Raid Codename: Ghost [Caliburn]

Everyday

Administrador
"Codename: Ghost"

- Sinopsis: Entre los archivos de la Central existen diversos reportes con años de antigüedad que hablan de avistamientos de un misterioso Digimon de nombre clave "Ghost". Se trata de un monstruo con la capacidad de moverse entre dimensiones, y que se ganó su apodo por sus apariciones irregulares y su color blanco. Hoy, tras años de elusivas apariciones y desapariciones, así como enfrentamientos con Tamers que han terminado en fracaso, hemos podido predecir con exactitud su próxima aparición. Ghost, cuyo nombre real es Parallelmon, se manifestará a las afueras de la ciudad en una hora. Es la oportunidad de oro para finalmente darle fin a uno de los enemigos más antiguos de la Central, por lo que buscamos Tamers expertos que tomen la tarea de interceptar y eliminar a Parallelmon de una vez por todas
- Escenario: Ciudad - Afueras
- Objetivos:
  • Interceptar a Parallelmon
  • Eliminarlo
- Notas:
  • Una vez que Parallelmon aparezca, el área de combate presentará inestabilidades dimensionales, que pueden llevar a la apertura y cierre de portales. Parallelmon intentará usar estas brechas para escapar si se siente en desventaja o acorralado. No deben dejar que escape
  • De acuerdo a los informes de varios enfrentamientos, Parallelmon es un Digimon con una alta inteligencia, que posee experiencia enfrentando Tamers y Digimon compañeros. Se le ha visto tomar de objetivos a los Tamers más vulnerables para romper formaciones, romper estrategias y obtener la ventaja. Deben tener cuidado
  • El Challenge Mode en esta Raid es opcional
- Requisitos: Al menos Tres Tamers
- Challenge Mode: Otros Digimon hostiles al azar pueden aparecer a través de los portales interdimensionales, comandados por Parallelmon
- Recompensa: -

Fichas de los participantes:
[Matt] | [Kyle] | [Lizz] | [Kath] | [Jorge] | [Rox]

Luigi Luigi Relikt Relikt D_Numeritos D_Numeritos Soncarmela Soncarmela
 

D_Numeritos

Usuario
La Nochebuena había llegado incluso al Mundo Digital, y eso, de por sí, ya era una anomalía.

No porque aquel mundo no conociera la celebración —hacía años que los humanos habían llevado consigo calendarios, costumbres y nostalgias—, sino porque la guerra, las crisis dimensionales y los dioses caídos rara vez concedían treguas. Sin embargo, aquella noche, el caos parecía haberse tomado un descanso… o al menos fingía hacerlo.

Entre avenidas de datos y barrios reconstruidos a medias, luces navideñas formadas por líneas de DigiCode parpadeaban con una cadencia imperfecta, como si alguien las hubiera programado deprisa y con demasiada ilusión. Algunas se apagaban unos segundos antes de volver a encenderse; otras cambiaban de color sin motivo aparente. Nadie se quejaba. Al contrario: esa imperfección las hacía más reales.

En las zonas altas, donde el clima aún obedecía a viejos protocolos atmosféricos, copos de nieve auténtica caían con parsimonia, acumulándose sobre tejados de metal y cristal. Más abajo, donde la temperatura no debía permitirlo, la nieve era artificial: fragmentos de datos blancos que descendían en bucle, repitiendo el mismo patrón una y otra vez, como un recuerdo insistente.

Desde altavoces oxidados, colgados de farolas que habían sobrevivido a demasiadas evacuaciones, villancicos antiguos sonaban distorsionados, ralentizados por errores de compresión y picos de interferencia. Las melodías se estiraban más de la cuenta, las voces se quebraban… y aun así, seguían siendo reconocibles. Seguían siendo Navidad.

Había Digimon paseando sin prisa. Algunos cargaban paquetes torpemente envueltos, otros simplemente se detenían a mirar las luces. Los más pequeños corrían de un lado a otro, riendo, ajenos a conceptos como invasiones, portales o amenazas ancestrales.

Y por primera vez en mucho tiempo, la sensación era extraña. Incómoda, incluso.

Por una vez… nadie estaba muriendo.

No había alarmas. No había cielos rasgados. No había gritos pidiendo ayuda desde otra capa de la realidad. El Mundo Digital respiraba despacio, como si temiera que cualquier movimiento brusco pudiera romper aquel frágil equilibrio.

Precisamente por eso, la calma resultaba inquietante.

Porque todos —humanos y Digimon por igual— sabían una verdad que nunca cambiaba:
cuando el Mundo Digital se permitía una noche así, era porque algo, en algún lugar, estaba esperando.



La tienda no debería existir… y, aun así, estaba a rebosar.

Había sido montada en tiempo récord sobre lo que antaño fue un nodo de transferencia de datos: estanterías hechas con paneles reciclados, mostradores ensamblados con prisas y una lona roja colgando del techo con un "Feliz Nochebuena" escrito en DigiCode inestable. Cada pocos segundos, una letra parpadeaba o se desplazaba un píxel fuera de lugar. Nadie parecía darle importancia.

El interior era un caos delicioso. Digimon de todas las formas y tamaños se amontonaban entre cajas de adornos, muñecos, bufandas imposibles y artefactos cuyo uso real nadie recordaba ya. Había risas, discusiones, empujones suaves. Era el tipo de desorden que solo se permitía cuando el mundo, milagrosamente, no estaba a punto de colapsar.

En medio de todo aquello, Matthew Collins observaba una cesta repleta de sombreros rosas.

—Creo que este les quedaría bien a todos —dijo con una seriedad que no admitía réplica.

Los sombreros de Kirby, redondos, exagerados y absurdamente adorables, parecían mirarlo de vuelta con ojos bordados. Matt ya llevaba uno bajo el brazo. Había decidido, sin consultar a nadie, que Caliburn tendría una Navidad uniforme.
No porque fuera necesario.
No porque alguien lo esperara.
Sino porque, por una vez, quería hacerlo.

A su lado, Excalibur se inclinó sobre la cesta, examinando los tamaños con atención casi militar.

—El de Kyle necesitará una talla mayor —comentó—. Y el de Rox debería ser resistente. No querrá que se le caiga durante… lo que sea que haga.

Prydwen, en cambio, ya se había colocado uno en la cabeza, ladeándolo con evidente satisfacción.

—¡Este es perfecto! —exclamó—. ¡Mira, Matt! ¡Encaja incluso con mi casco!

Excalibur chasqueó la lengua, visiblemente menos impresionado.

—No encaja. Está encima.

—Eso es encajar —replicó Prydwen, orgulloso.

Matt los observó discutir durante unos segundos. No intervino. De hecho, sonrió. Una sonrisa pequeña, cansada, pero auténtica. Sus dedos se cerraron un poco más alrededor de los sombreros mientras una idea, casi peligrosa, se abría paso entre tanto ruido y luces.

Por una vez…
Por una sola vez…
Quiero que todo sea normal.


Que no hubiera alertas.
Que no hubiera órdenes urgentes.
Que la mayor preocupación fuera si alguien se negaría a ponerse un sombrero ridículo en la cena.

Avanzó hacia el mostrador, esquivando a un par de Digimon que discutían por una guirnalda luminosa. Sacó el comunicador, preparándose para pagar.

Y entonces ocurrió.

El dispositivo vibró una sola vez.
Seco. Preciso. Inconfundible.

La pantalla se iluminó con el sello de la Central Tamer.

El ruido de la tienda siguió existiendo a su alrededor, pero para Matt, todo se apagó de golpe.
Los villancicos distorsionados.
Las risas.
La falsa normalidad.

Excalibur y Prydwen dejaron de discutir al mismo tiempo.

Matt no abrió el mensaje todavía.

Miró los sombreros de Kirby una última vez.

Y supo, incluso antes de leerlo, que la Navidad acababa de terminar.



El salón improvisado para el duelo navideño de cartas era una contradicción viviente, incluso para los estándares del Mundo Digital.

Guirnaldas luminosas colgaban entre pancartas competitivas, coronas de acebo decoraban mesas de duelo marcadas con cicatrices de enfrentamientos pasados, y un enorme holograma parpadeante anunciaba el evento con letras doradas y copos de nieve animados. Villancicos electrónicos sonaban a un volumen cuestionable, mezclándose con el murmullo expectante de duelistas y espectadores por igual. Había risas, apuestas amistosas… y esa tensión particular que solo existe cuando todos fingen que esto es solo un juego.

Fue entonces cuando Rox Knight llegó.

No entró.
Fue anunciada.

Dos figuras metálicas avanzaron primero. Aegis y Gram, caminando con sincronía casi ceremonial, se detuvieron en el umbral del salón. Sin previo aviso, cruzaron sus espadas en un gesto tan solemne como absolutamente innecesario. El choque resonó con un tintineo limpio, amplificado por el silencio repentino que se apoderó de la sala.

Era excesivo.
Era teatral.
Era, sin duda alguna, muy Rox.

Aegis dio un paso al frente, irguiéndose como si estuviera a punto de declarar una guerra santa.

—¡Ante vosotros comparece Rox Knight! —proclamó con voz grave—. Portadora del mazo de los Nobles Caballeros, defensora del honor en el duelo y firme creyente de que la justicia se decide carta a carta.

Algunos rieron. Otros aplaudieron. Nadie se sorprendió.

Gram, sin moverse apenas, añadió con tono seco y medido:

—No hagáis trampas.

Rox pasó entre ellos, ajustándose el abrigo con una calma que contrastaba con la entrada. Su expresión era seria, enfocada. Sus dedos se deslizaron instintivamente sobre la caja de su mazo, como quien comprueba el filo de una espada antes del combate.

Quería ganar.
No por ego.
Sino porque ganar importaba.

Los Noble Knights no eran solo cartas para ella. Eran principios. Orden. Reglas claras en un mundo que rara vez las respetaba. Cada duelo era una reafirmación de que, incluso en medio del caos, había formas justas de enfrentarse.

Y aun así… lanzó una breve mirada al comunicador que llevaba en el cinturón.

La guild la esperaba.
La cena.
La Nochebuena.

Esto era importante, sí.
Pero no más que ellos.

Se sentó frente a su oponente, barajó el mazo con precisión ritual y levantó la vista, lista para empezar.

Fue entonces cuando el comunicador vibró.

Una sola vez.

Rox se quedó inmóvil durante un segundo que pareció alargarse más de lo debido. Aegis lo notó al instante. Gram también. No dijeron nada.

El sello de la Central Tamer brillaba en la pantalla.

Rox cerró los ojos un momento. Apenas un momento.
Luego los abrió, con la misma determinación de siempre.

La Navidad podía esperar. Los duelos también.

El deber, no.



El gorro de Santa le quedaba torcido, y Kyle lo sabía… pero no le importaba.

El pequeño recinto comunitario aún estaba lleno de risas agudas y desordenadas, ecos de la energía inagotable de los Digimon bebé que, hacía apenas unos minutos, habían corrido en círculos alrededor de él y de Kathleen, intentando arrancarles las barbas postizas y los cascabeles cosidos a los trajes. Había sido un espectáculo torpe, improvisado y absolutamente carente de dignidad… y, aun así, había funcionado.

Kyle se apoyó en una pared, respirando hondo, con las manos en las rodillas. El traje rojo estaba arrugado, manchado aquí y allá con restos de confeti digital. Kathleen, vestida como Señora Claus, se dejó caer a su lado, riendo bajito mientras se recolocaba el gorro.

—Creo que uno de ellos intentó morderme —dijo, todavía con una sonrisa cansada.

Kyle soltó una breve risa, más un resoplido que otra cosa.

—Eso cuenta como éxito —respondió—. Si no hay intento de mordisco, no se lo han pasado bien.

Cerca de ellos, sus Digimon descansaban sin tensión alguna. No había formaciones defensivas, ni miradas alerta al horizonte, ni armas listas para ser invocadas. Solo cuerpos relajados, conversaciones suaves y esa rara ausencia de peligro que hacía que incluso los más veteranos bajaran la guardia.

