sol apenas lograba atravesar las copas. Las raíces sobresalían del suelo como garras retorcidas y el aire estaba cargado de humedad.
Sung avanzaba con paso firme, sin perder tiempo. Meok Bo, en cambio, se detenía cada tanto para olfatear hongos, cortezas y frutas caídas.

—No estamos buscando comida —dijo Sung.

—Meok Bo busca noticia… y comida—.


—En ese orden—.

—Comida noticia—.

Sung suspiró. No tardaron en encontrar el primer indicio de algo extraño. Varios Palmon y Floramon se agrupaban alrededor de un claro, hablando entre ellos con evidente inquietud. Cerca de ellos, una parte del bosque estaba cubierta por una sustancia brillante, parecida a savia azulada, que se extendía sobre troncos y piedras. Sung se acercó sin rodeos.

—Weekly Tengu Newspaper. Necesito saber qué ocurrió aquí —.

Los Digimon se miraron entre sí, nerviosos. Uno de los Palmon dio un paso al frente.

—Ayer por la noche apareció esa savia rara. No estaba antes. Primero pensamos que era de algún árbol enfermo, pero luego empezó a moverse—.

Sung anotó en su libreta.

—¿Moverse cómo? — preguntó ella, para más detalle.

—Como si respirara, y cuando un Kunemon la tocó, se quedó pegado. Tuvimos que sacarlo entre cuatro —dijo Floramon.

Meok Bo se acercó demasiado a la sustancia.

—Brilla—.

—No la toques —ordenó Sung.

El Arkadimon retiró la garra justo antes de meterla en la savia, luego Sung examinó el área. La sustancia no parecía natural. Tenía un patrón irregular, como pequeños fragmentos de datos mal compactados. Cuando una hoja cayó encima, la savia azul reaccionó, envolviéndola lentamente hasta deshacerla en partículas.

—Eso no es savia normal —
murmuró Sung.

De pronto, un ruido entre los árboles interrumpió la conversación. Algo se movía rápido. Los Palmon retrocedieron asustados.

Un Kuwagamon apareció entre las ramas, golpeando los troncos con sus pinzas. Pero no parecía estar cazando. Sus movimientos eran erráticos, torpes, casi desesperados. Parte de su cuerpo estaba manchada con la misma sustancia azul.

—¡Es él!, ¡desde que tocó esa cosa se volvió agresivo!—gritó Floramon.

Kuwagamon lanzó un chillido y embistió contra el grupo.

Sung reaccionó al instante.

—¡Todos atrás! ¡No lo enfrenten de frente!—.

Meok Bo dio un paso adelante por instinto, enseñando los dientes.

—Meok Bo protege—.


—No puedes ganarle por fuerza, es un Digimon nivel Adult. Tú solo lo distraes y nada de recibir golpes —
dijo Sung con voz firme.

Meok Bo gruñó, pero obedeció, Kuwagamon bajó sus pinzas y cargó contra ellos. Meok Bo saltó hacia un lado, apenas evitando el primer ataque. El golpe de Kuwagamon partió una raíz gruesa como si fuera madera podrida. La diferencia de fuerza era evidente: si una de esas pinzas alcanzaba a Meok Bo de lleno, la Quest podía terminar ahí mismo.

Sung chasqueó la lengua.

—Palmon, Floramon. ¿Pueden usar lianas o polen?—.

Los Digimon del bosque dudaron.

—Podemos intentar sujetarlo, pero está muy fuerte —respondió Palmon.

—No necesito que lo detengan. Solo que lo hagan tropezar—.

Sung señaló varias raíces levantadas en el claro.

—Lo vamos a llevar hacia ahí—.

Meok Bo escuchó la orden y comenzó a moverse alrededor de Kuwagamon, haciendo amagos, gruñidos y pequeños ataques desde los costados. No buscaba dañarlo, solo llamar su atención. Cada vez que Kuwagamon intentaba alcanzarlo, Meok Bo se retiraba antes del impacto.

—¡Aquí! ¡Bicho grande lento!—.

Kuwagamon chilló, irritado, y golpeó el suelo con sus pinzas. Una onda de tierra levantó hojas y polvo. Meok Bo rodó hacia un lado, pero una piedra le golpeó el hombro y lo hizo perder equilibrio.

—Tsk… —Sung dio un paso adelante, pero se contuvo— ¡Levántate, Meok Bo!—

—Meok Bo… bien— No estaba gravemente herido, pero el golpe había sido suficiente para recordarle la diferencia de nivel.

