Especial The Mad Scientis [Tatsuya Kamisato] Mission Accomplished

Gennai

Eclipse Dynasty Member

"The Mad Scientist" [Especial]​
- NPC involucrado: -
- Lugar donde debe ser tomada: Cualquiera
- Sinopsis: Tal parece que un científico de la ciudad está buscando ayudantes para su laboratorio. No tenemos información de a qué campo de investigación se dedica o que trabajo está haciendo, pero no tiene expediente criminal o de accidentes así que debe ser legal y seguro, ¿No? Al menos todos sus ex-ayudantes siguen vivos, aunque las referencias que tenemos del científico incluyen adjetivos como "excéntricos" y "loco". En fin, la paga es buena y necesita un Tamer justo ahora. ¿Te animas? Solo recuerda llevar una bata de laboratorio.
- Escenario: Ciudad
- Objetivos:
  • Seguir las instrucciones del Científico
  • Trabajar de Ayudante en el laboratorio
- Notas:
  • Mínimo de Post/Plazo: 5 / 14 Días
  • Disponible en modalidad Solo
  • El científico es bastante excéntrico y posiblemente no esté del todo bien de la cabeza. Su laboratorio es un pequeño local personal y ustedes sus únicos ayudantes
  • Hay distintas tareas que se pueden hacer, incluyendo salir en busca de muestras/ingredientes, ser el conejillo de indias y asegurarse que otros (curiosos, policías, organizaciones conspiratorias (?)) no se entrometan y traten de detener/robar/sabotear los experimentos
- Recompensa:
70+ Puntos: Quest C. 250 Bits. Data Sample
Tamer: Tatsuya Kamisato
 
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Metal Empire nunca dormía de verdad. Incluso en sus horas más quietas, la ciudad respiraba a través del zumbido constante de los generadores, el siseo del vapor escapando por válvulas oxidadas y el golpeteo metálico de engranes invisibles que jamás se detenían. Las luces de neón se reflejaban en superficies cromadas y charcos de aceite como si fueran constelaciones artificiales, falsas estrellas clavadas en un cielo de acero. Era un lugar donde todo tenía precio, peso y utilidad… y donde la moral solía ser un concepto negociable.

Tatsuya Kamisato caminaba con las manos en los bolsillos, el cubrebocas negro ocultando cualquier gesto que pudiera delatar su estado de ánimo. Sus pasos eran tranquilos, casi perezosos, pero cada movimiento estaba medido. Nada en Metal Empire era casual, y menos cuando un encargo prometía una paga demasiado buena para un trabajo "simple". A su lado, Dainsleif avanzaba con paso firme, la capa roja balanceándose suavemente a su espalda, los ojos atentos a cada sombra que se estiraba entre callejones y pasillos industriales. Dvalin volaba en círculos amplios y bajos, manteniéndose lo suficientemente cerca como para intervenir, pero lo bastante alto como para observar sin llamar atención.

El anuncio había sido extraño incluso para los estándares del Metal Empire. Un científico afiliado a los Fatui buscaba ayudantes temporales para su laboratorio personal. Sin antecedentes criminales. Sin registros de accidentes mortales. Sin denuncias formales. Todo en regla… demasiado en regla. Las referencias, sin embargo, eran menos tranquilizadoras: excéntrico, impredecible, brillante, inestable. Un genio, decían algunos. Un loco funcional, decían otros.

A Tatsuya le importaba poco el adjetivo, siempre y cuando la paga fuera real.

El local estaba incrustado entre dos talleres de reparación de Digimon mecánicos, una estructura angosta de metal ennegrecido con una sola puerta corrediza marcada por símbolos de advertencia desgastados. No había letreros luminosos ni guardias visibles. Solo una placa oxidada, casi oculta bajo capas de grasa, con un nombre grabado de forma irregular, como si hubiera sido añadido a posteriori: Dr. Volkov.


Dainsleif frunció ligeramente el ceño.

-No me agrada -murmuró, sin detenerse-. Demasiado discreto para alguien que necesita ayuda-.

-Eso suele significar menos competencia y más bits -respondió Tatsuya con voz plana. - O problemas. Pero los problemas también pagan bien-.

Dvalin descendió y plegó las alas, observando la puerta con una mezcla de curiosidad y cautela.

-El lugar está… cargado -dijo un poco preocupado -No oscuro, pero sí inquieto. Como si algo estuviera a medio terminar y no quisiera ser interrumpido-.

Tatsuya no respondió. Se limitó a deslizar la puerta. El interior olía a metal caliente, ozono y químicos que no pertenecían a ningún laboratorio estándar. El espacio era reducido, pero estaba saturado de mesas de trabajo cubiertas de herramientas, frascos de datos líquidos, circuitos abiertos y pantallas donde corrían líneas de código a una velocidad incómoda para el ojo humano. Brazos mecánicos colgaban del techo, inmóviles por ahora, y varias cápsulas de contención estaban alineadas contra la pared del fondo, algunas vacías, otras cubiertas con lonas opacas.

