Rango C Casanova [Una mision de rango C que para el Trío Dinámico... posiblemente sea de rango S]

Gennai

Eclipse Dynasty Member

"Casanova"​


- NPC involucrado: -
- Sinopsis: "Burning Love" una Guild pequeña que está ganando renombre recientemente en la ciudad está pasando por conflictos internos. El Sublíder de la Guild se ha convertido últimamente en un completo mujeriego, que acostumbra usar su físico y carisma para conquistar chicas atractivas y después botarlas cuando se aburre de ellas, pasando a la siguiente y así sucesivamente. Estos actos no solo están provocando una acumulación de karma que promete meter al SubGL en graves problemas, además amenazan por dejar por el suelo la reputación de la Guild. Como el Guild Leader se rehusa a expulsar al SubGL de Burning Love por el tiempo que se conocen, los demás miembros (y su Digimon) han recurrido a algún buen samaritano que lo salve a él y a la Guild: Convéncelo de parar el estilo de vida y evita que alguna de sus antiguas pretendientes haga la rutina de "School Days" con él
- Escenario: File City
- Objetivos:
  • Convencer al sublíder de la Guild de dejar de ser tan mujeriego y que se disculpe con sus antiguas "novias"
  • Evitar que alguna Ex se vengue, lo lastime o peor
- Notas
  • Podría decirse que este chico piensa con su... organo reproductor... será muy difícil convencerlo de que se detenga
  • El joven tiene unos 19 años, y coqueteará con cualquier mujer atractiva de entre 13 y 40 años de edad
  • El día de hoy tiene planeado llevar a su novia de turno a un paseo romántico por el Lago Ojo de Dragón, usando un bote de las empresas "Nice Boat"
  • El Digimon hará lo que pueda para apoyarles, sin embargo es probable que tampoco lo escuche a él
  • Es muy probable que los compañeros de las Ex estén tan molestos como ellas, por tanto estarán más que dispuestos a ayudar en la venganza
Tamer: Tatsuya Kamisato
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Gennai

Gennai

Eclipse Dynasty Member
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«Casanova»​





La mañana había comenzado extraordinariamente bien para Tatsuya Kamisato. El cielo de File City estaba despejado, una brisa agradable recorría sus calles y, lo más importante de todo, había conseguido vender una antigua pieza de armadura por casi el doble de lo que le había costado adquirirla. Para el antiguo yakuza, semejante éxito justificaba plenamente tomarse el resto del día libre, especialmente considerando que llevaba varias semanas aceptando encargos, viajando entre continentes y soportando las constantes insistencias de sus compañeros para que dejara de comportarse como un anciano jubilado. Con sus imponentes ciento noventa centímetros de estatura, sus ojos color miel y su característica coleta negra, el comerciante avanzaba tranquilamente por una de las avenidas principales, ocultando como siempre la mitad inferior de su rostro bajo su inseparable cubrebocas negro. A su derecha caminaba Dainsleif, el pequeño Hackmon blanco cuya capa roja se agitaba suavemente con el viento, mientras que Dvalin, el alegre Pteromon de aspecto híbrido entre ave y dragón, disfrutaba observando los escaparates de las galerías comerciales.

—¡Tatsu! ¡Mira aquella pintura! ¡Es preciosa! ¡Los colores, la composición, la manera en que el artista representa los reflejos del agua! ¡Quiero entrar a verla!—.

—Si quieres comprarla, utiliza tus propios Bits—.

—¡Ni siquiera he dicho que quiera comprarla!—.

—Entonces puedes admirarla desde aquí. Es gratis—.

Dvalin soltó una carcajada, acostumbrado a aquella peculiar manera de razonar de su compañero. Dainsleif, por su parte, llevaba varios minutos revisando las noticias de la Central de Tamers mediante el smartphone modificado de Tatsuya, buscando algún encargo que pudiera resultar interesante.

—Tatsu, deberíamos aprovechar que estamos en File City para revisar las Quest disponibles. Hace tiempo que no aceptamos alguna que implique ayudar directamente a sus habitantes—.

—Acabamos de terminar un trabajo, enano. ¿Qué parte de «día libre» no comprendiste?—.

—¡No me llames enano! ¡Y deja de comportarte como si trabajar fuera una enfermedad!—.

—Es una enfermedad. Sus principales síntomas son cansancio, estrés y pérdida de tiempo—.

—¡Eso se llama responsabilidad!—.

—Una responsabilidad que pienso evitar siempre que sea posible—.

Dvalin comenzó a reírse nuevamente, mientras Dainsleif se llevaba ambas garras a la cabeza, preguntándose por enésima vez cómo alguien tan inteligente, astuto y experimentado podía ser simultáneamente tan desesperante.
El plan original consistía únicamente en visitar la Central para registrar la venta de unos artículos, recoger algunos documentos pendientes y marcharse a descansar. Sin embargo, Tatsuya ignoraba que una determinada Sistermon Ciel había recibido aquella mañana una solicitud particularmente complicada y llevaba casi una hora buscando al pobre desgraciado que pudiera encargarse de ella.
Y para desgracia del antiguo yakuza, Emile acababa de encontrar al candidato perfecto.