Sung tomó una rama larga y golpeó un tronco hueco cercano. El sonido seco atrajo por un segundo la atención de Kuwagamon. En ese instante, Palmon extendió sus lianas hacia las patas del Digimon insecto, mientras Floramon lanzó una nube de polen irritante hacia su rostro.

Kuwagamon retrocedió, sacudiendo la cabeza.

—¡Ahora, a las raíces! —ordenó Sung.

Meok Bo corrió frente a él, provocándolo de nuevo. Kuwagamon rugió y se lanzó tras el Arkadimon. Sung observó cada paso. No podía permitirse un error.

—Izquierda— indicó a su Digimon y Meok Bo obedeció —ahora derecha—.

El Arkadimon cambió de dirección justo antes de llegar a la zona de raíces. Kuwagamon, demasiado alterado para frenar, pisó una raíz cubierta de savia y resbaló. Palmon tiró de sus lianas al mismo tiempo. El enorme insecto perdió balance y cayó de costado, estrellándose contra el suelo con un golpe pesado.

No estaba vencido. Solo derribado.

—¡No se acerquen a sus pinzas! —gritó Sung.

Kuwagamon intentó levantarse, golpeando a ciegas. Una de sus pinzas pasó peligrosamente cerca de Meok Bo, cortando varias ramas por encima de su cabeza.

—Meok Bo casi pierde cabeza—.

—Por eso dije que no te acercaras—.

Sung corrió por el lateral, manteniéndose fuera del alcance directo. La mancha azul estaba adherida a una articulación de la pata izquierda de Kuwagamon. Si la sustancia seguía conectada a él, volvería a levantarse en el mismo estado.

—Necesito separarla sin tocarla —murmuró de pronto.

Floramon le lanzó una vara gruesa.

—¡Usa esto!—.

Sung la tomó, envolvió la punta con un pedazo de tela y esperó el momento preciso. Kuwagamon levantó una pinza para golpear el suelo. En ese breve instante, su articulación quedó expuesta.

—Meok Bo, haz ruido—.

—¡Meok Bo hace ruido!— Arkadimon golpeó dos piedras entre sí y chilló con todas sus fuerzas —¡bicho feo! ¡Mira acá!—.

Kuwagamon giró la cabeza hacia él, furioso y Sung aprovechó. Insertó la punta de la vara entre la sustancia azul y la coraza del Kuwagamon, haciendo palanca con todas sus fuerzas. La savia vibró, resistiéndose como si estuviera viva. Una presión extraña recorrió la madera y casi le hizo soltarla.

—Molesta hasta el final…—.

Palmon y Floramon tiraron de sus lianas para mantener a Kuwagamon en el suelo unos segundos más. Meok Bo no atacó; se limitó a moverse frente a él, esquivando torpemente cada intento de mordida o golpe y finalmente, la masa azul se desprendió. Cayó al suelo como un pedazo de gelatina brillante y comenzó a retorcerse. Sung no esperó. Tomó una piedra plana y la empujó hacia un pequeño hueco entre raíces, lejos de todos y Kuwagamon dejó de forcejear poco a poco. Sus movimientos violentos se volvieron lentos, desorientados. Parpadeó varias veces, como si despertara de un sueño pesado.

—¿Qué… qué pasó?—.

Meok Bo se quedó detrás de Sung, respirando agitado.

—Bicho grande… muy fuerte—.

—Sí —
dijo Sung sin apartar la vista de Kuwagamon —por eso no se le gana de frente—.

El Palmon que había hablado antes se acercó con cautela.

—¿Eso saldrá en el periódico?—.

—Si la reportera no lo descarta por falta de dramatismo, sí—.

Sung anotó los detalles principales:

Primer suceso: aparición de sustancia azul anómala en el Bosque Inquebrantable.
Efectos: absorbe materia vegetal menor y altera el comportamiento de Digimon que entran en contacto prolongado.
Incidente: Kuwagamon Adult afectado por la sustancia; no fue derrotado en combate directo, sino contenido mediante distracción, terreno y apoyo de Digimon locales.
Testigos: Palmon, Floramon, Kunemon y Kuwagamon afectado.
Estado actual: zona parcialmente contenida, pero origen desconocido.

Meok Bo miró la sustancia que quedaba en los árboles.