-¡Ah!-exclamó una voz aguda, demasiado animada para un espacio tan cerrado- ¡Maravilloso, maravilloso! Puntualidad, finalmente. Pensé que tendría que trabajar solo otra vez-.

El científico emergió detrás de una torre de chatarra tecnológica. Alto, delgado hasta lo antinatural, con una bata de laboratorio manchada de aceite y quemaduras pequeñas. Su cabello gris estaba desordenado en todas direcciones, y sus ojos… sus ojos eran demasiado brillantes. No locos. No aún. Pero sí febrilmente vivos, como si cada segundo sin estímulo fuera una tortura.

Sobre su hombro izquierdo se asomó una pequeña esfera naranja que dio un saltito nervioso.
-Koro -dijo el Koromon, mirando al grupo con una sonrisa simple.

-Sí, sí, hola, hola-respondió el científico sin mirarlos realmente-Dr. Volkov. Fatui Research Division, subsección independiente, autónoma y, lamentablemente, subfinanciada. Ustedes deben ser los Tamers. Qué alivio. Necesito manos, mentes… y nervios resistentes-.

Tatsuya evaluó el lugar en silencio. Cada objeto, cada pieza, cada error potencial. No vio cámaras ocultas. No vio trampas evidentes. Eso no significaba nada.

-Antes de seguir -dijo con un tono neutro y un tanto frio -hablemos de términos. Paga, duración y riesgos-.

Volkov sonrió de una forma demasiado amplia.

-Directo. Me gusta. Muy bien. Bits garantizados, pagos diarios. Bonificaciones por resultados inesperados. En cuanto a riesgos… -hizo un gesto vago con la mano-…todos mis ayudantes anteriores siguen vivos. La mayoría, al menos funcionales-.


-¿La mayoría?-Dainsleif dio un paso al frente.

-Detalles estadísticos -respondió Volkov con un encogimiento de hombros- Nada relevante. Firmarán un acuerdo de confidencialidad, claro está.
Tatsuya suspiró, largo y pesado, como si ya estuviera cansado antes de empezar.

-Dvalin, mantente atento. Dainsleif, no te separes de mí y Lumine quédate en el Digivice -Indicó Tatsuya con tono serio, sin mencionar a Culumon pues es algo que llamaria la atención del científico. Desde el interior seguro del Xross Load, una pequeña presencia cálida se replegó obediente, como una luz que decide no brillar todavía.



-¡Excelente! Entonces, sin más dilación… pongámonos las batas. El trabajo no se hace solo, y hoy… hoy es un día particularmente interesante- El científico aplaudió, emocionado. Muy por encima de ellos, uno de los brazos mecánicos emitió un leve chirrido, como si hubiera escuchado esas palabras.
 
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La bata de laboratorio pesó más de lo que parecía. No por su material —una mezcla rígida de fibras sintéticas resistentes al calor y a la corrosión— sino por la sensación incómoda que provocaba al ponérsela. Tatsuya deslizó los brazos sin prisa, ajustándola con un gesto automático, como si fuera otra capa más entre él y el mundo. Dainsleif hizo lo mismo con disciplina marcial, acomodando la tela con cuidado para no estorbar sus movimientos, mientras que Dvalin la observó unos segundos antes de colocársela con una sonrisa incómoda, como si aquel atuendo le resultara ajeno a su naturaleza alada.

El laboratorio parecía aún más pequeño una vez que los cuatro estaban dentro. El zumbido constante de la maquinaria se volvía más evidente, como un murmullo nervioso que nunca alcanzaba el silencio. Volkov se movía entre mesas y cables con la energía de alguien que había olvidado dormir, hablando consigo mismo mientras ajustaba válvulas, revisaba lecturas y golpeaba suavemente una pantalla que parpadeaba con datos inestables.

-Bien, bien… empecemos con algo sencillo —dijo girándose de pronto, clavando sus ojos en Tatsuya con una intensidad casi incómoda-
Necesito asistencia básica. Clasificación, preparación y… observación-.

-¿Observación de qué? -preguntó Dainsleif, cruzándose de brazos.

-De reacciones -respondió Volkov como si fuera obvio-Las reacciones siempre dicen la verdad antes que las palabras- señaló una de las cápsulas cubiertas por una lona opaca. -Es un prototipo de cámara de resonancia de datos. No está activa… todavía. Hoy no. Hoy solo recolectamos muestras-.

Dvalin inclinó ligeramente la cabeza, observando los frascos alineados en una de las mesas.