La Central de Tamers estaba tan concurrida como de costumbre. Grupos de aventureros examinaban los tablones de misiones, varios Digimon discutían animadamente sobre sus experiencias recientes y los empleados atendían interminables filas de solicitudes. Detrás de uno de los mostradores, Emile conversaba con dos jóvenes Tamers mientras sostenía una carpeta repleta de documentos. La Sistermon Ciel lucía su habitual expresión animada, aunque sus ojos delataban cierto cansancio provocado por un asunto que había conseguido poner de cabeza a varios empleados de la organización.

—Entonces, ¿ninguno de ustedes quiere aceptar el encargo?—.

—¡Ni loco! —respondió uno de los jóvenes—. ¡Ese tipo se metió con media ciudad! ¡Mi hermana también salió con él!—.

—¡Y el compañero Digimon de una de sus exnovias casi destroza nuestra Guild la semana pasada! —añadió el segundo—. ¡No pienso acercarme a ese loco!—.

—¡Pero son trescientos Bits por hablar con una persona!—.

—¡Entonces habla tú con él!—.

Los dos Tamers se retiraron apresuradamente, dejando a Emile con una vena palpitándole en la frente.

—¡Malditos cobardes! ¡No es como si tuvieran que enfrentarse a un Demon Lord!—.

La Sistermon dejó escapar un suspiro de frustración antes de volver a examinar los detalles del encargo. La situación de Burning Love estaba deteriorándose rápidamente y, aunque el problema podía parecer ridículo a primera vista, las amenazas que habían comenzado a circular entre las antiguas parejas del sublíder eran bastante preocupantes.

Entonces escuchó una voz familiar.

—Buenos días. Vengo a recoger los documentos que solicité ayer—.

Emile levantó la mirada. Frente al mostrador se encontraba Tatsuya Kamisato. A su lado, Dainsleif revisaba un folleto de entrenamiento mientras Dvalin saludaba alegremente a varios empleados.
En ese momento los ojos de Emile brillaron y una sonrisa extraordinariamente peligrosa apareció en su rostro.

—¡TATSÚ! ¡MI QUERIDO TATSÚ! ¡JUSTAMENTE ESTABA PENSANDO EN TI!—.

Tatsuya permaneció inmóvil. Después miró hacia ambos lados y finalmente, volvió a observarla.

—¿Cuánto dinero necesitas?—.

—¡¿QUÉ?!—.

—Normalmente, cuando alguien me saluda con tanto entusiasmo, significa que pretende pedirme dinero, venderme algo o involucrarme en algún problema. Como tú no tienes nada interesante que venderme, supuse que necesitabas un préstamo—.

—¡¿No puedo simplemente alegrarme de verte, idiota?!—.

—Estadísticamente, no—.

Dvalin soltó una carcajada tan fuerte que varios Tamers se volvieron para observarlos.

—¡JAJAJAJA! ¡Tatsu, por favor! ¡Es Emile!—.

—Precisamente—.

Dainsleif cerró los ojos, resignado.

—Buenos días, Emile. Disculpa sus modales. ¿Ocurre algo?—.

La Sistermon respiró profundamente, recuperó su sonrisa y colocó discretamente una carpeta sobre el mostrador.

—¡Me alegra que preguntes, Dain! Precisamente tenemos una pequeña situación que requiere la intervención de alguien experimentado en negociaciones, resolución de conflictos y administración de reputaciones—.

Tatsuya levantó ligeramente una ceja.

—Continúa—.

Emile sonrió todavía más. Había mordido el anzuelo.

—Verás, una pequeña Guild llamada Burning Love está atravesando una crisis interna. Su sublíder está tomando decisiones irresponsables, rompiendo compromisos y provocando conflictos con varias personas. La situación amenaza con destruir la reputación del grupo y necesitamos a alguien capaz de convencerlo de corregir su comportamiento—.

Tatsuya se quedó pensativo.

—¿Incumplimiento de contratos?—.

—Algo parecido—.

—¿Fraude?—.

—Depende de cómo quieras interpretarlo—.

—¿Malversación de fondos?—.

—No exactamente—.

—¿Competencia desleal?—.

—¡Tampoco!—.

—Entonces, ¿qué clase de compromisos está rompiendo?—.

Emile hizo una pausa. Después respondió con una naturalidad perfectamente calculada.

—Compromisos sentimentales—.

Tatsuya guardó silencio, Dainsleif levantó lentamente la cabeza y Dvalin dejó de sonreír.

—¿Sentimentales? —preguntó el antiguo yakuza.

—¡Así es! ¡La fidelidad, las relaciones personales, la confianza entre compañeros! ¡Todas esas cosas que también afectan la reputación de una organización!—.

Tatsuya asintió lentamente.

—Comprendo. Problemas de lealtad entre miembros. Eso puede destruir cualquier empresa. Una organización incapaz de mantener relaciones de confianza termina perdiendo clientes, socios y oportunidades comerciales—.

Emile parpadeó, Dainsleif abrió mucho los ojos y Dvalin se llevó un ala al pico.

—¿Tatsu? —intervino el pequeño dragón blanco—. Creo que Emile está hablando de...—.

—Lo sé, enano. De una crisis de relaciones internas. He visto situaciones similares en empresas familiares japonesas. Si el liderazgo no interviene, los conflictos personales terminan afectando las operaciones—.