—¿Meok Bo come?—.

—No—.

—¿Poquito?—.

—No—.

—¿Savia mala? — preguntó Arkadimon.

—Exacto—.Sung cerró la libreta. Ya tenían la primera noticia, pero no una respuesta completa. La sustancia azul podía ser un fenómeno aislado… o una señal de algo más grande. Antes de irse, miró a Meok Bo de reojo. —Lo hiciste bien—.

El Arkadimon levantó la cabeza.

—¿Meok Bo fuerte?—.

—Fuiste listo. Eso hoy valió más que ser fuerte—.

Meok Bo pareció pensarlo unos segundos.

—Meok Bo listo… y con hambre—.

—Eso no cambia nunca—. Sung guardó la libreta. El reloj seguía avanzando —vamos al siguiente punto—.

Mientras abandonaban el claro, Sung miró por última vez las manchas brillantes entre los árboles. Su instinto le decía que aquello no era simple material residual. Había algo artificial en su comportamiento.
Y si File Island estaba empezando a mostrar anomalías, Alessa Bellini tendría más que una simple nota para su periódico.
 
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La segunda zona marcada por Alessa estaba en los alrededores del Pueblo Industrial, un área completamente distinta al Bosque Inquebrantable. Allí el aire olía a metal caliente, aceite y vapor. Las chimeneas expulsaban humo blanco, los engranajes giraban sin descanso y varios Digimon mecánicos transportaban piezas de un lado a otro.

Sung apenas llegó cuando escuchó una explosión seca.

Una nube de humo salió de uno de los talleres principales. Varios Hagurumon rodaron fuera del edificio, cubiertos de hollín. Un Guardromon intentaba mantener la entrada despejada, mientras un Mechanorimon agitaba los brazos con desesperación.

—¡La línea de ensamblaje se volvió loca! —gritó uno de los Hagurumon—. ¡Las piezas están saliendo al revés!

Meok Bo abrió la boca, emocionado.

—¡Ruido grande! Noticia grande—.

Sung sacó la placa del periódico.

—Weekly Tengu Newspaper, ¿qué ocurrió?—.

Guardromon giró hacia ella.

—Error en sistema central. Producción alterada. Riesgo de colapso mecánico. Evacuar zona—.

—Eso no responde nada—.

—Respuesta limitada. Unidad ocupada evitando explosión secundaria.

Otra sacudida estremeció el taller. De la puerta salió disparada una cinta transportadora rota que casi golpea a un Hagurumon. Sung lo apartó de un tirón antes del impacto.

—¿Desde cuándo comenzó?—.

—Hace una hora —respondió Mechanorimon—. Primero fueron fallas pequeñas. Luego alguien cambió los planos de producción. Ahora las máquinas están armando piezas incompatibles y sobrecargando el núcleo de energía —añadió.

—¿Alguien?— Sung frunció el ceño.

Mechanorimon bajó la voz.

—Vimos una sombra pequeña entrando al cuarto de control. Creímos que era un trabajador rezagado, pero luego todo falló—.

Meok Bo olfateó el aire.

—Huele a metal… miedo… y ratón—.

—¿Ratón?— preguntó Sung un poco confundida. Un chillido agudo salió desde el interior del taller. Sung no necesitó más— entraremos— dijo, casi sonando como a una orden.

Dentro del edificio, las máquinas trabajaban sin control. Brazos mecánicos ensamblaban placas al revés, pistones golpeaban fuera de ritmo y chispas saltaban desde los paneles. El calor era intenso.

Sung avanzó agachándose bajo una tubería que escupía vapor.

—Meok Bo, despeja el camino sin romper el taller entero—.

—Difícil—.

—Inténtalo—.

Arkadimon golpeó una máquina descontrolada, desviando un brazo mecánico que iba directo hacia Sung. Ella siguió hasta el cuarto de control, donde una pequeña figura se movía entre cables.

Era un Chuumon, cubierto con gafas de trabajo y una mochila llena de herramientas robadas.

—Te encontré —dijo Sung.

El Chuumon dio un salto.

—¡No es lo que parece!— exclamó nervioso.

—Parece sabotaje industrial—.

—Bueno, tal vez sí es lo que parece, pero tenía una razón—.

—Ratón rompe cosas— Meok Bo gruñó.

Chuumon levantó las manos.