-¿Qué tipo de muestras?-.

Volkov sonrió otra vez, mostrando los dientes.

-Restos de Data viva. Fragmentos, residuos, rastros. Nada que sufra… al menos no mucho-.

El Koromon dio un pequeño salto sobre el hombro del científico, asomándose para mirar al trío.

-Koro… -dijo, con un tono curioso, sin rastro de miedo.

Tatsuya observó al pequeño Digimon durante un segundo más de lo necesario. No veía malicia en él. Solo simplicidad. Eso, en Metal Empire, era lo que más le inquietaba.

-¿Dónde están esas muestras? -preguntó curioso.

-Fuera-respondió Volkov, señalando una puerta secundaria al fondo-. Un sector de desecho industrial. Tubos viejos, acumulaciones de chatarra, fugas de datos. Un lugar desagradable, pero fértil. Necesito tres tipos distintos antes de que anochezca-.

Dainsleif dio un paso al frente.

-¿Y mientras tanto?-.

-Yo… preparo cosas - contestó el científico, con un brillo peligroso en la mirada - no se preocupen, no tocaré nada importante sin ustedes-.

Tatsuya lo miró fijamente. No dijo nada. Pero en su mente ya había trazado una línea clara: si algo se salía de control, el trato se cancelaba, la paga se cobraba por adelantado o no se cobraba en absoluto… y el laboratorio quedaba atrás.

-Vamos -dijo finalmente, después de analizar los posibles escenarios.

El exterior era un contraste brutal. El sector de desecho del Metal Empire no tenía el brillo artificial del centro de la ciudad. Aquí todo era óxido, vapor espeso y sombras alargadas entre estructuras retorcidas. Tuberías gigantes serpenteaban como entrañas expuestas, goteando líquidos iridiscentes que chisporroteaban al tocar el suelo. El aire vibraba con una presión constante, como si el lugar estuviera siempre a punto de colapsar.

Dvalin avanzaba con cautela, sus alas plegadas, los ojos atentos a cada reflejo extraño.

-Aquí… la Data no descansa -murmuró sin detenerse -Está fragmentada, herida. Como ecos que no saben que ya murieron-.

Dainsleif apoyó una mano en el suelo, cerrando los ojos por un instante.

-Hay movimiento -dijo con semblante serio -No hostil… pero inestable-.

Tatsuya observó alrededor, calculando rutas de escape, puntos elevados, posibles emboscadas. No vio enemigos. Eso no lo tranquilizó.

-Recojan lo necesario y vámonos -
ordenó sin más - No me gusta este lugar-.

Mientras Dvalin comenzaba a recolectar fragmentos de Data cristalizada con sumo cuidado, usando herramientas proporcionadas por Volkov, Dainsleif se mantuvo alerta, su postura relajada solo en apariencia. Tatsuya se movía entre montículos de chatarra, evaluando piezas, observando cómo la Data residual se acumulaba como escarcha luminosa en los bordes del metal corroído.

Fue entonces cuando lo sintió: Una presión leve, casi imperceptible, como una mirada que no provenía de ningún punto concreto. Se giró lentamente. Entre dos columnas de acero retorcido, una figura observaba. No era un Digimon hostil. No llevaba armas. Vestía un uniforme simple de mantenimiento… pero su postura era demasiado rígida, demasiado atenta.

Cuando sus miradas se cruzaron, la figura retrocedió un paso.

-No estamos solos -dijo Tatsuya en voz baja.

Dainsleif se tensó al instante.

-¿Son Fatui?- Preguntó a nada de ponerse en guardia.

-No lo sé -respondió con tono serio Pero no es casualidad-.-

La figura desapareció entre el vapor, dejando atrás solo el eco metálico de pasos apresurados.

Dvalin terminó de guardar la última muestra, mirando hacia donde la sombra había estado.

-Curiosos… o algo peor-.

Tatsuya cerró el contenedor con un clic seco.

-Volvamos. Ahora-.

De regreso en el laboratorio, Volkov los recibió con una energía aún más desbordada, como si el tiempo hubiera pasado de forma distinta para él. Varias pantallas nuevas estaban encendidas, y una de las cápsulas del fondo vibraba suavemente bajo la lona.

-¡Perfecto! ¡Perfecto! -exclamó al ver las muestras- Justo lo que necesitaba. Llegaron a tiempo-.

-Alguien nos observabo cuando estuvimos afuera.-dijo Tatsuya sin rodeos.

El científico se quedó inmóvil por un segundo. Solo uno. Luego soltó una risa corta.

-Ah… sí. Era de esperarse. Metal Empire es un lugar donde no siempre aprecia los secretos-.

Dainsleif dio un paso adelante.