Era… agradable.
Demasiado, quizá.

Kathleen apoyó la cabeza en el hombro de Kyle durante unos segundos, compartiendo el silencio que se había formado cuando los bebés fueron finalmente llevados de vuelta con sus cuidadores. No hacía falta decir nada. La complicidad estaba ahí, sólida, ganada a base de misiones compartidas y momentos robados entre el caos.

—Después de esto… —empezó ella, sin terminar la frase.

Kyle asintió despacio. No necesitaba oírla completa. La promesa flotaba entre ambos: una noche tranquila, una cena, tal vez una película vieja o simplemente no hacer nada. No ser héroes. No ser líderes. Solo estar.

Fue entonces cuando el comunicador vibró.

Kyle no se movió de inmediato, pero algo en él cambió. Fue sutil, casi imperceptible: la manera en que su espalda se enderezó, la forma en que su expresión se volvió neutra, controlada. Reconoció la señal antes incluso de mirar la pantalla.

Kathleen lo notó al instante.

—Kyle… —murmuró, separándose apenas de él.

Él bajó la vista. El sello de la Central Tamer brillaba con una claridad que no dejaba lugar a dudas.

No suspiró.
No maldijo.
Solo se quitó el gorro de Santa y lo dejó a un lado.

Kathleen no preguntó qué era. No hacía falta. Se limitó a asentir, con esa mezcla de resignación y comprensión que solo nace cuando uno sabe exactamente en qué mundo vive.

La risa de los Digimon bebé aún resonaba a lo lejos.

Pero el peso…
el peso ya había regresado.



La Academia de Tamers estaba inusualmente silenciosa para ser Nochebuena.

No vacía, pero sí envuelta en una calma respetuosa, casi solemne. Las luces cálidas del recinto proyectaban sombras suaves sobre las paredes, decoradas con adornos navideños discretos: guirnaldas sencillas, estrellas de datos suspendidas en el aire, algún lazo rojo aquí y allá. Nada estridente. Nada fuera de lugar.

En el centro del aula, Elizabeth Hale hablaba con voz firme y medida.

Vestía un traje navideño negro, elegante y sobrio, con apenas algunos detalles plateados que rompían la oscuridad del conjunto. No había colores chillones ni exageraciones festivas; era una concesión mínima a la fecha, fiel a su carácter. Frente a ella, varios Tamers escuchaban con atención, acompañados por sus Digimon, mientras Angewomon observaba desde un lateral del aula, satisfecha.

—El Jogress no es una solución desesperada —explicaba Liz—. Es una decisión. Y como toda decisión importante, debe tomarse antes de que el combate os obligue a ello.

No alzaba la voz. No dramatizaba.
Tampoco endulzaba la realidad.

Hablaba de sincronía, de confianza mutua, de compatibilidad emocional y estratégica. De los riesgos. De los fracasos. De las consecuencias cuando se forzaba una fusión sin comprender realmente al compañero. Sus palabras no buscaban impresionar, sino preparar.

Y se notaba que disfrutaba haciéndolo.

No sonreía mucho, pero había algo genuino en la forma en que respondía preguntas, en cómo corregía con paciencia, en cómo se tomaba el tiempo de asegurarse de que cada concepto quedara claro. Para Liz, enseñar no era una pausa entre misiones. Era una responsabilidad tan seria como cualquier combate.

Fue en mitad de una explicación cuando el comunicador vibró.

Elizabeth se detuvo al instante.

No hubo sobresalto.
No hubo gesto de fastidio.
Solo una pausa limpia, calculada.

Bajó la mirada hacia el dispositivo. El sello de la Central Tamer se reflejó brevemente en sus ojos.

—Haremos un descanso de diez minutos —dijo con naturalidad—. Revisad los apuntes. Cuando volvamos, continuaremos con los ejemplos prácticos.

Los alumnos asintieron, obedientes. Angewomon inclinó ligeramente la cabeza, comprendiendo sin necesidad de palabras.

Liz se apartó unos pasos, leyó el mensaje y cerró el comunicador con un gesto tranquilo.

Había aceptado la misión incluso antes de recibirla.

Porque, a diferencia de muchos, Elizabeth Hale siempre estaba preparada.



La plaza improvisada para la recaudación solidaria parecía sacada de un recuerdo humano mal reconstruido… y aun así funcionaba.

Varios puestos alineados ofrecían desde dulces artesanales hasta pequeños objetos hechos con fragmentos de DigiCode reciclado. Hologramas parpadeantes anunciaban el propósito del evento, y una corriente constante de Digimon civiles se acercaba a dejar donaciones, curiosear o simplemente disfrutar del ambiente. No había prisas. No había miedo. Solo una sensación compartida de estar haciendo algo bueno, aunque fuera pequeño.

En medio de todo aquello, Jorge destacaba… por razones muy concretas.

Vestido de Grinch de pies a cabeza, con la sonrisa verde exagerada y una bufanda que parecía dos tallas más grande, entregaba panfletos con entusiasmo sospechoso.

—¡Vamos, vamos! —decía con voz teatral—. ¡Donad para la caridad antes de que me la quede yo!

A su lado, Lara lo fulminaba con la mirada.

—Te voy a quemar ese traje —gruñó, ajustándose su propio atuendo navideño—. Sabes que esto es un evento serio.

Jorge ladeó la cabeza, encantado consigo mismo.

—Precisamente por eso —respondió—. El equilibrio emocional es importante.

Lara abrió la boca para replicar… y la cerró. Resopló. No lo echó. Nunca lo hacía. Porque, por mucho que la sacara de quicio, sabía que Jorge estaba trabajando. A su manera, irritante, pero efectiva.

Un poco más atrás, Cassy se movía con discreción. No levantaba la voz. No llamaba la atención. Simplemente estaba allí cuando hacía falta: ayudando a un Digimon anciano a dejar una donación, organizando cajas, colocando bien un cartel torcido. Su presencia era constante y silenciosa, como un engranaje que nadie ve… hasta que falta.

Y aun así, los tres funcionaban.

Sin órdenes explícitas.
Sin miradas dramáticas.
Con una sincronía real, nacida de la costumbre y la confianza cotidiana.

Lara gestionaba, Jorge atraía, Cassy sostenía.

Fue entonces cuando el comunicador vibró.

Lara fue la primera en reaccionar. Alzó la cabeza al instante, alas tensándose de forma instintiva.

—¿Lo has sentido? —preguntó, ya buscando el dispositivo.

Jorge dejó de bromear. La sonrisa del Grinch se congeló mientras bajaba la mirada hacia su comunicador. Bastó ver el sello de la Central Tamer para que el humor se desvaneciera.

—…Genial —murmuró—. Justo hoy.

Cassy no dijo nada.

Simplemente se quedó quieta, observando, como si hubiera estado esperando ese momento desde hacía rato. Sus ojos se endurecieron apenas un poco. No sorpresa. No miedo.

Solo anticipación.

La plaza seguía llena de luces y risas.

Pero Caliburn acababa de recibir la llamada.



No importaba dónde estuvieran.
No importaba qué estaban haciendo.

El mensaje llegó a todos al mismo tiempo.

En tiendas abarrotadas, salones festivos, aulas silenciosas y plazas llenas de risas, los comunicadores de Caliburn vibraron con una sincronía inquietante. Una sola pulsación. Breve. Inapelable. El mundo no se detuvo… pero algo se alineó.

La interfaz de la Central Tamer se desplegó con sobriedad, sin animaciones festivas ni adornos innecesarios. Texto blanco sobre fondo oscuro. Profesional. Antiguo. Como si la propia señal llevara años esperando este momento.

CÓDIGO DE MISIÓN: "GHOST"
OBJETIVO IDENTIFICADO: PARALLELMON

Tras años de avistamientos irregulares y enfrentamientos fallidos, la Central ha logrado predecir con exactitud la próxima manifestación del objetivo.

Tiempo estimado de aparición: 1 hora.
Zona: Afueras de la ciudad.

Parallelmon es un Digimon de alta inteligencia, capaz de desplazarse entre dimensiones. Ha demostrado experiencia enfrentándose a Tamers organizados y prioriza objetivos vulnerables para romper formaciones.

Advertencia:
Los informes históricos confirman múltiples intentos de eliminación fallidos. El objetivo ha escapado en todas las ocasiones.

Las palabras permanecieron en pantalla unos segundos más de lo habitual, como si quisieran asegurarse de ser leídas. Comprendidas. Recordadas.

No hubo pitidos finales.
No hubo orden directa.

Solo el peso de una certeza compartida.

A kilómetros de distancia unos de otros, nadie respondió.

No por indecisión.
Sino porque todos entendían lo mismo.

El silencio se extendió entre ellos como un hilo invisible, conectando tiendas, plazas, aulas y salones festivos. La Nochebuena seguía su curso en el Mundo Digital… pero para Caliburn, el tiempo acababa de cambiar de ritmo.



En la tienda improvisada, Matt bajó lentamente el comunicador. Sus ojos se desviaron hacia la cesta de sombreros de Kirby que aún sostenía entre los brazos. Los observó como si pertenecieran a otra vida, a otro mundo.

Suspiró.

—Claro… —murmuró—. Claro que hoy.

Excalibur y Prydwen no dijeron nada. No hacía falta.



En el salón de duelos, Rox cerró los dedos alrededor de su mazo de Noble Knights hasta sentir el borde rígido de las cartas contra la palma. El honor no huía. El deber tampoco. Guardó el mazo con cuidado, como quien envaina una espada antes de una guerra mayor.

Aegis inclinó la cabeza.
Gram ya estaba listo.



En el recinto comunitario, Kyle levantó una mano y se quitó el gorro de Santa con un gesto lento, casi ceremonial. Lo dejó a un lado. El traje rojo ya no pesaba lo mismo.

A su lado, Kathleen leyó el mensaje por encima de su hombro. No hizo preguntas. No protestó.
Solo asintió, con una calma que decía más que cualquier palabra.

—Ten cuidado —dijo suavemente.

Kyle no respondió. No lo necesitaba.



En la Academia, Liz cerró el libro de apuntes con precisión. Sin prisa. Sin dramatismo. Lo colocó sobre la mesa, alineándolo con el borde, como si ese pequeño gesto ayudara a poner orden al mundo.

Angewomon la observó en silencio.

—Volveré —dijo Liz, con total convicción.



En la plaza solidaria, Jorge bajó el comunicador y miró a Lara y Cassy. La sonrisa del Grinch reapareció por última vez, cansada pero honesta.

—Bueno… —dijo—. Supongo que podríamos haber elegido un villano menos fantasmal para Navidad.

Lara ya estaba en modo misión. Alas tensas, mirada firme. Asintió una sola vez.

—Nos vemos allí.

Cassy fue la última en hablar. O, mejor dicho, la única que no necesitó hacerlo demasiado.

—Voy —dijo simplemente.

Y con esa palabra, tan pequeña y definitiva, la Nochebuena de Caliburn quedó oficialmente en pausa.

El enemigo aún no había aparecido.
Pero todos sabían que Parallelmon ya los estaba observando.



La Navidad no desapareció cuando Caliburn aceptó la llamada.

Las luces de DigiCode siguieron parpadeando en calles y plazas, obedientes a programas escritos con más ilusión que precisión. La nieve —real en unas zonas, artificial en otras— continuó cayendo con la misma cadencia lenta, cubriendo huellas que no tardarían en volver a aparecer. Los villancicos distorsionados siguieron sonando desde altavoces viejos, arrastrando notas que hablaban de paz en un mundo que rara vez la entendía.

Los Digimon civiles siguieron riendo. Comprando. Donando. Celebrando.

Para ellos, la Nochebuena no se había roto.

Pero en algún punto más allá de las luces y el ruido amable, algo se movía.

No con prisa.
No con furia.

Con la paciencia de quien ha esperado años.

