Rango D Buscando al compañero [Sung Hae-In & Meok-Bo]

Gennai

Eclipse Dynasty Member
"Buscando al compañero"​


- NPC involucrado: -
- Sinopsis: Los Llamados al Mundo Digital son un evento que ocurre a diario en File, y donde cada recién llegado conoce a su compañero Digimon de una manera única y distinta o, al menos, así debería ser. Una chica que lleva ya una semana en el Mundo Digital no ha logrado conocer a su Digimon todavía y empieza a impacientarse, decidiendo salir de la ciudad a buscarlo. Sin embargo, sin un Digimon hacer esto puede llegar a ser peligroso, es por ello que la Central ha pedido que alguien la acompañe y ayude a buscar a su Digimon
- Escenario: Bosque Inquebrantable
- Objetivos:
  • Acompañar a la chica por el Bosque Inquebrantable
  • Ayudarla a encontrar a su Digimon
- Notas
  • Según la chica, una voz le está diciendo que su compañero está en el Bosque Inquebrantable. Podría tratarse de parte de su Llamado, por tanto no se puede ignorar esa pista.
  • La chica ya recibió su Digivice, por tanto está asegurado que es una Tamer

Tamer: Sung Hae-In
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Gennai

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El tablero de Quests de File City estaba tan concurrido como de costumbre. Decenas de Tamers examinaban las solicitudes disponibles mientras sus compañeros Digimon discutían sobre recompensas, peligros y posibles aventuras. Algunos acababan de regresar de sus primeras misiones; otros, más experimentados, buscaban encargos que les permitieran aumentar su rango y conseguir acceso a nuevas zonas de File Island.
Entre ellos se encontraba Sung Hae-In.

La joven permanecía frente al tablero, revisando cuidadosamente las solicitudes disponibles mientras Meok Bo esperaba a su lado.
Bueno, esperar quizá no era la palabra más apropiada.

—Sung… Meok Bo hambre —murmuró Arkadimon, apoyando una garra sobre su estómago mientras observaba un puesto de comida situado al otro extremo de la plaza.

—Desayunaste hace menos de una hora —respondió Sung, deslizando los dedos sobre su D-Terminal para revisar las recompensas de varias misiones.

—Sí —admitió Meok Bo, bajando la cabeza durante un instante antes de levantarla nuevamente—. Pero Meok Bo hambre otra vez—.
Sung suspiró suavemente.

—Eso no es una novedad —comentó, guardando varias solicitudes que consideraba poco útiles.

Meok Bo inclinó la cabeza.

—¿Novedad se come? —preguntó, acercando el rostro a su compañera.

Sung detuvo el movimiento de sus dedos y lo miró.

—No —respondió, regresando su atención al tablero.

—Qué triste —murmuró Arkadimon, dejando caer los hombros.
Un pequeño Tokomon que pasaba cerca escuchó la conversación y soltó una risita. Meok Bo lo miró con curiosidad, pero Sung le colocó una mano sobre la cabeza antes de que intentara acercarse.

—Concéntrate —le indicó, señalando el tablero—. Todavía tenemos trabajo—.

Meok Bo enderezó la espalda.

—Meok Bo concentrado —aseguró, aunque sus ojos volvieron hacia el puesto de comida. Sung decidió ignorarlo. Desde su llegada al Digital World había aprendido que discutir con Meok Bo sobre comida era una batalla interminable.

En cambio, su búsqueda de Ryuuma no podía permitirse distracciones.

La Quest «Engranes» había resultado más provechosa de lo esperado. Gracias a Andromon, ahora poseía información sobre una alteración de data relacionada con registros eliminados intencionalmente. Sin embargo, acceder a los archivos completos requería un rango superior al suyo.

Eso significaba seguir trabajando, seguir ascendiendo, seguir reuniendo contactos. Y, tarde o temprano, abandonar File Island para ampliar su búsqueda.

Mientras revisaba una nueva tanda de solicitudes, una de ellas llamó su atención. QUEST DISPONIBLE: BUSCANDO AL COMPAÑERO

Sung abrió la descripción. Una chica llevaba una semana en el Digital World sin conseguir encontrarse con su compañero Digimon. Aunque ya había recibido su Digivice, seguía esperando el encuentro que normalmente acompañaba a los recién llegados.

Cansada de esperar, había decidido aventurarse al Bosque Inquebrantable. La Central solicitaba que un Tamer la acompañara y la ayudara a encontrar a su Digimon. Según la joven, una voz le había indicado que su compañero estaba en aquel bosque.

Sung leyó la solicitud dos veces.

—Una Tamer sin compañero… —murmuró, cruzándose de brazos mientras analizaba los detalles.
Meok Bo levantó la cabeza.

—¿Sin compañero? —preguntó, acercándose a la pantalla.

—Sí —respondió Sung, mostrándole parte de la solicitud—. Llegó hace una semana y todavía no encuentra a su Digimon—.

Arkadimon abrió mucho los ojos.

—¿Sola? —preguntó, mirando a Sung con una expresión extrañamente seria.

—Por ahora, sí —respondió ella, bajando ligeramente el D-Terminal.

Arkadimon permaneció callado unos segundos. Después se acercó más a su compañera y sujetó suavemente una parte de su ropa.