-¿Qué es exactamente lo que estás investigando? - Preguntó con un tono seco y yendo directo al grano. Volkov lo miró. Por primera vez desde que se conocieron, su sonrisa no apareció de inmediato.

-La frontera -dijo finalmente con voz un poco entuciasta - El punto exacto donde la Data deja de obedecer… y empieza a decidir-.

El Koromon emitió un pequeño sonido nervioso. Tatsuya sintió cómo algo encajaba… y al mismo tiempo, cómo algo se rompía.

-Este trabajo acaba de subir de precio -dijo mirando fijamente al científico.

-Lo sabía. Ustedes sí entienden -Volkov volvió a sonreír.

Y en lo profundo del laboratorio, la cápsula vibró un poco más fuerte, como si hubiera escuchado cada palabra.
 
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El zumbido de la cápsula ya no era un simple ruido de fondo. Era rítmico. Constante. Como una respiración artificial que intentara imitar algo vivo sin comprender del todo cómo hacerlo. Tatsuya no apartó la mirada de la lona que la cubría. Había aprendido hacía mucho que cuando algo enmudecía de golpe o comenzaba a "latir", era porque el problema ya estaba dentro de la habitación.

Volkov se movía con rapidez nerviosa, revisando lecturas, ajustando perillas, murmurando números y teorías que no compartía con nadie. El Koromon saltó de su hombro a la mesa más cercana, observando con curiosidad infantil los frascos recién traídos, tocando uno con cuidado antes de que el científico le apartara la mano con un chasquido seco.


-No, no, pequeño, todavía no. Esto es delicado -dijo, sin dureza, pero con una urgencia que no admitía réplica.


Dainsleif avanzó un paso, colocándose de manera casi inconsciente entre Tatsuya y la cápsula. No desenfundó nada. No hizo ademán alguno. Pero su postura había cambiado: la quietud de un guerrero que ya había aceptado que el combate era una posibilidad real.


-Empieza a hablar claro - ordenó el dragón blanco con capa roja - Antes de que algo salga mal-.


Volkov se detuvo. Esta vez no rió. Se quitó los lentes, los limpió con el borde de la bata y suspiró como si acabara de tomar una decisión largamente postergada.


-Muy bien -murmuró más para si que para sus "asistentes" -Supongo que ya no tiene sentido fingir que esto es… rutinario-.


Se acercó a la cápsula y, con un gesto casi reverente, retiró la lona.


Dentro, suspendido en un campo de datos fluctuantes, había algo que no encajaba en ninguna clasificación conocida. No era un Digimon completo, ni un simple cúmulo de Data residual. Era una forma incompleta, fragmentada, como si múltiples patrones de existencia se hubieran intentado ensamblar sin un plano claro. Partes reconocibles —escamas, alas embrionarias, un núcleo luminoso inestable— se superponían y se deshacían una y otra vez, generando distorsiones en el aire circundante.


-Eso… eso no debería existir así - dijo Dvalin, dando un paso atrás y conteniendo el aliento.


-Exacto -respondió Volkov, con un hilo de emoción en la voz- Porque aún no existe del todo-.


Tatsuya observó la criatura en silencio. No vio belleza. No vio poder. Vio riesgo. Vio inversión mal calculada.


-Estás intentando forzar una evolución -dijo el ex-Yakuza suspirando de forma negativa-. No es natural, no está guiada por un vínculo, ni posee un propósito-.


Volkov negó con la cabeza, casi ofendido.


-No pretendo forzar. Al contrario, quiero Explorar. Comprender el instante exacto en que la Data decide qué quiere ser. Un Digimon, un arma, una entidad autónoma… o algo completamente nuevo- Explicó mientras su mirada se posaba en su experimento.


El Koromon miró la cápsula con ojos grandes, inquietos.

-Koro… ¿duele?-


La pregunta cayó como un peso muerto en la habitación. Volkov no respondió de inmediato. Dainsleif apretó los dientes.

-¿Duele?- Volvió a preguntar con inocencia.


-No lo sé -admitió finalmente el científico-Esa es una de las variables que aún no puedo medir-.


El silencio se volvió espeso. Tatsuya sintió un tirón leve en el pecho, no de culpa, sino de advertencia. Este no era un trato común. No era contrabando, ni una reliquia maldita, ni un favor incómodo. Esto era cruzar una línea que otros preferían no ver.


-¿Y nosotros qué papel jugamos en esto? -preguntó manteniendo la calma de forma profesional -Ya trajimos tus muestras-.


Volkov sonrió otra vez, pero esta vez había algo distinto. No euforia. Expectativa.


-Ahora viene la segunda fase. Necesito observar cómo reacciona cuando se introduce una variable externa consciente. Un Tamer. Un Digimon de alto nivel. Un campo emocional estable-.


-No-. Dvalin alzó la voz de inmediato.


