Rango D El concierto [Sung Hae-In & Meok-Bo]

Gennai

Eclipse Dynasty Member
"El concierto"​

- NPC involucrado: Gabumon
- Sinopsis: Gabumon le ha prometido a Etemon que iría a ver su "concierto" en el Bosque Inquebrantable. El problema es que Etemon canta horrible. Debido a esto, Gabumon ha decidido enviar a una pobre alma dedicado Tamer a ver el concierto de Etemon en su lugar.
- Escenario: Bosque Inquebrantable. Cerca de un gigantesco árbol
- Objetivos:
  • Ir al concierto de Etemon y escucharlo hasta el final
- Notas:
  • Etemon realmente cree que tiene una voz celestial y se molesta mucho cuando no disfrutan sus canciones. No te conviene que un Digimon nivel Perfect se enoje contigo
  • El concierto durará 20 canciones y aproximadamente unas 2 horas. Tanto el Tamer como el Digimon deben estar presente
Tamer: Sung Hae-In
 
OP
OP
Gennai

Gennai

Eclipse Dynasty Member

El Bosque Inquebrantable tenía una fama bastante clara entre los Tamers que solían recorrer File Island: era un lugar tranquilo, de árboles enormes, raíces antiguas y senderos que parecían cambiar ligeramente dependiendo de quién los caminara. Era uno de esos sitios donde cualquier cosa extraña podía ocurrir sin previo aviso.

Ese día, Sung Hae-In caminaba por uno de los senderos principales acompañada por Meok Bo, su Arkadimon, quien avanzaba a su lado con la mirada curiosa y la boca ligeramente abierta, como si esperara que en cualquier momento del suelo brotara algo comestible. El Digimon artificial olfateaba el aire de vez en cuando, atento a cualquier aroma extraño.

—Hambre… —murmuró Meok Bo, con su forma habitual de hablar— Bosque huele raro. ¿Comida? — dijo con un tono de voz mas fuerte.

—No todo lo que huele raro se come —respondió Sung con calma, aunque ya estaba acostumbrada a ese tipo de comentarios.

El ambiente parecía pacífico. Los rayos de luz caían entre las copas de los árboles, algunos Digimon pequeños cruzaban entre los arbustos y el sonido del viento moviendo las hojas acompañaba el camino. Sin embargo, aquella tranquilidad se rompió cuando un Gabumon apareció corriendo desde detrás de unos matorrales.

El pequeño Digimon venía agitado, mirando hacia atrás como si escapara de algo terrible. Al ver a Sung, se detuvo en seco, recuperó el aliento y alzó ambas patas con desesperación.

—¡Un Tamer! ¡Justo lo que necesitaba! —exclamó.

Sung arqueó una ceja. No era buena señal cuando un Digimon desconocido aparecía pidiendo ayuda con tanta urgencia.

—Depende de qué necesites — dijo la joven en tono serio.

Gabumon tragó saliva. Parecía nervioso, incluso culpable.

—Verás… hice una promesa. Una promesa muy importante. Le prometí a Etemon que asistiría a su concierto de hoy en el Bosque Inquebrantable—.

Sung parpadeó lentamente.

—¿Y el problema es…? —Gabumon bajó la mirada, apretando sus pequeñas garras.

—El problema es que Etemon canta horrible— Hubo un breve silencio.

Meok Bo inclinó la cabeza.

—¿Horrible se come?—.

—No —dijo Sung.

—Peor que no comer, mucho peor —añadió Gabumon con dramatismo.

Gabumon explicó la situación con evidente vergüenza. Etemon había organizado un gran concierto cerca del árbol gigante del bosque. Se trataba, según él, de un "evento musical celestial" donde interpretaría veinte canciones de su repertorio personal. El concierto duraría aproximadamente dos horas y, por desgracia, Gabumon había aceptado asistir para no herir sus sentimientos.

El problema era que, según el propio Gabumon, Etemon no solo cantaba mal: cantaba con una confianza absoluta. Cada nota era lanzada con fuerza, cada verso era interpretado como si estuviera frente a miles de fanáticos, y cualquier muestra de desagrado podía ser tomada como un insulto directo.

—Y Etemon es un Digimon nivel Perfect —recordó Gabumon, hablando más bajo — no conviene hacerlo enojar. De verdad no conviene—.