—Meok Bo no quiere Sung sola —dijo, bajando la cabeza.

Sung lo observó. Aquella respuesta no era la que esperaba.

—No estoy sola —respondió, colocando una mano sobre su cabeza.

Meok Bo levantó la mirada.

—Porque Meok Bo está con Sung —añadió, moviendo las garras con entusiasmo. Sung asintió.

—Exactamente —contestó, acariciándolo brevemente antes de retirar la mano.

Arkadimon sonrió.

—Entonces buscamos compañero de chica —propuso, señalando el tablero—. Así chica tampoco sola—.

Sung volvió a mirar la solicitud. No era una Quest relacionada directamente con Ryuuma ni con los registros de Andromon. Sin embargo, ofrecía la oportunidad de explorar otra región de File Island, conocer a una nueva Tamer y posiblemente obtener información adicional sobre los Llamados al Mundo Digital. Además, había un aspecto que no podía ignorar. La chica estaba buscando a alguien importante para ella.

Sung entendía demasiado bien aquella sensación.

—Aceptaremos esta Quest —decidió, seleccionando la solicitud en su Digivice.

El dispositivo emitió una breve señal de confirmación.

QUEST ACEPTADA.

Arkadimon levantó ambas garras.

—¡Meok Bo buscará compañero! —exclamó, dando un pequeño salto que llamó la atención de varios Tamers cercanos.

Sung lo sujetó de la cabeza antes de que volviera a saltar.

—Primero conoceremos a la solicitante —corrigió, girándolo hacia el edificio de la Central—. Después iremos al Bosque Inquebrantable—.

—¿Y después comida? —preguntó Meok Bo, mirándola con esperanza.

Sung cerró los ojos durante un segundo.

—Después comida —aceptó finalmente, comenzando a caminar.

—¡Meok Bo ama Quests! —declaró Arkadimon, siguiéndola alegremente.

Central de File City — Área de atención a Tamers


El edificio de la Central estaba especialmente concurrido aquella mañana. Varios empleados atendían solicitudes de nuevos Tamers, actualizaban registros y orientaban a quienes todavía no comprendían completamente el funcionamiento del sistema de Quests.
Sung se dirigió al mostrador indicado en la autorización.

—Vengo por la Quest «Buscando al compañero» —explicó, mostrando su Digivice a la encargada.
La recepcionista revisó la información y asintió.

—La solicitante ya está aquí —respondió, señalando una pequeña sala de espera — Está bastante impaciente. Intentamos convencerla de que no saliera sola, pero insiste en que su compañero la está llamando—.

Sung miró hacia la sala.

—¿La voz comenzó recientemente? —preguntó, acercándose ligeramente al mostrador.

—Según su declaración, lleva varios días escuchándola —explicó la recepcionista, abriendo el registro de atención —. Al principio pensó que era parte de un sueño. Después comenzó a reconocer palabras que parecían indicarle una dirección—.

—¿Alguien más la escuchó? —preguntó Sung, observando la pantalla desde su lado del mostrador.

—Nadie, hasta donde sabemos —respondió la empleada, negando con la cabeza—. Pero los Llamados al Mundo Digital no son idénticos para todos. No podemos descartar que realmente esté percibiendo a su compañero—.

Sung asintió lentamente. Aquello coincidía con la descripción de la Quest.

—Entiendo —dijo, guardando su Digivice—. Hablaré con ella antes de salir—.

La recepcionista señaló nuevamente la sala.

—Se llama Mika —añadió, bajando ligeramente la voz—. Y agradeceríamos que consiguieras hacerla entrar en razón. Ya intentó marcharse sola esta mañana—.

Sung levantó una ceja.

—Entonces llegamos a tiempo —respondió, encaminándose hacia la sala.

Meok Bo la siguió, aunque se detuvo brevemente junto al mostrador al descubrir un recipiente lleno de pequeños dulces destinados a los visitantes.

—Meok Bo… —murmuró, estirando lentamente una garra.

—No —dijo Sung, sin siquiera girarse.

Arkadimon retiró la garra de inmediato.

—Meok Bo solo miraba —respondió, apresurándose a seguirla. La recepcionista soltó una risa discreta.

La chica que escuchaba una voz


Mika estaba sentada cerca de una ventana. Era una joven de aproximadamente dieciocho años, de cabello castaño oscuro hasta los hombros y ojos color miel. Llevaba una chaqueta ligera, pantalones cómodos y una pequeña mochila que parecía haber preparado con demasiada prisa.
Su Digivice descansaba entre sus manos. Lo examinaba una y otra vez, como si esperara que el dispositivo finalmente le mostrara la respuesta que llevaba una semana buscando.

Cuando Sung entró en la sala, Mika levantó la cabeza.

—¿Eres la persona que enviaron para acompañarme? —preguntó, levantándose inmediatamente de su asiento.

Sung se detuvo frente a ella.

—Sung Hae-In —se presentó, extendiendo una mano—. Acepté tu Quest. Él es Meok Bo, mi compañero Digimon—.

Mika estrechó su mano. Después bajó la mirada hacia Arkadimon.

—¿Él es tu compañero? —preguntó, agachándose ligeramente para observarlo mejor.

Meok Bo levantó una garra.

—Meok Bo cuida Sung —declaró, inflando orgullosamente el pecho.