—¡No quería destruir nada! Solo quería demostrar que los Hagurumon no son los únicos que pueden mejorar las máquinas. Pero cambié un plano… luego otro… y después el sistema empezó a corregirse solo de formas raras—.

Una alarma roja se encendió.

Sobrecarga del núcleo en tres minutos.

Sung le lanzó una mirada fría.

—Vas a arreglarlo— le ordenó.

—¡No puedo! ¡El sistema ya no acepta comandos!—.

Sung observó los paneles. No era una experta en máquinas, pero entendía órdenes, jerarquías y errores provocados por incompetencia. Señaló tres interruptores principales.

—Si el sistema no acepta comandos, cortamos alimentación por secciones—.

—Eso puede quemar medio taller—.

—Mejor medio taller que todo el Pueblo Industrial— Sung se cruzó de brazos y Chuumon tragó saliva.

Sung dio instrucciones rápidas. Meok Bo sujetó una compuerta que intentaba cerrarse, mientras Chuumon reconectaba cables bajo presión. Cada segundo el ruido aumentaba. Una máquina cercana explotó en chispas, pero Sung no retrocedió.

—Ahora —ordenó.

Chuumon bajó la primera palanca. Luego la segunda. El sistema chilló como si fuera a romperse. Meok Bo golpeó una tubería desprendida antes de que aplastara el tablero principal.

—¡Tercera! —gritó Sung.

La última palanca cayó, las máquinas se detuvieron de golpe, el silencio posterior fue casi incómodo. Desde fuera, los trabajadores comenzaron a asomarse. Guardromon entró primero, evaluando el daño.

—Colapso evitado. Daños moderados. Culpable identificado—.

Chuumon bajó las orejas.

—Puedo explicarlo en una entrevista—.

—No vas a convertir tu desastre en publicidad personal —dijo Sung. Sin embargo, anotó todo.

Segundo suceso: sabotaje accidental en taller del Pueblo Industrial.
Causa: alteración no autorizada de planos de producción por Chuumon.
Consecuencia: línea de ensamblaje descontrolada y riesgo de sobrecarga energética.
Resultado: crisis contenida con apoyo de trabajadores locales.
Testigos: Hagurumon, Guardromon, Mechanorimon y Chuumon responsable.

Meok Bo señaló al Chuumon.

—¿Meok Bo come ratón?—.

—No—.

—Ratón malo—.

—Sí, pero no es comida—.

Chuumon se escondió detrás de Mechanorimon. Sung cerró la libreta. Ya tenían dos noticias. El día avanzaba, y todavía faltaba una tercera antes del atardecer. Pero mientras salía del taller, Guardromon se acercó.

—Advertencia adicional. Se detectó actividad irregular cerca del Monte Miharashi. Señales de combate. Posible enfrentamiento entre Digimon salvajes—.

Sung miró el mapa. El tercer punto marcado por Alessa coincidía con esa zona.

—Perfecto, porque una simple entrevista habría sido demasiado fácil—dijo ella con ironía.

Meok Bo sonrió mostrando los dientes.

—¿Combate?—.

—Probablemente-.

—Meok Bo listo—.

Sung guardó el lápiz y emprendió el camino hacia la zona rocosa. Dos noticias conseguidas, una ciudad salvada de un desastre mecánico, un culpable identificado. Y aún quedaba la parte peligrosa.
 
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El camino hacia el Monte Miharashi era más empinado y seco. La vegetación se reducía poco a poco, reemplazada por rocas, caminos polvorientos y barrancos desde los cuales podía verse gran parte de File Island. El sol ya no estaba en lo alto. La tarde comenzaba a caer lentamente.

Sung calculó el tiempo restante.

—Vamos justos—.

Meok Bo caminaba a su lado con energía renovada.

—Pueblo ruidoso, Bosque brillante, montaña pelea—.

—Todavía no sabemos si hay pelea—.

Un estruendo respondió por ella. A lo lejos, una roca enorme salió volando y se estrelló contra una pared natural, partiéndose en varios pedazos. Segundos después, se escuchó un rugido.

—Ahora sí— Sung no cambió la expresión.

Subieron hasta una explanada rocosa donde varios Digimon pequeños se escondían detrás de piedras. Un grupo de Goblimon y Gotsumon observaba con preocupación una zona más alta, donde dos Digimon se enfrentaban violentamente: un Leomon y un Ogremon.
Pero el combate no parecía una simple rivalidad. Ambos estaban agotados, llenos de rasguños, respirando con dificultad. Aun así, seguían atacándose como si no pudieran detenerse.

