La primera zona marcada por Alessa se encontraba en los bordes del Bosque Inquebrantable, un lugar donde los árboles crecían tan juntos que la luz del sol apenas lograba atravesar las copas. Las raíces sobresalían del suelo como garras retorcidas y el aire estaba cargado de humedad.
Sung avanzaba con paso firme, sin perder tiempo. Meok Bo, en cambio, se detenía cada tanto para olfatear hongos, cortezas y frutas caídas.
—No estamos buscando comida —dijo Sung.
—Meok Bo busca noticia… y comida—.
—En ese orden—.
—Comida noticia—.
Sung suspiró. No tardaron en encontrar el primer indicio de algo extraño. Varios Palmon y Floramon se agrupaban alrededor de un claro, hablando entre ellos con evidente inquietud. Cerca de ellos, una parte del bosque estaba cubierta por una sustancia brillante, parecida a savia azulada, que se extendía sobre troncos y piedras. Sung se acercó sin rodeos.
—Weekly Tengu Newspaper. Necesito saber qué ocurrió aquí —.
Los Digimon se miraron entre sí, nerviosos. Uno de los Palmon dio un paso al frente.
—Ayer por la noche apareció esa savia rara. No estaba antes. Primero pensamos que era de algún árbol enfermo, pero luego empezó a moverse—.
Sung anotó en su libreta.
—¿Moverse cómo? — preguntó ella, para más detalle.
—Como si respirara, y cuando un Kunemon la tocó, se quedó pegado. Tuvimos que sacarlo entre cuatro —dijo Floramon.
Meok Bo se acercó demasiado a la sustancia.
—Brilla—.
—No la toques —ordenó Sung.
El Arkadimon retiró la garra justo antes de meterla en la savia, luego Sung examinó el área. La sustancia no parecía natural. Tenía un patrón irregular, como pequeños fragmentos de datos mal compactados. Cuando una hoja cayó encima, la savia azul reaccionó, envolviéndola lentamente hasta deshacerla en partículas.
—Eso no es savia normal —murmuró Sung.
De pronto, un ruido entre los árboles interrumpió la conversación. Algo se movía rápido. Los Palmon retrocedieron asustados.
Un Kuwagamon apareció entre las ramas, golpeando los troncos con sus pinzas. Pero no parecía estar cazando. Sus movimientos eran erráticos, torpes, casi desesperados. Parte de su cuerpo estaba manchada con la misma sustancia azul.
—¡Es él!, ¡desde que tocó esa cosa se volvió agresivo!—gritó Floramon.
Kuwagamon lanzó un chillido y embistió contra el grupo.
Sung reaccionó al instante.
—¡Todos atrás! ¡No lo enfrenten de frente!—.
Meok Bo dio un paso adelante por instinto, enseñando los dientes.
—Meok Bo protege—.
—No puedes ganarle por fuerza, es un Digimon nivel Adult. Tú solo lo distraes y nada de recibir golpes —dijo Sung con voz firme.
Meok Bo gruñó, pero obedeció, Kuwagamon bajó sus pinzas y cargó contra ellos. Meok Bo saltó hacia un lado, apenas evitando el primer ataque. El golpe de Kuwagamon partió una raíz gruesa como si fuera madera podrida. La diferencia de fuerza era evidente: si una de esas pinzas alcanzaba a Meok Bo de lleno, la Quest podía terminar ahí mismo.
Sung chasqueó la lengua.
—Palmon, Floramon. ¿Pueden usar lianas o polen?—.
Los Digimon del bosque dudaron.
—Podemos intentar sujetarlo, pero está muy fuerte —respondió Palmon.
—No necesito que lo detengan. Solo que lo hagan tropezar—.
Sung señaló varias raíces levantadas en el claro.
—Lo vamos a llevar hacia ahí—.
Meok Bo escuchó la orden y comenzó a moverse alrededor de Kuwagamon, haciendo amagos, gruñidos y pequeños ataques desde los costados. No buscaba dañarlo, solo llamar su atención. Cada vez que Kuwagamon intentaba alcanzarlo, Meok Bo se retiraba antes del impacto.
—¡Aquí! ¡Bicho grande lento!—.
Kuwagamon chilló, irritado, y golpeó el suelo con sus pinzas. Una onda de tierra levantó hojas y polvo. Meok Bo rodó hacia un lado, pero una piedra le golpeó el hombro y lo hizo perder equilibrio.
—Tsk… —Sung dio un paso adelante, pero se contuvo— ¡Levántate, Meok Bo!—
—Meok Bo… bien— No estaba gravemente herido, pero el golpe había sido suficiente para recordarle la diferencia de nivel.
Sung tomó una rama larga y golpeó un tronco hueco cercano. El sonido seco atrajo por un segundo la atención de Kuwagamon. En ese instante, Palmon extendió sus lianas hacia las patas del Digimon insecto, mientras Floramon lanzó una nube de polen irritante hacia su rostro.
Kuwagamon retrocedió, sacudiendo la cabeza.