Mika sonrió.

—Qué lindo —comentó, extendiendo una mano como si quisiera acariciarlo.

Meok Bo inclinó la cabeza y olfateó sus dedos.

—Mika no huele a comida —observó, mostrando una ligera decepción.

La joven parpadeó. Sung se llevó una mano a la frente.

—No tienes que oler a todas las personas que conocemos —lo reprendió, sujetándolo suavemente de la cabeza.

—Meok Bo revisa —respondió Arkadimon, mirándola con absoluta inocencia.

Mika soltó una carcajada. Era la primera vez en varios días que se reía de aquella manera.

—Definitivamente quiero encontrar al mío —comentó, mirando nuevamente su Digivice—. Debe ser maravilloso tener a alguien así contigo—.

Sung advirtió inmediatamente el cambio en su expresión. La sonrisa había desaparecido casi por completo.

—Cuéntame qué ocurrió desde tu llegada —pidió, tomando asiento frente a ella.

Mika volvió a sentarse, acomodando la mochila sobre sus piernas.

—Llegué hace una semana —comenzó, observando el Digivice entre sus manos—. Me explicaron que había sido llamada al Digital World y que conocería a un Digimon destinado a ser mi compañero—. Sung escuchó sin interrumpirla. —Al principio estaba emocionada —continuó Mika, acariciando distraídamente el borde del dispositivo—. Veía a otros recién llegados encontrarse con sus compañeros. Algunos aparecían casi inmediatamente, otros después de unas horas… incluso conocí a un chico que encontró al suyo al día siguiente—. La joven respiró profundamente.
—Pero conmigo no pasó nada —añadió, apretando el Digivice entre las manos.

Meok Bo la observó con atención.

—¿Mika buscó? —preguntó, acercándose ligeramente.

—Todos los días —respondió la joven, mirándolo con tristeza—. Pregunté en la Central, caminé por File City, revisé las zonas de llegada… nada—.

Sung apoyó los antebrazos sobre sus rodillas.

—¿Y entonces escuchaste la voz? —preguntó, observando cuidadosamente su reacción. Mika asintió.

—La primera vez fue hace cuatro días —respondió, bajando la mirada—. Estaba dormida y escuché a alguien llamarme—.

—¿Qué decía? —preguntó Sung, inclinándose ligeramente hacia ella.

—Mi nombre —respondió Mika, apretando el Digivice—. Solo mi nombre. Pero la voz sonaba… triste—. Sung permaneció callada y Mika continuó.
—Al día siguiente volví a escucharla. Esta vez estaba despierta, cerca de la salida norte de la ciudad —explicó, levantando la cabeza—. Me pidió que fuera al bosque—.

—¿Mencionó el Bosque Inquebrantable? —preguntó Sung, revisando mentalmente los datos de la Quest.

—No al principio —respondió Mika, negando suavemente con la cabeza—. Pero ayer escuché claramente que debía buscarlo allí—.

Meok Bo inclinó la cabeza.

—¿Compañero llama Mika? —preguntó, señalando el Digivice.

—Eso creo —respondió ella, acariciando el dispositivo con el pulgar—. No sé explicarlo, pero cuando escucho esa voz siento que debo ir a buscarlo—.

Sung la observó durante varios segundos. No tenía pruebas de que la voz perteneciera realmente a su compañero, pero tampoco tenía razones suficientes para descartarla y aquella incertidumbre era precisamente lo que hacía necesaria la escolta.

—¿Por qué intentaste salir sola esta mañana? —preguntó Sung, adoptando un tono más firme. Mika bajó la cabeza.

—Porque estoy cansada de esperar —respondió, cerrando los dedos alrededor del Digivice—. Todos tienen a alguien. Todos empiezan sus aventuras. Yo llevo una semana aquí y todavía no sé siquiera cómo se llama mi compañero—. Su voz tembló ligeramente.
—¿Y si está herido? ¿Y si me está esperando? ¿Y si necesita ayuda y yo sigo aquí sentada? —añadió, levantando la mirada con evidente angustia.

Sung sintió una punzada de reconocimiento. No era la misma situación, pero comprendía demasiado bien esa desesperación. Cada día que pasaba sin noticias de Ryuuma era otro día de incertidumbre. Otro día preguntándose dónde estaba y si todavía podía encontrarlo.

Meok Bo se acercó a Mika.

—Mika no triste —dijo Arkadimon, colocando una pequeña garra sobre su rodilla.

La joven lo miró sorprendida.

—¿Qué? —preguntó, secándose discretamente una lágrima.

—Meok Bo ayuda —respondió Arkadimon, levantando la cabeza—. Sung busca Ryuuma, Mika busca compañero. Buscamos juntos—.
Mika abrió ligeramente los ojos. Después miró a Sung.

—¿Tú también estás buscando a alguien? —preguntó, observándola con renovada curiosidad.

Sung guardó silencio un instante.

—Sí —respondió, enderezándose en su asiento—. Alguien muy importante para mí—.

—Entonces entiendes cómo me siento —murmuró Mika, bajando nuevamente la mirada.

