Margaret despertó ligeramente mareada, se incorporó lentamente mientras mantenía su mano derecha sobre su cabeza acostumbrándose a la luz. Un escalofrío recorrió la espalda de la rubia cuando logró reconocer el lugar en el cual se encontraba, su mirada viajaba de un lado a otro viendo la habitación de su casa, con movimientos lentos intentó salir de la cama, sin embargo, un brazo fuerte la hizo mantenerse en su lugar lo que le hizo girarse y ver a su lado a Evan Hart, su esposo. Fraser sintió como su cuerpo comenzaba a temblar y a tener nauseas, su cabeza empezó a dar vueltas en tanto muchos pensamientos se aglomeraban en ella, ¿fue un sueño su huida o aquello era una pesadilla? Su respiración se cortó al verlo abrir los ojos e incorporarse con una sonrisa, la misma con la que le había encantado cuando se conocieron, la misma que usaba cuando la manipulaba destruyendo su autoestima para que hiciera lo que él quería. Lejos del amor que una vez sintió al verlo, ahora solo sentía miedo y asco hacia él.
—
Buenos días, cariño — saludaba Evan rodeando con su brazo los hombros de Margaret para acercarla y darle un beso en la mejilla. —
¿Estas bien? Te noto pálida.
—
Estoy… bien — respondió la mujer en voz baja asintiendo lentamente evitando temblar frente a él. —
Buenos días.
El hombre de cabello oscuro apartó su brazo y colocó su mano para frotar la mejilla de Fraser, quien sintió un pinchazo de dolor sintiendo más realista aquella pesadilla lo que le hizo dudar nuevamente.
—
No me mientas — murmuró Hart con la misma sonrisa, pero con un tono de voz bajo, como si se tratara de una advertencia.
Maggie asintió nuevamente viendo como Evan salía de la cama y salía de la habitación, solo entonces, la rubia se percató que había estado manteniendo la respiración, al bajar la mirada notó los moretones en sus muñecas, así como sus uñas mordidas por la ansiedad. Cerró los ojos pidiendo en voz baja que esa no fuera su realidad, pero algo dentro de ella le repetía que si lo era.
[***]
Al abrir los ojos, Margaret se encontraba frente a una cocina, revolvía en silencio los huevos en la sartén. Para ella era un día normal, anestesiada del mundo realizando de forma mecánica las labores del hogar, en lo único que pensaba era en hacer el desayuno para su esposo para evitar molestarlo nuevamente. En aquella casa moderna no había otro Pokémon más que un Mr. Mime que pertenecía a Evan, su función no era otra que ser el espía del pelinegro cuando la rubia hacia algo mal, lo cual le provocaba más ansiedad a la mujer.
Fraser escuchó los pasos de Hart detrás de ella, como se sentó en la mesa del comedor, siendo su señal para darse prisa, emplatar y llevar la comida junto al café a la mesa frente a él. Pasó frente a Mr. Mime que la observó sin expresión, lo que le dio mala espina, pero siguió hasta el comedor donde se encontraba Evan en su traje característico de tres piezas y corbata, cabello perfectamente peinado, su reloj de oro en su muñeca y el infaltable anillo de matrimonio el cual compartía con Margaret, sintiéndose para ella como un pesado grillete mientras que para él era un medio para echarle en cara que ella misma había elegido estar ahí.
—
Siéntate — dijo el hombre con calma tomando por sorpresa a la rubia, quién alzó la mirada. —
No me hagas repetirlo, cariño.
En silencio la mujer tomó asiento junto a su esposo, si bien hubiese preferido sentarse frente a él, sabía que eso lo molestaría. Observó como este sopló su café que se encontraba caliente, justo como le gustaba, vio como bebía un pequeño sorbo y lo dejó nuevamente sobre la mesa para después mirarla directamente mientras sacaba algo de su bolsillo.
—
Me puedes explicar, ¿qué es esto? — Preguntaba colocando sobre la mesa el boleto de tren que Fraser había guardado para su huida.
Margaret se puso pálida, apretó sus manos debajo de la mesa mientras veía el boleto, su única esperanza de salir de aquella casa, de aquella ciudad, de aquel matrimonio. Lo había escondido en un lugar donde Evan nunca revisaba, ¿cómo era posible que lo hubiese encontrado? Un par de segundos después, la rubia alzó la mirada hacia Mr. Mime que sonreía, como si hubiese hecho un buen trabajo. La mujer odiaba maldecir, pero no pudo evitar pensar en una mala palabra al ver la sonrisa del Pokémon tipo psíquico.
—
Es… un boleto — respondió Fraser mirando a su esposo sintiendo un escalofrío al verlo calmado.
—
Un boleto a… — decía Hart bajando la mirada para leer el lugar al cual iba. —
Pueblo Hibiscus. ¡Vaya! ¿No es el lugar donde los entrenadores se inscriben y reciben su primer pokémon?
—
S-si — murmuraba la rubia mientras Evan tomaba el trozo de papel y lo ondeaba.