-No estoy hablando de dañarlos -replicó Volkov con rapidez -Solo de proximidad, resonancia, presencia...-.


Dainsleif dio un paso más, con la sombra de su capa proyectándose sobre el suelo como una advertencia silenciosa.

-No usas a los míos como instrumentos-.


El científico los observó a los tres. Por primera vez, pareció medir no su utilidad, sino el peligro real que representaban si decidían oponerse.


-Entonces -dijo con calma forzada-supongo que tendremos que negociar-.


Antes de que Tatsuya pudiera responder, una alarma suave pero insistente comenzó a sonar en una de las consolas. Volkov giró la cabeza de golpe.


-¿Qué…? No, no, todavía no- dijo intentando mantener la compostura.


Las lecturas se dispararon. La cápsula vibró con más fuerza. El núcleo luminoso del interior palpitó, proyectando sombras deformes contra las paredes del laboratorio. El aire se volvió denso, cargado de electricidad estática.


Dvalin sintió cómo el viento a su alrededor reaccionaba por instinto, arremolinándose sin que él lo invocara.


-Tatsu… -dijo el ave dragón en voz baja -Algo está intentando salir-.


Desde el Xross Load, una pequeña luz tembló, inquieta, respondiendo a una llamada que no entendía del todo.


Tatsuya apretó la mandíbula bajo su cubrebocas .


-Volkov -dijo con frialdad -Si esto explota, no hay paga que lo cubra-.


El científico tragó saliva, con sus ojos clavados en la criatura incompleta.


-Solo necesito… unos minutos más-.


En el exterior, muy por encima del laboratorio, una sombra se desplazó entre las estructuras del edificio. Sensores ajenos se activaron. Ojos que no pertenecían ni a Tamers ni a curiosos comenzaron a enfocarse en aquel punto insignificante de la ciudad.
Y dentro del laboratorio, la frontera que Volkov tanto ansiaba cruzar empezó a desdibujarse… sin pedir permiso.
 
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El primer vidrio estalló sin previo aviso.

No fue una explosión violenta, sino un crujido seco, como el hueso de algo demasiado tenso rompiéndose desde dentro. Una grieta recorrió la cápsula de arriba abajo y la luz del núcleo se expandió en pulsos irregulares, bañando el laboratorio en sombras que no obedecían a ninguna fuente coherente. Las lecturas de las pantallas comenzaron a parpadear, líneas de código colapsando sobre sí mismas como si el sistema ya no supiera qué estaba midiendo.


-No… no, no, no -murmuró Volkov, tecleando con desesperación-Todavía no estás listo-.

La criatura incompleta se agitó. Fragmentos de Data se desprendieron de su cuerpo inestable, golpeando las paredes internas de la cápsula como partículas conscientes, buscando una salida. El aire se volvió pesado, cada respiración arrastrando un sabor metálico que raspaba la garganta. Dvalin sintió cómo las corrientes a su alrededor se distorsionaban, el viento respondiendo al caos como si intentara compensarlo.


Dainsleif se movió sin pensarlo, colocándose frente a Tatsuya. No había sacado armas ni activado nada, pero su presencia era un ancla. Una promesa silenciosa de que, si algo cruzaba esa línea, no lo haría intacto.


-Córtalo, ahora-ordenó Hackmon friamente. Volkov levantó la vista, los ojos inyectados, el sudor marcando surcos en su frente.


-Si corto el flujo en este punto, colapsará - expresó con nerviosismo -Todo el trabajo… años de investigación…-.


-No es negociable -respondió Tatsuya, con una calma que no admitía réplica -O lo apagas, o lo apagamos nosotros-.


El científico dudó. Solo un instante fue suficiente. El núcleo emitió un pulso más fuerte que los anteriores, una onda que recorrió el laboratorio y lanzó herramientas al suelo. Una de las cápsulas vacías se abolló hacia dentro, como si algo invisible hubiera golpeado desde el otro lado. El Koromon chilló y saltó hacia el pecho de Volkov, aferrándose a la bata con miedo genuino.


-Koro… koro… -balbuceó.


Algo dentro del Xross Load respondió. Una vibración suave, casi imperceptible, pero cargada de intención. Lumine, oculto, sintió el tirón como una cuerda invisible alrededor del corazón. No entendía conceptos como frontera, evolución forzada o resonancia de datos, pero reconocía el dolor cuando lo sentía. Y aquello dolía.
Tatsuya lo sintió al instante. No como una voz, sino como una presión conocida, un peso que no estaba ahí antes.


-No, quieto -susurró el Tamer.


-Está reaccionando a Lumine -dijo Dainsleif tensando los hombros -Aunque no pueda verlo-.


Volkov se quedó inmóvil atando cabos velozmente.