Emile observó a Dainsleif, Dainsleif observó a Emile. Ambos comprendieron exactamente lo que estaba sucediendo. Y entonces la Sistermon decidió aprovecharlo.

—¡Exactamente, Tatsú! ¡Sabía que lo comprenderías! ¡Es un problema de administración de relaciones, reputación y responsabilidad personal! ¡Justamente tu especialidad!—.

—¿Cuánto pagan?—.

—Trescientos Bits—.

El silencio fue absoluto. Tatsuya la miró fijamente.

—No—.

—¡¿CÓMO QUE NO?!—.

—Trescientos Bits no justifican una consultoría administrativa. Mis honorarios habituales por asesoramiento comercial son considerablemente superiores—.

—¡Pero no tendrás que hacer ningún informe financiero!—.

—Entonces no me interesa—.

—¡Solamente necesitas hablar con un muchacho de diecinueve años y convencerlo de dejar de hacer estupideces!—.

—Por trescientos Bits puedo convencerlo de que haga estupideces más baratas. No de que deje de hacerlas—.

Dvalin terminó por doblarse de la risa.

—¡JAJAJAJAJA! ¡Dain! ¡¿Escuchaste eso?!—.

Dainsleif volvió a llevarse las garras a la cabeza.

—¡Tatsuya, por favor! ¡No todo tiene que convertirse en una transacción comercial!—.

—Estamos en la Central de Tamers. Literalmente venimos a un establecimiento donde intercambiamos servicios por dinero—.

Emile chasqueó la lengua. Aquel hombre era increíblemente difícil de convencer cuando había dinero de por medio. Pero todavía le quedaba un recurso.

—Bueno, supongo que tendré que buscar a alguien más. Es una lástima, porque aparentemente este muchacho ha conseguido algo que ni siquiera tú has logrado en toda tu vida—.

Tatsuya se detuvo cuando estaba a punto de marcharse.

—¿Y qué sería?—.

Emile apoyó el mentón sobre una mano.

—Conquistar corazones—.

Tatsuya ladeó la cabeza.

—¿Corazones?—.

—¡Sí! ¡Decenas de mujeres han caído rendidas ante él! ¡Es increíblemente popular! ¡Tiene una capacidad extraordinaria para convencerlas de hacer lo que quiere!—.

Dvalin ya comenzaba a comprender hacia dónde se dirigía aquello, Dainsleif abrió la boca para intervenir, pero fue demasiado tarde.

—Interesante —murmuró Tatsuya—. ¿Un especialista en persuasión?—.

—¡Oh, muchísimo!—.

—¿Tiene experiencia negociando?—.

—¡Consigue que las chicas acepten prácticamente cualquier propuesta!—.

—¿Y genera ingresos con eso?—.

Emile casi perdió el equilibrio.

—¡¿QUÉ TIENE QUE VER EL DINERO?!—.

—Si posee semejante talento para convencer personas, podría convertirse en un vendedor extraordinario. Desperdiciar habilidades de persuasión en asuntos improductivos es una pésima decisión financiera—.

Dvalin comenzó a golpear suavemente el suelo con una de sus alas mientras reía.

—¡JAJAJAJAJA! ¡No puedo! ¡Simplemente no puedo!—.

Emile decidió que había llegado el momento de terminar aquella conversación antes de que Tatsuya encontrara una manera de convertir el romance en un modelo de negocio.

—¡Exacto! ¡Necesitamos que lo ayudes a utilizar sus talentos de manera responsable! ¡Y, como experto en negociaciones, eres el candidato ideal!—.

La Sistermon deslizó la solicitud electrónica hacia él. El documento resumido indicaba una intervención de mediación y prevención de conflictos, sin necesidad de combate, con una remuneración de trescientos Bits.

Tatsuya examinó las condiciones.No había cláusulas de exclusividad, obligaciones de afiliación ni penalizaciones económicas. Técnicamente, era un trabajo pequeño. Y si realmente podía resolverse mediante una conversación, quizá no fuera tan mala idea.

—Quince minutos —declaró finalmente—.Si ese muchacho no escucha razones, me retiro. No pienso dedicar todo el día a un desconocido por trescientos Bits—.

—¡Trato hecho!—.

Tatsuya confirmó la aceptación. Un sonido electrónico resonó desde el dispositivo.
QUEST ACEPTADA: «CASANOVA».

Emile sonrió triunfalmente, Dainsleif se quedó petrificado y Dvalin comenzó a reír nuevamente.

—Bien —murmuró Tatsuya—. Ahora explícame por qué el encargo se llama Casanova—.

Emile juntó las manos.

—Porque el sublíder de Burning Love es un mujeriego que conquista chicas, les promete amor eterno, las abandona cuando se aburre y después busca otra novia. Tiene tantas exnovias furiosas que algunas están considerando darle una paliza. Tu trabajo es conseguir que deje de hacerlo, que se disculpe con ellas y, sobre todo, evitar que alguna termine asesinándolo—.

Silencio.

Un segundo.

Dos segundos.

Tres segundos.

Tatsuya observó a Emile. Después miró su dispositivo y finalmente volvió a levantar la cabeza.

—...—

—¡Felicidades por aceptar tu nueva Quest, Tatsú!—.

—Emile—.