Sung se acercó a los testigos.

—Weekly Tengu Newspaper, ¿qué está pasando?—.

Un Gotsumon respondió sin apartar la mirada del combate.

—No lo sabemos. Empezaron a pelear al mediodía. Al principio pensamos que era una disputa normal, pero llevan horas. Cada vez que parece que van a parar, vuelven a atacarse—.

—¿Por qué?—.

—Por eso— Goblimon señaló una piedra negra en el centro de la explanada.

Sung observó el objeto. Era una especie de fragmento oscuro incrustado en el suelo. Emitía pulsos débiles, casi imperceptibles. Cada vez que el pulso se expandía, Leomon y Ogremon parecían tensarse más.

Meok Bo gruñó bajo.

—Piedra oler mal—.

—¿Como la savia del bosque?—

—No igual, pero mala—.

Sung entrecerró los ojos. Primero una sustancia azul que alteraba Digimon. Luego un sabotaje causado por manipulación irresponsable. Ahora una piedra que parecía inducir agresividad. No necesariamente estaban conectados, pero File Island estaba teniendo un día demasiado raro.

Leomon lanzó un golpe con su puño, pero Ogremon lo bloqueó con su hueso. El impacto levantó polvo y varios Digimon pequeños retrocedieron.

—Si siguen así, uno de los dos va a caer por el barranco —dijo Gotsumon.

Sung guardó la libreta.

—Entonces los separamos—.

Meok Bo sonrió.

—Ahora sí romper—.

—Contener. No destruir—.

—Sung siempre decir eso—.

—Porque tú siempre entiendes lo contrario—.

Arkadimon saltó a la explanada. Leomon y Ogremon se giraron hacia él al mismo tiempo, irritados por la interrupción. El pulso de la piedra negra aumentó.

—¡Fuera! —rugió Ogremon.

—Esta batalla no te incumbe —añadió Leomon, con la voz tensa.

Sung avanzó detrás de Meok Bo.

—Llevan horas peleando por una roca. Eso dejó de ser asunto privado—.

Ogremon atacó primero. Meok Bo lo esquivó y le golpeó el brazo, obligándolo a retroceder. Leomon intentó cargar contra Sung, pero ella se movió justo a tiempo, dejando que su golpe impactara contra una pared rocosa.

—Su juicio está alterado, no respondan con fuerza excesiva —dijo Sung.

—¿A quién hablas? —gruñó Leomon.

—A mi Digimon. Tú escucha si todavía puedes—.

El pulso de la piedra se hizo más fuerte. Sung sintió una presión extraña en la cabeza, como una molestia breve. Meok Bo, en cambio, clavó las garras en el suelo.

—Piedra grita—.

—Entonces cállala—.

Arkadimon intentó acercarse al fragmento, pero Leomon y Ogremon se interpusieron de inmediato. Era evidente que el objeto los mantenía obsesionados con protegerlo y disputarlo a la vez. Sung miró el terreno. Había una grieta cerca del centro de la explanada. Si lograban mover la piedra hasta allí, podrían aislarla sin tocarla directamente.

—Meok Bo, empuja a Ogremon hacia la izquierda. Yo distraigo a Leomon—.

—Sung no pelea sola—.

—Obedece—.

Meok Bo gruñó, pero obedeció. Se lanzó contra Ogremon, chocando con él y alejándolo del centro. Sung tomó una piedra del suelo y la arrojó contra una formación rocosa detrás de Leomon. El ruido lo hizo girarse por un segundo.

Fue suficiente.

Sung corrió, tomó una vara larga caída entre las rocas y la usó como palanca para empujar el fragmento oscuro. La piedra vibró violentamente. Una onda de presión la hizo retroceder, pero Sung apretó los dientes.

—Qué objeto tan molesto—.

Meok Bo vio el esfuerzo de su Tamer y lanzó un rugido. De un golpe seco, mandó a Ogremon al suelo el tiempo suficiente para volver al centro. Sujetó la vara junto con Sung y empujó. La piedra negra cayó dentro de la grieta, el pulso se cortó.
Leomon y Ogremon se detuvieron casi al instante. Ambos parpadearon, como si despertaran de una pesadilla.

—¿Qué… estaba haciendo? —murmuró Leomon.

Ogremon bajó su arma, confundido.