-¿Un Culumon…? -murmuró, y por primera vez en toda la noche su voz tembló—. Eso lo explica todo…


Tatsuya giró la cabeza lentamente.


-Ni se te ocurra - Respondió el Chief con una voz calmada, pero amenazante a la vez.


El científico levantó las manos, defensivo.


-No, no, no tocaría al pequeño -dijo rápido intentando calmar la situación - Pero su mera existencia… su frecuencia… esto es oro puro. Una variable perfecta-.

La cápsula volvió a crujir. Esta vez, una placa entera se desprendió y cayó al suelo con estruendo. Un apéndice incompleto atravesó la abertura, una forma indefinida que cambiaba de textura y color a cada segundo, como si no pudiera decidir qué era. El contacto con el aire produjo un chirrido agudo, una vibración que hizo doler los dientes.

Dvalin dio un paso al frente, las alas desplegándose parcialmente por instinto.

-Tatsu -empezó mostrando preocupación -Ya no es un experimento. Es un riesgo activo - Concluyó.

Desde el exterior, una sirena lejana resonó entre las estructuras del edificio. No era una alarma general. Era direccional. Precisa. Alguien había detectado la anomalía.
Volkov miró hacia el techo, como si pudiera ver a través del metal.

-No… es demasiado pronto-.

-¿Quién viene? -preguntó Tatsuya.

-Seguridad local, posiblemente DS - El científico tragó saliva - Tal vez… algo más. En Metal Empire no se tolera interferencias no autorizadas en el flujo de Data-.

Dainsleif cerró los ojos un segundo, evaluando.

-Si entran y ven eso -Expresó nuevamente su preocupación - no habrá negociación. Lo sellarán con nosotros dentro-.


La criatura emitió un sonido nuevo, un eco quebrado que no era rugido ni lamento, sino algo intermedio, como si estuviera aprendiendo a expresar dolor en tiempo real. El laboratorio vibró de nuevo. Las luces parpadearon.

Lumine, desde su escondite, no pudo contenerse más. Un destello suave, apenas perceptible, se filtró entre las capas del Xross Load. No salió. No se manifestó. Solo… respondió.
El efecto fue inmediato. El núcleo de la criatura se estabilizó durante un segundo. Solo uno. Suficiente para que Volkov lo viera.


-¿Lo ves? -susurró, con una mezcla de éxtasis y horror- Está funcionando-.


Tatsuya se giró hacia él, mirandole con frialdad contenida.


-Escúchame bien, científico. Este trato se acaba ahora. Apagas esto, borras los registros y nos pagas. O te quedas solo con tu frontera… y con lo que cruce de ella. - le amenazó con voz baja, peligrosa y lo suficientemente seria para infringirle intimidación.


Por primera vez, Volkov dudó de verdad, miró al Koromon temblando en su pecho. Luego miró la criatura incompleta, miró al trío frente a él, no como ayudantes, sino como algo mucho más cercano a un juicio.


En el exterior, pasos metálicos se aproximaban, las voces distorsionadas por comunicadores resonaban cerca.
La criatura volvió a moverse. Y esta vez, no intentó salir. Intentó mirar.
 
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La mirada no tenía ojos… y aun así fue imposible no sentirla.

No era curiosidad pura, ni agresión inmediata. Era algo más primitivo y más peligroso: reconocimiento. Como si aquella cosa, aún incompleta, hubiese entendido por primera vez que no estaba sola y que, frente a ella, había voluntades capaces de decidir su destino.
El laboratorio quedó en silencio por un instante antinatural. Incluso las alarmas parecieron ahogarse, como si el propio Metal Empire contuviera la respiración.

Tatsuya dio un paso al frente. No fue un gesto heroico ni impulsivo. Fue el movimiento calculado de alguien que sabía exactamente cuándo acercarse al fuego sin quemarse… y cuándo el precio de no hacerlo sería mayor.

-Escucha -dijo, sin elevar la voz, dirigiéndose tanto al científico como a la criatura-Esto no es una negociación emocional. Es logística. Y estás fallando en ambas-.

Volkov lo miró como si recién ahora comprendiera con quién estaba tratando. No con un mercenario común, ni con un Tamer impulsivo. Estaba tratando con alguien que había sobrevivido a mundos donde los errores no daban segundas oportunidades.

-Si la desconecto… -empezó a decir, con la voz quebrada- …puede colapsar en una tormenta de Data. No puedo garantizar estabilidad.
Dainsleif dio un paso más. El aire alrededor de él se volvió denso, como si su sola presencia estableciera una línea invisible que nadie debía cruzar.

-Entonces garantizas control, así que hazlo ahora - Ordenó Hackmon.