—Entiendo que esperar sin hacer nada puede resultar insoportable —admitió Sung, cruzando los brazos—. Pero también entiendo que salir sin preparación puede impedirte encontrar a la persona que buscas—. Mika apretó los labios. Sung continuó. —Por eso acepté tu Quest —explicó, señalando la mochila de la joven—. Vamos a buscar a tu compañero. Pero lo haremos con cuidado, siguiendo una ruta y respetando mis indicaciones—.

Mika levantó la cabeza inmediatamente.

—¿De verdad? —preguntó, incorporándose con tanta rapidez que casi dejó caer su mochila. Sung asintió.

—De verdad —respondió, poniéndose de pie—. Pero antes necesito comprobar qué llevas contigo—.

Mika abrió la mochila de inmediato. Sacó una botella de agua, unas cuantas provisiones, un pequeño botiquín y una libreta llena de anotaciones sobre sus experiencias en File City.

Sung revisó los objetos sin apresurarse.

—Bien. Tienes lo básico —comentó, comprobando también que el Digivice estuviera funcionando—. Pero durante el recorrido no te separarás de nosotros, aunque vuelvas a escuchar esa voz—.

Mika asintió rápidamente.

—Entendido —respondió, guardando sus pertenencias.

—Si la escuchas, me lo dices inmediatamente —añadió Sung, levantando un dedo para remarcar la instrucción—. No correrás hacia ella, no cambiarás de dirección por tu cuenta y no abandonarás el sendero sin avisarme—.

—Lo prometo —respondió Mika, colocándose la mochila sobre los hombros.

Sung giró hacia Meok Bo.

—Y tú tampoco te separarás de nosotras —ordenó, mirándolo directamente.
Arkadimon se enderezó.

—Meok Bo cuida Sung y Mika —respondió, levantando ambas garras.

—Y nada de comerte cosas extrañas —añadió Sung, estrechando ligeramente los ojos.

Meok Bo bajó lentamente las garras.

—Meok Bo no come bosque —prometió, después de pensarlo unos segundos. Mika soltó otra carcajada y Sung suspiró.

—Empezaremos por eso —respondió, encaminándose hacia la salida.

Camino al Bosque Inquebrantable


Los tres abandonaron la Central poco después. Sung caminaba al frente, consultando ocasionalmente su D-Terminal para revisar las rutas autorizadas hacia el Bosque Inquebrantable. Mika avanzaba a su lado, observando con curiosidad a los Digimon que circulaban por File City, mientras Meok Bo caminaba entre ambas con una actitud exageradamente vigilante. Cada vez que un Digimon pequeño se acercaba demasiado, Arkadimon levantaba la cabeza como si estuviera preparado para protegerlas de una amenaza formidable.

—Meok Bo vigila —declaró, observando fijamente a un Koromon que cruzó frente a ellos.

El Koromon lo miró, después continuó rebotando tranquilamente y Mika sonrió.

—Creo que ese no era peligroso —comentó, acomodándose la mochila.

—Meok Bo nunca sabe —respondió Arkadimon, siguiéndolo con los ojos.

Sung guardó el D-Terminal.

—No necesitamos intimidar a todos los Digimon de la ciudad —le indicó, colocando una mano sobre su cabeza para que continuara caminando.

—Meok Bo protege —insistió él, dejando de mirar al Koromon.

—Proteger también significa saber cuándo no hay peligro —respondió Sung, retomando la marcha.

Meok Bo permaneció pensativo unos segundos.

—Proteger difícil —murmuró, tocándose la cabeza.

—Por eso seguimos aprendiendo —respondió Sung, sin apartar la vista del camino.

Mika los observó con una sonrisa.

—Se llevan muy bien —comentó, caminando más cerca de Sung.

Sung miró brevemente a Arkadimon.

—Nos entendemos —respondió, mientras Meok Bo se distraía mirando un Biyomon desplazarse en el aire.

—¡Meok Bo vio cosa voladora! —exclamó Arkadimon, dando dos pasos hacia ella.

Sung lo sujetó de la cabeza antes de que pudiera perseguirla.

—La mayoría de las veces —añadió, con resignación.

Mika volvió a reír. Por primera vez desde su llegada al Digital World, parecía estar disfrutando del inicio de una aventura.
Sin embargo, cuando las murallas de File City comenzaron a quedar atrás y el sendero se internó entre árboles cada vez más altos, la expresión de Mika cambió. La joven redujo el paso, mientras su Digivice emitió un pequeño destello. Sung lo notó inmediatamente.

—¿Ocurre algo? —preguntó, deteniéndose a su lado.

Mika permaneció inmóvil. Sus dedos se cerraron sobre el dispositivo.

—La escuché… —susurró, mirando hacia los árboles.

Meok Bo levantó la cabeza.

—¿Voz? —preguntó, olfateando el aire. Mika asintió lentamente.

—Sí —respondió, dando un pequeño paso hacia el bosque—. Es la misma voz—.

Sung extendió un brazo para detenerla antes de que siguiera avanzando.

—¿Qué dijo? —preguntó, observando cuidadosamente su expresión.

Mika cerró los ojos. Durante unos segundos, el viento movió suavemente las ramas del camino. Entonces abrió los ojos de golpe.

—Dijo mi nombre —respondió, llevándose una mano al pecho—. Y después… "Estoy aquí"—. Sung miró hacia el interior del Bosque Inquebrantable. No escuchaba ninguna voz. Meok Bo tampoco pareció reconocer palabras, aunque su expresión se volvió extrañamente atenta.
—¿Meok Bo huele compañero? —preguntó Mika, agachándose un poco hacia Arkadimon.