—Entonces quieres que vaya yo en tu lugar— Sung cruzó los brazos.

—No lo diría así exactamente…— Gabumon sonrió con torpeza.


—Eso es exactamente lo que estás diciendo— Sung lo miró fijamente.

—Sí —admitió Gabumon de inmediato— pero lo hago con mucho respeto —.

Meok Bo observó a Gabumon durante unos segundos. Luego miró a Sung.

—¿Ir a ruido? ¿Después comer?—.

—Probablemente —dijo ella.

Eso pareció ser suficiente para Arkadimon, quien asintió con seriedad.

Gabumon aprovechó la oportunidad y entregó una pequeña hoja doblada. Era una especie de invitación improvisada, decorada con estrellas dibujadas a mano y una frase escrita con letras exageradas:

"Etemon Live: La Voz Dorada del Bosque Inquebrantable."

Debajo, en letras más pequeñas, se leía:

"Entrada obligatoria para fans verdaderos."

—Esto suena a tortura—Sung suspiró.

—No, no, no —dijo Gabumon rápidamente—. Es una misión sencilla. Solo tienen que ir, sentarse, escuchar hasta el final y no hacer nada que pueda molestar a Etemon — añadió con leve nerviosismo.

—Eso no suena sencillo si canta tan mal —.

Gabumon no respondió. Su silencio fue respuesta suficiente.

Finalmente, Sung aceptó la quest. No era una misión peligrosa, al menos no si se cumplía correctamente. Solo había que resistir dos horas de música insoportable sin ofender al cantante. En teoría, aquello era mucho más fácil que una batalla. En teoría.

Gabumon señaló el camino hacia el árbol gigante.

—El concierto será allí. Ya deben estar llegando algunos Digimon. Solo recuerden: sonrían, aplaudan y bajo ninguna circunstancia digan que canta mal —.

—Vamos, Meok Bo— Sung guardó la invitación y comenzó a caminar.

—Meok Bo escucha ruido —dijo Arkadimon, avanzando junto a ella— si ruido ataca, Meok Bo protege — añadió.

—El ruido no va a atacarnos—.

Desde la distancia, un sonido agudo, desafinado y terriblemente prolongado atravesó el bosque.

—¡MIIIIIIII VOZ ES LA LUZ DEL MUNDOOOOOOOO!—.

Varios Hawkmons salieron volando de los árboles y Meok Bo se detuvo.

—Ruido ataca— .

Sung cerró los ojos por un instante, y eso que la quest apenas comenzaba.
 
OP
OP
Gennai

Gennai

Eclipse Dynasty Member

El claro del concierto se encontraba junto a un gigantesco árbol que se alzaba por encima de todos los demás. Sus raíces sobresalían del suelo como enormes caminos naturales y sus ramas formaban una especie de techo verde sobre el lugar. Alrededor del tronco, varios Digimon habían colocado troncos pequeños a modo de asientos, mientras unas lianas decoradas con hojas brillantes funcionaban como adornos improvisados.

En medio del claro había un escenario de madera. No era muy grande, pero estaba decorado de manera exagerada: estrellas doradas hechas con corteza pintada, telas rojas colgadas entre ramas, luces digitales parpadeantes y un enorme cartel que decía:

"ETEMON: EL REY DEL ESCENARIO."

Sung observó el lugar con expresión neutra.

—Al menos se esforzó—.

—Mucho brillo. ¿Brillo comida? —
dijo Meok Bo, mirando las decoraciones.

—No—.

—Todo no comida…—.

Cerca del escenario ya se habían reunido algunos Digimon. Había un par de Palmon, un Agumon, varios Tanemon y algunos Digimon pequeños que parecían estar allí más por curiosidad que por gusto. La mayoría tenía una sonrisa nerviosa. Otros miraban hacia los lados, como si calcularan rutas de escape.

Uno de los Tanemon bostezó, pero otro le dio un empujón para que se comportara.

Sung y Meok Bo tomaron asiento en uno de los troncos. Gabumon no estaba por ninguna parte, lo cual confirmaba que realmente había usado a la Tamer como reemplazo. Sung hizo una nota mental para recordárselo después.