Las capas del Mundo Digital temblaron apenas un instante, lo suficiente para que nadie lo notara… excepto aquellos que sabían qué buscar. Una distorsión mínima. Un error que no debería existir. La antesala de una brecha que aún no estaba abierta, pero que ya había sido marcada.

Parallelmon se acercaba.

Y mientras la ciudad seguía celebrando, seis Tamers y sus Digimon dejaban atrás gorros, cartas, libros y bromas para prepararse para algo muy distinto a una cena festiva.

Porque Caliburn no cancelaba la Nochebuena.

La posponía.

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Soncarmela

Moderador
En la Central de Tamers también se sentía el espíritu navideño. Habían decorado los techos con luces entrelazadas de distintos colores, alternando entre el rojo, el amarillo y el azul. La música característica de estas fechas, más conocidas como villancicos, sonaba a bajo volumen, pero estaba ahí, presente, y los humanos más recientes la tarareaban con alegría, recordando momentos felices de su tiempo en la Tierra. Otros, más veteranos, les hubiera gustado dejarse llevar, mas la responsabilidad y las obligaciones hacían mella en ellos.

De todas las personas que había ahí dentro, ninguna se podía comparar a los que fueron entrando, algunos juntos y otros separados, al grupo de Caliburn. Todos ellos habían tenido que abandonar sus quehaceres por algo mucho más importante: la misión que pondría al mismo Digimundo en peligro. Si el dispositivo pitaba, significaba peligro.

Allí acudieron, ante la mirada sorprendida de Tamers de rango Expert o incluso Elite. Los novatos no lo comprendían, sin embargo, su rostro fascinado brillaba ante la presencia de unos desconocidos que iban acompañados de dos Digimon... Y uno de ellos -el caballero- con tres incluso, pues desconocían que la criatura blanquecina no luchaba, mas era igual de esencial que los demás.

El despacho donde fueron conducidos era más grande de lo habitual, pues se necesitaba espacio de sobra para habitar esa cantidad de Tamers y sus camaradas. Rox y Kyle permanecieron de pie, cada uno a un lado de los sofás, con Aegis y Gram protegiendo a su señora -pese que no era necesario-, y Guilmon X atento. Matt, el líder, se sentó y se frotó las manos, con una mezcla de curiosidad y miedo. ¿Qué tan peligrosa era una misión para requerir la ayuda de casi todos los miembros de Caliburn? Elizabeth llegó la penúltima, pidiendo disculpas. Se quitó el abrigo y le colocó una mano en el hombro a su pareja al percatarse de su nerviosismo.

Jorge y Kath se encontraron en la recepción y enseguida se reunieron con sus amigos. Hubo saludos, abrazos, estrechamiento de manos o movimientos de cabeza y respeto. Eran una familia, pero como toda buena familia, conseguir que las obligaciones les permitieran estar juntos conllevaba dificultades. Así que, aunque era motivo de alegría poder realizar una misión en equipo, también entendían que la tarea no sería, bajo ningún concepto, un paseo por el parque.

—Buenos días —saludó la oficial una vez todos le estaban prestando atención—. No voy a irme por las ramas porque la situación es crítica y no tenemos tiempo. La amenaza es del más alto nivel: un Digimon extremadamente inteligente que hemos perseguido durante años. Y en todas las ocasiones ha logrado escapar o derrotarnos.

—¿De quién se trata? —preguntó Kyle, cruzándose de brazos.

—De Ghost. O, al menos, es el nombre que se le asignó en los reportes antiguos. Pero gracias a estudiarlo descubrimos su verdadero nombre: Parallelmon. —Los humanos y Digimon intercambiaron miradas. Su estancia en el Digimundo ya alcanzaba casi los cinco años o más en algunos casos, como el de Kyle, y jamás habían escuchado un nombre similar. La mujer asintió ante la duda muda colectiva—. Sólo hay uno, no existen más. Único en su especie. Es... Un Digimon capaz de viajar entre dimensiones.

—Dimensiones —repitió Jorge y su vena periodística latió con intensidad—. ¿Estamos hablando de mundos alternativos?

—Las películas de viajes en el tiempo no nos han preparado para esto, Jorge —comentó Lara tratando de hacer un chiste, pero ni siquiera ella acompañó la broma con una risotada. También lucía preocupada.

—Y... Eh... —Matt se incorporó— ¿Qué más puede decirnos sobre Ghost?

—Su capacidad le ha hecho regresar una y otra vez a... Bueno, este Digimundo. Imaginamos que se dedica a destrozar realidades o, mínimo, ese es su objetivo, además del caos. Cada vez que aparecía por aquí se dedicaba a traer enemigos a través de sus portales. Acababa con la vida de Tamers y Digimon que se encontraban con él por casualidad. Ha quemado bosques enteros, se ha enfrentado a dúos de rangos altos y vencido... No es un enemigo común. Nuestros científicos más experimentados le han dedicado décadas de estudios para hallar su ubicación o descubrir su siguiente aparición. Tras muchos intentos, donde enviábamos a los Tamers más capacitados de esa época y eran derrotados, hoy, nuevamente, ha salido una fecha. Y una hora.

—Y es tan urgente porque ocurrirá hoy, ¿me equivoco? —Kath cruzó una mirada con su novio. Este asintió, adivinando sus pensamientos. No tendrían ni minutos para prepararse.

La mujer entrecerró los ojos. No era necesario que respondiera.

—No se preocupe —La chica caballero dio un paso al frente. En modo automático, sus dos espadas doradas la imitaron—. Todos nosotros protegeremos al Digimundo. Es nuestro hogar. Y hemos prometido cuidarlo y preservar el bienestar de todos sus habitantes.

—¡Con mi señora aquí, ese villano no durará nada! —clamó Aegis con decisión.

—Mi señora, mi hermano y yo estamos preparados para servir —añadió Gram con su voz solemne.

Hacía un año que se había unido al grupo. Al principio se había considerado un intruso, un mero invitado que no merecía la confianza. Ser "el Digimon" de un Tamer jamás había cruzado por su cabeza. Pero ahora estaba allí. Había hecho multitud de misiones con éxito con su señora y Aegis, e incluso en compañía de los otros humanos presentes. Todavía le costaba relacionarse con ellos, mas percibía el cariño que emanaba de Aegis cuando hablaba con Gabumon Black, o la felicidad que radiaba de Rox cuando se reunía con sus amigos. Si ellos estaban tranquilos y en paz, él se sentía feliz.

—¿Dónde tenemos que ir? —preguntó Elizabeth, ya lista para marcharse.

(. . .)

Para agilizar el trayecto, que era a las afueras de la ciudad, Jorge hizo evolucionar a Hawkmon hasta Garudamon X y todos subieron a su pelaje, sujetándose con fuerza. No tardarían en llegar a su destino.

—Me llena de dicha que volvamos a reunirnos —dijo Rox, recibiendo una sonrisa y asentimiento por parte de los demás.

—Aunque sea en estas circunstancias —comentó Elizabeth con un suspiro—. Creo que a veces olvidamos que el Digimundo todavía tiene presentes continuos. Estoy tan atareada con las clases de Jogress...

—Y lo haces muy bien, Liz. Agu y yo siempre estamos encantados de ayudar con las presentaciones.

—Gracias, Nótt, Jawzahr. Lo intento.

—El Digimundo siempre tendrá villanos —terció Kyle, chasqueando la lengua—. Siempre ha habido momentos de paz. He vivido muchos de ellos. Pero nunca puedes relajarte. Eso es lo que significa ser un Tamer de rango alto. Ahora ya no podemos comportarnos como niños, tenemos unas obligaciones y responsabilidades. La etapa de ser Medium quedó atrás.

—Cariño, tú siempre tan positivo —Kath negó con la cabeza.

—Sólo estoy siendo realista.

—Se puede ser realista y tener tacto.

—Kath, es culpa tuya por no buscarte un novio diferente. Hay más chicos, no tienes que buscar uno justamente en la misma Guild... —Whisper se calló un segundo—. Y es curioso que haya sucedido dos veces...

—Por favor, búscate pareja en otro lado —La voz potente de Garudamon X se escuchó por todos los poros de su piel. Era evidente que se dirigía a Jorge.

—Si no se mete conmigo no se queda tranquila. Cassy, me alegro de que no te dejes influenciar por tu compañera.

Cassy buscó una respuesta divertida, pero otra persona se le adelantó:

—Necesitamos una estrategia —Esas palabras procedían del auténtico líder de Caliburn—. Ya habéis escuchado a la oficial, Ghost no vendrá solo.

—Te ha gustado su nombre en clave, eh —chinchó Jorge. Matt se sonrojó.

—Matt tiene razón —habló Guilmon X—. Si ese monstruo tiene la capacidad de traer enemigos, no sabemos si tendremos que luchar contra un ejército.

—Y esa es la razón de que el grupo entero esté hoy aquí —Excalibur se oyó animado. Tocó con su mano la de su camarada Ludomon.

—Tengo una idea, si os place escucharla —Rox buscó entre los bolsillos de su uniforme de caballero y sacó unas figuras de madera talladas a mano. Cada una de ellas mostraba la apariencia de los humanos y Digimon que convivían en Caliburn. Gram, pese a que debería estar acostumbrado, se emocionó al comprobar que había una de él también. No obstante, había tres figuras de Zubamon. Para diferenciarlos, cada figura marcaba en la espalda una inicial: A, E y G—. En uno de los duelos derroté a un experto en figuras y, en vez de apostar cartas o dinero, le pedí como favor que me hiciera estas.

—Me encantan —Matt las contempló fascinado.

—¿Cuál es tu plan, Rox? —Kyle conocía la faceta estratégica de la muchacha. Era una loca del ajedrez.

—Requerimos una táctica ofensiva, una defensiva y otra de área —El diálogo salió atropellado en cuanto inició la verborrea. Kyubey, desde el sombrero, se tapó las orejas—. Somos 6 humanos y 5 Digimon. Un enemigo que vendrá con un ejército y una inteligencia descomunal, según informes. Se ha enfrentado a numerosos equipos, conoce el punto débil de todos.

—Nosotros —Jorge se apuntó con el dedo.

—En efecto —Rox confirmó y prosiguió—. El eslabón débil. Si todos nuestros compañeros se lanzan al ataque, quedaremos expuestos. Por supuesto, tenemos herramientas para defendernos, pero no serán suficientes contra lo que nos lance. Tenemos que posicionarnos.

—Entiendo lo que quieres decir —Guilmon X observó a sus camaradas—. Los que tengamos una evolución más agresiva, debe ir sí o sí a por el enemigo principal: Paralellmon.

—¡Deja que termine mi señora!

—Los más defensivos deben quedarse con nosotros. Con dos estimo que sobrará para que nos protejan y, de ser necesario, ayudar a los demás cuando el ejército reduzca sus miembros.

—Prydwen es uno —intuyó Matt.

—Y Aegis será otro, como Cranniumon —concluyó la chica caballero. Aegis se irguió, atento—. Guilmon X, Agumon y Black Gabumon, junto a Excalibur son los más adecuados para el ataque. Lara y Cassy controlarán al ejército desde el cielo y tierra.

—Y en caso de emergencia, pueden unirse —A Jorge le gustaba la idea.

—Gram en su forma de MagnaGarurumon tiene una gran capacidad para derribar a varios enemigos a la vez. Además, es veloz. Si Aegis y Prydwen tienen problemas, él vendrá de inmediato. Será un apoyo tanto para la táctica defensiva, como la de área o incluso la ofensiva. Cualquiera que resulte herido, debe venir a la posición de los humanos de inmediato para que Kyubey sane sus heridas.

—Esto va a ser un enfrentamiento de resistencia —Kath respiró hondo. Sentía el peligro en los huesos—. Imagino que, en tu plan, Whisper tendrá la misma acción que Gram.