—
¿Y se puede saber, por qué algo como esto está en nuestra casa, cariño? — Siguió interrogando el hombre de cabello negro.
"
No me mientas" fueron las palabras que Margaret recordó que su esposo le había dicho aquella mañana. Al ver como su esposa no le respondió, Evan suspiró y se puso de pie mientras la rubia se tensaba por ello, el hombre tomó su taza de café y la vertió lentamente en la cabeza de Fraser, quien sintió inmediatamente el ardor del liquido sobre su cabeza lo que le hizo levantarse y cubrir su rostro con sus manos para evitar que el café lastimara su cara.
—
¿A dónde vas? — Dijo el de cabello oscuro tomando a su esposa del brazo para evitar que se alejara. —
Estabas pensando en una mentira creíble, ¿no? — Añadió escuchando el jadeo y suaves sollozos de Margaret. —
No llores, sabes que esto es tu culpa, cariño. ¿De dónde sacaste dinero para comprar esto? ¿Me estas robando acaso?
—
N-no — contestaba la mujer negando con la cabeza y manteniendo la mirada baja limpiándose con la manga de su blusa el café.
—
Entonces, ¿cómo llegó esto aquí? — Preguntó en un tono de voz molesto apretando el brazo de la rubia.
Fraser podía responder, pero eso solo le garantizaba que él se molestaría más, tampoco podía mentirse ya que él estaba seguro de lo que ella pretendía hacer con ese boleto, estaba sencillamente en un camino sin salida.
[***]
La entrenadora de ojos azules despertó nuevamente, su cuerpo se sentía pesado, sus brazos le dolían, su estomago también, aquello se sentía demasiado real como para ser un simple sueño. Margaret se mantuvo en el suelo del comedor sosteniendo su estómago y colocándose en posición fetal, su mirada estaba fija en una pared al otro lado de la mesa, pensando en lo que había salido mal, en si había estado mal soñar con salir de aquel lugar que ya no le generaba felicidad.
Fraser no supo cuanto tiempo estuvo en ese frio y oscuro comedor, cuando logró ponerse de pie observó la mesa del comedor con el desayuno todavía servido. Caminó por el lugar en silencio, en busca de Mr. Mime o Evan, al llegar a su habitación vio a su esposo tomando el saco de su traje mientras se lo colocaba. Cuando notó la presencia de Maggie, este sonrió y se acercó.
—
Siento haberte golpeado, cariño — se disculpó el de cabello oscuro frotando la mejilla de su esposa provocándole un nuevo aguijonazo de dolor. —
Me preocupo mucho por ti y no quisiera verte alejarte de mi lado, todo lo que hago es porque te amo, lo entiendes, ¿verdad?
Margaret había escuchado muchas veces esa frase, sin embargo, siempre regresaban a ese circulo vicioso en el que él se molestaba y la pagaba con ella. La rubia apretó los labios y alzó la mirada para ver a su esposo a los ojos, luego apartó su mano y dio un paso atrás.
—
Eso no es amor, Evan — respondió Fraser viendo como la sonrisa se desvanecía lentamente del rostro de Hart. —
Yo… voy a irme.
—
¿A dónde irás? — Habló el hombre en tono bajo. —
Esta es nuestra casa, cariño.
—
Esta es TU casa — decía Maggie tensándose al verlo acercarse a ella. —
M-me lo has repetido… siempre — añadía perdiendo valor dando un paso atrás para alejarse de Evan.
—
Si, todo lo que hay en esta casa es mío — dijo Hart en tono calmado extendiendo la mano para sujetar fuertemente el brazo de la rubia.
—
¡No! — Negó la mujer apartando el brazo de su esposo y empujándolo. —
No soy tu propiedad.
Dicho esto, Margaret salió de la habitación escuchando la voz de Evan detrás de ella, llamándola y amenazándola lo que hizo que esta se diera prisa en llegar a la puerta que entrada de la casa. Cuando más se apresuraba, la rubia notaba como la puerta se alejaba lo que le generaba más terror ya que su esposo podría alcanzarla. Fraser pedía en su cabeza poder llegar a la puerta, deseó con todo su corazón salir de esa pesadilla, de pronto una luz salió de su vestido viendo a Primarina aparecer interponiéndose entre ella y su esposo.
—
¿A-adela? — Preguntó la entrenadora reconociendo a su Pokémon compañero.
—
Pri — decía Adela lanzando un rayo burbuja contra Hart, quien se hizo a un lado justo a tiempo antes de que el movimiento lo golpeara de lleno.
—
¡Maldita sea! — Dijo Evan y gruñó. —
¡Regresa aquí, Margaret!
Maggie negó con la cabeza mientras sentía como Primarina le tomaba de la mano atrayendo su atención hacia ella.
—
Sabia que no eras un sueño, Ela.
Al decir eso, el pasillo comenzó a deformarse, el enojado Evan comenzó a desvanecerse en la una nube gris hasta quedar un espacio cubierto de neblina. Fraser y Adela miraron a su alrededor hasta que sus ojos notaron a un Mega-Garchomp a la distancia.