—¿Sí?—.

—¿Me acabas de contratar como consejero matrimonial?—.

—¡Técnicamente no está casado!

—...—

—¡JAJAJAJAJAJAJAJAJA! — Dvalin cayó sentado de tanto reír.

Dainsleif se llevó ambas garras a la cabeza con tanta fuerza que su capucha roja terminó ligeramente torcida.

—¡¡¡EMILE!!! ¡¡¡¿POR QUÉ NO SE LO EXPLICASTE DESDE EL PRINCIPIO?!!!—.

—¡Porque jamás habría aceptado!—.

Tatsuya cerró los ojos. Un suspiro largo, profundo y extraordinariamente cansado escapó detrás de su cubrebocas.

—Me voy—.

—¡NO PUEDES! ¡YA ACEPTASTE!—.

—Entonces cancelaré—.

—¡Y quedará registrado que abandonaste una Quest de mediación sin siquiera presentarte!—.

—Eso es chantaje administrativo—.

—¡Lo aprendí de ti!—.

Dvalin volvió a estallar en carcajadas.

Veinte minutos después, el trío dinámico avanzaba por las calles de File City en dirección a la sede de Burning Love.

Tatsuya caminaba en silencio, Dainsleif mantenía una expresión de profunda indignación y Dvalin no había dejado de reír desde que salieron de la Central.

—¡JAJAJA! ¡Trescientos Bits! ¡Nos vendiste tu día libre por trescientos Bits, Tatsuya!—.

—Una palabra más y venderé tus pinturas—.

—¡JAJAJAJA! ¡Está bien, está bien!—.

Dainsleif examinó nuevamente la descripción completa del encargo, que ahora sí aparecía desbloqueada en el registro de la misión. Conforme avanzaba por sus apartados, su expresión se volvía cada vez más preocupada. Aquello era bastante peor de lo que Emile había explicado. El joven tenía fama de coquetear indiscriminadamente, incluso sin respetar límites tan elementales como la edad de las personas, una conducta que debía detenerse de inmediato. Además, varias de sus antiguas parejas habían comenzado a coordinarse y sus respectivos Digimon estaban igual de enfurecidos. Lo más alarmante era que el Guild Leader se negaba terminantemente a expulsarlo debido a la amistad que mantenían desde hacía años.


—Tatsu, esto es serio. Si no intervenimos correctamente, alguien podría salir gravemente herido. Y no solamente el muchacho; sus exnovias, sus compañeros y sus Digimon podrían terminar involucrados en una pelea—.

—Entonces tendremos que convencerlo de que pida disculpas y deje de comportarse como un idiota—.

—¡No es tan sencillo! ¡Según este informe, ya intentaron hablar con él varias veces!—.

—Entonces hablaron con poca autoridad—.

—¡Tatsuya!—.

—¿Qué?—.

—¡Los sentimientos humanos no funcionan como los contratos comerciales!—.

Tatsuya miró al pequeño dragón blanco con evidente desconcierto.

—¿Por qué no? Si una persona establece un compromiso, debe respetarlo. Si no puede cumplirlo, tiene que informar a la otra parte y asumir las consecuencias. Es bastante sencillo—.

Dainsleif abrió la boca, después la cerró, volvió a abrirla, y finalmente, levantó ambas garras.

—¡PORQUE NO ESTAMOS HABLANDO DE COMPRAR Y VENDER MERCANCÍAS!—.

Dvalin volvió a reír.

—¡JAJAJA! ¡Dain, no te molestes! ¡Nuestro querido Tatsu es capaz de identificar una falsificación de hace quinientos años con solamente examinarla, descubrir los puntos débiles de un adversario con solo verlo, pero no distinguiría una declaración de amor aunque se la escribieran en la frente!—.

—Eso es una exageración —respondió Tatsuya.

—¡La semana pasada una muchacha te dijo que quería pasar el resto de su vida contigo!—.

—Lo recuerdo—.

—¡Y TÚ LE PREGUNTASTE SI ESTABA SOLICITANDO EMPLEO!—.

—Fue una interpretación razonable. Nunca mencionó ninguna relación sentimental—.

—No puede ser...—Dainsleif se detuvo en seco. Lentamente, se llevó una garra a la frente y después la otra.

—¡JAJAJAJAJAJA!—.

Tatsuya continuó caminando, completamente ajeno a la magnitud del problema que representaba su incapacidad para interpretar las señales románticas más evidentes. En su mente, el asunto era bastante simple: un joven irresponsable había deteriorado su reputación mediante promesas incumplidas y ahora necesitaba aprender a responder por sus decisiones. El antiguo yakuza había conocido estafadores, comerciantes deshonestos, criminales y empresarios capaces de vender sus propios principios por una bolsa de monedas. Convencer a un muchacho de diecinueve años de comportarse decentemente no podía resultar más complicado que negociar con alguno de aquellos individuos.

O al menos eso creía.