—Así es. Sakuyamon también es veloz y cuenta con varias habilidades de apoyo y soporte —Desconectó un segundo. Levantó la cabeza de las figuras colocadas con precisión—. ¿Estáis de acuerdo? —Como todos conocían a la muchacha, adelantaron los brazos y cerraron las manos en puño, a modo de acceder a su estrategia—. Por supuesto —agregó Rox—, los planes no siempre son certeros y pueden variar.

—Comprensible —dijo Matt, restándole importancia—. No quiero tener que emplearlo desde el inicio, pero es evidente que al final tendremos que sacar la maquinaria pesada. ¿Estáis preparados, Excalibur, Prydwen?

—Siempre —respondieron al unísono.

—En algún momento, Paralellmon tendrá que detener los portales y la marea de enemigos no será tanta. Será ahí cuando cambiaremos al modo ofensivo todos juntos. Aegis y Gram pasarán a su segunda línea en ese instante.

—La comunicación es vital —les recordó Kyle—. Hoy seremos muchos Tamers utilizando cartas, Soul y otras herramientas, y muchos Digimon peleando entre sí.

—Pero somos un buen equipo —dijo Jorge, confiado—. No es la primera vez que combatimos contra un enemigo juntos. Nos conocemos.

—Chicos —llamó Lara, interrumpiendo la charla—. Estamos a punto de llegar. Y estoy viendo puntos morados en el cielo.

El aviso los acalló de inmediato. Observaron a lo lejos, con un nudo en la garganta. El viento traía malos olores.

—Inicia la cacería —anunció Matt, haciendo referencia a un videojuego.



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El aire se sentía cada vez más pesado, los edificios y maleza mostraban formas distorsionadas y erráticas, aunque el efecto pasaba tan rápido como se presentaba sin dejar trazas de haber acontecido; era como si el mundo en sí mismo tuviese problemas para "renderizar" y darle la forma correcta a cada objeto en esa área. Sin duda aquello era una señal, una llamada de alerta del propio DigitalWorld.

Aquellos puntos morados que Garudamon señaló en el cielo pronto fueron tomando forma y se hizo evidente qué eran. No había duda alguna, se trataban de portales, pequeños agujeros que se agrandaban a un ritmo alarmante.

—Será mejor que bajemos, recibir un ataque sorpresa es lo que menos necesitamos ahora —ordenó Jorge a su compañera, Garudamon obedeció la orden y comenzó un veloz descenso.

Un par de garras emergieron de la grieta de mayor tamaño, la que el resto parecían estar orbitando. Las extremidades se aferraron al borde del portal y sin encontrar apenas resistencia comenzaron a tirar para agrandar la abertura, como si solo se tratase de una mera tela, una que se desgarraba hilo por hilo…

—Parece que ahí viene —soltó Kyle apenas Lara tocó suelo y pudieron bajar.

—Todos listos —ordenó Matt mientras descolgaba su Digivice de su cinturón, solo para ser imitado por el resto de sus compañeros. Los Digimon dieron un paso, formando una línea delante de sus Tamers.

La entidad al otro lado de la abertura pareció complacida con el tamaño de su puerta recién creada y decidió emerger por fin del otro lado. Era tal y como los reportes de la Central lo describían: un cuerpo pálido, con extremidades alargadas y delgaduchas que se asemejaban mucho a la familia de los Diablomon. Llamaba la atención el único ojo en su rostro, así como aquel orbe en el centro de su ser.

—Su apariencia coincide con las pocas imágenes que la Central recopiló —Recalcó Lizz—, no queda duda, esa cosa es Parallelmon...


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« Ghost »

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4n0malia 3xtr∀d1mensi0nal


Conocer la expresión exacta de un Digimon cuyo rostro está conformado en su mayoría por un mero ojo era complicado, pero basándose en el resto de su cuerpo, Matthew dedujo que Parallelmon fue tomado por sorpresa por la presencia de aquel gran número de Tamers y Digimon en su punto de aparición; era fácil deducir el motivo, aquella era la primera vez que la Central era capaz de predecir su manifestación en ese mundo. La atención de Parallelmon fue a cada uno de ellos, limitándose a observarles en el completo de los silencios. Pero incluso tan simple acción no pasó por alto.

—¡Digisoul Charge, Overdrive! —Más de una voz bramó aquella sentencia mientras manifestaba un aura de data con propio color e identidad en su mano.

—¡Card Slash! —Respondieron al unisono los restantes.

La descarga de Digisoul viajó desde los Digivices hasta los respectivos Digimon y las cartas zumbaron mientras eran deslizadas con rapidez y maestría, como si el movimiento se hubiese tratado del tajo cortante de una espada.

—¡Warp Shinka! —Fue el grito de guerra de los Digimon.

El ojo del cíclope desprendió un brillo y acto seguido disparó un proyectil de energía que envió directo hacía el grupo de desconocidos que tuvieron el descaro de intentar emboscarlo. El ataque cruzó el aire y pronto alcanzó su destino, manifestando un estallido seguido de una nube de polvo y humo que comenzó a propagarse.

Sin embargo, fue evidente que algo extraño pasaba. Parallelmon observó con atención la cortina de suciedad: no se movía como debería por efecto del viento, parecía como si alguna estructura se lo impidiera. Pronto esta quedó al descubierto: un domo de llamas azules, una barrera que había protegido tanto a Tamers como a sus compañeros de aquel sucio ataque sorpresa. Y ahora, cual enjambre de abejas furiosas, varias figuras salieron de aquella fortaleza improvisada.

El ojo del ser extradimensional volvió a iluminarse y acto seguido disparó. Esta vez el torrente de energía fue bloqueado por el escudo plateado de Dukemon, el caballero de capa azúl lideraba la ofensiva. Ghost cambió al instante de táctica, de modo que se limitó a extender sus brazos: como si sus garras estuvieran sujetando hilos, aquel simple gesto hizo crecer los portales a su alrededor y de aquellas nuevas fauces abiertas seres digitales comenzaron a emerger, lanzándose hacía el grupo de ataque de Caliburn.

Antes de que el primer Digimon alcanzara siquiera a Dukemon, un GrandKuwagamon, su figura fue tragada por una explosión y tras esta, muchas más siguieron sufrieron el mismo destino. Todos aquellas bajas fueron producto del mismo arma: el gran cañón de MagnaGarurumon.

—¡No podrán burlarnos tan fácil! —Gram volvió a disparar una ráfaga de disparos en todas direcciones, el aire se llenó de estallidos.

—¡Tienen el camino libre, vayan! —Sakuyamon hizo girar el báculo sobre su cabeza y después lo estrelló contra el aire a sus pies como si ahí hubiese suelo firme: manifestó un símbolo circular de luz que se transformó en una tormenta de pétalos de cerezo que se lanzaron hacia un grupo de Manticoremon.

Dukemon y Durandamon asintieron, lanzándose directo hacía Parallelmon. Lanza y espada cortaron el aire yendo directo hacia el cuerpo del ser extradimensional solo para detenerse abruptamente al chocar contra sus garras. Ambos caballeros quedaron sorprendidos ante aquel desplante de resistencia y fuerza, ni siquiera el embate de dos Ultimates habían conseguido hacerlo retroceder. Aún así, aquello estaba lejos de terminar.

—¡Ahora! —Blue retrocedió, al mismo tiempo que Excalibur.

Ghost no fue consciente de la lluvia de misiles hasta ser azotado por la misma, el ataque vino desde todas direcciones, esquivarla ni siquiera había sido una opción. No hubo explosión o llamas, sino todo lo contrario, una descarga de energía gélida que fue capaz de reducirlo a una mera estatua de hielo inerte.

—¡Jawzarh! —Metalgarurumon se apartó, dándole vía libre a su compañero.

MetalGreymon extendió sus brazos y después unió sus DramonKillers al mismo tiempo que las alas en su espalda se cerraban. Su cuerpo entero comenzó a girar hasta convertir su silueta en una borrosa imagen, fue ahí cuando comenzó a expulsar llamas que siguieron su movimiento, manifestando un violento tornado flamígero.

—Liz —En tierra, Matt se giró hacía su pareja, quien asintió comprendiendo.

—¡Acábalo, Jawzarh! —Cerró su mano formando un puño, una poderosa llama de Digisoul apareció en esta, la cual envió hacia WarGreymon con ayuda de su Digivice.

—¡¡Great Tornado!! —Influenciado ahora por el DigiSoul de su Tamer, el tornado comenzó a girar con una mayor velocidad, apenas siendo capaz de seguir el ritmo de WarGreymon.

Blue, Excalibur y Nott apenas observaron el efímero viaje de Jawzarh hacía su enemigo. El hielo se resquebrajó y estalló apenas se dio el contacto entre este y las DramonKillers, que ahora funcionaban cual taladro. Sin embargo, solo bastaron un par de segundos para que todos los presentes fueran capaces de digerir la escena que tenían enfrente: Parallelmon estaba recibiendo de lleno un Great Tornado y ni siquiera se mostraba inmutado.

Ghost juntó sus manos y las empleó cual maza para golpear y enviar a WarGreymon directo al suelo. Nott pensó en interceptar a su compañero, pero Parallelmon fue más veloz, reunió energía en su globo ocular y le disparó al instante.

—¡¡Royal Saber!!

—¡¡Zwanglanze!!

Tanto Dukemon como Durandamon lanzaron sus técnicas mientras cortaban distancia con Ghost en un intento de cobrarle factura por atacar a sus compañeros por sorpresa, sin embargo, ellos cayeron también en los trucos del demonio extradimensional. Parallelmon apenas movió sus garras provocando la aparición de dos portales justo en la trayectoria de ambas técnicas, tragándoselas al instante. Para cuando Blue y Excalibur comprendieron qué tramaba fueron azotados por sus propias técnicas, Ghost se las había devuelto abriendo un portal desde un punto ciego.

—¡¿Qué fue eso?! —Preguntó Excalibur apenas se recompuso.

—Parece que esta cosa aún tiene sorpresas para darnos —Blue le lanzó una mirada filosa a Ghost.

Como si le hubiese escuchado y buscase burlarse de ellos, en ese momento Ghost puso en alto su brazo: una gran fisura se manifestó encima de su cabeza atratendo la atención tanto de los Ultimates como de los Tamers que observaban desde la distancia. De aquel portal, varias veces más grande que el usado por el propio Parallelmon para manifestarse en esa realidad, algo emergió, o más bien, aquel colosal ser simplemente asomó su cabeza de escamas carmesíes y ojos adormilados pues sus dimensiones eran demasiado, incluso para tan peculiar puerta. Un Dinomon.

—¡¡Apartate!! —Alcanzó a gritar Dukemon.

Las fauces del coloso se abrieron y regurgitaron un torrente de llamas que los caballeros consiguieron esquivar, sin embargo, apenas lo hicieron se percataron de quiénes eran sus verdaderos objetivos. Si Ghost tuviese boca, seguramente esta tendría dibujada una enorme sonrisa de victoria.

—¡¿Como te atreves a atacar a mi señora?!

El Dino Breath de Dinomon chocó de lleno contra el escudo Avalon de Craniumon, lenguas de fuego eran expelidas en todas direcciones como resultado del encuentro, como el agua de un violento río al encontrarse con una obstinada roca en su trayectoria. El Royal Knight resistió el embate durante los primeros segundos, más pronto se vio obligado a clavar su lanza en el suelo con el fin de encontrar un punto de apoyo y evitar seguir siendo empujado. Miró sobre su hombro, su señora y el resto de humanos de Caliburn estaban tan solo a unos metros de ahí, no podía darse el lujo de apartarse.

—Déjame darte una mano.

Bryweludramon expulsó llamas desde su cuerpo que pronto envolvieron a Craniumon. Aquel fuego no quemaba por mucho que diera esa impresión, sino que funcionaba como una barrera de energía. Al carecer de una forma sólida, las llamas podían escabullirse hasta envolver a Aegis y formar una nueva pared entre él y la técnica del enemigo, cuando la capa exterior era destruida ya había una nueva formada debajo, cual armadura de escamas.