—Yo… no recuerdo por qué estaba tan furioso—.

Sung respiró hondo y volvió a sacar la libreta.

Tercer suceso: enfrentamiento prolongado entre Leomon y Ogremon en Monte Miharashi.
Causa probable: influencia de fragmento oscuro con pulsos de agresividad.
Riesgo: daño severo a los combatientes y peligro para Digimon cercanos.
Resultado: objeto aislado en grieta natural, combate detenido.
Testigos: Gotsumon, Goblimon, Leomon y Ogremon.

Meok Bo miró la grieta.

—¿Meok Bo come piedra?—.

Sung lo miró fijamente.

—Ni siquiera voy a responder eso—.

—Piedra mala. Tal vez sabe mal—.

—Exactamente por eso no la comes—.

Los Digimon presentes agradecieron la intervención, aunque Leomon y Ogremon parecían demasiado avergonzados para hablar mucho. Sung no perdió tiempo. Ya tenía las tres noticias requeridas.

Pero antes de marcharse, Gotsumon se acercó.

—Hay algo más. No sé si sea importante—.

Sung se detuvo.

—Habla— dijo la joven mirandole.

—Antes de que la piedra empezara a brillar, vimos a alguien dejarla ahí. No vimos bien quién era. Solo llevaba una capa oscura y se movía rápido—.

Sung guardó silencio y eso cambiaba la situación. Tres sucesos extraños en un mismo día podían ser coincidencia. Pero un objeto colocado intencionalmente ya no era una simple noticia. Era una pista.
 
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Sung tenía lo necesario para regresar. Tres noticias, tres lugares distintos, testigos suficientes y detalles concretos. El objetivo principal estaba cumplido, pero no estaba satisfecha. Mientras descendían del Monte Miharashi, revisó mentalmente los sucesos.

Una sustancia azul en el bosque.
Un taller saboteado por un Chuumon irresponsable.
Una piedra oscura colocada por una figura desconocida.

El segundo caso parecía independiente, pero los otros dos tenían algo en común: ambos alteraban el comportamiento o la materia de forma anómala. Y si alguien estaba dejando objetos peligrosos por File Island, el Weekly Tengu Newspaper podía tener una noticia mucho más grande que una simple recopilación semanal.

Meok Bo caminaba a su lado, atento.

—Sung piensa mucho—.

—Eso evita que tú comas piedras—.

—Meok Bo no comió piedra—.

—Porque te lo impedí—.


El Arkadimon pareció meditarlo.

—Sung sabia—.

Antes de llegar al camino principal, escucharon un murmullo entre los arbustos. No era el sonido pesado de un Digimon grande, sino pasos rápidos y nerviosos. Sung levantó una mano para indicar silencio.
Una figura pequeña salió corriendo entre los árboles bajos. Vestía una capa oscura demasiado grande para su cuerpo. En sus brazos cargaba una bolsa con varios objetos envueltos en tela.

Al ver a Sung, se detuvo. Era un Gazimon. Durante un segundo, ninguno se movió, luego Gazimon echó a correr.

—Meok Bo—.

—¡Atrapar!—.

Arkadimon se lanzó tras él. Gazimon era rápido, pero estaba cargando demasiado peso. Corrió entre rocas, saltó sobre una raíz y trató de perderlos en una pendiente, pero Meok Bo lo alcanzó con facilidad y le cerró el paso.

Gazimon retrocedió, mostrando los colmillos.

—¡No se acerquen! ¡No hice nada!—.

Sung llegó caminando, sin prisa.

—Eso dicen todos los que corren— ella se cruzo de brazos viendole de forma acusadora.

—¡No es mío!— Gazimon apretó la bolsa contra su pecho.

—Entonces no te molestará mostrarlo—.

El Digimon dudó. Meok Bo gruñó, y finalmente Gazimon dejó la bolsa en el suelo. Sung la abrió con cuidado usando una rama. Dentro había fragmentos similares a la piedra oscura del Monte Miharashi, pequeños frascos con residuos azulados y varias notas mal escritas.

—Interesante—Sung endureció la mirada.

—¡Yo solo los transportaba! —dijo Gazimon rápidamente—. Me pagaron con comida para dejarlos en algunos lugares. No sabía que iban a causar problemas—.

Meok Bo se indignó.

—¡Comida por maldad!—.

—¿Quién te pagó? —preguntó Sung.