La sede de Burning Love ocupaba un edificio de dos pisos situado en uno de los distritos comerciales de File City. Su fachada estaba decorada con un enorme corazón rojo atravesado por dos espadas, mientras que un letrero luminoso anunciaba orgullosamente el nombre de la Guild. A pesar de su tamaño relativamente modesto, el establecimiento estaba bien cuidado y parecía contar con suficientes recursos para mantener una pequeña comunidad de Tamers y Digimon. Sin embargo, algo resultaba extraño: varias de las decoraciones habían sido arrancadas, una de las ventanas del segundo piso estaba cubierta con tablas y alguien había pintado sobre una pared exterior las palabras «MENTIROSO» y «ROMPECORAZONES».
Tatsuya contempló aquellos daños durante varios segundos.

—Vandalismo. Eso explica la preocupación por su reputación—.

—¡Esas palabras son literalmente una advertencia sobre el problema romántico! —replicó Dainsleif.

—También pueden representar insatisfacción de antiguos clientes—.

Dvalin soltó otra carcajada. La puerta principal se abrió antes de que pudieran continuar discutiendo. Un joven de cabello castaño, aproximadamente veintidós años, apareció frente a ellos. Llevaba una chaqueta roja con el emblema de Burning Love y tenía unas ojeras tan pronunciadas que parecía llevar varios días sin dormir.

—¿Puedo ayudarlos?—.

Tatsuya sacó su smartphone.

—Tatsuya Kamisato. Soy el Tamer enviado por la Central para resolver su problema de relaciones internas—.

El joven abrió los ojos.

—¡¿USTED ES EL MEDIADOR?!—.

—Eso parece—.

—¡¡¡GRACIAS A YGGDRASILL!!!— Antes de que Tatsuya pudiera reaccionar, el muchacho tomó sus manos y comenzó a agitarlas con desesperación.
—¡Por favor, tiene que ayudarnos! ¡Estamos viviendo una pesadilla! ¡Los miembros están abandonando la Guild, los vecinos nos odian y ayer una Renamon casi atraviesa la puerta de una patada!

Dainsleif frunció el ceño.

—¿Una Renamon?—.

—¡Sí! ¡La compañera de una de sus exnovias! ¡Y todavía fue de las más tranquilas!—.

El hombre se presentó como Haruto, líder y fundador de Burning Love. Después de invitarlos al interior, los condujo hasta una pequeña sala de reuniones donde otros tres miembros de la Guild aguardaban con rostros visiblemente agotados. Junto a ellos se encontraba un Gaomon de pelaje azul, guantes rojos y expresión sombría que parecía encontrarse al borde de una crisis nerviosa.

—Permítanme presentarles a Gaomon, el compañero Digimon de Leon, nuestro sublíder—.

Gaomon inclinó ligeramente la cabeza.

—Es un honor conocerlos. Les agradezco profundamente que hayan venido—.

Dainsleif respondió con una inclinación respetuosa.

—Soy Dainsleif, y él es Dvalin. Esperamos poder ayudarlos a solucionar esta situación sin recurrir a la violencia—.

—Eso espero —murmuró Gaomon—. Porque si escucho otra vez a mi Tamer decir «eres la única mujer para mí», creo que me arrancaré las orejas.

Dvalin soltó una risita y Tatsuya se sentó frente al Guild Leader, cruzó los brazos y decidió comenzar con las preguntas importantes.

—Bien. Explíqueme la situación desde el principio. Quiero conocer los hechos, las personas involucradas y las consecuencias que enfrenta su organización. Evite los adornos innecesarios—.

Haruto respiró profundamente.

—Leon Arisugawa tiene diecinueve años. Lo conozco desde que éramos niños. Fundamos Burning Love juntos y, durante mucho tiempo, fue un compañero extraordinario. Es inteligente, valiente, carismático y bastante fuerte para su edad. El problema comenzó hace algunos meses, cuando descubrió que tenía muchísimo éxito con las mujeres—.

Gaomon soltó un gemido de sufrimiento.

—Al principio solamente coqueteaba con algunas chicas. Después comenzó a invitarlas a salir. Y luego... bueno... empezó a cambiar de novia prácticamente cada semana.

—¿Y eso ha provocado conflictos dentro de la Guild? —preguntó Tatsuya.

—¡Conflictos es poco! —intervino una de las integrantes—. ¡Primero salió con Alina, una Tamer de veintiún años! ¡Le prometió que algún día viajarían juntos por todo el Mundo Digital! ¡La dejó por Vera después de apenas diez días!—.

—¡Y luego abandonó a Vera porque conoció a Maika! —añadió otro miembro—. ¡Y después dejó a Maika porque vio a otra chica en una cafetería!—.

—¡Y ahora tiene una nueva novia! —exclamó Haruto—. ¡Una muchacha llamada Chloe!—.

Tatsuya escuchó atentamente. Después formuló una pregunta.

—¿Todas esas mujeres pertenecen a Burning Love?—.

—¡No!—.

—¿Firmaron algún acuerdo de colaboración con ustedes?—.

—¡Tampoco!—

—¿Entonces por qué su vida sentimental está afectando a la organización?—.

La sala quedó en silencio. Dainsleif cerró lentamente los ojos, Dvalin se cubrió el rostro con un ala y Haruto miró al antiguo yakuza, incapaz de comprender si hablaba en serio.

—¡PORQUE TODAS SABEN QUE ES NUESTRO SUBLÍDER! ¡Y TODAS VIENEN AQUÍ A RECLAMARLE!

—Ah —Tatsuya asintió. —Responsabilidad reputacional por asociación. Comprendo—.