Blue y Excalibur intentaron atacar a Dinomon y poner fin a aquel ataque a distancia, pero apenas hicieron un movimiento en falso Parrallelmon se lanzó a interceptarlos. Aquel Digimon sabía a la perfección lo que estaba haciendo y cómo ellos iban a reaccionar, lo que hacía preguntarse, ¿cuántos Tamers y sus compañeros habían muerto debido a aquellos trucos?

—¡¡Starlight Explosion!!

Parrallelmon levantó la cabeza solo para presenciar como una colosal ave dorada conseguía castigar a Dinomon, enviándole una lluvia de proyectiles lumínicos una y otra vez hasta que el coloso fue obligado a cerrar su boca y retroceder de vuelta al portal con tal de protegerse.

—Les dijimos que nosotros nos encargaríamos de cualquier improvisto —Les recordó Lara, aleteando en su majestuosa forma de Hououmon X.

—Perdona, es la costumbre —dijo Blue.

—Pero ahora que sabemos que estás por aquí, no nos distraeremos más —Agregó Excalibur—. ¿Alguna idea, Blue?

—Si usamos ataques a distancia el malnacido nos los regresará, si vamos cuerpo a cuerpo ni siquiera podemos rasguñarle…

—A este ritmo…

—Necesitaremos ir a Ultimate II…

El ojo de Ghost brilló. Extendió sus manos y las hizo desaparecer a través de un par de portales. Pronto tanto Dukemon como Durandamon se vieron rodeados por aquellas aberturas en todas direcciones, estaban atrapados en un perímetro sin salida. Las garras de Parallelmon entonces emergieron desde diferentes puntos, lanzando un tajo y después retrayéndose para regresar por donde volvieron, solo para acto seguido emerger desde un punto diferente, todo aquello sucediendo en el lapso que dura un parpadeo. Tanto el Royal Knight como la Legend Arm hicieron lo posible para rechazar aquella ofensiva, pero sin importar sus esfuerzos eran incapaces de bloquear todos y cada uno de aquella oleada de ataques. Ghost les tenía a su merced.



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Luigi

Digimon Tamer/Pokemon Trainer

Ghost arrugó levemente el ojo al ver como su ofensiva tuvo que ser interrumpida por una lluvia de zorros provenientes de Sakuyamon, quien había tomado posición en el aire y procedió a hacer fuego de cobertura para permitirle un respiro a Dukemon y a Excalibur, cuyas armaduras ya mostraban las marcadas del violento ataque de su enemigo. El Ultimate giró el rostro de un lado a otro, dejando salir un rayo de energía que interceptó a los constructos de Sakuyamon, detonándolos en el acto.​
Por supuesto, MagnaGarurumon preparó nuevamente su artillería y usó su Machine Gun Destroy, dejando salir toda una lluvia de misiles de sus armas y que volaron a alta velocidad por los aires. Para Paralellmon aquello fue como un juego de niños, usando un portal para redirigir la ráfaga de misiles en contra de los Tamers.​
-¡Prydwen! -se apuró a llamar Collins, sosteniendo su Digivice en manos con fuerza.​
-¡Dejen la defensa a mi cuidado! -el colosal dragón rojo desplegó sus dos unidades AI, Gause y Fay y creando una enorme barrera de energía que se expandió sobre ellos, protegiendo a los humanos y a Sakuyamon. Las detonaciones no se hicieron esperar cuando los misiles impactaron contra la barrera de Bryweludramon, que se mantuvo firme como una roca, asegurándose de que todos bajo su cuidado no fueran afectados de ninguna manera.​
-¡End Waltz! -Craniunmon movió su lanza Claíomh Solais, enviando una onda colosal onda de choque horizontal en dirección a Ghost, que simplemente extendió su mano al frente de manera veloz, usando sus garras para interceptar en el aire el ataque de Craniunmon.​
El caballero negro vio con incredulidad como su ataque fue roto como si fuera vidrio, fragmentándose en miles de motas de luz que cayeron al suelo. Ghost de tener una boca estaría mostrando una sonrisa burlista, después de todo para aquel ser, no era la primera vez que jugaba con humanos y sus compañeros.​
Y ese instante de arrogancia le costo alto a Ghost: Dukemon y Durandamon habían aparecido a sus costados, cada uno listo para desatar con furia justiciera sus ataques con toda la intención de ponerle fin a su existencia maligna.​
-¡Thron Messer! -la Legend Arms se convirtió en un verdadero torbellino de metal, usando cada cuchilla de su cuerpo para dejar salir una ráfaga de cortes en el cuerpo de Ghost, que por primera vez en el combate dejó salir una mueca de dolor al sentir como en varias partes de su cuerpo emergían heridas producto de Durandamon.​
-¡Eek! -fue el único sonido escuchable de Paralellmon, quien salió repelido hacia atrás y cayendo al suelo. El Ultimate levantó su rostro al aire, encontrándose con la figura de Dukemon levantando su lanza al aire, que a sus espaldas tenía la luna azul brillando en todo su esplendor.​
-¡Fafnir: Dragon of Judgement! -Blue extendió Gram al frente, disparando la versión potenciada de su ataque, que tomó la forma de un colosal dragón eléctrico cargado de energía sagrada.​
-Absorbent Bang -susurró Ghost con rabia contenida, disparando de su ojo un colosal rayo de energía que se colisionó con el ataque de Dukemon, causando que ambos Digimon se enfrascaran en duelo de voluntades y fuerza para lograr que su propio ataque consumiera al de su enemigo.​
-¡Vamos Blue, no pierdas terreno! -exclamó Kyle, monitoreando el combate gracias a su D-arc y comunicándose gracias al Sound-linker. El Chief sentía sudor frío bajar por su rostro al ver como Ghost estaba resultando ser una verdadera amenaza que dejaba atrás a casi cualquier cosa que hubiera enfrentado anteriormente.​
A excepción del Ghoul.​
Dukemon por su cuenta sentía como su brazo derecho con Gram quería ceder ante la fuerza del ataque de Paralellmon. El caballero de capaz azul y armadura plateado dejó salir un grito de guerra, infundiendo más fuerza en su ataque, causando que empezara a ganarle terreno a Parallelmon. Ghost estaba tan ocupado intentando mantener su ataque que descuido sus costados y para su consternación, War Greymon y Metal Garurumon estaban listos para darle la apertura necesaria a Dukemon.​
-¡Gaia Force! -bramó el Dragon Man con valor, sus ojos verdes brillando con la determinación de evitar que el monstruo frente a el causara más tragedias como las de su pasado.​
-¡Cocytus Breath! -aulló furioso el lobo mecanizado, listo detener a la amenaza que se había atrevido a intentar lastimar a Elizabeth y a sus amigos.​
War Greymon levantó sus garras sobre su cuerpo, creando una colosal esfera de energía atmosférica a altas temperaturas cual sol miniatura y lo lanzó con fiereza a espaldas de Paralellmon. Por su cuenta, Metal Garurumon abrió sus fauces mecanizados y disparó un rayo de energía congelante a 0 absoluto. Paralellmon sintió ambos ataques golpearlo por la espalda, logrando que trastabillara y su cuerpo perdiera concentración.​
Y ese instante fue aprovechado por Dukemon, quien rugió cual Megidramon desatado y dejó salir toda su fuerza en su ataque y logrando superar el rayo de energía de Paralellmon, que solo vio como del cielo descendía un colosal dragón eléctrico lleno de energía sagrada que lo termino impactando de lleno.​
Los presentes solo pudieron ver como una colosal explosión de luz blanca se hizo ver en medio de la noche oscura, generando un potente temblor una cortina de humo que se extendió por la zona. Dukemon descendió al suelo, jadeando luego de aquel ultimo esfuerzo. A su lado Excalibur apareció sin bajar la guardia mientras que War Greymon y Metal Garurumon estaban listos para intervenir.​
-Imposible -susurró Matt incrédulo, viendo como del humo emergió la figura de Ghost: a diferencia de antes, en lugar de mostrar lo que parecía ser una expresión burlista, esta vez se veía molesto. Y para sorpresa de todos, dejó salir palabras de algún lugar de su cuerpo.​
-Ustedes de verdad quieren arruinar mi diversión -hablo Ghost, tronándose el cuello y frunciendo la mirada, sintiendo en su piel humeante todavía el ardor del ataque de Dukemon. -Admito que los subestime… esta vez no cometeré el mismo error -declaró antes de extender su mano y abrir varios portales.​
-Esto debe ser una maldita broma -se quejó Elizabeth, viendo como Ghost invocó lo que era un Megidramon junto a lo que parecía ser un Imperialdramon: Fighter Mode (Black) para asistirlo.​
-Supongo que debemos subir el nivel -admitió Kyle, intercambiando miradas con Hale, que solo asintió levemente. -Blue, prepárate -el Chief tomó una carta de su mazo: Shining Evolution Plug-In. -¡Card Slash!​
Ghost por su cuenta, solo vio como Dukemon fue cubierto de una brillante luz blanca que se convirtió en un pilar de color rojo carmesí.​
-¡Dukemon mode Change!-exclamó el caballero, cuya armadura se tornó de un vibrante color carmesí ardiente mientras que su manto azul desapareció, dándole paso a brillantes alas de luz en su espalda. Gram y Aegis desaparecieron de sus brazos en su lugar aparecieron una lanza de energía translucida y una espada similar. -¡Dukemon: Crimson Mode! -exclamó, colocando sus ojos dorados sobre Ghost, que frunció el ceño.​
-¡Nótt! ¡Jawzahr! -exclamó Elizabeth, manifestando una cantidad inmensa de Digisoul en color morados en su manos para posteriormente entrelazarlas con su Digivice. -¡Gattaaaaaaaaaaaaaai!
Los ojos de War Greymon y de Metal Garurumon emitieron un resplandor, elevándose por los aires en espirales de energía color naranja y azul, dejando a su paso estelas brillantes mientras ascendían a toda velocidad por el cielo estrellado.​
-¡War Greymon! -exclamó el Dragon Man antes de convertirse en energía pura en el aire. Un corazón de valor latiendo con fuerza en su Digicore con el deseo de proteger.​
-¡Metal Garurumon! -bramó el lobo metálico, transformándose igualmente en energía. Un corazón que amistad latiendo con fuerza para cumplir una sola promesa a su compañera.​
-¡Jogress Shinka! -exclamaron ambos antes de que las espirales de energía convergieran en una sola, tomando la forma de una esfera de tonalidades naranjas y azules. Dicha esfera se empezó a agrietar y una luz blanca emergió de las profundidades de dichas grietas hasta que finalmente, explotó, dejando ver una figura humanoide blanca, cuyos brazos estaban compuestos de los cuerpos de Metal Garurumon y War Greymon. -¡Omegamon! -las voces de ambos Digimon se escucharon en el campo de batalla.​
-¡Starlight Explosion!
Hououmon X-antibody agitó sus lanzas, causando una potente explosión de luz que distrajó a Ghost y sus refuerzos, permitiendo que Dukemon Crimson Mode y Omegamon y tomaran la ofensiva directamente.​
Omegamon salió disparado como un misil en dirección a Imperialdramon, que en su brazo ya tenia su Positron Laser Lance. El Caballero Sagrado desenvainó de su Grey Sword, colisionando su espada con la lanza de energía de Imperialdramon, creando una potente onda de choque que hizo temblar la tierra.​
-¡TU NO VAS A DETENERNOS! -exclamó Omegamon con furia, rebanando como queso la lanza de Imperialdramon y obligándolo a retroceder. El Digimon Black vio con pánico como Omegamon extendió su Garuru Arm, dejando salir un cañón de este que apunto directamente a su cabeza. -¡GARURU CANNON!
Un disparo de energía a cero absoluto salió del Garuru Cannon, impactando de llenó la cabeza de Imperialdramon Fighter Mode (Black) y que velozmente la atravesó, extendiéndose como haz de luz por el cielo mientras que el Ultimate ejecutado caía en el suelo antes de convertirse en datos.​
Por su cuenta, Dukemon Crimson Mode observó al rabioso Megidramon frente a el y sin mediar palabra voló a toda velocidad en contra del enorme dragón. Megidramon por su cuenta respondió abriendo sus fauces y disparando su Megdido Flame en un torrente de llamas inclementes.​
Y Dukemon Crimson Mode se adentró en el centro de dicho infierno ante la sorpresa del enorme dragón, emergiendo segundos después y quedando frente a frente a Megidramon, empuñando su espada Blutgang en un devastador golpe.​
-¡Invincible Sword! -exclamó, usando la espada de luz para soltar una serie de cortes inclementes y finalmente decapitar a Megidramon con un corte definitivo en el cuello, con la figura sin cabeza del dragón cayendo de forma descompuesta en el suelo y explotando en datos.​
Ghost frunció el ojo, viendo a la dupla de Caballeros sagrados dirigirle una mirada que prometía el más profundo de los dolores. A espalda de este, se abrieron múltiples puertas dimensionales y solo extendió sus garras al frente.​
-Endles Trance -susurró antes de lanzar sus garras a los portales que rodearon a Omegamon y a Dukemon Crimson Mode, que se prepararon para la inminente rafaga de ataques del Virus.​
-¡Sefirot Crystal!
Paralellmon abrió los ojos cuando sintió del aire una lluvia de cristales sagrados caer sobre su cuerpo y a la culpable: Una Ophanimon con una armadura más estilizada que la especie normal. Cassie había evolucionado a Ophanimon X-antibody para darle un mejor cobertura de apoyo al dueto de Caballeros Sagrados, que agradecieron el gesto de rescate y se dispusieron a continuar con el combate.​