Meok Bo levantó el rostro y olfateó varias veces.

—Meok Bo huele árboles, tierra, bichitos —respondió, moviendo la cabeza de un lado a otro. Hizo una pausa. —Y Meok Bo hambre —añadió, tocándose el estómago.

Sung suspiró discretamente.

—Eso último no nos ayuda —comentó, volviendo a observar a Mika.

La joven se aferró a las correas de su mochila.

—Está ahí —aseguró, mirando hacia el sendero que desaparecía entre los árboles—. No sé cómo explicarlo, pero estoy segura—.

Sung estudió el camino. Después revisó una última vez la ruta en su D-Terminal y lo guardó.

—Entonces lo averiguaremos —respondió, avanzando hasta colocarse delante de ambas—. Pero nadie se separa del grupo—.
Mika asintió con determinación.

—Entendido —respondió, siguiéndola y Meok Bo levantó una garra.

—¡Meok Bo encuentra compañero! —declaró, caminando alegremente detrás de Sung.

Los tres cruzaron el límite del Bosque Inquebrantable.

La luz del sol comenzó a filtrarse entre las copas de los árboles, dibujando manchas doradas sobre la tierra húmeda. El ruido distante de File City desapareció gradualmente, sustituido por el canto de pequeños Digimon, el crujido de las ramas y el murmullo del viento.
Sung mantuvo una mano cerca de su Digivice, Mika avanzaba con el corazón acelerado y Meok Bo observaba el bosque con curiosidad, todavía ignorante de los peligros que podían esconderse entre los árboles.

La voz no volvió a escucharse durante los siguientes minutos, pero Mika sabía que estaba cerca. Y, por primera vez desde su llegada al Digital World, no tendría que seguirla sola.
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El Bosque Inquebrantable se extendía ante los tres viajeros como una enorme extensión de árboles, arbustos y senderos naturales que se internaban entre la vegetación. La luz del sol atravesaba las copas de los árboles, iluminando algunas partes del camino mientras otras permanecían cubiertas por sombras frescas.
El ambiente era considerablemente más tranquilo que el de File City. Sung Hae-In avanzaba por el sendero principal mientras consultaba ocasionalmente su D-Terminal. A su lado caminaba Mika, observando los alrededores con una mezcla de curiosidad y expectativa. Meok Bo, por su parte, se entretenía examinando algunas plantas que crecían junto al camino, aunque procuraba no alejarse demasiado de su compañera.

—Es más bonito de lo que imaginaba —comentó Mika, levantando la mirada hacia las ramas que se extendían sobre sus cabezas.

—También es bastante grande —respondió Sung, guardando el D-Terminal después de comprobar su ubicación—. Por eso necesitamos saber hacia dónde te está guiando esa voz—.

Mika asintió y sostuvo su Digivice con ambas manos.

—La última vez la escuché cerca de la entrada —explicó, observando el dispositivo antes de levantar la mirada—. Pero desde que entramos no ha vuelto a decir nada—.

—Entonces seguiremos por el sendero principal —decidió Sung, acomodándose el cabello detrás de una oreja—. Si vuelve a hablarte, me avisas—.

—Está bien —respondió Mika, acercándose un poco más a ella.

Meok Bo, que caminaba unos pasos adelante, se detuvo junto a un arbusto.

—Sung, Meok Bo encontró algo —
anunció, agachándose para observar entre las hojas.

Sung levantó la mirada.

—¿Qué encontraste? —preguntó, acercándose a su compañero.

Arkadimon señaló unas pequeñas bayas que crecían entre las ramas.

—Comida —respondió, abriendo ligeramente la boca.

Sung le sujetó suavemente la cabeza antes de que pudiera acercarse.

—No sabemos si esas bayas son comestibles —
advirtió, apartándolo del arbusto.

Meok Bo observó las frutas con tristeza.

—Pero parecen comida —protestó, estirando una garra hacia ellas.

—Parecer comida no significa que puedas comerlas —respondió Sung, guiándolo nuevamente hacia el sendero.

Mika soltó una pequeña carcajada mientras los observaba.

—¿Siempre tiene tanta hambre? —preguntó, caminando junto a Sung.

—Desde que lo conozco —respondió ella, soltando a Meok Bo cuando este volvió a caminar normalmente.
Arkadimon levantó la cabeza.

—Meok Bo está creciendo —declaró, golpeándose el pecho con orgullo.

—Eso dices cada vez que quieres comer —replicó Sung, mirándolo de reojo.

—Porque Meok Bo siempre crece —respondió él, completamente convencido.

Mika volvió a reír. La conversación ayudó a que su nerviosismo disminuyera. Hasta hacía poco había imaginado el Bosque Inquebrantable como un lugar desconocido y peligroso, pero caminar acompañada por Sung y Meok Bo resultaba mucho más agradable de lo esperado.

Durante los siguientes minutos continuaron avanzando sin contratiempos. En ocasiones encontraban pequeños Digimon que se desplazaban entre los árboles o descansaban cerca del sendero. Algunos los observaban con curiosidad antes de continuar con sus actividades, mientras otros saludaban brevemente a los viajeros.