Dainsleif comenzó a golpearse suavemente la frente con una garra. Gaomon, que hasta entonces había mantenido una compostura relativamente digna, terminó por desplomarse sobre una silla.

—¡NO SÉ QUÉ HACER CON ESE IDIOTA! —exclamó el Digimon—. ¡Llevo meses diciéndole que deje de jugar con los sentimientos de las chicas! ¡Pero cada vez que intento hablar con él me responde que estoy celoso porque ninguna Digimon se fija en mí!—.

Dvalin dejó escapar una carcajada involuntaria.

—¡JAJAJA! ¡Perdón! ¡Perdón, de verdad!—.

Gaomon lo miró con absoluto sufrimiento.

—¡NO ES GRACIOSO! ¡AYER UNA BLACKTAILMON ME AMENAZÓ CON ARRANCARME LOS GUANTES PORQUE CREE QUE YO LO AYUDO A CONSEGUIR NOVIAS!—.

Dainsleif frunció el ceño.

—Eso es injusto. No deberían responsabilizarte por las decisiones de tu Tamer—.

—¡ESO MISMO LES DIJE!—.

—Pero también debes ser firme con él. Si continúa comportándose así, terminará lastimando a alguien que realmente lo quiera—.


—Lo sé...— Gaomon bajó las orejas.

Mientras sus compañeros conversaban, Tatsuya examinaba una carpeta que Haruto había colocado sobre la mesa. Contenía fotografías, mensajes, reclamaciones y testimonios de varias antiguas parejas de Leon. Algunas simplemente habían exigido que el joven dejara de buscarlas; otras reclamaban regalos y dinero prestado; unas cuantas habían enviado mensajes bastante amenazantes. El antiguo yakuza comenzó a separar mentalmente los asuntos que podían resolverse mediante disculpas de aquellos que requerirían restituciones materiales. Para él, la solución más evidente era establecer responsabilidades concretas, devolver cualquier propiedad retenida y conseguir que el muchacho dejara de hacer promesas que no pensaba cumplir.

—Haruto, hay algo que no comprendo—.

—¿Qué sucede?—.

—Usted es el líder. Si este individuo está provocando daños a la organización, ¿por qué no lo ha destituido?—.

El joven bajó la mirada.

—Porque es mi mejor amigo. Hemos pasado muchas cosas juntos. Cuando nadie creía en esta Guild, Leon estuvo a mi lado. No puedo abandonarlo ahora—.

Tatsuya permaneció unos segundos en silencio. Aquella respuesta pareció despertar algo detrás de sus ojos color miel.

—La lealtad es una virtud —respondió finalmente —Pero proteger a un amigo de las consecuencias de sus decisiones no siempre significa ayudarlo. A veces solamente permite que continúe empeorando—. Haruto levantó la cabeza, Dainsleif dejó de moverse. Luego Gaomon observó al antiguo yakuza con renovada atención. —No le estoy diciendo que lo abandone —continuó Tatsuya—. Le estoy diciendo que establezca límites. Si realmente es su amigo, debería preocuparse por impedir que siga destruyendo su propia vida y perjudicando a quienes lo rodean—.

Haruto apretó los puños.

—Tiene razón...—.

Dainsleif sonrió discretamente. Por una vez, Tatsuya estaba hablando como un adulto responsable.
Hasta que añadió:

—Además, si la reputación de Burning Love continúa deteriorándose, perderán contratos, ingresos y oportunidades comerciales. Sería una inversión pésima desperdiciar una organización funcional por la incapacidad de un adolescente para controlar sus impulsos—.

Dainsleif se llevó ambas garras a la cabeza.

—¡TATSUYA! ¡LO ESTABAS HACIENDO TAN BIEN!—.

Dvalin comenzó a reírse otra vez.

La conversación fue interrumpida por el sonido de una notificación en el dispositivo de Haruto. El Guild Leader revisó la pantalla y su rostro perdió inmediatamente el color.

—Oh, no...—.

Gaomon levantó las orejas.

—¿Qué sucede?—.

—Leon acaba de enviarme una fotografía—.

El joven giró el dispositivo para mostrarles una imagen de un elegante bote blanco decorado con pequeñas flores y un enorme corazón rojo.
Debajo aparecía un mensaje.

«¡Hoy llevaré a Chloe al Lago Ojo de Dragón! ¡Reservé uno de los botes de Nice Boat! ¡Va a ser nuestra cita más romántica! ¡Deséenme suerte!»

Gaomon comenzó a temblar.

—N-no...—.

Haruto se llevó ambas manos al rostro.

—¡NO PUEDE SER!—

Dainsleif examinó la fotografía.

—¿Qué tiene de malo? Si Chloe es su pareja actual, un paseo en bote no parece necesariamente peligroso—.

Gaomon levantó lentamente la mirada.

—Porque... Leon le dijo exactamente lo mismo a Alina.

Dainsleif parpadeó.

—¿Qué?—.

—Y a Vera...

Dvalin dejó de sonreír.

—Espera...—.

—Y a Maika...

Tatsuya levantó ligeramente una ceja.

—¿Utiliza la misma embarcación para todas sus citas?—.

—¡¡¡NO ES ESO!!! —gritaron Haruto y Gaomon al mismo tiempo.