Soncarmela Soncarmela Everyday Everyday D_Numeritos D_Numeritos here we go cualquier cosa me avisan
 

Relikt

Cosa del Mal
Omegamon fue empujado por un segundo Megidramon que había salido de las grietas abiertas por el Ghost. El digimon nacido de la Joggres se lanzó al ataque usando su Grey Sword con la cual hizo varios tajos cruzados que crearon una explosión que provocó que el tipo virus retrocediera en el aire, sin embargo, el dragón de escamas carmesí sacudió sus alas para evitar el empuje emitiendo un aullido infernal que resuena por todo el lugar, aturdiendo a Omegamon. El dragón malvado aprovecha aquel momento y que ya está estabilizado para usar su cola y golpear al digimon caballero, quien logra protegerse antes de ser lanzado con fuerza derribando algunos árboles y cayendo al suelo creando un pequeño cráter debido al fuerte impacto.

Al ver a su enemigo en el suelo, Megidramon fue tras este lanzando una ráfaga de flamas oscuras, las cuales comenzaron a quemar el bosque antes de poder llegar a Omegamon, antes de que estas pudiesen alcanzarle, Hououmon X batió sus alas desde lo alto, sobre el digimon caballero emitiendo chispas doradas que crearon una explosión de luz provocando así que las llamas fueras purificadas, evitando con éxito que estas llegaran a su compañero.

Gracias — dijo Omegamon mientras se incorporaba.

Yo que tu tendría cuidado de esa cola — respondió Lara notando que al tipo virus no le había hecho gracia su intervención.

Si, lo tendré en cuenta — asentía el Holy Knight de capa blanca blandiendo su Grey Sword para el segundo round contra Megidramon.

Dando un gran salto, el digimon Joggres fue nuevamente contra el dragón de escamas rojas.

[***]

Por otro lado, MagnaGarurumon y Sakuyamon modo Miko se enfrentaban a la horda de Manticoremon que no dejaban de aparecer de las grietas creadas por Parallelmonn, esto provocaba que hubiese explosiones por los alrededores mientras Bryweludramon cubría grupo de Caliburn.

Varios Manticoremon lograron acercarse lo más posible a Gram, si bien pudieron rodearle, este aprovechó en utilizar su Machine Gun Destroy disparando simultáneamente toda su artillería contra el enemigo. En medio del humo que se expandió, se escucharon alaridos y gruñidos por parte de los Demon Beast, algunos cayeron mientras que otros permanecieron en el aire mal heridos, pero todavía con espíritu de lucha, lo que les impulsó a lanzar rayos de energía desde sus bocas y brazos logrando golpear con éxito a MagnaGarurumon, quien terminó siendo defendido por Whisper, que había invocado una barrera esférica con pétalos de flores de cerezo.

El resto de enemigos fueron derribados por los zorros místicos de viento y fuego que acompañaban a la Miko.

Esto es un ataque que nunca acaba — se quejaba Whisper mientras sus zorros restantes mantenían alejados los enemigos de él.

Debemos resistir, compañera — respondió Gram en tanto su artillería se enfriaba para estar preparado para una nueva ola de ataques. — Mi señora confía en nosotros.

Oh, que bien — decía Sakuyamon para añadir en voz baja. — Como si me importara.

El par de digimon de Caliburn que permanecían en el aire vieron como nuevas grietas comenzaron a formarse y otro grupo de enemigos salió de estas, dándoles a entender que el descanso había acabado.

[***]

En tierra, Bryweludramon junto a Craniummon comenzaron un enfrentamiento contra un pequeño grupo de Gyukimon, quienes había aparecido de una grieta cercana. Este nuevo grupo de enemigos, lanzó hilo de araña contra Craniummon para inmovilizarlo, envolviendo lentamente al digimon caballero pero siendo quemado por Prydwen, quien había emitido un intenso resplandor ardiente.

Para apoyar a Aegis, Rox y Kyle utilizaron diferentes memorias para invocar Digimon Ultimate. Craniummon hace girar con rapidez y fuerza su lanza doble logrando hacerle cortes a varios Gyukimon mientras que una de las memorias, un Seraphimon disparaba siete esferas de luz que impactaron contra otro grupo de Gyukimon y Rosemon golpeaba a otros con un látigo cuyas espinas perforaban a sus oponentes dejándoles rastros de veneno y electricidad que los dejaban paralizados, dándole oportunidad a Aegis de deshacerse de ellos.

Una llamarada llega desde el cielo y Prydwen cubre con sus escudos al grupo, en el cielo Megidramon había logrado alcanzarlos, pero Omegamon y Hououmon X también. Entre chispas purificadoras emitidas por el ave sagrada y los disparos del Garuru Cannon del digimon caballero, lograron empujar y someter al enorme digimon tipo virus, quien cayó a varios metros de distancia recibiendo una nueva carga de digisoul por parte del dispositivo digital de su Tamer, lo que le permitió usar su Omega Blast, alzando su Grey Sword para reunir una gran cantidad de luz formando una esfera la cual lanza al balancear su espada hacia Megidramon. En segundos, una gran explosión envolvió al tipo virus desapareciendo en medio de toda la luz emitida. Esto provocó que se levantara una gran nube de polvo y rocas por los alrededores que se extendió hasta el lugar donde estaba el grupo de Tamers.

[***]

Por su parte, Blue, Cassie y Excalibur se enfrentaban con valentía contra Parallelmon que no hacía otra cosa más que abrir grietas y usar como escudo de datos a los diferentes digimon que salían de estas.

Esto es una masacre sin sentido — decía Durandamon sintiéndose en conflicto por blandir sus cuchillas sin dejar paso a que los enemigos se acercasen demasiado e intentando llegar hasta el Ghost.

Si pudiésemos hacer que parara de abrir esas malditas grietas — comentó Dukemon Crimson Mode molesto.

¡Cuidado! — Alertó Ophanimon X al dúo mientras un nuevo grupo de grietas se abría a su alrededor.

El Ghost comenzó a lanzar rayos purpuras por todo el lugar, algunos chocando entre sí, otros golpeando a un par de AtlurKabuterimon que habían recién salido de una grieta, mientras que el trio de Digimon de Caliburn sobrevolaba para evitarlos.

Harto de ese tipo de ataques, Blue embutió en energía su lanza Gungnir para luego volar a alta velocidad directo a Parallelmon, quien decidió desaparecer tras una grieta obligando a Dukemon Crimson Mode a detenerse. El trio miró a su alrededor alertas ante la presencia de su enemigo en cualquier lugar, ya que podía aparecer en alguna de las grietas que aun permanecían abiertas.​

***
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Blue detuvo su avance tan bruscamente que incluso la inercia de su propia velocidad pareció rebelarse contra él. Las alas de energía que caracterizaban a Crimson Mode se agitaron con violencia a su espalda, levantando remolinos de polvo y hojas arrancadas por la batalla, mientras la punta de Gungnir permanecía firme, apuntando hacia la grieta por la que Parallelmon acababa de desaparecer. Durante unos instantes mantuvo la guardia alta, esperando una reacción inmediata, una emboscada o alguno de aquellos movimientos imposibles a los que el ser extradimensional los había acostumbrado desde el comienzo del enfrentamiento.

Sin embargo, no ocurrió nada. No hubo explosiones que desgarrasen el bosque. No surgieron nuevos enemigos de las heridas abiertas en la realidad. Ni siquiera se percibió aquella incómoda sensación de estar siendo observado desde un ángulo imposible, como si un depredador invisible estuviera calculando cada uno de sus movimientos. Lo único que quedó fue un silencio repentino y profundamente antinatural.

A su alrededor, las grietas comenzaron a cerrarse una tras otra. Primero desaparecieron las más cercanas, aquellas que hasta hacía apenas unos segundos habían estado vomitando hordas enteras de Digimon sobre el campo de batalla. Después se apagaron las más lejanas, suspendidas sobre el cielo nocturno como cicatrices abiertas sobre el tejido mismo del Digimundo. Ninguna se resistió. Ninguna explotó. Simplemente dejaron de existir, como si una mano invisible estuviera borrándolas cuidadosamente.

Poco a poco el paisaje empezó a recuperar una apariencia casi normal. El cielo volvió a mostrarse despejado sobre sus cabezas, las copas de los árboles dejaron de estar enmarcadas por aberraciones dimensionales y el viento volvió a atravesar el bosque transportando el olor de la tierra removida y de la vegetación quemada. Después de tantos minutos de combate ininterrumpido, aquella repentina ausencia de actividad resultaba mucho más inquietante que cualquier ataque frontal.

Ophanimon X descendió unos metros, manteniéndose en suspensión mientras sus alas se desplegaban con una elegancia tensa, como si incluso el simple acto de observar el horizonte requiriera concentración en medio de aquel campo de batalla alterado. Sus ojos recorrieron el bosque, las grietas ya casi inexistentes y el silencio que había quedado tras la tormenta de ataques, intentando encontrar en aquel aparente vacío alguna señal que explicara lo que estaba ocurriendo.

—No me gusta esto —murmuró con una calma que no lograba ocultar la inquietud que se filtraba bajo sus palabras.

—Coincido con vos, Lady Cassy —respondió Excalibur mientras las múltiples cuchillas que formaban su cuerpo giraban lentamente en torno a él, como si incluso él mismo estuviera preparándose para una emboscada invisible—. Nada de esto encaja con un comportamiento normal de combate.

Incluso Durandamon, que había sobrevivido a incontables guerras y enfrentamientos contra entidades de todo tipo, parecía incómodo. No era simple cautela; era la sensación de estar frente a algo que escapaba a cualquier doctrina militar, a cualquier patrón de ataque conocido dentro del propio Mundo Digital.

—No debería retirarse… —murmuró, más para sí mismo que para los demás.

Blue, sin apartar la vista del horizonte, apretó con más fuerza la empuñadura de Gungnir mientras su mirada intentaba reconstruir mentalmente el desarrollo del combate, como si en algún punto de aquella sucesión de ataques pudiera encontrar una lógica tranquilizadora que explicara lo que acababan de presenciar.

—No se está retirando.

Las palabras salieron de su boca antes de que pudiera analizarlas del todo, impulsadas más por una certeza instintiva que por un razonamiento consciente, y fue precisamente esa desconexión entre lo que decía y lo que comprendía lo que terminó resultándole inquietante, como si su propia voz hubiera llegado unos segundos antes que la comprensión real de aquello que estaba afirmando.