—No lo sé. No vi su cara. Usaba una máscara de Tengu, como las del periódico, pero más vieja. Me dijo que eran "materiales para generar titulares"—.

Sung se quedó quieta. Esa frase era demasiado específica.

—¿Materiales para generar titulares?—.

Gazimon asintió nervioso.

—Dijo que File Island estaba aburrida. Que si no pasaba nada interesante, había que ayudar un poco—.

Meok Bo gruñó y afiló sus garras.

—Malo hace noticias—.

Sung tomó una de las notas. Aunque la escritura era irregular, se podía leer una lista de zonas posibles: bosque, montaña, playa, túneles, pueblo. Algunas estaban tachadas. Otras seguían pendientes.
Esto ya no era solo una búsqueda de noticias. Alguien estaba provocando incidentes para alimentar rumores, miedo o caos. Y Alessa, sin saberlo, había enviado a Sung justo al centro de esa historia.

—Vas a venir con nosotros —dijo Sung.

—¿Al periódico?— Gazimon palideció.

—Primero al periódico. Luego alguien decidirá qué hacer contigo—.


—¡Pero yo cooperé!—.

—Por eso sigues entero—.

Meok Bo asintió solemnemente.

—Sung generosa—.

Sung envolvió los fragmentos y frascos con cuidado, evitando el contacto directo. No tenía intención de cargar sustancias desconocidas más de lo necesario, pero eran evidencia. Alessa querría verlas, aunque probablemente fingiría que no estaba impresionada.

El sol se acercaba al horizonte. El tiempo restante era escaso. Mientras regresaban hacia la oficina del Weekly Tengu Newspaper, Gazimon caminaba delante con las orejas bajas. Meok Bo lo vigilaba de cerca, quizá demasiado cerca.

—Si ratón corre, Meok Bo atrapa—.

—No soy ratón —murmuró Gazimon.

—Orejas grandes. Corre. Casi ratón—.

—No lo provoques —ordenó Sung.

Sung repasó la libreta una última vez. Tenía más de lo pedido: tres noticias confirmadas y una cuarta revelación que podía unir dos de ellas. La dificultad ya no estaba en conseguir información, sino en entregarla a tiempo y hacer que Alessa entendiera la gravedad del asunto sin perder minutos discutiendo.
A lo lejos, la oficina del periódico apareció entre los árboles. El cierre de edición estaba cerca y esta vez, el Weekly Tengu Newspaper tendría una portada.​
 
OP
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Gennai

Gennai

Eclipse Dynasty Member

Sung abrió la puerta de la oficina del Weekly Tengu Newspaper sin tocar. Desde el interior se escuchó la voz irritada de Alessa Bellini.

—Dije que tocaran antes de— La reportera se detuvo al verla entrar con Meok Bo, Gazimon y una bolsa de evidencias. Alessa entrecerró los ojos —eso parece más problemático de lo que pedí —.

—Lo es—.

—Odio cuando las respuestas empiezan así—.

Sung colocó la libreta sobre la mesa, seguida de la bolsa envuelta. Gazimon evitó mirar directamente a Alessa. Meok Bo, por su parte, observaba los periódicos con el mismo interés peligroso de antes.

—No comas papel —le recordó Sung.

—Meok Bo recuerda—.

Alessa tomó la libreta con rapidez y comenzó a leer. Al principio su expresión fue de escepticismo, luego de concentración. Después de molestia y finalmente, de interés profesional apenas disimulado.

—Savia azul anómala en el Bosque Inquebrantable… sabotaje industrial en Pueblo Industrial… fragmento oscuro que induce agresividad en Monte Miharashi… y un Gazimon contratado para distribuir materiales peligrosos— Levantó la mirada hacia Sung. —Te pedí tres sucesos, no una posible conspiración—.

—Conseguí ambas cosas—.

Alessa miró a Gazimon.

—¿Tú eres el transportista?—.

Gazimon levantó las manos.

—¡Yo no sabía que era tan grave!— se trató de excusar.

—Esa frase rara vez mejora las cosas —dijo Alessa.

La reportera revisó las notas encontradas en la bolsa. Sus dedos se detuvieron sobre la frase: "materiales para generar titulares". Su expresión se volvió más seria.

—Esto no me gusta—.

—A nadie debería gustarle —respondió Sung.

—No, me refiero a que alguien está usando el lenguaje del periódico. Máscara de Tengu, titulares, incidentes fabricados… Esto puede hacer creer que el Weekly Tengu Newspaper está involucrado—.