El Guild Leader comenzó a revisar apresuradamente sus mensajes hasta encontrar una conversación reciente.

—¡Ayer Alina descubrió que Leon tenía otra novia! ¡Se puso furiosa y dijo que si volvía a verlo paseándose románticamente con alguna muchacha, no respondería por sus actos!—.

Gaomon se levantó de golpe.

—¡Y SU RENAMON DIJO QUE LA ACOMPAÑARÍA!—.

Dainsleif frunció el ceño.

—Eso podría ser problemático—.

—¡¿PROBLEMÁTICO?! —exclamó Gaomon—. ¡VERA TAMBIÉN DIJO QUE ESTABA HARTA! ¡Y SU BLACKTAILMON LLEVA TRES DÍAS AFILÁNDOSE LAS GARRAS!—.

Tatsuya dejó escapar un suspiro.

—Entonces debemos localizar al muchacho antes de que salga—.

—¡Hay algo peor! —intervino una de las integrantes de Burning Love.

Todos se volvieron hacia ella.

La joven sostenía su smartphone con las manos temblorosas.

—Acabo de revisar el grupo donde varias de sus exnovias han estado hablando. Al parecer, alguien descubrió la reservación del bote—.

Gaomon palideció.

—¿Quién?—.

La muchacha tragó saliva.

—Todas—.

Un silencio incómodo se apoderó de la habitación, Dvalin bajó lentamente las alas, Dainsleif adoptó una expresión severa, Haruto parecía a punto de desmayarse. Y Tatsuya, en cambio, simplemente se reclinó sobre su asiento.

—Bien. Eso significa que tendremos que trabajar con un plazo limitado—.

—¡¿CÓMO PUEDES ESTAR TAN TRANQUILO?! —preguntó Haruto.

El antiguo yakuza observó al Guild Leader.

—Porque entrar en pánico no resolverá nada. Primero debemos hablar con Leon y cancelar ese paseo hasta aclarar la situación. Después identificaremos a las personas involucradas, escucharemos sus reclamaciones y buscaremos una solución. Ninguna de ellas tiene derecho a agredirlo, independientemente de lo irresponsable que haya sido—.

Dainsleif asintió.

—Estoy de acuerdo. Debemos proteger tanto a Leon como a las personas que podrían dejarse llevar por su enojo—.

Gaomon suspiró con alivio.

—Gracias. En serio. Ya no sabía a quién acudir—.

Tatsuya se puso de pie.

—Muy bien. ¿Dónde está ese Casanova?—.

Haruto señaló hacia la puerta.

—Debería llegar en cualquier momento. Quedó en recoger unas cosas antes de ir al lago—.

Como si el destino hubiese estado aguardando precisamente aquellas palabras, la puerta principal de Burning Love se abrió de par en par.
Una voz masculina, alegre y extraordinariamente confiada, resonó por todo el edificio.


—¡Buenos días, familia! ¡Espero que todos estén teniendo una mañana tan maravillosa como la mía!—.

Gaomon cerró los ojos.

—Ay, Yggdrasill...—.

Un joven de cabello rubio, ojos azules y sonrisa deslumbrante apareció en el umbral. Vestía una chaqueta blanca sobre una camiseta negra, pantalones cuidadosamente ajustados y un reloj que parecía costar más que todos los muebles de la sala de reuniones juntos. Su apariencia era impecable, su postura transmitía una seguridad casi insultante y se movía con la naturalidad de alguien acostumbrado a convertirse en el centro de atención.

Era Leon Arisugawa, de diecinueve años. Sublíder de Burning Love. Y, aparentemente, el origen de todos sus problemas.

—¡Haruto, hermano! ¡Necesito que me prestes una de las cámaras de la Guild! ¡Chloe se verá preciosa junto al lago y quiero conservar ese recuerdo para siempre!

Haruto abrió la boca para responder. Pero Leon ya había fijado sus ojos en una de las jóvenes integrantes de la Guild.
Su sonrisa se ensanchó.

—Oh, por cierto, Erika. ¿Te han dicho,, un alguna vez que tus ojos son más hermosos que las estrellas que iluminan el cielo de File Island?

La muchacha lo observó con una expresión de absoluto desprecio.

—Leon. Tienes novia—.

—¡Por supuesto! ¡Solo estaba haciendo un cumplido inocente!—.

—Le dijiste exactamente lo mismo a Maika—.

—¡Las estrellas son hermosas para todo el mundo!—.

Gaomon comenzó a golpearse la frente contra la mesa, Dvalin soltó una carcajada, Dainsleif se llevó una garra al rostro y Tatsuya contempló la escena sin mostrar la menor reacción. Después se acercó al muchacho.

—Leon Arisugawa, supongo—.

Leon levantó la mirada. Su sonrisa se volvió todavía más confiada.

—¡El mismo! ¿Y usted es...?

—Tatsuya Kamisato. La Central de Tamers me envió para hablar contigo—.

—¡Oh! ¡Un mediador! ¡Genial! ¡Espero que no sea por lo de Alina! ¡Esa chica sigue exagerando lo sucedido!

Tatsuya cruzó los brazos.

—Necesitamos discutir algunas cuestiones relacionadas con tus compromisos personales—.

Leon soltó una risita.