Parallelmon jamás había retrocedido.

Ni una sola vez desde el inicio de aquel combate, ni siquiera en los momentos en los que todo parecía inclinarse a favor de Caliburn, había dado un paso atrás, y esa constancia resultaba ahora más reveladora que cualquier ataque o estrategia desplegada hasta el momento.

Desde su aparición en el campo de batalla, cada uno de sus movimientos había respondido a una lógica interna implacable: había sacrificado unidades sin mostrar la más mínima vacilación, había convertido a otros Digimon en meros instrumentos circunstanciales, había deformado el terreno para adaptarlo a su conveniencia y, sobre todo, había reescrito sus propias tácticas en tiempo real a medida que comprendía la naturaleza de sus oponentes. Nada en él parecía impulsivo, nada parecía nacido del caos; incluso aquello que desde fuera se percibía como desorden obedecía, en realidad, a un cálculo que aún no eran capaces de descifrar.

Por eso, el silencio que había seguido a la desaparición de las grietas no podía interpretarse como una retirada ni como una pausa fortuita. No era descanso, ni error, ni vacío: era una decisión deliberada, y precisamente por eso resultaba más inquietante que cualquier ofensiva previa, porque implicaba intención, control y, sobre todo, una comprensión del campo de batalla que podía estar un paso por delante de la suya.

A varios cientos de metros de distancia, junto al núcleo principal de Caliburn, Matt experimentó exactamente la misma sensación sin necesidad de que nadie la verbalizara. Observó cómo la última grieta visible se cerraba sobre sí misma, sellando el paisaje como si nada hubiera ocurrido, y durante un breve instante una parte de él quiso aferrarse a la idea de que aquello significaba una victoria parcial, de que habían logrado, al menos, forzar al enemigo a replegarse tras resistir cada una de sus ofensivas, neutralizar varias de sus invocaciones y mantener con vida al conjunto del equipo.

Pero aquella sensación de alivio apenas tuvo tiempo de asentarse antes de empezar a resquebrajarse, como si el propio campo de batalla se negara a aceptar cualquier interpretación optimista de lo que acababa de suceder.

Había algo profundamente incorrecto en la forma en que todo estaba ocurriendo.

Matt había participado en suficientes combates como para distinguir entre una victoria auténtica y una simple ilusión de control, entre un enemigo que retrocede porque ha sido derrotado y otro que simplemente decide dejar de avanzar por razones que aún no se comprenden. Y en aquel momento, mientras las grietas dimensionales comenzaban a cerrarse con una precisión casi quirúrgica, sin resistencia, sin distorsiones y sin el menor rastro de inestabilidad, lo que percibía no era el colapso de una ofensiva, sino la clausura deliberada de un sistema que había cumplido su propósito.

No había desesperación en aquel cierre, ni fractura, ni rastro alguno de presión táctica. Cuanto más observaba la forma en que las cicatrices del espacio se apagaban una tras otra, más se imponía en él la incómoda sensación de estar contemplando no el final de un combate, sino el término de una maniobra que había sido ejecutada exactamente como había sido concebida desde el principio.

Era como si el ser extradimensional hubiese decidido detenerse por voluntad propia.

—¿Lo hemos obligado a parar? —preguntó Rox, con la vista fija en cómo la última abertura suspendida sobre las copas de los árboles se cerraba lentamente, sellando el cielo como si jamás hubiera sido herido.

La pregunta quedó flotando en el aire durante unos segundos demasiado largos sin encontrar respuesta.

Ni siquiera Elizabeth reaccionó de inmediato.

La joven permanecía inmóvil junto al resto de Tamers, con una quietud que contrastaba con la tensión acumulada del entorno, observando el campo de batalla con una expresión inusualmente seria incluso para ella. Sus ojos recorrían el bosque con una lentitud meticulosa, como si no estuviera buscando lo evidente, sino aquello que deliberadamente se negaba a mostrarse, y cuanto más se prolongaba aquel silencio, más evidente se volvía la incomodidad que comenzaba a instalarse en su postura, en su respiración contenida, en la forma en que su atención no terminaba de fijarse en ningún punto concreto.

—No… —murmuró finalmente—. Creo que está pensando.

Aquellas palabras cayeron sobre el grupo con una densidad mucho mayor que la de cualquier explosión que hubieran presenciado desde el inicio del combate, no porque encerraran una amenaza directa, sino porque obligaban a reinterpretar todo lo ocurrido hasta ese momento bajo una luz mucho más inquietante.

La comprensión fue inmediata y, precisamente por eso, incómoda. Hasta entonces habían asumido que Parallelmon actuaba como cualquier otro adversario en un campo de batalla: respondiendo a estímulos, adaptando sus tácticas a la presión del enfrentamiento y buscando constantemente nuevas formas de superar las defensas que Caliburn iba levantando a su paso. Pero si Elizabeth estaba en lo cierto, aquella lectura era superficial, casi ingenua. El ser extradimensional no se limitaba a reaccionar; observaba, procesaba y acumulaba información con una paciencia que no pertenecía a un combatiente, sino a algo mucho más cercano a una inteligencia que disecciona.

Cada ataque lanzado, cada formación improvisada en medio del caos, cada maniobra defensiva ejecutada bajo presión e incluso cada error cometido en los márgenes del combate no se perdían en el ruido de la batalla, sino que parecían integrarse en un análisis continuo, silencioso y progresivamente más preciso.

Y frente a un enemigo capaz no solo de resistir, sino de aprender, la diferencia entre fuerza y supervivencia comenzaba a volverse irrelevante. Como si el propio Digimundo hubiese decidido confirmar aquel pensamiento, la realidad volvió a desgarrarse ante sus ojos.

Una grieta apareció entre las raíces de un árbol cercano, como una herida abierta en la tierra misma que nunca debió existir; otra surgió suspendida varios metros por encima del suelo, desafiando no solo la gravedad sino cualquier noción elemental de continuidad espacial, y una tercera atravesó una formación rocosa como si la piedra no ofreciera resistencia alguna, como si el mundo material hubiera dejado de ser una barrera real. Después apareció una cuarta a espaldas de los Tamers, seguida casi sin transición por una quinta, una sexta y una séptima, y en apenas unos instantes las fisuras comenzaron a multiplicarse por todo el campo de batalla hasta volver imposible seguir su cuenta, como si el propio espacio hubiera comenzado a fragmentarse por voluntad propia.

Lo verdaderamente inquietante, sin embargo, no era su número, sino la forma en que se distribuían y, sobre todo, la ausencia total de un patrón reconocible en su aparición.

No formaban una línea ofensiva ni intentaban rodear posiciones concretas, no protegían flancos ni establecían rutas de avance, ni obedecían ninguno de los principios tácticos que cualquier combatiente entrenado esperaría encontrar en un conflicto organizado. Simplemente surgían donde querían, sin advertencia ni coherencia aparente, a veces bajo el suelo, a veces entre las ramas de los árboles, a veces suspendidas en mitad del aire como si la realidad hubiera perdido su densidad, y otras directamente a espaldas de los humanos o junto a los Digimon que combatían en primera línea, obligando a cada segundo a convertirse en una reacción improvisada.

Cada nueva abertura parecía contradecir cualquier razonamiento posible, como si fragmentos enteros de otras realidades estuvieran siendo arrojados sobre el bosque sin orden ni intención comprensible… o peor aún, siguiendo unas reglas que solo Parallelmon era capaz de leer.

Y fue entonces cuando todos comprendieron, con una claridad incómoda que helaba más que el propio peligro inmediato, qué estaba ocurriendo realmente: Parallelmon ya no intentaba romper su formación. Había comprendido cómo funcionaba. Y por eso había decidido atacar algo mucho más profundo que la estrategia: la propia idea de que una formación pudiera existir.

La voz del ser extradimensional resonó por todo el bosque segundos después, extendiéndose entre los árboles, las rocas y las heridas abiertas en la realidad con una cualidad antinatural que erizó la piel de cuantos la escucharon. No parecía provenir de ningún punto concreto; por el contrario, daba la impresión de filtrarse desde todas las grietas al mismo tiempo, como si el propio espacio hubiera comenzado a hablar utilizando las palabras de Parallelmon.

—Aprendéis rápido.

La frase se deslizó sobre el campo de batalla mientras nuevas fisuras continuaban apareciendo por todas partes. Cada una de ellas emitía breves pulsaciones de luz violácea que teñían el bosque de reflejos enfermizos, proyectando sombras distorsionadas sobre los árboles y los combatientes.

—Habéis identificado mis patrones. Habéis protegido a vuestros humanos. Habéis reforzado a vuestros combatientes principales.

Uno de los portales brilló durante un instante y, al otro lado de aquella abertura imposible, apareció el enorme ojo de Parallelmon. La visión apenas duró una fracción de segundo antes de desaparecer, pero casi de inmediato volvió a manifestarse en otra grieta situada varios metros más allá. Luego apareció en una tercera. Después en una cuarta.

Ninguna de aquellas apariciones duraba demasiado, pero tampoco era necesario. Bastaba una mirada fugaz para transmitir la incómoda sensación de que estaban siendo observados, analizados y comprendidos desde ángulos imposibles. Era como si innumerables versiones del mismo monstruo contemplaran simultáneamente el campo de batalla desde realidades diferentes, compartiendo entre sí cada detalle que descubrían.

—En circunstancias normales, vuestra estrategia sería excelente.

La pausa que siguió fue breve, apenas un instante de silencio suspendido en medio del caos. Sin embargo, aquel breve intervalo bastó para que nadie se atreviera a moverse. La sensación era la misma que experimenta una presa cuando percibe que el depredador ha dejado de correr para calcular el momento exacto en el que lanzará el golpe definitivo.

Cuando la voz volvió a escucharse, lo hizo con una calma inquietante, casi pedagógica.

—El problema es que seguís creyendo que esto es una batalla.

La última palabra coincidió con una nueva distorsión del espacio. Decenas de portales se abrieron simultáneamente por todo el bosque, desgarrando la realidad con violencia y dejando escapar ráfagas de energía oscura. Durante un instante, varios miembros de Caliburn esperaron ver surgir otra oleada de Digimon desde aquellas grietas.

Pero esta vez Parallelmon tenía otros planes. Esta vez, de los portales no emergieron monstruos: emergieron garras.

Las mismas extremidades blancas y deformes de Parallelmon irrumpieron desde todas partes al mismo tiempo, como si las propias grietas hubieran cobrado vida. Algunas atravesaron el suelo con la violencia de lanzas surgidas desde las profundidades de la tierra, levantando fragmentos de roca y raíces a su paso. Otras brotaron de los troncos de los árboles, desgarrando la corteza mientras se proyectaban hacia sus objetivos. Varias descendieron desde el cielo a través de portales suspendidos en el aire y otras aparecieron directamente a espaldas de los Tamers, transformando en amenaza cualquier dirección hacia la que pudieran mirar.

La ofensiva fue tan repentina y caótica que durante un instante nadie supo dónde se encontraba el verdadero peligro. Cada nueva grieta parecía abrirse justo en el lugar más vulnerable, obligando a los miembros de Caliburn a dividir su atención entre demasiados frentes al mismo tiempo.

—¡ATRÁS! —graznó Lara desde las alturas.

Hououmon X descendió en picado como una estrella dorada desgarrando el firmamento, con las alas desplegadas en toda su majestad mientras el aire mismo parecía encenderse a su paso; de ellas brotó una oleada de llamas purificadoras que se extendió como una marea incandescente sobre el campo de batalla, barriendo decenas de aquellas garras antes de que alcanzaran su objetivo, reduciéndolas a fragmentos de datos que estallaban en el aire como motas luminosas y efímeras, iluminando el bosque con destellos dorados que por un instante devolvieron al entorno una belleza casi irreal en medio del caos.