—¿Lo está?— Sung cruzó los brazos.

Alessa la miró con frialdad.

—No hagas preguntas estúpidas—.

—Entonces tienes otro problema además de la falta de noticias—.

—Soy consciente—.

Alessa tomó una hoja nueva y empezó a escribir con velocidad. La tinta corría sobre el papel mientras organizaba los sucesos, tachaba frases y reordenaba titulares. Su energía cambió por completo. Ya no parecía una mujer harta de su trabajo, sino una periodista frente a una historia que realmente importaba.

—El titular no puede ser demasiado alarmista —murmuró— si exagero, causaré pánico. Si lo suavizo, nadie prestará atención. Necesito equilibrio—añadió sin dejar de escribir.

Meok Bo levantó la mano.

—Título: "Piedra mala hace pelea"—.

Alessa lo miró.

—Sorprendentemente claro, pero no.

—"Savia mala no comida"—.

—Tampoco—.

Sung se permitió una pequeña sonrisa.

—Podrías usar: "Extraños incidentes sacuden File Island: testigos señalan posible responsable encapuchado"—.

Alessa dejó de escribir por un segundo.

—No, es horrible—.

—Qué halago—.

—No te acostumbres—.

La reportera comenzó a preparar la edición. Dio órdenes secas a algunos ayudantes que aparecieron desde una sala trasera: revisar tipos de imprenta, preparar tinta, ordenar copias, confirmar espacio para la nota principal. En pocos minutos, la oficina se volvió un caos funcional.

Sung no interrumpió. Había cumplido su parte. Finalmente, Alessa cerró la libreta y la dejó sobre la mesa.

—Cumpliste los objetivos. Tres noticias en tres lugares distintos. Información verificable. Testigos. Evidencia física. Y regresaste antes del cierre—.

—Eso significa que terminamos—.

—Por ahora—.

Sung notó el matiz.

—¿Por ahora?— preguntó alzando una ceja

Alessa señaló la bolsa con fragmentos y frascos.

—Alguien está fabricando incidentes. Si vuelve a pasar, necesitaré Tamers que sepan moverse sin hacer preguntas innecesarias—.

—Elegiste mal si querías alguien obediente—.

—Elegí bien si quería alguien eficiente—.

Meok Bo golpeó suavemente su pecho.

—Meok Bo eficiente. Meok Bo no comió piedra—.

—Eso merece reconocimiento —dijo Sung con seriedad fingida.

Alessa le entregó la recompensa acordada y una copia preliminar del periódico.

—Toma. Colaboradora temporal—.

Sung miró la portada. El titular principal ocupaba casi todo el espacio superior:

"EXTRAÑOS INCIDENTES SACUDEN FILE ISLAND: ¿ACCIDENTES AISLADOS O TITULARES FABRICADOS?"

Debajo, una línea secundaria mencionaba la intervención de una Tamer anónima y su Digimon en tres zonas diferentes.


—¿Anónima?—Sung arqueó una ceja de nuevo.

—No dijiste que quisiera publicar tu nombre—.

—No lo dije—.

—Entonces no lo hice—.

Por primera vez, Alessa pareció casi satisfecha. Gazimon fue entregado a los encargados locales para declarar con más calma. Los fragmentos quedaron bajo resguardo temporal del periódico hasta que pudieran ser analizados por alguien competente. La edición comenzó a imprimirse antes de que el sol terminara de ocultarse.

Al salir de la oficina, Sung escuchó el sonido de la imprenta trabajando detrás de ella.

Meok Bo caminó a su lado.

—Sung hizo noticia—.

—No. Encontramos noticias—.

—Meok Bo no entiende diferencia—.

—Lo harás algún día—.

El cielo de File Island se teñía de naranja. La Quest había terminado, pero el misterio no. Alguien había intentado provocar sucesos peligrosos usando el caos como herramienta y el miedo como tinta.

Sung guardó el periódico bajo el brazo.

—Vamos, Meok Bo—.

—¿A comer?—.

—Ahora sí—.

El Arkadimon levantó ambos brazos con emoción.

—¡Mejor noticia!—.

Sung no respondió, pero su leve sonrisa bastó. La edición del Weekly Tengu Newspaper salió a tiempo aquella semana. Y, por primera vez en mucho tiempo, Alessa Bellini tuvo una portada digna de ser leída.
 
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