La criatura reaccionó al tono. El apéndice que sobresalía de la cápsula se retrajo un poco, como un animal herido que reconoce autoridad… o peligro. Las distorsiones disminuyeron apenas, lo suficiente para que Dvalin sintiera cómo las corrientes volvían a obedecerle.


-Está aprendiendo -murmuró el ave dragón-No a pensar… pero sí a responder-.

Un chirrido metálico resonó en el pasillo exterior. Pasos. Voces amortiguadas y sensores activándose.

-Tenemos segundos, hay que movernos así que decide de inmediato -dijo Tatsuya sin miramientos

Volkov apretó los puños. Sus dedos temblaban. No por miedo a morir… sino por miedo a perder lo que había creado.

-Si la estabilizo - Empezó a decir nervioso - necesitaré una ancla emocional constante. No hoy. No ahora. Pero eventualmente-.

Tatsuya no necesitó preguntar a quién se refería.

-Eso no va a pasar-.

El científico lo miró con desesperación.

-Entonces todo esto fue inútil-.

Tatsuya negó lentamente.

-No. Aprendiste algo. Eso siempre tiene valor. Pero no al precio que estás pidiendo-.

La criatura emitió un pulso suave, distinto a los anteriores. No violento ni errático. Como si hubiera entendido la negativa… y la aceptara, aunque no la comprendiera del todo. El núcleo comenzó a perder intensidad, no por colapso, sino por agotamiento.

Dvalin lo sintió de inmediato.

-Está… apagándose. No muriendo. Solo… retirándose - Expresó con angustia leve.

-Eso no debería ser posible…- Volkov abrió los ojos, incrédulo.

-Lo es, poque no es una maquina -dijo Dainsleif cruzandose de brazo.

El Koromon levantó la cabeza desde el pecho del científico y miró la cápsula con preocupación genuina.

-Koro… duerme… -susurró.

La criatura respondió. El campo de contención se estabilizó por primera vez desde que había sido activado. Las grietas dejaron de expandirse y el zumbido se redujo a un murmullo bajo, constante, como el de un motor que entra en reposo.

Las puertas del laboratorio se estremecieron.

-¡Digital Security, Brigada Especial de Metal Empire! -resonó una voz metálica - Desactive inmediatamente cualquier experimento no registrado-.

Volkov retrocedió un paso.

-Si entran y ven esto… -dijo con voz temblorosa -estoy acabado-.

-No si sabes cuándo cerrar un trato - respondió Tatsuya y se ajustó la bata con calma Luego se giró hacia Dainsleif y Dvalin. -Plan rápido y sin espectáculo, preparense para Digievolucionar si es necesario -.

Dainsleif asintió sin una palabra. Dvalin extendió ligeramente las alas, canalizando energía sin liberarla aún.

Tatsuya volvió a mirar al científico.

-Apaga las pantallas secundarias, borra las simulaciones predictivas. Deja solo registros de recolección de Data residual. Nada más-.

-¿Y la criatura? -preguntó Volkov.

-Quedará sellada. Inactiva. Clasificada como fallo experimental. Nadie vuelve a tocarla sin que yo lo sepa-.

El científico tragó saliva.

-No tienes autoridad para..-

-Tengo influencia - lo cortó Tatsuya -Y la gente correcta escucha cuando el dinero y el silencio van juntos-.

Un golpe seco resonó en la puerta.

-Última advertencia, abran la puerta o nuestros Digimons la destruirán-.

Volkov actuó: Las pantallas se apagaron una a una, los datos se sobrescribieron. El laboratorio pasó de ser un nido de anomalías a parecer, al menos en superficie, un taller excéntrico más del Metal Empire. y la cápsula quedó en penumbra. Silenciosa.
Desde el Xross Load, Lumine se replegó por completo, exhausto, como una luz que decide descansar después de sostener algo demasiado grande para sus manos pequeñas.

Finalmente la puerta se abrió y tres agentes de seguridad junto con sus Digimons entraron, escaneando el lugar con dispositivos portátiles. Sus miradas pasaron por Tatsuya, por Dainsleif, por Dvalin… y siguieron de largo.

-Lecturas normales -dijo uno-Solo ruido residual.

El líder miró a Volkov con desconfianza.

-Controle mejor sus… excentricidades, doctor-.

-Siempre lo hago -respondió Volkov, con una sonrisa tensa.

Cuando se fueron, el silencio volvió. Pero ya no era el mismo.

Tatsuya se quitó la bata y la dejó sobre una mesa.

-Mañana cobramos -dijo sin mirarlo -Y después de eso, este laboratorio no vuelve a llamarnos-.

Volkov lo miró, derrotado y aliviado a la vez.

-Usted …no es un héroe-.

-Nunca lo he sido y no pienso serlo en el futuro -Tatsuya se giró hacia la salida. Dainsleif y Dvalin lo siguieron.