—¡Ah, ya entiendo! ¡Viene a darme consejos sobre mujeres!—.

—No exactamente—.

—¡No se preocupe, señor Kamisato! ¡Aunque es usted bastante mayor que yo, todavía está a tiempo de aprender algunas cosas! ¡El secreto consiste en tener confianza, una buena sonrisa y saber exactamente qué decir para conquistar a una chica!— Dvalin abrió mucho los ojos, Dainsleif quedó inmóvil y Haruto dejó escapar un gemido. Leon continuó, absolutamente convencido de estar hablando con un hombre que necesitaba urgentemente su sabiduría —¡Mire, señor Kamisato! ¡El amor es como una aventura! ¡Cada chica es una nueva experiencia, cada conquista una victoria y cada despedida una oportunidad de encontrar algo todavía mejor!—.

El antiguo yakuza permaneció silencioso. Después inclinó ligeramente la cabeza.

—¿Y qué obtienes de todo eso?—.

Leon sonrió.

—¡Felicidad, por supuesto! ¡Romance! ¡Pasión! ¡La emoción de conquistar nuevos corazones!—.

—Comprendo— Tatsuya guardó un momento de silencio —Entonces no obtienes ningún beneficio económico—.

La sala entera quedó paralizada, Leon parpadeó.

—¿Eh?—.

—Gastas tiempo, dinero y recursos en establecer relaciones que abandonas voluntariamente, generando conflictos, dañando tu reputación y poniendo en peligro a tus compañeros. Todo ello sin ninguna rentabilidad tangible—. Leon abrió la boca, pero no salió ninguna palabra. Tatsuya continuó con absoluta seriedad. —Francamente, es uno de los modelos de gestión personal más deficientes que he visto en mi vida—.

Dvalin explotó en carcajadas.

—¡¡¡JAJAJAJAJAJAJAJAJA!!!—.

Gaomon levantó lentamente la cabeza, Haruto se quedó completamente boquiabierto y Dainsleif se llevó ambas garras al rostro.

—¡TATSUYA, POR EL AMOR DE YGGDRASILL! ¡¡¡NO ESTAMOS HABLANDO DE UN NEGOCIO!!!—.

Leon, sin embargo, recuperó inmediatamente su sonrisa.

—¡Jajajaja! ¡Señor Kamisato, creo que usted necesita enamorarse! ¡Cuando conozca a una mujer capaz de robarle el corazón, comprenderá que el dinero no lo es todo!—.

Tatsuya lo observó con absoluta indiferencia.

—Eso suena a un robo. Y detesto que me roben—.

Dvalin cayó al suelo de la risa, Dainsleif se llevó las garras a la cabeza una vez más. Y Gaomon, contemplando a aquel imponente hombre de treinta y cuatro años discutiendo con su irresponsable Tamer de diecinueve, comprendió una realidad aterradora. El destino de Burning Love había quedado en manos de un hombre que sabía enfrentarse a criminales, negociar con comerciantes despiadados y sobrevivir a las batallas más peligrosas del Mundo Digital... Pero que era absolutamente incapaz de comprender el romance.

Dainsleif dejó escapar un largo y resignado suspiro, llevándose ambas garras a la cabeza. A veces le resultaba imposible comprender a su propio Tamer. Tatsuya Kamisato era un hombre capaz de realizar grandes hazañas, derrotar enemigos extraordinariamente poderosos, sobrevivir a situaciones imposibles y negociar con los individuos más peligrosos del Mundo Digital. Su inteligencia y astucia eran indiscutibles... y, sin embargo, aquel mismo hombre era perfectamente capaz de confundir una declaración de amor con una propuesta contractual, interpretar una invitación romántica como una entrevista de trabajo y considerar los sentimientos ajenos como simples transacciones comerciales. Y ahora, por trescientos miserables Bits, pretendía resolver los problemas amorosos de un mujeriego.

—Hay días en los que me pregunto cómo alguien tan extraordinariamente inteligente puede ser tan increíblemente idiota para estas cosas... —murmuró Dainsleif, suspirando nuevamente.

—¡JAJAJAJAJA! ¡Y lo mejor es que todavía cree que lo contrataron como asesor de negocios! —respondió Dvalin, incapaz de contener las carcajadas


Mientras tanto, a varios kilómetros de distancia, una joven de largos cabellos oscuros observaba la pantalla de su smartphone junto a una Renamon cuyos ojos reflejaban una inquietante determinación.

La joven acababa de recibir una fotografía: Leon, Chloe, Un bote blanco. Nice Boat.

—Así que... otra vez el Lago Ojo de Dragón...—.

Renamon cruzó los brazos.

—Alina, ¿qué piensas hacer?—.

La muchacha permaneció silenciosa durante varios segundos. Después guardó su dispositivo.

—Vamos al lago. Quiero escucharlo decirme la verdad en la cara—.

Renamon frunció el ceño.

—¿Y si vuelve a mentirte?—

Alina apretó los puños.

—Entonces veremos si todavía puede sonreír como si nada hubiera pasado—.

El viento agitó las hojas de los árboles cercanos. Y en algún lugar de File City, un antiguo yakuza todavía ignoraba que acababa de aceptar una de las misiones más absurdamente peligrosas de su carrera. Por trescientos miserables Bits.
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