La última canción fue, sin duda, la más intensa de todas. Etemon puso todo su corazón en aquella interpretación. Cantó con los ojos cerrados, con una mano sobre el pecho y la otra sosteniendo el micrófono como si estuviera entregando su alma al bosque entero. Su voz subía, bajaba, se quebraba, se estiraba y volvía a subir sin advertencia. Algunas notas parecían pelear entre sí. Otras simplemente no tenían explicación.
Sin embargo, a pesar de lo terrible que era el sonido, había algo casi admirable en su entrega. Etemon no dudaba. No se contenía. Cantaba con una pasión tan grande que por momentos resultaba imposible no reconocerle el esfuerzo.
Sung observó el escenario con una expresión más tranquila. La misión seguía siendo absurda, pero al menos estaba por terminar.
Meok Bo permanecía sentado a su lado, inmóvil. Sus ojos estaban fijos en Etemon. No parecía disfrutarlo, pero tampoco intentaba escapar. Para alguien como él, que actuaba muchas veces por impulso, aquello era una enorme muestra de obediencia.
La última nota llegó de forma larga, exagerada y completamente desafinada.
—¡Voooooooz!— El eco recorrió el bosque, Las hojas temblaron, un grupo de Piyomons volvió a salir volando. Luego, hubo silencio.
Etemon quedó en pose final, respirando con fuerza. El público tardó un segundo en reaccionar, pero Sung comenzó a aplaudir antes de que la pausa se volviera peligrosa.
Los demás Digimon la siguieron de inmediato. El claro se llenó de aplausos. Algunos sinceros, otros desesperados, otros simplemente agradecidos porque el concierto había terminado.
Etemon abrió los ojos y sonrió con enorme satisfacción.
—Lo sé, lo sé. Fue inolvidable—.
—Eso no se puede negar —dijo Sung.
Etemon bajó del escenario y se acercó a ella con paso orgulloso.
—Tamer, vi cómo resististe la emoción de mi arte. No cualquiera puede soportar tanta belleza musical sin llorar—.
Sung mantuvo la calma.
—Fue una experiencia… fuerte— dijo tratando de no decir nada que suene ofensivo.
—¡Exacto! ¡Mi música es poderosa!
Meok Bo levantó una garra.
—Muy poderosa. Ataca oído—.
Sung giró la cabeza de inmediato.
—Meok Bo—.
Etemon parpadeó. Por un instante, el ambiente volvió a tensarse. Meok Bo miró a Etemon con completa seriedad.
—Oído siente fuerza. Mucha fuerza. Meok Bo casi no aguanta. Pero Meok Bo fuerte. Sung fuerte —.
Etemon se quedó en silencio unos segundos. Luego sonrió ampliamente.
—¡Ja! ¡Eso significa que mi voz los llevó al límite! ¡Excelente crítica!—.
Sung soltó el aire con discreción.
—Sí. Eso quiso decir— dijo ella. Y Meok Bo asintió, convencido de que había ayudado.
Etemon llevó una mano al pecho, claramente conmovido por su propia interpretación.
—Me alegra saber que aún hay público capaz de apreciar el verdadero talento. Gabumon se perdió un evento histórico—.
—Seguro se arrepentirá —dijo Sung.
Muy lejos de allí, probablemente Gabumon no se arrepentía de nada.
Etemon agradeció nuevamente al público y anunció que pronto prepararía otro concierto, quizá de treinta canciones. Aquella declaración provocó un pánico silencioso entre los Digimon presentes, aunque todos aplaudieron con cuidado para no despertar sospechas.
Cuando Etemon finalmente se retiró a revisar sus "notas artísticas", los asistentes comenzaron a dispersarse con rapidez. Algunos Digimon se marcharon casi corriendo. Otros caminaban en silencio, con la mirada perdida, como sobrevivientes de una experiencia imposible de explicar.
Sung y Meok Bo abandonaron el claro por el mismo sendero por el que habían llegado. El bosque parecía más tranquilo ahora, aunque tal vez solo era el contraste después de dos horas de canto.
Gabumon apareció poco después entre unos arbustos, con expresión nerviosa.
—¿Y bien? ¿Terminó?—.
Sung lo miró fijamente.
—Sí— dijo con mucha seriedad. Gabumon tragó saliva.
—¿Escucharon las veinte canciones?—.
—Todas— ella mantuvo su seriedad.
—¿Hasta el final?—.
—Hasta el final—.
Gabumon bajó la cabeza con alivio absoluto.
—Gracias. De verdad, gracias. No sé cómo pagarles este sacrificio— el Child mamífero agradeció, y Meok Bo se acercó un poco.
—Comida— dijo hambriento.
—¿Qué?— Gabumon parpadeó.
—Meok Bo sufrió. Meok Bo quiere carne—.
Sung no lo corrigió. Después de dos horas de concierto, incluso ella consideraba justo algún tipo de compensación. Gabumon asintió rápidamente.
—¡Sí! Claro. Tengo algo guardado. No es mucho, pero puedo compartirlo—..
El pequeño Digimon sacó una bolsa con provisiones sencillas. Había algunas frutas del bosque, panecillos y un trozo de carne seca que Meok Bo aceptó como si se tratara del mayor tesoro del mundo.
—Carne —dijo con satisfacción.
Sung recibió también su parte, más los bits y se sentó un momento sobre una raíz cercana. Aunque la misión había sido ridícula, se había cumplido sin incidentes. Etemon no se había enojado, el concierto había terminado y Gabumon estaba libre de su promesa sin haber tenido que enfrentar la tortura musical.
—Para ser una quest de rango D, fue más difícil de lo esperado —comentó Sung.
Gabumon rió con incomodidad.
—Lo importante es que nadie salió herido—.
Desde la distancia, se escuchó la voz de Etemon practicando una nueva canción.
—¡TREINTA CANCIONES NO SON SUFICIENTES PARA MI CORAZÓOOOON!—. El bosque entero pareció estremecerse, Gabumon palideció.
—Nos vamos— Sung se puso de pie de inmediato.
—Sung sabia —dijo Meok Bo, masticando la carne seca.
Sin perder más tiempo, la Tamer y su Digimon abandonaron el Bosque Inquebrantable antes de que Etemon decidiera ofrecer un encore. Gabumon los siguió durante algunos metros, agradeciendo una y otra vez, hasta asegurarse de que el peligro musical había quedado atrás.
La quest había concluido con éxito, no hubo daños, ni nadie salió herido, ni hubo enemigos derrotados.
Solo una prueba de paciencia, resistencia y autocontrol frente a un Digimon nivel Perfect convencido de poseer la voz más hermosa del Digital World.
Y aunque Meok Bo no entendía del todo por qué alguien querría hacer ruido durante dos horas sin comer nada en medio, aprendió una importante lección: A veces proteger a Sung no significaba pelear. A veces significaba sentarse, escuchar veinte canciones horribles y no gruñir.
Sung Hae-In y Meok Bo asistieron al concierto de Etemon en lugar de Gabumon, permanecieron hasta el final de las veinte canciones y evitaron molestar al Digimon cantante. A pesar del sufrimiento auditivo, ambos cumplieron el objetivo sin causar problemas en el Bosque Inquebrantable.