Unos minutos más tarde, una ráfaga de humo apareció sobre el escenario. La música de fondo comenzó a sonar desde unas bocinas colocadas entre los árboles, aunque el ritmo era extraño y algo torpe. Entonces, con una entrada dramática, Etemon saltó al escenario con un micrófono en la mano.

—¡Damas, caballeros y fans inevitables! —gritó con entusiasmo—¡bienvenidos al concierto más grande que este bosque haya presenciado jamás!—.

Los Digimon presentes aplaudieron de inmediato. Algunos lo hicieron con verdadera energía. Otros, por simple instinto de supervivencia.

Sung aplaudió con calma. Meok Bo la imitó, golpeando sus garras de forma algo torpe.

—Hoy —continuó Etemon, llevando una mano al pecho— les regalaré mi alma musical. Veinte canciones. Veinte joyas. Veinte pruebas de que mi voz es un tesoro digital—.

Sung sintió que su paciencia sería puesta a prueba. Etemon levantó el micrófono y señaló al público.

—¡Quiero ver sonrisas! ¡Quiero ver emoción! ¡Quiero ver lágrimas de felicidad!—exclamó eufórico.

Uno de los Palmon soltó una lágrima, aunque no parecía de felicidad.

—¡Comencemos con mi primer éxito! —anunció Etemon—. "Soy una estrella aunque nadie lo entienda."—.

La música comenzó y luego Etemon cantó.

El primer sonido fue tan inesperado que varios Digimon se sobresaltaron. No era exactamente un grito, tampoco era una nota musical. Era algo intermedio, una especie de ataque sonoro cargado de confianza. Etemon cantaba con pasión absoluta, moviéndose por el escenario con energía, señalando al público y girando sobre sí mismo.

—¡SOOOOY UNA ESTREEEELLA, BRILLO MÁS QUE EL SOL!
¡SI NO ME APLAUDES, TE FALTA CORAZÓN!—

Sung mantuvo el rostro serio con una habilidad impresionante. Había enfrentado problemas más peligrosos, pero pocos tan difíciles de soportar en silencio. Meok Bo, en cambio, frunció ligeramente el rostro.

—Voz duele —.

—Aguanta— Sung le habló en voz baja.


—Meok Bo aguanta por Sung—.

La primera canción terminó con una nota larga, temblorosa y fuera de tono. El bosque entero pareció quedar en silencio durante un segundo, como si necesitara recuperarse.

Etemon abrió los brazos.

—¡Gracias, gracias! ¡Lo sé, fue hermoso! — agradeció y el público aplaudió, Sung también, Meok Bo aplaudió tarde, después de verla hacerlo.

—¡Ahora la segunda canción! —gritó Etemon—. "Mi talento no cabe en este bosque."—.

Agumon dejó caer la cabeza hacia adelante, pero rápidamente la levantó cuando Etemon miró en su dirección.

La segunda canción fue incluso más intensa. Etemon caminaba de un lado al otro, interpretando cada frase con una seriedad casi heroica. A ratos se arrodillaba, a ratos apuntaba al cielo, y en una parte intentó hacer una nota alta que provocó que algunas hojas cayeran del árbol gigante.

—Árbol también sufre— dijo Meok Bo, mirando las hojas caer.

Sung se cubrió la boca para no reír.

Cada canción parecía más larga que la anterior. La tercera hablaba de cómo Etemon había nacido para ser amado por las masas. La cuarta era una balada sobre su propio reflejo. La quinta incluía un solo de micrófono en el que Etemon simplemente gritaba "yeah" durante demasiado tiempo.

Cuando terminó la quinta canción, Etemon señaló al público.

—¡Ustedes sí saben apreciar el arte!—.

Los Digimon aplaudieron otra vez.

Sung notó que algunos estaban empezando a verse cansados. Dos Tanemon parecían dormir con los ojos abiertos. Agumon se balanceaba lentamente, luchando contra el sueño. Una Palmon se tapaba los oídos con sus hojas, fingiendo que se estaba acomodando el rostro.

Etemon no notaba nada. O tal vez no quería notarlo.

—¡Vamos con la sexta!— el Perfect alentó al público.

Sung respiró hondo. Faltaban quince canciones, pero la misión era simple... terriblemente simple.
 
Arriba