Sin embargo, incluso aquella intervención, precisa y devastadora, llegó un instante demasiado tarde para detenerlas por completo.

Una de las garras surgió directamente bajo Kathleen.

La joven apenas tuvo tiempo de intuir que algo iba mal antes de que el propio suelo desapareciera bajo sus pies, aunque en realidad no fue la tierra lo que cedió, sino el espacio mismo abriéndose como una herida invisible, una nueva grieta dimensional que se había manifestado exactamente en el punto donde se encontraba. Durante una fracción de segundo que se sintió demasiado larga, Kathleen percibió la ausencia total de solidez bajo su cuerpo, un vacío absoluto que no pertenecía a ningún lugar conocido, y entonces la extremidad de Parallelmon emergió desde aquella oscuridad imposible para cerrarse con precisión sobre su pierna.

—¡Kath!

Kyle reaccionó por puro instinto, sin que mediara pensamiento alguno entre la percepción del peligro y el movimiento de su cuerpo, echando a correr hacia ella mientras Sakuyamon Miko desplegaba en el mismo instante una tormenta de pétalos encantados que atravesó el aire como una lluvia de cuchillas sagradas, tan hermosa como letal. Las hojas sagradas impactaron contra la garra justo cuando esta comenzaba a arrastrar a Kathleen hacia el interior de la grieta, obligándola a aflojar su presa en un gesto brusco que interrumpió el arrastre a medio segundo del desastre.

La joven cayó sobre la hierba y rodó varios metros antes de detenerse, jadeando con dificultad mientras el portal se cerraba de golpe a escasos centímetros de su cuerpo, como si el propio espacio hubiera decidido negar lo que acababa de ocurrir.

Pero para entonces el daño ya estaba hecho.

Kyle había abandonado su posición para socorrerla, movido por una urgencia que no había pasado por el filtro del pensamiento consciente, mientras Sakuyamon Miko desviaba de inmediato su atención del frente principal para asegurar que la amenaza no se reconfigurara en otra dirección, y Craniummon avanzaba con decisión para cubrir el hueco que se había abierto en la línea defensiva, seguido por Bryweludramon, que redistribuía sus defensas con la precisión de quien intenta recomponer un frente en mitad del colapso, impidiendo que una segunda ofensiva alcanzara a los Tamers en el momento de mayor vulnerabilidad. Incluso Matt, que hasta entonces había mantenido la mirada fija en el desarrollo del combate principal, se vio obligado a desviar la atención durante unos instantes, y Rox levantó la vista hacia la nueva amenaza con una tensión que delataba más intuición que análisis.

Fueron apenas unos segundos, casi irrelevantes si se midieran con la escala habitual de un combate de aquella magnitud.

Segundos que, para cualquier otro enemigo, no habrían significado absolutamente nada.

Pero no para Parallelmon.

En ese breve intervalo, Caliburn dejó de comportarse como la unidad coordinada que habían construido con tanto esfuerzo y comenzó a reaccionar como un conjunto de individuos aislados, cada uno enfrentando una crisis distinta en un punto diferente del campo de batalla, y en ese cambio sutil, casi imperceptible, la cohesión que los mantenía unidos se resquebrajó lo suficiente como para generar una abertura real, una grieta estratégica en su sincronización que no era visible como un fallo, pero sí como una oportunidad.

Y, por la forma en que todo parecía encajar con una precisión casi quirúrgica, resultaba difícil no pensar que aquella abertura no había sido una consecuencia del caos… sino exactamente lo que Parallelmon había estado esperando desde el principio.

En las alturas, Omegamon apenas acababa de reincorporarse al combate cuando el espacio a su alrededor volvió a deformarse. Una tras otra, las grietas comenzaron a abrirse en todas direcciones hasta rodearlo por completo, formando una auténtica prisión dimensional suspendida en el aire. Durante un instante, el Caballero Sagrado quedó atrapado en el centro de aquel laberinto imposible de portales, sin tiempo siquiera para comprender qué estaba ocurriendo antes de que la ofensiva comenzara.

De las fisuras emergieron ataques de toda clase. Columnas de fuego capaces de fundir la roca, rayos de energía que rasgaban el aire a su paso, cuchillas de luz, misiles, ondas de choque y técnicas que ninguno de los presentes recordaba haber visto jamás. Algunas pertenecían claramente a enemigos derrotados mucho tiempo atrás; otras parecían provenir de combates librados en lugares desconocidos, en mundos distintos o incluso en realidades que jamás habían llegado a existir.

Omegamon reaccionó por puro instinto y experiencia. Grey Sword trazó arcos plateados a través del aire, interceptando los primeros ataques antes de que pudieran alcanzarlo, mientras Garuru Cannon rugía una y otra vez para desviar o destruir las amenazas que se aproximaban desde los flancos. Sin embargo, por cada proyectil que lograba detener aparecían dos más. Por cada portal que conseguía neutralizar, otros tres se abrían en lugares distintos.

La presión aumentó hasta volverse insoportable.

Una explosión estalló contra su espalda y lo lanzó hacia delante. Otra lo alcanzó en un costado antes de que pudiera recuperar el equilibrio. Una tercera impactó directamente sobre él con tal violencia que se vio obligado a cruzar los brazos para proteger su Digicore mientras una lluvia de energía lo envolvía por completo.

—¡Omegamon! —exclamó Elizabeth a través del comunicador, incapaz de ocultar la preocupación en su voz.

Pero Omegamon no era el único objetivo.

A varios metros de distancia, Dukemon Crimson Mode sufría exactamente el mismo castigo, atrapado en un entorno donde las grietas aparecían y desaparecían a su alrededor con una velocidad imposible de seguir incluso para la percepción entrenada de un Caballero Real. Cada portal se abría como una interrupción violenta de la realidad para liberar una amenaza distinta, obligándolo a encadenar respuestas sin descanso, sin margen de lectura, sin el lujo mínimo de anticipación que normalmente definía a un combatiente de su nivel; no existía un patrón que descifrar ni una dirección estable hacia la que orientar un contraataque, solo una sucesión ininterrumpida de peligros que exigían ser neutralizados uno tras otro, cada segundo reemplazando el anterior antes de que pudiera consolidarse en una ventaja real.

Y fue entonces cuando Blue comprendió, con una claridad tan incómoda como inevitable, lo que Parallelmon había estado haciendo desde el principio.

No estaba intentando imponerse mediante fuerza bruta, ni buscaba superarlos a través de un nivel de destrucción superior, ni siquiera parecía interesado en prolongar el combate con el propósito de desgastarlos en un enfrentamiento de resistencia tradicional. Todo aquello pertenecía a una lógica de guerra que ya no era la suya.

Lo que realmente perseguía era algo mucho más sencillo en su formulación y, al mismo tiempo, infinitamente más peligroso en sus consecuencias.

Quería ahogarlos.

Saturar cada instante del combate con amenazas constantes hasta impedirles pensar con claridad, forzarlos a reaccionar de manera continua hasta reducir incluso a los guerreros más poderosos del campo de batalla a un estado puramente reactivo, donde la iniciativa dejaba de existir y la supervivencia se convertía en el único objetivo posible. No necesitaba derrotarlos de forma directa si conseguía algo mucho más decisivo: arrebatarles la capacidad de decidir.

Y, por primera vez desde el inicio del enfrentamiento, aquella estrategia estaba empezando a funcionar.

Crimson Mode se vio obligado a retroceder para evitar ser alcanzado por una nueva oleada de ataques que surgían desde múltiples ángulos sin un patrón reconocible, mientras Excalibur tenía que abandonar momentáneamente su ofensiva para reposicionarse junto a su compañero y cubrir el espacio que se abría entre ambos, y Ophanimon X, que hasta ese momento había mantenido un papel más centrado en el apoyo general del grupo, se vio forzado a intervenir de forma directa para proteger a los dos Caballeros Sagrados, interceptando varias de aquellas amenazas que de otro modo habrían impactado de lleno contra ellos con una precisión letal.

La iniciativa había cambiado de manos.

Y Parallelmon lo sabía.

Como si respondiera a esa certeza con una calma deliberada, todas las grietas comenzaron a cerrarse casi al mismo tiempo, apagándose una tras otra hasta dejar el bosque suspendido en un silencio repentino y antinatural que contrastaba de forma brutal con el caos que había dominado los segundos anteriores. No fue un silencio tranquilo ni reparador, sino uno denso, cargado de tensión, como si el propio entorno contuviera la respiración antes de algo inevitable.

Apenas duró un instante, pero fue suficiente para que todos sintieran cómo la presión volvía a asentarse sobre el campo de batalla.

Entonces apareció un único portal. Solo uno. Y se abrió justo detrás del grupo principal de Tamers.

La proximidad fue tan extrema que el aire que escapaba de su interior los golpeó como una exhalación fría e impropia del entorno del Digimundo, un aliento helado que parecía arrastrar consigo el eco de lugares que no pertenecían a ninguna realidad conocida.

Jorge fue el primero en girarse. Y entonces lo vio.

Parallelmon emergió lentamente desde la oscuridad del otro lado de la grieta, sin prisa, como si la situación no exigiera urgencia alguna, sin mostrar heridas visibles pese a todo lo ocurrido durante el combate y sin rastro de agotamiento o irritación en su presencia, como si la resistencia que Caliburn había ofrecido hasta aquel momento no hubiera sido más que un dato menor dentro de un cálculo ya concluido.

Si acaso, lo que transmitía era una inquietante serenidad, casi ajena al contexto en el que se encontraban, como si el combate que había sacudido el campo de batalla hasta hacía apenas unos instantes no hubiera dejado en él el menor rastro de desgaste, sino más bien una forma distinta de lucidez, más fría y precisa, como si cada segundo de violencia no hubiera hecho sino afinar su percepción del entorno hasta reducirlo todo a una ecuación perfectamente legible.

Más tranquilo. Más seguro. Más confiado.

Su único ojo recorrió lentamente a los presentes, sin la menor prisa, con una precisión casi ceremonial que convertía aquel gesto en algo más parecido a un inventario silencioso que a una mirada, una enumeración metódica de presencias condenadas a ser evaluadas antes de cualquier otra decisión: Matt, Rox, Kyle, Kathleen, Elizabeth, Jorge… y finalmente Cassy.

No era la mirada de un guerrero que mide a sus rivales en el fragor del combate, ni la de un adversario que busca desesperadamente una abertura en la defensa enemiga para inclinar la balanza a su favor.

Era algo mucho más perturbador.

La mirada de un depredador que observa a sus presas con la calma de quien ya ha anticipado sus movimientos antes incluso de que lleguen a nacer como intención, como si cada posible reacción hubiera sido ya contemplada, clasificada y descartada en un cálculo previo imposible de alterar.

Una mirada que, por sí sola, bastaba para despertar una alarma instintiva y antigua en cualquier ser vivo, como si una parte primitiva de la mente reconociera de inmediato que aquello que los observaba desde la grieta no era un enemigo impulsado por la violencia del combate, sino una entidad que había elegido aquel instante exacto porque era el único en el que todo encajaba a su favor.

Cuando habló, su voz no rompió el silencio tanto como lo reordenó, extendiéndose por el aire con una calma casi decepcionada, desprovista de cualquier urgencia y, precisamente por ello, mucho más pesada, como si cada palabra no fuera una reacción sino una conclusión que llevaba tiempo escrita y simplemente acababa de ser pronunciada.

—Siempre protegéis lo equivocado.

Mientras pronunciaba aquellas palabras, sus garras comenzaron a elevarse con una lentitud deliberada, casi metódica, como si cada milímetro de movimiento respondiera a una secuencia previamente ensayada en un escenario invisible que solo él podía ver con claridad.

Y por primera vez desde el inicio de la batalla, no apuntaban hacia Dukemon, ni hacia Omegamon, ni hacia ninguno de los Digimon más poderosos que habían resistido su avance hasta aquel momento.

Apuntaban directamente hacia los Tamers.

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