—¡Ahora, a las raíces! —ordenó Sung.
Meok Bo corrió frente a él, provocándolo de nuevo. Kuwagamon rugió y se lanzó tras el Arkadimon. Sung observó cada paso. No podía permitirse un error.
—Izquierda— indicó a su Digimon y Meok Bo obedeció —ahora derecha—.
El Arkadimon cambió de dirección justo antes de llegar a la zona de raíces. Kuwagamon, demasiado alterado para frenar, pisó una raíz cubierta de savia y resbaló. Palmon tiró de sus lianas al mismo tiempo. El enorme insecto perdió balance y cayó de costado, estrellándose contra el suelo con un golpe pesado.
No estaba vencido. Solo derribado.
—¡No se acerquen a sus pinzas! —gritó Sung.
Kuwagamon intentó levantarse, golpeando a ciegas. Una de sus pinzas pasó peligrosamente cerca de Meok Bo, cortando varias ramas por encima de su cabeza.
—Meok Bo casi pierde cabeza—.
—Por eso dije que no te acercaras—.
Sung corrió por el lateral, manteniéndose fuera del alcance directo. La mancha azul estaba adherida a una articulación de la pata izquierda de Kuwagamon. Si la sustancia seguía conectada a él, volvería a levantarse en el mismo estado.
—Necesito separarla sin tocarla —murmuró de pronto.
Floramon le lanzó una vara gruesa.
—¡Usa esto!—.
Sung la tomó, envolvió la punta con un pedazo de tela y esperó el momento preciso. Kuwagamon levantó una pinza para golpear el suelo. En ese breve instante, su articulación quedó expuesta.
—Meok Bo, haz ruido—.
—¡Meok Bo hace ruido!— Arkadimon golpeó dos piedras entre sí y chilló con todas sus fuerzas —¡bicho feo! ¡Mira acá!—.
Kuwagamon giró la cabeza hacia él, furioso y Sung aprovechó. Insertó la punta de la vara entre la sustancia azul y la coraza del Kuwagamon, haciendo palanca con todas sus fuerzas. La savia vibró, resistiéndose como si estuviera viva. Una presión extraña recorrió la madera y casi le hizo soltarla.
—Molesta hasta el final…—.
Palmon y Floramon tiraron de sus lianas para mantener a Kuwagamon en el suelo unos segundos más. Meok Bo no atacó; se limitó a moverse frente a él, esquivando torpemente cada intento de mordida o golpe y finalmente, la masa azul se desprendió. Cayó al suelo como un pedazo de gelatina brillante y comenzó a retorcerse. Sung no esperó. Tomó una piedra plana y la empujó hacia un pequeño hueco entre raíces, lejos de todos y Kuwagamon dejó de forcejear poco a poco. Sus movimientos violentos se volvieron lentos, desorientados. Parpadeó varias veces, como si despertara de un sueño pesado.
—¿Qué… qué pasó?—.
Meok Bo se quedó detrás de Sung, respirando agitado.
—Bicho grande… muy fuerte—.
—Sí —dijo Sung sin apartar la vista de Kuwagamon —por eso no se le gana de frente—.
El Palmon que había hablado antes se acercó con cautela.
—¿Eso saldrá en el periódico?—.
—Si la reportera no lo descarta por falta de dramatismo, sí—.
Sung anotó los detalles principales:
Primer suceso: aparición de sustancia azul anómala en el Bosque Inquebrantable.
Efectos: absorbe materia vegetal menor y altera el comportamiento de Digimon que entran en contacto prolongado.
Incidente: Kuwagamon Adult afectado por la sustancia; no fue derrotado en combate directo, sino contenido mediante distracción, terreno y apoyo de Digimon locales.
Testigos: Palmon, Floramon, Kunemon y Kuwagamon afectado.
Estado actual: zona parcialmente contenida, pero origen desconocido.
Meok Bo miró la sustancia que quedaba en los árboles.
—¿Meok Bo come?—.
—No—.
—¿Poquito?—.
—No—.
—¿Savia mala? — preguntó Arkadimon.
—Exacto—.Sung cerró la libreta. Ya tenían la primera noticia, pero no una respuesta completa. La sustancia azul podía ser un fenómeno aislado… o una señal de algo más grande. Antes de irse, miró a Meok Bo de reojo. —Lo hiciste bien—.
El Arkadimon levantó la cabeza.
—¿Meok Bo fuerte?—.
—Fuiste listo. Eso hoy valió más que ser fuerte—.
Meok Bo pareció pensarlo unos segundos.
—Meok Bo listo… y con hambre—.
—Eso no cambia nunca—. Sung guardó la libreta. El reloj seguía avanzando —vamos al siguiente punto—.
Mientras abandonaban el claro, Sung miró por última vez las manchas brillantes entre los árboles. Su instinto le decía que aquello no era simple material residual. Había algo artificial en su comportamiento.
Y si File Island estaba empezando a mostrar anomalías, Alessa Bellini tendría más que una simple nota para su periódico.