Mika aprovechaba cada encuentro para preguntar si alguno había visto a un Digimon que pareciera estar buscando a su Tamer.

Las respuestas eran similares, nadie tenía información concreta. Finalmente, la joven dejó escapar un suspiro.

—Tal vez debería haber esperado un poco más en File City —murmuró Mika, mirando su Digivice mientras caminaba.
Sung giró ligeramente la cabeza.

—¿Por qué lo dices? —preguntó, reduciendo el paso para caminar a su altura.

—Porque ni siquiera sé qué estoy buscando —admitió Mika, bajando los hombros—. Todos me preguntan cómo es mi compañero, pero no conozco su apariencia, su nombre ni qué clase de Digimon es—.

Sung observó su expresión unos segundos.

—¿La voz nunca te ha dicho su nombre? —
preguntó, esquivando una raíz que sobresalía del sendero.

Mika negó con la cabeza.

—Solo me llama —respondió, acariciando el borde de su Digivice—. A veces escucho que necesita encontrarme, otras veces solamente dice que siga caminando—.

Meok Bo levantó la mirada.

—Compañero de Mika tímido —comentó, acercándose a ambas.

Mika parpadeó.

—¿Tímido? —repitió, inclinando la cabeza.

—Sí —respondió Arkadimon, extendiendo ambas garras para explicar su razonamiento—. Quiere ver Mika, pero no sale. Entonces compañero tímido—.

Sung miró a Meok Bo. No era una conclusión especialmente elaborada, pero tampoco resultaba imposible.

—Podría ser —admitió, acomodando la correa de su equipo—. Todavía no sabemos por qué no se han encontrado—.

Mika sonrió ligeramente.

—Espero que tengas razón, Meok Bo —respondió, agachándose para acariciarle la cabeza.

Arkadimon aceptó el gesto con evidente satisfacción.

—Meok Bo inteligente —declaró, cerrando los ojos mientras recibía las caricias.

Sung soltó un pequeño suspiro.

—No alimentes demasiado su ego —
comentó, retomando la marcha.

—¿Ego se come? —preguntó Meok Bo, abriendo inmediatamente los ojos.

Mika comenzó a reír otra vez.


Después de caminar durante un buen rato, los tres llegaron a un claro atravesado por un pequeño arroyo. El agua corría entre piedras lisas y raíces expuestas, formando una corriente poco profunda. A un costado había suficiente espacio para sentarse y descansar antes de continuar por el sendero.

Sung revisó el mapa de su D-Terminal.

—Podemos detenernos unos minutos —anunció, guardando el dispositivo y señalando una zona de hierba cercana al arroyo.
Mika dejó escapar un suspiro de alivio.

—Me parece perfecto —respondió, quitándose la mochila antes de sentarse sobre una piedra plana.

Meok Bo se acercó inmediatamente a Sung.

—¿Ahora comida? —
preguntó, levantando ambas garras. Sung abrió su bolso y sacó algunas provisiones.

—Un poco —respondió, ofreciéndole parte de la comida que habían llevado desde File City—. Todavía tenemos que continuar—.

Arkadimon recibió su porción con entusiasmo.

—¡Meok Bo ama descansar! —
exclamó, sentándose a su lado y comenzando a comer.

Mika observó la escena con una sonrisa antes de sacar una pequeña botella de agua de su mochila.

—¿Cómo conociste a Meok Bo? —preguntó, destapando la botella.

Sung se quedó pensativa durante un instante.

—Fue mi compañero desde que llegué al Digital World —
respondió, mirando a Arkadimon mientras este comía despreocupadamente—. Aunque nuestro encuentro fue bastante diferente de lo que esperaba—.

Meok Bo levantó la cabeza con la boca ocupada.

—Meok Bo encontró Sung —declaró orgullosamente.

—Y desde entonces no has dejado de tener hambre —añadió ella, limpiándole con una servilleta algunos restos de comida que tenía cerca de la boca.

Mika sonrió.

—Me pregunto cómo será el mío —comentó, observando su Digivice—. ¿Será pequeño?, ¿grande?, ¿podrá hablar?, ¿tendrá una personalidad parecida a la de Meok Bo?—.

Arkadimon terminó de tragar y levantó ambas garras.

—¡Otro Meok Bo! —propuso emocionado.

—No creo que existan dos como tú —
respondió Sung, guardando los envoltorios de comida.

—Meok Bo especial —
afirmó Arkadimon, golpeándose nuevamente el pecho.

—Eso no lo discuto —respondió Sung, dedicándole una mirada breve.

Mika permaneció sonriendo hasta que algo pareció llamar su atención. Sus dedos dejaron de moverse sobre el Digivice.
La joven enderezó lentamente la espalda.

—Esperen… —murmuró, mirando hacia el otro lado del arroyo.

Sung levantó la cabeza inmediatamente.

—¿Qué sucede? —preguntó, siguiendo la dirección de su mirada.

Mika llevó una mano hasta su oído.

—La voz… —respondió, poniéndose de pie con cierta rapidez.

Meok Bo dejó de comer.

—¿Compañero? —preguntó, levantando la cabeza.

Mika cerró los ojos. Durante unos segundos permaneció completamente inmóvil, escuchando algo que ninguno de sus acompañantes podía percibir.

Entonces abrió los ojos.