Y detrás de ellos, en la cápsula sellada, algo que nunca debió existir permaneció dormido… no como una amenaza inmediata, sino como una deuda pendiente que el Mundo Digital jamás olvida.​
 
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Metal Empire seguía siendo la misma colmena de acero y ruido, pero para Tatsuya Kamisato había algo distinto en el aire. No peligro inmediato, no tensión abierta… sino la incomodidad residual de un problema que había sido contenido, no resuelto. Caminaba con la calma de siempre, manos en los bolsillos, cubrebocas puesto, como si nada de lo ocurrido en el laboratorio del Dr. Volkov hubiera rozado siquiera su superficie. Dainsleif avanzaba a su lado, atento, silencioso, mientras Dvalin se desplazaba unos pasos detrás, observando los reflejos del metal con una mirada más pensativa de lo habitual.

La figura de Lynette apareció entre el flujo constante de Tamers y Digimon mecánicos como si siempre hubiera estado ahí. Su porte era impecable, cada paso medido, cada gesto en equilibrio perfecto entre cortesía y autoridad. El negro de su atuendo contrastaba con la frialdad cromada del entorno, y su presencia imponía un orden sutil que no necesitaba ser declarado.

-Tatsu- dijo con su voz suave y precisa -Gracias por acudir tan rápido-.

Él ladeó apenas la cabeza, lo justo para reconocerla.

-Cuando Digital Security pide hablar conmigo, prefiero no hacerlos esperar -respondió cruzandose de brazos -Sale más caro después - agregó.

Lynette esbozó una sonrisa educada, una de esas que no revelaban nada más allá de lo estrictamente necesario.

-Hemos concluido la inspección del laboratorio del doctor Volkov -continuó - No se encontró evidencia de actividad ilegal, experimentos activos ni anomalías de riesgo inmediato. Oficialmente, el caso queda cerrado- Concluyó.

-"Oficialmente".- Dainsleif entrecerró los ojos.

Lynette lo miró un segundo, sin perder la compostura.

-Exactamente- Extendió entonces un pequeño contenedor sellado, del tamaño de una mano. Su superficie era opaca, pero en su interior algo brillaba con una tonalidad extraña, irregular, como si la Data no terminara de asentarse. -Durante la revisión, encontramos esto entre los residuos catalogados como inservibles. No coincide con ningún patrón estándar de Data Sample registrado por Digital Security-.

Tatsuya tomó el contenedor. Lo sostuvo con cuidado, no por delicadeza, sino por costumbre. Sintió la vibración mínima, casi imperceptible, como un objeto que no estaba del todo muerto… ni del todo vivo.

-¿Y por qué no se lo quedaron ustedes? -preguntó con una ceja arqueada.

Lynette bajó la voz apenas.

-Porque no es lo suficientemente peligrosa como para justificar un informe… ni lo suficientemente clara como para que queramos conservarla. Pero -alzó la mirada- tienes talento para encontrarle valor a cosas que otros prefieren ignorar - Le reconoció después de mucho tiempo.

Dvalin observó el contenedor con atención.

-Es… distinta -murmuró sin quitarle la vista de encima -Como un eco que no sabe de dónde viene-.

-Exacto - respondió Lynette -Pensé que quizá Tatsu podría venderla. O guardarla. Lo que considere más conveniente-.

Tatsuya cerró el contenedor con un clic suave y lo guardó sin ceremonia.

-Siempre hay mercado para lo extraño. Especialmente cuando no hace preguntas - dijo y Lynette asintió.

-Eso sería todo. Digital Security no volverá a intervenir… mientras Volkov mantenga su laboratorio en orden- La Digimon hizo una breve inclinación de cabeza, impecable.

-Cuídense chicos Y… gracias por su discreción- Cuando se dio la vuelta y se perdió entre el acero y las luces artificiales, Dvalin soltó el aire lentamente.

-No encontraron nada. O fingieron no hacerlo. - Dijo con dudas en su voz.

-Encontraron lo que necesitaban encontrar -respondió Tatsuya - Ni más ni menos-.

Dainsleif miró al horizonte industrial.

-¿Y la Data Sample?. ¿Que haremos con ella?- Preguntó con algo de curiosidad.

Tatsuya tocó el bolsillo donde la había guardado.

-Una rareza. Una deuda. O una oportunidad- Hizo una pausa para responderle la otra pregunta -Todavía no lo sé-.

En algún punto profundo del Metal Empire, muy lejos de los informes oficiales y las miradas de seguridad, algo dormía. Y en el bolsillo de un mercader que nunca hacía tratos sin pensar en el mañana, una pequeña pieza de ese problema esperaba el momento adecuado para volver a tener precio.

La Quest había terminado. Pero como siempre, el Mundo Digital no olvidaba.​


 
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