—Está cerca —dijo, señalando el sendero que continuaba más allá del arroyo—. Me dijo que avanzara un poco más—.
Sung se levantó y guardó las provisiones restantes.

—¿Estás segura de que viene de esa dirección? —
preguntó, acercándose a Mika mientras observaba el camino.

—Sí —respondió la joven, apretando su Digivice contra el pecho—. Esta vez la escuché mucho más clara—.

Meok Bo se puso de pie inmediatamente.

—¡Entonces vamos! —
exclamó, dando dos pasos hacia el arroyo.

Sung lo sujetó suavemente por un brazo.

—Primero termina de tragar —le indicó, observando que todavía tenía comida en la boca.

Arkadimon obedeció apresuradamente y Mika soltó una carcajada.

—Creo que está tan emocionado como yo —comentó, acomodándose la mochila.

—Probablemente por razones diferentes —
respondió Sung, comprobando que no hubieran dejado nada atrás.

Una vez preparados, cruzaron el arroyo utilizando varias piedras que sobresalían del agua. Sung pasó primero para comprobar que fueran estables y después ofreció una mano a Mika cuando esta dudó frente a la última.

—Apoya el pie aquí —indicó, señalando una roca plana mientras mantenía el brazo extendido.

—Gracias —respondió Mika, aceptando su ayuda antes de alcanzar la otra orilla.

Meok Bo saltó detrás de ellas. Sin embargo, calculó mal la distancia y una de sus patas terminó dentro del agua.

—¡Agua! —exclamó, sacudiéndola con sorpresa.

Sung giró hacia él.

—Es un arroyo, Meok Bo —respondió, observando cómo Arkadimon sacudía la extremidad mojada.

—Arroyo atacó pata —protestó él, retrocediendo hasta quedar junto a Mika.

La muchacha soltó una carcajada mientras Sung negaba lentamente con la cabeza.

—Vamos —indicó la Tamer, señalando el sendero—. Nuestro objetivo está más adelante—.




La segunda parte del recorrido resultó tan tranquila como la primera. El sendero atravesaba una zona de árboles más altos, donde la vegetación crecía cerca del camino y algunas raíces obligaban a prestar atención al terreno. En varios puntos, Mika se detenía para escuchar aquella voz que parecía orientarla.
Sung aprovechaba cada pausa para preguntarle qué había escuchado y comprobar la dirección antes de continuar.

—Otra vez —murmuró Mika, deteniéndose cerca de una bifurcación.

Sung se colocó a su lado.

—¿Qué te dijo? —preguntó, observando los dos senderos que se separaban frente a ellas.

—Que vaya por la izquierda —respondió Mika, señalando el camino que descendía suavemente entre los árboles.

Sung consultó su D-Terminal.

—Ese sendero lleva a otra sección del bosque —comentó, ampliando el mapa con los dedos—. Podemos seguirlo sin salir de las rutas conocidas—.
Mika asintió y comenzó a caminar junto a ella.

Meok Bo las siguió unos pasos por detrás.

—Voz sabe caminos —comentó Arkadimon, mirando hacia la bifurcación.

—Eso parece —respondió Sung, guardando el dispositivo.

—¿Voz sabe dónde hay comida? —
preguntó Meok Bo, levantando la cabeza con esperanza.

—No estamos buscando comida —contestó Sung, observándolo de reojo.

Arkadimon dejó escapar un pequeño suspiro.

—Meok Bo pregunta por curiosidad —
murmuró, juntando las garras.

Mika sonrió.

—Cuando encuentre a mi compañero, podemos comer algo todos juntos —propuso, acomodándose la mochila.

Meok Bo abrió los ojos de inmediato.

—¡Mika buena! —declaró, apresurándose hasta caminar junto a ella.

Sung los observó durante unos segundos.

—No le prometas demasiada comida —
advirtió, apartando una rama baja del sendero.

—¿Por qué? —preguntó Mika, mirándola con curiosidad.

—Porque se acordará de cada palabra —respondió Sung, soltando la rama cuando ambos terminaron de pasar.

Meok Bo asintió orgullosamente.

—Meok Bo recuerda comida siempre —confirmó, golpeándose el pecho.

La conversación continuó durante algunos minutos.

Mika habló sobre sus primeros días en File City, los Tamers que había conocido y lo extraño que le resultaba acostumbrarse a un mundo donde las criaturas podían hablar, trabajar y desarrollar personalidades tan diferentes. Sung respondió algunas preguntas sobre las Quests y los rangos, explicándole que muchas misiones sencillas eran una buena forma de conocer File Island y familiarizarse con sus habitantes.

—Entonces tú estás haciendo Quests para subir de rango —comentó Mika, observando su Digivice mientras caminaba.

—Sí —
respondió Sung, manteniendo la vista en el sendero—. Necesito viajar más allá de File Island—.

—¿Para encontrar a Ryuuma? —preguntó la muchacha, recordando lo que Meok Bo había mencionado anteriormente y Sung asintió.

—Exactamente —respondió, acomodándose el cabello detrás de una oreja.

Mika guardó silencio unos segundos.

—Espero que lo encuentres —dijo finalmente, mirándola con sinceridad.

Sung giró ligeramente la cabeza.

—Gracias —
respondió, antes de volver la mirada hacia el camino.

Meok Bo levantó ambas garras.

—¡Sung encontrará Ryuuma! —declaró, caminando con entusiasmo—. ¡Meok Bo ayudará!—.

Sung colocó una mano sobre su cabeza cuando pasó a su lado.

—Eso espero —murmuró, acariciándolo brevemente.



El sendero terminó conduciéndolos hasta otro claro. A diferencia del anterior, este estaba rodeado por varios árboles de troncos gruesos y pequeñas formaciones rocosas. La vegetación era abundante, pero dejaba espacio suficiente para caminar sin dificultad.
Mika se detuvo apenas entraron. Su Digivice emitió un destello tenue.

—Sung… —murmuró, mirando el dispositivo con sorpresa.

La Tamer se acercó.

—¿Volviste a escucharla? —preguntó, observando la reacción de Mika.

La joven asintió lentamente.

—Sí —respondió, levantando la mirada hacia una zona de arbustos cercana a las rocas—. Pero esta vez fue diferente—.

Sung siguió la dirección de sus ojos.

—¿Qué dijo? —preguntó, avanzando un paso.

Mika apretó el Digivice entre sus manos.

—Dijo que está esperándome —respondió, con una sonrisa nerviosa—. Y que ya falta muy poco—.

Meok Bo levantó la cabeza.

—¿Compañero cerca? —
preguntó, observando los arbustos.

Mika asintió con entusiasmo.

—Eso creo —respondió, dando un pequeño paso hacia ellos.

Sung caminó a su lado.

—Entonces vamos a revisar —indicó, apartando suavemente algunas ramas para observar el espacio detrás de la vegetación.

Meok Bo se acercó por el otro costado, inclinándose hasta quedar casi a la altura del suelo.

—Meok Bo busca —murmuró, olfateando entre las hojas.

Mika esperó detrás de ellos, sujetando su Digivice con ambas manos.

Sung apartó otra rama. Detrás de los arbustos había una pequeña zona despejada, protegida por varias rocas y raíces. El suelo estaba cubierto por hojas secas y parecía haber sido utilizado recientemente como lugar de descanso por algún Digimon pequeño.
Sung se agachó para examinar las marcas visibles sobre la tierra.

—Alguien estuvo aquí —comentó, observando las hojas desplazadas.

Mika se acercó inmediatamente.

—¿Mi compañero? —preguntó, arrodillándose a su lado.

—Es posible —respondió Sung, señalando unas pequeñas huellas junto a una raíz—. Todavía no podemos asegurarlo—.

Meok Bo olfateó las marcas. Después levantó la cabeza.

—Huele a Digimon —dijo, moviendo las garras con entusiasmo.

Sung lo miró.

—Estamos en el Digital World, Meok Bo —respondió, arqueando ligeramente una ceja.

Arkadimon permaneció inmóvil durante un instante.

—Cierto —admitió, bajando lentamente la cabeza.

Mika soltó una risita. Sin embargo, su alegría cambió repentinamente cuando volvió a escuchar aquella voz. Esta vez no sonó lejana.
No pareció provenir de algún punto perdido entre los árboles. La sintió cerca, como si alguien estuviera intentando comunicarse directamente con ella.
Mika se llevó ambas manos al pecho.

—¡Sung! —exclamó, levantándose con rapidez.

La Tamer se incorporó inmediatamente.

—¿Qué ocurre? —preguntó, acercándose a ella.

Mika miró hacia el extremo del claro.

—Me dijo que no me fuera —respondió, con los ojos abiertos por la emoción—. Que está aquí… que está muy cerca—.

Meok Bo giró hacia la misma dirección. Sus ojos recorrieron las raíces, los arbustos y las pequeñas rocas que rodeaban el lugar.

—Meok Bo buscará bien —declaró, avanzando con mayor atención.

Sung observó el claro antes de dirigirse a Mika.

—Entonces parece que encontramos el lugar correcto —comentó, señalando los alrededores con una mano—. Revisemos con calma. Si tu compañero está aquí, no necesitamos asustarlo—. Mika asintió rápidamente.

—Está bien —respondió, sujetando su Digivice con ambas manos. La joven respiró profundamente. Después, mirando hacia los árboles, reunió valor para hablar. —¡Hola! —llamó, dando un paso hacia el centro del claro—. ¡Soy Mika! ¡Si puedes escucharme, estoy aquí!—.

Su voz se extendió entre los árboles. Sung permaneció cerca de ella mientras Meok Bo continuaba examinando los arbustos.
Durante varios segundos no ocurrió nada. Entonces, desde algún punto detrás de las raíces de un árbol cercano, se escuchó un pequeño movimiento.

Meok Bo levantó la cabeza.

—Sung… —murmuró, señalando el lugar con una garra.

Mika contuvo la respiración. Unas hojas se movieron suavemente, algo pequeño parecía estar escondido allí. Sung dirigió la mirada hacia las raíces y levantó una mano para indicarles que permanecieran tranquilos.

—Parece que tenemos compañía —dijo en voz baja, acercándose un paso sin realizar movimientos bruscos.

Mika apretó su Digivice contra el pecho. Por primera vez desde que había llegado al Digital World, la posibilidad de conocer finalmente a su compañero estaba frente a ella. Y esta vez no era solamente una voz.

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